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Libro PDF Nunca llueve en Timber Creek – Ali Lewis

Nunca llueve en Timber Creek – Ali Lewis

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mucho temperamento. Llevaba menos tiempo en Timber Creek. Llegó poco antes del accidente de Jonny y era del Top End (sus padres vivían por el norte cerca de
Darwin). Nuestros vecinos, los Croft, que tienen un rancho a ochenta kilómetros al este del nuestro, habían oído al amigo de un amigo decir que Lloyd estaba buscando
trabajo y le propusieron a mi padre que le contratara. En ese momento mi padre no lo veía claro. No le gustaba que el viejo Dick Croft «metiera las narices en nuestros
asuntos». Creía que no era necesario, pero mi madre le dijo que estaba trabajando demasiado y que a Elliot le vendría bien tener un compañero en el rancho porque
estaba muy solo. A mi padre le pareció bien y dijo que no quería perder a Elliot porque «valía su peso en oro». Así que lo pensó un poco y supongo que cuando
conoció a Lloyd vio que le vendría de perlas contar con él. Y después del accidente de Jonny nos habíamos quedado sin un hombre, así que imagino que mi padre estaba
muy contento de haber contratado a Lloyd.
Los Croft eran amigos y vecinos de la familia desde hacía muchos años. Tenían un rancho ganadero llamado Gold River que estaba en la parte oriental de nuestras
tierras. Un día Emily le preguntó a Dick por qué su abuelo lo había llamado así. Él dudó un momento y dijo:
–Bueno, supongo que mi abuelo era un optimista.
Luego Emily me preguntó:
–Danny, ¿a qué se dedica un optimista?
Todos los ríos cercanos llevaban mucho tiempo secos debido a la sequía. Eran de color un dorado como el resto del desierto. A lo mejor en aquella época también
había habido sequía.
Mi bisabuelo compró el rancho de Timber Creek en 1930 cuando murió el último propietario, Arthur Simpson. Mi padre decía que desde entonces los Dawson y los
Croft habían trabajado codo con codo para ganarse la vida en el desierto. Antes de morir, mi abuelo, Alex Dawson, se hizo muy amigo de Dick Croft. Dick era muy
guapo, pero con el tiempo se había vuelto muy largirucho; parecía que habían vestido a un árbol muerto. Si te acercabas a él oías una especie de ruido, como si un
guisante se le hubiera quedado atascado en la garganta, y cuando hablaba jadeaba como yo cuando corría alrededor de los corrales persiguiendo a un buey, solo que Dick
no tenía un inhalador para pararlo. Una vez le pregunté a su hijo Greg qué le pasaba a su padre y él se limitó a decir:
–Fuma demasiado.
Greg fumaba. Era muy divertido. Una vez nos contó este chiste: «¿Cuál es la diferencia entre un aborigen y una caca de perro? Que uno con el tiempo se vuelve
blanco y deja de oler». Nos morimos de la risa. Después del funeral de Jonny, Greg me dio un sombrero. Era muy elegante, de cuero. Me dijo que ya era hora de que me
empezara a vestir como un ganadero «de verdad». Lo había comprado en Alice cuando había quedado con sus amigos. Había sido un poco locura. Había habido una
pelea y a uno de sus amigos le habían metido en chirona.
La tía Veronica, la hermana de mi madre, dijo un día que ya iba siendo hora de que Greg encontrara «una buena mujer». No sé para qué. Greg se encargaba del rancho
ganadero de Gold River con Ron, el marido de su hermana Mary. Dick era muy mayor y estaba demasiado enfermo para trabajar. Tenía una novia llamada Penny que
cuidaba de él. La había conocido en un motel de carretera. Era más joven que él y tenía el pelo muy rubio. Mi madre decía que «era de bote». No sé dónde estaba la
mujer de Dick, Mavis. Nadie hablaba de ella. Mi madre decía que se había fugado con un tío de Katherine cuando Greg y Mary eran pequeños. Eso quería decir que
Dick tuvo que encargarse del rancho y cuidar de ellos él solo. Además, Gold River era más grande que Timber Creek. Supongo que Dick se alegró mucho de conocer a
Penny, porque ya no tendría que hacerlo todo él. Cuando se lo dije a mi padre, él asintió y dijo que Penny «le devolvería la sonrisa a cualquiera».
