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Petunia y sus nuevas amigas – Désirée Socorro Asensi

Petunia y sus nuevas amigas - Désirée Socorro Asensi

Petunia y sus nuevas amigas – Désirée Socorro Asensi

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lugar donde había muchas flores , plantas y árboles. Allí estuve un
tiempo pero no sabría decirte cuánto. De repente, me cogieron, me
metieron en una caja y allí estuve durante mucho tiempo junto con un
montón de paquetes y otras cajas… Por lo visto me quedé dormida y
ahora al despertar estoy aquí…,estoy un poco aturdida….
-Bueno pequeña, no hay motivo para que estés asustada.
Seguramente antes estabas en un vivero que es un lugar donde nos
juntan a muchas plantas para que la gente nos compre, pero ahora
estás en un jardín. Te han traído esta mañana. Yo soy Clematis, soy una
planta trepadora.
-Hola Clematis, yo soy Petunia. Las compañeras que estaban conmigo
en el lugar donde me encontraba anteriormente me dijeron qué clase
de flor soy, por eso sé que soy una petunia de color rosa. Bueno, y
¿qué es una planta trepadora, Clematis?
-Las plantas trepadoras tenemos la habilidad de crecer hacia arriba y
seguir creciendo y creciendo, con nuestros brazos cubiertos de
hojas…. A veces tapamos muros enteros con nuestras hojas, ¿no es
maravilloso?

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-Sí, eres una planta muy hermosa.
Petunia no sabía adónde mirar. El jardín era un lugar tranquilo y lleno
de paz y, por otro lado tan lleno de vida, de flores, plantas y pájaros.
También pudo percatarse de la existencia de unos animalillos
diminutos que corrían de aquí para allá, al parecer sin rumbo concreto.
Supuso que se trataría sin duda de los llamados insectos, de los que
tanto había oído hablar en el vivero, donde había pasado cierto tiempo
antes de llegar al jardín. Sus compañeras de entonces la habían
puesto al día sobre las cualidades tan importantes que poseían los
insectos, que según ellas eran imprescindibles en la naturaleza y que
cada uno de ellos contribuía a que la naturaleza fuese tan maravillosa
y perfecta.
No cabía duda, esto de haber ido a para a este lugar, era lo mejor que
podía haberle pasado. Ella lo sabía, tenía una corazonada. Sin lugar a
dudas presentía que aquí iba a encontrar su felicidad. Sin embargo, se
encontraba algo asustada e inquieta. Al fin y al cabo el jardín era y
sería por algún tiempo un lugar desconocido y que tendría que ir
descubriendo poco a poco, con la ayuda de sus nuevos compañeras y
amigas.
-¿Qué te ocurre Petunia?, de repente te has quedado muy callada y
pensativa..
-Nada, nada Clematis, sólo estaba pensando en mi nueva vida aquí.
Tendré que irme acostumbrando e ir aprendiendo todo lo que pueda
de vosotras. Quiero conoceros a todas y que con el tiempo lleguemos a
ser las mejores amigas.
-No me cabe la menor duda de que así será, añadió Clematis. Pero
para empezar, te presentaré a tus nuevas vecinas. Mira, ¿ves la
jardinera que está a mi lado derecho?, bien, ellos son los geranios,
muy simpáticos y siempre de buen humor. Con ellos nos reimos mucho,
no sé qué haríamos sin ellos, seguramente nos aburriríamos como
ostras.
_¡Hola chiquilla, mucho gusto de conocerte. ¿Te sabes ese chiste que
dice…?
-Bueno, bueno geranios, dadle un respiro a Petunia que es su primer
día aquí. Mañana podréis contárselo pero dejadla hoy un poco
tranquila. Son muchas emociones de golpe y además tiene que
aclimatarse.
Bueno Petunia, sigamos. Junto a ellos apreciarás un gran macetón con
flores amarillas y blancas, ¿las ves?
-Sí, sí, ya las veo..
