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Libro PDF El valor del tiempo en educación – J. Gimeno Sacristán

El valor del tiempo en educación – J. Gimeno Sacristán

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curriculares,
algunas de las cuales tuvimos la oportunidad de conocer de cerca. Veíamos
cómo la estructura férrea de unos horarios atomizados condenaban a la
inviabilidad a cualquier reforma del currículum en la práctica, cuando los estudiantes
quedan sometidos a un proceso constante de “transición” entre materias,
profesores distintos… y, además haciéndolo a cada hora de reloj, descontando
de sus sesenta minutos el “adiós” del que va a salir, el par de minutos para recoger
sus bártulos, dejar el estrado expedito para el siguiente, el “ahí te los dejo”
porque si lo cambiamos por el “¿qué has hecho con ellos?” se incrementaría el
tiempo perdido y, al siguiente, tampoco le serviría de mucho. Y podríamos seguir
restando tiempo de enseñanza al tiempo estipulado como oficial, si analizamos
los ritos de comienzo de la clase que sigue a la anterior: “buenos días”…
Quisimos contrastar los centros con distintos modelos de horario para ver
quiénes y qué ganaban, quiénes perdían y qué era lo perdido. En el debate primero
pudimos apreciar que los interrogantes se ponían en las ganancias o pérdidas
en los rendimientos o resultados académicos, así como en las posibilidades
de las familias para atender a sus menores. El retraso en la concesión de recursos
y las dificultades en la gestión del proyecto de investigación, junto a la rápida
extensión del modelo de “sólo por las mañanas”, nos permitían penetrar y obtener
informaciones sobre las realidades más asentadas por los modelos horarios
en liza. Quizá esos modelos son maneras distintas de gestionar el tiempo disponible,
con proyección en la calidad de la enseñanza y en el mejor o peor acomodo
con la vida de las familias. El problema no era ni es ya un tema de eficacia, de
que los resultados sean mejores o peores —pues quizá en ese aspecto no difieran—,
sino que lo que se dirime es el caminar hacia un modelo educativo que
sobrepasa los muros de las aulas, en el que “lo escolar” puede tener mayor o
menor presencia y determinación en y de “lo educativo”.
Con la visión puesta más en algunas claves del tiempo educativo, y dedicando
atención dentro del mismo al tema de la jornada escolar bajo los modelos de
horario continuo y partido, se emprendió una investigación para encontrar datos
empíricos que prestaran informaciones sobre la realidad. Así podríamos aclarar
con mayor seguridad y más amplia perspectiva los problemas y dudas que van
surgiendo a lo largo de las discusiones que se plantean en esta obra.
Una muestra de unos dos mil alumnos y alumnas de segundo y cuarto curso
de ESO, pertenecientes a las comunidades de Andalucía, Comunidad Valenciana,
Galicia y Madrid participaron en el estudio. Centrarse en esas dos edades
fue una opción justificada por la trascendencia de dos momentos cruciales: la
Introducción 13
©nEdiciones Morata, S. L.
transición de Primaria a Secundaria Obligatoria y el final de la etapa de la obligatoriedad.
No nos interesaba tanto el contraste de ambos momentos, que en algunas
ocasiones sí lo hacemos, sino abarcar un momento de la escolarización muy
decisivo y sobre el cual existe todavía hoy una controversia no resuelta en España.
La participación de las diferentes Comunidades Autónomas no se realizó
para establecer comparaciones entre ellas, sino que obedece a la intención de
diversificar la muestra, eligiendo lugares y zonas en donde las opciones acerca
de los modelos horarios han sido objeto de debates de diferente nivel y en las que
las opciones y los resultados han sido distintos. Disponemos de centros diversos
en todas ellas.
A través de los y las estudiantes—por medio de un cuestionario—accedimos
a sus padres y madres, quienes aportaron opiniones, sus posiciones y valoración
sobre el tiempo de sus hijos e hijas. Los datos se tomaron en el segundo trimestre
de 2005. Del tratamiento estadístico correspondiente se derivan las conclusiones
con base empírica que se desgranan en los diferentes capítulos de la
obra.Consideramos que la atención a la comodidad del lector debe prevalecer
sobre el rigor en la exposición técnicamente correcta desde el punto de vista
metodológico. Guiados por esa opción hemos procurado no añadir en el texto las
expresiones de datos de compleja elaboración, que resumimos en afirmaciones
sencillas que aluden a la investigación en términos del lenguaje de uso común.
