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Libro PDF Explosión Trapecio 2 – Tania Gialluca

Explosión (Trapecio 2) – Tania Gialluca

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burlándose, mostrándome cómo
comenzó todo, desde la noche que me
escabullí, para ver la función de Verano.
Cristian, mi mejor y ahora fallecido
amigo, me había mostrado la magia de
ese mundo, pero jamás tuve los ojos
abiertos a la realidad que tenía en frente.
Antes de que terminara la función,
salimos a la calle, donde fuimos
descubiertos y perseguidos por los
agentes del Imperio.
Éramos parte de la escoria, Cristian y
yo, lo fuimos desde el día de la Cacería,
cuando nuestros padres fueron fusilados
por ser rebeldes, y a todos nosotros, nos
enviaron a vivir con familiares de mejor
posición económica, los cuales podrían
mantenernos y hacerse cargo.
La oportunidad que nos dieron de
vivir, fue debido a nuestra corta edad,
ya que lo niños mayores de tres años,
fueron masacrados de igual manera que
sus padres o tutores.
Desde pequeños, nos hicimos amigos,
formamos un vínculo tan fuerte, que no
existía fuerza en la tierra que lograra
destruirlo.
La imagen de Cristian, aparece, como
un recordatorio de todo lo que he dejado
atrás, y duele… duele muchísimo,
porque en este momento, lo único que
deseo, es volver a ese lugar, donde
contaba con su compañía. Quisiera
hablar con él, contarle lo que me está
ocurriendo y que me dé su protección,
para poder enfrentarlo todo.
Él me salvó la noche de la función,
me liberó de la persecución, pero luego,
todo se salió de control. Cuando llegué a
casa de mis tíos, mi prima Ángela estaba
esperándome, para entregarme a los
agentes. Logré escapar, pero pronto me
alcanzaron, me golpearon con crueldad,
en el piso de un callejón, hasta que caí
desmayada.
Ka me auxilió, no sé si luchó contra
ellos o solo esperó a que se fueran, pero
ese chico me salvó, me trajo al
campamento del Circo de Verano y me
ha rescatado de incontables situaciones.
En este lugar, encontré asilo, hice
amigos… formé mi hogar, pero jamás
supe qué le ocurrió a Cristian. Lo que he
tenido por seguro, es que fue capturado,
que seguramente lo interrogaron,
esperando obtener información de mi
paradero, y al ver que no era una
persona que les fuera útil, lo habrían
matado.
Así es como funciona la sociedad
hoy, o haces lo que ellos quieren, o
encuentras la fortuna en otra vida.
Viví allí el tiempo suficiente, para
entender cómo funcionan las cosas, pero
mi espíritu guerrero, estaba encerrado
en una lucha que no era real. Quería la
libertad para todos, que cualquiera
pudiera participar de la función,
mostrando sus talentos; lo cual ahora
comprendo, que no se trata de eso, sino
de cuánto poder tienes.
Me entrené por varias semanas y mi
cuerpo sufrió las consecuencias; por las
noches, me recostaba con dolores
musculares, con los brazos cansados y
una incontable furia, que me oprimía el
pecho.
Emma, mi nueva amiga y aliada, vivió
el mismo sacrificio. Estuvo a mi lado
siempre, ofreciéndome su ayuda y su
apoyo, en todo lo que había planeado.
Enfrenté el desafío físico, en las
semanas que estuve entrenando, pero
ella expuso sus emociones en esta
locura.
Los recuerdos siguen pasando y
restregándose por mi cara. Pateo, grito y
lloro, tratando de alejarlos; quiero
sumergirme en mi autocompasión y
olvidarme de todo lo que ha pasado,
pero no, ellos siguen apareciendo,
burlándose de mí.
Recuerdo cómo mi cuerpo empezó a
sentirse extraño, y justo hoy, durante la
presentación, sacó toda la energía
necesaria, para que me manifestara.
No sé qué factor hizo estallar mi
magia, porque un día no estaba; y al
siguiente, explotó en cada una de mis
células. Siento que tengo que estar
enojada, pero no puedo, porque cuando
mi magia salió, sentí que dejaba de ser
una olla a presión, y sacaba de mi
sistema, todo lo que me había
atormentado durante años… Encontré mi
liberación.
