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La oferta del jeque – Jessica Brooke

 La oferta del jeque – Jessica Brooke


La oferta del jeque – Jessica Brooke

Descargar La oferta del jeque En PDF sabía.
Puf, que alguien acabe con su
sufrimiento de una vez.
—Entonces Asam está
disfrutando la vida, ¿no?
Alana suspiró y volvió a
acariciar la mano de su amiga.
—Kelly, no es del todo así.
Kelly puso los ojos en blanco.
—¿En serio?
—Vale. Es así, pero Dharr dice
que siempre se ha comportado de esa
manera. Siempre ha sido el menos
responsable y el más juerguista. Imagino
que es porque es el más joven. Bueno,
háblame de los hombres de tu vida.
Tiene que haber alguien.
Kelly soltó una carcajada y se
inclinó para besar las rollizas mejillas
de su ahijado. Parecía un querubín.
—Hay alguien. Se llama Jasper,
es de color blanco, tiene un manto de
pelo suave y unos bigotes largos. Ah, y
la cosa va en serio porque los gatos son
unos toca…ejem…narices y yo sigo
aguantándolo —respondió.
—Gracias por no decir
palabrotas —dijo Alana, y soltó una risa
sofocada—. Te juro que tanto Dharr
como Faaid sienten la tentación de decir
tacos en árabe cuando hablan de
negocios por teléfono. Mi hijo se
convertirá en un blasfemador experto si
no nos andamos con ojo. Por lo menos
yo intento limitarme a un idioma —
añadió, y dio un ligero suspiro —. En
fin, lo siento mucho. No es que Jasper
no sea un gato fantástico…pero no es ni
de lejos tan bueno como mi perro
Pumpkin.
—Hala, venga, sigue echando sal
en la herida.
—¡Cómo lo echo de menos! —
dijo—. Pero no podía hacerle pasar por
un viaje tan largo ni por el trámite de
aduanas. Encima tiene mucho pelo y
aquí hace demasiado calor. Menos mal
que el terapeuta de mi padre le
recomendó que se buscase un perro para
que le ayudase. Si le entra ansiedad
porque tiene ganas de jugar a las
apuestas, no tiene más que distraerse
con Pumpkin.
Kelly asintió sin querer borrar la
sonrisa de su cara. El padre de Alana
llevaba tiempo luchando contra su
adicción por el juego. Había mejorado
gracias a la terapia que Dharr había
costeado generosamente. Seguía
trabajando en su bufete de abogados,
pero poco a poco estaba consiguiendo
salir adelante y la compañía diaria de
Pumpk i n era muy culpable de su
mejoría. No es que los perros fueran tan
especiales. Los gatos eran claramente
una especie superior. Después de todo,
¿qué animal era el dueño de Internet
gracias a millones de videos virales?
Una pista: no era ninguna de esas

La oferta del jeque – Jessica Brooke

máquinas de babear.
—Pero no puedo evitar
preocuparme por ti. Estoy muy lejos y
no quiero que te sientas sola.
—Mira, entre el trabajo en el
Paradiso y los súper bufés que preparo
los domingos, no tengo tiempo de
aburrirme. Además, tengo a Jasper para
cubrirme las espaldas. Sabe arañar bien,
así que además me ofrece protección.
Tengo una vida plena, en serio.
—¿Por eso me has preguntado
por Asam después de tanto tiempo?
—Solo estaba haciendo un
sondeo. Dime qué tal te llevas con
Yahira y cuéntamelo todo sobre los tíos
y primos de Gabriel. ¿Ves? Solo estoy
charlando contigo sobre la familia.
—Claro, Kel, claro. De todas
formas, si cambias de opinión te puedo
conseguir su número en un abrir y cerrar
de ojos. A lo mejor va de un lado para
otro porque ya ha encontrado a la
persona que quiere pero cree que no
puede tenerla.
Kelly se irguió y levantó la
barbilla.
—Por supuesto que no puede.
Me dejó plantada para irse con una
tragallamas, y no una tragallamas
cualquiera, no… ¡Una bailarina de
striptease! No te preocupes, Alana,
estoy bien. Era simple curiosidad.
Sigue contándome secretos del clan
Hassem.