-Bueno, ellas son nuestras amigas las margaritas. Son muy presumidas
y habladoras. Se pasan el tiempo chismorreando y cuchicheando que
es un gusto, pero son muy buenas compañeras y siempre dispuestas a
ayudar en lo que sea.
En ese momento las margaritas inclinaron un poco la cabeza y le
dieron la bienvenida a Petunia. También la halagaron y dijeron lo
hermosa y graciosa que era.
Petunia estaba muy concentrada ya que quería poder asimilar todo lo
que le decía Clematis. Quería retener todos los nombres así como las
características de todas sus futuras amigas del jardín. Por otro lado, ella
sabía que sería imposible quedarse con todas esas nuevas
informaciones de una vez, al fin y al cabo no era un robot. Pero bueno,
ya tendría suficiente tiempo para irse acostumbrando a todo y todos.
Clematis tomó de nuevo la palabra.
-No sé si te habrás percatado de la fragancia inigualable que flota en
el aire. Pues bien, esa fragancia deliciosa proviene de la flor en el
macetero blanco y dorado que tienes enfrente, más concretamente de
la flor que está plantada ahí. Se trata de la flor más elegante y con más
porte que vive entre nosotras: Azucena o también llamada lirio. Es como
una reina. Desgraciadamente ella también lo sabe y se lo tiene un
poco creído…
-Un momentito Clematis, rechistó Azucena, eso no es cierto. Aunque sé
y soy consciente de mi despampanante belleza sin igual, me veo
obligada a llevarte la contraria y a decir que pese a esa gran verdad
no soy ni altanera ni orgullosa. Yo no tengo la culpa de ser tan
envidiablemente maravillosa y…………
-Pero por favor, escúchate cómo te vanaglorias y cómo hablas de ti
misma, intervino Clematis. A veces te pasas Azucena, mujer, que ya
sabemos que eres bonita.
-¿Cómo, sólo bonita..?
-¡Bueno, se acabó Azucena!. Déjame seguir con las presentaciones
para que Petunia termine de saber quién es quién, mujer..
Sigamos, hmm…,¿ por dónde íbamos..?, ah sí. En aquella esquina al
lado de Azucena verás a “ Velo de novia” , se trata del nombre vulgar
bajo el cual se suele nombrar a esta planta trepadora con un nombre
muy complicado en latín,: Fallopia de no sé qué… No me extraña que
las personas le hayan puesto el sobrenombre de velo de novia, es
mucho más fácil. Es una planta que crece a una velocidad increíble y
se reviste de unas florecillas blancas como un manto y que dan la
impresion de ser como un velo de novia, de ahí su nombre.
-Hola Petunia, te doy la bienvenida en éste tu jardín y hogar a partir de
ahora, le dijo velo de novia a su nueva vecina Petunia.
-Aquel pupurrí de colorines de allí detrás son otras petunias como tú,
continuó Clematis
-¿Y por qué no me han plantado junto a ellas, si somos de la misma
especie?
-Bueno, eso no lo sé querida, contestó Clematis. Alguna razón habrá
pero no la sabemos. Lo cierto es que tú tienes algo especial pero
tampoco sabría decirte el qué. Quizás sea por tu color. Sí
definitivamente ha de ser por eso. Tú posees un color especial que
todas las otras petunias no tienen. Bueno, para ser francos, ni las
petunias ni ninguna otra flor que haya visto nunca. Es un rosa muy
peculiar. Como brillante, como púrpura, como si te hubieran rociado de
polvo de estrellas. A decir verdad tienes una belleza increíblemente
singular. Seguramente no existirá ninguna otra como tú. Quizás sea
ésa la razón por la que la señora Clara te haya plantado en un
macetero individual.., y ahora que lo pienso, me doy cuenta de que ese
macetero también es muy especial. No es como los otros que adornan
la terraza y el jardín. Donde estás plantada tú es un ejemplar
espléndido.
-¿A qué señora te refieres Clematis? , preguntó intrigada Petunia
-Pues a la señora de la casa, la señora Clara. En la casa vive una
familia compuesta por el señor, que se llama Juan, su mujer, la señora
Clara de la que te acabo de hablar y sus dos hijitos Clarita y Pepe. Se
trata de una familia adorable y muy cariñosa que nos tratan muy bien.
