---------------

Libro PDF Los españoles de hace 900 años Vicenta M. Márquez de la Plata

Los españoles de hace 900 años  Vicenta M. Márquez de la Plata

Descargar Libro PDF Los españoles de hace 900 años Vicenta M. Márquez de la Plata


guarnecido con trozos de vasijas rotas e inclusive
con huesos (tabas), barro cocido, ladrillo, piedras
losas etc.
Pero no todas las casas son tan escuetas como
ésta, por lo general la casa, al ser también un
instrumento de trabajo, cuenta con alguna
dependencia, que puede ser algún granero,
gallinero o porqueriza ya que casas como la
descrita suelen ser de un labriego, que al tiempo
que cultiva un predio para sus sustento, mantiene
algún animal de corral o algún cerdo. No es raro
que al menos las aves compartan la vivienda con
los dueños. En alguna casa de dos pisos, el ganado
está en un establo que ocupa la parte inferior de la
edificación: abajo los animales, en un piso
superior, las personas. Y ello no sólo por la
economía de la construcción y por que el cuidado
de los animales se facilita, al igual que su ordeño
o previsible protección contra alimañas y
ladrones, si no también por que los animales
desprenden calor y en las precarias viviendas sin
más calor que el del hogar, toda fuente de calor es
apreciada, sobre todo en tierras frías como las de
León, Palencia o el Pirineo.
Si el meskino es propietario o colono de la
tierra que labra, poco a poco a lo largo de su vida
irá acumulando algunos bienes o comodidades, y
su vivienda puede ir evolucionando a mejor.
Distinto es el caso de los mozos que sin tierra
propia, ni señor, abandonan la casa paterna para
ofrecerse como braceros, quinteros o pastores, al
no tener una casa estos hombres llevan todo lo
suyo consigo y son prácticamente trashumantes
hasta que, por ley de vida, se asienten en algún
lugar para formar familia. Si entra un mozo al
servicio de algún magnate o señor, o inclusive de
un cenobio como oblato, su señor le proveerá con
vivienda, que a buen seguro será como la descrita.
También es muy posible que entonces se le
adjudique una tierra para su propia subsistencia,
esta tierra, como veremos en otro lugar, le
pertenecerá en usufructo de por vida y nadie, ni el
señor, podrá despojarle de ella siempre que el
meskino pague la INFURCIÓN: una pequeña
cantidad que se pagaba en dinerario (casi
desconocido en muchas zonas) o en especie por
reconocimiento de señorío. Cuando muere el
meskino, su hijo pagará al señor el NUBCIO (una
pequeña cantidad en símbolo de la sujeción del
nuevo tenedor de la tierra al dueño y señor) por el
que se subroga el derecho de su padre muerto,
hereda así el predio, la casa y las condiciones del
padre: es decir, pagando la misma INFURCIÓN se
perpetúa como usufructuario de la tierra que su
padre labró, y con la tierra, la casa. Es notable
reseñar que las condiciones en que se estableció
un rústico en una tierra no pueden ser cambiadas
por el señor a pesar de que pasen de generación en
generación.
UNA CASA IMPORTANTE,
LA CURTIS: GENERALIDADES Y
DESCRIPCIÓN
Una vivienda de mayor categoría
coincidirá generalmente con una casa hidalga.
Pero no siempre, también hay gente que sin
pertenecer a la nobleza, sin ser hidalga, tiene
cierto poder económico: pueden ser incipientes
mercaderes, artesanos bien situados, cobradores
de impuestos, hombres libres, ingenuos, que
poseen y cultivan un predio propio de una
extensión tal que les permita ciertos lujos,
servidores importantes de un señor o cenobio, en
una palabra, cualquier persona o propietario que
desempeñe una labor u oficio rentables y que esté
algo mejor situado que nuestro meskino anterior.
La casa, a la postre, siempre refleja el poder
del dueño, tanto si es poder económico, social o
simplemente de prestigio. La casa algo más
complicada se llama CURTIS. La CURTIS, aunque
sea de adobe o tapial, ya combina en su fábrica, al
menos en algunos sitios, la piedra (labrada o
cantos rodados) o el ladrillo, bien en los marcos
de las ventanas y puertas, bien en las esquinas que
sustentan la fachada y sobre todo se prefiere la
piedra en los cimientos. El tejado ya suele ser de
teja aunque no es hasta 1177 cuando se obliga a
por ley a los hidalgos a que cubran sus casas con
teja cocida. Esto quiere decir que en el siglo XI
aun se hallan CURTIS con techo de paja.
