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Juegos Prohibidos 4 Emma Green

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Descargar libro PDF tarde para cenar con nosotros, pero van a cenar aquí juntos, punto final!
Primero sorprendido por los ladridos de su madre, Tristan se pone a reír cuando se
da cuenta de que lo está amenazando con un pelador. Para mi gran sorpresa, el
rebelde no dice ni media palabra y se conforma con tomar su teléfono para escribir un
mensaje. Que me envía a mí.
[Entonces, como decía antes de que Cuisinator llegara… ¿Cuál de mis ex?]
Saco de mi bolsillo mi teléfono con la pantalla rota y escribo a toda velocidad:
[¿Lana ?]
[Es demasiado amable e inocente para hacer algo así.]
[¿Piper?]
[Negativo. No sabía nada de ti cuando empezaron las amenazas.]
Extrañamente, en este caso no habla de inocencia…
[¿Las gemelas? (Acabo de vomitar un poco en mi boca.)]
Tristan lee mi último mensaje y suelta una risa grave y sexy. El bastardo. Un deseo
brutal se apodera de mí: muero por empujarlo violentamente de su taburete para que
se rompa un hueso o dos. Pero su respuesta ya está haciendo vibrar mi teléfono.
[Entre las dos no juntan las suficientes neuronas para imaginar eso…]
Esta vez, soy yo quien ríe en voz baja.
[¿Entonces quién? Te has acostado con todas las chicas de por aquí, ¿debemos
hacerlas testificar a todas?]
Tristan pone los codos sobre la encimera, pareciendo pensativo. Luego vuelve a
escribir, mientras que Sienna continúa ignorando nuestra conversación secreta,
obnubilada por sus patatas.
[Y si no fuera una de mis ex… ¿Sino uno de los tuyos?]
[Es decir…]
Mi mirada se cruza con la suya y en ella leo una rabia salvaje.
[Sí, él. El idiota al que no me dejaste romperle el hocico el otro día. K.Y.L.E.]
Digo que no con la cabeza.
[No tiene ninguna razón para chantajearme. No tiene nada que ganar…]
Tristan suspira y empuja su plato.
[Bueno, vamos avanzando… Puede ser cualquiera, no vamos a resolver el misterio
esta noche. ¿Postre, Sawyer?]
[Hasta por mensaje tienes que llamarme por mi apellido…]
[Me gusta llamarte así.]
[¿Porque eso me molesta?]
[Entre otras cosas. También porque eso me recuerda que tú y yo no llevamos el
mismo apellido…]
Mis ojos se desorbitan al darme cuenta de que ésa es la verdadera razón. El hecho
de que no tengamos el mismo apellido convierte nuestra relación en menos…
escandalosa, prohibida. Y esa atención de su parte, aunque sea disimulada, me da
unas ganas locas de besarlo. Sin embargo, debo conformarme con un enésimo
mensaje:
[No me había dado cuenta… Me gusta mucho (apasionadamente) esa idea, Quinn
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Su mirada se ha suavizado, al fin me sonríe y una multitud de mariposa vuela en mi
vientre. Maldito hoyuelo. Desviando la mirada, redacto a toda velocidad:
[¡Una malteada de Oreo! ¡The Bachelor me espera!]
[Claro… Hay un partido de los Miami Heat esta noche.]
[¿Tristan? ¿Quieres morir asfixiado mientras duermes?]
El titán pone los ojos en blanco, salta de su taburete y se acomoda la playera de
Led Zeppelin. No me pierdo ni un segundo de este espectáculo. Él se da cuenta, se
acerca a mí y me observa, con la mirada sombría y jovial, conteniéndose claramente
de sonreír.
– Sueñas, Sawyer, con acompañarme mientras duermo… O más bien, de estar en mi
cama… susurra antes de caminar indolentemente hasta el refrigerador.
Un poco temblorosa, con las mejillas y el corazón encendidos, verifico que Sienna,
frente a su licuadora, no haya escuchado nada y luego dejo la cocina escribiendo:
[¡Voy a esperar mi malteada en la sala, provocador!]
