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Lirio rojo – Jojo M. Rivera

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pero sé que debo levantarme y prepararme para ir a trabajar. Cuento hasta cinco, me incorporo de las sabanas y sonrió al recordar que hoy era mi cumpleaños.
Trabajaba en una constructora como arquitecta diseñando y supervisando obras, me había graduado a los veinte dos y vivía junto a mi abuela paterna en una hermosa
casa. Nunca conocí a mis padres más que por fotografías, ambos habían fallecido cuando era un bebé, según mi abuela en un asalto. Habían ocasiones en las que la
melancolía me ganaba y miraba sus fotografías preguntándome como habría sido vivir junto a ellos, no tenía muchas fotografías solo unas cuantas que atesoraba como el
mayor de mis tesoros. Aún así estaba agradecida por tener a mi lado a mi abuela que lo era todo para mí, era la única familia que me quedaba; sin padres, ni hermanos, u
otro familiar solo la tenía a ella.
Luego de una ducha rápida y previendo el clima fría de la época opte por un vestido azul marino que me llegaba un poco más arriba de la rodilla con detalles en
blanco, medias, botines y un abrigo azul a juego. Me maquillé y peiné mi cabello con esmero dejándolo suelto. Sonreí luego de varios minutos ante el resultado; me
encantaba estar arreglada siempre y dedicaba el tiempo suficiente para ello.
Bajé a la cocina y me encontré a la abuela con una taza de café en una mano leyendo el periódico.
—Buenos días Babu[3]— saludé con cariño depositando un beso en su frente cuando pase a su lado para servirme una taza de café.
—Buenos días cariño, ¿Dormiste bien?
—Si Babu. Hoy llegaré tarde, así que no me esperes despierta— comenté mientras me sentaba con mi tasa a su lado.
—Ten cuidado— murmuró en respuesta sin despegar la vista de las noticias.
—Claro, me tengo que ir ya hoy tengo que ir a supervisar una construcción— apuré mi café al ver la hora en el reloj de la cocina.
—Por cierto, feliz cumpleaños Hana— se levantó de su asiento dejando el periódico a un lado para abrazarme y darme un beso en la mejilla.
—¡Te quiero abuela!
Salí apresurada hacia el frió característico de Inglaterra y vi a mi atractivo amigo esperándome pacientemente en la calle con un abrigo café, pantalón de vestir del
mismo tono y camisa negra. Sonreí al verlo tan elegante y distraído en sus pensamientos que no notaba a todas las mujeres que al pasar se quedaban observándolo y las
comprendía, con ese porte tan masculino, sus ojos verdes y barba hacia a cualquiera suspirar.
—Ya era hora, me estoy congelando aquí Hana— Se quejó al notar mi presencia.
—Es tu culpa, ya te he dicho que puedes esperarme en la cocina junto a mi abuela— repliqué sonriendo y comenzado los dos a caminar hacia nuestro trabajo.
—¿Y que tu abuela me viole? No gracias, las quiero pero no quiero perder mi inocencia— Fingió horror al decirlo y me reí al recordar esa ocasión en la que mi abuela
aun en sus ochenta años se lanzó hacia Henry manoseándolo mientras él me esperaba en la cocina. Mi abuela era graciosa y no pretendía más que molestar a Henry pero
obviamente mi amigo había decidido a raíz de ello no volver a entrar en la casa cuando mi abuela estuviera en ella.

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—Tú no tienes inocencia Henry— reí molestándolo.
—Claro que sí, pero no le digas a nadie que aun sigo siendo virgen a mis treinta y nueve años.
Me reí aún más fuerte provocando que varias personas se giraran para vernos.
—¡Eres una escandalosa!— Reprochó con falso enfado mientras me abrazaba y yo le daba un ligero golpe en la espalda.
—Feliz cumpleaños Hana— susurró en mi oído y besó mi mejilla con cariño antes de soltarme y retomando nuestra caminata que consistió en burlas sobre la edad.

El día paso muy rápido entre felicitaciones, abrazos y regalos tanto por parte de mis compañeros de trabajo como algunos clientes con los cuales me llegaba muy
bien. Me sentía feliz a mis veinticinco años rodeada de tanto cariño.
—¿A dónde quieres ir a cenar?— preguntó Henry acercándose a mi escritorio. Eran las cinco de la tarde y pronto saldríamos de nuestro horario laboral.