Es la CURTIS, como decíamos, una casa que
presenta una mayor complicación estructural y que
cuenta con varias habitaciones. El edificio
principal está generalmente al fondo de un terreno
de forma más o menos rectangular. En el terreno,
los lados más largos hacen de laterales y en el
fondo estrecho, es donde se levanta la casa del
señor, la parte delantera del rectángulo puede
cerrarse con paredes y puerta, según la
conveniencia del propietario, cerrando y aislando
a un tiempo la casa y las dependencias. De la
entrada exterior a la puerta de la casa principal, a
veces, hay una especia de caminillo con piedras,
losas o cantos, que ayudan, en la estación lluviosa,
a que los pies no se metan en el inevitable lodo
que causan las lluvias. A los lados de la CURTIS,
paralelamente a los lados mayores del rectángulo
se levantan construcciones subsidiarias como
viviendas de servidores, granero, cochiqueras,
gallineros, lagares, depósitos de aperos de
labranza, cuadras, etc.
En estas viviendas, ya nos lo dice Claudio
Sánchez Albornoz, la puerta principal, ya no es de
rústica y zafia tabla, si no que será de tablas
macizas, resistentes y bien trabajadas, unidas por
travesaños que se fijan por medio de fuertes
clavos de cabeza labrada. La casa del amo o
señor, la CURTIS, aunque puede ser una
construcción lineal, de uno o dos pisos, por lo
general es más o menos cuadrada, con un patio
interior, o ATRIO, que quizá alberga un jardincillo y
que casi con toda seguridad estará provisto de un
pozo con su brocal, polea y cubo, cuyo caudal de
agua fresca bastará para las necesidades de agua
potable para la familia, e inclusive quizá llegue
para dar de beber a los animales, de la cuadra,
gallinero o porqueriza.
Veamos como describe el investigador Claudio
Sánchez Albornoz, una CURTIS señorial del siglo
XI, un palacio, como le llaman sus dueños.
«Mirando al mediodía se levantan edificios de una
planta, construidos con cantos rodados, argamasa y
barro, cuya techumbre es TELIATA, es decir con
techumbre de armazón de madera y recubierta de
tejas. Se entra en ellos por un arco de herradura, y
se hallan iluminados por pequeñas ventanas, de
formas parejas al arco de la puerta. Los palacios
constan de cámaras que sirven de salón o
refectorio, donde según las horas se platica o se
yanta y de otras estancias o aposentos que son los
dormitorios o CELLA. Otro cuerpo del patio lo
forma un edificio de proporciones parecidas a los
anteriores, pero de adobes, es la cocina».
Es también costumbre muy extendida que la
casa señorial o hidalga tenga unas pequeñas torres
en los ángulos, son las casas torreadas o
fortificadas (fig. 2).
Fig. 2. Esta graciosa CURTIS está pintada en un fresco
en el lienzo norte de la Iglesia de Santullán.
Básicamente responde al esquema de una casa hidalga:
puertas y ventanas amplias, portón de entrada notable;
en este caso adornado con una especie de frontón sobre
él, sendas torres superatas (de dos pisos) en las
esquinas; techo, al parecer, teliato. La curiosa cortina
que se ve a la entrada la interpretamos como la
intención del pintor de indicarnos que en esa casa hay
lujos, como el de la ostentosa cortina con sus elegantes
pliegues.
Ya vemos, pues, que la casa señorial se
diferencia mucho de una casa meskina en donde
todos viven y conviven en un sólo ambiente, o
como mucho en un par de habitaciones. En la
CURTIS, los salones, la cocina y los dormitorios
están claramente diferenciados. Es más,
estrictamente hablando el palacio, son los salones,
aunque por extensión se llama palacio a la
vivienda toda. En las Partidas (II,9,29) se dice
taxativamente: «palacio es dicho e logar do el rey
se ayunta paladinamente para fablar con los
homes: et esto es de tres maneras: o para librar
pleytos, o para comer o para fablar en
gasajado». Esta claro que el palacio, es el salón:
bien comedor, bien para administrar justicia o para
«fablar en gasajado», es decir para charlar y
distraerse.
Pero sigamos con la descripción de la CURTIS:
«La cocina comunica con el corral (puede éste
estar ya en el exterior del patio o atrio, pero dentro
del terreno que pertenece a la casa) y en él se
alzan varias construcciones de barro, unas son
TELIATAS, es decir cubiertas por tejas, y otras
construcciones serán TERRITAS, con techumbre de
ramas y tierra. En ambos casos son CUPERTAS, es
decir: cubiertas, mientras que los corrales y otras
dependencias son DECOPERTAS, es decir sin
techumbre, descubierta».
