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Libro PDF Mirada infinita – Enrique Laso

Mirada infinita – Enrique Laso

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mitad de una arboleda, ubicada en la
zona sur del campus, muy cerca de los
apartamentos para estudiantes Hillside y
de Jennings Drive. Parecía descansar
tumbada boca arriba. Si no hubiera sido
un cadáver la estampa resultaba casi
idílica: una hermosa joven de cabello
rubio y ojos claros recostada en la
hierba mientras contempla el cielo a
través de las copas de los árboles en una
despejada mañana invernal.
El cuerpo no presentaba apenas
signos de violencia o forcejeo, y parecía
que lo habían trasladado hasta allí y lo
habían dejado con mimo sobre la yerba
cubierta por la escarcha. Pero una
herida de bala de pequeño calibre en su
sien izquierda, de la que surgía un hilo
de sangre reseca, indicaba que la escena
no era la de un momento de ensoñado
relax; todo lo contrario, se trataba del
escenario de un crimen atroz.
Un forense se afanaba en sacar todas
las fotografías posibles del cadáver,
desde todos los ángulos y distancias
imaginables. Lo hacía con la frialdad de
quien está acostumbrado a esta clase de
menesteres. Gordon Stevens, detective
de la Oficina del Sheriff del condado de
Black Hawk, ubicada en la cercana
ciudad de Waterloo, lo contemplaba
ensimismado, evitando así tener que
volver a mirar a los ojos abiertos de
Sarah Brown. Él no estaba habituado a
un crimen tan horrendo, y sentía sus
entrañas revueltas y un dolor semejante
al que provoca un puñetazo en la boca
del estómago. ¿Quién podía haber hecho
eso? Waterloo, Cedar Falls, todo el
jodido condado de Black Hawk era un
lugar pacífico en el que lo peor que le
podía suceder a uno es que le robasen la
bicicleta que había dejado sin candado
en la puerta de un supermercado, pensó
el detective con rabia.
—¿Cómo lo llevas? —le preguntó
Karen, de la policía local, a la que
conocía de varios cursos de formación
en los que habían coincidido.
Brown se giró bruscamente, pues lo
habían arrancado de sus ensoñaciones y
casi había olvidado dónde se
encontraba.
—Ah, Karen, eres tú. Disculpa, no te
había visto…
—¿Te he asustado?
—Bueno, no lo sé. Creo que desde
que he llegado a este lugar estoy algo así
como aterrado.
—Parece mentira…
El detective dirigió sus ojos hacia el
cordón policial que rodeaba la zona.
Junto a la cinta amarilla se agolpaban ya
algunos fotógrafos de la prensa, vecinos
y un buen puñado de estudiantes, alguno
de los cuales lloraba
desconsoladamente, abrazándose a sus
compañeros.
—Sí, parece mentira.
—¿Puede tratarse de un suicidio? —
inquirió Karen, tartamudeando
levemente.
—Lo dudo. Sien izquierda, no hay
rastro de la pistola y parece que el
cadáver lo han traído hasta esta zona.
Pero no sabemos todavía si era zurda, si
algún desalmado se ha podido hacer con
el arma y si, por increíble que parezca,
quedó en esa posición tras reventarse el
cerebro.
—Tranquilo, Gordon.
—No estoy tranquilo, Karen, lo
siento. Y algo me dice que la persona
que haya hecho esto no sólo ha
destrozado la vida de una joven, con
todo el futuro por delante, también nos
ha jodido para siempre a todos nosotros.
II
Sarah Brown fue vista por última
vez con vida la mañana del jueves 6 de
marzo. Había quedado para ir de
compras hasta Waterloo con sus dos
mejores amigas, Belinda Myers y Carol
Weight. Las tres se conocían desde
hacía años, pues eran naturales de
Sheldon, un pueblo ubicado a poco más
de 200 millas de Cedar Falls, y habían
estudiado juntas la secundaria.
Sarah acompañó a Carol hasta el
aparcamiento de los apartamentos para
estudiantes Prime Falls, donde residían
las tres amigas, pero se disculpó y pidió
que la esperasen porque se había dejado
olvidado el bolso en su habitación.
Carol se quedó en su vehículo, hasta que
apareció Belinda, que había llegado
quince minutos tarde. Al cabo de media
hora aguardando, ambas consideraron
que había pasado demasiado tiempo, y
que seguramente Sarah se había
encontrado con algún amigo, o con su
novio, Mark Walton, también natural de
Sheldon y que estudiaba en la misma
universidad, gracias a una beca
deportiva; de modo que decidieron
marcharse sin ella y seguir según lo
planeado.
Cuando Belinda y Carol regresaron,
ya de noche, a los apartamentos Prime
Falls, descubrieron que nadie había
tenido noticias de Sarah, ni siquiera su
novio Mark. Todos creían que se
encontraba con ellas, pasando un día
fantástico en Waterloo. De inmediato se
dispararon las alarmas, y comenzaron a
buscarla por la residencia y por los
lugares más frecuentados del campus,
sin éxito.
Desesperados, los amigos
telefonearon a los padres de Sarah, que
seguían residiendo en Sheldon, y
descubrieron que no habían hablado con
ella desde primera hora de la mañana de
aquel jueves, cuando los había
telefoneado para contarles sus planes
para la jornada. Sin dudarlo, los padres
tomaron el coche y a última hora se
presentaron en la oficina de la policía
local de Cedar Falls para presentar una
denuncia por desaparición.
La policía informó a los familiares
que al tratarse de una mayor de edad no
podían iniciar su búsqueda hasta
transcurridas 24 horas de la
desaparición, de modo que éstos y
algunos amigos de Sarah se organizaron
y estuvieron buscándola por el campus
hasta bien entrada la madrugada del
viernes. No obtuvieron ningún resultado

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