---------------

Libro PDF Esclava en tu cama y viaje de placer – Krista.E. Mollet

Esclava en tu cama y viaje de placer – Krista.E. Mollet

Descargar Libro PDF Esclava en tu cama y viaje de placer – Krista.E. Mollet


al darse cuenta que iba a hacer una nueva pregunta—. Sí.
Volvió a enderezarse y lo miró manteniéndose de pie con las manos en los costados.
—En el suelo —volvió a hablar él, sorprendiéndola.
Victoria miró la alfombra que había bajo sus pies.
—¿Aquí mismo?
Ya le habían avisado de las excentricidades de los clientes, incluso Luisa, aunque su amiga no había especificado nada realmente debido al contrato que firmaban
antes de comenzar a trabajar.
Victoria se apoyó en el sofá con una mano para dejarse caer más cómodamente en el suelo y se sentó con las piernas cruzadas.
—No —dijo él de pronto—, así no.
Victoria se cambió de postura, sentándose sobre sus piernas.
—¿Así?
—No —La voz del hombre parecía irritada—, quiero que te pongas de rodillas, a cuatro patas.
—Ah… sí.
Victoria dudó antes de obedecer, sintiéndose abochornada mientras se ponía a cuatro patas y sintió deseos de echar a correr cuando notó como el hombre se movía y
se acercaba a ella, agarrándole el culo con las dos manos y lo pegaba a su cuerpo.
—Así, exactamente como un perro —murmuró él con voz agitada.
Capitulo 3
Victoria apretó los puños con fuerza, manteniendo las manos en el suelo cuando notó como las manos del hombre le levantaba la falda y le acariciaba el sexo con una
mano bajo sus braguitas rosas hasta que la penetró con un dedo.
Había tenido varias relaciones y nunca de ellas había terminado bien porque siempre le acusaban que no se implicaba completamente en ella, pero hasta ese
momento Victoria no había sentido el sexo como algo satisfactorio, nunca la habían estimulado lo suficiente y dudaba que ese tipo de sexo le ayudara a sentir un
orgasmo como aseguraban que se sentían.
—Abra más las piernas —le ordenó él, moviéndole las piernas.
Victoria obedeció, recordando que necesitaba el dinero.
Y que tampoco quería ser golpeada si se negaba a continuar en ese momento.
Contuvo la respiración y esperó a ser penetrada en cualquier momento, pero el momento se demoró bastante, haciendo que las caricias que aquella mano le ejercía,
hasta alcanzar su vientre y estimulando su sexo, comenzaran a excitarla, algo que de pronto le hacían sentir como si estuviera haciendo algo malo, como si lo que estaba
sintiendo en ese momento fuera algo que no debía sentir.
Y no es que las caricias no debieran excitarla o debiera disfrutar de ello, pero la situación en la que se encontraba, la posición y la forma no le parecía lo más decoroso
para comenzar a disfrutar del sexo.
Pero una cosa era pensarlo y otra cosa no dejarse llevar por las emociones, incluso cuando al final notó como el miembro duro del hombre la penetró impasible,
empujando su cuerpo en cada embestida y haciendo que alcanzara el paraíso como jamás antes lo había sentido.
—Levántese —escuchó que decía nada más eyaculó y se apartó de ella, sin antes taparla con la falda.
Victoria se puso en pie y se ajustó las bragas y la falda, dándose la vuelta con el rostro encendido para volver a mirar al hombre que se había vuelto a alejar.
Por un momento se sintió furiosa, pero sabía que lo sentía más hacia ella misma que hacia él y apretó los dientes, recordándose que ella era quien había aceptado ese
trabajo y sabía de qué trataba.
Se quedó de pie, a la espera de una nueva orden y se recordó que aquel sólo era el primer día de dos semanas que tendría que pasar allí encerrada soportando lo que
él quisiera hacer con ella.
—Mientras estés aquí me llamará Norman.
Victoria se sorprendió de que le diera un nombre, aunque suponía que no sería el verdadero.
—Sí —dijo, manteniendo la calma.
—El servicio vendrá solo a las mañanas y durante ese tiempo no quiero que salgas de la habitación, no quiero que nadie te vea.
La escondía como a un animal.
—Si quiero algo o quiere algo fuera del horario del servicio se encargará de prepararlo.
También quería una criada, ¿eh?
—Sí.
—Hará todo lo que yo le diga.
¿Eso no había quedado claro en ese momento?
—Sí.
—Sin oponerse.
—Sí.
—Sígame, te enseñaré tu habitación.
