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El látido de África – Reina González Rubio

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Resumen y Sinopsis De 

El látido de África – Reina González Rubio

Todos los calendarios tienen marcados los días festivos excepto el suyo. Siempre tenía la excusa para no tener ni un solo día de descanso. Era el único médico y no
podía dejar de atender a sus pacientes, aunque todos en el hospital sabían que esa no era exactamente toda la verdad. Necesitaba tener ocupadas todas las horas de todos
los días. El trabajo se había convertido en la única ocupación que le permitía olvidar para poder seguir viviendo.
Estas eran las primeras vacaciones que se tomaba en siete años y para hacerlo prácticamente le tuvieron que echar del hospital. La hermana superiora intentó
convencerle de la necesidad, y las buenas virtudes, del reposo. «Vete a ver a tu familia a Alemania», le había dicho pensando que era la única manera de que abandonara
su trabajo. Pero él no se dejo convencer alegando, una vez más, que no podía desatender su trabajo.
De nada sirvieron sus estrategias, porque buscaron a otro médico para sustituirle durante una pequeña temporada. No tenía intención de volver a Alemania y
mucho menos tomarse varios meses de vacaciones con la única ocupación de hacer el vago. Simplemente necesitaba cinco, o tal vez siete días, para desconectar y poner
en orden el desbarajuste de sus notas.
Eligió un resort en la costa para ese tiempo de reposo porque quería ver el mar desde su habitación, oír las olas del Atlántico y oler la sal marina. Una buena
comida, ocho horas de sueño ininterrumpido, una ducha de agua caliente, con buena presión, y una piscina donde poder nadar cuando quisiera eran unas vacaciones de
verdadero lujo para él. Tenía pensado recorrer el litoral para comer una langosta, recién capturada, en alguna casa de comidas típica de la costa para después perderse en
cualquiera de esas playas de arena limpia que estaban casi siempre totalmente vacías.
La primera mañana que pasaba en el complejo hotelero, al levantarse y mirar por la ventana, Otto descubrió un horizonte de nubes negras y un fuerte viento, que
agitaba con furia las palmeras que bordeaban la playa que se extendía frente a su habitación.
Al bajar a desayunar se encontró en un comedor vacío en el que solamente un camarero atendía el buffet.
¿Dónde están todos? preguntó extrañado ante la soledad del recinto.
Los huéspedes en sus habitaciones y el personal está fijando el mobiliario y retirando enseres porque se avecina una tormenta contestó el camarero. ¿Tiene
pensado salir hoy?
Había planeado ir a caminar por la playa pero con este tiempo me parece que me voy a quedar aquí, creo que será lo más sensato respondió Otto a la vez que
se servía unos frijoles en el plato.
Sentado en una mesa frente al mar, y con una taza de café caliente en sus manos, Otto contemplaba la tempestad que se avecinaba lentamente. El camarero, al
acercarse sigilosamente a su mesa, le sacó de sus pensamientos.
Tenemos una sala de ordenadores con conexión a Internet donde puede usted pasar la mañana le informó solícito.
Gracias, iré allí antes de que llegue la tormenta y nos deje sin luz.
La pequeña sala con tres ordenadores, situada junto a la recepción del hotel, estaba vacía. Se sentó frente a uno de ellos y lo encendió. Primero revisó su correo
electrónico, hacía tiempo que no lo miraba y tenía infinidad de mensajes acumulados, contestó a todos sus amigos que se quejaban del poco caso que les hacía.
Uno de ellos, Gregor, había sido padre dos meses antes y le contaba que había agregado unas fotos de su hija recién nacida a Facebook. Después de varios intentos,
usaba tan poco esa red que le costaba recordar su contraseña, abrió su página de Facebook.
Estuvo mirando las fotos que mostraban un mundo demasiado diferente al que él se vio obligado a elegir, y que ahora era el suyo. Ya no era capaz de acordarse de si
un día ese también había sido su lugar. Esos paisajes, esas mesas de manteles blancos y esas comidas opulentas ¿existían realmente? ¿Existió algún día eso para él?
¿Podría volver a existir?
Levantó la vista del ordenador y pensó en ella. Sus ojos se fijaron en la casilla de buscar y casi sin querer, como si sus manos actuaran de manera autónoma, tecleó
su nombre. Su página de Facebook tenía una imagen de portada de un conocido paisaje africano, era el mismo horizonte que tantas veces habían contemplado juntos. La
primera luz de la mañana con brillantes colores azules y naranjas. El amanecer que se veía desde la ventana de su dormitorio; recordó las sábanas revueltas y por un
instante creyó volver a oler su perfume.
«¿Conoces a Elena? Si conoces a Elena, envíale una solicitud de amistad o envíale un mensaje».
Su acción había sido deleznable y sus palabras muy duras. Habían pasado ya siete años, siete largos años, y nunca más habían estado en contacto. Alguna vez
había deseado saber de su vida pero entendía que para ella él ya no existía.
Entonces, casi sin querer, su dedo deslizó el cursor del ratón hasta donde estaban escritas las palabras «envíale una solicitud

Pages : 87

Tamaño de kindle ebook :  795 kb

Autor De La  novela : Reina González Rubio

kindle  Comprimido: no

kindle Format : True PDF 

Idioma :Español-España 

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Fotos – Imagen

El látido de África – Reina González Rubio

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