Pero nuestro interés va más allá del ámbito abarcado por las posibilidades de los
métodos empíricos. Esos datos nos han hecho pensar, hemos querido ofrecer un
marco amplio de problemas, ofrecer sugerencias, emitir juicios de valor que expresan
—como empezábamos— la forma que adoptamos de ver las cosas; las
maneras de ver el mundo.
14 El valor del tiempo en educación
©nEdiciones Morata, S. L.
El tiempo como tema y problema ha ocupado la atención de la humanidad y,
específicamente, del pensamiento filosófico desde muy temprano en nuestra cultura,
como en todas las demás. Ha sido objeto de ritos mágicos para dominarlo,
recuperarlo o adivinarlo; ha sido un tema sobre el que han girado los contenidos
de creencias religiosas; es un condicionante de las actividades humanas y también
objeto de investigación. En el afán de comprenderlo se han sucedido diversas
teorías de las que el pensamiento moderno es su heredero. Restos de ellas
pueden encontrarse en cómo hoy lo entendemos, si bien el pensamiento moderno
refleja la impronta de dos visiones fundamentales. Una, la de la física de NEWTON,
corregida por EISNTEIN, según la cual el tiempo se puede medir; la otra es la
visión del tiempo tal como lo vivimos, siendo BEGSON su principal valedor. En la
primera acepción el tiempo es una magnitud dentro de la cual ocurre nuestra
vida, que existe al margen de nosotros y a la que nos vemos sometidos. En la
segunda acepción, el tiempo es algo que se vive, se siente, se experimenta; es el
tiempo de cada uno.
1.1.NTiempo, relojes y educación
“La máquina que divide con tanta justeza las doce horas del día nos advierte que
observemos la justicia y que obedezcamos las leyes”i1.
Sí, es cierto, el reloj, al dividir el tiempo y proponer una concatenación de los
segmentos horarios crea una cadena de orden, de forma que, viviendo en ese
tiempo concatenado (algo sigue o precede a algo), estamos poniendo y adquiriendo
un orden para nuestras vidas (“a tal hora solemos hacer tal cosa”), una
versión del orden en el que ocurren las acciones (“lo primero es lo primero”) y
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Título capítulo 15
CAPÍTULO PRIMERO
Las concepciones del tiempo y la educación
1nEscrito en el muro del reloj del Ayuntamiento de París en 1370. Narrado por ATTALI (1986),
pág. 75.
cómo se presentan las cosas (el prólogo va antes que…), a veces una norma
moral (la indelicadeza de llegar tarde) y el orden de nuestra memoria (primero
ocurrió…)
Sin calendario y sin reloj la vida que hoy llevamos sería imposible. Detrás del
uso de los relojes y calendarios existen amplias y profundas tradiciones culturales,
la historia de las sociedades. Ningún calendario es arbitrario, dice ATTALI,
1985), sino el fruto de largas y cuidadosas observaciones del cielo, de las exigencias
de los ciclos alimenticios. Son el resultado y la forma de registrar los
mitos, los acontecimientos. Así se fueron creando concatenaciones entre el entendimiento
de la naturaleza, los acontecimientos y las relaciones sociales con
las vidas de las personas, de forma que la posición en uno de esos ámbitos se
relaciona con los cambios que ocurren en otro. Así, por ejemplo, el crecimiento de
los seres vivos se asocia al calendario, la madurez se relaciona con la edad, las
capacidades y los saberes se consideran dependientes del tiempo en que se ha
estado escolarizado. Eso son cosas que aprendemos y que, regulándonos desde
fuera acaban siendo asumidas e interiorizadas como categorías para percibir,
comprender el mundo, regular nuestras acciones y ordenar la consciencia de
cada uno. Pasan a ser categorías con las que funcionamos en la vida diaria.
Como afirma ELIAS (1989, pág. 33), “Cuando los símbolos en el curso de su desarrollo
han adquirido un alto grado de adecuación con la realidad, los hombres se
enfrentan a una dificultad especial para distinguir entre símbolo y realidad”.
El aprendizaje del tiempo —lo que significan relojes y calendarios— le cuesta
al niño entre siete y nueve años, “pero cuando se ha dejado atrás ese aprendizaje,
los miembros de esas sociedades olvidan, al parecer, que han tenido que
aprender el tiempo” (ELIAS, 1989, pág. 154).
