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El resplandor de la llama eterna Poemas de Auroria 1 – A. A. Fuhrhop

El resplandor de la llama eterna (Poemas de Auroria 1) – A. A. Fuhrhop

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probar algunos de los platillos y dulces típicos de esta esperada celebración anual.
No era extraño encontrar a algún turista siendo agobiado por un residente de la zona baja de la ciudad, explicándole el por qué las costillas de cerdo acompañadas
de papas salteadas y salsa de queso azul con ají, era el platillo principal de la festividad. Mientras que subiendo a la zona central detrás de la segunda muralla, algún otro
viajero desafortunado se encontraba recibiendo alguna explicación similar, pero respecto al pan acaramelado relleno con chocolate derretido y frutillas.
Sea cual fuese el verdadero plato típico de la celebración, lo realmente importante para los habitantes de la ciudad, era que en este día se cumplían seiscientos
años desde la fundación de Lith y la creación del reino de Alenia.
Con una población superior al millón de habitantes la capital Lith era la ciudad más poblada, no sólo del reino, sino también del continente. Por sus murallas,
torres, casas y edificios de color blanco marfil, ésta ciudad también conocida como la Ciudad Blanca, era el orgullo de todos los alenianos. Fue fundada sobre un
misterioso monte al centro de un inmenso lago. Cuatro puentes la conectaban al resto del territorio y estaba protegida por una muralla exterior y dos murallas interiores,
cada una a mayor altura en el monte que la anterior. Con el castillo ocupando la cima, la ciudad era un espectáculo imponente a la vista.
Incluso detrás de la última muralla, en la zona alta de la ciudad, era tanta la algarabía que el ruido se podía escuchar desde el Castillo del Dragón, una
imponente estructura resultante de la combinación del lujo y tamaño de un palacio, con la capacidad defensiva de un castillo.
El nombre del castillo derivaba del estandarte que se podía observar ondeando en diferentes partes del mismo, el cual mostraba un dragón negro en altiva postura
sobre un fondo rojo, el símbolo de la realeza aleniana.
Su único representante Rolavian Eliansfil, un muchacho pelirrojo de ojos celestes, en esos momentos intentaba aparentar entusiasmo con las lecciones de su
tutor, mientras dirigía una que otra mirada por la ventana.
El problema no estaba en que no le interesase la historia, o el estudio en general, sino por el contrario, era un joven bastante inteligente y maduro para sus
dieciocho años, por esto mismo ya conocía de memoria la historia de la fundación de la ciudad y el inicio del reino.

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A su tutor el marqués Colmain Gurterfalen, le encantaba en estas fechas tocar este tema y a Rolavian le hubiese encantado comentarle qué ya había aprendido
todo lo necesario al respecto. Pero por experiencias anteriores, estaba seguro que el anciano se deprimiría y tendría al consejero a cargo de la educación del reino sentado
en dirección a la pared, con la cabeza gacha y sin emitir palabra, por lo menos, por una media hora.
―Majestad, como sabrá, la derrota frente a la alianza de reinos en la guerra del ocaso, significó el fin del Imperio de Alenia y la pérdida de tres cuartas partes de
nuestro territorio, por lo que Alenia tuvo que reorganizarse como un reino. El antiguo emperador y posteriormente rey, Telian Eliansfil, junto con decretar un nuevo
calendario, decidió fundar la nueva capital de Alenia, Lith, en este gigantesco monte ―explicaba Colmain mientras acariciaba la frondosa barba gris que le descendía
hasta el cinturón de su túnica―. Ahora, si bien, era esencial una nueva capital después de la destrucción de la anterior, Iscandia, ¿por qué su majestad Telian no eligió
simplemente una ciudad próspera ya existente?
―Ya que en esta zona se pueden extraer grandes cantidades de olicio, un tipo de roca blanca muy escasa, la cual después de ser trabajada se convierte en uno de
los materiales más duros que existen ―respondió Rolavian con voz cansada―. Utilizando olicio para construir las defensas y aprovechando la ventaja defensiva de
construir la ciudad en medio de este lago, seguramente pensó que se podría evitar un desastre como el de Iscandia.