Sobre todo la señora Clara se ocupa mucho de nosotras. Viene todos
los días a regarnos copiosamente, nos despoja de nuestras hojas
marchitas para que nazcan otras más fuertes y hermosas en su lugar,
nos acaricia e incluso nos habla. Es por eso que nos enteramos de
muchas cosas referentes a la familia. El señor Juan es bueno pero no
se ocupa del jardín. Y en cuanto a los niños te diré que la niña Clarita
es muy dulce como su madre y muy cariñosa en la manera de tratarnos.
Nos mima mucho y también le gusta contarnos cosas y cantar. Sin
embargo, el pequeño Pepe no es tan agradable. A veces cuando está
de mal humor nos arranca algún pétalo o nos daña jugando con su
pelota. Menos mal que la señora Clara siempre está muy pendiente y le
llama la atención. Incluso lo pena sin merendar o sin ver la tele cuando
lo pilla haciendo alguna perrería con nosotras.
Clematis le hablaba y hablaba hasta que Petunia se puso al corriente
de todos los pormenores concernientes al jardín y a la vida de la
familia.
Los días y las semanas pasaron y Petunia se fue haciendo a su nueva
vida rodeada de sus nuevas amigas. Con el tiempo se fue encariñando
con todos los miembros de su nueva familia. Fue aprendiendo a tratar a
cada una de ellas, respetando siempre la manera de ser de cada una.
Al fin y al cabo, nadie es perfecto.
Con el paso del tiempo también le tomó mucho afecto a la señora Clara.
Era tan dulce con ella.. Le hablaba mucho sobre su familia y así fue
como Petunia se enteró de que la señora no era de ese país. Ella
provenía de un país lejano donde el clima era mucho más cálido que
allí. Una tierra a la que ella echaba mucho de menos ya que al casarse
con el señor tuvo que dejar a su familia y amigos para irse a vivir junto
a su marido a ese lugar más frío e inhóspito, por lo menos en los
inviernos.
Petunia se daba cuenta de que la señora Clara sentía mucha
añoranza por su país, sus gentes, sus playas, sus costumbres, pero
sobre todo por su madre a la que quería muchísimo. Cuando todo
estaba silencioso en la casa, los niños en el colegio y el señor en su
trabajo, la señora salía al jardín y se dedicaba a sus flores y plantas.
Nada la hacía más feliz que ocuparse de sus” bebés” como ella las
llamaba. Un cuidado especial recibía siempre Petunia. Primero regaba
y limpiaba a las otras para al final, pasar tiempo con su flor favorita y
dedicarle todos sus mimos. Día tras día Petunia se sentía cada vez más
amada por aquella mujer que le otorgaba todo su tiempo y dedicación
sin pedir nada a cambio. Pero Petunia sabía el porqué. Poco a poco se
fue enterando de la razón por la cual su señora sentía una especial
predilección por ella.
-Buenos días, Petunia, sonó la voz de Clematis en aquella ma ñana
soleada
-Buenos días, Clematis, respondió Petunia. ¡Qué día tan maravilloso!
Siento la caricia cálida del sol y la suave brisa soplando…..
-Bueno, para..¿Qué te pasa hoy que pareces una poetisa hablando?
-Es que hoy es como si me hubiera puesto unas gafas de color rosa y lo
viera todo de este color. Todo de color de rosa.
Desde donde estaban los geranios se oyó una voz gritona: Oye, por
cierto, y hablando del color rosa ¿te sabes ese chiste de la pantera
rosa que……?
-Bueno, geranio, para el carro. Ahora no estoy de humor para chistes,
lo que quiero es enterarme de la razón por la que Petunia rebosa de
felicidad. Dirigiéndose a su amiga, Clematis exclamó: -Bueno, chica,
estás eufórica. No sé qué habrá pasado pero no estaría mal que me
contagiaras ese buen humor…
-Me siento maravillosamente Clematis.