—Ya sabes a donde quiero ir.
—Ni hablar, juro que temo entrar a ese restaurante y encontrarme con ese loco.
—Es mi cumpleaños, debes complacerme en todo— Lo mire inocentemente y con una sonrisa para convencerlo.
—De acuerdo, de acuerdo— Se rindió con un suspiro. —Tú ganas, no puedo resistir esa mirada.
—Por eso te quiero— Me levanté de mi asiento para darle un beso tronado en la mejilla ganándome una sonrisa de su parte mientras negaba con la cabeza.

El lugar donde deseaba ir era el Restaurante de Gordon Ramsey[4] era una fan del gran chef y nunca me perdía ninguno de sus programas, así que ese seria nuestro
destino con Henry y nuestros compañeros de trabajo.
Finalmente dio la hora de salida y junto a tres más de nuestros compañeros tomamos un taxi para ir al restaurante, era un lugar precioso, exclusivo y muy elegante
con pocas mesas, manteles azules al piso, columnas blancas, paredes en color crema, sillones en tonos lilas y azules, centros de mesa con flores a juego con las sillas,
excelente iluminación y buena música. Al llegar un matrier nos ubicó en una mesa amplia; la atención que nos brindaron fue excepcional, recomendándonos los platillos
especiales que degustamos con placer. Era un maravilloso día y no podía ser más feliz que pasarlo con amigos entre bromas y charlas de trabajo. Nos retiramos con
Henry cerca de la media noche compartiendo un taxi para llegar a casa.
—¿Estás borracha Hana? — preguntó sentado a mi lado en el taxi.
—Un poco— contesté riendo mientras recostaba mi cabeza en su hombro.
—Me prometes que si te sientes mal o extraña ¿me llamaras?
—Lo único que puede pasarme es que pase toda la noche abrazada al baño y mañana amanezca con un terrible dolor de cabeza— murmuré como respuesta sintiendo
mis parpados pesados.
—No me refiero a eso.
—No sé a qué te refieres— contesté sin prestarle demasiado atención a lo que decía. Yo solo quería echarme a dormir.
—Solo llámame si algo sucede— ordenó suavemente besando mi cabeza.
—Eres un buen amigo, no sé qué haría sin ti— balbuceé y me acomodé mejor en su hombro cerrando los ojos.
—Tomate un Advil para el dolor antes de ir a dormir— Se despidió mi amigo en la acera frente a mi casa mientras me ayudaba a salir de taxi.
—Claro que si papá— bromeé y me encogí en mi abrigo por el frío.
—Date prisa y entra— negó con una sonrisa viéndome caminar hacia mi casa.
Me despedí con la mano viéndolo entrar nuevamente al taxi y con una última sonrisa de despedida el taxi arrancó alejándose en la oscuridad. Busque en mi bolso las
llaves pero me detuve un momento cuando me di cuenta que todo estaba en completo silencio e inexplicablemente una sensación desagradable me hizo girar el rostro a
ambos lados en busca de algo o alguien pero nada, todo estaba tranquilo en la calle.
Me regañe por ser tan miedosa así que entré a mi casa decidida pero me encontré con la casa a oscuras y en silencio absoluto. Se me erizo la piel y mi corazón
comenzó a latir rápidamente ya que aún cuando llegaba tarde a casa mi abuela acostumbraba a dejar alguna luz encendida.
Tal vez se le olvidó. Pensé con optimismo pero a pesar de ello y por precaución camine por la casa sin hacer ruido revisando cada habitación desde la sala hasta la
lavandería.
Convencida que mi inesperado miedo era tonto me dirigí hacia la escaleras dispuesta a dormir un par de horas. Pero conforme subía me daba cuenta que en esa parte
de la casa había demasiado frío que hasta logre ver un poco de vaho salir por mi boca. Reprimí la necesidad de llamar a mi abuela mordiéndome la lengua. Al llegar al final
de las escaleras estuve a punto de resbalarme al pisar algo con mis botas pero al estar agarrada del barandal pude sostenerme. Sabía que había pisado algo pero en la
oscuridad era imposible ver que había sido. Guiándome con la pared a mi lado me dirigí hacia la habitación de mi abuela que era la que estaba más cerca.
