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Elementos – Daniela Fonseca

Elementos – Daniela Fonseca

Elementos – Daniela Fonseca

Descargar libro En PDF parte sola, tampoco soy tan irresponsable.
— Me alegra que tengas eso muy claro—me sonríe.
Seguimos hablando mientras caminamos por el centro comercial. Paramos en un café, ordenamos y cuando nos dan lo que pedimos, nos sentamos.
— ¿Ya decidiste lo que quieres de regalo de cumpleaños?— me pregunta.
— Creo que es más que suficiente con el auto que me van a dar mañana.
— ¡¿Cómo lo sabes?! Se suponía que era un secreto— me lo dice con los ojos muy abiertos. Eso solo hace que me ría muy fuerte. Creo que las personas que
estaban cerca de nosotras se dieron cuenta de nuestra conversación.
— Me lo dijo papá, sabes que no puede tener secretos conmigo. La culpa no lo deja dormir, según él—lo dije riéndome todavía.
— ¡Pero arruino la sorpresa! Yo quería ver cómo te emocionabas cuando lo vieras— me hizo un puchero. Mi madre de treinta y nueve años me hizo un
puchero. No lo podía creer, así que me eche a reír más fuerte.
— ¿Mamá, podrías dejar de hacer eso? Ya no eres una jovencita para hacer eso—la señalo, ella me tira una servilleta— Papá solo me dijo que me iban a dar un
auto nuevo, pero no me dijo que modelo era, así que todavía me voy a sorprender mucho.
Pareció relajarse un poco, pero sabía que mi mamá iba a tener unas palabras con mi papá. Seguimos hablando un rato más y luego mi mamá insistió en
comprarme ropa. Por supuesto le dije que no, ya que quería irme, pero insistió en querer hacerlo y que ese sería su regalo de cumpleaños. No pude negarme porque
estaba muy entusiasmada por hacerlo, pero todavía me negaba en que me comprara algo que sabía muy bien que no me iba a poner nunca.
Luego de dos largas horas, logre convencerla de regresar a casa. En el camino pensaba en lo que iba a pasar después de las vacaciones. Ya había terminado la
secundaria y me iba a estudiar a la universidad en el otoño. Esa sería la primera vez que estaría lejos de ellos. La verdad es que no sería tan lejos, la universidad estaba a
menos de 3 horas de la casa. Solo que ellos lo hacen ver peor de lo que parece. A veces me preguntaba cómo fue mi mamá cuando era adolecente. Ninguno de ellos
hablaba de su infancia. Solo sabía que ellos eran huérfanos y que se conocieron en una casa de acogida cuando mi mamá tenía quince años y mi papá dieciséis. Se
enamoraron y cuando cumplieron dieciochos años decidieron irse a vivir juntos, empezaron a estudiar y trabajar al mismo tiempo. Mi padre quería que mi mamá
terminara de estudiar para poder casarse. Pero tuvieron que apresurarse porque mi mamá quedó embarazada de mí a los 21 años. Ella dice que no se queja de tenerme
tan joven ya que fui lo mejor que le ha pasado. También mi padre estuvo feliz de tenerme y dice que soy la luz de sus ojos. A veces me siento mal de que ellos tuvieron
que pasar por mucho estando solos y siendo tan jóvenes.
— ¿Mamá, te puedo preguntar algo?
—Si cariño, lo que quieras —me responde.
— ¿Cómo eras tú cuando tenías mi edad?— le pregunte algo nerviosa.
Mi mamá se quedó callada por un momento, parecía que estuviera pensando en que decirme. Pensé que, con lo que le había pasado, no le gustaba recordar su
pasado. Pensé que no me iba a decir nada, pero entonces, empezó a hablar.