―¡Exactamente! ―exclamó Colmain con emoción―. Una capital que le hace honor al reino más antiguo de los humanos. Si bien, el calendario teliano solo tiene
seiscientos años, en tiempos remotos cuando el reino era conocido como el Imperio aleniano, este cubría todo el continente. Pero después del suceso conocido como el
advenimiento de los dioses, sus territorios comenzaron a independizarse para finalmente perder su estatus de imperio hace más de seiscientos años atrás.
Al terminar de hablar Colmain sacó el pañuelo que guardaba en su bolsillo y comenzó a secarse algunas lágrimas que aparecieron en sus ojos. Rolavian no podía
evitar sonreír ante la gran admiración que su tutor profesaba por el reino.
Aunque Alenia ya no fuese el sol que iluminase el continente y el símbolo de la familia real fuese remplazado por el de un dragón en honor a Telian y su
milagrosa alianza con las poderosas criaturas. Para su tutor, la nación jamás había sido realmente derrotada.
Sin embargo, dos graves problemas amenazaban al reino. Alenia se había enfrentado al Imperio de Kernia, con el que limita al oeste, en un sangriento conflicto
bautizado como la guerra de los diez años y aunque logró salir victoriosa deteniendo la ambición expansionista del imperio, se cobraron demasiadas vidas en el proceso,
incluyendo la del propio padre de Rolavian, el rey Silendus Eliansfil, quien murió en la batalla del río rojo.
Alcanzando el estatus de imperio trescientos años atrás, el origen del Imperio kerniano yace en el reino de Kernia, líder de la alianza de reinos que derroto al
antiguo Imperio aleniano.
El desgaste de la guerra y la inestabilidad política que siguieron, provocaron la desconfianza de las “Casas Inmortales”, las familias que controlan los cuatro
ducados de Alenia, los que se han mantenido aislados desde entonces. Quedando solamente Astralis, el ducado central, bajo el control de la casa real y el Consejo.
Astralis debe su nombre a la esperanza de que a pesar de que el reino ya no era el sol que iluminaba el continente, sus habitantes no dejasen de añorar el cielo.
Tiene la mayor cantidad de lagos y lagunas en el reino. Se dice que el cielo nocturno reflejado en sus aguas es una imagen para recordar por siempre. Además es la
ubicación de la capital Lith y es la mayor potencia militar de Alenia. Sin embargo, solamente con el poder de Astralis, no se puede hacer frente a lo que se avecina.
Además de acarrear con este grave problema interno que ha durado cuatro años, Rolavian se enteró recientemente, que el imperio está preparando una nueva
invasión a territorio aleniano.
―Bueno, me gustaría entrar en detalles sobre Alenia, la gran ciudad de la cual nuestro reino heredó el nombre y la primeras ciudades del continente―dijo
Colmain entre suspiros―. Sin embargo, la escasa información que se ha podido conseguir, proviene de los pocos libros que fueron rescatados de la biblioteca de
Iscandia y desafortunadamente los que tratan de la ciudad de Alenia, datan de poco después de la fundación de la segunda capital, es decir, tienen ya más de dos mil
seiscientos años de antigüedad. Esto se traduce en que además de estar muy desgatados se encuentran en aramio y son muy escasas las personas que pueden traducirlos
a la perfección.
De las siete lenguas muertas que florecieron por Auroria en tiempos remotos, el aramio, lengua que se expandía por todo el continente de Fiol, es el más
complicado de descifrar.
El continente donde se encuentra Alenia, está ubicado al centro de los cinco existentes y era el punto de contacto de las siete lenguas muertas. Esto se tradujo en
que las lenguas modernas habladas en Fiol, recibieran la influencia de las otras seis en gran medida y no sean una evolución directa del aramio.
―Sin embargo, no todo es obscuridad ―agrego Colmain con ojos brillantes―. Con mucho esfuerzo hemos podido descubrir que Alenia se perdió al término de
la guerra de los dioses, por lo menos eso indican los textos traducidos recientemente. Aunque no se sabe con exactitud si fue destruida, o por muy extraño que suene,
simplemente desapareció. La traducción es algo ambigua en este punto.
―Colmain, nuestro reino nunca ha venerado a ningún dios así que no es mucha la información que manejo, pero tengo entendido que no fue una victoria muy
difícil para los dioses actuales. ¿Por qué habría de verse involucrada la capital de una de las naciones humanas?
