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El unicornio de cristal azul – Iris Electra

El unicornio de cristal azul – Iris Electra

El unicornio de cristal azul – Iris Electra

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La casita pequeña pero muy bien cuidada estaba situada en un barrio en las afueras de la gran ciudad de Londres. Un pequeño jardín con verja de madera pintada de
verde la separaba de la vereda cubierta de césped bien cortado.
Un hombre entrado en años se encorvaba sobre un rosal que crecía junto con otros en el jardín. Matías Lamb estaba de espaldas a la vereda, por eso no vio al que

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se acercaba sonriendo, bien vestido con sobretodo de fieltro gris y sombrero haciendo juego.
Al llegar al portón de entrada golpeó las manos haciendo que el viejo Lamb se volviera sobresaltado, al verlo exclamó;
– ¡Curry! Qué sorpresa. ¿Qué lo trae a este apartado lugar?
– Lamb, viejo zorro, estás muy bien, se te ve descansado y… veo también que ganaste algunos kilos.
Sonriendo Matías Lamb se palmeó el vientre y casi con orgullo contestó;
– Oh, es la tranquilidad, el buen dormir y poder ser libre de compromisos…
– Ah, eso espero alcanzar muy pronto.
Abrió el portón y pasó al jardín apretando con entusiasmo la mano que le tendía su amigo.
El señor Lamb introdujo a su amigo en una pieza de reducido tamaño, con un gran ventanal por donde entraba la claridad a raudales. El visitante observó que
todo estaba en perfecto orden, una biblioteca de madera bien surtida, dos butacas de cuero muy usadas, en medio de ellas una pequeña mesa redonda con un porta pipas
y un cenicero de bronce bien pulido. Era a toda vista la casa de un hombre, no había carpetitas ni adornos superfluos.
Las cortinas de tela pesada tenían dibujos que representaban caballos, perros y zorros. Frente a la chimenea una piel de oveja servía de alfombra.
En las paredes sólo se veía un cuadro representando una escena de caza.
Cuando los dos se acomodaron en las butacas, el dueño de casa comentó;
– Me alegra tu visita, por lo general nadie viene, pocas veces aparecen los familiares… en esta época cada uno está metido en lo suyo.
– Es verdad, todo anda revuelto, el asunto de la guerra desestabilizó los andamios de la sociedad.
– Eso es verdad Cristian… pero dime, ¿a qué has venido?
El señor Curry carraspeó y juntó las palmas de sus manos apoyando los dedos por un instante en los labios, luego dijo…
– Dos cosas me han traído aquí, primero deseaba volver a verte, desde que te jubilaste, falta algo allá en el cuartel de policía. ¿Sabes, Lamb? Aquello está
cambando, lleno de gente nueva… yo soy uno de los viejos, así me dicen cuando creen que no los escucho.
– Bien y la segunda razón, ¿Cuál es?
– Pedirte ayuda… ya tengo la autorización de arriba, conseguí que te nombraran consultor.
– ¿Por qué Cristian?
– Porque nadie tiene tu perspicacia, nadie da en el clavo como lo haces, tu sueles ver cosas donde ningún otro las ve… necesito tu ayuda.
El señor Matías Lamb quedó pensativo mirando el fuego de la chimenea, después de un instante levantó la vista mirando a su amigo, se puso de pie y llamó…
– Alí, Alí…
En el acto apareció un hombre ya mayor de piel aceitunada, ojos negros y llevando la cabeza atada con un rollo de tela que formaba una especie de turbante, vestía
ropa sencilla pero muy limpia.
– ¿Llamó señor?
– Sí, haga el favor de traernos un buen te.
El sirviente se inclinó antes de darle la espalda y se retiró en silencio.
– ¿Aún conservas a tu fiel Alí?
– Ya lo ves, es el compañero ideal, silencioso, hacendoso y sobre todo buen cocinero.
– Es perfecto entonces; ¿Qué me dices de mi proposición Lamb?
– Dame un día o dos, lo pensaré, hacen casi cinco años que me retiré y te aseguro que si debo ayudarte, lo haré a mi modo, no volveré al Yard, seré
independiente…
– Eso está bien, se hará como tú digas Lamb.
– Pero debes ponerme al tanto. ¿Qué sucede?
Capítulo 2
DIAGNOSTICO DEL MOMENTO
El comisario Curry, experto en criminología y que pertenecía al Scotland Yard, formaba parte de su plana mayor, era uno de los jefes, siendo ahora comisario
inspector. Su amigo el superintendente Matías Lamb se había retirado habiendo cumplido su labor por muchos años con resultados satisfactorios, era un hombre que
estaba entre los 60 y 70 años de edad, de alta estatura con abundante cabellera gris que cubría su gran cabeza.
Tenía anchos hombros y ahora un abultado vientre.
Los dos eran buenos camaradas, compañeros que habían pasado buenas y malas, verdes y maduras durante la pasada guerra que hacía poco más de seis años que
terminó dejando todo destruido, una gran parte de Londres estaba en escombros debido a los bombardeos, la economía mundial se veía terriblemente afectada. Europa
estaba herida gravemente, las familias dispersas o aniquiladas, habían quedado los luchadores que trataban de reconstruir y los sobrevivientes que aún sollozaban
arrastrando aquellos que quedaron abandonados, su familia, sus amigos, su trabajo y también sus esperanzas.