***
Volver a casa fue duro.
El palacio siempre estaba
rebosante de vida. Dharr y Alana no
eran los únicos que vivían allí. Su
hermano Faaid y su familia vivían en
una de las múltiples alas del edificio,
además de los padres de Dharr. Había
un centenar de sirvientes e incluso el
antiguo y ya retirado harén (habían sido
del viejo jeque ya que los hermanos no
parecían interesados en las tradiciones).
Era como si hubiese una floreciente
metrópolis detrás de las puertas del
recinto. Pero esa no era la única razón.
Su amiga vivía allí. Ya no podía oír su
risa cada vez que quería ni darle un
abrazo al final de un duro día de trabajo.
No era lo mismo. También echaba de
menos la cara sonriente y radiante de su
ahijado e incluso esos atisbos tan
adorables de Dharr y Alana cogiéndose
de la mano o abrazándose con cariño.
No era solo por las personas que
vivían en el palacio, sino por esa
atmósfera cálida y familiar que emanaba
del lugar. Al volver a la tranquilidad de
su apartamento soltó un suspiro. Lo
había dejado hecho una leonera antes de
irse. Se le había echado el tiempo
encima haciendo la maleta y había
camisas y pantalones esparcidos por
toda su habitación. Había contratado a
un canguro de mascotas para que fuese
de vez en cuando a limpiar el arenero al
menos hasta el día antes de que ella
llegase y, después de haber estado fuera
durante una semana, volvía a
acostumbrarse al intenso olor de la orina
de gato. Evidentemente, el frigorífico
estaba vacío y había algunos restos en
un Tupperware que tendría que limpiar.
Probablemente estarían verdes y
cubiertos de pelusa, dando cobijo a
nuevas formas de vida nunca antes vistas
en este planeta.
Notó algo cálido y familiar
frotándose contra sus piernas, así que se
agachó para coger en brazos a su bola
de pelo blanco favorita.
—Uff —dijo Kelly acercándose
el gato al pecho—. Te estás poniendo
súper gordo, Jasper. Voy a tener que
dejar de darte comida húmeda.
—¿Miau?
Kelly suspiró y le dio un beso en
la nariz.
—Esta noche estamos solos,
compañero. Nada nuevo, ¿no?
¿Encargamos comida en el chino y nos
ponemos una peli o mejor pedimos pizza
y leemos un libro?
—Miau.
—No eres de mucha ayuda —le
reprendió mientras cogía el teléfono—.
¿La Posada del Mandarín? Soy Kelly
Kentworth, llamo para encargar lo de
siempre…
***
Capítulo dos
—Y ese sería el primer paso.
Vamos a necesitar al menos un año para
construir un hotel y un centro comercial
de ese nivel en Zayed, pero los
contratistas están cumpliendo los plazos
establecidos. Si esto sale adelante,
convertiremos Zayed en el próximo
destino turístico de moda. Joder, Dharr,
podríamos hacer de Zayed una ciudad
que pudiese competir con Dubai. Vienes
para comprar en Gucci, pero te quedas
por las carreras de coches, las montañas
rusas cubiertas y el patinaje sobre hielo.
Algo de ese estilo.
Su hermano mayor esbozó una
amplia sonrisa.
—La verdad es que suena muy
bien, hermano, pero veamos si podemos
sacarlo adelante y tenemos el empuje
necesario para ponerlo en marcha. Por
raro que parezca, a pesar de haber
arriesgado mucho con varios pozos
petroleros para Petroleros Hassem S.A.,
nunca he estado tan nervioso ante un
proyecto. Después de todo, no paran de
cerrar hoteles y restaurantes sin que se
pueda hacer nada para evitarlo. Podría
ser un exitazo al principio y luego ir
perdiendo fuelle. Se trata de un proyecto
completamente distinto para nosotros.
—Podríamos hacerle la
competencia a las mejores atracciones
de Las Vegas, Dubai o Nueva York —
dijo Asam pasándose los dedos por la
barba.
Al contrario que su padre, un
hombre increíblemente conservador,
Asam se dejaba la barba bastante corta.