Abrí despacio con temor y agradecí el hecho que todas las puertas de la casa estaban bien aceitadas para evitar ruidos molestos al abrirlas así que fue sencillo entrar y
encender la luz sin importarme si mi abuela estaba dormida y podría despertarla pero mi miedo era mayor por lo que preferí una regañina a sentirme así de asustada.
No sabía porque estaba siendo tan paranoica ese día o tan miedosa pero supongo que un sexto sentido o que se yo me impulsaba a ser cautelosa.
La habitación estaba en perfecto orden. La cama tendida, la televisión apagada y la puerta del baño abierta.
—¿Abuela?— susurré con voz temblorosa.
Caminé un par de pasos hacia el baño para asegurarme que no estuviera ahí pero apenas llegue a la puerta cuando una mano enguantada me tapó la boca callando el
grito que solté por el miedo que alguien me sorprendiera de esa manera. Me revolví del agarre de la persona que me sostenía, sintiendo las lágrimas resbalando por mi
rostro.
¿Qué estaba pasando? ¿Dónde estaba mi abuela? ¿Eran ladrones?
—Hana— Susurró la voz de un hombre contra mi oído y detuve mis desesperados intentos por soltarme. Me temí lo peor.
Me iban a matar.
—¿Vy doch’ Sergeya?[5]— preguntó contra mi oído y me desconcerté un segundo al reconocer el idioma, mas por el acento que por otra cosa. Era ruso. Yo no
hablaba ruso, a pesar que mi abuela había insistido en ello, nunca puse demasiado interés apenas dominaba algunas palabras y entre ellas el nombre de mi padre, por lo
que deduje que preguntaban algo sobre mi padre Sergei. Por miedo asentí con la cabeza.
—¿Qué estás haciendo?— Se escucho la voz de otro hombre en algún otro lugar de la habitación y pensé con horror de cuantos más ladrones estarían en la casa. ¿Qué
habían hecho con mi abuela? Era la pregunta que más rondaba por mi cabeza. Estaba asustada y no paraba de llorar ahogando mis sollozos contra la mano del hombre
que aún me tenía sujeta.
Este último al escuchar la pregunta del otro ladrón se giró sin soltarme y pude observar al otro hombre de pie a unos metros de nosotros. Era alto, corpulento vestido
de negro y con una cicatriz en su rostro. Pero lo que más me asusto fue su sonrisa, era maliciosa.
—Suelta a la chica, ¿No ves que está asustada?— Su pregunta fue hecha con burla.
El hombre obedeció y me soltó sin cuidado. Miré a los dos hombres en la habitación dándome cuenta que ambos eran parecidos y más aún los dos tenían una mirada
de desprecio.
—¿Qué hicieron con mi abuela?— pregunté al hombre frente a mí.
—La vieja bruja está pasando a mejor vida, nos dio pelea— contestó el hombre de cicatriz con una sonrisa.
—¡Maldito! ¿Cómo pudiste? ¡Era mi abuela!— grite entre lágrimas sin poder controlar mis sollozos.
—¡Cállate!— gruñó el hombre y me tomó del cuello levantándome del suelo asfixiándome.
Pataleé desesperada en un intento de soltarme pero notaba como la falta de aire comenzaba a afectarme. Sentí un agudo dolor en mi cuello y en un nuevo arranque de
desesperación pude levantar mi pie lo suficiente para patear en su entrepierna. Me soltó aullando de dolor y antes que el otro hombre lograra atraparme salí corriendo
en busca de mi abuela. No iba a salir de ahí sin ella.
—¡No dejes que se escape!— gritó el hombre al otro. No había otras habitaciones en el segundo nivel más que el cuarto de mi abuela, el mío y un baño. Me dirigí
hacia el mío como la opción más lógica. Cerré a mi espalda con llave justo cuando el hombre se estrelló contra ella con la intención de derribarla, intentando ganar un
poco de tiempo empuje una mesa contra la puerta.
Me di la vuelta buscando a mi abuela y vi un bulto a un lado de la cama. Me lancé hacia ella, la tomé entre mis brazos descubriendo con horror que su rostro estaba
manchado de sangre.
—Babu ¿Me escuchas?— la sacudí ligeramente pero no respondió. Me aferré a su cuerpo llorando sintiendo el fin, esos hombres iban a derribar la puerta y matarme.
