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El secreto del harén – Marcela Thesz

El secreto del harén – Marcela Thesz

El secreto del harén – Marcela Thesz

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Las mujeres están refregando mi cuerpo. No comprendo del todo a donde estoy. Me duele la cabeza y también la piel por lo fuerte que me rascan con las esponjas.
Lavan mi cabello y me peinan a tirones. Pero el agua está tibia y tiene un aroma agradable.
Cuando me sacan de la bañera comienzo a mirar alrededor. El lugar es bello. Las paredes decoradas con diseños de azulejos me indican que es un lugar suntuoso.
Mientras me secan, casi tan fuerte como me lavaron, comienzo a recordar y a comprender.
Atacaron nuestra caravana mientras cruzábamos las Montañas Rojas y quienes creí eran bandidos, en realidad eran secuestradores trabajando para algún príncipe.

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No
solo han matado a mi familia sino que me han secuestrado y ahora me encuentro en un harén.
Darme cuenta de semejante realidad me hace tambalear. La angustia me golpea en el pecho y pierdo el equilibrio, me mareo. Las mujeres me sostienen para que no me
desmaye. Ninguna habla. Hacen su trabajo diligentemente y en silencio. Las lágrimas afloran de mis ojos mientras me cubren con una túnica de seda prácticamente
transparente.
Momentos después se van, dejándome sola en la habitación. Me siento expuesta y con frío pero no tengo tiempo para compadecerme de mi misma. Oigo pasos que
vienen hacia aquí. Hundo mi mirada hacia el piso con temor. No sé qué puede suceder conmigo a partir de ahora, qué me veré obligada a hacer o cuáles son mis
posibilidades de supervivencia.
―¡Levanta la mirada! ―me dice la mujer que acaba de ingresar.
Hago lo que me dice porque acompaña la orden golpeándome en mi pierna izquierda con una vara delgada. Aterrorizada, la miro. Es una mujer madura, bella y
acicalada, evidentemente rica o con acceso a todos los lujos que una mujer puede desear.
Me inspecciona. Camina alrededor de mí, toca mi cabello, mi piel, mis senos…
―¿Virgen? ―me pregunta.
No puedo responder. La angustia está atorada en mi garganta.
―¡Responde! ¿Eres virgen? ―me golpea nuevamente con la vara para hacerme reaccionar.
Niego con la cabeza aguantando el dolor.
―Una pena. Serás presentada en tres días cuando el príncipe regrese al palacio. ¡Que la preparen! ―ordena girando hacia otra mujer que no había visto hasta ese
momento.
La mujer madura se marcha y la otra me toma del brazo y me conduce por el harén hacia otras habitaciones. La estancia es grande y parece haber muchas
comodidades. Las mujeres que veo en el trayecto están vestidas con bellas túnicas y conversan silenciosamente entre sí.
No sé qué hora del día es. Siento hambre, sed y cansancio. Sigo a la mujer obedientemente sin pensar, espero que sea hacia un lugar donde pueda comer algo y
recostarme. A lo largo del pasillo hay numerosas entradas que asumo son habitaciones. Están cubiertas con cortinas por lo cual no puedo ver hacia el interior, pero sí
escuchar risas y conversaciones entrecortadas. No hay ventanas ni espacios abiertos en esta parte del edificio.
Finalmente ingresamos en un salón amplio en el que hay varias mujeres conversando alrededor de una mesa. Están realizando algún tipo de preparado aromático,
manipulan diversidad de botellas y frascos y los olores inundan el aire. Descubro que la mujer que me ha llevado hasta allí se llama Farida, cuando otra la saluda sin
mucha amabilidad.
―¿Acaba de llegar?
Farida asiente.
―En tres días será presentada ante el príncipe. Encárgate de que esté lista y dispuesta.
Nadie me mira ni me consulta nada. Se profundiza mi sensación de agotamiento. De a poco voy siendo consciente de que ahora soy esclava de alguien y que no tengo
más opciones que seguir las ordenes. Podría luchar, oponerme, pero no tengo suficientes fuerzas. No sé qué planean hacer conmigo pero espero que pronto me permitan
descansar.
―Ven ―me dice la nueva mujer que se encarga de mí―. Veo que te han bañado y lavado el cabello, pero aún restan cosas por hacer contigo si quieres estar
presentable para el príncipe.
Me lleva a una habitación más aislada en la que hay alfombras y almohadones en el piso. Veo a dos jovencitas durmiendo allí y una bandeja con frutas y otros
alimentos. Los devoro con la mirada.
―Puedes descansar y comer. Más tarde vendré a buscarte. Necesitas agradar al príncipe si quieres sobrevivir aquí. Aprovecha este descanso porque los próximos
días serán agitados hasta que se defina tu destino.
Apenas se marchó me abalancé sobre la comida. No sé si me dormí antes de quedar saciada o el cansancio me venció todavía con hambre.
Cuando Nira me despertó más tarde, las otras dos jóvenes con las que compartía la habitación ya no estaban allí. No sabía si era de día o de noche, había perdido
completamente la noción del tiempo.