Los pueblos nómadas tenían como referencia el ciclo lunar, los sedentarios
necesitaban regular sus actividades agrícolas por la sucesión de las estaciones
que el sol predice con más seguridad. En los monasterios medievales las campanas
regulaban el día marcando las horas de oración; en las ciudades el poder
civil las utiliza para señalar los acontecimientos que afectan a las tareas colectivas:
cerrar y abrir de puertas de las murallas, convocar a la defensa, a apagar el
fuego, reunirse, etc. Poco a poco, los modos de ordenar el tiempo se van introduciendo
en la regulación pautada de la vida y tienen que ser tañidos regularmente
a través de clepsidras y el uso de autómatas como primera expresión de
la racionalidad del control del paso del tiempo.
Con el reloj mecánico la vida se entiende y queda regulada en el ciclo diario
(recuérdese todo lo que supone el cambio de la hora hacia el invierno o hacia el
verano), y hasta con cada oscilación del péndulo del reloj de pared. Una ordenación
que sirve para actuar en la vida pública y en la privada, regulada por el poder
civil, de modo que acomodarse al ritmo del tiempo es hacerlo a una pauta de vida
y a una norma de comportamiento. Una sumisión al orden establecido por un
poder que se vuelve anónimo, alejado de los rezos y de las convocatorias para
participar en acontecimientos más espaciados; un tiempo que es vivido, hora a
hora, por todos a la vez haciéndonos coincidir o separándonos.
La adopción del horario común en 1850 para el ferrocarril marca el momento
en el que el ritmo que viven al unísono los diferentes enclaves humanos adquieren
una uniformidad que se afianzó por la exactitud que construyó el ritmo de las
fábricas. El tren se detiene y arranca para todos a la vez; la necesidad de montar
16 El valor del tiempo en educación
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en él exige seguir una tabla horaria, como se exige levantarse “a tiempo” por la
mañanas para estar “a punto” en la entrada al trabajo o en la puerta de la escuela.
En fin, cruzarse con otro, quedar citados para un encuentro en un determinado
punto obliga a ordenar con precisión el tiempo con el reloj. La espontaneidad,
y operar según el criterio dejado al arbitrio de cada uno, se convierte en irregularidad,
disfunción, dificultad y desorden.
El tiempo en la sociedad moderna carece de las connotaciones de lo sagrado
que tuvo en el pasado, al convertirse en un instrumento conductor de la vida civil
cotidiana, aunque mantendrá algo del valor de haber sido domado por lo sagrado
y por las ceremonias civiles que lo acompañaron: realización de mercados, conmemoración
del paso de las estaciones, celebración de acontecimientos, etc.
El tiempo, como afirma ELIAS ha sido una forma de orientarse en el mundo de
las cosas y de los fenómenos que cambian, un medio de orientarse en la vida
social y para regular las relaciones sociales.
“La cuestión acerca de la manera en que los hombres aprenden a orientarse en
su mundo cada vez con más tino, a lo largo de los siglos, es sin duda de gran importancia
para que el hombre se entienda a sí mismo”.
ELIAS (1989, pág.13.)
El tiempo es un concepto universal del que todos tenemos conciencia, del
que disponen y utilizan todas las culturas. De él todos tenemos vivencias, sin que
esto sea contradictorio con la realidad de que cada uno de nosotros tengamos
una visión distinta sobre él, como han sido diversas las explicaciones que se han
hecho del mismo a lo largo de la historia.
No sólo es universal, en tanto que todos sabemos que está ahí, sino que es
extenso, en el sentido de que afecta a todo. Los seres vivos lo son por un tiempo,
con él evolucionan, las cosas tienen un origen, se transforman, cambian y se
desintegran con el tiempo. Las acciones se realizan en un tiempo y a tiempo o
a destiempo. Sólo los dioses eran eternos y eso, de alguna manera, es también
su tiempo.
En contraste con esa presencia universal, nos resulta extremadamente difícil
expresar en qué consiste el tiempo. A principio del siglo V d.c., San Agustín nos expresaba
de manera clara esa contradicción.
“¿Qué cosa es el tiempo? ¿Quién podrá fácil y brevemente explicarlo? ¿Quién es
el que puede formar ideas claras de lo que es el tiempo, de modo que se pueda explicar
bien a otro? Y, por otra parte, ¿Qué cosa hay más común y más usada en nuestras
conversaciones que el tiempo? Entendemos bien lo que decimos cuando hablamos
del tiempo. Y, ¿lo entendemos también cuando otros nos hablan de él? Pero,
¿qué cosa es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, yo lo sé, para entenderlo; pero si
quiero explicarlo a quien me lo pregunte no lo sé para explicarlo.
