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El custodia de tu corazón Infidelidades 3 – Silvana Moreira

El custodia de tu corazón Infidelidades 3 – Silvana Moreira

El custodia de tu corazón Infidelidades 3 – Silvana Moreira

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de entregar su corazón a una mujer de verdad. Una que le ofreciera algo más que un cuerpo
sediento de su esencia viril.
Saltar de cama en cama sólo le aportaban simples placeres momentáneos y un hombre como él necesitaba mucho, pero mucho más. Un problema importante residía
en saber si una mujer sería capaz de aceptar a un hombre que su forma de vida es estar en continuo peligro arriesgando día a día su propia existencia intentando salvar a
otros a los que ni siquiera conocía.

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En algún lugar debería existir esa mujer que sobre todas las cosas fuese totalmente digna de su confianza. Una a la que amar sin restricciones, sin miedos pero la
mayor incógnita residía en saber en que lugar del planeta se encontraba.
Matías ya había confiado y la jugada no había salido nada bien.
En fin, el pasado era pasado y éste era otro año y pensaba gozarlo.
Matías sacudió la cabeza para olvidar pensamientos tontos y concentrarse en la preciosura pelirroja que tenía delante.
“¿Cómo se llamaba?”
– Sólo agua fresca por favor, ya he bebido demasiado y no quiero perderme nada– contestó mientras arañaba el pecho de Matías con su dedo índice.
– Preciosura, eso te lo prometo yo– y sin esperar ni en el vaso ni el agua se quitó la camiseta para dejar a la vista su espléndido y amplio torso. Matías sabía el
efecto que su cuerpo desnudo tenía en ese tipo de féminas y quería apurar los trámites previos.
– Mmm, se nota que eres entrenador– comentó mientras acariciaba su potentes abdominales– ¿se puede saber en que gimnasio de Madrid trabajas?. Mmmm estás
tremendo…
– en muchos preciosura, ya después te los apunto.
“si tu supieras como entreno”
Matías no sólo no trabajaba en ningún gimnasio sino que además los odiaba. Como miembro de las fuerzas especiales en el único lugar que le gustaba entrenarse era
rodeado de la propia naturaleza o en el campo de batalla con su escuadrón.
Con una sonrisa de medio lado que dejaba entrever pura esencia masculina comenzó a desvestirla.
La verdad es que Matías jamás le ofrecería ni siquiera el teléfono porque si algo tenía algo claro era nunca repetir. Disfrutar el momento sin obligaciones ni
compromisos. Ese ere su lema.
Sin previos, comenzó a devorar la boca de la despampanante mujer, no quiso darle tiempo a continuar su interrogatorio. Matías tenía muy claro que no estaban en el
chalet con intención de hablar. Con un solo movimiento de brazos la cogió a medio desvestir y la tumbo en el amplio sofá del salón.
– Por favor no pares– la mujer estaba ardiendo en sus brazos y el estaba totalmente preparado para la acción
– No pienso preciosura– respondió mientras hacía resbalar la pequeña pieza de encaje por sus delgadas piernas.
Matías se lanzó de llenos en esos enormes pechos que lo estaban esperando y comenzó a devorarlos.
– Preciosura estoy muy necesitado y tú que eres perfecta para saciarme– su voz sonaba ronca y grave.
– sí, no pares, por favor….– Matías la sostenía con las piernas levantadas listo para zambullirse en el paraíso.
– Preciosura en este momento no existe nada que pueda detenerme.
El teléfono comenzó a sonar a toda marcha. Sin descanso y con una única e inconfundible melodía.
“Excepto él”, se dijo sollozando sobre los pechos desnudos de su preciosa conquista.
– ¡No!, nooo….
– No lo cojas, sigue – comentó la mujer desesperada por continuar
El teléfono no paraba de sonar y sonar. Parecía que le pagaran por sonar tan fuerte.
– No puedo preciosa. No te muevas. Vengo en menos de un minuto– y se levantó con laxa lentitud, no sin antes darle otro bocado a esos enormes pechos
siliconados.
El teléfono dejó de sonar.
Matías era incapaz de pensar. Toda su sangre se concentraba en un solo lugar y su guerrero estaba listo para atacar.
“Bueno tal vez….quizás…..podría decir…. que no lo escuché y disfrutar de por lo menos uno horita corta”.
Seguro que el Coronel no le creería pero a estas alturas le daba igual. Su cuerpo tenía unas necesidades muy imperiosas. Se abalanzó sobre la preciosura y comenzó
a disfrutar de esos maravillosos montículos cuando el timbre comenzó a sonar otra vez.
– Pero ese sonido ¿qué es?– La lógica del pobre hombre no era capaz de subir mas allá de su cintura.
– Creo que es el timbre de la puerta– contestó la preciosura ofuscada con tanta interrupción
– sí…..– el musculoso varón sollozaba desesperado con un pezón en su boca negándose a soltarlo.
Esta vez el timbre volvió a sonar acompasado de unos golpes en la puerta.
Matías se levantó y se acercó para abrir la puerta.
No se puso pantalones. No hacía falta. Sabía perfectamente quien estaba del otro lado.