Victoria lo vio acercarse a la puerta y esperó expectante para verle el rostro y cuando finalmente éste quedó a la vista, contuvo una exclamación.
Por el cuello y parte de la cara le recorría una línea roja, una fea cicatriz que realmente no conseguía hacer feo aquel rostro serio y afilado. Llevaba el cabello bastante
largo, posiblemente para ocultar con él la cicatriz y unos ojos azul oscuro hablaban de la sombra de un corazón herido.
No era su intención y Victoria se recordó que había sido contratada por él para sufrir vejaciones, pero no pudo evitar sentir cierta simpatía y pena por él.
—¿Repugnante?
Victoria parpadeó confusa, mirándole a los ojos.
—¿Cómo?
—¿Te resulta repugnante la cicatriz?
Dudó un momento si debía responder sinceramente o no.
—No realmente.
—Ya.
¿Para qué se lo preguntaba si no iba a creerla de todos modos?
—¿Puedo preguntarle cómo se la hizo?
—No, no puede.
—Vale.
—Sígueme.
—Sí.
Victoria se apresuró a coger la maleta que había dejado en la puerta y lo siguió, subiendo por las escaleras hasta detenerse a unos pasos de Norman, frente a una
puerta. Esperó a que ella llegara a su lado para abrirla y mostrarla.
Era bonita, hasta acogedora, y la luz del sol daba en el interior, caldeándola. Una cama estaba cubierta por un fino edredón beis con flores y un armario hacía juego
con una moderna mesita de noche.
—Esta será tu habitación durante estas semanas.
—Sí.
—La mía es aquella.
Victoria miró hacia la habitación de al lado, la que Norman señalaba con el dedo.
—Cada vez que te llame, acudirás a ella.
Era obvio que él no iba a ir a la suya.
—Por supuesto.
—Acomódese. Mi despacho está abajo a la izquierda. Venga en cuanto termine.
Al menos le dejaba un minuto de respiro. Victoria no estaba segura de qué pensar sobre eso.
—Gracias.
Tampoco es como si importase mucho lo que ella pensara o no.
Victoria esperó a que Norman se alejara por las escaleras para cerrar la puerta y dejar la maleta en el suelo agotada.
—Necesito una ducha.
Con desinfectante realmente.
Revisó el cuarto de baño que había en una habitación interior y abrió el grifo de la ducha antes de decidirse a quitarse la ropa y a ducharse, dejando que el agua
caliente cayera por su piel desnuda como un bálsamo y se llevó una mano entre las piernas, a la misma zona donde él la había estado acariciando y recordó la manera que
la había penetrado… y como el placer le había hecho estremecerse.
—Es humillante —protestó, dando un puñetazo en la pared.
Pero le había gustado, eso era evidente.
Capitulo 4
—¿Que has hecho qué?
Norman se pasó el teléfono de una mano a otra, apartándoselo de la oreja un momento.
—Te lo acabo de decir, ¿no?
—Norman, has comprado una puta, es lo que me acabas de decir.
—Es una casa legal con chicas preparadas para ofrecer ciertos servicios.
—Puedes llamarlo como quieras pero sigue siendo una puta.
—Philip, esperaba que me apoyases.
—Te recomendé que buscaras una mujer, no una puta.
—No necesito a nadie más en mi vida.
—Norman, Kelly murió hace más de diez años. Encontrar una novia, casarte, tener hijos. Eso es lo normal.
—Lo normal, ¿eh?
Ya ni siquiera sabía qué era lo normal. Odiaba a las mujeres porque ninguna de ellas era Kelly, su esposa, su novia desde los quince años, la mujer más maravillosa
del mundo, la que le habían arrebatado en aquel accidente por el cual tenía esa cicatriz.
Pero al menos él seguía vivo.
Y estarlo solo era una tortura.
Era cierto que el tiempo disminuye el dolor, pero Norman se sentía vacío, sin ningún sentido para seguir viviendo y no creía que forzarse a sonreír a una mujer que
no dejaría de mirarle la cicatriz le ayudara a superar el accidente de una vez.
Quería vivir en paz. No creía estar pidiendo mucho, pero las relaciones que había tenido tras la muerte de Kelly siempre le exigían algo más, por muy repugnante
que consideraran la cicatriz que le recorría parte del cuerpo, estaban dispuestas a casarse con él siempre y cuando pudieran disfrutar de su fortuna. Se había hastiado,
pero eso no significaba que no necesitara una mujer para satisfacer sus necesidades.
Y era exactamente lo que había hecho.