Las jóvenes mujeres y hombres que regresaron del campo de batalla pasaron a ocupar los empleos de secretarias, oficinistas o volvieron a sus granjas en el
campo.
Algunas jóvenes buscaron la vida fácil, ocupando los cabarets y clubs nocturnos que proliferaron pasando a ser visitados por gente de todo el estrato social.
La moral había sufrido un gran golpe, las reglas rígidas que existían antes de la guerra desaparecieron casi en su totalidad. Las relaciones entre los jóvenes se
aceleraron pasando de la presentación o el conocimiento casual a intimar casi inmediatamente.
El opio, el alcohol y la grosería se dieron la mano. Las pensiones estudiantiles pasaron a ser pensiones de paso o permanentes para familias venidas a menos o
parejas de una noche. Toda esta cruel realidad dio paso al abuso y la violencia generando crímenes, asesinatos, robos callejeros.
En fin, la policía no daba abasto para resolver los conflictos que se presentaban. El cuartel general, Scotland Yard se veía sobrecargado de tares, la gente experta
no era suficiente, los novatos no poseían lo que hacía falta para deducidar la tormenta de desmanes que asolaba la ciudad y los pueblos.
Entonces el experimentado comisario inspector Cristian Curry tomó la decisión de llamar a su antiguo compañero para que aportara su experiencia, que era
mucha y colaborara para resolver un caso que traía a la policía de cabeza desde un tiempo atrás.
Capítulo 3
LOS CRIMENES
Contestando a la pregunta que le hiciera el superintendente Lamb, Curry contestó;
– Trataré de ser breve y claro, la cosa es que se han cometido varios asesinatos, algunos cruentos, otros no tanto, y no hemos podido encontrar un modus
operandi. Tampoco un patrón o motivo que lleve al asesino a actuar.
– ¿Quiénes han muerto?
– ¿Cómo quiénes?
– ¿Hombres o mujeres?
– Ambos, mujeres de vida ligera, otras sólo jóvenes que deambulaban por los bailes buscando escapar a su realidad, también hombres jóvenes de dudosa
sexualidad…
– ¿Cuántas han muerto, Curry?
– Verás, hemos podido dar con cuatro mujeres y tres hombres, todos entre treinta y treinta y cinco años de edad.
– Ummm, ¿No tenían nada en común?
– No, aparentemente mata al azar.
– Entre sus pertenencias, ¿no encontraron nada que los uniera? Por así decir…
– Parece ser que eran completos desconocidos entre sí, ni siquiera tenían el mismo trabajo… pero sí hay algo… casi puedo decir que todos los muertos
acostumbraran a consumir opio.
– Y por supuesto mucho alcohol. ¿Cómo murieron?
– La mayoría, las mujeres perdieron la vida degolladas, después de una brutal paliza, los tres muchachos ahorcados con sus propias corbatas.
– ¡¡Aja!! Ahí entonces algo común… las corbatas… ¿Dónde encontraron los cuerpos?
– Bueno, eso es diferente, en sus casas, en la calle y los hombres murieron en uno de esos hoteluchos del barrio chino, donde suelen ir las parejas por unas
horas.
– Bien, como le dije Curry, voy a pensar y mañana contesto, déjeme su teléfono…
– Bueno, aquí lo tiene en mi tarjeta, ah, piense que se le pagará por sus servicios y pienso que un dinero, siempre viene bien… ¿no le parece?
– Claro que sí, los impuestos son muy elevados y ni que decir el aceite, la grasa y la carne.
– Ya lo ve, ahí tiene un aliciente para decidir.
– Umm, no quiero perder mi tranquilidad, ahora cuido de mis rosales… lo que durante mucho tiempo desee, tengo una casita que es mía, me siento cómodo
con mis libros y mi chimenea. Tengo además un buen compañero que atiene la casa y sabe llevar una conversación amena.
– Lo comprendo, Lamb, conozco tu vida como si fuera la mía propia, pero te aseguro que no es necesario que pierdas tu serenidad ni te alejes de tu morada…
lo que pretendo es que analices los hechos y luego saques tus conclusiones que siempre fueron acertadas. Ten en cuenta que me encuentro al borde del abismo,
hemos trabajado como desesperados, investigando, las familias, los trabajos, los lugares a que asistían sus amistades, al fin, tenemos varios sospechosos… pero
ninguna prueba fehaciente para acusarles.
Matías Lamb, de pie con los brazos cruzados, escuchaba atento, luego extendió la mano a su amigo en señal de despedida y le dijo;
– Consultaré con la almohada y ten por seguro que lo haré muy seriamente… pondré todos los pros y los contra en la balanza de mis sentimientos, luego
decidiré.
– Está bien, confío en que lo harás y espero tu llamada, cualquiera que sea tu respuesta… ¿de acuerdo?
– De acuerdo, mañana a mediodía tendrás mi respuesta.
Acompañó a su amigo hasta la puerta, luego volvió a la salita en busca de sus útiles de jardinería y volvió a ocuparse de sus rosales reanudando la tares
interrumpida.
Capítulo 4
DECISIÓN
El antiguo Comisario Curry se marchó contento, conocía su amigo y compañero y confiaba en que éste tomaría la decisión a su favor. Mientras el Superintendente
Lamb continuó su trabajo en el jardín, revolviendo la tierra, mezclando el abono y curando el tallo de sus rosales, toda esta actividad lograba relajarlo, lo distendía y al
mismo tiempo le permitía pensar.
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