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Libro El diario de Rywka – Rywka Lipszyc

Libro El diario de Rywka – Rywka Lipszyc

Libro El diario de Rywka – Rywka Lipszyc

PDF Descargar archivos históricos. Escrito a mano en
polaco y en un cuaderno escolar, el
diario se conservaba relativamente bien.
Las primeras dos páginas estaban
separadas del resto, parte de la escritura
no se leía bien, y había manchas de agua
y herrumbre, pero, teniendo en cuenta su
antigüedad y su procedencia —los
hornos crematorios en ruinas de
Auschwitz—, se hallaba increíblemente
bien conservado.
El diario, de ciento doce páginas de
extensión, iba acompañado de una nota y
de dos periódicos de la época. La
primera entrada, escrita en el gueto de
Litzmannstadt, tenía fecha del 3 de
octubre de 1943. El diario concluía en
el gueto el 12 de abril de 1944. Saltaba
a la vista que teníamos ante nosotros un
documento asombroso, pero ni
Anastasia ni los demás podíamos
determinar hasta qué punto sin ayuda.
Decidimos reproducir digitalmente una
parte para mostrársela a expertos en la
materia y escaneamos con cuidado
varias páginas. Así empezó el proceso
de sacar a la luz este diario, que había
yacido en la oscuridad durante más de
sesenta años.
Tarjeta de registro de Łódz ghetto de Rywka
Lipszyc
Introducción
Rywka Lipszyc: alcanzar la
mayoría de edad en el gueto
de Łódz
ALEXANDRA ZAPRUDER
Rywka Lipszyc empezó a escribir el
único volumen que perdura de su diario
en el gueto de Łódz, poco después de
cumplir catorce años. Llenó con su
caligrafía más de cien páginas en seis
meses, de octubre de 1943 a abril de
1944, y de repente se detuvo. Un año
después, una médico soviética que
acompañaba a las fuerzas de liberación
del Ejército Rojo encontró el diario
cerca de los hornos crematorios en
ruinas de Auschwitz-Birkenau. Si bien
el viaje realizado por el diario nos da
una idea del camino que Rywka recorrió
hasta su muerte casi segura, sus páginas
narran una historia mucho más profunda.
Porque, en él, Rywka intentó
comprenderse a sí misma y expresarse,
documentando tanto las privaciones
físicas de la vida en el gueto como el
torbellino emocional de alcanzar la
mayoría de edad en medio del
Holocausto.
Nacida el 15 de septiembre de 1929,
Rywka era la mayor de los cuatro hijos
de Yankel y Miriam Sarah Lipszyc. En
1932 nació un niño, Abram, a quien
llamarían Abramek, y en 1933 lo siguió
una niña, Cypora, a quien todos
conocerían como Cipka. La pequeña de
la familia, Estera, apodada Tamarcia,
llegó en 1937.
Los padres de Rywka habían nacido
en Łódz, Polonia. Cuando Rywka
empezó a llevar un diario, hacía más de
tres años que vivía en el gueto de Łódz y
ya había perdido a sus padres. Un día
los alemanes le dieron una cruel paliza a
su padre por la calle, causándole
heridas graves y duraderas de las que
nunca se recuperaría del todo. Falleció
el 2 de junio de 1941 a consecuencia de
una enfermedad pulmonar y otros
achaques. Era un recuerdo que Rywka
evocaba vívidamente al final del diario.
Durante un año su madre cuidó sola
de sus cuatro hijos en el gueto, antes de
fallecer el 8 de julio de 1942. No se
conocen los pormenores acerca de su
muerte, pero es probable que, al igual
que decenas de miles de personas en el
gueto, sucumbiera a enfermedades
derivadas de la malnutrición y el
agotamiento.
Los miembros de la familia que
sobrevivieron adoptaron a los hijos de
los Lipszyc. Un tío acogió a Abramek y
a Tamarcia, mientras que Yochanan y
Hadassah Lipszyc abrieron las puertas
de su hogar a Rywka y a Cipka. Al cabo
de dos meses escasos, Rywka y sus
hermanos vivieron uno de los
acontecimientos más dramáticos de la
historia del gueto, la infame Szpera