Las personas del circo, me daban las
mismas excusas, cuando les exigía
respuestas, me pedían que lo dejara, que
me enfocara en mis obligaciones, pero
yo no podía. Tenía que demostrar que
todos podíamos ser parte de lo mismo, y
ahora que lo pienso mejor, creo que
debí escucharlos, que debí haber dejado
todo como estaba. Ahora me siento
estúpida, porque todos, sabían lo que
pasaba, y nadie quiso decírmelo.
El circo es mágico. Bueno, en
realidad lo son las personas que lo
hacen funcionar, aunque se me hace
imposible imaginarlos como seres
mágicos.
Entonces las preguntas de mi vida se
evaporan y son reemplazadas por otras.
¿Si el circo funciona con hechiceros,
cómo es que una persona común, de la
cuidad, puede ser parte de la función y
utilizar magia? ¿De dónde vengo en
realidad?
No sé las respuestas a ninguna de mis
preguntas. De la única cosa que tengo
certeza, es que estoy encerrada en mi
mente, y es un lugar oscuro, que me
oculta de los ojos acusadores, de la
realidad.
El temor de enfrentar todas aquellas
caras, me llena de pánico, y hace que la
negrura de mi delirio, me consuma el
alma poco a poco, pero comprendo, que
no puedo seguir aquí, que tengo que salir
de este estado y enfrentarlos, tanto a las
personas, como a mis miedos.
No puedo encerrarme el resto de mi
vida en esta burbuja, debo salir al
mundo y conocer a fondo esta situación,
para encontrar las respuestas que
necesito.
Cuando estoy a punto de liberar mi
espíritu, el rostro de Ka aparece. Me
detengo, respiro con dificultad y analizo
cada palabra que salió de mi boca, antes
de perder la conciencia.
Espero que él pueda, con paciencia,
explicarme cada detalle de este tipo de
vida.
De repente, varias situaciones
aparecen frente a mí, como si fueran
fotos colgadas, para poder
inspeccionarlas. En esas imágenes, veo
un destello naranja, del momento en el
que los agentes me golpeaban, meses
atrás; veo conversaciones, donde me
explicaban sobre la extraña unión entre
Ka y Mimi; veo a Emma, discutiendo
con Joa; veo las caras de las personas
del circo, frunciendo el ceño, mientras
levantan cosas pesadas; a Ka,
encontrándome, cuando lo he necesitado;
observo el día que llegaron los agentes
del Imperio al campamento; me fijo en
la jaula de los felinos, que se sacude
conmigo dentro, y luego, ellos se quedan
tranquilos.
Percibo la tensión del momento,
sabiendo que ese sería mi final, diviso
el instante que acepté ser la comida de
esos feroces animales, y cómo, en el
momento justo, ellos se quedaron tan
tranquilos, como si nada ocurriera. Por
supuesto que así fue, Ka utilizó magia.
¿Cómo es que jamás me percaté de
algo tan importante?
Entonces, veo a… veo a la sombra
que me ha asechado mientras duermo.
Tengo que salir, porque el recuerdo
me perturba demasiado; tiemblo de
miedo, angustia y desesperación. Quiero
descubrir este nuevo reto, que tengo
frente a mis ojos. No puedo dejar pasar
la situación, de empezar a conocer esa
magia blanca de la que Ka me habló.
Me concentro, cierro los ojos e
imagino que estoy despertando, hago un
gran esfuerzo por recuperar la
conciencia. Siento que un susurro flota
en el aire, una voz lejana, que poco a
poco, se abre paso dentro de mi burbuja.
Espero unos instantes, escuchando
cómo se acerca e intenta llegar a mí.
Mientras más me concentro, más clara
se vuelve, hasta que me doy cuenta, que
no es la sombra, sino Ka, quien repite
mi nombre, llamándome, quizás
ayudándome a reaccionar.
Lucho contra el manto negro, que me
mantiene inconsciente. Tengo que
enfrentarme al mundo, no debo perderme
aquí; pero por más que trato, la negrura
no se aleja; al contrario, me presiona,
obligándome a permanecer perdida en el
tiempo y la distancia.
Mentalmente, la empujo con todas mis
fuerzas, y me concentro, deseando
volver a la realidad.
