---------------

Libro No me mires así – Chris M. Navarro

Libro No me mires así – Chris M. Navarro

Libro No me mires así – Chris M. Navarro 

PDF Descargar Todo pasa por algo, es lo que
siempre me dice mi madre. O es así o es
lo que se quiere ella creer para justificar
los años que pasó en la calle
mendigando un papel y pasando hambre
hasta conseguir que alguien se fijara en
ella y ser lo que hoy en día es, una de
las actrices mejor pagadas de la
cinematografía española, así como de
las más valoradas en Estados Unidos.
Todo tiene siempre una justificación, si
lo pasas mal es porque lo bueno está por
venir, y ese sufrimiento desencadenará
en la absoluta felicidad. Mi madre es
taaan feliz, que a veces no la soporto.
No, mejor dicho, la mayoría de las
veces no la soporto. Y mi padre, oh síii,
¡mi padre! El gran compositor Andrés
Palacios, cantante, músico, y en sus
ratos libres, también actor. Así se
conocieron, grabando una película,
cómo no. Mi madre era la protagonista y
mi padre tan solo hacía un papel
secundario que se llevó más méritos que
el principal porque todo el mundo
estaba a la espera de ver en la gran
pantalla al cantante.
Treinta años después, mis padres
siguen trabajando en lo suyo, con sus
éxitos, y por consiguiente sus
gratificaciones económicas, porque
claro: ¡¡tenemos muuuuuucho dinero!! Y
cuando alguna vez me he quejado por
sentirme sola, la respuesta ha sido:
¿Acaso te hemos dejado sola alguna
vez? ¡¡Siempre has estado acompañada
de las mejores nodrizas!! Además, sabes
que todo en la vida tiene su lógica, su
por qué, y cuando te llegue el tuyo,
entonces entenderás que no todo fue en
vano.
Claro, así ya se puede hacer lo
que se quiera ¿no? Cualquier cosa la
justificaré igualmente: toooodo pasa por
algo. Así que así vivo la vida. Hago lo
que me da la gana cuando me da la gana,
y no me suelo preocupar por nada. Para
eso ya están mis padres. O tampoco
ellos.
Entonces, si todo pasa por algo,
¿alguien me quiere decir por qué me ha
pasado esto a mí?
48 horas antes
Estoy mareada. El hielo seco de
la discoteca me ha llegado hasta los
pulmones y no paro de toser. Intento
llegar hasta un cuarto de baño pero me
cuesta porque me pesan mucho las
piernas y además, a cada paso que doy,
alguien me agarra e intenta entretenerme
con no sé qué porque ni lo escucho, ni
apenas lo veo. Todo está borroso y me
doy cuenta de que si no me dejan dar un
paso adelante, acabaré vomitándole a
cualquiera en la cara. Bien, si eso es lo
que quieren…
—¿… llamas? —es lo único que
escucho de un tipo borroso, que al
parecer lleva gafas y… uff, si pudiera
verlo mejor…
—¿Qué…?
—Que eres… cómo… lamas
Decido pasar de él, al fin y al
cabo no estoy entendiendo nada de lo
que me dice, ¿por qué sigo aquí?
Continúo mi camino sin que el
tipo me detenga y consigo llegar al aseo.
Una cola de chicas peripuestas para la
ocasión están cotorreando sobre chicos,
moda y más chicos. Me apoyo sobre la
caliente pared y el calor hace que me
retire y todo me dé vueltas porque no
tengo punto de apoyo. Mientras andaba,
aunque fuera tambaleándome, podía
sostenerme en pie pero ahora que me he
quedado quieta, noto con más intensidad
cómo todo da vueltas a mi alrededor. De
pronto, empiezo a reírme a carcajadas.
El problema es que como yo no me oigo
no me he dado cuenta de lo alto que ha
sonado y veo cómo una chica me está
mirando con los ojos bizcos.
—¿Se puede saber qué es lo que
te hace tanta gracia, guapita de cara? —
me dice la morena peleona.
—Eeeeeeyyyyyyy
perdoooonaaaa. No me reía de ti, te lo
juro por Snoopy.
—¿De qué vas, tía? ¿Te estás
quedando conmigo?
—Nop.
Entonces, entro a regañadientes
entre las chicas que se piensan que
pretendo colarme, llego al lavabo y
empiezo a arrojar el chivito que me he