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(«toque de queda» en polaco) de
septiembre de 1942. Las autoridades
alemanas exigieron que el gueto
entregara a quince mil judíos menores
de diez años y mayores de sesenta y
cinco, además de a los enfermos y los
débiles, para deportarlos.
Durante la Szpera, Yochanan y una
Hadassah desesperadamente enferma
intentaron salvarse a sí mismos y a sus
tres hijas (Estusia, Chanusia y Minia),
así como a Rywka, a Cipka y a otra
prima llamada Esther, que no tenía más
de tres años. De algún modo las
autoridades alemanas solo capturaron a
Yochanan, con lo que dejaron a
Hadassah con seis niñas en casa. Sin
embargo, antes de que terminara la
redada, de una semana de duración,
Abramek y Tamarcia también habían
sido arrebatados a su tío adoptivo.
Rywka y Cipka fueron las únicas que
sobrevivieron de una familia que apenas
un año atrás contaba con seis miembros.
Las autoridades alemanas llevaron en
camiones a los deportados al centro de
exterminio de Chelmno, el destino de
setenta mil judíos antes de la liquidación
final que se llevó a cabo en agosto de
1944. Allí los despojaron de su ropa y
de sus pertenencias, y los subieron a
rudimentarios «camiones de gas», donde
los asfixiaron con monóxido de carbono.
Entre 1941 y 1944 las SS asesinaron en
Chelmno a más de ciento cincuenta y dos
mil judíos de Łódz y sus alrededores.
Niños a punto de ser deportados, separándose
de sus familiares
Hadassah, que todavía estaba
gravemente enferma y acababa de
enviudar, siguió cuidando de todas las
niñas hasta que ella también murió de
enfermedad el 11 de julio de 1943.
Estusia, que con veinte años era la
mayor, asumió la extraordinaria
responsabilidad de cuidar de sus dos
hermanas y de las hijas de los Lipszyc,
todas ellas menores de edad. (Otra tía
adoptó a la prima más pequeña, Esther.)
Vivieron juntas en el número 38 de la
calle Wolborska en circunstancias de
gran penuria y tensión.
El Comité de Protección de Menores,
que se había constituido para atender a
los huérfanos del gueto, proporcionaba
cierta asistencia a Rywka y a Cipka,
ofreciendo servicios como visitas al
dentista, cupones para ropa de abrigo y
otras necesidades básicas. Además, las
niñas recibían una ración extra de
comida llamada bajrat o ración B que
complementaba su dieta, por lo demás
escasa.
Pese a esas ayudas, del diario de
Rywka se desprende que ella y sus
primas —como la mayoría de los
habitantes del gueto— vivían
estranguladas por las tenazas cada vez
más implacables de la hambruna
extrema y privación que caracterizaron
la vida en el más duro y duradero de los
guetos alemanes.
Cuando Rywka empezó a escribir su
diario había estado asistiendo a las
sesiones de la señorita Zelicka bajo la
influencia de la compañera de colegio y
amiga de Estusia, Surcia Selver. De
hecho, fue Estusia quien pediría a Surcia
que tendiera una mano a Rywka porque
las dos eran escritoras. Estusia esperaba
que Surcia hiciera las veces de mentora
de su prima más joven.
Surcia, sobre todo, junto con otra