Norman sabía que no había nada más discreto y complaciente que una mujer a la que se le pagaba por sus servicios.
Y la consideraba más honestas que las mujeres con las que había estado hasta ahora. Al menos ella exigía un precio desde el principio, no iba fingido ser una señorita
enamorada.
—Sí, lo normal. Y te lo estoy diciendo porque soy tu hermano y te quiero.
—Pues si eso es verdad, apóyame en algo para variar y deja de ver mal todo lo que hago.
—Pero no haces nada bien desde la muerte de Kelly.
—Deja de mencionarla.
—Por mucho que no lo quieras admitir…
—¡Sé que está muerta!
Lo sabía muy bien.
Cada vez que se acostaba, cada vez que se levantaba, cuando se asomaba a la ventana, incluso cuando respiraba sentía su ausencia, ¿cómo podía fingir que no estaba
muerta?
—Norman.
Norman suspiró.
—Mejor hablamos en otro momento.
—Espera.
—¿Qué?
—¿Qué sabes de la mujer que tienes en casa?
—Nada.
—Parece mentira que a estas alturas te pongas a vivir con una desconocida.
—Todo irá bien.
—Sabes que no quiero que te hagan daño.
—Sólo es sexo, Philip, no amor. No voy a salir herido. Sé perfectamente la diferencia.
Vaya que sí la sabía.
—Eso espero.
—Hablamos más adelante.
—Mantenme informado.
—Como quieras.
Norman colgó el teléfono y miró hacia la puerta cerrada.
También sabía que se había comportado como un cretino con la chica, pero se había dejado llevar. También era nuevo para él contratar a una prostituta y había
deseado a aquella mujer nada más verla.
Victoria, si era realmente su nombre, tenía una actitud arrogante. Había entrado con la cabeza en alto y mirándolo todo desafiante.
Norman no había podido acordarse inmediatamente de Kelly, siempre con una mirada decidida y desafiante fuera cual fuera el riesgo. La figura también era parecido,
al igual que el cabello rubio y la piel clara. Sólo fallaban los ojos. Los de Kelly habían tenido un matiz verdoso, los de aquella mujer eran más de la miel tostada.
Pero la había deseado.
Como jamás había deseado antes a una mujer desde la muerte de Kelly.
—Pero esa mujer no eres tú, Kelly.
Norman echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos.
Debía comportarse. Puede que no fuera Kelly, puede que hubiera contratado sus servicios y que fuera una prostituta, pero seguía siendo una persona y él había sido
un capullo.
Capitulo 5
Victoria apartó la mano de la puerta de lo que suponía —y había acertado—, era el despacho de Norman.
No había pretendido escuchar la conversación. Nunca había sido propio de ella cotillear los temas personales de los demás, pero haberlo hecho hacia que se sintiera
un poco mejor. O más aliviada.
Después de todo, Norman no era un monstruo, y eso que la primera impresión no había sido la mejor, pero el hombre tenia sentimientos, y por lo visto también
había tenido una vez a alguien a quien dar su corazón.
Y había perdido a ese alguien.
Victoria no se ponía exactamente en su lugar. Ella nunca había amado tanto a alguien como para obsesionarse por una de las ruptura. Si algo terminaba era porque
había llegado a su fin. Nunca le costó trabajo decir adiós y continuar con su vida.
Pero ella también había perdido a alguien. Y también en circunstancias en las que uno no se lo espera. Sus padres habían muerto hacia un año. Catorce meses
realmente y el dolor de su recuerdo aún le hacia que sintiera deseos de echarse a llorar.
Tal vez por eso se negaba a perder la casa donde había crecido, la casa donde guardaba todos los recuerdos de sus padres.
Y eso hacia que se sintiera un poco más cercana a Norman, un hombre que después de tantos años lloraba la muerte de su mujer.
—¿Dónde has estado todos estos años?
En realidad le parecía increíble que existiera un hombre con sentimientos tan profundos por alguien y eso hacia que se le acelerara un poco el corazón.
Además, ¿qué había sido eso de que ella no era la mujer muerta? ¿La comparaba con ella?
Victoria suspiró, dejando que pasara un poco de tiempo antes de decidirse a llamar a la puerta, tal vez dándole un poco de espacio, pero se apartó rápidamente de la
pared cuando la puerta se abrió bruscamente y Norman salió del despacho.
Los dos se miraron sorprendidos. Era evidente que ninguno de los dos había esperado encontrar al otro.
—¿Qué haces aquí?
Victoria dudó, carraspeando suavemente con la esperanza de pasar desapercibida.