—Cuando tenía tu edad, me gustaba leer mucho. Iba a la biblioteca cada vez que podía. También me gustaba la fotografía, cuando pude tener una cámara, la
usaba en todas partes— apareció una sonrisa en sus labios y se sonrojo. Eso significaba que se acordaba de mi papá cuando era joven— Tu padre siempre decía que
tenía talento, que debería estudiar eso ya que era lo que me apasionaba. Pero decidí que quería ser diseñadora gráfica. No me arrepiento de hacerlo, fue una gran
experiencia. Además, sabes que siempre estoy tomando fotografías por todas partes. Tengo la suerte de hacer las cosas que me gustan. Pero claro, lo que más me gusta
es ser tu madre.
Le sonrío. Ella me sonríe de vuelta.
—Gracias mamá, tu si sabes cómo poner sentimental a alguien— le dije sonriendo.
—No hay de que cariño— dijo.
Al llegar a casa, vimos en auto de mi papá en la entrada, al parecer, llego temprano del trabajo. Mi papá es un abogado muy bueno, ya que tiene su propia
firma con unos colegas de él. A veces tiene mucho trabajo por lo que en ocasiones no lo veo, aunque me llama en las noches si sabe que no va a llegar a la cena. Pero a
veces, como hoy, sale temprano y nos sorprende a mi mamá y a mi cuando trae algo para cenar o decide hacer la cena él mismo.
Al salir del auto, mi mamá casi empieza a saltar hacia la casa mientras camina, a veces actuaba una niña. Aunque no lo es, se ve bastante joven. En algunas
ocasiones dicen que es mi hermana mayor, aunque seamos de la misma estatura de un metro sesenta y cinco, nos parecemos muy poco, solo en algunas cosas. Ella es
rubia con el cabello liso hasta los hombros, es delgada, tiene unas lindas pecas en toda la cara y por si fuera menos, unos increíbles ojos verdes, que por desgracia yo no
herede. La verdad es que soy muy parecida a mi papá. Como yo, es de cabello castaño oscuro con ondas, a él le llega hasta las orejas, ya que dice que todavía esta joven
para usarlo así de largo. Y sus ojos son de un color marrón claro como los míos. Ellos hacen una pareja perfecta. No es que lo diga por que sean mis padres, sino que es
la verdad.

Elementos – Daniela Fonseca

Mientras nos acercamos a la puerta, mi mamá me pide que busque el correo de esta mañana. Abro el buzón y saco toda la correspondencia. Siempre trato de
ordenarlas antes de entregarlas. Mientras lo hacía, había un sobre un poco extraño, más grande que los demás. En el frente tenía una insignia que no conocía, era dorada y
negra. No podía leer lo que decía. Mientras entraba a la casa, mi mamá se fue a la cocina y llamó a mi papá, quien aparentemente, estaba en el estudio. Volteo el sobre y
veo que está dirigido hacia mí ¿Para mí? ¿Qué será esto? No tenía ni idea de que era. No había pedido nada. Coloqué los demás sobres en la mesa de la cocina y me dirigí
hacia la sala que está conectada a la cocina, me siento en el sofá y abro el sobre. Dentro del sobre, había una carta que decía:
Srta. Arabell Sttoc,
Es un enorme placer aceptarla en el instituto Roustaen como una nueva estudiante. Esta será una oportunidad única en la cual, podrá explorar y fortalecer
sus nuevas habilidades.
Como estudiante de primer año, podrá conocer un mundo distinto en el cual no tendrá que ocultarse. Un lugar donde podrá ser usted misma. Donde
conocerá muchas personas como usted.
Las clases comenzaran a partir del 17 de septiembre de este año. Solicitamos que este el día 14 de septiembre para terminar su registro de inscripción.
Felicitaciones por este nuevo capítulo en su vida.
Esperamos mucho su llegada como nuevo Elemento.
Director
Steven Briel.
¿Instituto Roustaen? ¿Qué es eso? ¿Cómo que será un placer recibirme como nueva estudiante? Nunca aplique ahí. Ni siquiera sé que es eso, ni mucho menos
sé en donde se encuentra ese lugar. No entiendo nada. A lo mejor se equivocaron, pero ahí dice mi nombre, y en el sobre esta mi dirección. Qué raro ¿Y qué es eso de
nuevo elemento?
