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Libro PDF Guía para limpiar el hígado la vesícula y los riñones – Carlos de Vilanova

Guía para limpiar el hígado la vesícula y los riñones – Carlos de Vilanova

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tiene sus contraindicaciones. Si
usted tiene problemas de coagulación, o serios problemas
renales no está recomendado que la haga. En todo caso, si
duda, consulte a su médico o terapeuta. Consiga toda la
inf ormación que pueda al respecto. Para ello se escribió este
libro, para que le f aculte en parte para tomar una decisión.
La toma de Sales de Epsom, que son laxantes, prov oca un
súbita deshidratación orgánica que debe compensarse
rápidamente o podemos obtener resultados contra producentes.
Está explicado a lo largo de este libro y reiterado por activ a y
pasiv a en el blog, pero observ o que la f alta de agua es casi
siempre el origen de los casos que se complican con molestias
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tras la LH.
Ajustarse al protocolo y tener la precaución de beber
suf iciente agua, antes y después de la LH, nos garantizará que
no desencadenamos más problemas de los que tenemos.
Comprender que la LH es un PROCESO, nos ay udará cuando
sobrev engan síntomas adv ersos, o antiguos, o se
desencadenen “crisis curativas” que propician la recuperación de
la v italidad y la energía. Y es un proceso, además, que puede
conllev ar docenas de limpiezas, y años de progresiv a mejoría, a
v eces con recaídas que hay que saber entender. De ahí la
necesidad de contar con un buen asesor naturista e inclusiv e
médico, a la hora de llev ar a la práctica nuestra limpieza interna.
Algunos se han asustado y han abandonado las limpiezas,
cuando han mov ido todos los depósitos sedimentados dentro de
su hígado y prov ocado toda una serie de síntomas al ocluir en
parte la circulación intrahepática de sangre y f luidos.
Conozco casos incluso de crisis de pánico tras alguna
limpieza, que son debidos a la ev acuación emocional que
también se produce. El hígado es un órgano cuy os cauces
internos están asentados durante muchos años, y la súbita
remoción de sus sedimentos puede prov ocar casi un alud de
síntomas, debido al “corrimiento de tierras” interno. Los
resultados son siempre indiv iduales, es decir que están siempre
en f unción del estado interno de ese hígado. Ev identemente,
limpiarlo nos garantizará mejores condiciones de salud en el
f uturo y ev itará los problemas en ciernes que nos aguardaban a
la v uelta de la esquina. Pero hay que saber comprender todo
esto, o podemos asustarnos y suspender el proceso de limpieza
cuando mas f alta hace continuarlo. Conozco v arios casos de
este tipo, y aunque comprendo sus temores, no comparto esta
retirada antes de tiempo. Por esta razón, es mejor que nos
asesoremos bien antes de emprender la limpieza del hígado, y
que en todo caso, la llev e a cabo sólo quien sienta que la
necesita. Para eso se ha escrito este libro. Las mentes
curiosas, dispuestas a probar y a experimentar todas las
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nuev as terapias, deben obv iarla, salv o que sientan y
comprendan su necesidad. A cada uno le llega su momento y es
hora de que mas y mas gente conozca que puede limpiar a
f ondo su hígado.
Quiero dar las gracias a Andreas Moritz1 (“La limpieza hepática
y de la vesícula”, y a la Dra. Clark2 (“La cura para todas las
enfermedades”), que han sido los máximos dif usores de esta
terapia a niv el internacional, y a que ellos f ueron los que han
hecho llegar la cura hasta mí. Pero no son ellos tampoco sus
creadores, pues la LH procede de la noche de los tiempos, del
antiguo gremio herbolario, aunque f ue actualizándose hasta
parecer una terapia nuev a. Antes de la actual era
f armacológica, sin embargo, y a era practicaba -a principios del
siglo XX- en clínicas médicas de EEUU con el f in de v aciar la
v esícula, siendo allí donde incorporaron las sales de Epsom y el
protocolo que ahora conocemos, todo con el f in de v aciar la
v esícula de sus cálculos. Pero el posterior auge de la cirugía, y
sobre todo el rendimiento económico que ésta producía, terminó
por arrinconarla y olv idarla. Hasta que f ue retomada por los
naturópatas norteamericanos a mediados del pasado siglo, que
la rescataron del olv ido, y tras probarla en sí mismos, y anotar
los benef icios en su salud, la recomendaron a otros enf ermos.