―La historia la escriben los vencedores majestad, nunca debemos confiarnos completamente de todo lo que se dice.
Para Colmain, era de notar que incluso después del “Advenimiento”, como fue bautizada la conquista de los dioses actuales. Los anteriores todavía permanecían
en este mundo, ahora con el nombre de “Los Antiguos”.
―A fin de cuentas, nada es totalmente seguro, incluso existe la teoría de que “Los Antiguos” no fueron los primeros dioses, ya que al haber nacido en este
mundo no podrían haberlo creado.
Rolavian no esperaba que la lección de historia se convirtiese en una de teología, sin embargo, se alegraba de que el contenido de la lección hubiese variado un
poco de lo habitual.
La lección de historia era la última lección de la mañana y Rolavian no tenía planeado asistir a las de la tarde, ya que debía comenzar a planear su viaje.
Su padre siempre le recordaba lo importante que era para un monarca el conocer diferentes materias como la política, historia, economía y otro sinnúmero de
disciplinas que le hicieron practicar desde pequeño. Por esto, incluso después de la muerte del monarca, jamás dejó de lado sus estudios o responsabilidades. Sin
embargo, ya no tenía tiempo para seguir aprendiendo.
Lo primero que debía hacer era encontrarse con el Jefe del Consejo, el marqués Herlon Finista, para comunicarle su decisión. El Consejo era el organismo
encargado del gobierno de Alenia, su autoridad era solamente superada por el rey y en determinados casos, por las cuatro Casas Inmortales. Está integrado por diez
consejeros, cada uno con una determinada responsabilidad en la administración del reino y por el Jefe del Consejo, quien preside sobre ellos y actúa como asesor del
monarca. Rolavian tenía claro que no sería una tarea fácil el lograr convencerlo, por lo que caminaba con el ceño fruncido, en dirección a la estancia del castillo en donde se
tomaban las decisiones más importantes del reino. O por lo menos una quinta parte de él, considerando la situación en la que se encontraba Alenia.
Cuando avanzaba por el pasillo que colindaba con el jardín interior del castillo, se percató de dos guardias que conversaban entre ellos entusiasmadamente,
mientras miraban en dirección al jardín.
Movido por la curiosidad decidió acercarse para observar con más claridad. Al hacerlo, descubrió a dos figuras en el centro del jardín intercambiando espadazos a
gran velocidad. Rolavian supuso de inmediato que se trataba de un entrenamiento, pero lo que le pareció extraño eran los participantes.
A uno de ellos lo conocía desde pequeño. Uno de los seis generales del ejército aleniano y al mismo tiempo su maestro de espada, Galnus Redobuar, un hombre
de cabello negro, ojos verdes, y una modesta barba que lucía con orgullo. Después de que su padre cayera en batalla, Galnus fue uno de los responsables de guiar a los
ejércitos de Alenia hacia la victoria, convirtiéndose en el héroe del pueblo. Nadie dudaba de sus habilidades como comandante, ni mucho menos de su destreza con la
espada. Entre una de sus proezas destaca el haber salido completamente ileso después de ser rodeado por más de cien soldados imperiales. Incluso hoy, con cuarenta
años de edad, sigue siendo una leyenda viviente.
Su oponente en cambio era una bella joven de contextura delicada y rasgos finos, quién se movía con gran agilidad y destreza mientras recibía con su espada los
pesados golpes que propinaba Galnus.
―¡Este es el final Datlaelia! ―exclamó Galnus triunfante al ver que la joven perdía el equilibrio.
El gran héroe dirigió con maestría su espada intentando hacer volar por los aires la de la joven, pero inmediatamente se dio cuenta de su error. Datlaelia, quien no
se había inmutado en lo absoluto, giró sobre su propio pie mientras desenvainaba con la mano izquierda una segunda espada que mantenía en el cinturón.
Con la espada de su mano derecha desvió el golpe de Galnus y la otra la dirigió con rapidez hacia la garganta del mismo, deteniéndose solo a unos centímetros de
hacer contacto. Era la victoria de la joven.
―Muy impresionante, es mi completa derrota ―afirmo Galnus mientras envainaba su espada―. Al parecer los rumores son ciertos, tienes un talento mucho
mayor al de tu padre.