(Confesiones, Libro XI, Capítulo 14, año 400 d.c.)
Sí se ha comprendido lo que era en su sentido global, por la literatura más
que por la física, por la filosofía antes que por las ciencias. Y la literatura nos ha
dado también otras visiones de tiempos no absolutos y no lineales, como también
hemos aprendido otras formas de entenderlo en la discontinuidad de las escenas
de cualquier película.
Las concepciones del tiempo y la educación 17
©nEdiciones Morata, S. L.
La conciencia de finitud y de fugacidad del tiempo, de cómo la memoria que
alcanzamos a tener de él cobra para nosotros significado añadiéndole sentimientos,
seleccionando recuerdos, la expresó bien Jorge MANRIQUE (1440-1479) en
las Coplas por la muerte de su padre:
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.
El tiempo es algo en lo que se realiza nuestra experiencia personal y colectiva,
el “mientras transcurre” la experiencia; lo que conecta, da continuidad y, a la
vez, separa a unas generaciones de otras. Es algo infinito, pero muy limitado para
cada uno de nosotros.
Es un discurrir continuo que siguen ciertos procesos y fenómenos que apreciamos
en el mundo natural, en los acontecimientos culturales y sociales, en los
sujetos y, desde luego, en nosotros mismos. El tiempo significa, asimismo, orden
en el acontecer, reiteración y regularidad que la humanidad ha ido imponiéndose,
pasos de secuencias que se repiten cíclicamente y que reflejan los mismos símbolos
e instrumentos con los que tratamos de medirlo y ordenarlo. La esfera del
reloj recorrida por las saetas marcando momentos que se suceden a la vez que
se repiten cada doce horas, la imagen circular del calendario azteca o el nuestro
que muestra la sucesión ordenada, de izquierda a derecha, la secuencia de los
días de la semana—de lunes a domingo—que se repiten una tras otra dentro de
meses que, a su vez se suceden unos a otros con mínimas variaciones dentro
del año y los años que aumentan uno a uno, son símbolos de esa regularidad que
es la de nuestras vidas.
“Lo que cambia en el curso del proceso civilizador es ante todo la pauta de
su autorregulación (del tiempo)”, dice ELIAS (1989, pág. 34). Lo cual es un proceso
altamente uniformador en las sociedades industrializadas, que se extiende
a todas las áreas de la vida y que se convierte en un potente instrumento autorregulador
y autodisciplinador de los individuos que viven el tiempo de sus vidas
sometidos a las pautas con las que se ordena el tiempo. El reloj y el calendario
son, pues, algo más que una máquina y una sucesión de días; los órdenes de
actividades que necesitan de su uso representan algo más que sucesiones
de momentos. Del mismo modo, el horario es algo más que una propuesta o
relación de actividades o de cualquier cosa que se programe, sino que por sí
solo y por la regularidad que impone en las instituciones tiene un importante
valor regulador de los individuos y de las relaciones entre ellos. Como argumenta
VARELA (1992), el poder disciplinario, por su economía y eficacia, se centró en
el ámbito de las instituciones, concretamente en las educativas. Las tecnologías
18 El valor del tiempo en educación
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que modelan al sujeto en las sociedades modernas lo hacen regulando los espacios
y el tiempo de las instituciones educativas, pasando a ser introyectadas por
los individuos.
Todo aquello que cambia lo hace en un tiempo, lo que permanece se repite
en el tiempo. Nosotros lo cargamos de significados y extraemos una serie discontinua
de imágenes yuxtapuestas que constituirán nuestra memoria, igualmente
discontinua. Es, como dijo AMIEL, el espacio entre nuestros recuerdos, una
sucesión de momentos. Decía DURKHEIM (1968) que:
“No podemos concebir el tiempo más que a condición de distinguir en él momentos
diferentes”.
(Pág. 15.)
Significa duración, paso de fases, ritmo de sucesión entre las mismas y duración
total de su devenir. El tiempo representa un determinado orden en el que
nosotros apreciamos han ocurrido, en que ocurren o previsiblemente ocurrirán
las acciones y los fenómenos. Es una secuencia que se desplaza hacia adelante
y que nosotros, embarcados en ese movimiento, marcamos con un ahora, un
antes y un después.