De ellos f ue de quienes se nutrieron Moritz y Clark para
hacernos llegar el mensaje de cómo limpiar el hígado y la
v esícula. Yo creo que con la LH se puede incluso curar la
Hepatitis C, pero para ello hay que limpiar antes bien el hígado,
como demuestra el libro “Curado de la Hepatitis C” cuy o autor3
se benef ició de ello principalmente mediante las limpiezas
hepáticas que realizó intensiv amente.
Os dejo con este pequeño resumen de su puesta en práctica
y las consideraciones principales a tener en cuenta durante su
ejecución. Este libro es una brev e guía, con algunos testimonios
al f inal del mismo, pero el próximo será un manual mas
completo, con más casos y exposiciones sobre el origen,
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diagnóstico y los procedimientos de limpieza de los cálculos
biliares que atrancan el hígado y la v esícula. Además, mostrará
otros sistemas para llev arla a cabo.
Veamos ahora por qué hay que limpiar la v esícula y el
hígado, y a continuación el protocolo de cómo podemos hacerlo.
Finalizaremos explicando la importancia de beber agua y de
limpiar los riñones ocasionalmente.
Recibid un salud-o.
Carlos de Vilanov a
Autor del blog de la limpieza hepatica
(http //lalimpiezahepatica blogspot com es/)
12
L
2. Limpiar la vesícula
a v esícula es una bolsa con forma de pera, que
cuelga del conducto que sale del hígado. Su fin es
acumular la bilis que éste f abrica diariamente en
cantidad de hasta más de un litro. Cuando, por div ersas
razones, ésta se llena de sedimentos que llamamos
piedras o cálculos biliares, comienzan una serie de
problemas digestiv os y de salud en general.
Muy poca gente tiene piedras en la v esícula, si
comparamos su número con el de aquellos que las tienen en el
hígado. Podemos decir que la gran may oría de las personas
occidentales tenemos una cierta cantidad de restos duros, o
coagulados, a los que llamamos “piedras” o cálculos, dentro del
hígado. Y algunos pocos, además, tienen también la v esícula
llena de ellas.
Pero miles de estos pasan a diario por los quiróf anos a
operarse de esas piedras. Si tienen así la v esícula, imagínate
como estará su hígado. Mucho más atrancado, y con más
restos coagulados, que la propia v esícula.
Es obv io que si pudiéramos, de algún modo, expulsar las
piedras de la v esícula no tendríamos que operar a nadie de
ésta, pues la operación de la misma merma mucho la calidad de
v ida. El deterioro digestiv o deriv ado de su extirpación, siempre
produce a la larga muchas consecuencias indeseables que
dependen de ese acto quirúrgico.
Extraer la v esícula y permanecer con el hígado lleno de
sedimentos que lo atascan, no soluciona nada, pues el sistema
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vesícula y a lo largo del colédoco.
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La bilis o hiel es un líquido alcalino, de sabor amargo y color
amarillento, secretado por las células del hígado o hepatocitos.
Está compuesta básicamente de agua y colesterol, pero
también contiene lecitina (un f osf olípido), pigmentos biliares
(bilirrubina y biliverdina), sales biliares (glicocolato de sodio y
taurocolato de sodio) y iones bicarbonato.
Las f unciones más importantes de la bilis son:
– digerir las grasas.
– eliminar a su trav és los tóxicos procedentes de la circulación
del hígado, y sobre todo los procedentes del metabolismo
hepático.
– activ ar la digestión de las proteínas e hidratos de carbono
(junto a los jugos pancreáticos)
– depurar y limpiar los intestinos de gérmenes, cuando prolif eran
en exceso.
– neutralizar el ácido clorhídrico en el intestino, procedente de la
digestión del estómago, el cual si no quemaría el duodeno (de
ahí que la congestión o bajo rendimiento hepático f av orezca la
aparición de úlceras duodenales, por f alta de la alcalina bilis).
– etc…
El hígado f abrica cada día aproximadamente 1 litro de bilis,
pero la v esícula sólo contiene habitualmente una décima parte.
Es por eso que la condensa restándole la may or parte del agua
que contiene. Cuando sale del hígado, el color de la bilis es
amarillento, pero al concentrarse en la vesícula adquiere un
tono verdoso intenso. Tiene un gran poder digestiv o debido a
su alta concentración.