—Me dijiste que bajara y fuera a tu despacho.
Norman la miró detenidamente.
—¿Llevas mucho tiempo aquí?
—Acabo de bajar —mintió rápidamente.
Norman volvió a mirarla en silencio.
—Ven conmigo.
En mandón se llevaba un premio.
—Sí.
Victoria se mantuvo varios pasos por detrás de Norman, caminando lentamente a su espalda.
—Esta es la cocina.
Victoria asomó la cabeza para apreciar la bonita y ordenada cocina que había dentro. La tenía tan impecable que no parecía que alguien la estuviera usando.
—Es… bonita —murmuró, sintiendo la obligación de decir algo.
—Sigamos.
Una a una, Norman fue enseñando cada una de las estancias de la casa, abriéndole la puerta mientras ella seguía la rutina de asomarse y decir algo al respecto hasta
que Norman se saltó una de las habitaciones de la planta de arriba.
—¿Y esta?
—En esa no hace falta que entres. Está cerrada con llave.
Victoria casi imaginaba de qué trataba todo aquello después de haber escuchado la llamada telefónica.
—De acuerdo —murmuró, pasando de largo, siguiéndolo de cerca hasta llegar a su habitación.
—Además, no me gusta que me hagas preguntas o cuestiones mis palabras.
—No era mi intención.
Y no lo era. Simplemente había preguntado sin pensar, aunque admitía que sentía algo de curiosidad, pero no tanta como para hacer de sus dos semanas allí un
infierno.
—Que no se repita.
—No lo haré.
—Mi habitación.
Victoria repitió lo mismo que en las otras, y miró el interior. Demasiado serio, demasiado vacío.
—La que queda es la mía.
Y con eso había terminado de conocer la casa, ¿y ahora qué era lo que tocaba? Dudaba que fuera a pasearla por el jardín.
—Ya que conoce toda la casa, si tengo que pedirla que vaya a alguna o haga algo en una, no tendré que explicarle donde se encuentra, ¿verdad?
¿Así que para eso había sido el paseo?
—No. Está todo claro.
—Estupendo. Bajemos al despacho.
Los dos bajaron las escaleras en silencio y Victoria aceptó la cortesía de Norman cuando le abrió la puerta del despacho y la invitó a pasar primero.
—Como ya le dije antes… Siéntese —añadió al ver que ella permanecía de pie y pareció algo confuso, aunque Victoria notó lo rápido que recuperaba aquel hombre
la compostura—, el servicio vendrá por las mañanas. Usted estará en su habitación sin salir. El servicio está avisado de no molestarla, así que no tendrá ningún
problema.
—Sí, de acuerdo.
—A excepción de hoy, trabajo todos los días menos los sábados y domingos. Estaré ausente por las mañanas. Regresaré sobre las tres pero quiero que me esperes
para comer y acudas a la puerta para recibirme.
¿Exactamente como un perro? Victoria notó como se erguía pero se detuvo prudentemente y trató de sonreír.
—Por supuesto.
Comenzaba a hartarse de dar siempre la misma respuesta.
—Como también le dije, cada noche o cada momento que yo lo desee, pasará a mi habitación.
—Por supuesto.
—Cuando salgamos…
Victoria levantó la cabeza, sorprendida.
—¿Salir?
El ceño de Norman se arrugó y Victoria cerró lentamente los labios, desviando la mirada con esfuerzo y miró de refilón la cicatriz que adornaba el lado de la cara.
—Perdón —musitó con esfuerzo.
—Cuando salgamos —insistió—, no iremos a ningún lugar donde espero encontrarme con alguien.
Desde luego que no, pero aún así Victoria no podía evitar animarse por no tener que encontrarse encerrada allí todo el dia durante dos semanas.
—Entiendo.
—Pero si por casualidad —el tono se hizo mas duro y Victoria volvió a mirarle a los ojos—, se produjera un encuentro, te presentaré como una amiga y quiero que
permanezca en silencio, que no diga nada.
Que no abriese la boca para dejarlo en evidencia.
—Lo he entendido.
Y perfectamente en realidad, pero solo tenían que ser dos semanas, después se olvidaría de todo aquello. Pero si al menos mientras podía disfrutar un poco de aire
fresco, cualquier norma daba igual mientras ésta no fuera humillarla delante de los demás.
—Eso es todo. Tengo que trabajar… váyase, comeremos a las tres. Ya sabe donde está el comedor. La comida la han dejado preparada. Espero que no sea n
inconveniente que la tenga en la mesa a esa hora.
