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Libro Domando a mi ranchero salvaje – Rebecca Elyon

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PDF Descargar Alex se aseguró de que Bill y Eden estuvieran ocupados antes de tomar una ducha. Se aplicó el maquillaje cuidadosamente y arregló su cabello con esmero antes de la
llamada. Siempre le gustó causar una buena impresión, pero esta vez era imperativo que a esta mujer le agradara.
Sus manos temblaban cuando ella inició sesión, pero cuando el rostro de la otra mujer apareció en la pantalla, Alex sintió que su nerviosismo se desvaneció. Lisa
Carr tenía ojos amables y una sonrisa preparada.
“Hola!” dijo Lisa con entusiasmo. “Señorita Morrison?”
La mujer tenía un fuerte, pero lindo acento del oeste en su voz. Borró lo último de la tensión de Alex.
“Soy yo! Pero puede llamarme Alex. Todos lo hacen.”
“Bueno, es un placer conocerte, Alex,” dijo Lisa. “Gracias por tomarte el tiempo de conversar conmigo esta noche.”
“No, gracias a usted!” dijo Alex. Tratando de parecer ansiosa pero no desesperada. “Aprecio que adelantara la entrevista.”
“No hemos tenido mucho interés,” dijo Lisa. “La mayoría de la gente no quiere viajar hasta acá. Estamos muy alejados.”
“Es usted la esposa del señor Riley? Preguntó Alex. Los apellidos no eran los mismos, pero eso no necesariamente significaba que no estuvieran casados.
Lisa se rio entre dientes y movió la cabeza. “No podrías pagarme por vivir con Lucas,” dijo ella. “soy una vieja amiga de él y solo lo estoy ayudando. Su esposa
falleció hace alrededor de un año.”
“Oh, lo siento mucho,” dijo Alex.
Hubo un breve destello de una expresión menos agradable en la cara de la otra mujer. “Honestamente, él probablemente hubiera necesitado la ayuda mientras ella
estaba todavía viva también. Pero no lo oíste de mí. Ahora, hablemos de tu cualificación y lo que necesitarías para hacer el trabajo.”
Alex le explicó que ella había estado cuidando niños desde que ella misa era una niña. No escarbó más en sus antecedentes del sistema de adopción, pero fue
franca al respecto. Había aprendido que ser honesta acerca de su pasado le ahorraba bastante angustia en el futuro. Cuando era momento de negociar, no regateó
demasiado. Todo lo que ella quería era lo que se le había prometido, y lo tenía.
Lisa prometió cubrir el boleto de avión, y Alex prometió partir al día siguiente. Luego empujó la silla del escritorio debajo de la perilla de la puerta de la
habitación e hizo sus maletas. Puso una alarma a las 5 de la mañana y planeó realizar su escape sin ninguna explicación a Eden. Luego escribió una nota a Jonah y se
recordó deslizarla por debajo de la puerta de su cuarto antes de irse por la mañana.
Lisa había parecido agradable, pero ahora que lo pensó bien, no era un poco extraño que Lucas Riley no estuviera haciendo la entrevista él mismo? Él era quien
tenía que vivir con ella. Quizás él ocultaba algo. Su imaginación giró un poco fuera de control y se dejó llevar. Talvez era un solitario y vivía en una oscura torre,
balbuceando hechizos y encantos e ignorando a sus hijos. Quizás cuando ella llegara ahí, encontraría que fuera obligatorio usar largos vestidos negros y él le silbaría
cosas inapropiadas a ella desde las sombras cuando ella pasara.
Alex se sonrió a ella misma y se fue a la cama. “O quizás solo es un hombre lobo,” murmuró suavemente. “Eso sería suficientemente fácil de lidiar.”
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Alex no se relajó hasta que el avión aterrizó en Montana. Había habido bastante turbulencia y había nieve en el suelo cuando aterrizaron. Alex, una chica de Georgia de
corazón, estaba un poco preocupada de llegar al rancho en este mal clima.