Rolavian se encontraba estupefacto, jamás habría imaginado que alguien pudiese vencer a Galnus en un combate, ni mucho menos una mujer, aunque
perteneciese a la Rosa Blanca como su armadura daba a entender.
En Alenia las mujeres han formado parte del ejército desde el comienzo de la existencia de este y la Rosa Blanca era el cuerpo militar femenino del mismo. Su
armadura con relieves en forma de rosas es ligera y ajustada al cuerpo, con la finalidad de aumentar la agilidad y al mismo tiempo distraer al enemigo. La parte superior
es conformada por un peto, un yelmo y brazales, mientras que la inferior consiste en una falda exterior azul que cae hasta los talones, esta se encuentra abierta en el
centro dejando al descubierto una falda interior corta de color blanco. Esto para facilitar el movimiento de las piernas, las cuales son protegidas por botas de acero
liviano hasta la rodilla. Igualmente sus espadas son más delgadas y ligeras, siendo similares a los sables.
A pesar de que Rolavian todavía se encontraba algo confundido por lo que acababa de suceder, le dirigió una detenida mirada a la vencedora y se percató
inmediatamente que tenía cabellos plateados y ojos dorados, como si de una espada con hoja de plata y mango de oro se tratase. Esta era prueba de que la joven era
parte del clan de los Sircarum, los mejores guerreros del reino.
Aunque los Sircarum no son muchos en número, era innegable que fueron una pieza clave en la victoria de Alenia sobre el Imperio kerniano.
―Fue un encuentro magnífico―dijo Rolavian mientras se acercaba aplaudiendo a los dos―. Jamás me hubiese imaginado poder ver un duelo a este nivel, ni
menos a Galnus terminar derrotado.
―Majestad, yo tampoco esperaba encontrarlo por estos lados ―dijo Galgnus en tono alegre, pero luego bajó un poco su cabeza―. Lamento haberle mostrado
algo vergonzoso.
―No te preocupes Galnus, no creo que nadie en el castillo hubiese dado más batalla que tú.
Datlaelia se había mantenido en silencio, pero al darse cuenta de la identidad del inesperado espectador, realizó una solemne reverencia para luego comenzar a
retirarse.M ientras se marchaba, Rolavian se fijó en que, si bien, la armadura de la joven correspondía a la de la Rosa Blanca, en su cinturón llevaba dos grandes espadas,
las que normalmente serían muy pesadas para una mujer.
Comprendía que al ser ella una Sircarum, no le debía de ser muy difícil soportar el peso de las dos, ya que cualquier integrante de este clan posee una fuerza
superior al humano promedio. Aun así, no era muy usual el estilo de combate con doble espada, incluso para ellos. Se requeriría un inmenso talento para poder darle un
uso práctico.
―Discúlpela majestad, al parecer no es una muchacha de muchas palabras ―dijo Galnus haciendo referencia a la rápida partida de Datlaelia―. Después de que
su padre murió en la mitad de la guerra, ella tomó su lugar representando a su familia durante los cinco años restantes. Es algo normal entre los Sircarum, pero a pesar de
su gran talento, sólo era una niña de quince años cuando se unió a la campaña. Seguramente le tiene que haber afectado.
―No te preocupes Galnus, me hubiese gustado hablar con ella, pero lo dejaré para otra oportunidad. Aunque me pregunto… ¿por qué no la habré visto antes?
―A decir verdad, yo también sólo había escuchado rumores de su talento, justamente hoy tuve la oportunidad de comprobar por mí mismo si eran verdad ―y
soltando una amarga sonrisa agregó―. Usted ya conoce el resultado.
―Me parece extraño que haya pasado desapercibida ―dijo Rolavian―. Aunque sea una mujer a estas alturas ya la habrían invitado a unirse a los Caballeros del
Alba, considerando el clan al que pertenece no sería muy difícil, ni tampoco el primer caso.
Caballeros del Alba era el nombre con el que se conocía al ejército personal del rey. Los soldados de élite que son seleccionados para integrarse a sus filas
adquieren inmediatamente el título de caballeros.
Debido al prestigio que han acumulado a través de los años, no son pocos los nobles que intentan pertenecer a este cuerpo militar para destacar como oficiales.