La llevaba un poco en pico,
sobresaliendo ligeramente de su
barbilla, pero no tenía nada que ver con
la barba a la altura del pecho de su
padre. Se parecía un poco a la del
hombre del papel de cocina Brawny que
había visto en sus viajes a los Estados
Unidos. Tenía un aire un poco años
setenta. Esa parecía ser la historia de su
vida. Siempre atrapado entre dos
extremos. Por un lado, las tradiciones de
la familia Hassem y las expectativas de
su padre, y por otro lado, sus estilo
propio y su comodidad. También
estaban los deseos de su padre de que
fuese un representante de la familia
responsable y competente. Hacía tiempo
que Asam había dejado atrás la
posibilidad de ser un buen hijo. Nunca
sería el líder, como habían educado
desde pequeño a Faaid, su hermano
mayor, ni el poderoso hombre de
negocios encargado de la empresa
petrolífera familiar como Dharr. Él era
el inútil, el viva la vida. Hasta ahora
había sido incapaz de mantener el
equilibro entre su estilo de vida de
soltero promiscuo y las expectativas que
el jeque Azhaar tenía puestas en él.
Joder, hasta sus hermanos tenían
problemas para cumplir todos los
mandatos y reglas que su padre les
imponía. Al menos seguían adelante
gracias a sus maravillosas familias. Lo
único que Asam tenía por ahora, si los
planes salían bien, era la esperanza de
abrir un centro comercial y un hotel en
los próximos meses. Aparte de eso, no
era más que un «mujeriego incurable»,
como Dharr le decía a menudo
bromeando, o algo incluso peor. Sus
padres eran menos benévolos y
frecuentemente le decían que era un
sinvergüenza y un vago.
—¿Estás bien, hermano? —le
preguntó Dharr—. Pareces distraído.
¿Necesitas contratar más asistentes o
quieres te mande a Alana un par de
semanas? Me gustaría asegurarme de
que lo dejamos todo bien atado y de que
no se aprovechan de nosotros. La
experiencia me ha enseñado que los
contratistas siempre encuentran la forma
de escabullirse de sus obligaciones si no
estás todo el rato encima de ellos.
—Y siempre te dicen que en dos
semanas lo tendrán todo listo —añadió
Asam, y soltó una risa sofocada—. No,
yo no estoy nervioso como tú. Sé que es
una idea fantástica y, aunque nunca he
dirigido un hotel con centro comercial,
vamos a contratar al personal adecuado.
Aparte de eso, la familia Hassem
siempre se las ha arreglado para sacar
sus negocios adelante. Creo que también
vamos a triunfar con esto. Además, si en
algo soy un experto es en saber los lujos
que más me gustan. Deberíamos tener
eso en cuenta también.
—¿Así que todos los meses que
te has pasado en la piscina del Hard
Rock en Las Vegas o en el Plaza de
Nueva York durante las vacaciones de
invierno en realidad te estabas
preparando para convertirte en el
próximo Hilton?
—No apuntes tan bajo —le
corrigió al tiempo que dejaba escapar
otra risa ahogada—. Pienso convertirme
en el siguiente Bellagio. Lujo de verdad.
No voy a conformarme con menos de
cinco estrellas Michelin.
—Yo me conformo con que lo
saquemos adelante, que nada se
incendie, que no recibamos críticas
negativas o que no tengamos ningún caso
de intoxicación alimentaria.
—¡Qué optimista! —exclamó
Asam dejándose caer en el sofá de la
oficina de su hermano—. Ya sé que es
mi primer intento serio de poner en
marcha un negocio.
—En casi treinta años —le
corrigió su hermano.
—Sí, pero tengo un plan y,
bromas parte, he llevado a cabo una
ardua investigación. Somos un mercado
en expansión. Hemos triplicado el
salario medio del país gracias al
aumento del acceso fácil a recursos
petroleros y, con el rápido incremento
del índice HPI, también hemos atraído
otro tipo de negocios. Tenemos el Mar
Muerto lo suficientemente cerca como
para que se pueda hacer un viaje de un
día desde Zayed y del hotel. ¡Hay tantas
posibilidades! Y, sí, tengo claro qué
tipo de azulejos, caviar o tejido de rizo
me gusta. Piensa en los ocho años tras
graduarme de la universidad como años
de estudio para saber lo que funciona y
lo que no funciona en otros hoteles.