Siento que estoy en la prisión de mi
cabeza y que no hay forma de que salga
de aquí. Me planteo incluso, que los que
me retienen dentro de esta cárcel, son
los habitantes del circo, que a través de
la magia, me mantienen encerrada con
mis demonios personales.
Respiro profundamente, para invocar
el recuerdo de la función. La forma en la
que mi cuerpo se sintió, cuando estaba
en el trapecio, y que a medida que
avanzaba el espectáculo, se iba
intensificando, hasta explotar.
El recuerdo aparece, como los
anteriores, y lo veo. Lo observo y
absorbo la energía, que me envolvía en
ese momento. Estiro la mano, como si
quisiera tocarlo, pero mis dedos se
detienen, antes de rozar el recuerdo; no
sé si por temor o por alegría, pero me
limito a ser una simple observadora.
Me empapo del momento. Mi cuerpo,
al instante, reacciona, cada célula vibra
de anticipación. Energía electrificada
recorre por mis venas y se instala en mi
pecho, siento que se acumula, y luego, la
dejo fluir.
El manto negro cede y me voy
abriendo paso a la realidad, pero vuelve
a cerrarse sobre mí, presionándome más
y más adentro.
No voy a dejar que me derrote, así
que abro el recuerdo de la función y me
detengo en los detalles; pero entonces
recuerdo, que lo que me hizo reaccionar,
fue Ka.
Me dejo llevar por las sensaciones,
por lo que él me produce y cómo mi
cuerpo reaccionaba, cuando estaba
cerca de él, en el trapecio.
La energía emerge otra vez, se instala
de nuevo en mi centro, arremolinándose,
desesperada por salir y yo la entrego
con gusto, quebrando el manto negro que
me cubre.
Entonces, la voz de Ka se volvió más
clara, mientras la luz de la realidad
cubre mis ojos, haciéndolos arder.
—Isa, regresa a mí. —Me llama, con
dulzura.
Pero sus palabras se vuelven un
murmullo lejano, que desaparece,
cuando vuelvo a la oscuridad.
—No puedes liberarte. —Una voz
metálica habla dentro de mi cabeza,
haciendo eco en cada uno de los
recuerdos que estuve viendo.
—¿Quién eres? —Le pregunto, con
voz temblorosa, pero no me contesta.
Mis ojos intentan encontrar la fuente
del sonido, pero todo está oscuro,
apenas una luz tenue brinda un poco de
penumbra. El lugar es el mismo y se
siente vacío.
Es una caja negra, y en sus paredes,
hay cuadros colgados, que son mis
recuerdos; mientras inspecciono cada
rincón, una sombra se para frente a mí.
Cierro los ojos y presiono mi espalda
contra la pared de mi celda.
—¿Quién eres? —Lloriqueo, presa
del pánico.
Escupe una carcajada siniestra, que se
va abriendo paso hacia mí. El deseo de
escapar me acosa y me llena por
completo. Comprendo, que no puedo
permanecer un minuto más, encerrada en
mi cabeza.
Me doy la vuelta, mis puños
comienzan a golpear con fuerza la pared,
como si esa acción pudiera liberarme.
Estoy desesperada, asustada y
conmovida; tengo que encontrar la
salida; de lo contrario, me volveré loca.
Los puños me duelen, al chocar contra
la dureza del muro que me retiene.
—Esta vez no escaparás de mí. —
Siento su aliento en mi cuello.
Mi cuerpo se estremece, por el
escalofrío que me produce la voz
rasposa y distorsionada.
Pensamiento feliz. Pensamiento
feliz…
Intento concentrarme, pero el pánico
me tiene prisionera, desviándome de
cualquier recuerdo que pueda ayudarme.
Rebusco y araño con la mirada, cada
memoria que atesoro; las imágenes
pasan a gran velocidad, por las paredes,
hasta que se detiene en una, justo frente
a mí.
Mientras la sombra sigue respirando
en mi cuello, yo me concentro en unos
ojos dorados, en un rosto, en un beso, y
poco a poco, la imagen se expande.
Y de repente, una luz blanca me
explota en frente, obligándome a
taparme el rosto, pero una mano viscosa
se apoya en mi brazo y baja lentamente,
robándome una lágrima de temor. Se
cierra en mi muñeca y comienza a
quemarme la piel, como si una llama de
fuego me envolviera.