Las margaritas que como siempre estaban a la caza del mayor
chismorreo pusieron mucha atención a ver cuáles eran los motivos de
Petunia para ese humor tan desbordado de alegría.
-Bueno, la señora me confió ayer mientras me cuidaba, regaba, y
mimaba que ella sueña con volver a su tierra natal donde el sol besa
con sus rayos a todas las criaturas de la naturaleza y el viento es como
un susurro que refresca cuando el calor muestra su dureza. Ahora ya
sé por qué soy tan especial para ella.
Todas las plantas y flores del jardín gritaron al unísono: ¡Cuenta chica,
cuenta ya!
-Bueno, resulta que la última vez que la señora Clara estuvo de visita,
en la isla donde nació, su madre le hizo un regalo precioso. Le regaló
una maceta con su flor favorita para que se la llevara a su casa del país
lejano. Sería como un lazo entre las dos, como algo que las uniría
siempre aún estando tan lejos la una de la otra. ¿Os dais cuenta? , esa
flor soy yo. Yo soy ese hilo invisible que las une a las dos hasta el día
que vuelvan a estar juntas para siempre.
En la terraza y el jardín se hizo un silencio fantasmal. Nadie decía
nada, ni siquiera las cotillas de las margaritas. Todos se habían
quedado como mudos después del relato de Petunia. Tras unos
minutos de desconcierto por aquella reacción de sus amigas, Petunia
se dirigió a ellas y les preguntó:- ¿pero qué es lo que pasa, no os
alegráis por mí?, ¿no os alegra mi felicidad?
Nadie contestó. Parecia que se les había comido la lengua el gato. Se
notaba una incomodidad y recelo en el ambiente. Petunia comenzó a
darse cuenta de que sus queridas compañeras no se alegraban por
ella, todo lo contrario, tenía la sensación de que estaban enfadadas y
no daban crédito a lo que acababan de escuchar. Pero ella no podía
entender el comportamiento de aquellas que se decían sus amigas. La
amistad consistía en alegrarse cuando el amigo es feliz y compartir esa
felicidad con él. Le daba vueltas y vueltas pero no conseguía
entenderlo. Se dio cuenta que no sólo no hablaban sino que hacían
como si ella no existiera, como si no estuviera presente. La situación se
hizo tan tirante e insoportable que Petunia dirigiéndose a ellas
exclamó: – Chicas por favor, decid algo y no os quedéis calladas.
Siempre nos hemos contado todo y exijo que me expliquéis qué os
ocurre.
Petunia se sentía muy mal. Era la primera vez que pasaba algo así en el
jardín. En otras ocasiones, si aparecía algún problema intentaban
solucionarlo entre todas y siempre lo habían conseguido. Pero en esta
ocasión era diferente. Como de la nada se oyó de repente una
vocecilla proveniente de la maceta donde se encontraba Azucena y
que rompió aquel silencio odioso : – Yo creo que tú has entendido mal
a la señora. Es imposible que ella te haya dicho eso. Lo normal sería
que fuera yo la predilecta de la señora. Mírame, soy la más hermosa
entre nosotras. Mi perfume es delicioso y embriagador y mi elegancia
es majestuosa. ¿Por qué ibas a ser tu la preferida? Es ridículo, espetó
con su tallo respingón.
Petunia no podía creer lo que estaba oyendo. Dos lágrimas brillantes
como diamantes descendían por su pétalo y su infelicidad era tal que
se sentía dolorida por dentro y por fuera. Nunca había sentido
semejante dolor y se consideraba la más desgraciada entre todas las
flores. Una cosa estaba clara, Azucena no era su amiga. Se lo acababa
de demostrar diciéndole lo que le había dicho. Había sido hiriente y
cruel con ella. ¿Se comportaba así una verdadera amiga? La
respuesta era un claro no. Ella era y había sido siempre muy buena
con Azucena y con las demás, y ésta no era manera de tratarla ni a ella
ni a nadie. Esto significaba la ruptura de su amistad. Cruz y raya.