Mary, la hermana de Greg, no hablaba mucho, pero a mi madre le parecía muy simpática. Y a todo el mundo le caía bien su marido Ron. Cuando se casaron, los Croft
hicieron una barbacoa enorme. Hubo un montón de comida y una orquesta. Todos nos fuimos a la cama muy tarde. Hasta Emily.
Los Croft se habían portado genial después de lo que le pasó a Jonny, pero tenían que ocuparse de su propio rancho y no podíamos depender siempre de ellos para
que nos ayudaran. Oí que mi madre le decía a mi padre que estaba preocupada por cómo nos las íbamos a arreglar. Hablaba del futuro y de que las cosas iban a ser
diferentes cuando naciera el bebé y sin Jonny. Supongo que todo el mundo estaba esperando a que mi hermano terminara el colegio para empezar a trabajar en el rancho.
Iba a ser el brazo derecho de mi padre. Era algo que me molestaba. Es verdad que yo era más pequeño y que cuando fuera al colegio de Alice no estaría tanto por allí,
pero sabía muy bien cómo funcionaba el rancho. Por un lado quería gritarles para que recordaran que estaba ahí, y por otro no quería volver a hablar con ellos nunca
más. Pero entonces mi madre dijo algo que me hizo sentir aún peor. Dijo que necesitaba otro par de manos que cuidaran de la casa y de los «más pequeños». Nunca
llamaba «pequeños» a Jonny o Sissy cuando tenían trece años. Le dijo a mi padre que necesitaba una asistenta y él le contestó que le parecía bien.
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«SE NECESITA ASISTENTA». Eso es lo que ponía en grandes letras rojas en la cartulina que mi madre estaba escribiendo. Y debajo puso: «El trabajo incluye:
cocinar, limpiar, dar de comer a las gallinas, cerdos y terneros y cuidar de tres niños de entre siete y catorce años en un rancho ganadero del desierto Tanami. Se
proporciona comida y alojamiento. Salario justo. Si estás interesada, llámanos».
Mi padre dijo que debería poner un anuncio en el albergue de mochileros de Alice Springs.
–Seguro que alguna de esas chicas inglesas es tan tonta que quiere trabajar con nosotros.
Hay muchas chicas inglesas en Australia viajando y buscando trabajo, y mi padre creía que se les podía pagar una miseria.
A mí me parecía una estupidez. Si Sissy no podía volver al colegio, podría ayudar más y no tendríamos que contratar a una asistenta inglesa. No quería que una
inglesa viviera en el rancho y trabajara para nosotros. No quería a nadie nuevo que hiciera que todo resultara extraño. Ya teníamos suficiente con todo lo del bebé como
para que encima hubiera alguien nuevo.
Mi madre tuvo que llevar a Sissy al hospital de Alice por el bebé. Dijo que le tenían que hacer un escáner y que mientras estuviera ahí iba a poner la oferta de trabajo
en el tablón de anuncios de un par de albergues de mochileros, que eran los sitios donde se quedaban las chicas inglesas. Pensó que quizá alguna lo leería y nos llamaría.
Como Timber Creek está muy lejos de Alice, cada vez que alguien necesita ir a la ciudad lleva una lista de cosas que hay que comprar, y siempre llamamos a los Croft
para ver si necesitan algo. La lista puede incluir prácticamente cualquier cosa que se te ocurra. Siempre hay algo de comida –cosas frescas que se nos acaban antes, como
fruta y verdura–, pero también otras cosas como ruedas de repuesto, piezas del generador, pienso para los terneros, pastillas antiparasitarias o balas para los rifles. Lo
que sea.