Si la composición de la bilis es incorrecta, o no se bebe
suf iciente agua al día, o se abusa de la grasa animal en la dieta,
o se usan anticonceptiv os y anov ulatorios… es muy probable
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que ésta se aglomere y se f ormen los peligrosos cálculos
biliares. Al salir estos cálculos por los conductos biliares, se
producen los dolorosos cólicos biliares.
El f in de la v esícula es acumular y concentrar la bilis, la
cual se f abrica sin cesar en el hígado, para luego expulsarla
cuando la comida llega al duodeno. Cuando extirpamos la
v esícula abortamos este proceso para siempre, y la calidad de
v ida se resiente notablemente como atestiguan muchos
operados.
Al no tener suf iciente bilis acumulada para hacer la digestión
(por no disf rutar y a de v esícula), los pacientes así mutilados
tienen que conf ormarse para sus digestiones con el gota a gota
de bilis que sale del hígado, la cual es diez v eces menos
concentrada que la que se acumula y concentra en la v esícula.
La calidad de nuestra digestión depende en gran parte de la
f uerza de esa bilis v esicular. Los que se operen quedarán, por lo
tanto, con la digestión deteriorada para siempre, incapaces de
reestablecer su digestión. No podrán excederse con nada,
siendo v íctimas de un estado mórbido por indigestión crónica,
lo que desembocará en numerosos otros procesos patológicos.
El cuerpo es un todo (Holismo), y no tan sólo una serie de
órganos separados.
La bilis que continuamente f abrica el hígado, al no poder
acumularse y a en la v esícula, goteará sin cesar hacia el
intestino, lo que terminará por irritar e inf lamar a éste, dando
lugar a diarreas crónicas (es decir, permanentes), inf lamación
del colon (o colitis), ref lujo gástrico (acidez o hiperclorhidria),
gases e hinchazón abdominal (meteorismo). Pero también,
debido a que el calcio para ser absorbido requiere de la emulsión
(o dispersión) de las grasas por parte de la bilis, el sistema
óseo se irá descalcif icando. A esto se le llama osteoporosis.
Así, por f alta de bilis, se eliminarán las grasas alimenticias sin
metabolizar, junto con las heces (heces grasas o esteatorrea).
La bilis es como un detergente que rompe las grasas y en
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su ausencia las heces carecen de su color marrón
característico, siendo de tonos arcillosos tipo amarillo mostaza
(heces acólicas) o blancuzcas. Of recen también un aspecto
grasiento y pegajoso, como “mantecoso” lo que les impide
progresar por el colon (estreñimiento) y cierran también el paso
a los gases, dando lugar a cólicos intestinales por gases
acumulados. También por f alta de bilis.
Pero es que además la bilis es bactericida y , sin ella,
redunda en una excesiv a putref acción intestinal que produce un
aumento de la hinchazón abdominal por las f ermentaciones de
los gases y, lo que es peor, colabora enérgicamente en la
prolif eración de bacterias nociv as –o f lora patógena- como es
por ejemplo la candidiasis intestinal (Disbiosis intestinal y
Síndrome del intestino permeable). Y eso por no hablar de otro
tipo de gérmenes y de parásitos que ocupan los intestinos y
que son de muy dif ícil ev acuación en ausencia de bilis.
Sin embargo, la LH combinada con el uso de agentes
bactericidas naturales como por ejemplo, el “extracto de semilla
de pomelo” o la “plata coloidal” pueden ay udar mucho para
erradicar estos agentes inf ecciosos. Varias personas me han
contado que han v isto salir sus parásitos con tan sólo una
limpieza hepática y ésta contribuy e sobremanera también a
erradicar la Candidiasis intestinal (v er f otos del blog de la LH)
que después se transmite por el resto del organismo.
Por lo tanto, mucho cuidado con operarse de la v esícula,
pues la LH en muchos casos ev ita la operación. Esto no quiere
decir que sea en todos, porque si por ejemplo, la v esícula está
dura y seca (v esícula esclerosada o en porcelana) no
responderá bien, pues no tiene y a capacidad para contraerse ni
para eliminar sus depósitos acumulados durante años. Cuando
está engrosada y dura, puede además estar calcif icada, y a
v eces también inf lamada, e incluso necrosada. En ese caso
puede ser necesario operarla en v ez de proceder a realizar
limpiezas hepáticas que no f uncionarán. Tampoco cuando ésta
posee piedras calcif icadas muy grandes, o de más de 1 cm de
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diámetro en su interior podremos eliminarlas f ácilmente con LH.
