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Libro Juegos insolentes Libro 3 – Emma Green PDF

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acuarios, las salas de juego, el cine y los museos de la isla. El sol aparece cada mañana, resplandeciente y orgulloso, pero casi siempre termina por escaparse y darnos la
espalda de manera espontánea. Un poco como Tristan Quinn, ahora que lo pienso. Mi coinquilino me habla más abiertamente, con más libertad que antes. Pero el
animal sigue en guardia. En cuanto cree haber llegado demasiado lejos, en cuanto se siente demasiado vulnerable, se retira bajo su caparazón y ya no lo veo hasta el día
siguiente.
Sea como sea, la paz reina en la casa de Eaton Street desde la llegada de la carta. Es extraño, ya no nos comportamos como cuando teníamos 18 años. No creí que
fuéramos capaces de una hazaña así. Y sin embargo… Ya no hay más disputas, puertas azotadas ni gritos de frustración y de incomprensión. Desde hace diecinueve
días, Tristan y yo llegamos a hablarnos inteligentemente, sin provocarnos, cosquillearnos, llevarnos al límite. La atracción entre nosotros sigue allí, a veces sutil y
mesurada, a veces incontrolable y peligrosa, pero fuera de algunos micro deslices, no ha habido ningún avance importante.
Sus labios… Una invitación al pecado…
– Sawyer, ¿te concentras? me sonríe el interesado, con su rostro iluminado por la pantalla de la computadora.
Varias tardes de la semana, él me acompaña en la sala, toma asiento sobre el sillón y se pone la computadora sobre las rodillas. Juntos visitamos los foros de niños
desaparecidos, publicamos nuevos avisos de búsqueda, contamos la historia de Harry, descubrimos la experiencia de otras familias que han vivido el mismo drama que
nosotros.
Tristan parece estar menos enojado que antes. No resignado ni pesimista. Aprieta la mordida y tiene fe, contra viento y marea. Yo lo apoyo como puedo,
encontrando a veces nuevas ideas para reabrir nuestra investigación. Encuentro justamente un sitio de envejecimiento virtual y me doy cuenta de lo útil que nos podría
ser esta herramienta. Teniendo cuidado con las palabras que utilizo, le propongo a Tristan ver cómo podría ser Harry hoy en día. El hermano mayor acepta, a pesar de
algunas reticencias. Ver a su hermano pequeño transformándose frente a sus ojos seguramente volverá a abrir su herida, le recordará su ausencia, la falta que le hace y el
tiempo pasa sin él.
– Tendría 10 años, digo en voz alta llenando la información.
– ¡Liv, espera! duda de pronto Tristan. Va a ser… extraño ver eso, ¿no?
– No estamos obligados a hacerlo, decido dejando de sonreír. ¡Fue una idea tonta!
Evidentemente, el titán con ojos azules cambia de opinión mientras tanto.
– No, hazlo. Eso sólo puede ayudar. Ya no sirve de nada publicar fotos de él cuando tenía 3 años. Debe haber cambiado desde entonces…
– ¿Seguro?
– Estoy listo, dice con la mirada fija y contrayendo la mandíbula.
Esa misma noche, descubrimos el nuevo rostro de Harry, con siete años más. Si sigue vivo, debe parecerse a esto. El mismo, casi siete años después. Un niño que
se ve bien portado, un poco melancólico. Una linda cara redonda con rasgos extremadamente finos. Sus dos grandes ojos azules siguen allí, plantados encima de una
nariz recta y fina. Su cabello es castaño, un poco más obscuro que antes, como el de su hermano.
– Mierda, resopla Tristan. Se parece a mí cuando tenía su edad…
Nuestras miradas se cruzan y lo que leo en la suya me estruja el corazón. Una inmensa pena, mezclada con agradecimiento… y esperanza.
– ¡Tengo que publicar esa foto! dice recuperando la computadora.
Lo dejo hacerlo, observando sus dedos desenvolviéndose en el teclado. Ignoro si algún día encontraremos a ese niño, ignoro si seguirá siendo un niño de aquí a

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entonces, pero lo que hace Tristan me llena de admiración. Por primera vez desde hace años, me doy cuenta de que su combate no es en vano. Ni desesperado. Que no
estaba loco.
Encontremos a Harry o no, Tristan ha sabido mantenerlo vivo en su memoria.
– ¿Quieres una pizza quemada? le propongo constatando que ya pasó la hora de la cena.
– ¿Cómo decir que no a eso? me sonríe.
– ¿Con ensalada?
– No, con palomitas.
– Tristan Quinn, estás adquiriendo malos hábitos, río suavemente.