Lo normal era que Emily y yo no tuviéramos que ir, pero esta vez mi madre dijo que necesitábamos zapatos nuevos. Yo no quería ir de compras, quería quedarme en
el rancho con mi padre y los chicos. En otro momento me habrían dicho que me pusiera uno de los pares de botas viejos de Jonny, pero no sé dónde acabó su último
par. No quería preguntárselo a nadie. Le dije a mi madre que mis botas estaban bien. Lo último que quería era ir de compras a Alice con un montón de chicas. Le dije que
podía traerme ella unas, pero me contestó que eran demasiado caras para arriesgarse a traerme el número equivocado. Lo único bueno de ir era que nos perdíamos dos
días de clase.
Mientras estábamos fuera, Bobbie había accedido a cuidar de la casa y de los animales del rancho. Teníamos gallinas, por lo que siempre había huevos; algunos cerdos
que nos daban beicon y los terneros que se habían quedado huérfanos en el desierto y a los que criábamos con biberón. Vivían en pocilgas, gallineros y corrales alrededor
del rancho. La casa estaba en el centro y tenía el patio al fondo. En la parte de delante estaba el jardín de mi madre, que era bastante grande. Tanto que hasta podías jugar
al críquet dentro. El césped tenía algunas calvas y estaba quemado por el sol, y a su alrededor había algunas plantas. Mi madre estaba muy orgullosa de ellas. Las
llamaba supervivientes porque seguían viviendo pese a la sequía. Hacía mucho tiempo que no llovía, así que ya no nos podíamos permitir regarlo con la manguera. En
lugar de eso, mi madre vaciaba en el suelo el agua sucia del barreño.
Mi madre había puesto el remolque en la parte de atrás porque íbamos a comprar tantas cosas que no iban a caber en el coche. Ir a la ciudad con un remolque detrás
significaba que tardaríamos incluso más de lo normal, por lo menos cuatro horas. La mayor parte del viaje era por carreteras del desierto, que en realidad no eran más
que caminos de tierra. No llegas a la carretera Stuart hasta que estás a unos kilómetros de la ciudad.
Sissy era la mayor, así que se puso delante con mi madre. Yo creía que debíamos echarlo a suertes a ver a quién le tocaba, pero antes de que pudiera empezar a
discutir sobre ello, mi madre me gritó:
–Cállate y ponte detrás, ¿vale?
Intenté explicar que no había hecho nada malo, pero mi madre no me dejó decir ni una palabra.
–¿No has oído lo que he dicho? –preguntó.
Antes del accidente de Jonny mi madre no era así. Solíamos ir a sitios a hacer cosas. A veces íbamos todos a nadar al embalse de Clear Water o veíamos la tele juntos.
Mi madre la empujaba hasta el comedor en un carrito y la colocaba en el otro extremo de la mesa, frente a mi padre, como si fuera otra persona. Era algo que hacíamos
todos los domingos para poder ver una serie inglesa que se llamaba Last of the Summer Wine, una de nuestras favoritas. Pero después del accidente no lo volvimos a
hacer. Supongo que nadie quería reírse viendo la televisión si Jonny no podía participar.
Mientras íbamos dando tumbos por los caminos de tierra vi cómo el desierto pasaba de ser un terreno arenoso lleno de gramíneas a unos afloramientos rocosos donde
todo era marrón, naranja y seco. Al cabo de un rato volvió a cambiar y vi parches de tierra amarilla entre acacias descuidadas y eucaliptos. El sol daba de pleno cuando
adelantamos a un enorme canguro rojo. Estaba solo y me pregunté adónde iría.