A veces, estas CURTIS cuentan con algún
edificio de dos pisos: son los llamados
SUPERATOS, el piso bajo es el SOTALO o silo y el
alto la APOTECA o bodega. Sánchez Albornoz nos
comenta que este tipo de edificaciones era muy
común en tierras de León. Aún no se usa la palabra
sobrado para describir la zona abuhardillada del
edificio de dos pisos. No faltan al rico propietario
los graneros, o CELLARIOS, un lagar, establos, en
donde los pesebres están hechos de bateas, o sea
troncos de álamos blancos ahuecados, para allí
poner la comida o bebida de las bestias. En una
CURTIS tipo medio habrá gallinero, almacén,
cochiquera, y —como ya mencionamos al
principio— viviendas para siervos y criados.
Fuera de la casa, junto al establo, está la TRISTIGA
o letrina. Junto a las habitaciones hay unos
edificios o cuartos de madera (casas MATERACAS)
en donde hay unas cubas que se llenen de agua
caliente para el baño de los dueños de casa. En
caso de tener visitas, se ofrecerá este servicio a
los invitados. Si el dueño tiene una posición
desahogada y hay suficiente servidumbre, un
siervo será destinado exclusivamente a cuidar de
la TRISTIGA y de la BALNEA, el baño; este siervo
habrá asimismo de calentar el agua para las cubas
en grandes GANZAS o calderas y se ocupará de
vaciarlas una vez terminado el baño.
Es pertinente hacer aquí un inciso y comentar
que es falso que en la edad media los habitantes, al
menos en España, fuesen, como suele repetirse con
notoria ignorancia, gente reñida con la higiene. Es
cierto que la limpieza y la miseria casan mal, pero
en cuanto las condiciones lo permiten las
viviendas cuentan con baños de agua caliente, y
ello no sólo en León, lugar que estudia Sánchez
Albornoz, si no también en Galicia, en tierras de
Asturias y hasta en la muy fría Zamora. Hay
también que recordar que en los lugares en que hay
aglomeraciones urbanas que por distintas razones
pueden no tener BALNEA particular, los
ayuntamientos ponen a disposición de los
habitantes y explotan, un servicio de baños
públicos. El profesor Ubieto comenta en su libro
HISTORIA DE ESPAÑA (Ed. Teide, Barcelona)
que «en muchos lugares en donde hoy sería
insólito hallarlos, había baños públicos en la Edad
Media». Además, es costumbre honrada en todas
partes el lavarse las manos antes de comer. En
casas como la CURTIS que describimos, un
sirviente traerá a la mesa una jofaina y una jarra
con agua caliente que derramará sobre las manos
de los comensales, al estilo romano, y luego
alargará las MANUTERGIAS o toallas, que en días
de solemnidad serán de color escarlata.
Como se ve, una CURTIS, más que una casa es
un pequeño mundo encerrado en si mismo,
comprende la vivienda del dueño y de los
sirvientes así como las dependencias que el padre
de familia necesita para sostener su nivel
económico, (trojes, lagares, graneros, depósitos
etc.) exceptuando la tierra que él, con ayuda de sus
siervos o colonos, cultiva, que por razones obvias
está fuera del terreno que rodea a la vivienda. Esta
casa conocida como CURTIS tiene un ajuar mucho
más variado que el de la casa meskina. Cada
dependencia está provista con los instrumentos o
ajuar necesario: así en la cuadra que alberga a los
preciados caballos habrá tiras de cuero, que se
llaman TORDIGAS; SOBEIOS, que son correas, las
sillas de montar no faltarán al rico propietario de
la CURTIS: son de borrenes altos y a veces
incrustadas de plata u otros metales. Aún no se ha
generalizado el uso de los estribos cortos; si
acaso, se usan los largo para que el caballero
armado se estabilice sobre la silla. Junto a las
sillas de montar habrá bridas, riendas y bocados.
Si hay bueyes poseerá su establo yugos, lanzas del
carro, ruedas de repuesto y tablazón para el carro.
Así cada dependencia cuenta con lo necesario.
Cubas en el lagar, leña y hacha en el depósito, etc.
EL SALÓN-COMEDOR DE LA
CURTIS NOBLE.
SU AJUAR
La casa está amueblada de la mejor
manera posible, dependiendo del poder económico
del dueño. Hay por lo menos un salón que hará las
veces de comedor. Este tiene como muebles
principales una MENSA (mesa), y dos grandes
arcas con techo a dos vertientes, una puede
contener las mudas de mantelería, MUTATIONE, a
más de platos, vasos, tazas y bandejas. También se
puede guardar en otra el pan para varios días (fig.
3).
Fig. 3. Este hermoso ejemplar de arca medieval, es
una obra románica, policromada, corresponde a un arca
para guardar el pan en un monasterio de monjes. Hoy
está visible en el museo municipal de Astorga (León). En
el medievo español casi todas las arcas son a dos aguas,
tanto las paneras como las que contienen ajuar y
corresponden, en estructura a este prototipo, aunque
pueden ser mucho menos lujosas.