– Es tu culpa, Sawyer. Te has convertido en mi modelo. Mi musa…
Su tono es claramente irónica, pero eso no me impide caer en la trampa.
Malditas mariposas en mi estómago…
Entro en la cocina, lleno el plato del gato y meto una pizza de cuatro quesos en el horno apenas precalentado. Una vez que la bolsa de palomitas está en el
microondas, puedo contestar mi teléfono que vibra por tercera vez.
– ¿Diga?
– Buenos días señorita Sawyer, habla el teniente Boyle. Lo lamento, tardé más de dos semanas en comunicarme, pero estoy en medio de una investigación
complicada…
El teniente Boyle. El hombre que puso todo de su parte durante dos meses para encontrar a Harry… sin éxito. Me aíslo un poco al fondo de la cocina y me recargo
contra la pared antes de responderle.
– Gracias por regresarme la llamada, teniente. ¿Podríamos vernos?
– Imposible, estaré en Orlando por varias semanas. ¿Tiene alguna novedad? me pregunta de pronto su voz con respiración ruidosa.
– No. Sólo preguntas.
– La escucho…
– Mi padre, Craig Sawyer.
– Lo ubico perfectamente. Alto. Rubio. Fumadora. Muy involucrado con la investigación.
– Murió hace algunos meses…
– …
– ¿Teniente?
– Lo lamento mucho, señorita Sawyer.
– Gracias. ¿Va a responder mi pregunta? ¿Realmente responderla?
Casi lo escucho sonreír, al otro lado de la línea.
– Lo intentaré. Adelante.
– ¿Mi padre sabía algo que nosotros ignoremos? ¿Usted nos escondió información importante?
– ¿Nos?
– A Tristan y a mí.
– Tristan Quinn… Imagino que debe seguir buscando a su hermano.
– Jamás se detendrá.
El hombre suspira profundamente, luego termina por responder:
– Su padre colaboró mucho con la investigación durante los primeros meses. No podía evitarlo, tenía que saber más, indagar, buscar. Incluso después de irse de los
Estados Unidos, siguió contactándome de vez en cuando. Quería intentar con otros enfoques, seguir otras pistas.
– ¿Nunca logró nada?
– ¿Harrison fue encontrado, señorita Sawyer?
– No.
– Ésa es su respuesta.
– Muy astuto, gruño, decidida a no dejarme. ¿Por qué mi padre murió estando convencido de que Harry seguía vivo?
– Porque nunca nada nos demostró que estuviera muerto, señorita Sawyer. Su cuerpo jamás fue encontrado. Nadie confesó nada.
– ¿Usted también cree que esté vivo? pregunto de repente.
Silencio incómodo, durante varios segundos. Sólo la respiración laboriosa del teniente me indica que sigue al otro lado de la línea.
– Digamos que el caso no está totalmente cerrado, admite.
– ¿Cómo? ¿Usted sigue investigando?
– No, no tengo ni el tiempo ni los medios. Mi rango me hizo comprender que tenía que pasar a otra cosa hace mucho. Pero no estoy totalmente en paz con eso.
Sigo alerta.

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El microondas se detiene, ya no necesito poner atención para escucharlo bien.
– Liv, intente vivir con eso…
– Mi padre debía tener una idea precisa para creerlo con tanta seguridad, me obstino.
– Él nos dio varias pistas, varios sospechosos, pero nunca llegó a nada. Creo que estaba más guiado por su corazón que por su razón…
– ¿Me puede dar los nombres de esos sospechosos?
– No puedo revelárselos. Y aunque pudiera no lo haría. Resultaron inocentes. Ahora, hay que seguir adelante…
– Su rango lo ha lobotomizado, murmuro.
– Es posible, responde sin buscar justificarse. Buenas noches, señorita Sawyer.
– Buenas noches, teniente.
Cuelgo preguntándome si esa llamada ha sido productiva o no, antes de darme cuenta que Tristan se encuentra justo atrás de mí. Me sobresalto, suelto un grito
agudo y pongo mis manos sobre su torso tenso.
– ¡Tristan! ¿Quieres que me dé un infarto?
– ¿Boyle sigue siendo igual de inepto?
– ¿Qué? Tú…
– Reconocería su voz a kilómetros, Liv.
Dicho esto, el titán me rodea con sus brazos para abrir el microondas que se encuentra atrás de mí y saca las palomitas ardientes. Este contacto me electriza. Se
mete algunos granos de maíz en la boca como diciendo « ni siquiera me duele y ni siquiera le temo al calor », luego me interroga con la mirada como si nada:
– ¿Entonces? ¿Me cuentas sobre la llamada?