Me acuesto sobre el sillón y enciendo el televisor. La boca se me hace agua al
pensar en mi postre – o en el que me lo va a traer. Harry está acostado, mi padre está
encerrado en su oficina, Sienna ahora está fuera de mi campo de visión, ocupada con
su puré. Parece ser que la noche será maravillosa. De no ser por algo…
En vez de malteada de Oreo, recibo por mensaje su receta y me doy cuenta de que
Tristan ya no está por aquí. Cuando estoy por preguntarle qué hace, la respuesta me
llega como por arte de magia, en un último mensaje:
[Tengo una cita esta noche. Hasta pronto, Sawyer.]
Pestañeo varias veces para verificar que leí bien: « Cita ». Es la primera vez que
Tristan me hace algo así. Intentar ponerme celosa, eso lo ha intentado miles de veces:
buscar herirme deliberadamente, nunca. Él no es así. Aprieto la mordida y me trago
las lágrimas cuando una masa llega de repente a derrumbarse sobre el sillón, al lado
de mí.
Tristan, con una maldita sonrisa retorcida sobre los labios.
– ¿Qué? se burla cuando lo asesino con la mirada. ¡Tengo una cita con el Bachelor!
Idiota.
MI idiota.
***
Fergus está un poco desbordado. Corrección: Fergus está completamente
desbordado. Desde la cocina de la casa de sus padres, él intenta controlar las idas y
venidas de sus invitados – de los cuales la mayoría no lo eran.
– Creí que seríamos unos quince, ¡somos más del doble! gime.
El pelirrojo en pánico se arma de valor y recupera firmemente una botella de Jack
Daniels que un perfecto desconocido acaba de robarse de una alacena.
– ¡Y siguen llegando! le informa Bonnie.
Primero había decidido ayudarle a nuestro amigo, pero la linda morena cambió
rápidamente de opinión. Ella nota a Drake en la habitación de al lado y nos abandona
haciendo volar su vestido abombado.
– Mi padre me va a matar. Si se entera de que organicé una fiesta en su ausencia…
– Fergie, tranquilo, dentro de cuatro horas todo el mundo se habrá ido, mientras
tanto, ¡vamos a limitar los daños!
– Los tiempos son difíciles para mi familia en este momento, ¡si rompen algo,
estaré muerto!
Es apenas la segunda vez que vengo aquí, a esta pequeña casa vieja y polvorienta.
A Fergus no le gusta mezclar a la familia con los amigos, creo que le cuesta trabajo
asumir el lado old school y un poco rígido de sus padres, inmigrantes irlandeses que
nunca han sido lo que su hijo soñaba que fueran. Echo un vistazo a mi alrededor y
noto que parecen faltar algunos muebles antiguos por aquí y por allá. No me atrevo a
preguntarle a mi amigo si él los movió o si sus padres los vendieron para completar el
fin de mes. Lo único que sé es que Fergie necesita mi apoyo incondicional.
Obviamente, en este justo momento, una castaña ebria se baña con cerveza en
medio del pasillo…
Intento bajar la música varias veces, pero siempre hay alguien que le vuelve a
subir al máximo. Fergus hiperventila al ver la cantidad de vasos tirados en el piso, yo
paso con una bolsa de basura para mejorar mi reputación. Las personas se burlan
gentilmente de mí, me otorgan el título de Miss Basura, pero no me rindo. Estoy ahí
para ayudar a mi amigo, quien tontamente se creyó capaz de organizar una fiesta en las
Keys, con todos esos chicos ricos, tan derrochadores como irresponsables.
– No hay duda, sabes muy bien cómo divertirte, Sawyer…
Con mi bolsa de basura en la mano, me volteo bruscamente y me encuentro a
Tristan, con una sonrisa burlona en los labios. Se ve más sexy de lo normal con sus
jeans y su polo azul marino. Por mi parte, estoy toda despeinada y llena de cerveza.
Después de observarme de los pies a la cabeza, él vacía su botella de un trago y me la
da, como si intentara ayudarme.
– No estás obligada a ser siempre perfecta, sabes… Tienes derecho de soltarte un
poco.
– Cuando me suelto un poco, hago cosas que no debería hacer, murmuro sin desviar
la mirada.
Él cruza los brazos sobre su torso, sorprendido por mi audacia. Los miembros de
su grupo lo llaman un poco más lejos y los ignora.
– ¿Te arrepientes, Sawyer?
