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Libro La clínica de la muerte – Gunther Schroder

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PDF Descargar Madre e hijo habían llegado a la población de El Basalto el día anterior y ahora se apresuraban caminando por las calles tratando de llegar a una de las dos
Clínicas locales para recibir atención médica. El edificio consistía de una sola planta con largos corredores que llevaban a consultorios y a algunos cuartos para los
pacientes que se encontraban en mal estado y necesitaban internarse. Cuando descubrieron el edificio, se encaminaron en esa dirección y al entrar, una persona les
preguntó qué tipo de ayuda necesitaban y después les indico la dirección en donde podrían encontrar el lugar que buscaban.
Arcadio se sentó junto a su madre en la sala de espera. Habían hecho una cita para ver el doctor y su madre, pensando en ahorrar unos pesos, decidió asistir a La
Clínica en lugar de ver a un doctor particular. El, le decía que no costaría muy caro y el tratamiento sería más rápido pero a insistencia de su madre, hicieron la cita en La
Clínica y ahora estaban esperando su turno.
El Joven había vivido la mayor parte de su vida en los Estados Unidos y visitaba a su madre por lo menos una vez al año. Gracias a su trabajo como Caporal, el
muchacho ganaba buen dinero y en lo económico, la familia estaba muy bien. Ahora que ya había ganado el dinero suficiente, no regresaría a los Estados Unidos y se
quedaría en su rancho para trabajarlo y empezar su propia familia. Su madre era la única persona que le quedaba en la vida y quería estar con ella por el resto de sus
días.
La asistente de La Clínica atendía a los enfermos que entraban y salían junto con otra chica que la ayudaba a coordinar los pacientes de varios doctores. Las dos
pasaban el tiempo revisando los documentos que llenaban los enfermos y de vez en cuando, se oían algunas risas provenientes de las chicas que reían alegremente,
mientras enviaban y recibían textos en sus teléfonos celulares.

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Arcadio miraba a las coordinadoras entrar y salir de los consultorios llevando montones de expedientes en sus manos. La cita para la señora Aurelia Ramírez
estaba hecha para las nueve de la mañana pero ya era pasado de las diez y media y nadie sabía a qué hora sería recibida. La Doctora había llegado una hora tarde y se
pasó media hora en su consultorio a solas, hasta que por fin empezó su trabajo. Las líneas se empezaron a mover finalmente y era cerca de las once y media cuando
Arcadio y su madre Aurelia, entraron al consultorio.
Arcadio acompañó a su madre durante la cita puesto que esta se encontraba sufriendo los síntomas de algo que parecía una gripe que no la dejaba en paz. Antes
de entrar al consultorio, la recepcionista les informó que serían atendidos por La Doctora Chávez.
La Dra. Chávez los recibió cordialmente y les pidió que tomaran asiento para poder atenderlos mientras revisaba el expediente de la enferma.
“¿Dígame joven: Cuales son los síntomas de su mamá?” Preguntó La Doctora mientras ponía su teléfono celular sobre los documentos que tenía frente a ella.
“Pues mi mamá se queja de síntomas como los de la gripe. Empezó con un poco de calentura y después se quejaba de dolor de huesos. Con el tiempo fue
empeorando y empezó a sufrir de problemas para respirar. Su nariz ha estado congestionada y en los últimos dos días, ha empezado a toser continuamente” Respondió
Arcadio mientras que su madre escuchaba atentamente.
“¿Tiene pérdida de apetito? ¿Diarrea u otros síntomas además de lo que ya mencionó?” Preguntó La Doctora mientras tomaba notas.
“Pues no tiene…” fue todo lo que el muchacho pudo decir porque en ese momento, La Doctora Chávez recibió un texto y rápidamente puso su lápiz en el
escritorio y tomando su teléfono, empezó a escribir algo apresuradamente. Después de unos segundos, puso el teléfono en el escritorio otra vez.
“Disculpe, mi amiga no entiende que estoy trabajando y quiere que salgamos a tomar un café” Dijo La Doctora con una sonrisa. “Continúe por favor” Añadió y
volvió a tomar su lápiz para tomar notas.