Marcó el número que Lisa le había dado. La mujer respondió con prontitud y Alex pudo escuchar una sonrisa en su voz. “Hola?”
“Hola, Soy Alex. El avión acaba de aterrizar.”
“Oh qué bien!” Ahora Lisa sonaba aliviada. “Estaba asustada de que te fueras a decidir que este tipo de cosas no eran para ti.”
No en esta vida, pensó Alex. Cerca de las 3 de la mañana, Había escuchado la manecilla de su puerta girar. La silla había detenido a Bill de entrar, lo había
escuchado quedarse en el pasillo por casi 15 minutos. No había dormido nada más esa noche.
“Había planeado ir a recogerte yo misma,” prosiguió Lisa. “Pero mi camioneta no enciende esta mañana, así que envié a uno de nuestros ayudantes del rancho.
Es un tipo alto con cabello oscuro. Lleva puesto unos jeans y un sombrero de vaquero.”
Alex se dio cuenta que la descripción podía encajar en la mitad de los hombres del aeropuerto y comenzó a preguntar por más clarificación cuando un hombre
levantó la mano y le hizo una seña, llamándola, “Señorita Morrison?”
“Lo veo,” dijo ella al teléfono. “Gracias por hacer esto por mí.” Sabía que probablemente debería de estar un poco nerviosa, pero el tipo le sonreía en una forma
amigable, y de alguna manera, sintió que estaba segura. Ciertamente había probado esta semana pasada que sus instintos estaban bien ubicados.
“Tengo muchas ganas de conocerte,” dijo Lisa. “los invitaré a todos a la cena una vez que te hayas acomodado.”
“Suena fantástico,” asintió Alex antes de despedirse.
“Hola,” dijo el hombre del rancho, tomando sus maletas mientras se acercaba hacia ella. “Soy Christopher. Trabajo para la Señora Lisa en la hacienda de las altas
colinas.”“

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Soy Alex,” dijo ella, tomando de la mano que él le extendió. “Conoces al señor Riley?”
“Claro,” dijo él, tirando el bolso de lana en su hombro. “Como todo los de por acá.”
Bueno, así que probablemente no era un hombre lobo. Eso parecía el tipo de cosas que la gente te diría. A menos de que a ella se la estuvieran ofreciendo en
sacrificio a él. Alex sacudió la cabeza para interrumpir su imaginación, nuevamente vuelta loca.
“Qué piensas de él?” preguntó ella casualmente.
“Oh, él es genial,” dijo Christopher. “Siempre ha ayudado a la señora Lisa siempre que ella lo necesita. Tiene más tiempo ahora que ya no está más en servicio
activo.”
“Estuvo en las fuerzas armadas?”
“Sí, en la milicia. Estuvo dentro por diez años, pero cuando su último viaje terminó, decidió enfocarse más en el rancho.” Un ligero fruncimiento de ceño se notó
en la frente de Christopher. “Y algunas cosas que estaban ocurriendo en su hogar.”
Alex asumió que se él se refería al fallecimiento de su esposa. “La señora Riley estuvo enferma por mucho tiempo?”
“No,” dijo Christopher, poniendo su camioneta en marcha y sacándola del parqueo. “Saludable como un caballo. Ella falleció en un accidente de carro el año
pasado. Manejando en caminos nevados.”
“Oh.” Alex observó la nieve y deseó no haber preguntado.
Christopher rio. “Esto es solo polvo. Ella salió en una tormenta de nieve, no puedes jugar con esas cosas cuando vives tan en lo alto como Lucas. Cayó justo
por el borde de la montaña.”
“Eso es horrible.”
“Fue muy difícil para los niños,” dijo el hombre del rancho en respuesta.
Después de casi una hora, la camioneta se estacionó en una larga entrada. “Esta es la recta final,” dijo Christopher alegremente.