Sissy llevaba un montón de tiempo sin hablar, pero Emily lo compensaba con creces. En el camino debió de hacer un millón de preguntas sobre lo que el médico le
haría en el hospital, lo que era un escáner, cuánto tiempo tardaría, si tendrían que operarla y si moriría. Cuando preguntó eso, mi madre paró el coche y se dio la vuelta
para hablar con ella. Pensé en abrir la puerta, bajar de un salto, huir lejos de todas ellas y volver al rancho. No sé lo que me detuvo. Mientras miraba fijamente el desierto
oí cómo mi madre le decía a Emily que nadie iba a morir.
–Sissy va a tener un bebé. Los médicos solo quieren echarle un vistazo para asegurarse de que el bebé está creciendo adecuadamente. Eso es todo.
Yo estaba sentado detrás de Sissy y vi cómo una lágrima le caía por la mejilla y bajaba por el cinturón de seguridad. Estaba llorando otra vez. Se me encogió el
corazón y pensé que el pecho me iba a explotar, pero esperé a que el coche empezara a moverse para sacar mi inhalador del bolsillo y aspirar.
Al llegar a la carretera Stuart los neumáticos empezaron a hacer menos ruido. Sentí que se me aliviaba la presión del pecho y que podía respirar otra vez. Cuando
entramos en Alice fue un poco como si estuviéramos en algún sitio completamente nuevo. Nunca he estado en el extranjero, pero me parecía que estábamos en otro
país. Había turistas por todas partes. Se les identificaba fácilmente por las gafas de sol modernas que llevaban. Todos iban con pantalones cortos blancos, camisetas de
tirantes y chanclas. También había algún que otro negro vagueando, pidiendo o emborrachándose. Cuando salimos de la ciudad y pasamos el arroyo donde acampaban
los negros, me puse un poco nervioso. Llevábamos mucho tiempo sin ver a la tía Ve; solo la habíamos visto una vez o tal vez dos desde el funeral.
La tía Ve me caía bien, pero no tenía muy buen aspecto. La única parte normal de su cuerpo era la cabeza, que sobresalía por encima del resto como una cereza. Su
enorme cuerpo tenía forma de lágrima. Cuando abrió la puerta y vino hacia el coche, daba la sensación de que algunas partes de su cuerpo tenían vida propia. Se movían
en una dirección diferente a la que iba ella. El vestido fino que llevaba puesto era demasiado pequeño para todo lo que había debajo. Los tobillos hinchados, fofos y
llenos de costras le sobresalían de los zapatos; parecía que las piernas se le estaban derritiendo dentro de ellos como la cera de una vela. Respiró con dificultad, cogió
aire, sacó un pañuelo de la manga de su vestido y se limpió el sudor de la cara dándose unos toquecitos, como si este estuviera solo en algunas zonas.
–Gracias a Dios que existe el aire acondicionado –dijo con una risita nerviosa en medio del sofoco. Era como si no le preocupara nada.
Nos dijo que habíamos llegado justo a tiempo porque acababa de sacar unos pasteles del horno. Me hizo gracia, porque creo que nunca he llegado a casa de la tía Ve
sin que hubiera algo muy rico a punto de salir del horno. Sonrió, le puso la mano en la cara a Sissy y le preguntó qué tal estaba. Pensé que mi hermana se pondría a
lloriquear otra vez, pero no fue así. Simplemente se encogió de hombros. Entonces la tía Ve dijo:
–Todo saldrá bien.
Cuando mi madre y Sissy volvieron del hospital trajeron una fotito en blanco y negro que se suponía que era del bebé, pero a mí me pareció una chorrada. Sissy se la
enseñó a la tía Ve y ella dijo que era «maravillosa, el primer esbozo de la próxima generación». Mi madre nos la mostró a mí y a Emily. No paraba de señalar donde
decía que estaba la cabeza del bebé, pero yo creía que se equivocaba. No era más que un montón de manchas negras y grises, era imposible que fuera la foto de un bebé.
Le dije que debía de haber habido algún problema con la cámara o que la habían impreso mal. Todas se rieron, pero sabía que mi padre estaría de acuerdo conmigo
cuando la viera.
Después de cenar, mi madre, Sissy y Emily fueron al supermercado

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