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La moderna Galatea – J. Eduardo Meléndez

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Resumen y Sinopsis De 

La moderna Galatea – J. Eduardo Meléndez

Puto subconsciente dijo Mina Murray arrastrando las palabras mientras buscaba con torpeza las llaves de su edificio. El remordimiento que la acompañó toda
la noche ganó por fin la partida y volvió temprano a casa.
Al entrar cayó en la cuenta de que había dejado el televisor encendido, aunque eso no le importó demasiado porque aún se sentía borracha y un tanto mareada.
Había bebido varias copas con un par de amigas en un bar a veinte minutos andando de su piso, pero al salir se sintió tan mareada que tuvo que coger un taxi, aunque en
ello se le fuera una pasta que en realidad no podía permitirse gastar. Cuando subió al coche, la mirada que le echó el tipo que conducía le dio muy mala espina. Poco
después el chófer empezó a hacerle conversación durante todo el trayecto que, sorpresivamente o no, fue más extenso de lo normal, intentando además convencerla para
ir a otro bar, lo cual hizo que se cabreara bastante. Eso sin contar que el chófer no parecía haber entendido el mensaje entre líneas que se desprendía de unos cuantos
hechos no poco visibles, como que su pasajera había cogido el taxi en pleno barrio de Chueca justo saliendo de un bar gay. ¿Pero eres subnormal o qué? le gritó
Mina cuando azotó la puerta del taxi y se dirigió a la entrada de su edificio.
La cabeza le dolía y el ruido del televisor le resultó molesto. Se quitó el abrigo, lo dejó caer sobre el suelo del pasillo y caminó hasta el salón tambaleándose, se
golpeó con el marco de la puerta y luego fue directa a tumbarse en el sofá. Afuera los termómetros marcaban diez grados bajo cero y su piso no era precisamente la
mejor garantía en contra de ello. De hecho, el lugar era bastante frío, pero gracias a que se le daban bien esos climas logró acostumbrarse a costa de aguantar. Aunque
también hay que decir que su piso estaba siempre tan frío porque la calefacción era un lujo que, sencillamente, no podía permitirse.
Frente al sofá donde Mina estaba tumbada, había una pequeña mesa de centro en la que estaban amontonadas una pila de revistas de psiquiatría, otras tantas de
psicología, varios reportes de casos clínicos, un par de cuadernos de notas, su viejo portátil con la estampa de The Mars Volta en la cubierta, el mando a distancia del
televisor y un porro. Cogió el porro. Revisó los bolsillos de sus vaqueros buscando su mechero y, cuando cayó en la cuenta de que se lo había dejado a una amiga en el
bar, se cogió un cabreo de mil demonios. Tercero en la semana, estoy que me cago de suerte se dijo Mina Murray.
Como no tenía más mecheros en casa, pensó en irse a la cama sin más, pero justo en ese momento comenzó un noticiero en el que escuchó un nombre que no pudo
ignorar. Estaba el canal de la NBC que Mina veía a menudo en la televisión por Internet, porque, a pesar de que el castellano era la lengua que más usaba en su día a día,
de vez en cuando le apetecía escuchar el inglés. Estaban presentando a un grupo de invitados que discutirían acerca del Caso Riley, en el que se encontraban, además del
periodista anfitrión, un catedrático de Harvard, un senador republicano y un inversor y empresario que al presentarse habló con un marcado acento francés. A Mina
Murray este último le pareció conocido; enfocó lo mejor que pudo y no le quedó la menor duda de que le conocía, aunque no pudo ubicarle en ningún lugar o tiempo
específico. Sin embargo, lo que le causó más extrañeza era que ese hombre estuviera vinculado con Aidan Riley.
En estos casos Mina tomaba en alta consideración a su subconsciente (al que en realidad sólo llamaba así cuando estaba borracha o de coña, porque en su trabajo o
en el ambiente académico lo llamaba más bien como inconsciente). Para empezar, Mina solía decir a sus amigos que entre ella y su subconsciente había una especie de
relación de amor y odio, pero que en ciertas ocasiones ambas (porque ella decía que su subconsciente era chica) hacían una suerte de tregua por el bien de las dos. Uno
de los particulares y extraños casos en que hacían las paces era cuando Mina estaba muy borracha (o al menos esa era la explicación que daba a todos), porque, por muy
ebria que estuviera, aunque no pudiera ni caminar por el tamaño de la borrachera que llevaba,

Pages : 132

Tamaño de kindle ebook :   2,49 mb

Autor De La  novela : J. Eduardo Meléndez

kindle ebooks Comprimido: no

kindle Format : True PDF 

Idioma :Español-España 

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La moderna Galatea – J. Eduardo Meléndez

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