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El Secreto del Harén -Marcela Thesz

 El Secreto del Harén -Marcela Thesz

El Secreto del Harén -Marcela Thesz

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avanzaba y los días eran calurosos. Milo había adquirido la costumbre
de salir a trotar por la playa temprano cada mañana. Decía que
calmaba su mente y su cuerpo. Yo prefería dormir un rato más y no
levantarme al amanecer como él.
Sonrió cuando me vio salir de la casa. Se lo veía distendido, alegre.
Me acerqué a él y me recibió tomándome entre sus brazos.
―He tenido otro sueño ―dije mientras me apoyaba en su pecho―.
Por momentos las Memorias de Luz dominan mi mente y me encuentro
recordando experiencias de sexualidad sagrada de otros tiempos una
y otra vez.
―¿No has podido descansar bien entonces? ―preguntó él.
Me solté de su abrazo para poder mirarlo.
―Si… y no. Los sueños son confusos, excitantes… Mi cuerpo
queda en un estado latente de necesidad.
―Tal vez debería haberme quedado contigo esta mañana en la
cama y resolver tu necesidad… ―dijo acariciando con sus dedos mi
clavícula, era una parte de mi cuerpo con la que él tenía debilidad.
Sonreí ante su propuesta.
―No es mala idea. Creo que puedo contarte mi sueño y luego
veremos que sucede…
―Soy todo oídos.
―Fue un sueño sobre una vida en tiempos lejanos, cuando aún la
Tierra no había cambiado su configuración y los saberes ancestrales
eran secretos…

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EL SECRETO DEL HARÉN
Mesopotamia asiática, Siglo VI antes de la Era Común.
Las mujeres están refregando mi cuerpo. No comprendo del todo a
donde estoy. Me duele la cabeza y también la piel por lo fuerte que me
rascan con las esponjas. Lavan mi cabello y me peinan a tirones. Pero
el agua está tibia y tiene un aroma agradable.
Cuando me sacan de la bañera comienzo a mirar alrededor. El
lugar es bello. Las paredes decoradas con diseños de azulejos me
indican que es un lugar suntuoso. Mientras me secan, casi tan fuerte
como me lavaron, comienzo a recordar y a comprender.
Atacaron nuestra caravana mientras cruzábamos las Montañas
Rojas y quienes creí eran bandidos, en realidad eran secuestradores
trabajando para algún príncipe. No solo han matado a mi familia sino
que me han secuestrado y ahora me encuentro en un harén.
Darme cuenta de semejante realidad me hace tambalear. La
angustia me golpea en el pecho y pierdo el equilibrio, me mareo. Las
mujeres me sostienen para que no me desmaye. Ninguna habla. Hacen
su trabajo diligentemente y en silencio. Las lágrimas afloran de mis ojos
mientras me cubren con una túnica de seda prácticamente
transparente.
Momentos después se van, dejándome sola en la habitación. Me
siento expuesta y con frío pero no tengo tiempo para compadecerme
de mi misma. Oigo pasos que vienen hacia aquí. Hundo mi mirada hacia
el piso con temor. No sé qué puede suceder conmigo a partir de ahora,
qué me veré obligada a hacer o cuáles son mis posibilidades de
supervivencia.
―¡Levanta la mirada! ―me dice la mujer que acaba de ingresar.
Hago lo que me dice porque acompaña la orden golpeándome en
mi pierna izquierda con una vara delgada. Aterrorizada, la miro. Es una
mujer madura, bella y acicalada, evidentemente rica o con acceso a
todos los lujos que una mujer puede desear.
Me inspecciona. Camina alrededor de mí, toca mi cabello, mi piel,
mis senos…
―¿Virgen? ―me pregunta.
No puedo responder. La angustia está atorada en mi garganta.
―¡Responde! ¿Eres virgen? ―me golpea nuevamente con la vara
para hacerme reaccionar.
Niego con la cabeza aguantando el dolor.
―Una pena. Serás presentada en tres días cuando el príncipe
regrese al palacio. ¡Que la preparen! ―ordena girando hacia otra
mujer que no había visto hasta ese momento.
La mujer madura se marcha y la otra me toma del brazo y me
conduce por el harén hacia otras habitaciones. La estancia es grande
y parece haber muchas comodidades. Las mujeres que veo en el
trayecto están vestidas con bellas túnicas y conversan silenciosamente
entre sí.
