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El corazón de la Clessidra – Mar Zatie

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Resumen y Sinopsis De 

El corazón de la Clessidra – Mar Zatie

Los eterni vivían en Terra Eterna desde tiempos inmemoriales. Había pasado tanto tiempo que ni siquiera ellos mismos podían recordar desde cuando existían, pero
a decir verdad, no era una cosa que les preocupara.
Los árboles, las flores, los prados, los animales, el sol, la luna, el aire y el cielo mismo, todo en Terra Eterna existía desde que ellos tenían memoria. No recordaban
si alguna vez fueron niños como ocurría con los umani, no recordaban haber crecido o haber evolucionado; había pasado tanto, pero tanto tiempo, que el tiempo mismo
había perdido significado en Terra Eterna y el único sentido que podían atribuirle era aquél que los umani le daban en Terra Umana.
Nynvoé, la eterna de la Alegría, de grandes ojos marrón como sus hermanos, pero de traviesa mirada y enorme sonrisa, era también la eterna del sol, de la luz y del
calor, por lo tanto bajo su protección estaban la primavera y el verano, que duraban todo el año en la Zona Nord de Terra Eterna y solo la mitad del año en Terra
Umana.
La alegría, las sonrisas y el optimismo eran cualidades que la acompañaban invariablemente. Donde fuera que hallase una flor a punto de perecer, allí hacía brotar un
nuevo capullo y de esa forma, con su toque, los campos florecían eternamente en Zona Nord. Así mismo, era la eterna de los colores, que hacía girar, aparecer y cambiar
por todos los rincones de Zona Nord.
Nynvoé portaba un antifaz multicolor como el arcoiris y un hermoso vestido tornasol, los cuales reflejaban sin lugar a dudas el resplandor y la vivacidad de su
carácter. Su cabello era obscuro y adoraba llevarlo corto para sentirse libre.
A un toque suyo, el agua, las flores, las mariposas y todo ser animado e inanimado en Zona Nord, cambiaba de color, aunque era cierto que algunas cosas ella las
prefería de un color constante, entre ellas las hojas de los árboles y el prado, que eran siempre verdes en Zona Nord.
Nynvoé amaba teñir el cielo de color rosa pálido, aunque a veces, y de acuerdo al humor de sus hermanos y de sus pequeños amigos umani, podía teñirlo del color
que ellos eligiesen. Bastaba solo mirar hacia arriba, hacia el cielo, besar la punta de su dedo índice, sonreír y estirar el brazo y entonces, desde el sitio donde la yema de
su dedo tocaba el cielo, comenzaba a difuminarse el color. Azul, rosa, amarillo, violeta, tornasol, cualquier color ella podía hacerlo aparecer en el cielo, en el agua y en la
tierra. El sol era otra de las cosas que ella prefería mantener de un único color, siempre amarillo, aunque a veces más pálido y a veces más intenso, a veces más opaco y a
veces más brillante.
Cuando Nynvoé abría los ojos, el sol despertaba con ella y cuando ella iba a dormir, el sol cerraba los ojos junto con ella. Y aunque Nynvoé y el sol estuviesen
dormidos, jamás hacía frío en Zona Nord, el clima era siempre cálido. Pero no solo el sol seguía a Nynvoé, todo habitante de Zona Nord despertaba y dormía cuando
ella lo hacía; a orillas del Lago Eterno, en el prado y en las copas de los árboles, las jirafas, cebras, leones, ruiseñores, lagartijas, catarinas, en fin, toda criatura que
habitase Zona Nord, despertaba y se dormía con Nynvoé.
Adarén, el eterno de la Incertidumbre era el protector de Zona Sud, donde el otoño y el invierno eran constantes y solo duraban la segunda mitad del año en Terra
Umana.
Adarén, el eterno de gruesa y pesada capa gris, de grandes ojos marrón igual que los de sus hermanas, de mirada incierta, protegida por un antifaz igualmente gris, no
tenía potestad sobre los colores, el sol o la luz, pero la luna, las nubes, el viento y la lluvia estaban bajo su cuidado. Zona Sud era un lugar especial, siempre cubierto de
nubes muy tupidas que jamás dejaban pasar completamente la luz del sol, así que hasta cierto punto, Zona Sud era un lugar gris y ópaco, pero no por falta de color,
puesto que cada cosa tenía un color propio, más bien lo que la hacía parecer un lugar gris era la falta de luz.
Zona Sud era también un lugar lluvioso, de tierra muy blanda y lodosa, donde a pesar de ello, los árboles crecían por doquier, grandes, tupidos como las nubes y con
troncos que en su mayoría era imposible abrazar de tan gruesos que habían crecido. En lo más profundo de Zona Sud, junto a los árboles más viejos, pero que eran
también los más bellos, crecían las Ray, unas flores de extraña belleza, color miel, aterciopeladas, que Adarén consideraba su tesoro porque antes de la muerte de sus
amigos umani, esas flores no crecían ni en Terra Umana ni en Terra Eterna, ni siquiera en Zona Nord, era como si ellas hubiesen decidido crecer ahí, en esa zona gris y
aparentemente triste, como un homenaje al amor y cuidado que él sentía por sus desaparecidos amigos.
En Zona Sud, cuando Adarén andaba de prisa, el viento hacía viajar las nubes a una velocidad increíble, creando la ilusión de volar mientras las nubes recorrían
rápidamente el cielo en un viaje que era interminable debido a que jamás se veía por completo la luz, solo uno que otro destello cuando era de día, pero cuando era de
noche y Nynvoé, el sol y todas las criaturas de Zona Nord dormían, Adarén miraba hacia arriba, con un soplido despejaba por completo el cielo y con su mano
izquierda extendida, de derecha a izquierda abría la compuerta de la luna y esta se desperezaba después de dormir todo el día. Era solo de noche que el cielo de toda
Terra Eterna se despejaba por completo, Zona Nord y Zona Sud se convertían entonces, en una sola.
Gió, la eterna del delicado vestido, blanco como su antifaz, era la protectora del balance de Terra Eterna, así como del balance de ésta con Terra Umana. Por lo tanto,
en gran medida era responsable de la fusión de los cori de los bebés umani que ahora, como nunca antes había ocurrido con umani alguno, habitaban en Terra Eterna.
Al ser Nynvoé la regente de Zona Nord y Adarén el regente de Zona Sud, podría pensarse que la eterna del Equilibrio no tenía un lugar propio en Terra Eterna, pero
de ninguna manera era así, ella no necesitaba gobernar sobre alguna de las dos zonas, ya que al estar bajo su cuidado la estabilidad entre ambas, tenía absoluto control de
toda Terra Eterna.
Por fortuna, ella jamás había necesitado controlar nada, sus hermanos

Pages :47

Tamaño de kindle ebook :  644 kb

Autor De La  novela : Mar Zatie

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Idioma :Español-España 

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