Como ninguna de las otras decía ni media palabra, Clematis tomó la
palabra y empezó a hablar ya que tenía la esperanza de poder salvar
la situación. – Azucena, siempre has sido muy presumida y altiva pero
en esta ocasión te has pasado de la raya. ¿Cómo has podido tratar así
a nuestra amiga Petunia, te has vuelto loca?
Tras las palabras de Clematis el silencio se apoderó del jardín y nadie
dijo nada más.
Azucena reflexionó mucho sobre las palabras de Clematis durante
todo ese día. Ella sabía que a veces era muy arrogante frente a las
otras debido a su belleza y que Clematis estaba en lo cierto, esta vez
se había pasado. Lo reconocía pero ahora era muy tarde para poder
corregir su comportamiento tan déspota y odioso. Cómo iba a
disculparse ahora con Petunia. Ella no la perdonaría jamás después
de lo pasado y lo que era peor, lo entendería perfectamente. Ella haría
lo mismo en su lugar. No le cabía en la cabeza cómo había podido
perder los estribos de esa manera, no tenía perdón de Dios. Pero tenía
claro que no iba a dejar que las cosas se quedaran así. Tenía que
hacer algo para poder ganarse otra vez la confianza y la amistad de
Petunia. Pero, ¿cómo? Bueno, ya se le ocurriría algo. Por de pronto
tenía que dejar que pasaran unos días para que se calmasen un poco
los ánimos, después ya vería cómo lograrlo.
Por su parte las demás flores se dieron cuenta que tampoco su
comportamiento frente a Petunia había sido el correcto. Cuando
Petunia desveló la razón por la cual la señora le tenía predilección,
ellas habían sentido envidia pero, luego recapacitando entre todas,
llegaron a la conclusión que ése no era motivo para dejar que una
amistad tan valiosa se fuera a resentir. Ahora se alegraban por ella y
con ella y su amistad era a partir de ahora mucho más fuerte. Más tarde
conversaron con Petunia y limaron las asperezas hasta que quedó
claro que la amistad había vencido a la envidia y que no tenía cabida
entre las mejores amigas. El corazón de petunia rebosaba de felicidad
y se sintió la más dichosa de las flores.
Los días pasaron y la vida cotidiana retomó su curso de nuevo entre
las criaturas del jardín y con ella los chismes y cuchicheos de las
margaritas, las risillas finas de las sensibles petunias, algún que otro
chiste de los geranios , que aunque fueran malos siempre conseguían
arrancarles por lo menos una sonrisa a sus compañeras. También”
velo de novia” se comportaba tranquila y poco habladora como de
costumbre. Más allá de los setos también la vida corría placenteramente
para los árboles que allí vivían, todos ellos frutales, pero que se
encontraban demasiado lejos de todos nuestras amigas como para
tomar parte de su vida.
Los niños salían como de costumbre todas las tardes al jardín para
jugar después de terminar sus deberes para el colegio acompañados
por su madre. A Clarita le gustaba sentarse en la terraza debajo de la
sombrilla amarilla para dibujar o colorear en su libro de dibujos
favorito. Su madre le solía traer un vaso de limonada casera con
cubitos de hielo y una pajita por la que ella sorbía el refresco con
avidez cuando hacía mucho calor. Otras veces sacaba su muñeca a la
que vestía y desvestía mil veces con los diferentes trajecitos de vivos
colores que le habían regalado en Reyes o por su cumpleaños. Era
una niña muy buena, dulce y obediente que se distraía sola con
cualquier juguete o incluso sin ninguno. A menudo cogía su pequeña
regadera de color rosa y les echaba agua a las flores que la querían
mucho y es que ella se hacía querer. Por el contrario, su hermano Pepe
era un niño inquieto y demasiado activo. Casi siempre traía a algún
amigo del cole para jugar, ya que solo no le gustaba hacerlo. Esos días
eran muy temidos por las flores y plantas porque solían ser tardes muy
movidas y estresantes. Los dos niños no paraban y no daban un
respiro a nadie. Jugaban a la pelota aunque la madre de Pepe se lo
tenía prohibido debido a los destrozos que ocasionaban con la misma.