Libro No me mires así – Chris M. Navarro

Libro No me mires así – Chris M. Navarro 

cenado esa noche.
—Buaj, ¡¡qué asco!! —escucho
que exclama una chica.
Me giro para intentar adivinar de
dónde ha venido y veo a cuatro chicas
riéndose de mi aspecto. Les sonrío y a
una de ellas, que parece ser más tímida
o que por lo menos tiene conciencia y
me mira con cara de pena, le guiño un
ojo. Me miro en el espejo y me doy
cuenta de que tengo los ojos rojos, la
pintura corrida, la cara blanca y la boca,
buaj, la boca apestosa. Da igual, no
tengo fuerzas para arreglarme y de todos
modos, poco puedo hacer.
Empiezo a caminar hacia la
salida ante la mirada reprobatoria de las
chicas que fisgonean y me maldicen por
haberles dejado un regalito en el lavabo.
Lo siento chicas, apenas puedo
mantenerme en pie, como para ponerme
a limpiar el estropicio. Levanto la
cabeza y paso por su lado con una
sonrisa de oreja a oreja, o eso es lo que
creo que estoy haciendo, porque cada
vez pierdo un sentido nuevo y ya no sé
ni lo que hago.
Llego a la barra, me apoyo con
los brazos cruzados y escondo la cabeza
entre ellos.
—¿… algo? —es lo único que
escucho.
Levanto la cabeza y veo a un
chico rubio con ojos grandes y saltones
que me mira sonriente.
—Aunque sería mejor que no
tomaras nada más —consigo escuchar.
Por fin, ¡una frase entera!
—Un vodka rojo con naranja.
—En serio, no creo que debas
beber más —insiste el rubiales.
—He dicho que quiero un vodka
rojo —repito. Hasta yo me doy cuenta
del estado lamentable de mi voz.
—Espera un momento.
El chico se retira y me deja allí,
de nuevo apoyada la cabeza sobre mis
manos. Me parece que han pasado horas
cuando noto que me tocan el hombro
llamando mi atención. Levanto la cabeza
con los ojos medio cerrados. La poca
luz de la discoteca me molesta y me
cuesta abrirlos del todo.
—¿Cómo te llamas? —me
pregunta el camarero, preocupado por
mi estado.
—¡A ti te lo voy a decir! —
bromeo.
—Mira, creo que deberías irte a
casa. ¿Con quién estás?
—Solita solita —contesto
acercándome a él para darle un
toquecito en la nariz con mi dedo índice.
Hace una hora discutí con el tío con el
que había quedado esta noche porque le
parecía que estaba tonteando con otros y
se largó, dejándome sola en la
discoteca. Desde luego, hay tipos que
sin ser nada tuyo quieren una
exclusividad que yo no estoy dispuesta a
dar a nadie, así que si no le parece bien
lo que hago, estoy mejor sola que
acompañada.
Sonrío al camarero sin

Libro No me mires así – Chris M. Navarro
importarme la pinta tan desagradable
que muestro en ese momento. Hasta así
sé que estoy bonita, así que me atrevo a
tontear con él, que insiste en saber mi
nombre.
—Andrea —digo por fin.
—Andrea, mira, —se separa de
mí y deja que vea a un tipo junto a él,
moreno y corpulento, como me gustan a
mí los hombres —él es mi amigo Lucas.
Se ha ofrecido a llevarte a casa. ¿Te
parece bien que te lleve?
Lo miro frunciendo el ceño.
¿Pretende que me lleve a mi casa un
desconocido? ¡Pues sí señor, de eso
nada!
—No es por él, la verdad —le
digo arrimándome a su oído— Pero por
mal que vaya… me doy cuenta de que no
conozco a ese tipo de nada.
De nuevo me dan ganas de
vomitar y me pongo la mano en la boca.
El camarero se da cuenta y después de
pasar su brazo sobre mis hombros, me
dirige hacia la salida. Yo me deslizo
junto a él entre el barullo mientras
escucho el pumba pumba de la
discoteca, cada vez más atronador.
—¿Tienes la chaqueta en el
guardarropa? ¿Cómo has venido?
—¿Qué? —Uff, demasiadas
preguntas para mí. ¡¡Por favor, un
orden!!
—¿Llevas chaqueta? —repite el
camarero.
Le muestro la muñeca en la que
llevo atada la ficha del guardarropa.
¡Como para no llevar chaqueta a
principios de enero que estamos! Con
suavidad, la saca de mi mano y se la
entrega al morenazo llamado Lucas, que
en ese momento me doy cuenta de que
está a nuestro lado.
—No quiero que me lleve a
casa, no le conozco —digo, con un