Escuche como la puerta crujía ante los impacto del hombre del otro lado y agradecía que la casa aún tuviera las puertas gruesas y macizas de madera que me daban un
poco de tiempo.
—Hana— escuché la voz ronca y temblorosa de mi abuela. —Tienes que salir de aquí rápido o ellos te mataran— susurró abriendo ligeramente sus ojos para verme.
—No te dejare aquí— lloré apretando sus hombros.
—Tienes que hacerlo, ya no hay tiempo— susurró levanto su mano delgada y delicada hacia mi mejilla. —Confía en tus habilidades y no tengas miedo.
Parpadeé confusa sin entender lo que decía sin dejar de observar su rostro envejecido y pálido. El sonido de la madera astillándose me hizo dar un pequeño salto en
mi lugar.
—¡Hana!— escuché el grito de Henry en la casa y mi corazón se me detuvo por un segundo. No, no podía ser cierto. ¿Qué estaba haciendo mi amigo ahí? ¡Lo iban a
matar!
Los golpes en la puerta se detuvieron y me quedé mirando la puerta esperando que irrumpieran en la habitación. Agudicé mi oído con la intención de escuchar algo
más y saber que estaba pasando cuando de repente se escucharon golpes y quejidos.
—¡Es un guardián!— gritó uno de los dos hombres de afuera.
¿Guardián?
No tuve tiempo de pensar más en ello porque la madera de la puerta cedió y fue empujada junto con la mesa que había colocado en el afán de ganar más tiempo. El
hombre de la cicatriz entró furioso en ella. Ahogue un grito cuando mire su rostro. Estaba deformado en un aspecto casi animal con colmillos que sobresalían de su boca,
ojos amarillos y orejas puntiagudas. Este se sacudió un par de veces y ante mis ojos se transformo en un enorme lobo negro con grandes garras y afilados colmillos.
Gruñó una vez en mi dirección dando un paso a su vez.
Saltó en mi dirección con los dientes y garras extendidos hacia mí, grité y levante mis manos como acto reflejo para evitar un daño mayor pero el dolor que sentí en mi
mano izquierda fue todavía más insoportable que me obligó a dirigir mi vista hacia abajo para ver que lo provocaba pero no espere encontrarme con lo que vi..
De la palma de mi mano aparecieron zarcillos de espinas que se extendieron lo hasta alcanzar al lobo antes de siquiera haber llegado hasta mi. Observe con morbo y
horror como las espinas que salían de mi mano izquierda se enredaban en el cuerpo del animal lanzándolo contra la pared. El animal se siguió retorciendo intentando
librarse de ellas pero entre más se movía más se apretaban a su peludo cuerpo. Unos segundos después el lobo dejó de moverse y los zarcillos de espinas
desaparecieron sin dejar rastro.
Mire hacia mi mano parpadeando sin poder creer lo que había visto apenas unos segundos atrás. Pero la palma de mi mano no tenía ninguna herida o muestra que de
ahí habían salido espinas.
—Hana— La voz de Henry me hizo levantar la vista hacia donde él se encontraba. Estaba en la puerta con la respiración agitada y mirándome con asombro. Nos
quedamos en silencio un par de segundos sin saber que decir. Él fue el primero en reaccionar al mirar hacia mi regazo donde se encontraba mi abuela, que por un par de
minutos había olvidado que se encontraba ahí.
Miré hacia ella un poco asustada sin saber si estaría sorprendida y horrorizada como yo. No lo estaba, para mi mayor consternación me observaba con una sonrisa en
sus labios pálidos.
—Henry, ya no tengo tiempo— estiró una de sus manos hacia él y mi amigo entró con paso firme y se arrodillo a su lado tomándola de la mano. —Hazte cargo,
asegúrate que llegue a salvo— murmura con afecto.
—Hana, perdóname por no haberte dicho nada, pero era por tu propia seguridad.
—Babu, te llevaremos al hospital y vas a estar bien— intenté no entrar en pánico e ignorar el hecho que había visto a un hombre transformarse en lobo y que de mi
mano habían salido espinas. —Henry llama a la policía— indiqué a mi amigo sin dejar de mirar hacia mi abuela.
—Hana, escúchame— susurró mi abuela mirándome con pena. —Debes ir con los Jakov ellos te protegerán, confía en mí. Moya devushka[6], te quiero— susurró lo
último en apenas un hilo de voz antes de cerrar sus ojos al tiempo que una fuerte luz comenzó a brillar por todo su cuerpo.
