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Libro PDF El gran nido Los Irwin 3 – Noa Pascual

El gran nido Los Irwin 3 – Noa Pascual

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A Anais Abarca, por tu gran
generosidad, por tu alegría, por ser tan
especial y permitirme conocerte más.
Mil gracias por convertirte en nuestro
personaje de ficción siendo real. Eres
una gran representación de las panteras
incomprendidas. Siempre te estaré
agradecida por brindarme tu amistad.
A mis p@nter@s incomprendid@s
porque vuestra generosidad no tiene
límites. Vuestro cariño y apoyo son mi
mayor motivación para continuar esta
locura.
Es imposible nombraros a todas,
aunque prometí que poco a poco
intentaría hacerlo, pues aquí va mi
agradecimiento en esta ocasión a Lili
López, Carmen Fores, Rocío Morales
Rísquez, Michelle Guzman, Mireia
Sanchez, Carolina Francisco, Rocio
Camuñez Naranjo, Gemita Checa,
Raquel Blanco Luque, Carmen Framil
Sánchez, Maty Encinas Egea, Mari
Sierra Ruiz Hinojosa, Amparo Argibay,
Ana Macias Sicilia, Naty Pereira,
Noemi Garcia Sanchez, Evuki Sc,
Susana Cruz Jourdain, Mónika Torres,
Mireia Ortiz, Mari Diaz, Manoli
Morcillo Ruiz, Ester Villarroel Prats,
Beatriz Jimenez, Edith Vazquez, Rebeca
Santiago Gomez, Francia Gomez Castro,
Pilar Sielma,Elsa Maximiliano, Loli
Martínez López, Juani Plata Mena,
Patricia Sánchez Salas, Marisa Lillo
Berenguer, María Luisa Gaspar Alarcón,
Iratxe Ortiz Carreño, Vicky Perez
Castilla, Bethel Rivas, Betty Villasenin
Noya, Meli Vega Emmanuil, Beatriz
Mariscal, Myrna DeJesus, Magu Ojeda,
Rita Monzon Santana, R Katherine S
Alarcon, Leisi Franco, Maju Vicente,
Denis Espino Diaz, Maria Gonzalez
Garcia, Juani Caparros Oliva, Montse
Barragan Cuadrado, Yaidamira
Montefusco, Ana Romero, Ana Rosa
Buenaposada Casas, Jhoseny Padron,
Adyeri Bonilla Cubillo, Mary Arrebola
Camuñas, Loreto Gonzalez, Camila
Torres, Josefina Paulino, Alicia
Martinez Jover, Elisa Armani, Pilar Del
Nuevo C, Lalys Jimenez, Yanise
Contreras, Maria Elena Mendoza
Alvares, Esmeralda Pantoja, Myrna
DeJesus, Carmiña Insfran Arza, Lourdes
Lopez Rojas, Monica Peran, Vanessa
Trujillano Pérez y Susana Gladys Brun
Pastor.
A mis panteras y pumas de El Ejido,
por ser grandes anfitriones. Un trocito
de mi corazón se quedó con vosotros
para siempre.
Gracias a la segunda generación de
panteras y pumas. Cuando un lector te
dice: «Mis hijos me han robado el libro
para leerlo primero», a mí me llega al
alma. Por lo tanto, Maria Martínez
Cobo, Diego Martínez Moragues y
Carmen Gómez Arráez mil gracias por
robarles mis novelas. Os quiero.
Y en especial a Eva Marin Rueda, por
convertirse en la imagen de nuestra
portada. Sabes que siempre voy a
agradecer que Facebook nos uniera,
como tú dices: Somos almas gemelas.
A todas las personas
que con cariño,
voluntad y esfuerzo
intentan mantener
unido su gran nido.