“Pues le iba a decir que aunque mi madre no tiene hambre, se esfuerza por tomar sus alimentos. Hemos tratado de…” Y el teléfono volvió a emitir un sonido al
que La Doctora respondió de la misma manera en que lo había hecho anteriormente.
Escribió su texto frenéticamente y después hizo una pausa, esperando una respuesta inmediata. En cuanto se escuchó el sonido del teléfono, volvió a escribir
rápidamente y después lo puso en su escritorio.
“Esta gente no entiende que hay que trabajar y uno no puede salir de su oficina a cualquier hora” Dijo La Doctora con una risilla sarcástica.
“Su mamá está comiendo más o menos ¿Y qué más?” preguntó nuevamente para que los pacientes continuaran con el relato.
“Pues debido a la congestión que tiene, nos hemos asegurado que esté tomando bastantes líquidos y en especial jugo de naranja, para que la vitamina C le ayude
un poco” Respondió Arcadio un poco impaciente por las constantes interrupciones.
“Líquidos y jugo de naranja son buenas opciones para evitar que su mamá se deshidrate. Además…” Y el teléfono la interrumpió nuevamente y esta, volvió a
repetir la rutina anterior. Esta vez se tomó casi un minuto en su teléfono y finalmente cuando terminó la discusión con su amiga, tomó el lápiz y escribió algo en su
libreta de notas.
“Le vamos a dar una inyección a su mamá y eso arreglará su problemita. Si en una semana los síntomas persisten, haga otra cita para ver qué más podemos
hacer” Dijo La Doctora con una sonrisa y se levantó de su silla.
Madre e hijo permanecieron sentados sin saber qué hacer. La Doctora tomó sus papeles del escritorio y salió sin decir una palabra, al mismo tiempo que reía
consigo misma mientras miraba a su teléfono. Quizás el nuevo mensaje era una broma o algo divertido. Cerró la puerta detrás de sí y los pacientes guardaron silencio
esperando su regreso.
La actitud de La Doctora preocupó a Arcadio sumamente puesto que lo que hacía era algo nada profesional. Ni siquiera había terminado de hacer preguntas y ya
había hecho una diagnosis para curarla. Siendo un muchacho de rancho, no supo cómo manejar la situación y pensó que a lo mejor este tipo de enfermedad estaba
haciendo las rondas por el pueblo y La Clínica ya estaba preparada para ello. Además, ella era una Doctora y no podría poner la salud de la paciente en peligro. El haber
cuestionado a la doctora, habría preocupado a su madre y al final, decidió que todo estaba bien y no había razón para alarmarse.
Algunos minutos más tarde, una Enfermera entró al consultorio y traía consigo una jeringa de plástico y una caja con el antibiótico prescrito. Puso sus
instrumentos en el escritorio y leyó la nota que había dejado La Doctora y después de mirar a la puerta furtivamente, sacó su teléfono celular y tomó una foto del
documento que tenía frente a sí. Cuando terminó, puso el teléfono en su bolsillo y volvió a leer la nota para asegurarse de la dosis correcta.
La Enfermera hizo una cara de preocupación y miró a la paciente que tenía frente a ella. Se quedó inmóvil unos momentos analizando la situación y después

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abrió la caja y empezó a preparar la inyección. La caja contenía dos botellitas: Una ampolla transparente color miel llena de un líquido que parecía agua y un ámpula con
tapa de plástico que parecía tener un polvo blanco.
Cuidadosamente, rompió el cuello de la ampolla que contenía el líquido y usando la jeringa, extrajo todo el contenido de ella. Cuando terminó, tomó el ámpula
con tapadera de plástico y una vez más, volvió a revisar las notas de La Doctora para asegurarse de que la dosis que estaba preparando era lo que ella había recetado.
La aguja de la jeringa perforó la tapa de plástico y vacío el contenido líquido en el ámpula para después sacarla y depositarla en una gasa blanca sobre el
escritorio.