Libro No me mires así – Chris M. Navarro 

sonido deplorable.
—Andrea, ¿has venido en
coche?
—Claro —contesto pensando en
que menos mal que quedé con mi ligue
en la discoteca, porque de no ser así
ahora mismo no tendría cómo volver a
mi casa.
—Sabes que no estás para
conducir ¿verdad?
—Claro que sí, si apenas puedo
ver. Por eso te he dicho que no quiero
irme aún a casa.
—Si no quieres irte aún, no te
vayas. Lucas es buen tío, te lo aseguro.
Cuando estés bien, entonces te vas. ¿De
acuerdo?
—¿Por qué no te quedas tú
conmigo? —le pregunto pestañeando
exageradamente.
—Yo tengo que volver a la
barra. Si mi jefe se da cuenta de que me
he ausentado me despedirá, y tal como
están las cosas no me lo puedo permitir.
—Te contrato yo.
El camarero suelta una carcajada
y yo le miro con el ceño fruncido
fingiendo estar enojada.
—¿Contratarme tú? ¿De qué?
¿De guardaespaldas o niñera?
—Te has pasado —digo,
molesta por la poca consideración que
me acaba de tener. Claro, como soy
joven y mona, dan por hecho que solo
puedo necesitar a un hombre para que
cuide de mí.
La verdad es que en el estado en
el que me hallo no puedo protestar por
nada, bastante está haciendo el pobre
chico con intentar ayudarme.
—¿Cómo te llamas? —me doy
cuenta de que me ha presentado a su
amigo pero no me ha dicho su nombre.
—Andrés.
—Jajajaja, igual que yoooo… —
digo risueña, para acto seguido cambiar
el semblante y añadir —y que mi padre.
Lucas vuelve con mi chaqueta en
la mano, me ayuda a ponérmela como un
buen caballero y salimos de la
discoteca. Una vez fuera, Andrés se
despide de mí, no sin antes decirle a su
amigo que me cuide bien y que no me
deje conducir en mi estado.
—Sí papi, gracias papi —le
digo sacándole la lengua.
Andrés me mira y sonríe. Sé que
he conseguido gustarle, aunque sea un
poquito. Me quedo mirando a Lucas y
noto que se ruboriza. Me hace gracia
que un hombre tan grande sea tan tímido.
—¿Dónde está tu coche? —me
pregunta.
Giro sobre mí misma intentando
recordar dónde lo dejé aparcado cuando
llegué a Dance City hace cuatro horas.
La vuelta, produce que me tambalee en
el sitio, pues ha incrementado el mareo
que ya de por sí llevaba. Lucas me coge
al vuelo y apoya mi cabeza sobre su
pecho. Ummm, me doy cuenta de que
huele muy bien. Levanto la cabeza, lo
miro a los ojos y sonrío. Él me mira
sonrojado.
—Mira, será mejor que te
sientes. Si no recuerdas dónde has
dejado tu coche, podemos ir al mío.
Asiento con la cabeza. Empiezo
a notar las piernas y las siento muy
cansadas. ¿Qué me ha pasado esta
noche? Apenas recuerdo haberme
drogado. ¿Tan solo la bebida me ha
dejado así?
Llegamos a su Ford Focus y le
da al cierre centralizado, entro en el
coche y froto las manos heladas.
—¿Tienes frío? Pondré la
calefacción.
Arranca el coche para poder
poner el aire caliente y a los pocos
segundos empieza a salir por los
ventiladores, haciendo que el coche coja
una cálida temperatura.
Apoyo la cabeza sobre el
respaldo y lo observo. Él tuerce la
cabeza hacia delante, tratando de
ignorarme.
—¿Te pongo nervioso? —le