“Me imagino que todos ustedes no hacen muchas compras impulsivas, eh?”
“La mayoría de los rancheros de acá arriba solo van a la ciudad alrededor de una vez al mes,” dijo él con una mueca de cabeza. “A abastecernos desde alimento
para el ganado hasta DVD’s y luego regresar. El señor Riley te mostrará cómo planear todo eso.”
La casa apareció en la siguiente curva de la entrada y Alex sostuvo el aliento. Pensó que se había estado imaginando en una casa de estilo ranchero. Nunca había
sido una gran admiradora de las largas y bajas casas; era simplemente lo que ella esperaba. Una casa de rancho. Tenía sentido hasta entonces.
Sin embargo, lo que se encontraba frente a ella, era larga cabaña. No era tampoco una cabaña de tronco siniestra de película de horror. Era de cedro, del alto de
dos pisos, con un porche cruzado y un techo verde de metal. Había grandes ventanas que dejaban pasar bastante luz en un día que no fuera nublado, y había una terraza
del cual ella asumía era la habitación principal de arriba. De hecho, no estaba segura que terraza fuera la palabra apropiada. Era más como un porche superior.
Ahora estaba decidida a mantener este trabajo, incluso si el tipo resultara ser un hombre lobo. Ella toda su vida había querido vivir en una larga cabaña.
Alex tomó sus maletas y le dijo a Christopher que no tenía que esperar. Estaba segura de que Lisa le había dicho al señor Riley cuándo esperarla. Mientras la
camioneta se dirigía de vuelta por la larga salida, Alex respiró hondo, alisó las arrugas de su camisa, y golpeó la puerta.
“Un segundo!” Una voz resonó de algún lugar de las profundidades de la gran casa.
Cuando la puerta se abrió luego de un minuto, Alex dio un paso hacia atrás. Él no era un jorobado. Tampoco tenía la apariencia de lo que ella creía que era un
hombre lobo. Era simplemente enorme. Sus fornidos hombros parecían abarcar toda la entrada de la puerta y se alzó por encima de ella. Tenía que medir por lo menos
seis pies y medio de altura.
El hombre tenía abundante cabello negro que parecía como que quería enrizarse, pero le faltaba un poco para eso. Tenía una barba incipiente de un día en la línea
de su fuerte mentón y la estaba observando con ojos que eran de un profundo azul cobalto.
“Señor Riley?” preguntó ella, tratando de que su voz no titubeara. No tuvo exactamente éxito, pero continuó. “Soy Alex.” Él no reaccionó, así que ella intentó
nuevamente. “Alexandra Morrison?”
Lucas Riley quedó viendo a la mujer frente a su porche. Ella parecía demasiado buena para ser verdad. Una fantasía hecha carne. Su largo cabello rubio caía sobre
uno de sus hombros de su chaqueta de mezclilla como la luz del sol. Era hermosa, pero su completa figura era verdaderamente una perfección de Dios.
Él trató fuertemente de no mirar sus pechos, lo que su mente analítica midió como un doble D, pero no fue muy capaz de lograrlo. Ella vestía modestamente;
usaba una camisola púrpura por debajo de su camisa de botones a cuadros, pero el efecto era innegablemente sexy. Los jeans oscuros que usaba solo acentuaba sus
caderas y su culo. ¡Y su rostro! Era redonda, con una barbilla ligeramente puntiaguda y una boca que despertaba fantasías que él no había tenido en meses; también tenía
grandes ojos verdes ovalados. Ojos que continuaban volviéndose más alarmados, se dio cuenta.
“Qué?” ladró él, molesto con él mismo por observarla como si nunca antes hubiera observado a una mujer. “Quién dijiste que eras? Y qué haces aquí?”
Tomándola por sorpresa y más que un poco ofendida, se irguió por sus completos 5 pies y cuatro pulgadas y dijo, “Soy Alexandra Morrison. Usted me
contrató para ser una niñera, señor Riley.”