—Mozhet vasha dusha otdokhnut’ so zvezdami[7]— murmuró Henry a mi lado. Inclinó su cabeza hacia el cuerpo de mi abuela en mis brazos antes que este
empezara a desvanecerse en pequeño fragmentos dorados y brillantes que flotaron en el aire antes de finalmente su cuerpo desapareció entre mis brazos.
Miré mis brazos vacios donde había estado mi abuela sin dar crédito a lo que sucedía. Debía estar dormida porque esto no podía estar pasando. Lagrimas calientes se
deslizaron por mis mejillas cuando sentí los brazos de mi mejor amigo a mi alrededor.
—Debemos irnos Hana— murmuró Henry en mi oído. Me aferré a su abrigo sin querer separarme de él y negando con la cabeza. Pero este me obligó a ponerme de
pie. Aturdida y con miedo me dejé guiar fuera de la habitación. Mis ojos se vieron atraídos por un bulto en el pasillo, cuando pasamos cerca de él me di cuenta que era
un hombre, el mismo me había sujetado en un inicio. Se encontraba inmóvil con sangre a su alrededor y con quemaduras en su ropa. El olor de carne quemada y sangre
hizo que me tambaleara sintiendo las ganas de vomitar, mi vista se nubló y las piernas de temblaron, supe que me iba a caer. Solo escuche la voz de mi amigo
maldiciendo antes de que la oscuridad me llevara a la inconsciencia.
Me desperté sobresaltada por un movimiento brusco, un poco confundida por lo que veía tuve que restregar mis ojos con la mano para estar segura de donde me
encontraba. ¿Estaba…estaba en un avión? Y por lo que miraba era uno privado. Miré a mí alrededor en busca de mi amigo pero no estaba a la vista. Mire hacia abajo y
noté que aún llevaba el cinturón de seguridad, lo desabroche inmediatamente para averiguar qué estaba pasando. Pero antes de ponerme de pie apareció una azafata muy
guapa que sonreía en mi dirección.
—Buenos noches señorita Miller, soy Jenn su sobrecargo en este vuelo y estaremos aterrizando en Moscú en dos horas y treinta minutos, aproximadamente— Dijo
con una sonrisa amable.
—¡Moscú!— exclamé asustada hacia la sobrecargo— ¿Cuánto tiempo llevo aquí?
—Tres horas señorita Miller— contestó en tono amable. — ¿Desea que le traiga algo de beber?— ofreció sin borrar su sonrisa.
—Algo de alcohol estaría bien— murmuré resignada mirando hacia afuera por la ventanilla. Comprendiendo que Henry no estaba en el vuelo o hubiera estado ahí a mi
lado. El avión era pequeño por lo que no había muchos lugares donde esconderse.
—Enseguida señorita— se despidió la chica antes de ir por mi orden.
Mataría a Henry en cuanto lo viera.
A los pocos minutos la chica me entrego un pequeño vaso que inmediatamente incliné hacia mi boca y sentí el amargo sabor del whisky bajar por mi garganta.
— ¿Cómo llegue hasta aquí?— pregunté a Jenn que me entregaba una manta para el frío.
—El señor Wright personalmente la trajo hasta aquí y nos pidió que le entregáramos esto— indicó sacando de su bolsillo un sobre blanco y me lo entregó sonriente
para luego retirarse hacia la parte de atrás.
Sin esperar más tiempo abrí el sobre extendiendo la hoja viendo la inconfundible letra de Henry.
Hana:
Espero no me estés odiando en este momento, hay muchas cosas sucediendo a nuestro alrededor que no tuve tiempo de decírtelas, la prioridad ahora es ponerte a
salvo. Sé que tienes muchas preguntas pero solo te pido que confíes en tu abuela y en mí. Ahora mismo te diriges hacia Rusia en un vuelo privado. Busca a la familia
Jakov, ellos te protegerán y brindaran las respuestas que necesitas.
Releí un par de veces las pocas líneas que mi amigo me había escrito sin poder comprender que estaba sucediendo. Observé también que abajo había adjuntado el
nombre de un hombre junto a la dirección de un hotel, donde suponía debía dirigirme.
¿Qué iba a hacer ahora?