No sé qué hora del día es. Siento hambre, sed y cansancio. Sigo a
la mujer obedientemente sin pensar, espero que sea hacia un lugar
donde pueda comer algo y recostarme. A lo largo del pasillo hay
numerosas entradas que asumo son habitaciones. Están cubiertas con
cortinas por lo cual no puedo ver hacia el interior, pero sí escuchar
risas y conversaciones entrecortadas. No hay ventanas ni espacios
abiertos en esta parte del edificio.
Finalmente ingresamos en un salón amplio en el que hay varias
mujeres conversando alrededor de una mesa. Están realizando algún
tipo de preparado aromático, manipulan diversidad de botellas y
frascos y los olores inundan el aire. Descubro que la mujer que me ha
llevado hasta allí se llama Farida, cuando otra la saluda sin mucha
amabilidad.
―¿Acaba de llegar?
Farida asiente.
―En tres días será presentada ante el príncipe. Encárgate de que
esté lista y dispuesta.
Nadie me mira ni me consulta nada. Se profundiza mi sensación de
agotamiento. De a poco voy siendo consciente de que ahora soy
esclava de alguien y que no tengo más opciones que seguir las
ordenes. Podría luchar, oponerme, pero no tengo suficientes fuerzas.
No sé qué planean hacer conmigo pero espero que pronto me
permitan descansar.
―Ven ―me dice la nueva mujer que se encarga de mí―. Veo que te
han bañado y lavado el cabello, pero aún restan cosas por hacer
contigo si quieres estar presentable para el príncipe.
Me lleva a una habitación más aislada en la que hay alfombras y
almohadones en el piso. Veo a dos jovencitas durmiendo allí y una
bandeja con frutas y otros alimentos. Los devoro con la mirada.
―Puedes descansar y comer. Más tarde vendré a buscarte.
Necesitas agradar al príncipe si quieres sobrevivir aquí. Aprovecha
este descanso porque los próximos días serán agitados hasta que se
defina tu destino.
Apenas se marchó me abalancé sobre la comida. No sé si me dormí
antes de quedar saciada o el cansancio me venció todavía con
hambre.
Cuando Nira me despertó más tarde, las otras dos jóvenes con las
que compartía la habitación ya no estaban allí. No sabía si era de día o
de noche, había perdido completamente la noción del tiempo.
―Mi nombre es Nira y te prepararé para tu presentación ante el
príncipe y luego, en función de los resultados de ese momento, veré de
asignarte una habitación y las tareas en el harén.
Aún semi-dormida la miré sin comprender absolutamente nada. Ella
se compadeció de mí y me explicó lo básico.
―El harén no es un lugar donde las mujeres son todas iguales
entre sí. Todo lo contrario, está perfectamente organizado por estratos
sociales. La madre del príncipe es quien manda. Le decimos Madre y
seguramente la conociste al llegar, pues ella evalúa inicialmente a
todas las mujeres.
―¿Es la que fustiga con la vara?
―Efectivamente. Su segunda es Farida, quien te trajo hasta mí.
Luego están las esposas del príncipe, que son tres, y sus concubinas,
que son quienes han engendrado hijos de él. Las concubinas
segundas han engendrado hijas. Todas ellas son las altas favoritas y
probablemente no las conocerás ni tendrás contacto, salvo que te
vuelvas una de ellas. El resto de las mujeres somos sirvientas.
Dependiendo de la suerte y lo necesario para el harén, puedes ser
odalisca y entretener con baile y música, doncella y desempeñarte en
tareas de acicalamiento y belleza, institutriz de las niñas o costurera
para las vestimentas de las mujeres distinguidas. Esos son los rangos
altos y medios de servidumbre que son posibles solo si te conviertes en
favorita del príncipe. Luego se encuentran las tareas como atender la
cocina, la limpieza, el jardín, los animales, etc. que corresponden a los
rangos bajos y se distribuyen entre las no elegidas.
―¿Y tú? ¿Qué lugar ocupas entre los estratos sociales del harén?
―le pregunté con sincera curiosidad.