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La mandíbula de Lucas cayó hacia abajo. “Te contraté para qué?”
Bueno, esto se estaba poniendo extraño. Y Alex empezaba a tener frio. su liviana chaqueta de mezclilla no era competencia para el viento de Montana.
“Para ser una niñera,” reiteró ella. “Para sus hijos, Ethan y Wyatt?”
Está bien, esto se ponía raro. Cómo sabía los nombres de sus hijos?
“Nunca hemos hablado antes,” dijo él lentamente.
Quizás esta mujer estaba trastornada. Pero no presentía nada peligroso en ella. Había preocupación, sí. Había incluso impaciencia y molestia, pero no peligro.
“No,” aceptó ella, repitiendo su tono y preguntándose si le faltaba un tornillo. “Lisa Car habló conmigo por Skype anoche.”
“Lisa te contrató para ser mi niñera?” Lucas estuvo aún más impactado. Lisa tenía una tendencia irritante a actuar como su hermana mayor, hacía incluso más
molesto el hecho de que ellos eran de la misma edad, pero ella nunca había llegado tan lejos.
“No, señor Riley,” dijo Alex sarcásticamente. “Ella solo mencionó que yo iba a cuidar de los niños. Si tuviera que cuidar de usted, aumentaría mi tarifa.”
Luego de un momento de aturdido, una sonrisa tan repentina como un amanecer apareció en su rostro. Alex sintió que sus rodillas se debilitaban. Él parecía
severo, pero aun así guapo. Al sonreír, Lucas Riley era impresionantemente bello. Sus ojos se arrugaban en las esquinas y un camanance apareció en su mejilla derecha.
Ella sintió una sonrisa estirar sus labios en respuesta.
“Pasa adelante,” dijo él, manteniendo la puerta abierta con una mano mientras recogía su maleta del porche con la otra. “Te traeré algo de café y puedes contarme
todo lo que Lisa y tú discutieron.”
******
Alex se detuvo sobre el umbral, sintiendo que una deliciosa calidez la rodeaba. La casa era agradable por dentro, pero habían extrañas cosas que faltaban. No había
cortinas cubriendo las ventanas de la cocina. No había almohadillas en el sofá. Había platos desechables de poli estireno en el repleto cesto de basura en la cocina.
En síntesis, No había mucho que mostrara que había habido una señora Riley poniendo un toque femenino en el espacio. Tampoco que la bella cabaña necesitara
muchos detalles, meditó Alex. Solo algo para limar asperezas.
Él se sentó en la mesa frente a ella. “Te importaría si llamo a Lisa antes de empezar?”
Alex movió la cabeza. “En absoluto. De hecho, yo misma tengo una o dos preguntas para ella.”
Lucas abandonó la habitación y regresó con una laptop maltratada.
“En ese caso,” dijo él. “Usaremos Skype.”
Jaló una silla de al lado de ella y trató no parecer que estaba respirando su aroma. No lo podía evitar. La mayoría de mujeres que él conocía olían a perfume o
productos para el cabello o sofisticados jabones y lociones. Esta mujer simplemente olía limpia. Limpia, fresca, y exquisitamente deliciosa. El despejó su garganta y
forzó su mente de vuelta al asunto en el que estaba.
Alex se acercó un poco más hacia él de lo que realmente necesitaba. Él era tan cálido y tan grande que su mera presencia era relajante. Sabía que no apreciaría
escucharlo, pero el hombre tenía realmente un efecto de oso de peluche.
La llamada por Skype inició y el rostro de Lisa apareció en la pantalla. Ella sonrió al ver a Alex y Lucas sentados tan juntos.
“Hola,” dijo con entusiasmo. “Llegaste bien?”
Antes que Alex tuviera siquiera un chance de abrir la boca, Lucas habló.