Cuenta el comedor, además de la MENSA y las
arcas, con unos escaños o asientos, cubiertos para
mayor comodidad con unas CULCITRAS o
colchonetas rellenas de lana y con cubierta de
paño TRANSMIRGO (parecido a la sarga); para las
personas de respeto, sean estos los dueños o
invitados de categoría, hay dos CATEDRAS, especie
de sillones de respaldo alto (fig. 4).

Fig. 4. Este grabado, reproducción a pluma del
original, que se halla en el llamado Beato Thomson (hoy
fuera de España) folio II, nos muestra claramente un
escaño de respaldo alto, a veces llamado cátedra. Hay
ejemplares semejantes en los Beatos de Valladolid y de
Fernando I.
Es posible que si el dueño puede pagarlo, haya
un asiento de cuero cordobés, repujado con
motivos geométricos o flores y teñidos estos en
pálidos colores que tiene como fondo tonos
plateados o dorados. La posesión de tal espécimen
hablaría por sí sola del poder económico del
señor de la casa. No todo el ajuar de mesa cabe en
las arcas, por ello las bandejas grandes,
INFERTURIAS, MENSORIOS, y FRIXORIOS, así como
las mejores CUCUMAS (marmitas), cuelgan de las
paredes. Si las INFERTURIAS son de plata, se
denominan INFERTURIAS ARGÉNTEAS, lo mismo los
MENSORIOS o FRIXORIOS que también serán
argénteos, si la calidad de la casa lo pide.
Para alumbrarse habrá algún lujoso
CANDELABRUM que durante el día se coloca en
una esquina, este CANDELABRUM, tendrá uno o
varios brazos. Por la noche, si el CANDELABRUM
no basta, la luz se refuerza en puntos concretos con
algunas lámparas: LUCERNAS DE ALLATONE o sea
lucernas de latón, o bien con ciriales de casa que
son distintos de los de las iglesias, al menos en su
tamaño y que se llaman CANCISTALES o
CASTIZALES. Estos CANCISTALES queman velas de
cera de abeja, a diferencia de las velas de sebo
que quema el pueblo llano.
En las arcas en donde se guarda la ropa del
comedor, como ya adelantamos, habrá algunas
mudas de mesa: MUTAS DE MENSA. Los manteles
pueden ser: LITONES, es decir con cenefas y
LITRATOS: con rayas o listas.
Sobre una pequeña mesita auxiliar, en un
rincón del comedor, pueden verse algunos
AQUAFUSILES, es decir aguamaniles que se
ofrecerán a los comensales para lavarse las manos
a la hora de la comida. Según la categoría de la
casa pueden estos AQUAFUSILES ser de barro
cocido, latón, plata, etc. Ya veremos que en los
palacios reales, la DOMUS REGIA o PALATIO REGIS,
los aguamaniles son de más categoría y los hay de
muchas clases: ARGÉNTEOS: de plata; OENEO,
EREOS o ERICALCINOS: que así se llaman
indistintamente a los AQUAFUSILES de cobre o
bronce. No es sin embargo privativo de la realeza
el poseer objetos de plata o bronce o auricalco; al
contrario, cualquier hombre noble o no, si es rico
o poderoso, procura competir con los magnates y
contar, como ellos, entre sus bienes y ajuar piezas
de plata, vidrio, bronce o auricalco, materiales de
los más apreciados.
Ya se ve que el ajuar de mesa es variado.
Como era de esperar ante tanta riqueza de objetos
y menaje, la etiqueta es complicada, tanto al menos
como hoy día. La comida está sujeta a algunas
reglas sobre las que ya hablaremos más adelante.
Pero a más de lavarse las manos hay que comer
con instrumentos que ayuden a hacerlo con
elegancia, sobre todo en las CURTIS importantes y
no digamos en el palacio real, el PALATIO REGIS,
del que trataremos en especial más adelante. En la
mesa se bebe de cuencos de oropel: CONCUM EX
AURICALCO, si el dueño puede pagarlos, si no
cuencos de barro cocido harán las veces. Eso no
quiere decir que estos cuencos no sean de buena
factura, pues suelen entonces ser pintados y
decorados, simplemente que los metálicos en
cualquiera de sus variaciones son mucho más
caros, aunque tienen a su favor que pueden pasar
de generación en generación. También se usan
copas de distintos materiales: desde las rústicas
de cerámica hasta las DEAURATAS, doradas; o las
ARGÉNTEAS, de plata. Sobre la mesa para los
caldos, se disponen escudillas, que se llaman
SCALAS; platos: que responden al nombre de
DISCOS; COCLEARES, que son cucharas; CULTELOS
o cuchillos, en fin una vajilla muy completa que no
se corresponde con la idea de una rudeza de
costumbres que los españoles de hoy tienen sobre
la España cristiana de la alta edad media.