―Las mujeres como yo estamos al margen. Somos guías
receptoras. Nuestra función es instruir a las nuevas y encontrarles un
lugar en el harén de acuerdo a su suerte y capacidades.
Hizo un momento de silencio observando mi ánimo
apesadumbrado.
―Comprende que ahora perteneces al príncipe Kadhar y que
estarás en el harén hasta el fin de tu vida. Cuanto más rápido aceptes
esa idea, mas fácil será que te adaptes a esta vida. Vamos,
comencemos con tu preparación.
Me llevó por los pasillos del alojamiento de las “ externas” . Así
llamaban a las mujeres que todavía no habían sido presentadas ante
el príncipe y por ende, no habían ingresado oficialmente al harén. En
el recorrido nos cruzamos con algunas mujeres en distintas
habitaciones que más tarde fui conociendo.
Me depilaron por completo. Inspeccionaron la totalidad de mi piel y
me llenaron de cremas y aceites. Embellecieron mis pies y manos. Me
cortaron el cabello de acuerdo a los gustos del príncipe y luego tuve
una larga sesión de masajes para que “ mi cuerpo esté disponible” , así
me dijeron. Incluso con un completo desánimo emocional, me sentía
mejor al finalizar todas esas actividades. Nira me llevó frente a un
espejo y pude admirarme como jamás lo había hecho.
Yo había sido una campesina toda mi vida. Trabajaba cultivando
verduras y vendiéndolas en el mercado, ganando así dinero para mi
familia. Nunca me había preocupado por mi apariencia física. Ahora me
miraba al espejo, desnuda y acicalada y no me reconocía.
―Esta eres ahora ―me dijo Nira―. Una joven con posibilidades
dentro del harén, porque tu belleza destaca. Puede ser que le gustes
al príncipe y te elija…
Mi cuerpo tonificado por el trabajo de años en el campo estaba
bien torneado y con armoniosas curvas, mis senos eran turgentes por
no haber tenido hijos y mi piel morena estaba reluciente. Mi cabello
oscuro, limpio y peinado enmarcaba mi rostro delgado y mis ojos
pardos. No destacaba por mi altura, pero mi presencia no iba a pasar
desapercibida.
Nira me entregó unas túnicas con las que me cubrí y me llevó de
regreso a la habitación de descanso. Las otras dos jóvenes con las
que compartía ese espacio me miraron de reojo con aprensión. Supuse
que eran “ externas” como yo y que competiríamos por la atención del
príncipe. En silencio comí y me dispuse a descansar. Al parecer, el
siguiente sería otro largo día.
La segunda jornada en el harén me recibió con una sensación más
confortable en el cuerpo. Aunque mi ánimo era obviamente triste, decidí
bloquear todas las emociones por los próximos días y me negué a
pensar en mi familia, en la desgracia o en mi destino. En ese momento
mi prioridad era sobrevivir y para lograrlo debería aprender cómo.
Nira me llevó a una habitación en la que pasamos un largo rato
conversando solas. Allí me fue explicando lo que se esperaba de mí en
el momento de la presentación.
―Este es un harén en crecimiento. El príncipe está en campaña de
conquistas y hay mujeres nuevas cada semana. Por ello en tu
presentación tendrás competencia. Una sola ganará la atención de
Kadhar y será invitada a compartir su cama por esa noche. Las demás
regresarán al harén y serán sirvientas rasas. Si eres elegida formarás
parte de las favoritas, tal vez como odalisca o doncella. ¿Qué sabes
hacer?
―Nada de eso ―respondí―. Me dedico… me dedicaba al cultivo
de verduras.
―Habrá que enseñarte entonces. Si eres elegida, yo también me
veré beneficiada. Te asistiré en el harén por un tiempo, hasta que se
defina tu rango y comprendas el funcionamiento general. Debes
olvidar todo de tu pasado, tu familia, tu vida, tus sueños. Y olvida tu
nombre. El príncipe elegirá un nombre para ti como símbolo de
reconocimiento.
Nada de mi era valioso en el harén. Al igual que todas las demás,
yo debería de hacerme valer desde cero.
―¿Eres fértil? ¿En qué momento de tu mes te encuentras?
―Eh, sí… y no lo sé con seguridad ―respondí con sorpresa.