“Contratas a una niñera sin mi permiso, la mandas a mi puerta y ni siquiera tienes la decencia de decir algo al respecto?”
“La boca de Lisa cayó abierta. “No lo hice!”
“No la contrataste?” rugió Lucas.
Alex se sentó derecha. “Si, usted lo hizo! Si, ella lo hizo!” Prosiguió en respuesta a su oscura mirada.
Lisa alzo las manos. “Sí la contraté, y sí dije algo. Hablamos de esto la semana pasada!”
Lucas llevó sus enormes manos a través de su cabello, haciéndolo levantarse en puntas rebeldes. Alex prácticamente tuvo que sentarse sobre sus manos para
evitar arreglárselo por él.
“Cuándo?” gruñó él.
“En la cena.” Lisa aparentemente estaba inmutable ante su enojo, lo que hizo a Alex sentirse aún mejor. Quizás su ladrido era pero que su mordida. “La semana
pasada. Tú dijiste que necesitabas una niñera.”
“Era un comentario pasajero!”
“Hablamos de salarios!”
“Salarios no negociables,” dijo Alex, sorbiendo su café.
Lisa sonrió. “Como sea, Luc, sabes que es verdad.”
“Incluso si lo fuera, no piensas que debiste haberme llamado antes de enviar a…” Se contuvo de decir “una mujer hermosa.” “Alexandra.” Concluyó débilmente.
“Lo hice!” Lisa sonó ahora indignada. “Te dejé un mensaje de voz esta mañana. Y te llamé 4 veces!”
“No lo hiciste!” Lucas sacó el teléfono del bolsillo de su pantalón, vio las llamadas perdidas y las notificaciones de correos de voz y lo lanzó a la mesa con un
suspiro.
“Lo ves?” dijo Lisa con petulancia.
“Está bien, así que ahora que sé no es una trastornada asesina serial, voy a colgar y ver qué salario poco realista le prometiste para traerla hasta acá al final del
trasero de Montana.”
“Adiós Alex,” dijo Lisa, con entusiasmo otra vez. “Y compórtate, Luc.”
Él gruñó y cerró la laptop con un poco más de fuerza de la que necesitaba.
Ella tomó otro sorbo de su café y lo observó. “No es poco realista,” dijo ella. “E incluye alojamiento y comida, solo para que sepa.”
“Por supuesto que sí,” dijo él con u suspiro. Cómo iba a lograr vivir con esta mujer? Además de la tensión sexual que ya estaba sintiendo, había otros…
inconvenientes. “Por lo menos esa parte tiene sentido.”
“Lamento haber venido tan pronto,” comenzó Alex.
“Por qué te llaman Alex?”
Amos se miraron, esperando a que el otro hablara.
“Es solo un apodo,” dijo ella finalmente, dándose cuenta que él realmente quería una respuesta. “No soy una gran fan de Alexandra.”
“Hmm,” dijo él evasivamente. Ella era muy preciosa y femenina para tan brusco apodo. “Y está bien,” prosiguió él. “Tienes todas las razones para creer que
Lisa es normal.”
Alex sonrió. “Debe de preocuparse mucho por usted.”
“Crecimos juntos,” dijo Lucas, vertiéndole un poco más de café. “Es una comunidad pequeña, aunque haya bastante espacio entre los ranchos. Ella es como la
mama gallina. Aunque me sorprende que haya ido tan largo.”
“Bueno, usted lo pidió en sus comentarios casuales,” se burló Alex.
Lucas le sonrió ante el brillo de sus ojos verdes. “Supongo que sí. Bueno, vamos a hablar en serio.”
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Alex sacó la solicitud enviada por correo del bolsillo de su chaqueta y Lucas leyó en silencio.
“Todo me parece bien,” dijo finalmente. “Estoy preparado para aceptarte por el periodo de prueba de un mes. Luego nos aseguraremos que ambos estemos
contentos con cómo van las cosas. Déjame mostrarte tu habitación para que te acomodes antes de que vuelvan los niños. Solo tengo una habitación extra, así que espero
que te guste.”