Hay que ser realistas, y debemos procurar un buen diagnóstico
prev io del estado de nuestra v esícula mediante ecograf ías,
antes de emprender la LH.
Después, si procede, podremos llev arla a cabo pero es
necesario saber primero si la v esícula está sana y f uncional. Si
no lo hacemos así, los resultados obtenidos pueden chocar con
los esperados, y terminar después acusando a la LH de
situaciones que sólo son culpa nuestra y del estado prev io de
nuestra v esícula.
El 80% de las v esículas que poseen cálculos, no contienen
cálculos calcif icados, sino que éstos se componen
principalmente de colesterol (grasa), lo que permite que el acido
málico del zumo de manzana los pueda reblandecer para f acilitar
así su expulsión. Pero cuanto más tiempo llev en las piedras
dentro, o más grandes y duras sean, más dif íciles de expulsar
serán. En estos casos no es un f allo de la LH, sino que el f allo,
en todo caso, consiste en aplicar demasiado tarde esta terapia.
No f altará quien os adv ierta del peligro de que se produzca
una pancreatitis al eliminar los cálculos, y a que éstos pueden
obstruir el tramo f inal del colédoco, denominado ampolla de
Vater. Esta es la zona donde desemboca el conducto biliar
común, procedente del hígado-v esícula y se une allí con el del
páncreas, abriéndose ambos al intestino delgado por la citada
ampolla de Váter. El riesgo obstructiv o, sin embargo no es por
hacer la LH, sino por el simple hecho de tener piedras en la
v esícula. Los cálculos son los que pueden producir la
pancreatitis, mientras que la LH es lo único que puede ev itarla,
en lo sucesiv o. Los que padecen de piedras y cólicos biliares
saben, a v eces por propia experiencia, que éstas siempre
corren el riesgo de desencadenar una pancreatitis, que es una
inf lamación grav e del páncreas. Pero, repito, que el riesgo
prov iene del hecho de poseer pequeños cálculos en la v esícula,
que pueden obstruir el colédoco al soltarse. La LH es
precisamente quien elimina este riesgo si se sigue f ielmente el
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protocolo para desalojarlas. Al hacer la LH según el método
recomendado los conductos se relajan (y dilatan) con el
magnesio de las sales, mientras que el ácido málico del zumo
de manzana reblandece los cálculos para que éstos salgan más
f ácilmente por los conductos. Esto ev ita las obstrucciones en la
eliminación y acaba de paso con el riesgo de padecer
pancreatitis en el f uturo, al ser eliminados todos los cálculos.
Impedimos así que se atranquen los conductos de salida por los
residuos, pero hay que tener en cuenta que si se poseen
muchos restos dentro, quizá sea necesario repetir en pocos días
la limpieza. Esto dependerá de los síntomas que se rev elen tras
la misma. Por eso recomiendo tomar algo más de aceite a los
af ectados de piedras en la v esícula, para ev itar al máximo este
pequeño riesgo, que es siempre de carácter indiv idual y que
está presente en todos los que tienen piedras en su v esícula.
No hacer LH no protege de pancreatitis, sino mas bien a la
inv ersa, especialmente cuando las piedras son pequeñas y
duras, pudiendo salir solas en cualquier momento.
En todo caso, éste es un riesgo que deberá correr quien
decida sacar los cálculos de la v esícula por su cuenta, aunque
si sigue las instrucciones no debiera tener problemas. Ha habido
gente que ha expulsado incluso piedras may ores de 1 cm del
interior de la v esícula, a pesar de que el colédoco sólo tiene 8
mm de diámetro. De ahí la importancia del buen uso de las
sales de Epsom y del zumo de manzana, que f acilitan y
posibilitan todo esto.
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más días de zumo de manzana a lo largo del período de
preparación, para reblandecer más a f ondo todos los residuos, o
combinar éste con la toma de ácido málico en cápsulas. Lo
explicamos a continuación.
A algunos pacientes crónicos, con cólicos biliares repetidos,
el mero hecho de empezar a tomar el zumo les puede af lojar y
mov ilizar los cálculos, aumentando la f recuencia de los ataques
biliares. Esto es porque se reblandecen y se desplazan hacia el
conducto, especialmente los que son de colesterol que son la
may oría. Si es el caso, estos pacientes deben discontinuar la
ingesta del zumo de manzana, o bien del ácido málico en
cápsulas, y prepararse para el v aciado de la v esícula con la LH
cuanto antes, pues ello indica que están rebosantes de
sedimentos y necesitan su v aciado urgente, lo que la LH
propiamente es.