— ¿Mamá?
— Si cariño— dijo ella mientras lavaba unos platos en la cocina.
— ¿Qué es el instituto Roustaen?— le pregunto desde la sala.
Mi mamá dejó caer un plato al piso. Hizo un fuerte ruido al caer, había pedazos rotos por todas partes, pero mi mamá ni siquiera se movió. Tenía los ojos
muy abiertos y las manos le estaban empezando a temblar, no decía nada aunque abría la boca pero enseguida la cerraba. Me estaba mirando como con miedo, algo no
andaba bien, ella no era así.
— ¿Mamá, estas bien? ¿Qué te ocurre, que dije?
Me levanté enseguida del sofá y me dirigí hacia la cocina. Mi mamá todavía no reaccionaba y ya estaba empezando a asustarme. Luego mi mamá mira hacia el
estudio de mi papá y grita.
— ¡MIIKEE! Ven aquí ¡AHORA!— grita mi mamá.
— Tranquila mujer— mi padre entra, luego ve a mi mamá temblando y luego mira el suelo y el plato roto. Enseguida corre hacia el lado de mi mamá y la
observa detalladamente, la agarra por los hombros y le pregunta.
— ¿Lucia, que pasa? ¿Por qué estas temblando?— le pregunta mi papá.
— Ellos lo saben, ellos ya la encontraron Mike. Tenemos que hacer algo para alejarla de todo eso— mi mamá le dice con voz temblorosa.
— ¿De qué estás hablando?—demanda mi papá a mi mamá.
Mi mamá me mira y luego lo hace mi papá. Yo todavía tenía la carta que me había llegado, él la observa y abre muchos sus ojos. Camina hacia mí y me quita la
hoja de las manos, la empieza a leer y maldice en voz baja. Saca su teléfono celular de su bolsillo y marca un número. Luego espera que atiendan y cuando lo hacen dice:
— Tenemos un problema— parece que la otra persona está hablando —Nos encontraron y…y le enviaron la carta—empieza a caminar por todas partes—
No entiendo cómo pudo pasar. Fuimos muy cuidadosos todos estos años— miro a mi mamá quien está observando a mi papá— Si por favor, te esperaremos.
Necesitamos arreglar esto lo antes posible.
Con eso, corta la llamada. Ahora está enojado y asustado al mismo tiempo. Pasea por la cocina de un lado a otro. No entiendo porque. ¿Qué tiene que ver
todo este alboroto con la carta que me llego?
— ¿Qué te dijo Harrison?— le pregunta mi mamá a mi papá.
— Está en camino— le responde.
— Alguien me podría decir lo que está pasando. ¿Por qué los dos se están comportando tan extraño?— les pregunto a los dos.
— Ahora no Arabell. Primero tu mamá y yo tenemos que hablar con Harrison— me dice mi papá.
— ¿Por qué no? ¿Si esto tiene algo que ver conmigo, no debería al menos saber por qué?— le respondo.
— Te dije que ahora no. Cuando llegue el momento lo sabrás, pero ahora solo ten paciencia— me dijo— Ahora ve a tu habitación por favor. Tu mamá y yo
tenemos que hablar.
Lo mire en silencio por un momento. Sabía que tenía todo el derecho en seguir preguntando lo que estaba pasando. Pero mire a mi mamá y ella estaba muy
nerviosa y asustada y mi papá estaba molesto y también se le veía asustado, así que hice lo que me pidió.
— Está bien— fue lo único que dije.
Subí a mi habitación y me acosté en mi cama. ¿Por qué no quieren que sepa lo que está pasando? ¿Qué quiso decir que me encontraron? ¿Quiénes me
encontraron, y de quien nos escondemos? Ellos nunca han tenido secretos conmigo, pero no sequé creer ahora. Pero debe de ser algo malo para que reaccionaran de esa
forma.