Finalmente, del tiempo humano diremos que es un bien escaso (“El tiempo es
oro”) y lo apreciamos como un capital que se gasta deprisa y que con él nos
vamos también nosotros, (“no es lo peor que el tiempo se pase —dice el refrán—,
sino que nos lleva por delante”). Lo cual nos llama a apelar a no malgastarlo ni
dilapidarlo. El tiempo físico fluye y sigue; el nuestro se agota.
El tiempo lleno de quehaceres y actividades en el presente y durante toda la
edad vivida es, en suma, un espacio de posibilidad, de oportunidad de hacer algo,
también la posibilidad de vivir de otra manera. El tiempo físico, absoluto, el que el
reloj señala no podemos cambiarlo; el cómo lo llenemos sí, y ese tiempo es el que
nos importa.
La imposición del sentido moderno del tiempo como algo absoluto que se
puede medir, lleva a que el tiempo pierda su condición holística, así como su pertenencia
al mundo de lo humano, el sello y coloreado personal. El horario, el calendario
y la jornada escolar, como tiempos físicos, son una suma de tiempos que
se pueden trasladar de un lado para otro como bolas de ábaco, que decía JÜNGERi2,
a lo largo del día, en la mañana, en la tarde o entre ambas. Las clases de
la asignatura “ X” dispondrán de “x” horas repetidas en los ciclos semanales,
durante “x” meses y a lo largo de “x” número de años. Horarios, calendarios, horas
de trabajo, tiempo de recreo, acabar las clases serán referencias básicas para
el pensamiento tecnificado moderno acerca del tiempo en educación. Pero
jamás las podremos entender si no se considera qué significan.
La educación también tiene un tiempo, necesita de él; es un proceso regulado
a través de la ordenación del discurrir de aquél. En la organización de las
escuelas, como ocurrió en las fábricas, el reloj también impone su tiempo.
La escolaridad, con sus horarios y calendarios, con sus rituales, es un instrumento
racionalizador a la vez que ha sido, en muy buena parte, fruto de la racio-
Las concepciones del tiempo y la educación 19
©nEdiciones Morata, S. L.
2nTomado de OCAÑA, (1992).
nalidad moderna. La misma escolarización se ha convertido en un importante
aparato de la racionalidad que regula el tiempo psicológico de los sujetos y del
tiempo social de las sociedades modernas.
Mirando hacia dentro podemos constatar que en las escuelas existen diversos
controles para organizar las funciones de custodia, disciplina, transmisión de
conocimiento y moldeo de la personalidad, pautando su discurrir al minuto, de forma
cíclica, ritualizándolo por medio de acontecimientos externos e internos en los
centros escolares. Las manifestaciones más evidentes de esa ordenación del
tiempo son: el establecimiento de los períodos de la escolarización y su ordenación
secuencial, el calendario escolar, el horario, así como las regulaciones del
currículum.Hacia fuera, las regulaciones tomadas en los aspectos anteriores obligarán
a regulaciones nuevas o a reajustes en otros ámbitos de la sociedad, lo
cual no siempre es fácil, ni siquiera posible, como por ejemplo demuestran los
conflictos por el cambio de horario en España.
La forma de orientarnos cada vez con más precisión en el mundo de lo educativo
—en lo que al tiempo se refiere— es también, en nuestro caso, de importancia
para comprender cómo es y cómo ha llegado a ser la educación. La idea
que tenemos acerca de ésta tiene mucho que ver con las visiones que se han elaborado
del tiempo. De ahí nuestro interés en penetrar con una mirada “temporalista”
en ciertos aspectos del sistema educativo, de los agentes que operan en él,
del alumnado, del profesorado, del currículum y de las prácticas educativas.
La penetración del poder de la ordenación del tiempo, entrometiéndose en
nuestras vidas y usos sociales, nos conduce a pensar que el tiempo escolar y el
de la educación son algo más que el tiempo al que se refieren el reloj y el calendario.
•nLa imagen de la entrada matinal a las clases, el pitido o el toque de la campana
que pone a todos en el punto cero del ingreso al “tiempo de clase”
—un tiempo que comienza con la advertencia de ser otro muy distinto al
que ha acabado—, es una viva imagen del poder educador del reloj,
haciéndose oír por estos procedimientos u otros instrumentos.