Los «nuestros passados de grata memoria»
eran gente, que aunque guerrera y tosca para
nuestra sensibilidad del siglo XXI, a su modo, y
cuando las circunstancias lo permitían, usan
modales no demasiado diferentes a los nuestros
propios. Existe la idea, falsa como se ve, de que
los hombres medievales comían con los dedos, se
limpiaban los labios con las bocamangas y tiraban
los huesos de la carne por encima del hombro. ¿No
es esa la idea que han abonado las películas? ¿No
es ese el comportamiento zafio que se observa hoy
en día en las llamadas «cenas medievales»? Sirva
de disculpa, quizá, el decir que ese
comportamiento era cierto en lugares como la
actual Francia o Inglaterra o Alemania, (que son
las que hacen las películas o al menos son los
lugares que reflejan las películas americanas sobre
el medievo) no así en Spania, en donde la
fortísima tradición romana influyó de forma
determinante en las buenas costumbres, ayudadas
estas, en buena parte, por el mimetismo de la
España mora, en donde, como veremos, se
observaba esta misma etiqueta, en cuanto al orden
y organización de las comidas.
Las reuniones medievales, inclusive las
festivas, no se trataban de comilonas sin ton ni son,
ni ágapes brutales y orgiásticos. Nada más alejado
de la realidad. Desde siglos atrás, ya desde el
tiempo de los romanos, y quien sabe si acaso
antes, los naturales de Spania, que era como se
denominaba a la España actual en el medievo,
usaban ya cubiertos y manteles, nuestros
antepasados medievales en año mil, en una
CURTIS, se sentaban alrededor de la mesa en sillas
(SELLAS o SEDILIAS) o al estilo romano, reclinados
(fig. 5). Los sirvientes traían en los AQUAFUSILES
el agua para que los comensales se lavasen las
manos y luego alargaban al convidado un toalla o
MANUTERGIA para que pudiese secarse.

Fig. 5. Aquí vemos a un sirviente que alarga bebidas,
procedentes de una arrotoma o redoma esférica, a un
grupo de nobles. Sobre la mesa se ve un recipiente con
una pila de dulces. Al fondo, una dama parece vigilar la
escena. La habitación se alumbra con un candelabro de
tres patas. Se agrupan los comensales alrededor de una
mesa. Las cabezas del fondo nos dejan en la duda de si
están sentados o reclinados, pero las figuras en primer
plano están reclinadas al estilo romano. Inclusive una
pareja ocupa el mismo lecho. Una fuerte tradición
romana permea los modos de vida. El grabado proviene
del Beato del Apocalipsis. Seo de Urgell (Catedral).
Seguidamente se servían los caldos o sopas,
las carnes, los pescados y los postres dulces, en
este orden. Las viandas sólidas se traían a la mesa
en grandes bandejas, las que ya mencionamos
como FRIXORIOS (fuente para asados), MENSORIOS
(fuente de mesa) e INFERTURIAS (bandeja
cóncava). La sopa, como lo hacemos hoy, se trae
en una sopera, recipiente hondo y con tapa: es la
SOPARIA, de donde se saca el caldo con los
TRULIONES o cucharones No faltaba en la mesa
una salsera: o SULZECA pues existía mucho gusto
por acompañar las carnes con salsas. Tampoco
faltan los consabido saleros: SALARES; ni el
recipiente para la pimienta: el PIGMENTARIO. La
carne o el pescado se pasa de la bandeja al plato
por medio de unas pinzas especiales que se
denominan MORDACES. Las comidas semi-líquidas
y los caldos, se sirven, como hemos dicho, con el
TRULIONE o cucharón. Cada comensal toma del
plato o escudilla su sopa con la COCLEA o
cuchara. La carne se corta en trozos pequeños con
la ayuda del cuchillo o CULTELLO, y una vez
cortada en porciones accesibles, se lleva la boca
con los dedos. Encontramos en varios sitios que se
mencionan como piezas necesaria en una mesa las
PARAFIDAS: pieza que nos ha sido imposible
identificar. Los comensales hacen uso de la
servilleta que a veces se llama SABANO. Estos
SABANOS pueden ser, si lo pide la ocasión, de
gala, es decir rojos, en ese caso son SABANOS
ANTEMANOS; las servilletas más corrientes son
con cenefas: SABANOS LITONES, que hacen juego
con el mantel o bien SABANOS LITERATOS es decir
servilletas con listas o rayas.
Como se bebe vino, es imprescindible que en
la mesa haya VASA o VASSILIA, es decir: vasos.