Y si era un inconveniente daba igual. Lo decía de manera muy bonita, pero en realidad era una orden… una a la que antes había intentado dar una explicación sin darse
cuenta.
Victoria se levantó, poniendo las manos sobre la silla.
—Estará todo listo.
¿Cuánto de maldad había realmente en aquel hombre?
Le dio la espalda y salio de la habitación en silencio, cerrándola y se giró para mirarla.
—¿Por qué insistes tanto en pretender ser cruel?
Capitulo 6
Aunque Victoria estaba cada vez mas segura que todo lo que Norman hacía era una puesta en escena tratando de mostrarse despiadado, la realidad era que después
de una semana si era lo que pretendía mostrar, lo estaba consiguiendo.
Era mezquino, un completo déspota y lo demostraba cada vez que la requería para satisfacerse sexualmente.
Y lo peor de todo era que lo disfrutaba.
Durante las sesiones la ordenaba hacer cosas humillantes, posturas indecorosas y la tomaba siempre violentamente, sin cuidado, sin mostrarse dulce o amable y
siempre la echaba nada más terminar o se iba impasible, dejándola en cualquier lado tirada si no había ocurrido en su habitación.
Pero todas y cada una de las veces, Victoria había llegado al orgasmo, sintiendo tanto placer que había creído que terminaría perdiendo el conocimiento.
Pero también estaban esos momentos en los que su presencia se hacía casi especial. Cuando comían juntos, cuando Norman se permitía algún momento para ver la
tele con ella en el salón. Parecía hasta relajado y en ocasiones hasta había bromeado con ella o hablado como si la situación que les unía no era esa.
Pocas veces.
En cuanto se daba cuenta que sonreía reía o había bajado la guardia a su lado, se ponía muy serio, taciturno y la sombra que había en su mirada parecía agravarse,
como si algo le atormentase y en algunas de esas ocasiones, era cuando la tomaba más duramente, como si quisiera dejar claro algo.
—Mañana saldremos a cenar.
—¿En serio?
Victoria se levantó y empezó a recoger los platos. Lo curioso de todo aquello era que desde el principio, Norman no se había quedado sentado, esperando a que ella
los metiera en el lavavajillas, ni se marchaba. Se había levantado y había dejado claro que era una tarea que sabía hacer perfectamente y que la hacía regularmente.
—He quedado con alguien.
Eso era nuevo.
—¿Puedo saber con quién?
—Mi hermano.
Victoria estuvo a punto de dejar caer uno de los platos y miró a Norman sin intentar ocultar la sorpresa y prefirió ignorar la manera en la que había comenzado a
latirle el corazón.
—Sé que no debo preguntar, pero me sorprende que me quieras llevar con tu familia.
—No hay diferencia de lo tratado hasta ahora —dijo él, dejando los platos en la fregadera.
Vitoria siguió mirándolo.
—No entiendo.
—Espero que se mantenga callada.
Victoria parpadeó, confusa.
—¿Quiere que vaya a una cena con alguien sin que abra la boca?
—Eso es exactamente lo que he dicho.
Norman salió del comedor y Victoria se apresuró a ir tras él.
—Eso no es posible.
Norman se detuvo bruscamente y Victoria estuvo a punto de chocar con su espalda, pero consiguió frenase a tiempo para ver la mirada colérica del hombre.
—Las normas nunca han cambiado. No se confunda. Prepárese para esta noche.
Victoria apretó los puños, manteniéndolos lejos de la mirada de Norman y tardó varios segundos en desviar finalmente la mirada de sus ojos.
—Ha quedado claro —murmuró con esfuerzo.
***********************
Norman se dio la vuelta al llegar a la puerta de su despacho para ver entrar a Victoria echa una furia en la cocina para terminar con los platos y sonrió débilmente.
De alguna manera encontraba muy divertido el autocontrol de esa mujer.
Había sido una sorpresa descubrir que la mujer que habían prometido en la casa de citas para la que trabajaba Victoria, sumisa, dócil y obediente, era únicamente un
papel representado que le costaba mucho interpretar y que escondía una mujer con carácter, con mucho, para ser más precisos.
Al principio le había molestado, se había sentido engañado, pero al final le había resultado una diversión morbosa a un punto que no sabía que existía.
Le intrigaba esa mujer, incluso había pensado en investigarla pero su parte del contrato le indicaba que debía respetar la intimidad y privacidad del personal enviado
a realzar los servicios y eso era obvio que le traería problemas legales si se descubría.
Por ahora había decidido dejarlo estar pese a las recomendaciones de Philip que parecía más nervioso por el asunto que él.