•nLa reiterada consulta que un estudiante hace en clase al movimiento de las
manecillas del embellecido objeto que marca la horas, no es muestra de
una falta de memoria que le dificulta recordar “la hora”, sino señal de que el
tiempo escolar ya no es un tiempo suyo. El tiempo no es en este caso algo
fugaz, como sí lo era en la copla manriqueña, aunque es probable que para
el que con inquietud mira el lento caminar de las manecillas sea cierto lo de
que “cualquier tiempo que pasa es mejor”.
•nLa aplicación de pruebas de evaluación cronometradas nos evidencia hasta
dónde ha llegado el maridaje perverso entre la tiranía del tiempo y la
vanalización del aprendizaje que se está evaluando a través de aquéllas.
•nLa mirada somnolienta del pequeño sobre el cuaderno de trabajo en la noche,
estando en familia, cuando los mayores ya han acabado el tiempo de
su tarea, nos revela el imperio del dominio que tiene la razón del tiempo
escolar absoluto sobre el tiempo razonable de la vida.
•nEl estudiante retrasado no es alguien que se ha descuidado y ha perdido el
paso respecto de quienes empezaron a caminar con él, sino que es toda
una categoría de ser humano, hasta el punto de haberla tomado como indi-
20 El valor del tiempo en educación
©nEdiciones Morata, S. L.
•ncador de la calidad del sistema en el que se produce el retraso. Ir a destiempo
no es sólo una irregularidad horaria respecto del tiempo físico de
relojes y calendarios, sino un motivo de exclusión.
•nNo hacer los deberes escolares “a tiempo” supone juzgar y clasificar con
categorías morales a quienes no cumplen; es decir, ser vistos como diletantes,
vagos y perezosos. No olvidemos que para la moral cristiana la virtud
de la diligencia era el antídoto contra el pecado capital de la pereza.
•nLas horas lectivas o “de clase” son unidades del tiempo pedagógico, maneras
de referirse al trabajo del profesorado y un elemento que sirve a la organización
del funcionamiento de los centros educativos. Son unidades de
tiempo de enseñanza que se corresponden con sesiones de clase, también
de una hora, del tiempo físico.
•nLa lectura rápida puede defenderse como método de rentabilizar el tiempo
de los relojes, dando la idea de más lectura abarcada por menos tiempo es
mejor, pero puede menospreciar el tiempo del razonamiento y de la reflexión
de los lectores.
•nLos responsables de la política educativa parecen creer, a veces, que su
tiempo de acción bienintencionada se corresponde con el tiempo de las instituciones
o del profesorado para entender y aplicar lo que ellos proponen.
Están destinados a errar. El tiempo de la política es breve, concentrado de
intenciones; el tiempo de cambio necesario para alterar las prácticas es el
de una evolución lenta.
•nUn último y sutil ejemplo de cómo la categoría del tiempo se cuela incluso
en la anticipación de la práctica y en nuestros deseos. Los objetivos de la
enseñanza —se suele decir en las disquisiciones acerca de la planificación
didáctica para desarrollar la enseñanza— son metas a lograr en un tiempo
futuro a corto plazo (de tiempo), mientras que los fines son previsiones a un
tiempo más alejado. Nada menos que uno de los impulsos que mueven al
aparato y a las personas relacionadas con la educación, como son las finalidades
de la educación, es algo dependiente de cómo será el tiempo futuro.
La evolución previsible del estado actual de las cosas y el efecto de lo
que hagamos o de las medidas tomadas en el tiempo presente pueden
suponerse o adivinarse.
Estos comentarios desordenados aluden a asociaciones diversas de la concepción
y usos del tiempo con rasgos propios de situaciones normales relacionadas
con la educación. Muestran, a primera vista, cómo el tiempo medible por los
relojes, cronómetros y calendarios se enmaraña con la educación; cómo dicta
sus reglas, impone límites, dota de razón a las prácticas educativas, clasifica a
los sujetos y regula el orden de los acontecimientos, en general, la frontera entre
la normalidad y la anormalidad.
Son muchos los temas, problemas y acciones en los que en educación se
toca alguna de las acepciones del tiempo, bien sea en aspectos relacionados con
el alumno y la alumna, con las familias, los profesores y profesoras, el proceso de
aprendizaje, el desarrollo de la enseñanza, la organización escolar, la vida cotidiana,
la escolarización… Son aspectos sobre los que se discute, se investiga, se
plantean reformas, se legisla… A título de ejemplo, planteamos de forma asistemática
algunos de ellos.
Las concepciones del tiempo y la educación 21
©nEdiciones Morata, S. L.