Estos pueden ser vasos ARGÉNTEOS: de plata;
vasos de CRISTALLO: de cristal; vasos ENEOS: de
cobre; e inclusive de madera: VASA LIGNEA.
Dejamos para el palacio real la descripción del
vaso IMAGINATO ET EXAURATO o del vaso
SCOLFITO DEAURATO que son ni más ni menos que
vasos extraordinariamente ricos, esculpidos con
imágenes y sobredorados.
El vino viene generalmente de la apoteca del
señor y se trae a la mesa en una jarra fina o
HYDRIA, o en una jarra de arcilla, que se llama
ALCALLA. Hay una cierta permisividad en la
presentación del vino, que puede presentarse
también en ARROTOMAS, como se ve en la
ilustración número 5, redomas, que pueden ser de
cobre o bronce o inclusive importada de la España
islámica, llamándose entonces ARROTOMA
ESPANISCA. Hay a menudo mención de
«ARROTOMAS IRAKES», queda la duda si eran de
Irak, o de alguna forma determinada que no se
especifica. También puede presentarse el vino en
«recipientes elefantinos», es decir que tienen
marfil en su cuerpo, o bien son totalmente de
marfil (cosa que por ser poco práctica creemos
que no será el caso) es más probable que en los
«recipientes elefantinos», el marfil sirviese de
forro externo o adorno sobre otro recipiente o
jarra de un material más idóneo para contener
líquidos.
Los postres dulces son servidos al final de la
comida. En la Spania de la Alta Edad Media es
muy posible que sean estos de influencia mora:
dulces hechos con harinas, almendras, miel y
sésamo.
Servidos los dulces, se levanta la mesa y los
comensales pueden bien conversar en otro lugar
del mismo salón, si sólo hubiera éste, bien en otro
si la CURTIS lo posee o retirarse a sus
habitaciones, suponiendo que haya suficientes
CELLAE a disposición de la familia o invitados.
Todo depende de la riqueza de la CURTIS.
EL DORMITORIO Y SU AJUAR
EN UNA CASA ACOMODADA
Según nos asevera don Claudio
Sánchez Albornoz, «las habitaciones destinadas a
CELLAS (dormitorios) son de proporciones
estimables». Gracias a estas «proporciones
estimables», los dormitorios están divididos sin
perjuicio de su habitabilidad en varias estancias
subsidiarias por medio de paramentos de madera,
tabiques MATERATOS, o por colgaduras o
cortinajes: ALHAGARAS, que pueden ser PALLEAS
(de tapiz) o TRASMIRSAS (asargados). Así se
divide el lugar en varios ambientes: dormitorio
propiamente dicho, vestidor, lugar de aseo para la
dueña, es decir: peinador, lugar para probarse las
joyas etc. e inclusive lugar de reunión con sus
doncellas, sus hijos y otros miembros de la casa.
En el dormitorio, el mueble principal, como
bien puede imaginarse es la cama, el LECTO, o
lecho (fig. 6). No es raro que esté cubierto de un
dosel, en este caso se denomina: LECTO COPERTO.
Si el dosel, la cobertura, es de seda, tomará el
nombre de LECTO COPERTO SERICO. Se llama
genéricamente a la seda SIRICA o SERICA. Si es
menos refinado el dosel será TRASMIRGO: LECTO
COPERTO TRASMIRGO (lecho cubierto asargado).
La cama en si, es de madera y puede tener los
postes del dosel torneados, en ese caso
hablaremos de LECTOS TORNATILES. Básicamente,
como bien se ve en la ilustración número 6, el
lecho es un armazón de madera que sostiene una
tarima de tablas ensambladas, esta tarima
descansa, como hoy, sobre cuatro patas. Hay
ejemplos ilustrativos a todo color, de estos
hermosos lechos en el Beato de Gerona, de donde
proviene el dibujo que ofrecemos pero a su
contemplación directa instamos al lector. Las patas
de la cama tienen la particularidad de estar
bellamente trabajadas, labradas e inclusive
incrustadas. No están situadas al extremo de la
cama si no en lugares algo más cerca del centro, es
decir no están en la vertical de la cabecera y de
los pies. En realidad están en los puntos en que
mejor reciben el peso del durmiente, aliviando la
tensión de la madera en su centro. De los cuatro
vértices de la cabecera y de los pies, se levantan
los apoyos de la almohada (lo que hace las veces
de cabecera) y de los pies de la cama. Estos
apoyos a modo de brazos que se levantan
verticalmente, en la cabecera están unidos por un
travesaño, no así a los pies en que lo hacen
libremente y son más bien un adorno que útiles.
Estos «brazos» rematan bien en bolas o bien en
conos invertidos o en ambas cosas a la vez.