Un grito de dolor se escapa de mi
cuerpo, mientras siento que mis
pulmones, liberan todo el oxígeno que
necesito para vivir. El dolor se aleja,
mis ojos se abren de golpe y veo el
color del techo del camerino de Ka.
Parpadeo, confundida, todavía estoy
sumergida en el sueño que acabo de
tener, pero de pronto, aparece el rostro
de Ka, su mirada amable me sonríe y sus
ojos miran directo a los míos, mientras
el pelo le cuelga, por la posición en la
que se encuentra.
Miro hacia todos lados,
orientándome. Estoy en el piso y Ka
tiene puesta la ropa de la función.
Intento respirar profundamente, pero
el aire se atora en mi garganta.
—Bienvenida.
Capítulo 2
Me incorporo lentamente, mientras
elevo mi mano hacia mi pecho, me
acaricio en pequeños círculos, para
calmar mi corazón desbocado.
Todavía me tiembla el cuerpo, por el
sueño que acabo de tener, estoy
asustada; intento tranquilizarme,
mientras respiro profundamente, pero
mis sueños siempre han sido muy
vívidos, siempre me han dejado huellas
de realidad.
Ka clava sus ojos con intensidad en
los míos, noto su mirada seria, pero sé
que no está enfadado, porque se
encuentra con su mano estirada,
ofreciéndome ayuda, para ponerme de
pie. Intento ver a través de sus pupilas,
para comprender lo que piensa, pero
alejo mi vista, por temor a saber lo que
pasa por su cabeza.
—¿Te encuentras bien? —Me
pregunta, con cautela.
Se aleja, al notar mi rechazo. No
pretendo alejarlo, solo estoy asustada,
no sé qué pensar sobre esta situación.
Analizo su pregunta, levanto la vista e
inclino la cabeza, algo confundida. No
me encuentro bien, estoy abatida;
demasiada información por procesar.
Hay cosas que no encajan en mi
rompecabezas; no hay forma de que esto
sea lógico, y mientras todo eso pasa por
mi mente, frunzo el ceño y presiono los
labios en una línea.
Ka se refiere a mi cuerpo, me está
preguntando que cómo me encuentro
físicamente, no al torbellino interior que
me revoluciona todo.
Asiento en silencio, sin ofrecerle más
información. No tiene sentido ponerme a
vociferar como una loca, para intentar
comprender la situación.
Nos miramos a los ojos, mientras las
voces amortiguadas de las personas del
circo, se escuchan en el pasillo. Todos
hablan a la vez, gritan y no se entiende
lo que dicen. Ellos están confundidos,
no comprenden cómo una chica que
vivió tanto tiempo en Verano, no se
manifestó antes, pero no tengo la
respuesta, porque incluso yo, la estoy
buscando.
—Abran paso —brama Arturo,
furioso.
Las voces se apagan y los pasos
pesados del maestro de ceremonia,
resuenan, a medida que se acerca.
De pronto, mi confusión se esfuma, el
corazón se me acelera y tengo ganas de
salir corriendo. Me pongo en pie de un
salto, la saliva se me acumula en la
boca, mientras me paro derecha,
mirando hacia la puerta, esperando el
instante que Arturo entre y me lance
cuchillos.
Este es el momento, llegó la hora de
afrontar las consecuencias.
La puerta del camerino es azotada
desde afuera, Arturo entra y me mira con
los ojos llenos de ira líquida. Por detrás
de él, se asoman algunas cabezas
curiosas, pero él da un paso con rapidez,
la puerta cruje, cuando la cierra con
fuerza y camina directo a mí.
Noto a Ka tensarse a mi lado, giro un
poco la cabeza, en busca de su
protección, lo noto presionar con fuerza
los dientes, haciendo que su mandíbula
palpite, mientras toma una respiración
profunda.
Y de pronto, una máscara de seriedad
cae sobre su rostro, sus ojos se clavan al
frente y luce despreocupado; giro para
mirar al hombre, que ahora está
respirando con dureza, frente a mí.
—¿Qué eres? —Exige, resoplando.
Trago duro, intentando encontrar la
calma, pestañeo con rapidez y trato de
respirar.