—Ni siquiera sabes si tiene antecedentes.
—Eso me da igual.
—Ni si es drogadicta.
—Pr ahora lo disimula bien.
Philip había bufado, incrédulo.
—Quiero conocerla.
—¿Para qué?
Hasta Norman había notado como se ponía a la defensiva.
—Solo te pido verla. Me aseguraré que no hay nada extraño en ella y después os felicitaré sin remordimientos.
—¿Felicitarnos?
—¿Crees que soy ciego? Hasta sonríes de vez en cuando.
Norman se había enfadado, sin admitir que la presencia de Victoria le estaba endulzando el carácter. Se sentía de mejor humor y quería llegar a casa para verla, pero
del mismo modo eso hacía que se sintiera más irritado. Sabía lo que era Victoria, sabía lo que había contratado; la forma de pensar que tenía en ese momento era la
errónea.
Pero no le daba demasiadas vueltas a eso.
Al final había aceptado la propuesta de su hermano y habían decidido ir a cenar juntos, usando una de las normas de guardar silencio con la gente que él conociera
únicamente para humillarla y hacer que Victoria terminara sacando su carácter. Quería verla furiosa, altanera, capaz de enfrentarse a él.
Pero por ahora lo había soportado todo, incluso las peores vejaciones a la que la había sometido.
Pero dudaba que una mujer así terminara soportando lo de esa noche.
Norman se asomó a la ventana y sonrió.
Capitulo 7
—Es un placer conocerte.
Victoria sonrió y estrechó la mano de Philip, el hermano de Norman y el de Susan, su esposa que parecieron un poco incómodos cuando ella se limitó a estrecharles
las manos en silencio.
Durante toda la velada, la situación no mejoró. La hicieron preguntas y ella se limitó a mirarles, asintió y negó mucho con la cabeza y sonrió bastante más, pero no
intentó ni abrir la boca, ni siquiera intentó decir nada cuando Norman eligió por ella el menú.
—Tiene prohibido hablar.
Eso les había dicho Norman cuando Susan, una mujer que tenía una mirada muy dulce le preguntó si le pasaba algo.
—¿Prohibido?
—Sí.
—¿Por qué? ¿Está enferma? ¿Es alguna recomendación del medico?
Victoria había fulminado a Norman con la mirada, pero él la había ignorado.
—No, yo se lo he prohibido.
—¿Qué?
Susan se había quedado indignada y Philip se había llevado las manos a la cabeza.
—No es tu dueño —le había dicho Susan, arrastrándola a un lado—. No tienes que obedecerlo.
Victoria había sentido la mirada de Norman fija en ella y solo había sonreído agradecida, sin decir nada.
—Para con esta estupidez.
Philip había intentado razonar con Norman, peo éste se había mantenido firme hasta que le dijo algo a su hermano en voz baja, donde ellas no consiguieron escuchar
y después dejó el tema.
Solo Susan insistió, mostrándose enfadada, incluso con su marido.
—Es cosa de ellos —intentó calmarla—. No tenemos que meternos.
—Al final tú eres tan imbécil como Norman.
—No lo entiendes, Susan.
—¿Entender? —Susan los miró a todos, furiosa—, ¿Qué se supone que tengo que entender? Venga, hablar.
—La he comprado, Susan.
Philip suspiró dramaticamente y Susan los miró a los dos, primero a Norman y luego a ella, incrédula.
—¿Comprado? ¿Esto… esto es una especie de broma?
—No mira, Susan.
Philip se volvió hacia su mujer, pero Susan lo apartó sin prestarle atención.
—Quiero que me expliques esto, Norman. Y quiero que me lo expliques ahora.
—No hay nada que explicar. He comprado sus servicios durante quince días y le he ordenado que no hable. Eso es todo.
Victoria se mordió la lengua. En su vida había pasado un momento tan bochornoso. Sin pensarlo, o puede que decidida a que su integridad era más valiosa que la casa
por la que estaba haciendo ese trabajo, se levantó bruscamente, haciendo que todos se callaran y la miraran y agarró su copa de vino y le tiró el contenido encima a
Norman, recogiendo su bolso inmediatamente después y salió fuera del restaurante.
Todo ello en silencio.
—Espera.
Victoria se giró.
Susan corría fuera del restaurante y la agarró de los hombros.
—No tengo muy claro lo que estás haciendo, ¿planeas hablar o piensas seguir obedeciendo y en silencio?
Esa era una buena pregunta, pero dudaba que fuera a conservar el puesto de trabajo sin problemas después de lo que acababa de hacer. Aún así, respondió con un
cabeceo, asintiendo en silencio.