Fig. 6. Un lecho, tal y como aparece en el Beato de
Gerona. También parece apreciarse el colchón (plumatio)
y las mantas, aunque de manera muy esquemática. Sí
que se aprecia bien en el dibujo como las patas no son
una continuación de los cabeceros, como es costumbre en
las camas modernas.
También en la habitación-dormitorio hay, al
igual que en el salón-comedor, una arcas, estas
guardan tanto la ropa como las mudas de cama:
MUTA DE LECTO.
Sobre el armazón de tablas, que hace las veces
de lo que hoy sería el somier de la cama, se coloca
el colchón, si es casa de poca categoría será una
CULCITRA o colchoneta, pero lo normal en una
buena casa es que sean PLUMATIOS, es decir
colchones propiamente dichos.
Para dar una idea de lo apreciado que es este
elemento en una casa, enumeraremos las clases de
colchones que para el siglo XI hemos podido
encontrar, sin ser exhaustiva la enumeración. Ello
nos lleva a pensar que habría mucha gente o
artesanos capaces de elaborar tal variedad de
colchones, y que, probablemente, aunque algunos
se fabricarían a petición del dueño de casa,
muchos se venderían en las ferias de Oviedo, León
o Barcelona, o en la más cercana ciudad o villa
con feria. No es posible que exista tal variedad sin
que haya una producción algo importante como
respuesta a una demanda también apreciable.
En primer lugar están los PLUMATIOS
BISTERNALES, es decir colchones para camas,
luego están los PLUMATIOS DE CAPEZA, o sea
colchones de cabeza: almohadas. La tela que
recubre el colchón puede ser asargada:
TRASMIRGA, o de lujo, en ese caso se habla de
PLUMATIOS DIGNIORES. No en vano se llaman así,
los tejidos de que están hechos hablan por sí solos
de la categoría y el posible precio de estas piezas:
los hay forrados de tejidos de Basora:
PLUMATATIOS BAZTRÍS, otros están confeccionados
de telas bizantinas o griegas: PLUMATIOS
GRECISCOS. Para los frioleros hay colchones
confeccionados con telas de lana: PLUMATIOS
LANEOS, para los calurosos se confeccionan con
tela de hilo: PLUMATIOS LINEOS. Si la tela es
rústica pero con varios colores se llaman
PLUMATIOS OLISIRICOS POLIMATOS. También
existe la costumbre de mandar a hacer colchones
de piezas de tapicería, en ese caso son PLUMATIOS
PALLEOS, si la tapicería es particularmente
excelente tendremos unos PLUMATIOS PALLEOS
DIGNIORES. Las almohadas confeccionadas con
esa misma tapicería se llaman PLUMATIOS
PALLEOS FACEROLIOS. Si son pequeñas son
PLUMATIOS SUBMINORES. Si son de seda:
PLUMATIOS SIRICOS.
Como se ve la posibilidad de escoger es
grande, ello no sólo denota una cierta sofisticación
si no la existencia de un comercio relativamente
activo. Las telas orientales proviene por lo general
de la España mora, son los moros los que traen los
tejidos de Basora, de Bizancio o de Grecia. A
pesar de la guerra en la frontera, los mercaderes,
que suelen ser judíos, no dejan de viajar buscando
su provecho. La demanda que hacen los cristianos
de telas exóticas bien merece el riesgo: la
ganancia es segura una vez que la carga ha llegado
sana y salva. Los PLUMATIOS, ya confeccionados,
se exhiben en el mercado o se ofrecen
directamente a los dueños de casas de categoría.
¡Seguro que no se quedan sin vender!
Tenemos ya los colchones (PLUMATIOS) de los
lechos (LECTOS), veamos que otra pieza del ajuar
es necesaria: las sábanas. Sábanas o SABANOS,
aunque a veces las encontramos denominadas
IZARIAS, o LITARIAS, pero para nuestro estudio y
para no llevar a confusión, las llamaremos siempre
SABANOS. Las sábanas pueden estar tejidas en
tiras que se unen formando piezas más anchas, o
ser fabricas desde el principio de una sola pieza:
en este caso son más apreciadas y se llaman
SABANAS INTEGRIZAS. Las sábanas de lujo, sin
especificar su naturaleza, se conocen como
ALMELEHAS Curiosamente, parece haber una gran
demanda por sábanas rojas o rojizas: los SABANOS
ANTEMANOS; también gustan las sábanas con
listas: SABANOS LITERATOS, o con cenefas:
SABANOS LITONES, si son de colores se llaman
SABANOS POLEMITOS. ¡Quien nos había de decir
que las amas de casa del siglo XI ya gustaban de
las sábanas de colores! Al fin y al cabo, salvando
las distancias, no parece que seamos demasiado
diferentes, ni siquiera en nuestros gustos.