***
Algunos días después de todas esas emociones, Bonnie llega en el mejor momento. Necesito despejarme y ella necesita urgentemente un chofer que la lleve a
Miami. Esta noche, está por vivir « el momento más bello de su vida ».
– ¡Perdí el camión esta mañana! ¡Y mi maldito auto no enciende! ¡Mi jefe en el coro me va a despedir si no asisto al menos al último ensayo! Ben Harper… ¡Voy a
abrir el concierto de BEN HARPER, Liv!
– ¡Bonnie, deja de gritar o te vas a lastimar la garganta! Y ha llegado el momento de comprarte un auto de verdad… Tu vieja carcacha ya no va a servir. Puedo
ayudarte si necesitas…
Mi mejor amiga se ofusca, para no variar:
– ¡Jamás! ¡No gano una fortuna, nunca seré tan rica como tú, pero no me importa! ¡Vivo de mi música y eso me basta!
– OK, relájate, sólo decía…
– Ya sé, soy una diva, suspira. Gracias por estar aquí y por haber dejado todo por mí…
– A veces la espontaneidad es buena, le sonrío. Bueno… ¿y este concierto?
– ¡¿Puedes creerlo, Liv?! ¡Estoy por subirme al mismo escenario que él! ¡Dios mío, Ben Harper va a incendiar el lugar! exclama ventilándose con una mano.
Su última frase me hace pensar de inmediato en su ex. El mejor amigo de Tristan. Por un tiempo, fuimos un cuarteto muy extraño…
– ¡Drake, sal de ese cuerpo! río entrando en la carretera.
– ¡Mierda, tienes razón! Él habría dicho algo así, me responde con una mueca.
– Olvídalo…
– Para ti es fácil decirlo… Seguramente estará allí esta noche. Todos los Key Why estarán, de hecho. Son fans de Ben Harper.
– No todos estarán allí, Bonnie. No Tristan…
– Sí, no creo que eso suceda. Ya no le gustan los conciertos.
– Peor aún: ya no le gustan las personas, suspiro.
Entramos a Miami sin ninguna complicación y llegamos nuestro destino con bastante anticipación. Es la primera vez que pongo un pie en esta inmensa sala
privada, que logra seguir siendo íntima a pesar de la impresionante cantidad de asientos.
– Ella viene conmigo, indica orgullosamente Bonnie haciéndome acceder tras bastidores.
Su director del coro corre hacia ella y la regaña – lo cual no le importa porque está flotando sobre una nube. Me vuelvo discreta, sonrío cuando algunos de sus
colegas me saludan. Cantantes apasionados, como ella, que no dudan en salir de viaje tres semanas al mes para, cuando tienen suerte, compartir el escenario con grandes
personalidades como es el caso esta noche. Rápidamente, me hacen señas para que abandone el camerino – tienen que calentar las voces. Bonnie me recuerda que mi
lugar está hasta el frente, justo detrás de la sección VIP, y llego hasta ahí dejando tras de mí al grupo que hace ruidos de animales y de motocicleta.
La sala ya comienza a llenarse cuando llego a la tercera fila y ocupo mi lugar. Durante la siguiente media hora, veo pasar a Drake, Jackson, Elijah y Cory – quienes
realmente no han cambiado en seis años y todos me piden noticias de Tristan, preocupados. Finalmente terminan por sentarse y observo a la gente a mi alrededor.
– ¿Liv? ¡Si yo no estoy en la oficina, tú deberías estarlo! ¿Quién se ocupa de a venta de Southard Street? dice una voz divertida detrás de mí.
Con su camisa rojo obscuro pegada al cuerpo, Romeo parece más que nunca un latin lover. Aunque odio las sorpresas, me alegra verlo aquí.
– La venta fue exitosa. Se la confié a personas altamente calificadas… ¡que tú mismo contrataste! le sonrío dejándolo pasar a su lugar, al lado del mío.
– Liv Sawyer dejando el trabajo a un lado… Es preocupante, bromea.
– Fue un caso de fuerza mayor. Mi mejor amiga me necesitaba, va a abrir el concierto esta noche, perdió el camión y su auto se descompuso. Así que la acompañé.
Pero no sabía que te gustara Ben Harper.
– Adoro a Ben Harper y Chad tenía boletos.
Chad, el nuevo asistente de Romeo, quien lo sigue a todas partes y le tiene una admiración casi preocupante.
– ¡Mi primo Jad también va a abrir el concierto! me informa el joven. ¡Sin él, no tendríamos tan buenos lugares!