¿Qué tendrá que ver ese instituto Roustaen? Ni siquiera sé que es ¿Y porque tenía que pasar justo antes de mi cumpleaños? Las cosas se pondrán muy
tensas a partir de ahora, de eso estoy segura. Escucho como un auto se estaciona en la entrada de la casa. Al cabo de unos segundos, la puerta principal se abre, pero no
escucho a nadie hablando. Lo más seguro es que se fueran al estudio de mi padre. Quisiera bajar, pero no lo hago. No quiero que me descubran espiando conversaciones
ajenas. Además, mi padre me dijo que me iba a decir luego, y después de todo esto, yo le creo.
Para no pensar mucho en eso, decidí escuchar música, y al cabo de rato me quedo dormida. Algo me despierta, y al abrir mis ojos veo a mi mamá, y más atrás
de ella está mi papá. Me siento en la cama y los observo, parecen asustados y nerviosos. Así que soy la primera en hablar.
— ¿Pasa algo malo?— les pregunto.
— Cariño, mejor bajamos a la sala. Harrison nos está esperando— dice mi mamá.
Asiento y me levanto de la cama. Mis padres salen primero sin decir ninguna palabra, solo los sigo y bajamos las escaleras. Al llegar a la sala, veo que
Harrison está sentado. Harrison es un antiguo amigo de mi papá. Él es alto, tiene los ojos y el cabello oscuro, pareciera menor de lo que es.
Al verme, me sonríe, pero es una sonrisa forzada. Veo que mis padres se sientan juntos en el sofá, Harrison esta en otro, así que me siento en el otro sofá
individual que queda. Los tres están nerviosos, así que tiene que ser algo malo lo que está ocurriendo.
— Así que… ¿Qué está pasando?— les pregunto.
— Cariño, lo que te tenemos que decir es algo difícil de entender— dice mi mamá, mientras mira nerviosamente a mi papá— ¿Por qué no se lo explicas mejor
tu Mike?
— Creo que debería de decírselo yo— dice Harrison— No confío en ustedes para explicárselo sin confundirla más de lo que ya debe estar.
— Él tiene razón cielo— le dice mi papá tomando la mano de mi mamá.
— Solo díganme de una vez lo que está pasando, todo este suspenso me tiene nerviosa— les digo.
— Está bien, esto es muy difícil de decir, pero…— suspira y se pasa una mano por el cabello—Tus padres se han estado escondiendo desde hace años.
Ellos tuvieron que cambiar sus identidades y mudarse de estado para poder estar juntos, ya que su relación estaba, digamos que prohibida…— lo interrumpo.
— Espera un momento ¿tuvieron que escaparse? —digo confundida.
— Sería mejor que me dejaras terminar, como te estaba diciendo, ellos tuvieron que escaparse para poder estar juntos. Del lugar del cual venimos, no nos
permiten este tipo de relación— se detuvo para ver mi reacción. La verdad es que estaba sorprendida, ellos me habían mentido, pero era para estar juntos. Jamás me
podría enojar con ellos por ocultarme eso. El siguió— Luego, llegaste tú y las cosas se complicaron. Tuvieron que esconderte de todos. No dejaban que nadie se te
acercara y creo que siguen siendo un poco sobreprotectores contigo ¿no?
— Digamos que un poco es quedarse cortos— les digo sonriendo— Así que ¿Eso es todo? ¿Entonces, que tiene que ver esa carta que me llego? Porque solo
vi el nombre del instituto, no era una carta personal o algo por el estilo.
— Lo que te dije, era la parte sencilla de la historia. Lo que es verdaderamente difícil de creer, tiene que ver con la carta— dice Harrison, luego mira a mi papá
— ¿Quieres que siga?
— No quisiera pero…— parecía indeciso entre decirme o no— Lo mejor es que se entere hoy y no mañana.