11.NAnalizar cuál es la distribución del tiempo del día en actividades para conocer los
estilos de vida.
12.NQué supondrá la sociedad del conocimiento en el futuro que viene.
13.NCuánto tiempo debe dedicar al descanso un menor.
14.NQué duración han de tener las clases. ¿Por qué son, frecuentemente, de una
hora?
15.NCómo evoluciona y discurre la atención y la fatiga.
16.NQué hacer en el tiempo extraescolar.
17.NCuánto tiempo debe tener una determinada materia en el currículum.
18.NConveniencia de la duración de las vacaciones.
19.NQué horario es más conveniente: ¿la jornada continua sólo de mañana o de
mañana y tarde?
10.NTiempo para que las reformas educativas cuajen.
11.NA qué edad se entra y se sale o se debe abandonar el sistema escolar.
12.NLa edad de jubilación del profesorado.
13.NConsecuencias del reparto del horario que regulan las Comunidades Autónomas
y el Estado.
14.NLa antigüedad como mérito o requisito para…
15.NMejora o empeora la calidad del sistema educativo.
16.NLos tiempos laborales del profesor.
17.NCuándo estudian y se divierten los jóvenes.
18.NEl tiempo del aprendizaje.
19.NLa evolución de las ideas y prácticas de la pedagogía en la historia.
20.NLas etapas del desarrollo.
21.NEducar a lo largo de toda la vida o la educación permanente.
22.NLas escuelas aceleradoras.
23.NPlanificar y hacer prospectiva.
24.NEl retraso escolar.
25.NLa incorporación tardía al mundo del trabajo.
26.NRepetir curso.
27.NTiempo de calidad.
28.NTiempo de silencio.
29.NLa organización cíclica, en etapas y cursos.
Todas esas expresiones aluden a la dimensión física medible del tiempo, que
hace alusión a su distribución, sucesión, datación o fijación, perdurabilidad, orden
y secuencia, ritmo… en el ámbito educativo. Pero, a su vez, son tiempos para ser
más o menos libres y felices; tiempos para producir y rentabilizar o para el descanso
y el ocio; son tiempos más agradables o molestos; más intensamente
pasados o que producen aburrimiento; más disfrutados con otros o en soledad;
tiempos que recordar u olvidar. Es decir, tiempo begsoniano vivido. Esta mirada
al tiempo escolar es imprescindible para entender qué significa realmente la
experiencia de la educación para menores y jóvenes y qué va a significar en un
futuro próximo.
1.2.NLos factores determinantes del tiempo escolar
La estructuración y distribución del tiempo escolar no es el resultado del azar,
sino más bien de la necesidad, producto de la confluencia de poderosas fuerzas
de carácter social, económico, educativo y técnico. El peso de todas esas
22 El valor del tiempo en educación
©nEdiciones Morata, S. L.
fuerzas es tal, que las pautas de organización horaria han llegado a constituirse
en un sistema estable y resistente a los cambios. En la determinación de dicho
sistema (siguiendo, en líneas generales, la relación que hace KNIGHT, 1989) intervienen
diversos factores:
a)NFactores históricos. Todos hemos pasado por la escuela y guardamos
memoria de esa experiencia en la que se incluye cómo era el transcurrir del día
en la misma, cómo progresaba y en qué se invertía el tiempo en una jornada, en
la semana o a lo largo del curso escolar. Esa imagen se estabiliza y resiste a los
cambios que pudieran plantearse. Lo mismo que les ocurre a las personas le
pasa a la cultura y a los ritos de las instituciones. Los estudios históricos han mostrado
cómo ha ido cuajando una forma determinada de confeccionar los horarios
y extraer su significado (ESCOLANO, 1993 y 2000).
b)NFactores sociales. El tiempo escolar es aquél en el que el menor permanece
controlado y mantenido en condiciones seguras, una función imprescindible
por necesidades sociales y para el control que los adultos ejercen sobre los
menores, de acuerdo con su sistema de vida, sus costumbres y sus representaciones
sociales. Entre los factores que intervienen en esta función se pueden
destacar:
11)NLas rutinas familiares de la vida cotidiana —entre ellas, de manera fundamental,
el trabajo, la alimentación, el ocio o el descanso—, conforman un sistema
de vida que supone una pauta de distribución y ordenamiento del tiempo
que tiene que armonizarse con el horario escolar estableciéndose un
pacto de conveniencia entre las partes.