Lo siguió por las escaleras, observando los músculos de su espalda moverse al cargar su pesada maleta. Se mordió la lengua, imaginándose metiendo sus dedos en
esos robustos hombros y amarrando sus piernas alrededor de su cintura. Quizás hasta podría levantarla, se burló ella misma. Chicas como ella no conseguían hombres
musculosos como él. Simplemente era un hecho.
Lucas abrió la puerta en el lado derecho del pasillo y le hizo una mueca a Alex para que entrara a la habitación frente a él. En cambio, ella se detuvo en el pasillo.
“Esta es la habitación principal.”
“Lo sé.”
“Mire, no sé qué tipo de arreglo piensa usted que acabamos de hacer, pero no voy a dormir con usted.”
Lucas suspiró y entró a la habitación, lanzando la maleta sobre la gran cama. “No, no lo harás. Ya no uso esta habitación. Quieres pasar o debería poner una
almohada en el sofá por ti?”

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Alex elevó su mentón y entró al cuarto. “Gracias,” dijo con rigidez.
“De nada.”
Se quitó el abrigo de los hombros y lo puso sobre la cama. Lucas parecía no poder dejar de verla. Aquellas eran unas curvas prodigiosas y él quería seguir cada
una de ellas con sus manos, con su boca, con su cuerpo entero.
Alex alzó la mirada, encontrándose con sus ojos casi tímidamente. El hombre no se detuvo típicamente y la observó. El la vio a los ojos, intentando descifrar qué
tipo de verde eran. Ahora eran más oscuros a causa de la luz tenue en la habitación. Debía él acercarse o debía ella? Él podía escuchar su corazón latir a varios niveles y
eso le recordó que probablemente no debería continuar con esto.
“Hay un baño en aquella puerta,” dijo abruptamente, señalando hacia el lado izquierdo de la habitación. “Y el armario está por allá,” señaló otra puerta cerca.
“Voy a ir a recoger a los niños y dejaré que te acomodes.”
Se había ido antes que ella pudiera decir algo. Alex se sentó en la cama. Su mirada había sido casi física. Estaba atraído por ella? La sola idea le hizo difícil
respirar. Había sido una larga mirada imponente para alguien que no estaba tan siquiera un poco interesado.
Cuando se levantaba para desempacar, un resplandor plateado llamó su atención debajo de la cama. Se puso de rodillas y lo alcanzó con las manos. El cuadro de
foto era grande y pesado, de plata genuina. Volteó la foto. Un Lucas más joven usaba un esmoquin y le sonreía a la persona en sus brazos. La mujer que estaba a su lado
usaba un largo vestido blanco y posaba impecablemente para la cámara. Ella no podía ser más grande que una talla 4, y tenía que ser al menos 5 pies y 9 pulgadas. Con
su glamuroso cabello rojo y su enérgica sonrisa, parecía una modelo.
Probablemente debería regresarle la foto a él. En cambio, la empujó de vuelta debajo de la cama y continuó con su desempaque, tratando de recordar lo bella que
se había sentido con sus ojos sobre ella.
Lucas giró su camioneta y la sacó del patio. Iba a estar un poco tarde para recoger a los niños de la escuela, pero sabía que los profesores iban a entender.
Seguramente ellos estarían contentos de que él tuviera algo de ayuda en casa.
Sus pensamientos se devolvieron a Alexandra Morrison. No sabía qué había hecho para merecer a una niñera como ella, pero estaba profundamente agradecido.
Mientras manejaba, su mente deambuló hasta que se imaginaba cómo hubiera sido hacer lo que él había querido hacer al estar juntos en la habitación. De meter las manos
en su cabello rubio y cubrir su cuello. De jalarla contra él y tomar su boca con la de
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