Sin embargo, en sus rangos las habilidades con la espada son mejor consideradas que el estatus y los nobles pueden terminar como simples caballeros.
Su reluciente armadura negra con decoraciones doradas, representa a los primeros rayos del sol que comienzan a iluminar la obscuridad y es uno de los vestigios
del tiempo en que el símbolo de la familia real era la brillante estrella.
―No quería tener que mencionárselo majestad ―dijo Galnus en tono cansado―. Pero a pesar de que como mencione anteriormente, era mi primer encuentro
con ella, a su padre si lo conocía. Seguramente usted no lo recuerde ya que era muy joven, pero el padre de Datlaelia, Aiustus Sircarum, fue el anterior comandante de
los Caballeros del Alba. Murió protegiendo a su majestad Silendus, en la emboscada que sufrieron nuestras tropas antes de la batalla del río rojo. Oman sí le ha enviado
invitaciones para que se les una, pero ella las ha rechazado todas y quizás esto tenga algo que ver con la razón.
―Ya veo, entonces puede que tenga algún tipo de resentimiento contra mí. Uno lo suficientemente grande como para rechazar una invitación directa del
comandante ―dijo Rolavian pensativo―. Aun así me gustaría tener una conversación con ella.
Después de continuar por un tiempo la conversación, Rolavian y Galnus se separaron, ya que el último tenía que supervisar el entrenamiento de los soldados y
Rolavian emprender de nuevo el camino hacia la estancia donde Herlon tenía su oficina.
El Jefe del Concejo estaba a cargo de velar por el reino en los caso en que el rey no estuviese presente o inhabilitado para ejercer su función, ya sea por
enfermedad o como sucedía ahora en Alenia, por no tener la edad suficiente.
Normalmente se le tendría que haber entregado el poder a Rolavian al momento de cumplir los dieciocho años, los que habría cumplido unas semanas atrás. Sin
embargo, Herlon habría estimado que el joven rey, no se encontraba capacitado para dirigir al reino en la situación en que se encontraba.
Si bien, esto era algo sin precedentes, Rolavian lo veía como una oportunidad. Al encontrarse libre de los asuntos de estado, tendría tiempo para visitar a los
cuatro duques personalmente. Viaje que llevaba planificando desde hacía algún tiempo.
La luz de mediodía ingresaba a la estancia por un gran ventanal gótico. Bajo este se encontraba un escritorio ocupado por un hombre de figura alta y esbelta.
Llevaba un largo cabello negro amarrado en una cola que caía sobre su espalda y sus ojos grises miraban fijamente la hoja que tenía por delante.
Herlon se encontraba revisando un documento que detallaba el aumento en los ataques de orcos a los poblados de Lorei, uno de los dos ducados que colindan
con la Región Obscura. Esta información se la entregaron sus propios espías, ya que Lorei no ha solicitado ayuda y seguramente no lo hará en un futuro cercano.
La Región Obscura con la que Alenia limita al este, deriva su nombre en la poca información que se tiene sobre esta zona. Lo que está claro es que los humanos
son escasos y predominan diversos tipos de criaturas y razas, tanto pacíficas como agresivas.
Al mismo tiempo que Herlon depositaba el documento sobre su escritorio, escuchó que tocaban a la puerta. Sin mucho ánimo alzó la voz, indicando que se
podía pasar.
―Rolavian… veo que has decidido tomarte la tarde ―dijo Herlon sin mucho interés, al mismo tiempo que dirigía la mirada a un nuevo documento que
levantó de la ruma de papeles a su alcance.
Como de costumbre, la actitud del Jefe del Consejo no era de las más amigables, sin embargo Rolavian, ya acostumbrado, no se inmuto en lo absoluto y
decidió entrar directo al tema.
―Herlon, seguramente ya estarás al tanto de las noticias sobre el imperio. Si es que realmente planean iniciar otra guerra, Alenia no podría hacerles frente
en el estado en que se encuentra. Sobre este punto hay algo que me interesaría proponer.
Por supuesto Herlon ya estaba enterado de la inminente amenaza que se estaba gestando en el oeste, controlaba la completa red de espías del reino. Aunque le
intrigaba el rápido acceso de Rolavian a esta información, decidió pasarlo por alto, suponiendo que Galnus se lo habría comentado. Después de todo, le había indicado
que lo mantuviese en secreto de los bajos cargos solamente.