– Ni por un segundo. Asumo todo lo que hice, dije o sentí. Pero eso no quiere decir
que estoy lista para hacerlo otra vez…
– ¿Nunca?
Su mirada se obscurece, juraría que se estremeció.
– Nunca digas « nunca ».
Su mirada se fija sobre un punto invisible, en mi cuello. Luego se pasa la lengua
por el labio inferior y, sin agregar una palabra, me rodea para alejarse. Al fi respiro,
dándome cuenta de que estaba conteniendo la respiración. En el momento en que
intento avanzar, una mano se pone sobre mi nuca y me detiene. La voz cálida y
profunda de Tristan llena mis oídos:
– Aunque me dijeras « nunca », lograría hacerte cambiar de opinión, Liv.
– Arrogante, resoplo con el corazón enloquecido.
– No, simplemente lúcido.
Tan pronto como llegó, el titán se vuelve a ir en dirección a sus amigos que juegan
a tomar cerveza parados de manos. Intento controlar los latidos de mi corazón cuando
Fergus se lanza sobre mí, a punto de deshacerse en lágrimas.
– Encontré dos… Dos… Dos…
– ¿Dos qué? ¡Fergie, cálmate!
– En la cama de… de…
– ¿De quién?
– ¡De mis padres!
Esta vez, lo tomo de la playera y lo jalo hasta el comedor donde está puesta la
reserva de alcohol. Nos sirvo un shot de algo y le doy el suyo, ordenándole que se lo
tome. Por su bien. Ya que la situación se le escapa de las manos y es completamente
impotente, mejor que se relaje un poco. Así será mejor.
– ¡A las tres, te lo tomas!
– Pero…
– Fergus, ¡toma o llamo a la policía! ¡Uno… Dos…Tres!
El alcohol transparente me quema la garganta, pero nos vuelvo a servir una
segunda ronda y mi amigo parece relajarse de repente. Tomando mi segundo vaso,
cruzo mi mirada con la de Tristan, un poco más lejos. Ignoro si me está vigilando,
pero eso parece.
¿Acaso vino… por mí?
Dejo la sala – convertida en pista de baile – cerca de una hora más tarde, dejando
que Bonnie y Fergus hagan su show. Una vez en la cocina, tomo un inmenso vaso de
agua helada y observo el moretón que se está formando ya en mi brazo derecho.
Nota mental: ¡nunca más bailar con Fergie!
Algunas risas me llegan desde el pasillo, me recargo en la encimera para respirar
dos minutos. Fuera de un chico dormido en el piso, la habitación está vacía, casi
todos los invitados se aglutinaron en la sala. Ahí fue donde dejé a Tristan. Hace cinco
minutos, crucé mi mirada con la suya mientras bailaba intentando seguir la coreografía
de Bonnie. Él estaba inmóvil, recargado contra la pared, rodeado de sus músicos y
con varias chicas flotándole alrededor. Parecía ignorarlas. Prefería mirarme a mí.
Con esa mirada que me vuelve loca. Que me calienta las entrañas. Y nunca había
tenido tanto deseo de besarlo. Para luchar contra este impulso tan fulgurante como
prohibido, dejé la habitación para llegar aquí. Sola.
¿Soltarme un poco? No esta noche…
– ¡Creo que te vi en alguna parte! ¡Liv! ¡Liv! escucho de pronto.
No reconozco la voz inmediatamente. Sólo descifro que se trata uno: de un chico.
Dos: de un chico ebrio.
– ¡Liv Sawyer, la mejor de todo Key West!
Esta vez, comprendo y corro hacia él, casi tropezándome con un chico acostado en
el piso. En el pasillo, Kyle Evans está contándole sus mentiras a un nuevo público. Y
resulta ser que yo soy la protagonista de su historia inventada en todos los aspectos.
– ¡Ah! ¡Ahí estás, querida!
– Kyle, ¡deja de decir estupideces! Y deja de beber…
Me acerco al castaño con ojos fisgones e intento hacerle comprender que debe
callarse, pero él me toma de la cintura y no me suelta. Intento empujarlo, pero me
lleva con él. A nuestro alrededor, las personas ríen, convencidas de que están frente a
la pareja más depravada de la isla.
– Kyle, deja de hacer eso. Suéltala, le dice Drake cruzándose en nuestro camino.
