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Dulce tentación Hermanos Mackenzie 2 – Mabel Diaz

Dulce tentación (Hermanos Mackenzie 2) – Mabel Diaz

Dulce tentación Hermanos Mackenzie 2 – Mabel Diaz

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todo el material que
usaban en este deporte de riesgo al
que él era aficionado.
Mientras se balanceaba bajo el
puente una vez terminada la caída, Paris
escuchó la
risa alegre de su amigo Jordan, que
le esperaba sentado en el suelo a pocos
metros de él.
—Gritas como una nena —se mofó
Jordan.
Paris le enseñó el dedo corazón
mientras mantenía los otros contra la
palma de su
mano y acompañó el gesto con una
sonrisa. Las bromas entre ellos eran
habituales.
Siempre intentando minar el ego
masculino del compañero de aventuras.
—Cuando uses un arnés como el mío
y no uno de cintura —le pinchó Paris
jadeando
por la caída con el corazón latiendo
atronador en su pecho— tendré en
cuenta tus
comentarios.
Jordan se levantó del suelo para
ayudar a Paris a tocar tierra y poder
quitarse las
sujeciones.

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—Bah, sabes que da igual usar un
arnés que otro —se defendió su amigo
de la pulla—.
¿Subes tú para que salte Taylor o lo
hago yo? —preguntó cambiando de
tema.—
Ve tú.
Jordan dio media vuelta y comenzó
su ascenso por la ladera cubierta de
hierba para
llegar hasta el otro compañero que
esperaba arriba en el puente.
—El próximo viernes tenemos libre
otra vez en la base —dijo Paris
terminando de
quitarse el arnés de tobillos—.
¿Vamos a escalar o preferís que
saltemos en paracaídas?
—A mí me da igual —contestó su
amigo mirándole por encima del hombro
mientras
continuaba caminando—. Le
preguntaré a Taylor. Luego hablamos.
Una hora después, y tras haber
recogido todo el material, Paris dejó a
cada uno de sus
amigos en sus respectivas casas y se
dirigió a la suya.
Al llegar a un semáforo en rojo
detuvo su todoterreno Range Rover de
color acero y
puso la radio. La voz de Bruno Mars
cantando Locked out of Heaven resonó
en el interior
del habitáculo.
Megan salió de la casa de una de sus
clientas después de haber hecho entrega
de la tarta de cumpleaños para la hija de
esa señora. Esta vez le había tocado
preparar una
sencilla tarta de forma redonda, de
un solo piso, y con una bonita figura de
la princesa
Ariel (la preferida de la niña que
cumplía cuatro años, según indicaciones
de la madre).
Para que no fuera tan sosa, la había
adornado con varios pececitos, pulpos y
estrellas de
mar en torno a la figura de La
Sirenita. La madre de la pequeña se
había deshecho en
halagos con ella por su buen hacer.
Estaba segura de que a su niña le iba a
fascinar.
Megan se dirigió hacia su vieja
furgoneta aparcada frente a la casa
contenta por hacer
feliz a una criatura en su día más
especial. Abrió la puerta del conductor
y se montó en el
vehículo. Cogió de la guantera la
cartera donde guardaba el dinero y
metió el que le había
dado la dueña de la casa como pago
por sus servicios.
Miró el reloj antes de arrancar la
furgoneta. En dos horas tendría que
recoger a
Daniel así que tenía tiempo de sobra
de volver a casa, comer y darse una
ducha. Bajó el
cristal de ambas ventanillas,
aprovechando que ese día de principios
de septiembre no
llovía en Londres y la temperatura
aún era buena, y conectó la radio. Su
cantante
preferido sonaba en ella y Megan
comenzó a cantar a grito pelado aquella
canción que
tanto le gustaba.
«Because your sex takes me to
Paradise,
Yeah, your sex takes me to Paradise
And It shows, uo, uo, uo,
yeah, yeah, yeah,
Because you make me feel like,
I’ve been locked out of heaven
For too long, for too long….»
Megan llegó a un semáforo en rojo y
detuvo su vehículo. Siguió cantando la
letra de la
canción de Bruno Mars mientras
movía la cabeza y los hombros al ritmo
de la música. La
coleta donde recogía su pelo rubio,
largo y rizado, se balanceaba al compás
de la misma.
Paris contempló con una sonrisa en
los labios a la chica que se había parado
en els
emáforo al lado de su todoterreno.
Cantaba como una loca la misma
canción que él
escuchaba en la radio en esos
momentos. Vio cómo ella soltaba el
volante y levantaba los
brazos hacia el techo de su furgoneta
mientras bailaba sentada lo que el
cinturón de
seguridad le permitía.
« Oh, yeah, yeah, yeah,
Can I just stay here?
Spend the rest of my days here?
Oh, yeah, yeah, yeah….»
El móvil comenzó a sonar y Paris
activó el manos libres para hablar.
—Hola Adam —saludó a su
hermano pequeño.
—Baja la música, tío, apenas te oigo
—le pidió este.
