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Ojos azules – Arwen Grey

Ojos azules – Arwen Grey

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Resumen y Sinopsis De 

Ojos azules – Arwen Grey

Creía que vivía usted solo en Arroyo Cantarín dijo Ruth Ann, confusa.
Ethan Sullivan la miraba con la mirada de un tono increíblemente azul, de un azul casi imposible, muy fija, como si su respuesta fuera de suma importancia.
Y vivo solo respondió él al fin, con una voz tan suave que sonó como un susurro.
Ruth Ann pensó que era extraño que ninguno de sus alumnos hubiera aparecido todavía. ¿Dónde estaban los niños?
Sus ojos se desviaron hacia la puerta, que había dejado abierta cuando había salido para espantar a Jackson, algo en lo que tenía experiencia, habiéndose criado con
dos chicos irascibles.
No debería estar allí a solas con un hombre. Un hombre con el que apenas había intercambiado dos palabras hasta esa mañana.
Le pagaré.
Los ojos oscuros de Ruth Ann volvieron a él, notando el leve sonrojo de sus mejillas tostadas por el sol.
Entonces comprendió lo que quería.
No quiero su dinero, señor Sullivan.
Un leve espasmo de dolor, de… ¿rabia? se paseó por sus facciones, menos castigadas de lo que cabría esperar en un hombre de campo. Claro que él no era un
hombre de campo.
Entiendo respondió Ethan, poniéndose de pie, sin poder evitar un gesto de dolor al estirar su cuerpo golpeado. Se puso el sombrero en un reflejo, aunque
volvió a quitárselo al instante. Siento haberle robado su tiempo, señorita. Pase usted un buen día.
Ruth lo vio marchar con un gesto de exasperación. ¿Acaso todos los hombres eran así de cabezotas, ya fueran sureños o norteños?
Pensaré en el modo de pago, señor Sullivan, pero mis hermanos le matarían si se enteran. Le agradecería que fuera discreto.
Ethan saludó con la cabeza, esbozando una sonrisa mínima y salió, dejándola a solas, preguntándose cómo iba a organizar unas clases para su vecino sin que ni sus
hermanos ni nadie en el pueblo se enterase.
Me han dicho que ese estúpido yanqui te ha estado molestando esta mañana. ¿Qué quería?
Ruth apenas había traspuesto el umbral cuando Benjamin, el menor de sus hermanos, había comenzado a interrogarla con aire inocente.
Pasó junto a él y dejó su sombrero en la mesa, pensando en las palabras que debía pronunciar a continuación.
Hizo lo que hace la gente educada, saludar. La educación es algo que ninguno de vosotros conoce.
Él la miró con incredulidad, antes de echar a reír.
Jackson le espantó, por lo que me han dicho como si ella no acabara de insultarle.
Pero no te han dicho que yo espanté a Jackson, por lo que veo respondió ella, con una sonrisa irónica. ¿Dónde está Abraham? Voy a empezar a preparar la
cena enseguida añadió, dándole la espalda.
Benjamin se sentó y la observó trabajar en la cocina.
Deberías ser más cariñosa con Jackson.
No se giró a mirar a su hermano. Podía imaginarlo, sin necesidad de verlo, recostado en la silla de madera, masticando tabaco, mirándose las puntas de las botas
gastadas y necesitadas de un buen cepillado, o tal vez las uñas sucias.
No recordaba la cantidad de veces que tanto él como su hermano mayor le habían dicho que era un honor para ella que alguien como Jackson Trelawney la
pretendiera. Él en sí mismo no tenía valor ninguno, incluso como persona era alguien despreciable, pero un día sería el mayor ganadero de la zona, y los McGregor no lo
iban a dejar pasar, de tener la oportunidad.
No dejaban de apuntarle que en poco tiempo dejaría de ser tan deseable a sus ojos, que otra muchacha más joven atraería su atención, que ni siquiera sus tierras,
cercanas a una fuente de agua, que, aunque pertenecía al rancho vecino, compartían por proximidad, o al menos lo habían hecho hasta la llegado de Sullivan, harían que
mantuviera su interés durante más tiempo.
Jackson Trelawney no merece mi cariño, al menos mientras se siga comportando como un salvaje.
Una nueva risa a sus espaldas le hizo saber que Ben no consideraba ser salvaje el golpear a su vecino.
Eres demasiado delicada para estas tierras, Ruthie. Y madrugas demasiado últimamente, hermanita. ¿Para qué te levantas tan temprano?
Ruth Ann se sorprendió. Pensaba que no habían notado su ausencia, pero debería de haber sabido que eso era imposible. Lo más probable era que lo hubieran
notado desde el primer día. Con suerte, tal vez todavía no sospecharan sus intenciones de abandonar el rancho.
Una de las niñas necesita más ayuda que el resto en las clases y la estoy ayudando dijo con el tono más tranquilo que pudo.
Él gruñó.
No deberías hacer un trabajo por el que no te pagan. Tu sueldo ya es lo bastante ridículo como para que estés regalando tu tiempo.
Supongo que lo que haga con mi tiempo es asunto mío replicó, pensando que, sin apenas darse cuenta, su hermano le había dado la oportunidad de pensar una
coartada para poder darle las clases a su vecino, si él lo deseaba.
Solo le quedaba pensar en su forma de pago.

Pages : 29

Tamaño de kindle ebook :  574 kb

Autor De La  novela : Arwen Grey

kindle  Comprimido: no

kindle Format : True PDF 

Idioma :Español-España 

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Fotos – Imagen

Ojos azules – Arwen Grey

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