—Sólo dime una cosa.
Susan se puso completamente enfrente de ella y le agarró de los hombros, mirándola muy seria.
Victoria asintió lentamente con la cabeza.
—Dime que lo haces porque quieres, no porque él te lo está ordenando.
Victoria lo miró agradecida y supo que en otras circunstancias esa chica y ella se harían amigas.
En otras circunstancias.
Victoria volvió a sonreír y asintió con más firmeza.
Sí, lo hacía porque ella quería pero cada día le resultaba más duro aquel trabajo. Le hubiera gustado conocer a Norman en otras circunstancias, hablar con él, averiguar
su pasado, su presente y egoístamente quería convertirse en la mujer que le hiciera superar la muerte de su mujer, aquella persona que hacía que aún se sentara con la
mirada pérdida.
Quería poder permitirse enamorarse de él.
Quería que él la amase.
—Entonces no diré nada más.
Victoria volvió a asentir y escuchó con rigidez como Philip y Norman se acrcaba a ellas. Susan se cruzó inmediatamente de brazos y se puso muy seria.
—Será mejor que no me dirijas la palabra en un tiempo.
—Vamos, Susan —protestó Philip a la defensiva—, ¿qué te he hecho?
—Más que suficiente.
—Susan…
Philip trató de acercarse a su mujer pero Susan levantó una mano para impedirle continuar caminando.
—Ni te acerques.
—¡Qué yo no he hecho nada!
—Y tú —Susan ignoró a Philip y señaló a Norman con una uña pintada de rosa.
—¿Qué pasa conmigo?
La sonrisa de Norman no decía realmente nada.
—Nada.
Susan sonrió, un instante, antes de levantar la mano y cruzarle la cara con una bofetada.
Victoria abrió mucho los ojos impresionada y miró la reacción de Norman.
Durante un rato, unos segundos muy largos, pareció que todo se detenía, y curiosamente, fue Norman el primero en reaccionar, llevándose la mano a la mejilla se la
frotó exageradamente.
—¿Ya estás satisfecha?
Susan lo fulminó con la mirada.
—No lo suficiente.
—¿Quieres darme otro golpe?
—Si no te importa…
—Bueno, suficiente.
Philip se puso en medio de los dos, agarrando las muñecas de su mujer, tal vez por miedo a que la segunda bofetada se la llevase a él.
—Espero que nos volvamos a ver —gritó Susan, intentando despedirse de ella con una mano.
Victoria también se despidió con una mano hasta que se alejaron en el coche y los dos se quedaron a solas. Victoria se revolvió incómoda y miró de reojo a Norman
que también la miraba.
—¿No es el momento de que hablemos de algo?
Victoria tardó unos instantes en girarse y mirarlo directamente, asintiendo en silencio.
Capitulo 8
—¿Ahora me está permitido hablar?
Norman contuvo una sonrisa ante el tono de reproche con el que estaba cargada la pregunta de Victoria.
—Pensaba que habías dejado claro que no te importaba ese punto en el restaurante.
—En ningún momento hablé.
Eso era cierto.
—¿Crees que quería que me tiraras algo encima?
Victoria se encogió indiferente de hombros.
—De eso no hablaban tus normas.
Y de hecho, es también era cierto.
—¿Así que piensas que como no hablaste, debo perdonarte tu actitud?
Victoria volvió a encogerse de hombros.
—Puedes hacer lo que quieras.
Estaba tan furiosa que le costaba mantener la compostura, pero Norman no podía admitir que era exactamente ahí donde la había querido tener.
—¿Te has olvidado de la posición en la que te encuentras?
—¿La posición?
—Eres una prostituta.
Por la manera en la que Victoria se movió y la forma en la que apartó el brazo del cuerpo, Norman sospechó que aquel sería el segundo golpe que recibiría esa noche,
pero Victoria volvió a contenerse.
—Es cierto —admitió ella lentamente—. Y me gano muy bien el dinero cada noche, ¿o no te lo parece?
La furia brillaba en sus ojos y Norman sonrió finalmente, descolorándola.
—Si no te gusta esa manera, ¿por qué no lo dijiste?
Victoria abrió mucho los ojos y por unos momentos no hizo nada, pero esta vez Norman no vio venir la bofetada que le dio.
—¿Por qué no lo dije?
Victoria bajó la mano lentamente, por un momento con una expresión culpable por lo que acababa d hacer, pero Norman la agarró por la cintura y la barbilla,
levantándole la cabeza para besarla con fuerza, devorando sus labios intensamente, haciendo que ella se derritiera en su abrazo y le devolviera el beso.