Libro El diario de Rywka – Rywka Lipszyc

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amiga llamada Chajusia y la señorita
Zelicka, se convirtieron, en efecto, en
figuras de gran relevancia en la vida de
Rywka.
El diario de Rywka se caracteriza por
un ir y venir entre su mundo interior y el
exterior. Describía los asuntos prácticos
de su vida —la mecánica de la
supervivencia en el gueto, el trabajo
infatigable y los indultos momentáneos
proporcionados por la escuela y otras
actividades— y los acontecimientos
externos que afectaban al gueto en
general y a ella en particular. Sin
embargo, dentro de esa estructura,
Rywka habitaba sobre todo en su mundo
interior, concentrando sus esfuerzos en
escribir; su identidad emergente; su
filosofía de la vida (es decir, sus
intentos de dar sentido al mundo a través
de su experiencia); su dolor por su
familia; su afán por conservar las
fuerzas bajo el asalto constante del
agotamiento, la desesperación, el
hambre y el miedo. Las entradas de
Rywka son una serie entremezclada, a
veces incluso embrollada, de informes,
reflexiones, sentimientos, noticias,
sensaciones e ideas. Una vez
desentrañada, su diario no solo
proporciona una nueva perspectiva de la
vida cotidiana y de la supervivencia en
el gueto de Łódz, sino que —y tal vez
sea lo más importante— refleja la lucha
imposible por alcanzar la mayoría de
edad dentro de ese crisol de
encarcelamiento, privación y opresión.
Por encima de todo, Rywka buscaba
consuelo y salvación al escribir su
diario. El hecho de que este
sobreviviera atestigua la angustia de su
lucha condenada al fracaso.
Jóvenes judías en un taller de costura del gueto
de Łódz
El diario termina bruscamente. ¿Por
qué dejó de escribir Rywka de forma tan
inesperada y repentina? ¿Qué podría
haber ocurrido para que se detuviera en
mitad de una entrada y no retomara el
diario que tanto significaba para ella?
No hay respuestas a esa pregunta. Lo
único que sabemos es que, menos de un
mes después de que concluyera el
diario, el gueto volvió a ser objeto de
una aterradora serie de deportaciones
que se llevaron a cabo durante mayo y
junio. Tras un breve respiro en el mes
de julio, las autoridades alemanas
pidieron la liquidación final del gueto en
agosto.
Jóvenes judías estudiando juntas en el gueto de
Łódz
Rywka, Cipka, Estusia, Chanusia y
Minia permanecieron juntas en el gueto
hasta que fueron deportadas a
Auschwitz, junto con casi todos los
habitantes que quedaban en el gueto de
Łódz. Rywka llevaba consigo el diario
en el tren a Auschwitz, donde lo
encontraron tras la liberación en la
primavera de 1945. En su última
entrada, fechada en abril de 1944,
Rywka expresó todas las
contradicciones y luchas que definían su
joven vida: la belleza y la alegría del
mundo y el suplicio de su existencia; el
aplastante peso de la desesperación y el
esfuerzo por conservar la esperanza, y
por encima de todo, un anhelo de vivir
que se mantuvo firme pese al gran
sufrimiento que soportó.
La ciudad de Rywka, su gueto
FRED ROSENBAUM
Fue en la ciudad natal de Rywka
Lipszyc, Łódz, donde se asentó el gueto
más aislado y oprimido de toda la
Europa ocupada por los nazis.
En 1900 los judíos constituían casi un
tercio de la población de Łódz, así
como la mitad de los hombres de
negocios. Se relacionaban con los
polacos, como es natural, pero también
con otros amplios grupos minoritarios,
como los alemanes étnicos, conocidos
como Volksdeutsche, y los rusos. Las
comunidades no solían tener trato social
entre ellas, pero en general reinaba la
tolerancia, y porgamberros a menudo se divertían
cortando la barba a los ortodoxos. Otros
soportaron cosas mucho peores.
Los ocupantes congelaron las cuentas
bancarias de los judíos y confiscaron las
fábricas y los almacenes que eran
propiedad de judíos. Cerraron todas las
sinagogas y prohibieron a los judíos
entrar en los parques, asistir a los
teatros y utilizar el transporte público.
Los judíos ya no podían pasear por
Piotrkowska, el bulevar más elegante de
Łódz, donde antes de la guerra un buen
número de comercios habían
pertenecido a judíos. Como era de
esperar, los alemanes exigieron a los
judíos que llevaran la infame estrella de
David, en el pecho y la espalda, lo que
ayudó a los nuevos gobernantes a hacer
respetar estrictamente el toque de queda.
A todo judío que se dejara ver por la
calle de las cinco de la tarde a las ocho
de la mañana se le detenía. En un estado
de emergencia propio de tiempos de
guerra, enseguida aparecieron por toda
la ciudad centros de distribución de
alimentos, y los habitantes se vieron
obligados a hacer largas colas para
obtener las provisiones más básicas.
Allí también imperaban los prejuicios y
la malicia; aun después de largas horas
de espera, los judíos a menudo eran
echados de las colas por los polacos o
l o s Volksdeutschen, y muchas veces
también eran objeto de palizas.
Niños buscando carbón en el gueto de Łódz
Frente a semejante hostilidad por
parte de sus compatriotas, y con el
peligro que entrañaban los invasores
nazis, decenas de miles de judíos de
Łódz huyeron al este. La mayor parte de
la población judía de Łódz, incluida la
familia de Rywka, permaneció en sus
casas, pero la situación solo fue de mal
en peor.
Sin embargo, el control estricto no
provenía de las autoridades alemanas. A
los judíos de Łódz se les puede
responsabilizar de haber reconocido
durante casi media década a un dictador
judío, Chaim Rumkowski, el ex director
de un orfanato judío de unos sesenta y
cinco años y melena canosa que a
menudo aparecía como una figura
paternal, pero que en realidad era un
individuo egoísta y ávido de poder.
A mediados de noviembre de 1939,
apenas dos meses después del comienzo
del Nuevo Orden, prendieron fuego a las
dos sinagogas más bonitas de Łódz, una
reformada y la otra ortodoxa. También
quemaron una serie de sinagogas más
pequeñas, así como capillas y salas de
estudio. Pero el mayor golpe llegó al
mes siguiente, cuando se promulgó el
decreto que establecía la guetización y
que afectaba a todos los judíos de Łódz.
En carteles por toda la ciudad
anunciaron que en menos de dos meses,
el 8 de febrero de 1940, todos los judíos
—que, aunque muchos ya habían huido,
todavía ascendían a ciento setenta y
cinco mil— debían vivir en un área de
apenas trescientas setenta y cinco
hectáreas.
Alambrada que cercaba el gueto de Łódz y cartel
admonitorio en alemán
Łódz fue uno de los primeros de los
doscientos guetos que implantaron los
invasores y sería el que más duraría.
Como el único importante «en suelo
alemán», también sería el más
impenetrable. Los alemanes derribaron
todas las casas de los alrededores,
creando una especie de tierra de nadie
entre las alambradas y el lado ario. Una
guardia policial especial alemana, los
Schutzpolizei, más conocida por su
abreviación Schupo, patrullaba el
perímetro con órdenes de disparar a
todo judío que se limitara a acercarse a
la alambrada. Como consecuencia,