— ¿Qué tiene que ver mañana?— les pregunto confundida.
— Es tu cumpleaños— dice mi mamá.
— ¿Y eso que tiene que ver?— les digo.
— Que vas a cumplir dieciochos años— dice mamá.
— No entiendo— les digo. Frunzo el ceño— Solo díganme lo que está pasando.
— Está bien, pero solo quiero que tengas la mente abierta a lo que te voy a decir ¿De acuerdo?— me pregunta Harrison. Asiento—Muy bien, tanto tus
padres como yo, no somos como la mayoría de las personas. Somos diferentes. Pertenecemos a un grupo llamado los Elementos.
— ¿Y que son los Elementos?— pregunto confundida, eso era lo que estaba escrito en la carta.
— Son personas que pueden manipular los elementos naturales— dice mi padre.
— ¿Cómo es eso de manipular los elementos?—pregunto confundida.
Mi padre y Harrison se miran entre sí, mi mamá está nerviosa, todos están algo tensos por lo que me tienen que decir.
— Nosotros podemos… ¿Cómo te explico sin confundirte?—dice Harrison— La verdad es que es difícil de describirlo, pero en resumen, las personas
llamados Elementos, pueden crear y usar los elemento naturales.
— ¿Crear? Eso no es posible…—empiezo a hablar pero me interrumpe Harrison.
—Te dije que tuvieras la mente abierta, y esto es a lo que me estaba refiriendo. Sé que es difícil de creer, pero es verdad. Somos un grupo muy discreto como
te darás cuenta— señala a mis padres y así mismo— Solo te hubieras enterado mañana, y eso si es que ocurre lo que nosotros pensamos, pero…
—Esperen, esperen, esperen ¿Quieren decir que ustedes pueden manipular los elementos? ¿Cómo poder usar el fuego sin quemarte y esas cosas? ¿Cómo es
posible? ¿Y qué tiene que ver conmigo? ¿Y mañana que va a pasar?— empiezo a preguntar como loca.
— Cálmate primero Arabell, déjame terminar de explicarte. Todavía falta lo más importante— Harrison me mira fijamente— Y sí, eso es a lo que me refiero.
Podemos usar el fuego sin quemarnos, pero no todos pueden manipular el fuego, otros pueden manipular el aire, otros el agua y otros la tierra— luego señala a mi papá
— Tu padre puede manipular el fuego como yo— señala a mi mamá — Tu madre puede manipular la tierra. También podemos…
Dejo de escuchar. Debo de estar soñando, estas cosas solo pasan en la televisión, no en la vida real ¿Cierto? Esto no puede ser. Me agarro del sofá muy
fuerte, abro la boca para decir algo, pero nada sale, no puedo pensar correctamente. Mis padres no pueden ser eso, ellos son normales. Jamás han hecho algo para
pensar que no lo son. Pero eso explica algunas cosas, como sus historias de adolescentes. Siempre se ponían nerviosos cuando preguntaba sobre su pasado, y lo
sobreprotectores que eran conmigo. Sabía que había padres así, pero lo de ellos era diferente.
De repente, me acorde de lo que decía la carta, que ellos me querían como nueva estudiante, y al final me llamaron elemento. Yo no soy como ellos, de eso
estoy segura.
— ¿Y ese instituto porque me mandó una carta diciendo que era una nueva estudiante? Yo… yo no hago nada de lo que ustedes hacen—apenas reconozco
mi voz cuando hablo.
— Todavía no, pero mañana sabremos. Cuando un hijo de dos Elementos cumple dieciocho años, sus poderes salen a relucir. El cuerpo de uno sufre un
cambio repentino justo a los 18 años. Tus sentidos se intensifican un poco más, pero del resto no cambias más, bueno solo que puedes controlar el fuego con tus
pensamientos— me sonríe— Normalmente los padres son de un mismo elemento, por lo que su hijo nace con las mismas habilidades que sus padres. La relación entre
dos personas de elementos distintos no se había visto jamás. Tus padres fueron los primeros. Por eso tuvieron que escaparse de donde estaban. No se sabe si un hijo de
dos padres de diferentes elementos podrá obtener alguna habilidad. Existe la posibilidad que no tengas ninguno, o puedes tener uno de ellos, también podrías tener los
dos, pero eso es imposible.