―Ya veo, como te has tomado la tarde quieres ocupar tu tiempo libre interrumpiendo el trabajo de los demás ―replicó cansadamente Herlon, sin despegar
la vista del documento que tenía en sus manos―. Es cierto que no nos encontramos en una situación propicia, pero no me imagino como puedas hacer algo al respecto.
―No hay mucho que pueda hacer―continuó Rolavian―. Desde la capital… por lo que planeo hablar con los duques personalmente.
Herlon levantó levemente la vista del documento que tenía en sus manos, pero sus seguían sin demostrar mucho interés en las palabras de Rolavian.
―Por ideas como esta, es por lo que todavía no estas capacitado para gobernar y así como lo veo, seguramente no lo estés por un buen tiempo. Descubrir
que el rey no se encuentra en el Castillo del Dragón, sería una noticia ideal para cualquiera de los enemigos del reino.
Herlon cerró sus ojos dando la impresión de que intentaba recordar algo. Luego de unos segundos una sonrisa se formó en su rostro.
―Ahora que lo pienso, el compromiso con la casa de los Constandine se rompió cuatro años atrás… Roma, ciertamente era una preciosa niña. De trenzas
doradas, ojos azules y una sonrisa que iluminaba el ambiente. Después de estos años seguramente se habrá convertido en la joya del Palacio de las Rosas. ¿Tu verdadero
objetivo no estará en ir a visitarla?, ¿verdad? ―preguntó Herlon sin verdadero interés y regresando la mirada a sus documentos agregó―. Lamentablemente tengo
entendido que tiene un nuevo prometido. Aunque se hayan desvinculado temporalmente del reino, no es algo digno de un monarca intervenir en el romance de sus
súbditos. Te aconsejaría que la olvides.
Rolavian decidió levantar el tono de su voz, para dar a entender que no estaba dispuesto a echar un pie atrás en su decisión.
―No estoy seguro de poder convencer a los duques. Puede que en verdad sea una idea arriesgada. Sin embargo, las cuatro Casas Inmortales han sostenido
Alenia por seiscientos años y por muy deteriorado que estuviese el reino después de la guerra, no creo que su lealtad haya desaparecido completamente. Después de
todo, ninguno de los cuatro ducados ha declarado la independencia, solo se mantienen aislados.
Rolavian notó que Herlon comenzó a prestarle mayor atención y ahora lo miraba directamente a los ojos. Es cierto que se alegraría de poder volver a ver a
Roma, pero esta no era la razón de su viaje y sus palabras eran sinceras.
Antes de que el Jefe del Consejo pudiese responder, Rolavian continuó hablando, ahora en un tono más calmado.
―Herlon, a este paso el imperio caerá sobre una Alenia dividida y sin capacidad de defenderse. Si quieres que cambie de parecer, me tendrás que proponer
una idea mejor.
Herlon, quién lo había escuchado en silencio, cerró los ojos lentamente y soltó un cansado suspiro. Cuando los volvió a abrir su mirada se posó en el documento
que colocó sobre la mesa antes del ingreso de Rolavian a la habitación.
―De acuerdo. Sin embargo, no podrás llevar contigo a los Caballeros del Alba, no queremos que todo el mundo se entere de tu ausencia. Te acompañará un
pequeño grupo, cuyos integrantes podrás elegir tú si lo deseas.
Rolavian cerró sus ojos y se cruzó de brazos mientras pensaba por unos momentos. Finalmente sonrió triunfante, respondiendo que no habría problema y
que partiría en cuanto tuviera todo preparado. Llevar un ejército consigo sólo demoraría el viaje y podría generar hostilidad.
Después de que Rolavian se hubiese marchado, Herlon se quedó unos momentos meditando. Lamentaba el contratiempo que esto generaría en sus planes y
al mismo tiempo le parecía extraño que el rey manejase un tipo de información tan secreta como ésta. Especialmente, cuando él mismo solamente se había enterado esa
mañana.