La siguiente pieza importante en una cama son
las mantas: se conocen con el nombre genérico de
GALNAPES. También, como en el resto de la ropa,
se prefieren las rojas como el color más «lujoso»:
GALNAPE ANTEMANISSIME. Si las mantas son de
lana se denominan GALNAPE LANEAS, si son
asargadas y labradas a colores tienen el nombre
de: GALNAPE OLOSIRICAS OPERE POLIMARIO.
También las de lana pueden ser de colores:
GALNAPE POLLIMATAS LÁNEAS. A veces son de
paño bizantino: GALNAPE IN PANNO GRECISCO. Si
son de importación mora, las mantas se conocen
como MAURISCAS.
Éstas son las más importantes piezas de ropa
de cama (LECTUARIA) solamente nos resta la
colcha. Los cobertores más finos se conocen como
ALMUZALLAS, suelen ser de telas griegas o
bizantinas por lo que se llamarán ALMUZALLAS
GRECISCAS. Otras ricas colchas se denominan
ALLIHAFES.
No queremos dejar de mencionar una
curiosidad, al menos para nuestra mentalidad. En
las casas o palacios en donde hay dormitorios para
invitados y estos no están siempre ocupados, las
camas no se dejan desguarnecidas si no que se
hacen con un remedo de LECTUARIA, en lugar de un
verdadero colchón (PLUMATIO) se pone una
colchoneta rústica (CULCITRA) o nada, y sobre ella
se extiende una colcha de sarga, encima se pone
una falsa colcha de pieles, es decir es de piel,
pero de ínfima calidad a diferencia de las colchas
de rico zorro o de ardilla que se usan
verdaderamente sobre las camas en caso de frío
extremo, la ropa de cama, en este caso, puede
decirse que es «de pega». El lecho así cubierto
parece una cama acogedora pero es una cama
inútil para dormir.
Puede también el dormitorio contar con un
medio de calentarlo, bien con carbón: un brasero;
bien con leña, por medio de una chimenea o
similar. Las paredes pueden estar desnudas o
cubiertas con tapices o paños para atemperar el
frío. Las ventanas, como las de toda la casa suelen
ser pequeñas y no es raro que sean de graciosa
forma de herradura, cerradas por lienzos
engrasado. El espejo, tan querido por todas las
mujeres para su atavío personal, no hace aun acto
de presencia, en su lugar, las familias de medios,
disponen para la esposa de un REFLECTORIO, o
pieza de plata pulida que refleja la imagen a modo
de espejo. La ropa se guarda en cofres o arcas,
pero del ajuar y vestimenta hablaremos
seguidamente.
EL VESTIDO
Como en todo, no es lo mismo el
vestido del hombre llano («los buenos hombres
llanos pecheros») y de su esposa, la pechera, que
los del señor y la señora. Sin embargo quizá
merezca la pena resaltar, antes de pasar adelante,
que los clérigos no visten de ningún modo
especial. Su traje es el que le correspondería por
su lugar social. Así, el clérigo rústico en nada se
diferenciará del aldeano, igualmente el clérigo
hidalgo vestirá igual que cualquier hidalgo. No hay
límites al diseño vestido, color y hechura del traje
clerical otros que el modo y manera común de
vestirse del hombre del siglo XI. Tan iguales son
los clérigos a los laicos que en este siglo la Iglesia
intenta por todos los medios, mediante ordenanzas
y aun concilios, que los clérigos «no lleven armas
en la iglesia, y menos al celebrar misa» tal y como
se estipula en el Concilio de Castrocoyança,
convocado por Fernando I «El Magno» a
mediados del siglo XI. Así pues el clérigo se viste
con túnica con una especie de bragas por debajo
que es la vestimenta común del hombre medieval
de una clase humilde. El rústico, para trabajar en
el campo usa túnica corta y unos calzones a media
pierna. Su calzado puede ser variado: zapatos más
o menos toscos: abarcas, alpargatas, sandalias etc.
e inclusive andar descalzo. Puede llevar capa o
no, según el tiempo (fig. 7).

Fig. 7. Aquí vemos a un ciudadano del siglo XI, tal y
como lo pinta un autor desconocido en el «BEATO DE
FERNANDO I» (De Castilla) al folio 231. Hemos de
presumir que dicho ciudadano es un pechero ya que viste
sus calzones a media pierna y encima lleva una túnica
corta. El dibujo, de gran naturalidad, nos lo muestra
reclinado contra una pared en un momento de descanso.
En cuanto a los clérigos, apenas se distinguen
de los hombres llanos en que llevan «abierta la
corona»: es decir, que si han recibido

Web del Autor

Pagina Oficial

Si no sabes descargar mira este video tutorial

[sociallocker]
[popfly]

Descargar 

Leer en online
[/popfly] [/sociallocker]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!
---------