— ¿Mañana sabré si tengo o no esas habilidades? ¿Y qué pasa si las tengo? ¿Tendré que ir a esa escuela o instituto o lo que eso sea? ¿Y si no las tengo,
todavía tendré que ir allá?— estaba muy confundida, asustada y nerviosa. No sabía qué me iba a pasar, solo que mañana todo iba a cambiar.

Elementos – Daniela Fonseca

— No. Pase lo que pase tu no vas a ir a ese lugar— dijo mi papá. Parecía muy decidido.
— ¿Pero, como supieron dónde estábamos? ¿Cómo supieron de ella y de que tendría edad suficiente para ir al instituto? — preguntaba mi mamá algo
alterada.
— No lo sé. También estoy algo sorprendido. Pensé que estábamos seguros, que nadie sabría dónde nos encontrábamos y sobretodo, que nadie supiera de
Arabell— dijo mi papá.
— Lo más seguro es que nunca les han perdido la pista. Y si es así, ellos siempre han sabido de Arabell. Solo era cuestión de tiempo para que pasara algo
como esto— dijo Harrison.
— ¿Entonces, que vamos a hacer?— pregunto mi mamá.
— Nada. Ella no va a ir. No la voy a exponer a todo eso— dijo mi papá.
— Tu sabes que estoy de acuerdo contigo Mike— dice Harrison— Pero sabes que si ella no va, tenlo por seguro de que van a venir hasta acá y las cosas se
pueden poner algo feas.
— ¿Qué tan feas?—pregunté. Me empezaba a asustar. No quería que nada malo pasara.
— No lo sé. Y tampoco quisiéramos saber— dijo Harrison— Pero pensemos una cosa, a lo mejor, ellos no saben quién es ella— me señala — Podría ser que
la persona que sabe de ustedes, les dijo que ustedes eran una familia de elementos y que su hija tenía la edad requerida para entrar. El instituto tuvo que enviarle la carta
porque así dice el reglamento.
— Aunque ellos no sepan, todavía hay alguien que si sabe y puede ser peligroso para ella estar allá sola. No me voy a arriesgar a que le pase algo, y ni
siquiera estamos seguros de que ella va a obtener alguna habilidad— dice mi papá.
— Sería peligroso de todas formas si ella no va— se levanta Harrison de sofá— Ellos vendrían por ella, por nosotros. Nunca se sabe con los de la corte.
Ellos siempre hacen lo que se cree que es “mejor” para todos, y nos les importa lastimar a quien sea con tal de que las cosas se hagan como quieren. No sé tú, pero yo
no quisiera que me pasara algo, también tengo una familia a la que cuidar como tú.
Mi padre se veía devastado. Él sabía que Harrison tenía la razón, no importaba que él no quisiera, que mi mamá no quisiera. A la final, yo tendría que ir,
aunque no quisiera. Pero lo haría para salvarlos, ya que ellos lo hicieron por mí, ahora era mi turno de devolverles el sacrificio que hicieron al alejarme de ellos.
— Si el no ir resulta peligroso, entonces lo más adecuado sería que yo… que yo fuera— dije. Fue más un susurro.
Nadie dijo nada por unos momentos. Yo tenía la cabeza baja, me miraba las manos ya que no quería ver a mis padres. No quería que supieran que estaba
aterrada con toda la situación. Sabía que esto era lo correcto, me lo repetía varias veces en mi cabeza, pero eso no quitaba que estaba asustada, me estaba metiendo en un
mundo diferente al que conocía, un mundo que solo creía posible en la televisión.