– ¡Pero no le estoy haciendo nada! ¡Y no hubiera venido si no quisiera verme!
– ¡Suéltame, Kyle!
Mi tono no deja lugar a dudas: realmente quiero que me suelte y estoy a punto de
usar los dientes para lograrlo. Pero la presión de sus manos alrededor de mi cintura
aumenta y me susurra, con el aliento apestando a cerveza:’
– Ven, vámonos a otro lugar…
Estoy por gritarle y por darle un rodillazo en los bajos cuando un inmenso puño
llega a estrellarse en su rostro. Uppercut. Grito de estupor y retrocedo, al fin liberada
de ese cabrón. Cuando volteo la cabeza, sorprendo a Tristan lanzándose sobre Kyle,
quien ya está aturdido y manteniéndose de pie sólo gracias a una pared.
– ¡Basta, Tristan! ¡No vale la pena! grito intentando separarlos.
Pongo mi mano sobre su bíceps tenso, él se voltea de repente y clava sus ojos
azules en los míos. Leo tantas cosas en sus pupilas brillantes. Una mezcla de
violencia, furia, preocupación y algo que parece ternura. Tal vez hasta más que eso…
Pero esa mirada tan bella se me escapa cuando el puño de Kyle golpea la mejilla de
Tristan y la pelea continúa. Esta vez, es imposible detenerlos. Sus amigos se meten ya
que la lealtad los obliga. Después de un minuto, son una decena golpeándose. ¿Yo?
Sólo grito al aire.
Y tengo unas ganas locas de participar…
Fergus llega, sudando por haber bailado tanto y furioso de ver su pasillo
transformado en un ring de box. Creo que nunca lo había escuchado gritar tan fuerte:
– ¡FUERA! ¡TODO EL MUNDO, FUERA!
– ¡Ya llamé a la policía y ya viene en camino! agrega Bonnie.
– ¿Qué? ¿Pero por qué hiciste eso? se enoja la pelirroja. ¡Van a avisarle a mis
padres!
– Tuve miedo, dice tímidamente. Por Liv.
– ¡FUERA, YA DIJE! ¡SIN EXCEPCION!
La gente ha bebido, bailado, coqueteado y golpeado lo suficiente, así que dejan la
casa sin rechistar, uno tras otro. Kyle desaparece, en mal estado, arrastrado por sus
amigos. Los Key Why se escabullen también, siendo Tristan el último y volteando una
vez hacia mí para hacerme una señal de que los siga. Pero resisto. Me quedo cerca de
Fergus, atrozmente preocupada:
– Fergie, te ayudo a recoger…
– No. Ve a casa, Liv. Francamente, ya hiciste suficiente. Tu ex es un cerdo y tu
hermanastro es una bomba de tiempo.
– ¿Estás seguro que…? insisto con tristeza.
– Bonnie va a ayudarme. Vete.
Creo que es la primera verdadera pelea que tengo con él. En todo caso, la primera
vez que lo decepciono tanto. Entonces, como no puedo ser útil, llego hasta la salida y
me uno a Tristan, recargado en el porche de madera, agarrándose la mandíbula como
si le doliera.
Y algo me dice que un nuevo duelo va a comenzar…
2. Lejos de las miradas
– ¿A qué estás jugando, Quinn? ¡Nos van a ver!
Corro detrás de él desde que dejamos la casa de Fergus, a pie, pero Tristan se
niega a dirigirme la palabra. Extrañamente, su rabia contra Kyle parece haberse
volteado contra mí. Ahora que regresamos, me veo obligada a susurrar mientras que
tengo ganas de gritar. Es de noche, todos en la casa están dormidos y él no hace
ningún esfuerzo para no hacer ruido.
– ¿Escuchaste lo que dije?
Lo alcanzo en la escalera subiendo con la punta de los pies, lo rebaso y me planto
frente a él. De pie sobre el escalón más alto, estoy unos cuantos centímetros más alta
que él. Por primera vez. Él enciende la luz, percibo la marca roja en su mejilla, que se
está poniendo violeta, y la apago. La enciende nuevamente.
– ¡Tristan!
– ¿Qué? responde en voz alta, molesto.
Le pongo la mano sobre la boca y espero algunos segundos, para verificar que
nadie se haya despertado – mi padre o mi madrastra

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