Antes de abrir la puerta miró atrás para verificar si su acompañante se había cubierto con una pequeña manta apoyada en el sofá. La pobre mujer tenía los ojos
abiertos como platos, le era imposible comprender nada de lo que allí estaba pasando.
– Dame un minuto preciosa
– Los dos últimos– dijo furiosa.
Matías asintió con la cabeza. Entendía perfectamente la frustración de la dama. La pobre había recibido promesas de una noche única e irrepetible y por el momento
sólo había recibido un vaso de agua.
“Puff ni eso”. Se contestó a sí mismo con sonrisa forzada.
No terminó de abrir la puerta cuando otro potente hombre rubio con pelo apenas al uno y con una barba de dos días lo miraba riendo a carcajadas.
– Parece que pequeño capitán estaba listo para atacar– dijo entre risas mientras miraba la entrepierna de su amigo.
Si no fueran tan amigos y no se hubiesen salvado la vida mutuamente mas de una vez Matías lo hubiera golpeado en plena sonrisa hasta borrársela.
– Pasa
– Señorita– saludo sonriente tocando su visera de gorra militar.
Sin hacer caso a la galantería de su amigo, Matías le preguntó cortante
– ¿Cuánto?– Matías no se anduvo con rodeos
– en dos horas, en el aeropuerto. Bueno– mirando su reloj corrigió– para ser exactos, hora y cuarenta minutos– ejem, yo también estaba algo ocupado– y divertido
mostró su sonrisa perfecta
– Joder, joder, no me puede estar pasando esto otra vez– Matías no terminó de sollozar cuando ambos se giraron para ver a la mujer en el sofá que se quitaba la
manta dejando su cuerpo desnudo y los llamaba con voz sensual.
– ¿Esto era lo que esperabas?
Ambos hombres se miraron sin llegar a entenderla.
– Querías un jueguito a tres….mmm… tu amigo está estupendo– mientras se relamía los labios– me gusta…
Lucas ya se estaba quitando la camiseta por la cabeza cuando Matías lo detuvo.
– ¿Qué haces?
Lucas lo miró como si su compañero fuera tonto.
– ¡Qué piensas que hago!
– No podemos. Tengo que preparar el bolso y ducharme…quien sabe donde nos manden…..
– Querrás decir que tú tienes que hacer todas esas cosas. Yo tengo todo en el coche. Vamos. Ve, que nosotros te esperamos– y sonrió a la pelirroja semidesnuda
Matías rugió furioso.
Lo que le faltaba. Él había preparado el terreno y ahora su amigo disfrutaría de la cosecha. Esto era injusticia plena.
Se dirigía furioso al baño cuando Lucas lo retuvo del codo
– ¿Te importa?– le susurro al oído
– Ni siquiera se su nombre– Matías contestó encogiendo los hombros
– Perfecto, entonces “preciosura” como siempre ¿no?
– sí. Vamos. Tienes los veinte minutos de la ducha y la maleta, después nos largamos.
– Suficientes– Lucas se giró mientras se desabrochaba los pantalones– Preciosura cambio de planes
– Por mí perfecto
“hay que joderse” Refunfuño Matías. Estaba enfadado porque sus vacaciones se habían acabado y ni hablar del dolor físico que tenía su gran amigo.
“Igual uno rapidito para calmar los calores” Pero cuando Matías se giró sólo fue para darse cuenta que esos dos no tenían intención de hacerle sitio alguno.
“Por favor que rápido se desenamoran las mujeres” comentó sonriente camino a la ducha.
– Lo siento amigo, tú te vienes conmigo, otra vez será– dijo en voz alta a su entrepierna como si fuera una entidad aparte. Su amigo se movió enérgico cuando
escuchó los jadeos en el sofá– sí, sé perfectamente que quieres estar allí, pero me temo que el único calor que recibirás hoy y los siguientes días es el mío. Su amigo se
agachó desilusionado con la respuesta.
……………………
– se supone que voy a tener que aguantar esa sonrisita de estúpido durante todo el vuelo a Madrid.
– ¡eh, eh¡!….menos malas formas compañero que no soy yo el que te obliga a interrumpir tus vacaciones.
Es cierto pensó Matías. Su amigo también iba con él rumbo a Madrid y quien sabe que misión les esperaba.
– Lo sé. Disculpa. ¿Te ha dicho algo?
– sólo que tu no respondías– Lucas estaba sonriente– que te cogiera del culo y que regresemos a Madrid echando leches.
– ¿Qué será lo tan urgente?
– ni idea amigo, pero ya conoces al coronel, cuando el llama personalmente….–Matías no le permitió continuar
– algo gordo se nos viene
– así es. Bueno, yo creo que me voy a dormir una ratito porque después del doblete estoy algo cansado
– ¿doblete?
– el de antes de ir a buscarte y el regalito de tu casa claro.
Matías lo miró con total envidia
– Serás desgraciado– contestó con voz grave.
– Pues haber sido más rápido- dijo mientras mostraba su amplia sonrisa
– es que lo mío no es lo rápido compañero, lo mío es hacerlas disfrutar por horas– contestó sarcástico
– sí, pero nunca te duran mas de una semana. Matías, cuando vas a tomar a una mujer en serio– respondió divertido mientras se llevaba ambas manos al corazón
– el mismo día que tú lo hagas
Ambos rieron a carcajadas, tratando evitar el verdadero motivo de su regreso a Madrid.
El coronel les había interrumpido las vacaciones y enviado un avión a recogerlos. Eso no pintaba nada, pero nada bien.

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