—Prácticamente en todos y
normalmente acompañado de un buen
número de acompañantes pechugonas —
dijo su hermano.
Asam puso los ojos en blanco.
Empezaba a notar cierto tono de censura
hasta en la voz de su hermano Dharr y,
normalmente, él era el único que le
defendía. La tendencia de su familia de
echársele encima era una de las
principales razones por las que evitaba
pasar tiempo en el recinto y en el
palacio de Marasimaq. Si ahora se
encontraba allí era porque era mejor
repasar los planes en persona que
hacerlo por Skype. Aún así,
generalmente podía contar con la
comprensión de Dharr en lo referente a
su imparable estilo de vida y a su deseo
de experimentar todo lo que la vida le
ofrecía. A Asam le sorprendía un poco
que incluso Dharr cuestionase sus
decisiones últimamente. A lo mejor es
que ser padre también le había
cambiado a él.
La gente era así.
Al parecer, cuando uno tenía un
crío se volvía más sabio que Buda y
Confucio combinados. Aunque Asam
adoraba a su sobrino Gabriel, dudaba
que el pequeño hubiera traído consigo el
secreto de la vida.
—¿Tú también, hermano?
Dharr arqueó una ceja.
—¿Yo también qué?
—No te hagas el loco. No se te
da bien. No engañas a nadie.
—Pues sé más claro.
—Conozco ese tono. Significa
que ahora eres como Faaid e incluso
padre y madre y piensas que soy «el
gandul que tiene que sentar cabeza de
una vez».
—No es por nada, pero no he
pronunciado la palabra «gandul» en toda
mi vida.
—Es una forma de hablar —
contestó Asam estirando las piernas en
el sofá—. Tú también piensas que tengo
que dejar de vivir la vida y de pasarlo
bien.
—Dirigir un negocio como el
Oasis a tiempo completo no te permitirá
viajar tanto. Hay cosas que no se pueden
hacer por email ni videoconferencia.
Imagino que no se me da muy bien
disimular.
—Se te da fatal —le corrigió
Asam.
—En fin, te confieso que es algo
a lo que llevo tiempo dándole vueltas,
pero no en plan «eres una vergüenza
para la familia». Soy el menos indicado
para hablar de conductas intachables.
—Pero has cambiado mucho
desde el accidente…Además, no fuiste
el único que accedió a participar en la
carrera.
Su hermano asintió, pero no dijo
nada durante un rato. Asam lo entendía.
Dharr había sido mucho más idiota e
irresponsable que él. Al menos hasta el
accidente de coche. Eso sí que no podía
ni imaginárselo. No tenía ni idea de lo
que sería soportar semejante sentimiento
de culpa. Lo que sí sabía es que su
hermano se había formalizado y que
aquello le hizo madurar como pocas
cosas podrían haberlo hecho. A veces se
preguntaba si seguiría teniendo
problemas para dormir y sufriendo
pesadillas. Asam suponía que la única
que podía saberlo era Alana.
Al cabo de un rato, Dharr
consiguió recomponerse lo suficiente
para seguir hablando o, al menos, para
confiar en que podía continuar.
—Cambiando de tema, Kelly nos
visitó la semana pasada y no parecía
estar muy animada.
—Ya. Con ese carácter no me
extraña que esté deprimida. La gatita
tiene las uñas bien afiladas. De buena
gana me sacaría los ojos de un arañazo
cada vez que le hablo. Si con los demás
tíos se comporta igual, va camino de
convertirse en una loca de los gatos.
—Sabes que es un encanto.
Alana y yo hemos decidido que seáis los
padrinos de Gabriel.
—Pues eso será lo más cerca
que estaremos nunca de ser pareja. He
intentado suavizar las cosas con ella,
pero no te imaginas lo desagradable que
fue conmigo en tu boda y en Ramadán.
He llegado al punto que cada vez que
intento hablar con ella me siento como si
me echasen por encima un cubo de
ácido. Es imposible tratar con ella.
Además, ¿desde cuando vas de
celestina, hermano?
Dharr se encogió de hombros.
Vaya, le habían pillado.
—Desde nunca,

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