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El paseante – John Virgingorda

El paseante – John Virgingorda

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Quedarse soltero a los cuarenta,
después de varios años de relación, es
algo así como un pequeño cataclismo,
posteriormente al trauma inicial surge la
inquietud de volver a buscar una pareja
para no morir triste y solo, y también
por qué no, demostrar a tu expareja que
has podido rehacer tu vida, minimizando
la importancia de la ruptura y de su
influencia en tu vida. Y claro está a
estas alturas nos miramos en el espejo,
y hacemos recuento de las pocas armas
de seducción que han sobrevivido al
desarme al que nos ha sometido el
matrimonio, y bueno en mi caso en
particular aún podía dar gracias, pues no
me considero muy feo, y me he
mantenido un poquito en forma, vamos
que no es que de asco, sólo que mis
capacidades seductoras estaban un poco
oxidadas, y no me veía yendo por los
diversos antros vomitando palabras y
aliento etílico a las jovencitas. Estaba la
opción de internet, ese inmenso mercado
de carne, en el que todos dicen que son
muy amigos de sus amigos, y paridas
semejantes, y poco originales, pero
después de visitar algunas páginas que
sólo querían mi dinero, y toparme con
toda clase de personajes extraños,
decidí lanzarme a la antigua usanza,
pero para ello tendría que vencer mi
inicial timidez y torpeza.
Mi nombre es Alberto, y no he dicho
que soy un poco raro en cuanto a mis
aficiones, pues me gustan los libros de
ciencia ficción, el último que he leído se
titula “Llamada desde Marte”,
reconozco que el contenido se ajusta a
lo friki del título, pero a mí me gusta,
¿que le vamos a hacer? Ahora quizás
piensen que esto no viene mucho a
cuento, pero es algo que tiene su sentido
en el transcurso de mi historia
Volviendo al tema que nos ocupa.
¿Cómo iniciar una conversación con
alguna mujer casadera, cara a cara?
¿Cómo ligar sin parecer un estúpido ó
patético en el intento? Tenía que
encontrar la forma de iniciar una
conversación con una completa
desconocida sin padecer una autentica
tortura para ello, pero ¿cómo? Cuando
caminaba por la calle parecía invisible
para las mujeres. Así que decidí buscar
consejo casi, casi profesional, acudí a
uno de mis amigos, llamado Luis, y que
es famoso por su soltería, y conquistas
varias, pues siempre andaba con una
diferente, y era la envidia de todos los
demás colegas. Se rumoreaba que una
vez había acudido a una boda y se lo
montó con la novia, con eso lo digo
todo. Si alguien podía ayudarme ese era
Luis. Le llamé por teléfono y quedamos
para tomar unas cervezas en un bar
cerca de su casa. Yo llegué primero y
estuve esperando un rato hasta que se
presentó acompañado de una rubia de
infarto. ¡Que mamón!, no sé si lo hacía
para ponerme los dientes largos, pero
aquello me reafirmó en mi decisión,
había acudido a la persona adecuada.
– ¿Qué pasa pringao? – Fue su
saludo, yo sonreí – mira esta es María,
una amiga –
– Encantada –
– Encantado –
Y nos dimos un par de besos
– Ah, mira allí está Lucía, voy a
saludarla – dijo la tal María,
contoneando su esbelta figura hacía la
barra donde se acercó a una morena
igual de impresionante. Yo volviendo la
cara hacía mi amigo, fruncí el entrecejo,
mi amigo comprendió mi gesto y sonrió.
– ¡Bah!, es una guarrilla, solo me lo
paso bien con ella, venga vamos a
sentarnos en aquella mesa, y me cuentas
que te pasa –
Tras pedir unas cervezas comencé.
– Pues nada, ya sabes que me separé,
y llevo ya mucho tiempo en dique seco,
y quiero volver a la circulación. No sé
como empezar la verdad, ¿tú que me
recomiendas? –
Mi amigo esbozó una amplia sonrisa
de condescendencia que me molestó un
poco, pero que vamos a hacer, el que
quiere peces tiene que mojarse el culo.
– Abre bien esas orejas, porque lo
que te voy a decir es oro en paño – dijo
exponiéndolo con cierto misterio – Mi
técnica es muy sencilla, pero eficaz,
solo tienes que tener claro que nosotros
no elegimos a las mujeres, son ellas las
que nos eligen a nosotros. La clave está
en la mirada – aquello me dejó igual que
antes, pero él continuó – . Cuando tú le
gustas a una mujer se lo notas en que te
mira insistentemente, son esas mujeres
las que están receptivas, a las que tienes
que lanzarte, echarle cara y decirles
cualquier tontería. No importa que sea
muy guapa y que creas que no está a tu
alcance. No sé por qué, pero a algunas
mujeres les resultamos atractivos y a
otras no, les gustarán tus ojos, el
peinado, tus manos, yo que sé lo que les
llama la atención de un hombre, pero
hay ocasiones en las que te ven
atractivo, y es ese el momento de
aprovechar la oportunidad. Sin embargo
habrá otros momentos, e incluso
resultando ellas feas como cardos, en
los que no te harán ni caso, cada una es
diferente. Tú interpreta las miradas, y
tendrás éxito, te lo aseguro. Por cierto la
amiga de María no hace más que mirar.
Si quieres te la presento –
Yo giré la cabeza hacía la barra,
pero no vi que miraran hacía nosotros,
sino que hablaban entre ellas riendo
animadamente.
– No, déjalo, da igual, creo que aún
no estoy preparado –
– Como quieras cobardica – dijo
Luis mientras me daba un golpe
supuestamente animoso en el hombro.
Recapitulando, su consejo consistía
en que solo tenía que estar atento a las
mujeres que me dedicaran una mirada
que durara más de dos segundos,

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y que
algunas veces había que provocarlas,
mirándolas con insistencia, pero la que
te mantenía la mirada durante más de
dos segundos era un posible objetivo, y
después sólo era cuestión de hablar y
hablar sin parecer nervioso. Parecía
fácil, pero claro resulta que Luis es alto,
guapete, y va al gimnasio.
Me despedí de él, pensando que
quizás algo de lo que había dicho hasta
tuviera cierto sentido, y estaba dispuesto
a intentar seguir su consejo, al fin y al
cabo las pruebas de sus conquistas lo
demostraban. Aunque yo me conformaría
con mujeres menos llamativas que la tal
María y su amiga, era consciente de mis
propias capacidades, y debía fijarme
objetivos asequibles. Así que durante
los días siguientes comencé a dedicarles
miraditas a las mujeres con las que me
cruzaba, y que creía estaban a mi
alcance. Y algunas correspondían
manteniendo esa mirada

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