Tras tres largas horas de vuelo finalmente el avión aterrizo en el aeropuerto de Rusia. Con la ayuda de la chica me indicó donde podía tomar un taxi y me entregó un
bolso que reconocí como mío donde se encontraban mis documentos y dinero en efectivo.
Tuve que agradecer a Henry por pensar en ello, ya que si no estaba segura de lo que hubiera hecho en un lugar sin documentos ni dinero. Sin otra opción más que ir al
hotel por respuestas tome un taxi y tras indicarle al conductor la dirección me recosté en el asiento viendo las calles y carros circular. Era de noche y a pesar de la hora
aún había personas en la calle.
El trayecto fue corto y me quedé sorprendida cuando el taxi se detuvo frente a un hotel precioso. El Lotte Moscow era un hotel cinco estrellas sin duda alguna y
luego de pagar al taxista, bajé del auto un poco intimidada por la elegancia de todo el lugar, me sentía fuera de lugar viendo mi ropa arrugada en comparación de las
personas tan bien vestidas que habían por ahí. Me dirigí hacia la recepción en busca de ayuda, fui recibida por una chica muy guapa pero que al verme puso mala cara,
aún así me arme de paciencia.
—Buenas noches, busco al señor Markov Jakov— le digo a la chica luego de observar el nombre escrito en la carta que mi amigo me dejó.
—¿Tiene cita con él?—pregunta con altanería.
—No, pero…
—Si no tiene cita no la puede atender— me interrumpe sin darme tiempo a terminar lo que decía. Me pongo roja de la indignación por su falta de respeto.
—Señorita, acabo volar más de cinco horas desde Londres para reunirme con el señor Jakov, así que será mejor que le notifique que estoy aquí— siseó furiosa a la
chica que me mira con sorpresa por mi arrebato. Apoyo mis manos sobre el frió mármol del mesa para intentar no lanzarme contra la chica pero siento un calor en la
palma de mi mano izquierda que me indica que si no me controlo pronto le mostraré a la chica mis nuevas y extrañas habilidades que acababa de descubrir.
—¿Chto zdes’ proiskhodit?[8]
Pregunta un hombre a mi espalda en ruso y observé no sin cierta satisfacción como la guapa chica palidece al ver sobre mi hombro a la persona quien habló. Una
sensación de anticipación se adueña de mí sin saber por qué. Lentamente me giré para ver al dueño de esa voz y me encontré con un hombre muy atractivo y también
muy molesto. No sé qué decir, por una parte porque no se qué diablos ha dicho y segundo por el hecho que mis ojos no dejan de admirar a tan atractivo espécimen. Con
su cabello peinado hacia atrás, las duras facciones de su rostro y ese hermoso color verde en sus ojos lo vuelven irresistible, sin mencionar el costoso traje que lleva a la
medida que se adhiere a cada musculo de su cuerpo. No es corpulento, más bien atlético. Hay algo peligroso al verlo ahí de pie como un aura de poder.
Escuché a la recepcionista hablar en ruso, suponiendo que debía de estar explicando al exquisito y atractivo hombre la razón por la que me encontraba ahí. De mala
gana arranque mi vista de él para observar con sorpresa a una chica delgada muy guapa y de cabello castaño de pie junto a él quien me miró con curiosidad.
¿Será la novia? ¿Esposa?
—¿Cuál es su nombre?— La pregunta hecha por el hombre atractivo me trae de vuelta a la realidad y asustada lo miro al darme cuenta que me observaba con
intensidad a través de sus ojos verdes y me doy cuenta que la pregunta fue hecha en un perfecto inglés para que pudiera entender.
—Ha…Hana Miller— contesté nerviosa.
—Sígame por aquí…Hana— duda un momento al decir mi nombre pero me contengo de decir algo sarcástico.
Sin más opción que seguir a la pareja camino detrás de ellos hasta que llegamos a un pasillo con varias puertas, suponía debía ser las oficinas administrativas. Antes
de entrar a una de ellas el hombre le indica algo a la chica en ruso, esta se queda afuera mientras un poco desconcertada entro a la habitación que como suponía es una
oficina y muy amplia. No tengo tiempo de mirar más porque el hombre cierra con un portazo sobresaltándome y girándome para verlo.
Doy un paso hacia atrás cuando veo su rostro transformado por la furia. ¿Qué está pasando aquí? ¿Me va a matar? En un parpadeo esta frente a mí y lo miró con
sorpresa porque no lo había visto moverse.