12)NEl trabajo de los diferentes miembros familiares puede ajustarse con desigual
facilidad al calendario y horario escolares.
13)NEl medio de transporte y duración de los desplazamientos de los escolares y
el de los adultos cuidadores de estos, según la proximidad del domicilio familiar
al colegio.
14)NLa existencia de miembros de la familia en edad escolar que asisten a centros
distintos.
15)NCondiciones familiares que afectan a las tareas escolares desplazadas fuera
del horario escolar.
16)NLas necesidades de ocio, cada vez más importantes en las sociedades de consumo,
en lo que se refiere a vacaciones estacionales, fines de semana, etc.
17)NLa preocupación por la seguridad de los menores en sus desplazamientos a
los centros; riesgos de accidentes, días sin profesor, etc.
18)NLa preocupación por los cambios que pudieran afectar a la imagen de lo que
se considera debe ser el orden y poder socializador de las instituciones escolares,
en relación con una forma de entender el orden social más amplio.
19)NEl ethos de la sociedad que acepta con distinto grado de facilidad los cambios
sociales y culturales, que tiene una idea de lo que es importante y valioso.
10)NLa preocupación por la educación y el papel que se considera debe tener la
escuela.
Cada vez más en las sociedades desarrolladas, y en buena parte urbanizadas,
se destaca la importancia de la función de custodia de las instituciones educativas,
no sólo en el horario escolar, como es lógico, sino también en el tiempo
extraescolar, teniendo que plantearnos cómo llenar de contenido educativo ese
Las concepciones del tiempo y la educación 23
©nEdiciones Morata, S. L.
tiempo. Una necesidad que choca con las reivindicaciones del profesorado que
reclaman la disminución de su presencia en el tiempo de los estudiantes. En
muchos lugares se están desarrollando programas de atención a los jóvenes en
el tiempo extraescolar con el fin de evitar un vacío en los procesos de socialización
que, al mismo tiempo, sirvan a los fines de las escuelasi3. Éstas, si bien un
día fueron consideradas como agentes todopoderosos, hoy pierden capacidad
de influencia y peso para ser guía para los menores. Una aproximación a lo que
son dichos programas lo constituyen lo que nosotros llamamos actividades extraescolares.
Pero, en nuestro caso, son apéndices de las actividades escolares,
mientras que estos programas después de la escuela (after school programs)
pretenden tener una entidad propia, si bien sirven de apoyo a la actividad escolari4.
Son programas que se ocupan del cuidado de los menores, ofrecen seguridad
y ayudan a las familias que trabajan, al tiempo que mejoran los logros académicos.
Los estudios realizados indican que los estudiantes que participan en los programas
para después del horario escolar logran mejores calificaciones, aumentan
su asistencia a la escuela y mejoran su conducta. También expresan una
mayor esperanza frente al futuro y más interés en la educación.
c)NCondicionamientos económicos. La escuela debe ser financiada para
mantenerse y la financiación es una potente fuerza conservadora del orden escolar
que incide más en las dimensiones estructurales que en las micro estructurales
y que en el discurrir de las prácticas pedagógicas. Cualquier cambio que exija
recursos adicionales (más si se centran en necesidades de personal) tendrá
una fuerte resistencia; las actividades extraescolares, por ejemplo. Las demandas
salariales y la negociación de la dedicación del profesorado es frecuente que
estén muy estrechamente conectadas, por ejemplo. La jornada continua se entiende
como un logro en la mejora de las condiciones laborales y sencillamente
podría interpretarse como una concesión barata de una ventaja profesional. Los
cambios pueden afectar a servicios como los de comedor o transporte que tienen
repercusiones importantes para la administraciones. La jornada continua es más
barata. Aumentar horas del alumno es necesariamente costoso, como lo es igualmente
aumentar las del profesor, desdoblar cursos, como ahora se dice. Sabemos
que un horario continuado o de jornada de mañana y tarde repercute en la
economía familiar de algunos grupos sociales.
d)NFactores organizativos. El tiempo se determina de acuerdo con las leyes
y regulaciones administrativas de la escolaridad, de acuerdo con la distribución
del currículum, según tipos de centros, niveles educativos, medio rural o urbano,
sistema público o privado, oferta educativa, etc.
e)NConcepciones de la educación y del currículum, teorías del aprendizaje,
organización metodológica, presión académica, orientación profesional, organización
modular de los contenidos, etc., son aspectos

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