—Espera, no es lo que tú piensas. —
Ka interviene por mí, él puede sacar las
palabras que yo tengo enredadas.
Arturo le clava la mirada, con enojo.
—Abre los ojos, niño. —Lo
interrumpe, furioso. Hilos de saliva se
escaparon de su boca—. Es una espía.
—No, no lo es —habla Ka, más
calmado.
Oigo cómo suelta el aire.
—¿Cómo puedes asegurarlo? —
indaga Arturo, con ironía.
Ka da un paso al frente, gira sobre su
eje y me mira directo a los ojos, se
queda en silencio, mientras me mira con
intensidad, yo tiemblo de incertidumbre,
esperando que encuentre las palabras
correctas; si no, tendré que irme.
Bueno, en el momento que planeé
todo esto, la respuesta era irme, pero
ahora que conozco cómo funciona el
circo, no sé si dejarán que me vaya, si
creen que soy una espía.
—Isa no sabía que poseía magia —
explica, mientras suelta el aire que ha
estado reteniendo.
—Eres un ingenuo, Ka. Ella la maneja
demasiado bien. —Me mira con
desprecio y siento que mi cuerpo
comienza a caer en picada. Esa mirada
nunca la he recibido aquí, solo en el
Imperio—. No puede lanzar magia
blanca sin entrenamiento.
—Sí, ya lo sé; pero ella se desmayó
cuando se lo dije. —Ka da un paso, para
cubrirme parcialmente, de manera
protectora.
—Eso no me asegura que no está
fingiendo. Su magia es poderosa, ella
puede influir en ti, para que pienses que
ha ocurrido de esa manera. ¿Acaso no lo
entiendes? —grita, frustrado. Luego de
unos instantes, le da a Ka una mirada
inquisidora—. Tú la has traído. —Lo
señala, mientras camina hacia atrás y su
rostro está contorsionado de temor—.
Tú metiste a una hechicera blanca en mi
circo, eres parte de este plan, Ka.
—No, Arturo. Creo que me estás
juzgando mal. —Ka vuelve a apretar su
mandíbula, y suspira, buscando la calma
—. Sospechaba que había algo especial
en ella, pero no que se tratara de magia.
Siempre pude dominarla con mis
hechizos, pero mientras más tiempo
pasaba ella en el campamento, menor
era el poder de estos.
—Eso no es posible. —Baja sus
hombros, sintiéndose más tranquilo,
aunque su cuerpo todavía está
tensionado—. Tendríamos que haber
detectado su poder.
—Eso mismo pensaba hace instantes,
pero al parecer, se ha manifestado
durante la función —explica—. Arturo,
mira su cara, está atemorizada;
además…
La tensión de Arturo pasó a mí, sentí
mis hombros ponerse rígidos, al estar
bajo la mirada atenta de ellos. Ka se
acomodó a mi lado y yo le di un leve
pellizco, era un ruego silencioso, para
que no contara de la participación de
Emma en este plan.
—¿Además? —Lo apresuró, mientras
daba un paso hacia él.
—Además, no tiene un refugio —
suspira, moviendo su brazo con sutiliza,
para que deje de pellizcarlo.
—¿Ka, estás seguro de que esto no es
un viejo truco de la Antigua Escuela? —
pregunta, mientras frunce el ceño,
dudoso.
—Sí, Arturo. Isabella no conocía su
poder hasta hace unos momentos. —
Camina hacia un sillón, dejándome
expuesta a Arturo.
Sentí que con ese gesto, me entregó a
él, desligándose de la responsabilidad
de seguir cubriéndome. Se sienta con
elegancia, mientras cruza una de sus
piernas sobre la otra y sus ojos se
deciden a ignorarme.
—Creo que eso cambia mucho las
cosas. —Arturo se pasa las manos por
el cabello, tratando de descargar la
tensión que siente, debido al momento
que he ocasionado—. ¿Qué haremos?
—No lo sé, esto también está
volviéndome loco —expresa, mientras
mira sus uñas.
Al instante, siento como si una bola
de demolición me golpeara el pecho. La
furia me comienza a crecer, dentro. Me
enoja su actitud, el desligarse de mí y
pretender indiferencia.
Aclaro mi garganta

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