―Mi nombre es Nira y te prepararé para tu presentación ante el príncipe y luego, en función de los resultados de ese momento, veré de asignarte una habitación y
las tareas en el harén.
Aún semi-dormida la miré sin comprender absolutamente nada. Ella se compadeció de mí y me explicó lo básico.
―El harén no es un lugar donde las mujeres son todas iguales entre sí. Todo lo contrario, está perfectamente organizado por estratos sociales. La madre del príncipe
es quien manda. Le decimos Madre y seguramente la conociste al llegar, pues ella evalúa inicialmente a todas las mujeres.
―¿Es la que fustiga con la vara?
―Efectivamente. Su segunda es Farida, quien te trajo hasta mí. Luego están las esposas del príncipe, que son tres, y sus concubinas, que son quienes han engendrado
hijos de él. Las concubinas segundas han engendrado hijas. Todas ellas son las altas favoritas y probablemente no las conocerás ni tendrás contacto, salvo que te vuelvas
una de ellas. El resto de las mujeres somos sirvientas. Dependiendo de la suerte y lo necesario para el harén, puedes ser odalisca y entretener con baile y música,
doncella y desempeñarte en tareas de acicalamiento y belleza, institutriz de las niñas o costurera para las vestimentas de las mujeres distinguidas. Esos son los rangos
altos y medios de servidumbre que son posibles solo si te conviertes en favorita del príncipe. Luego se encuentran las tareas como atender la cocina, la limpieza, el
jardín, los animales, etc. que corresponden a los rangos bajos y se distribuyen entre las no elegidas.
―¿Y tú? ¿Qué lugar ocupas entre los estratos sociales del harén? ―le pregunté con sincera curiosidad.
―Las mujeres como yo estamos al margen. Somos guías receptoras. Nuestra función es instruir a las nuevas y encontrarles un lugar en el harén de acuerdo a su suerte
y capacidades.
Hizo un momento de silencio observando mi ánimo apesadumbrado.
―Comprende que ahora perteneces al príncipe Kadhar y que estarás en el harén hasta el fin de tu vida. Cuanto más rápido aceptes esa idea, mas fácil será que te
adaptes a esta vida. Vamos, comencemos con tu preparación.
Me llevó por los pasillos del alojamiento de las “externas”. Así llamaban a las mujeres que todavía no habían sido presentadas ante el príncipe y por ende, no habían
ingresado oficialmente al harén. En el recorrido nos cruzamos con algunas mujeres en distintas habitaciones que más tarde fui conociendo.
Me depilaron por completo. Inspeccionaron la totalidad de mi piel y me llenaron de cremas y aceites. Embellecieron mis pies y manos. Me cortaron el cabello de
acuerdo a los gustos del príncipe y luego tuve una larga sesión de masajes para que “mi cuerpo esté disponible”, así me dijeron. Incluso con un completo desánimo
emocional, me sentía mejor al finalizar todas esas actividades. Nira me llevó frente a un espejo y pude admirarme como jamás lo había hecho.
Yo había sido una campesina toda mi vida. Trabajaba cultivando verduras y vendiéndolas en el mercado, ganando así dinero para mi familia. Nunca me había
preocupado por mi apariencia física. Ahora me miraba al espejo, desnuda y acicalada y no me reconocía.
―Esta eres ahora ―me dijo Nira―. Una joven con posibilidades dentro del harén, porque tu belleza destaca. Puede ser que le gustes al príncipe y te elija…
Mi cuerpo tonificado por el trabajo de años en el campo estaba bien torneado y con armoniosas curvas, mis senos eran turgentes por no haber tenido hijos y mi piel
morena estaba reluciente. Mi cabello oscuro, limpio y peinado enmarcaba mi rostro delgado y mis ojos pardos. No destacaba por mi altura, pero mi presencia no iba a
pasar desapercibida.
Nira me entregó unas túnicas con las que me cubrí y me llevó de regreso a la habitación de descanso. Las otras dos jóvenes con las que compartía ese espacio me
miraron de reojo con aprensión. Supuse que eran “externas” como yo y que competiríamos por la atención del príncipe. En silencio comí y me dispuse a descansar. Al
parecer, el siguiente sería otro largo día.
La segunda jornada en el harén me recibió con una sensación más confortable en el cuerpo. Aunque mi ánimo era obviamente triste, decidí bloquear todas las
emociones por los próximos días y me negué a pensar en mi familia, en la desgracia o en mi destino. En ese momento mi prioridad era sobrevivir y para lograrlo debería
aprender cómo.
Nira me llevó a una habitación en la que pasamos un largo rato conversando solas. Allí me fue explicando lo que se esperaba de mí en el momento de la presentación.
―Este es un harén en crecimiento. El príncipe está en campaña de conquistas y hay mujeres nuevas cada semana. Por ello en tu presentación tendrás competencia.
Una sola ganará la atención de Kadhar y será invitada a compartir su cama por esa noche. Las demás regresarán al harén y serán sirvientas rasas. Si eres elegida formarás

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