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murieron cientos, tanto si huían como si
no.
El gueto de Łódz, que quedó
totalmente cerrado el 30 de abril de
1940, no recibía correspondencia ni
prensa ni paquetes del mundo exterior.
Tampoco había teléfono ni telégrafo y,

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desde el inicio, constituyó un delito
capital estar en posesión de un aparato
de radio.
Ya desde el principio Rumkowski
llegó a la conclusión de que la única
posibilidad que tenía la población judía
para sobrevivir —es decir, para evitar
la muerte lenta por inanición o la
deportación al este— era hacerse útil a
los alemanes. En cierto sentido, lo
consiguió: en más de cien fábricas, los
judíos de Łódz produjeron artículos
necesarios que a su vez permitieron que
el gueto sobreviviera mucho después de
la destrucción de la mayor parte de sus
equivalentes.
Mujeres jóvenes y adultas en el taller de costura
del gueto de Łódz
La comida fue un problema de gran
importancia desde el comienzo. En 1941
más de dos mil judíos de Łódz murieron
de hambre. Se repartieron cupones de
racionamiento entre los obreros, pero el
promedio de consumo de calorías en el
gueto apenas alcanzaba los dos tercios
de lo que necesita el ser humano para
sobrevivir, y ni se acercaba al necesario
para realizar un trabajo manual. En 1942
la tasa de mortalidad debida al hambre
se duplicó con respecto al año anterior
y, después de las afecciones cardíacas,
fue la principal causa de muerte en el
gueto.
Deportación del gueto de Łódz, 1942
Asimismo se propagaron las
enfermedades. Incrementó rápidamente
la tuberculosis, a la que hace alusión
Rywka, pero también asolaron la
disentería, el tifus y la neumonía. Huelga
decir que era muy difícil obtener
medicamentos de cualquier clase.
Durante la existencia del gueto,
murieron de hambre o enfermedad casi
una cuarta parte de sus habitantes.
El mayor peligro era la deportación.
En el invierno de 1942 fueron citados
ante las autoridades —«invitaciones de
boda», en el argot del gueto— decenas
de miles de judíos que la administración
de Rumkowski había declarado no aptos
para el trabajo. A la mayoría los
asesinaron en Chelmno, a menos de
sesenta y cinco kilómetros de Łódz, un
arquetipo de los campos de la muerte
más sofisticados que estaban por llegar.
Los asfixiaron en el interior de enormes
camiones revestidos de paneles
bombeando monóxido de carbono a
través de un tubo de escape.
En septiembre de 1942, llegó la
deportación más cruel, durante la cual
expulsaron de sus hogares a miles de
judíos más, muchos de ellos ancianos;
sacaron de las camas de hospital a los
enfermos y, lo que fue aún más atroz,
arrancaron de los brazos de sus madres
a niños de menos de diez años.
Mujeres y niños a ambos lados de una
alambrada en el gueto de Łódz
Aun en medio del pesimismo y las
privaciones, durante casi dos años el
gueto siguió siendo un importante centro
industrial para los alemanes. En la
primavera de 1944, sin embargo, con el
Ejército Rojo a solo ciento cincuenta
kilómetros de distancia, en la orilla
oriental del Vístula, Berlín decidió
liquidar a la comunidad judía de Łódz
mientras pudiera. De mediados de junio
a mediados de julio subieron a otros
siete mil judíos a un tren y los
transportaron a Chelmno, donde los
gasearon. No obstante, la destrucción a
gran escala de más de un centenar de
fábricas, lo que quedaba de la
comunidad de Łódz, se llevó a cabo en
el mes de agosto. Más de sesenta y siete
mil judíos, entre ellos el mismo
Rumkowski, fueron transportados en
trenes a Auschwitz, donde la mayoría
murieron a las pocas horas de llegar.
Niños que habían sido detenidos durante una
Szpera aguardan a ser deportados
En un período de cinco años, se había
erradicado una comunidad de
aproximadamente un cuarto de millón de
personas. Cuando los soviéticos
entraron finalmente en enero de 1945,
casi medio año demasiado tarde, solo
pudieron identificar a ochocientos
setenta y siete supervivientes.
Rywka abandonó Łódz junto a su
hermana y sus tres primas a principios
de agosto de 1944 en un vagón para el
transporte de ganado que se dirigía a
Auschwitz. A cada uno de los
deportados se le permitió llevar un total
de veinte kilos de peso. Entre las
pertenencias de Rywka se

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