Vigorosamente, empezó a sacudir el ámpula para mezclar el contenido y después de unos segundos, la puso contra la luz para ver si la mezcla tenía la
consistencia deseada. Repitió este proceso hasta que estuvo satisfecha y finalmente, empezó a cargar la jeringa con la mezcla. Cuando ya estaba lista, sacó un pomo
lleno de bolas de algodón empapadas de alcohol y lo puso en el escritorio.
Capítulo 02 – La Dosis
La Enfermera tomó una bola de algodón y empezó a limpiar el brazo para desinfectar el área antes de aplicar la inyección. Todo fue rápido y sin dolor. La
Enfermera estaba a punto de terminar de inyectar el antibiótico cuando La Doctora entró y el pánico se reflejó en su rostro inmediatamente, al ver que la ampolla y el
ámpula estaban completamente vacíos, lo mismo que la jeringa.
“¿Qué estás haciendo?” Preguntó alarmada mientras La Enfermera sacaba la jeringa del brazo y después limpió el área con el algodón empapado de alcohol.
“Le puse el antibiótico que recomendó” Dijo la chica mientras depositaba la basura en un contenedor rojo.
“¿Le pusiste toda la dosis?” Preguntó alarmada.
“Así lo tiene escrito en la hoja de la paciente” Dijo La Enfermera mientras se disponía a salir del consultorio.
El pánico de La Doctora era evidente y les pidió a Arcadio y su madre que salieran del consultorio para hablar con La Enfermera. Lentamente abandonaron el
lugar y temiendo que algo había sucedido, Arcadio pretendió cerrar la puerta detrás de ellos pero la dejó entreabierta para escuchar y rápidamente, sacó su teléfono
celular y empezó a grabar la conversación.
“¡Como eres idiota! ¡Pudiste haber matado a la vieja esa!” Dijo La Doctora con voz alterada.
“Solamente inyecté la dosis que usted recomendó en su receta. Pensé que la dosis era un poco alta pero no dudé en hacerlo. No sería la primera vez que usted me
llama la atención por corregir sus prescripciones” Respondió La Enfermera defendiendo su decisión de aplicar las dosis al pie de la letra.
“¡Pero tú sabes que esa dosis podría matar a un animal!” Dijo La Doctora tratando de permanecer calmada.
“Usted me ha dicho que yo solo soy una enfermera y no debo cuestionar sus diagnosis o las dosis de los medicamentos que prescribe. Su receta indica la
cantidad que debía aplicar y en la farmacia, usted llenó la solicitud del antibiótico con la misma cantidad!” Dijo La Enfermera.
“¿Qué vamos a hacer si algo le sucede?”
“¡Yo no voy a hacer nada! Yo simplemente seguí sus órdenes. Como usted menciona cada cinco minutos, yo solo soy una enfermera y usted es La Doctora.
Tengo testigos de que a usted no le gusta que le cuestionen su trabajo. Las formas que usé para la inyección, han sido escritas por su propia mano” Dijo la chica de
manera desafiante.
“Se me olvidó anotar que solo deberías usar una tercera parte de la dosis. Hice la nota y no terminé de poner las cantidades exactas. ¡Estaba muy ocupada y no
termine de hacer mis anotaciones!” Dijo La Doctora llena de pánico, a manera de excusa.
“Llévala a uno de los cuartos vacíos y dile que se acueste por unos minutos. La pondremos en observación por una hora y si no pasa nada, la mandaremos a su
casa” Ordenó La Doctora con voz autoritaria.
“¡Eso es peligroso!, ¡le podría dar un ataque cardiaco esta noche y morir en su casa!” Respondió La Enfermera.
“Pues que se muera en su casa para que a mí no me dé problemas. Además, con lo que pagan aquí, no justifica que nos trabajen como esclavas” Dijo La Doctora
en forma defensiva y en ese momento, alguien toco la puerta.
“¡Pase!” Dijo La Doctora de una manera ruda. Arcadio asomo la cabeza y preguntó si ya estaban listos para ir a casa o había algo más que deberían hacer. Era
difícil pretender que todo estaba bien y permanecer calmado cuando

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