Libro No me mires así – Chris M. Navarro
pregunto.
—Un poco —me dice,
sonriendo. Bien, eso es bueno.
—¿Por qué? No me como a
nadie… a no ser que me lo pidan. Dime,
¿quieres que te coma?
Me mira divertido.
—Eres tan consciente de lo
bonita que eres que das miedo. Estoy
seguro de que nadie te ha dicho nunca
que no, ¿verdad?
—Ummm, déjame pensaaar…
Nop.
Nos miramos durante unos
segundos, divertidos. Paso mi lengua
por los labios provocadoramente y él
vuelve a mirar hacia el frente.
—Andrea, estás borracha y no
quisiera aprovecharme de tu estado.
—Ummmm, todo un caballero, sí
señor. Pero siento decirte que soy
consciente de todo lo que hago, y que
por mal que esté nunca hago nada en
contra de mi voluntad. Dime, ¿quieres
que te coma o no?
—No puedo pasar un minuto más
en este coche sin que me comas —me
contesta, todavía algo tímido.
Me acerco a él y me siento
encima, a horcajadas. Empiezo a lamer
su oreja y lo escucho gemir. Muevo mis
caderas sobre su abultado paquete
consciente de que me está reclamando.
Le beso en la boca succionando cada
centímetro de sus labios, y él me coge la
cabeza para apretarme más y más. Sigo
mareada pero me apetece tener un
orgasmo. Me froto contra su pantalón,
vaquero contra vaquero y cuando llego
al éxtasis, él me mira con admiración.
—Veo que te dejas llevar con
facilidad —me dice al oído,
produciéndome cosquillas.
—Hay que vivir la vida sin
límites, ¿para qué imponérmelos en
cuanto al sexo?
—Entonces, yo también quisiera
llegar al final.
Le miro coqueta mientras
desabrocho su pantalón y vuelvo a mi
asiento ante su mirada reprobatoria.
Entonces, libero su pene de los
calzoncillos y me acerco de nuevo, lo
lamo y provoco un intenso gemido ante
algo que no se esperaba. Me encanta
volver locos a los hombres, es tan
sencillo. Absorbo su miembro hasta el
fondo de mi boca una y otra vez, lo
lamo, lo succiono, lo masajeo al compás
arriba y abajo con mi mano, hasta que ya
no puede más y se deja ir. Sigo
lamiéndolo excitada ante los gemidos de
Lucas, y cuando termino, le muestro una
mirada imperante que lo hace
estremecer.
—Dios, Andrea, eres… —no
puede terminar la frase porque se ha
quedado sin palabras. Lo sé.
Le guiño el ojo y me incorporo
en mi sitio, me desperezo y tumbo el
asiento porque necesito estar en
horizontal. Él se lo toma como una
provocación y se dispone a darme mi
parte. Ahora me toca a mí disfrutar, y
vaya si lo hago. Umm, me encanta y se
lo hago ver, volviendo a ponerlo a cien.
—Por Dios, estaría así toda la
noche. ¿Te encuentras mejor? —me
dice, después de conseguir que me corra
en su boca.
—Sí, bastante mejor —le
contesto con una sonrisa que muestra
todos mis dientes. Miro el reloj y me
doy cuenta de que son casi las seis de la
mañana. Dentro de cuatro horas tengo un
concierto y apenas voy a dormir.
Debería irme a casa, y así se lo hago
saber.
—Está bien, te llevaré.
—No. Lucas, te lo agradezco,
pero ya estoy bien. No puedo dejar mi
coche aquí porque lo necesito dentro de
unas horas así que será mejor que lo
busque dondequiera que esté.
—Te ayudaré a buscarlo. ¿Qué
coche tienes?
—Un Ferrari F430 rojo —
contesto.
—Venga ya, te estás quedando
conmigo, ¿verdad?
—No —digo poniendo

   Libro No me mires así – Chris M. Navarro

Comprar Ebook en 

Clic Aquí Para comprar 

Si no sabes descargar mira este video tutorial

[sociallocker]
[popfly]

Descargar 

Leer en online
[/popfly] [/sociallocker]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!
---------