Capítulo 1
El pasado te persigue
La luna de miel había tocado a su
fin. Felices y radiantes, Dallas y Estrella
regresarían en dos días a su monotonía.
Él, para seguir estudiando, y ella,
para reincorporarse a su nuevo puesto
de trabajo, que, por cierto, iba a tener
una alumna que ahora ya no la llamaba
seño, sino tía.
Aunque todavía les quedaban dos días
para disfrutar, y lo hacían en su lugar
favorito: en Villa Paraíso, dentro del
jacuzzi.
―Igual se le escapa, tendrá que
acostumbrase ahora, otra vez, a llamarte
seño ―comentó Dallas, sonriente.
―No pasaría nada, son pequeños
―reconoció Estrella.
―Por cierto, hablando de Nerea, mi
hermano estaba algo nervioso.
―¿Por qué? ―preguntó Estrella
mientras se acercaba a su marido con
coquetería.
―Porque… ―se había olvidado por
completo del motivo. Los pechos de su
mujer delante de su boca tenían el don
de hacerle perder la razón.
***
―Rebeca, por favor, ayúdame
―suplicó Javier porque quería hacer
algo especial con Nerea.
Amanda tenía una conferencia en
Dublín. Seguramente, la última, porque
había llegado a un acuerdo, daría
charlas en la universidad siempre y
cuando se lo pidieran, pero ya no saldría
de Valencia. Era una de las mejores
historiadoras de arte, por eso la había
contratado el museo. Pero no estaba
dispuesta a renunciar a su tiempo libre
con su familia por estar cada dos por
tres fuera.
―Vale, ya sabía que acabarías
pidiéndome ayuda ―bromeó, aunque sí
lo había pensado y por ello tenía algo
preparado.
―Eres muy lista ―ironizó Javier.
―No te pases de gracioso, o no te
ayudo ―amenazó.
―Vale, vale.
―Bien, así me gusta. Esta noche a
las nueve, ve al Oceanogràfic, hay dos
boletos a tu nombre en la entrada.
―¿Por la noche? ―preguntó por si su
hermana se había confundido.
―Sí, eso he dicho, esta noche. Por si
no lo sabes, en verano dejan dormir a
los niños allí.
Javier sonrió, Nerea adoraba los
animales, y en su casa tenía un acuario,
que compró expresamente porque la
niña, al verlo en la tienda de animales,
se maravilló.
―¡Eres la mejor, Beca!
―Dime algo que no sepa ―guaseó y
le lanzó un beso antes de colgar.
Y esa misma noche, mientras la
pequeña, con su felicidad, conseguía
hechizar todavía más a Javier, ocurrió lo
que antes o después tenía que pasar.
Tumbados en los sacos de dormir,
mirando como pasaban dos tiburones
por encima, Nerea estiró su brazo para
acariciar la barbita de Javier, se había
convertido en su monotonía antes de
dormir.
―Si eres el novio de mi mami,
¿también eres mi papá?
Javier sonrió.
―¿Tú quieres que lo sea? ―preguntó
susurrando.
―Sí ―respondió con fuerza―.
Quiero que seas mi papá.
―En ese caso, princesa, hablaremos
con tu mamá y se lo diremos.
La niña lo abrazó y acabó dormida en
esa posición.
Javier tenía el corazón acelerado.
Adoraba a esa pequeña, daría la vida
por ella. Entonces, ¿podía ser su padre,
no?
Cuando Amanda llegó el domingo por
la noche a casa, Javier quería hablar con
ella, pero Nerea, que salió corriendo a
recibir a su madre, informó:
―¡Mami, mami! ―bramó y se lanzó a
sus brazos―. ¡Javier va a ser mi papá!
―Cariño… ―iba a recriminarle.
―¿A que sí Javier? ―preguntó,
mirándolo tan intensamente como lo
estaba haciendo Amanda.
Javier se acercó y, acariciando la
mejilla del amor de su vida, respondió:
―Sería un honor ser el padre de mi
princesa.
A Amanda se le resbaló una lágrima.
―¿Ves?, voy a ser una Irwin como la
tía Beca ―sentenció Nerea, eufórica.
Cuando acostaron a la pequeña,
hablaron con tranquilidad. Javier estaba
deseoso de que ella fuese su esposa y
que la niña pudiese llamarlo papá.
Amanda lloró, por fin su vida iba a
ser como siempre había soñado. Junto a
Javier y con su hija.
***
Una semana había pasado desde que
dieron la gran noticia. Hoy estaban
celebrando el cumpleaños

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