– Chad… ¿De verdad tu primo se llama Jad? se burla Romeo.
– Sí. Otro se llama Tad. Y Brad. …
¡Maldición! Que el concierto empiece ya, por favor…
Lo veo menos de diez segundos antes que las luces se apaguen. Camina con su andar indolente, con una mano en el bolsillo, la otra sosteniendo su boleto, y se
sienta en medio de los VIP. Es decir, a menos de cinco metros de mí.
Tristan.
Reconozco su espalda. Luego su perfil, cuando se agacha para sentarse al lado de una pelirroja que ya se encontraba allí y parece estar bajo su encanto. Reconozco
su playera también. El rostro de Kurt Cobain en blanco y negro atravesando su espalda. Tan rock’n’roll. Tan sexy. En esta sala abarrotada, mal iluminada y
sobrecalentada, me parece sublime. He visto miles de rostro… el suyo es el único que se ha quedado grabado.
Algunas luces pierden brillo. El ambiente se vuelve atenuado, las voces se transforman en murmullos. Y de repente, cuando ya no me lo espero, algo incita a Tristan
a voltear y mirar a la chica rubia detrás de él, en la tercera fila. Sus ojos vivos se entreabren por un instante y luego se entrecierran. Una pequeña sonrisa insolente nace
en sus labios… Luego desaparece cuando Romeo decide poner su mano sobre mi brazo, para contarme algo al oído.
Tristan me observa con una nueva intensidad. Parece… decepcionado. Casi herido. Una a una, las luces se apagan y el grupo góspel aparece sobre el escenario. Al
centro, Bonnie Robinson y su voz de terciopelo. La escucho, con admiración, pero estoy en otra parte. Lejos, muy lejos.
Esa mirada…
El concierto dura una eternidad. El público está de pie para bailar y canta al unísono, me concentro en la primera fila para observar a Tristan a pesar de la
penumbra. Romeo se agita al lado de mí, conoce la letra de memoria, a veces se agacha para hablarme. No lo escucho pero muestro una sonrisa forzada. Fuera del corto
solo de Bonnie, cuento los minutos que me separan del final. Al terminar sus doce canciones, Ben Harper regresa dos veces para honrar a su público, luego desaparece
de una vez por todas detrás del telón. Los espectadores comienzan a levantarse y a dejar sus lugares.
– !Estuvo increíble! se emociona Chad.
Romeo agrega, secándose la frente brillante:
– Ese hombre definitivamente es el rey del folk, del blues, del góspel, del funk, del reggae…
– Exacto, comento buscando a Tristan con la mirada.
– En serio, Liv, insiste mi colega. ¿No te gustó?
Le hago una señal de que sí y por fin encuentro a Tristan levantándose cuando Drake y Cory se acercan a él. Acompañados por Jackson y Elijah, se reencuentran
con palmadas en el hombro y sonrisas. La banda está nuevamente completa. Desde donde estoy, no escucho nada, pero tengo la impresión de que están felices de estar
juntos. Es algo tonto, pero eso me da felicidad.
Dejo mi lugar sin dejar de observarlos. Veo a la pelirroja coqueteando con los cinco músicos – su presa principal claramente sigue siendo Tristan – hasta que por fin,
Drake me ve. Me hace una señal para que los acompañe, le explico a Romeo que debo irme y mi colega me responde que ya se va con Chad. Y justo en el momento en
que Tristan voltea la mirada hacia mí, Romeo decide darme un beso en la mejilla. Un beso largo e insistente…
Me sonrojo por la sorpresa, sintiéndome casi culpable, luego decido unirme a la banda de los Ex Key Why evitando cuidadosamente la mirada de Tristan.
– ¡Liv! ¿Cómo viste a Bonnie? me pregunta Cory dándome un golpecillo en la mano como cuando teníamos 15 años.
– ¡Toda una killer! le sonrío a todos. ¡Qué voz!
– ¡Sí, Drake se volvió a enamorar! se burla Elijah.
– Cállate, Eli.
– ¿Tu gigoló no nos quiso saludar? me susurra Tristan al oído.
Lo fusilo con la mirada e intento concentrarme en la conversación entre Drake y Jackson. Fracaso total. Una pregunta me quema la lengua.
– ¿No me presentarás a tu futura esposa? le murmuro.
– Ginger, te presento a Liv. Mi… ¡coinquilina! sonríe el insolente antes de morderse el labio.
La chica me ofrece la mano con la mayor amabilidad del mundo, convencida de que quiero conocerla. Mientras que me obligo a comportarme como persona
civilizada, Tristan se burla y se pasa la mano por la cabellera rebelde. Huelo su

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