Antes de operarse, el af ectado debiera hablar con otros que
hay an sido operados para v er la mejoría real que obtuv ieron.
Muchas v eces, ésta no existe, pues el hígado sigue colapsado
por coágulos secos de bilis, o cálculos biliares, lo que les
produce un déf icit en la f abricación de bilis. Considero que para
pasar por el quiróf ano, siempre se está a tiempo y en la
may oría de los casos es pref erible empezar con limpiezas
hepático-v esiculares. Consulte a su médico si tiene dudas, los
de mentalidad mas abierta empiezan y a a reconocer las
v entajas de este método. Ciertamente, merece la pena intentar
la LH antes de operarse pues hay que tener en cuenta que la
resección de la v esícula es de por v ida y es un procedimiento
quirúrgico importante. Aunque es pequeño, existe cierto riesgo
de mortalidad y a que si el cirujano se equiv oca de conducto a la
hora de seccionarlo, el resultado puede ser f atal. Hay casos
comprobados de que éste es el error más común y peligroso a
la hora de realizar la laparoscopia, debido a que una pantalla con
imágenes en dos dimensiones puede inducir a error en el
momento de seccionar el conducto de la v esícula y cortar el
colédoco en su lugar. Ello obligaría a una interv ención urgente
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para abrir el abdomen y restaurar de nuev o el colédoco, lo que
en ocasiones resulta letal. Al paciente, no siempre se le explican
suf icientemente todos estos riesgos, ni tampoco las secuelas
deriv adas para su v ida de la ablación de su v esícula.
Los pacientes con piedras en la v esícula f abrican escasa
cantidad de bilis, y el lugar de ésta en la v esícula lo ocupan las
piedras, que pueden llenarla casi por completo. Para que la LH
v acíe la v esícula def initiv amente, es necesario que el hígado
se v ay a limpiando a su v ez por dentro, generando de este
modo más cantidad de bilis, que se irá acumulando en el
espacio que quede en la v esícula. Téngase en cuenta que la
v esícula requiere de un llenado de bilis, al menos parcial, antes
de que ésta pueda salir, arrastrando las piedras consigo durante
una LH. Con cada limpieza hepática f acultamos al hígado para
f abricar más bilis, y contribuimos también a llenar más la
v esícula, a la par que arrastramos con ella poco a poco sus
cálculos durante el Proceso de LH. Por esta razón, la
eliminación progresiv a de las mismas del interior de la v esícula,
estará en relación directa con la cantidad de bilis que segregue
el hígado, y no sólo con su capacidad de llenado o su estado de
motilidad y f uncionalidad.
23

v itales. En inglés, al hígado se le denomina “liver” pues,
ciertamente, es el órgano que da no sólo la v ida, sino también la
v italidad.
El problema es que la medicina descarta la importancia de
estos residuos tóxicos coagulados en su interior. Por esta razón,
muy poca gente reconoce la imperiosa necesidad de limpiar su
hígado, ni tampoco comprende la importancia de hacer esta
cura periódicamente. Pero todo enf ermo crónico debiera ser
consciente de que su hígado está necesariamente colapsado
por los residuos generados del producto de su metabolismo a lo
largo de su v ida. Generalmente, los hábitos dietéticos o la
predisposición hereditaria, conducen a ello, y es entonces
cuando estos cálculos obturan parcial o totalmente sus
conductos intrahepáticos, ocasionando un complejo conjunto de
síntomas en todas direcciones.
Imagina ahora tu cuerpo como si de un coche se tratase,
pero al que nunca le has hecho el mantenimiento. Si no
recambias el f iltro de aceite, ni del aire, etc… pronto andará a
trompicones, consumirá mucho más de lo debido, y un buen día
se detendrá. Lo puedes llev ar entonces al mecánico, pero
como no limpies (o cambies) los f iltros, no solucionarás nada.
Es un problema de acúmulo de residuos, lo que impide su
normal f uncionamiento.
