---------------

Encuentros furtivos – Judy Macmar

Encuentros furtivos – Judy Macmar

Encuentros furtivos – Judy Macmar

Descargar libro Gratis    En PDF
—Esto no es una buena idea.
—Pues yo diría que es una idea estupenda —disintió una segunda voz—. Vamos, la mejor que he tenido en toda mi vida.
Escondidas tras los regordetes abetos que ornamentaban los jardines de la fastuosa residencia Connelly, Odette Ridway y Brittany Morton espiaban a través de las
ramas la fiesta privada que se celebraba en el interior de la casa, desde cuyas ventanas podía divisarse el sinfín de invitados divirtiéndose en cada una de las estancias.
—¿La mejor que has tenido en toda tu vida? —repitió en un susurro Brittany, con un deje irritado en su tono de voz—. ¿No te das cuenta de que en esa fiesta no
pegamos ni con cola?

Mira El Vídeo Para Enseñarte como descargar 


—Esto no es una buena idea.
—Pues yo diría que es una idea estupenda —disintió una segunda voz—. Vamos, la mejor que he tenido en toda mi vida.
Escondidas tras los regordetes abetos que ornamentaban los jardines de la fastuosa residencia Connelly, Odette Ridway y Brittany Morton espiaban a través de las
ramas la fiesta privada que se celebraba en el interior de la casa, desde cuyas ventanas podía divisarse el sinfín de invitados divirtiéndose en cada una de las estancias.
—¿La mejor que has tenido en toda tu vida? —repitió en un susurro Brittany, con un deje irritado en su tono de voz—. ¿No te das cuenta de que en esa fiesta no
pegamos ni con cola?
Odette le lanzó una mirada asesina antes de chasquear la lengua con desdén.
—¿Por qué tienes que ser siempre tan aguafiestas?
—¿Y tú por qué tienes que ser siempre tan cabezota? ¿Qué crees que hará tu hermano cuando te vea aparecer por esa puerta?
Odette frunció los labios en una línea recta y observó la suntuosa mansión que se alzaba a pocos metros de ella.
—Tragarse sus propias palabras —respondió con determinación—. Estoy harta de que me trate como si todavía fuera una niña pequeña. Quiero recordarle que ya
tengo veinte años y que soy capaz de tomar mis propias decisiones.
Brittany soltó un bufido despectivo.
—Y vas a recordárselo presentándote en una fiesta a la que no has sido invitada y emborrachándote hasta arrastrarte por el suelo.
—Y tonteando con cualquiera que se me ponga por delante, no te olvides de esa parte.
Brittany observó a su amiga al tiempo que meneaba la cabeza lentamente de un lado a otro.
—Estás loca, Odette.
La susodicha crispó los puños a los costados, haciendo todo lo posible por mantener la calma y no ponerse a gritar en medio del jardín.
—Te estás rajando, ¿verdad? No quieres entrar conmigo.
Su amiga hundió los hombros con aspecto culpable.
—No, no quiero.
Odette la sometió a su mirada escudriñadora.
—¿Y por qué has llegado hasta aquí?
—Porque antes lo veía todo mucho más fácil, pero ahora lo veo de un modo distinto. —Se echó una ojeada a sí misma y espetó—: Por Dios, ¡mírame! Parezco una
buscona con este diminuto vestido, y no me siento nada cómoda con tanto potingue en la cara.
Odette suspiró y se frotó la frente con la yema de los dedos.
—De acuerdo. Si no te sientes a gusto, lo mejor será que regreses a casa. Es obvio que contigo a mi lado no podré hacer lo que tengo planeado. —Se detuvo unos
instantes al advertir el ceño de Brittany—. No, no me mires así. No pienso estar pendiente de ti toda la maldita noche; no soy tu niñera. Si tú no quieres entrar, no
entres, pero yo no me iré de aquí sin haberme mezclado con esa gente.
—Tú no eres como ellos, Odette. Y por mucho que quieras demostrar lo contrario, lo sabes tan bien como yo.
Odette dio un paso hacia atrás y la miró como si acabara de abofetearla.
—Ya, y como también lo sabe mi hermano, ¿no?
Brittany abrió la boca para responder, pero Odette no se lo permitió.
—¿A qué estás esperando? Márchate. Está claro que me lo pasaré mucho mejor sin ti.
Su amiga titubeó unos segundos, pero acabó desapareciendo entre las sombras de la noche.
Odette sentía cómo la sangre de sus venas hervía violentamente. Necesitaba con desesperación que el rumbo de su vida cambiara por completo. Puede que no fuera
como la gente que disfrutaba en esos momentos de la fiesta, pero eso no quitaba que quisiera serlo. Quería ser dueña de su propio cuerpo, de sus propias acciones;
cometer errores, intentar enmendarlos y seguir adelante. Quería caer y levantarse. Y, por Dios bendito, quería sentirse condenadamente viva por primera vez en su vida.
Pero su triste y patética existencia iba a cambiar de un momento a otro.
Retocándose las puntas de su larga melena negra, la joven irguió los pechos y se dijo a sí misma que no podía ser tan difícil como parecía a simple vista. De hecho, se
había preparado a conciencia antes de salir de casa para no hacer el ridículo con su apariencia. Se había alisado el pelo, que ahora mismo lucía suave y brillante, y había
conseguido resaltar las cualidades de su rostro con un poco de maquillaje. El vestido que llevaba, blanco y corto, realzaba sus piernas de forma sensual, y el perfume que
se había echado en la base del cuello olía de maravilla.
En conclusión, Odette nunca se había sentido tan atractiva.
Cerró los ojos, inhaló profundamente la brisa nocturna e intentó pensar en cómo conseguir que la dejaran entrar en la fiesta, pero una voz a sus espaldas interrumpió
cualquier pensamiento que se hubiera puesto en marcha en su cabeza.
—¿Lo ves? Ya decía yo que había alguien merodeando por aquí.
A Odette se le cortó la respiración. Abrió los ojos de golpe y se volvió enérgicamente sobre sus pies para reparar en la joven pareja que la observaba con el ceño
fruncido.
La chica se puso blanca como la nieve al descubrir quién era él. Él. Daren Connelly, el dueño de la casa y, por lo tanto, el anfitrión de la fiesta. Daren, el chico malo,
malísimo, de la ciudad. Daren, el mejor amigo de Landon, su queridísimo hermano.
Si a Odette le quedaba alguna expectativa con respecto a esa noche, la aparición de ese joven la desechó a un lado sin contemplaciones.
—Esto… yo… —Con desasosiego, intentó balbucear una explicación coherente que justificara su presencia en el jardín, pero sus nervios no hicieron más que dejarla
en evidencia.
—Odette… —murmuró Daren en cuanto la vislumbró por completo.
La joven que iba con él le brindó una mirada curiosa.
—¿Odette? ¿La hermana pequeña de Landon?
Él asintió con la cabeza sin dejar de mirar fijamente a la aludida.
—La misma.
Odette entrelazó los dedos de sus manos y comenzó a retorcérselos de forma inconsciente.
—Yo… solo pasaba por aquí… pero ya me iba. —Soltó una risita nerviosa, histérica incluso, y se dio la vuelta con la intención de marcharse a toda prisa de allí.
—No tan rápido, pequeña.
La voz de Daren la detuvo en el acto. Maldijo en silencio su mala suerte y se dio la vuelta. Con la mirada fija en
image host image host

Leer En Online

Comprar Ebook  en 

Clic Aquí Para comprar 

Encuentros furtivos – Judy Macmar

[sociallocker]
[popfly]

Descargar 

[/popfly] [/sociallocker]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!
---------