Me levanto y me pongo en frente de mis padres. Mi mamá tiene lágrimas en los ojos y mi papá parece derrotado. Nunca los había visto así, siempre eran tan
felices, tan optimistas que ahora ya no los reconozco.
— ¿Por qué no me habían dicho algo antes? ¿Por qué esperaron tanto si sabían que podría pasar algo como esto? ¿Acaso no confían en mí, pensaban que yo
iba a decir algo sobre lo que ustedes son? ¿Es eso?— mi voz se quebró.
— Claro que no cariño— mi padre se levanta y me abraza— Solo no queríamos que supieras sobre ellos, no quería que nada malo te pasara.
— Pero si había alguna posibilidad de que yo pasara por el cambio, que cuando cumpliera dieciocho años las habilidades podrían aparecer ¿Acaso pensaron
que nunca las tendría y por eso se quedaron callados?
— La verdad era que esperábamos que nunca las tuvieras. Solo queríamos que tuvieras una vida normal, solo eso. Créenos por favor cariño, solo queremos lo
mejor para ti, tu eres lo más importante para tu padre y para mí— dice mi mamá mientras lloraba.
— Lo sé lo sé yo solo… yo solo… no sé qué pensar, estoy muy confundida—dije— Solo necesito tiempo para poder acostumbrarme a esto.
— Ese es el problema Bell, no tenemos mucho tiempo— dice Harrison.
— Solo nos queda esperar hasta mañana ¿verdad?—digo.
— Si—dice papá.
— ¿Y eso cómo funciona? ¿Cómo sabré que los tengo o no?—pregunte.
— Si lo tienes, vas a sentir algo en tu cuerpo, vas a sentirte diferente, más fuerte en todos los sentidos. Como todos, comienza con un mareo, luego la visión
se te puede volver borrosa. Luego de ahí, cada elemento reacciona diferente. Por ejemplo, cuando empecé el cambio, me empezó a dar como una fiebre. Sentía que me
estaba derritiendo desde adentro y no lo vas a poder controlar enseguida— lo miro horrorizada. Él me sonríe para calmarme y me da un beso en la mejilla— Cálmate
cariño, no es algo del cual vas a morir o algo parecido. Es doloroso sí, pero solo dura unos minutos hasta que tu cuerpo se acostumbra pero uno lo domina rápidamente,
es cuestión de días para que lo aprendas a usar. Por otro lado, tu mama sintió que todo le temblaba. Todo el cuerpo se entumecía y le costaba moverse hasta que el
cambio terminaba. Luego viene la parte de aprender a usar ese poder. Por supuesto, para eso está el instituto. A los nuevos como tú, les enseñan a usarlo
apropiadamente. Y si no lo tienes, vas a sentirte como todos los días.
— ¿Pero, cuando lo sabré? ¿Será en una hora especifica o qué?—pregunto.
— Normalmente eso ocurre a la hora en que naciste. Así que ¿A qué hora fue que naciste?— pregunta Harrison.
— Yo no sé— digo. Miro a mi mamá.
— Fue a las 4 de la madrugada— dice mi mamá— pensamos que nacería el 8 de septiembre, pero se adelantó una semana, por lo que nos tomó por sorpresa
— dice mamá sonriendo.
— Bueno Bell ahí tienes, a las 4 sabremos— dice Harrison. Se levanta del sillón y saca su teléfono— Voy a hablar con Diana para explicarle lo que está
sucediendo— mi padre asiente y luego Harrison sale hasta el patio para hablar con Diana, su esposa.
Todavía faltaban unas ocho horas antes de saber si tendría alguna de las habilidades de mis padres o ninguna.
— Todavía falta mucho, ¿Qué debería hacer?—dije.
— Lamentablemente no podemos hacer nada cariño, salvo esperar hasta que llegue la hora indicada— dice mi papá.
Ocho horas me separan de la verdad.
Ocho horas para saber mi destino.
Ocho horas para saber si soy un Elemento.

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