El cuerpo es igual, sino peor, pues si el f iltro hepático esta
atascado, la circulación sanguínea y linf ática se estancan y
detienen impidiendo la autodepuración. Así, empiezan a
acumularse depósitos tóxicos por todos lados y a que no pueden
ser f iltrados y después eliminados al exterior. Como la sangre,
transportadora de metabolitos procedentes de la digestión, no es
capaz de atrav esar f ácilmente el atasco o congestión hepática,
se estanca hacia atrás como si f uera una presa o embalse,
dando lugar a las molestas hemorroides, y af ectando también
notablemente a la circulación sanguínea de la mitad inf erior del
cuerpo. Toda la sangre procedente del abdomen debe atrav esar
el estrecho paso del hígado, camino del corazón que la bombea
26
hacia sí. Pero los residuos intrahepáticos impiden su f lujo
normal y promuev en el estancamiento y la aparición de v arices,
pies f ríos, etc… Todo por la congestión del hígado.
Es como poner un peaje en mitad de la autopista, con una
sola cabina de pago. La circulación por ella se acumulará hacia
atrás, hasta que se colapse todo el sistema v iario. Igualmente
sucede con la sangre en el peaje el hígado, porque si no hay
circulación f luida a su trav és, no puede haber salud. Este
atasco de sangre dentro del hígado, no sólo se acumulará hacia
atrás, sino que también obligará a un may or esf uerzo de
succión al corazón para hacer atrav esar la sangre por el hígado.
El sobreesf uerzo que ello conllev a durante largos años,
terminará por producir af ecciones cardiacas al mantenerse este
duro peaje sobre el músculo cardíaco.
Por otra parte, el estancamiento circulatorio deriv ado de la
congestión hepática, prov oca la acumulación progresiv a de
residuos en el organismo, lo que termina por generar un atasco
también del sistema linf ático, que es algo así como el
alcantarillado del cuerpo. Esto da lugar a edemas linf áticos,
linf omas, f ibromialgia, síndrome de f atiga crónica, entre otras
muchas patologías… que no tienen cura si no se limpia a f ondo
el hígado.
Finalmente, todo este panorama de intoxicación orgánica
progresiv a, en caso de no resolv erse en algún momento de
curación holística, conduce necesariamente al cáncer. Tanta
basura rodeando las células hace que éstas se asf ixien porque
los nutrientes y el oxígeno no las alcanzan, ni tampoco se v e
f acilitada de algún modo la excreción de sus residuos
intracelulares, como demostró el premio Nobel de Medicina y
Fisiología Otto H. Warburg4. En su intento por sobrev iv ir casi
sin oxígeno y sin nutrientes, las células orgánicas se hacen
anaerobias (no requieren de oxigeno), y mutan para obtenerlo a
trav és de otra v ía metabólica del ciclo de Krebs. Esto las
degenera, es decir, altera su ADN y prov oca que se repliquen
sin control. Es lo que conocemos como cáncer.
27
Desde el habitual ámbito médico se conf unde este esf uerzo
def ensiv o que es el cáncer con un ataque hacia sí mismo
(¡como si el cuerpo se dedicara a atacarse a sí mismo!) . La
gran may oría de los médicos consideran que hay que matar a
las células rebeldes con quimioterapia y radioterapia. Resulta
f ácil echarle la culpa al cuerpo cuando no sabemos tratarlo para
que se recupere. Pero no, somos nosotros los que lo estamos
atacando a él, que sólo se def iende del exceso tóxico que lo
ahoga. En realidad, todo lo que hay que hacer para recuperar la
salud en casi todas las patologías, es limpiar los tejidos y
líquidos en que se bañan las células orgánicas, y eliminar todos
sus residuos. Al dev olv erles el oxigeno y los nutrientes
saludables -lo cual es en gran parte f unción del hígado- ellas
recuperan su normal f uncionamiento, y con éste la salud. El
cáncer, como la may oría de las enf ermedades, es debido a la
intoxicación orgánica, que se desarrolla y mantiene en gran
parte por un hígado que no f iltra ni elimina bien durante años y
años.
Sin embargo, ahora podemos mejorar el estado de nuestros
tejidos internos con la limpieza hepática. Si lo necesitas, prueba
esta cura tan sencilla y natural y, en poco tiempo, comprobarás
su ef icacia progresiv a. Ya hemos dicho que cuando abundan los
sedimentos en el interior del hígado, decae su rendimiento, no
sólo digestiv o, sino también metabólico. En ese entonces,
habitualmente se le echa la culpa al estómago, a los intestinos,
a la piel, sistema inmunitario, corazón, páncreas y un largo
etc…. Pero éstos son sólo órganos diana, es decir, los
perjudicados y repercutidos por su estado de congestión. No
son los culpables, ni la raíz del problema está ahí.
Un hígado graso es eso precisamente, un órgano que está
lleno de cálculos de grasa –colesterol- y que

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