—¿Quién te ha mandado?— sisea en mi rostro y al mirar a sus ojos me doy cuenta que no son verdes, son dos pozos negros que me miran sin piedad. No respondo
por el miedo que siento ante ese hombre.
— ¡Responde maldita sea! — grita y siento como mis ojos se llenan de lagrimas que intento no derramar.
—Mi abuela, mi abuela me ha mandado aquí— susurré con la voz ronca y con miedo.
— ¿Cómo se llama tu abuela?— pregunta entre dientes.
—Katrina Vinográdov— contesté en un susurro sintiendo la primera lagrima deslizarse por mi rostro. Miré como su rostro pasa de la furia a la sorpresa por mi
respuesta y dice algo en ruso pasándole las manos por su cabello.
Antes de siquiera darme cuenta el hombre coloca una mano en mi nuca. No tengo tiempo de reaccionar cuando mi vista se vuelve borrosa y escuché un grito femenino
llamando al hombre por su nombre.
—¡Markov!

Capítulo 02
Markov
—Vamos hermano, es importante que asistas, las dos veces anteriores he tenido que ir sola y ya sabes lo desagradable que puede ser Casandra a veces— escuché la
voz quejumbrosa de mi hermana, Valya, quien se aferra a mi brazo mientras salíamos del hotel.
—Está bien, está bien iré en la próxima reunión— accedí a la petición de mi hermana con una sonrisa.
Pasamos por el vestíbulo donde algunos huéspedes todavía rondaban por ahí, a unos cuantos metros cerca de la salida sentí la mano de mi hermana apretar mi brazo,
al tiempo que un desagradable olor a hombre lobo llegó a mi nariz y comprendí el miedo de mi hermana. Mi instinto protector provoco que mis colmillos se extendieran
y tuve que apretar la mandíbula para calmarme y evitar exponernos. Me detuve junto a ella y escaneé con la vista el lugar en busca de la fuente del olor dispuesto a sacar
al animal de mi hotel.
Un poco confundido localice de donde provenía el olor pero me sorprendí al hallarlo en una mujer que estaba en la mesa de recepción con el cuerpo tenso. Volví a
buscar con la mirada al posible compañero de la mujer pero no halle nada.
No quise arriesgarme y decidí investigar el porqué una mujer estaba en mi hotel oliendo a hombre lobo. No me gustaba tenerlos alrededor más por el hecho que mi
pequeña hermana había tenido un altercado con uno de ellos que por otra cosa, y siendo un hermano muy protector y cariñoso con ella accedía con mucha facilidad a sus
caprichos con tal de hacerla feliz. No me podían acusar de ser un mal hermano, adoraba a mi hermana.
Pero ahora que sostenía el cuerpo inconsciente de la humana o eso creía aunque no estaba seguro de ello; dudaba si había tomado la decisión correcta. Luego que la
chica se desplomara en mis brazos la había sacado del hotel con discreción con Valya pisándome los talones muy enfadada por haber reaccionado de aquel modo con la
chica. ¿Qué debía hacer? La estaba protegiendo de un posible lobo.
Mujeres, quienes las entendían.
Haber escuchado el nombre de esa mujer me descolocó por completo. Nunca había esperado encontrarme con la hija de Sergei, la chica que mi familia juro proteger. Y
aunque mis emociones eran diversas tenía claro que no podía faltar a mi palabra. Hana Miller estaba bajo la protección de los Jakov.
Ahora que podía ignorar el olor a lobo con mayor facilidad me permitía concentrarme en el leve zumbido de poder que habitaba dentro de la chica, era evidente que era
una bruja, al igual que su padre. Aunque dudaba que la chica lo supiera en realidad y estaba seguro que el motivo de su llegada no presagiaba nada bueno, algo malo tenía
que haber ocurrido para que ella tuviera que viajar hasta aquí sin su abuela o guardián.
Baje mi vista hacia la mujer que descansaba en mis brazos, a pesar de mi enfado algo todavía más incomprensible me impedía soltarla.
—¿Markov?— preguntó mi hermana sentada a mi lado.
—Ahora no, Valya— murmuré entre dientes fijando mi vista en el exterior.
—¿Qué harás con ella?— cuestionó a pesar de mi orden. Cerré los ojos exasperado habían

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