Lo había discutido con Galnus, quien era cercano a Rolavian, pero no creía que se lo fuese a comentar, ya que no tenían alguna prueba definitiva después de todo
y estaba bajo la impresión de que Galnus no querría preocupar al rey, considerando su corta edad.
Fue en ese momento cuando Herlon recordó un antiguo rumor que hablaba sobre la “Guardia de las Sombras”, una organización que respondía directamente
al rey y cuyos integrantes son asesinos profesionales, espías y maestros de las artes oscuras. Sin embargo, no creía que un grupo así hubiese pasado desapercibido
todos estos años, ni mucho menos para él. Por lo que descartó este pensamiento.
Rolavian por su parte ocupó el resto del día para organizar los preparativos necesarios, Alenia no era un reino pequeño, su superficie ocupaba más de
setecientos mil kilómetros cuadrados. Por lo que seguramente le esperaba una larga aventura.
Los viajes largos requieren una buena planificación y Rolavian se aseguró de que todos los detalles se encontrasen cubiertos. Aunque fuese limitado, tenía cierto
acceso a la tesorería del reino, por lo que el financiamiento no sería un problema.
Lo único faltante era elegir a los acompañantes, quienes no podrían ser parte de la los Caballeros del Alba, ya que Herlon pondría reparos por muy pocos que
fuesen los que intentase llevar consigo. Sin embargo, ya tenía una vaga idea de quienes serían los elegidos.
Ya de tarde y en camino hacia su habitación, se detuvo en un pasillo soportado por grandes pilares blancos e iluminado con la luz anaranjada del atardecer.
Rolavian notó que desde las ventanas ya se podía observar como el sol se escondía en el horizonte y se acercó hacia una de ellas.
Mientras observaba las blancas calles teñidas con el anaranjado color de la tarde, recordaba las historias que le contaban de pequeño, sobre los cuatro generales
que evitaron la desaparición de Alenia hacía mucho tiempo atrás.
Sus proezas en el campo de batalla se convirtieron en el origen de muchas leyendas alenianas. Telian, el último emperador, al momento de crear el reino les
encomendó un ducado a cada uno y sus familias fueron nombradas Casas Inmortales, ya que la entrega demostrada por sus antepasados viviría enteramente en el
recuerdo.―
Los cuatro héroes… ―murmuró Rolavian para sí mismo.
Endamion Lesartel, Mirelia Tirobale, Aeritas Camius y Fostas Constandine. Estaba seguro de que los cuatro no verían con buenos ojos la situación actual del
reino. Ni tampoco su padre, aunque seguramente él se sentiría culpable por haberle dejado este problema.
Pensando en el nombre Constandine, Rolavian recordó lo que Herlon había mencionado. Después de la muerte de sus padres y la desaparición de su hermana,
Rolavian no tenía a nadie a quien pudiese llamar familia. Roma, con quien había crecido desde pequeño, era una de las pocas personas que se acercaban a una.
Pero al igual que las otras tres Casas Inmortales, después de la guerra la casa Constandine aisló su ducado del resto del reino y la actual duquesa revocó la
promesa de matrimonio, consiguiéndole otro pretendiente a su nieta.
Después de pasar un tiempo en melancolía y con la noche ya asomando, Rolavian se dispuso a seguir el camino hacia su habitación. Sin embargo, apenas hubo
dado unos pasos se detuvo y habló.
―¿Hay alguien? ―Preguntó, aunque estaba seguro de la respuesta.
―Aquí, mi rey ―respondió la voz de un joven.
La voz provenía de la sombra de uno de los pilares que había dejado atrás. Solamente después de escucharla comenzó a sentir la presencia a sus espaldas, aunque
continuó hablando sin darse vuelta.
―¿Cómo ha avanzado la situación en Reilis?
―Mi rey… el joven duque Azreuf parece haber hecho del forastero su confidente y las palabras de este incitan la deslealtad en el muchacho. Seguimos
intentando descubrir el origen de este personaje, pero creemos que pronto lo obtendremos.
―Como me lo temía… seguramente está relacionado con el imperio ―respondió Rolavian―. Pero necesitamos pruebas definitivas.
―Como ordene. Las sombras lo acompañan.
Dejando estas últimas palabras, la presencia que sentía desapareció. Rolavian por su parte, dirigió la mirada hacia la ventana por una última vez.

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