—No es la de mi coche —dijo Paris
sonriendo sin dejar de mirar a la rubia
de la furgoneta de al lado que continuaba
bailando ajena a su observación—. La
mía se desactiva
en cuanto suena el teléfono y pongo
el manos libres —le explicó—. Tengo
al lado a una
chica que se cree que está en un
concierto de Bruno Mars. Deberías ver
con qué pasión
canta la canción que suena en la
radio y lo alocadamente que la baila.
Lleva las ventanillas
de su furgoneta bajadas para que
todo el mundo se entere bien de la
música que escucha.
—¿Está buena? —preguntó Adam.
Paris tardó unos segundos en
contestar. La chica había girado la cara
hacia él en ese
momento y Paris se había quedado
hipnotizado por el rostro tan bonito que
tenía. De
facciones dulces y delicadas, una
mezcla entre ángel celestial y mujer, con
unos ojos
verdes preciosos y unos labios que
incitaban a besarlos hasta quedarse sin
aliento.
El mundo a su alrededor
desapareció. Solo existía ella. Nunca se
había quedado tan
impactado por la belleza de una
mujer. Su corazón se acordó de que
tenía que seguir
bombeando en el pecho de Paris
para mantenerle con vida.
—Sí… —murmuró todavía atontado
—. Parece un ángel.
—¡Paris! ¡No te oigo! —gritó Adam
al otro lado de la línea telefónica.
Paris dio un pequeño respingo y
respondió a su hermano más alto.
—Sí. Es muy guapa. Tiene una cara
preciosa —y añadió—: Conduce una
furgoneta rosa
con una tarta enorme en el techo, de
mentira por supuesto —le aclaró— y
pone en letras
blancas en un lateral Dulces Megan.
—¿Dulces Megan? —preguntó
Adam y sin esperar que Paris
respondiese, continuó—:
Seguro que es rubia con el pelo
largo y rizado recogido en una coleta
mal hecha y varios
mechones que se escapan de ella. No
lleva maquillaje y viste de negro.
Paris se sorprendió al oír a su
hermano. ¿Estaría por allí cerca
viéndoles? Miró a su
alrededor, pero no le localizó. La
canción terminó, el semáforo se puso en
verde y la chica
desapareció de allí con un acelerón
que resonó en toda la calle.
—Y seguro que tiene la cara
manchada de harina —continuó Adam
—, o de algún otro
ingrediente que haya usado para
hacer la tarta o lo que sea que haya
estado haciendo hoy.
—¿Dónde estás, Adam? —preguntó
Paris extrañado. Su hermano la había
descrito
perfectamente. Como si hubiera
estado sentado a su lado en el Range
Rover y la hubiese
visto con sus propios ojos.
—Saliendo del restaurante. ¿Por
qué?
El coche de detrás comenzó a pitar.
El semáforo llevaba en verde un buen
rato y Paris
aún no se había movido de su sitio.
Al escuchar los pitidos del otro auto,
metió primera y
reanudó la marcha.
—Porque la has descrito sin
equivocarte. Incluso lo de la mancha de
harina en la
frente —dijo recordando cuando ella
había vuelto su cara hacia él y había
podido
contemplarla—. Y he pensado que
quizá estabas por aquí cerca y la habías
visto.
Escuchó la risa de su hermano al
otro lado del teléfono.
—Pues no. No estoy ahí. He usado
mis dotes adivinatorias para saberlo y
por tu
respuesta veo que he acertado de
lleno. Quizá debería meterme a
pitoniso…
Paris se rio por el comentario de
Adam.
—¿Ya te has cansado de jugar a las
cocinitas? —se burló de su hermano
pequeño
refiriéndose a su profesión de chef.
—¿Y tú de jugar a los súper héroes?
—contraatacó el otro—. ¿O de intentar
matarte y
hacernos sufrir a mamá, a Joel, a
Kim y a mí?
Paris ignoró las dos pullas, una
referente a su oficio y la otra a su
afición a los
deportes de riesgo. Sabía de sobra
que a su familia no le gustaba nada que
practicara este
tipo de actividades y que siempre
insistían en que lo dejase. Pero

Dulce tentación Hermanos Mackenzie 2 – Mabel Diaz

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1 Comment

  1. hola,he leido el libro y siento no me a gustado,simplemente lo encontrado patetico,que diga Paris que quiere y ama a Megan y luego la comparte,eso no es querer querer es lo de Joel a Kim que por muy amo que sea no comparte a su mujer,
    y luego que se enfade con Megan porque siente celos de su ex,que ridiculez es esa?
    cuando un hombre siente celos y comparte a su mujer no puede luego sentir celos,aunque se trate de su hermano dse la esta follando en sus narices y encima le da permiso ara besarle en la boca cuando esa parte es una intimidad importante,vamos que me resulta fuera de normal, esa es mi opinion resulta chocante sin sentido
    no tengo nada contra los trios ni mucho menos pero cuando se trata solo de sexo,
    cuando hay sentimientos por medio lo veo irreal

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