―Si estás en tu momento fértil de mes tal vez el príncipe siembre su
semilla y concibas su hijo. Eso significaría mucho para ti y por ende
para mí.
Yo aún no había considerado ser madre y esa posibilidad tan
tangible me dejó sin palabras.
―Cuando una mujer sale del harén es acompañada por un
eunuco. Te será asignado uno y si eres elegida él también se verá
beneficiado. Como ves, que sobrevivas en el harén y encuentres un
buen lugar será positivo para todos. En ese sentido, espero que rindas
como inversión.
De repente sentí una responsabilidad que no esperaba y
demasiadas expectativas en torno a mi éxito como esclava. No tenía
mucho sentido.
―Una vez en los aposentos del príncipe no debes hablar ni
moverte. Si el príncipe te elige, te quedarás quieta y harás lo que él te
indique. Si no te elige, debes marcharte del lugar inmediatamente. El
eunuco te traerá de regreso.
―Si no me elige, ¿qué será de mí? ―pregunté con angustia.
―Serás sirvienta por el resto de tu vida. Probablemente en la
cocina o en el huerto dadas tus capacidades de tu vida anterior. Al no
ser elegida, podrás recuperar tu nombre o llamarte como desees.
No sonaba tan mal, salvo por lo del resto de mi vida encerrada
aquí.
―¿Tú fuiste elegida? ―le consulté.
―Sí, solo la primera noche. Nunca más el príncipe me requirió de
nuevo pero fue suficiente para lograr mi lugar privilegiado en el harén.
Él me llamó Nira y ese nombre me agradó desde el primer momento.
―¿Extrañas tu vida anterior?
―No recuerdo nada de mi vida anterior. Llegué aquí como una
niña. Fui presentada luego de mi primera menstruación y para ese
momento conocía cada rincón del harén y a cada mujer. Por ello a mi
guía le pareció acertado convertirme en su igual.
Imaginé que para ella había sido más fácil. Sin recuerdos, te
adaptas a lo que hay. Yo tendría que suprimir mis recuerdos, mi historia
y mis deseos de recuperar la libertad para sobrevivir aquí.
―Ahora, lo más importante ―dijo Nira sacándome de mis
añoranzas―: ¿Qué sabes de las artes amatorias entre un hombre y
una mujer?
―Lo básico. No soy virgen y estuve casada. Soy viuda en realidad.
Me habían casado joven como era habitual en nuestros pueblos y
mi marido había muerto tiempo después, atacado por un jabalí durante
una salida de caza. Una desgracia que me llevó nuevamente con mi
familia y me mantuvo cerca de mi madre y mi abuela hasta que me
secuestraron.
Evité decirle sobre la tradición del linaje materno de nuestra familia.
La sabiduría que se trasmitía de mujer a mujer desde generaciones,
remontándose al lejano pasado y conectándonos con los ritos y
tradiciones de las diosas de la antigüedad. Eso era secreto. Lo que
sabíamos y habíamos aprendido con los siglos solo lo transmitíamos
dentro del propio linaje.
Tuve la certeza en ese momento de que el linaje moriría conmigo.
Pero también intuí que mi conocimiento secreto era lo que podía
salvarme. Con mis nociones esotéricas sobre la sexualidad y la
energía tal vez encontrara un lugar seguro dentro del harén.
El tercer día fue similar al primero. Pasé por todas las etapas de
acicalamiento para estar dispuesta para el príncipe y Nira me dio las
últimas instrucciones. Me sirvieron una cena liviana junto a las otras
dos jóvenes que serían presentadas esa noche. Ninguna habló.
Luego de la cena se presentaron tres hombres de piel oscura.
Asumí que eran los eunucos asignados. Serios, se pararon detrás de
cada una de nosotras y esperaron a que nos pusiéramos de pie. No
podían tocarnos ni dirigirnos la palabra. Yo sabía exactamente qué
hacer y seguiría al pie de la letra las indicaciones de Nira. Ella me
había explicado lo que sucedería si no lo hacía: sería una paria dentro
del harén. Negarse a la presentación era la peor deshonra posible
hacia el príncipe.
Me sorprendió el largo trayecto que recorrimos para salir del harén.
Pude ver más lujos y comodidades suntuosas. Algunas mujeres nos
miraron de reojo, pero en general fuimos ignoradas

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