—Nunca te prohibí que dijeras lo que te gustaba o no —aseguró él, apartándose de sus labios de mala gana.
Victoria bufó, sin alejarse realmente.
—Nunca dijiste que pudiera hacer nada que no lo hubieras ordenado.
—Eso es cierto.
Norman sonrió.
—¿Entonces quieres que te diga lo que me gusta y lo que no?
—No estará mal hacer ago diferente para variar.
—Haces que suene que no te gustaba el sexo que estabas teniendo hasta ahora.
Norman se encogió de hombros, haciendo que Victoria entrecerrara los ojos.
—Reconozco que tenía su morbo.
—Bien, entonces, ¿por qué no me ordenas algo diferente?
—Hm.
Norman volvió a besarla.
—Primero volvamos a casa.
Capitulo 9
Victoria permitió que Norman le quitara lentamente la ropa, besándola dulcemente en los brazos, en el cuello, en la barbilla, en los pechos, que descendiera
lentamente por su piel desnuda hasta que finalmente la tumbó sobre la cama y se tumbó sobre ella, buscando su mirada.
—¿Esto es realmente cómo quieres hacerlo?
Prefería preguntárselo para que luego no hubiera ningún problema.
Victoria ya había reconocido que le gustaba Norman, que le volvía loca y que daba igual la manera con la que le hiciera el amor; él conseguía hacerla experimentar el
placer que tantos años había estado buscando.
Las manos de Norman, los lugares donde ellas tocaban hacían que se le elevara la temperatura.
—No preguntes nada ahora.
Los dedos de Norman rozaron sus labios para callarla y Victoria se los besó, succionándolos dentro de su boca.
—Pensé que no te gustaba de la otra manera.
Victoria sonrió.
—Quien sabe.
Norman apartó los dedos y se inclinó para besarla en los labios, acomodándose entre sus piernas y buscaba el acceso más fácil para penetrarla.
Victoria esperó la primera embestida ansiosa por sentir la carne de Norman dentro de ella, disfrutando de la dulcera de aquel hombre y deseando olvidar el único
motivo por el que Norman la tenía allí
Ella había sido comprada… no tenia que olvidar eso.
Pero mientras Victoria enredaba los brazos alrededor del cuello de Norman y su cuerpo se estremecía de placer, su mente no estaba para recordarlo.
—¿Planeas cambiar algo de las normas que pusiste o piensas dejarlas como antes?
Lo ocurrido fuera del restaurante y después hacían que Victoria se sintiera capaz de hablar del tema.
Incluso Norman no la había echado de la habitación nada más correrse, sino que la había abrazado y aún se aferraba a su cuerpo.
—Seguramente.
—¿Y eso qué quiere decir?
Victoria se incorporó un poco, pero no tanto como para apartarlo de ella.
—Como has dicho, cambios tienen que haber.
Norman se levantó, apartando lis brazos de ella y Victoria sintió miedo. Su expresión se había vuelto taciturna y parecía tener prisa de pronto por alejarse de ella.
—¿Norman?
—Quédate a dormir en la habitación.
Victoria esperó a que Norman saliera completamente para levantarse y moverse hacia el cuarto de baño a darse una ducha.
Había sido un día extraño, diferente y no sabía muy bien cómo decidir que había sido el final del día.
Por un momento había creído que entre ella y Norman había existido algo más que un contrato, pero en el momento que él había salido de la habitación, le habían
dejado una sensación de angustia.
Posiblemente solo ella había terminado enamorada.
Victoria apoyó la mano en la pared y dejó que el agua siguiera cayendo sobre su cuerpo desnudo.
—Voy a sufrir.
Ya ni siquiera la importaba el dinero para la casa, pero no había marcha atrás.
Además, había conocido a Norman gracias a aquello.
Y gracias a aquello en cuatro días tendría que decirle adiós.
—Mierda —musitó, sintiendo un dolor en el pecho.
Capitulo 10
—¿Qué?
Norman miró a Victoria impasible.
Había estado toda la noche dándole vueltas al asunto, sin poder dormir, pero había llegado a una decisión y no solía echarse atrás.
—Creo que te dije que no quería que cuestionases mis palabras.

Web del Autor

Clic Aqui Pagina Oficial

Si no sabes descargar mira este video tutorial

[sociallocker]
[popfly]

Descargar 

Leer en online
[/popfly] [/sociallocker]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!
---------