Cuando se aburrían se dedicaban a dar la lata a la señora Clara que
siempre estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa. O
molestaban a la pequeña Clarita lanzándole objetos pequeños como
bolas de papel, lápices o lo que tuvieran más cerca. También se habían
construído unos tirachinas y lanzaban cacahuetes o garbanzos crudos
con ellos, utilizando como diana a las flores o a la hermana de Pepe.
Menos mal que eran unos tiradores pésimos y no acertaban casi
nunca. Les fastidiaba que la niña estuviera siempre tan entretenida y
divertida jugando con sus cosas. Normalmente en esos momentos solía
aparecer la señora para reprenderlos y regañarlos dado que ella
sabía que Clarita no se iba a quejar ni a chivarse.
Azucena entretanto no hacía sino pensar y cavilar la mejor manera
para disculparse por su desagradable e intolerable comportamiento
ante Petunia. Ella sabía lo sensible que era Petunia y los estragos que
debían haber causado sus crueles palabras en su corazón. Pero no
tenía otra opción, debía pedirle perdón y tenía que convencerla de
que la quería mucho y que su arrebato contra ella y su carácter
altanero no debían ser impedimento para que Petunia la perdonara.
Azucena tenía esperanza de que todo saldría bien porque conocía
bastante a Petunia y sabía que con el gran corazón que tenía,
seguramente la perdonaría aunque no se lo mereciera. A cambio, ella
estaría dispuesta a domar su carácter y a prometerle no ser tan creída
ni vanidosa.
Algo extraño estaba sucediendo en la casa. Las flores, las plantas, los
árboles incluso los gorriones que volaban diariamente sobre el jardín
intuían que algo no marchaba bien sin saber exactamente qué
pasaba. Hacía días que la señora Clara no salía a la terraza ni al jardín
como de costumbre para regar, cuidar y mimar a sus “ pequeñas” .
Gracias a Dios que la chiquitina Clarita salía y las regaba con su
regadora de juguete imitando a su madre. De no ser así, pronto se
secarían y marchitarían. Sin embargo eso no era suficiente, ellas
necesitaban más agua y cuidados, ya que los días habían empezado a
ser muy calurosos. Albergaban la esperanza de que la señora sólo
estuviera algo indispuesta esos días y que muy pronto saldría como de
costumbre a cuidarlas. Pero los días pasaban y nuestras sedientas
amigas no recibían de su pequeña amiguita Clarita el agua suficiente
para poder sobrevivir. Para Clarita el rociar el poco de agua sobre las
flores era un juego en el que jugaba a hacer lo que su madre hacía.
En el jardín, el temor se apoderó de todas. Estaban débiles y sedientas
y no dejaban de preguntarse qué es lo que estaba ocurriendo con la
señora Clara. Petunia además de no tener fuerzas y estar rezando por
un poco de agua, estaba deprimida y tan triste que se la veía sollozar y
disimular su llanto.
Azucena creyó que éste era el momento idóneo para darle ánimos a su
amiga Petunia y decició que había llegado el momento de pedirle
perdón y ofrecerle su ayuda. Quizás eso le subiera un poco el ánimo.
Reunió todo su valor y dijo en voz baja:
-Petunia, cariño, quiero pedirte perdón por mi comportamiento del otro
día. Que sepas que te quiero mucho y no deseaba hacerte daño con
mis palabras, aunque eso fue exactamente lo que conseguí. A veces
soy demasiado orgullosa y creo que soy la mejor cuando en verdad tú
eres mucho mejor que yo. Eres dulce, modesta y nunca dices nada que
pueda herir los sentimientos de nadie. Yo quiero ser como tú y te
prometo que voy a cambiar y me esforzaré por mejorar mi carácter. De
ahora en adelante puedes contar conmigo en la que tendrás a una
amiga incondicional y que te apoyará en todo.
Clematis que al igual que todas las demás escuchaban las palabras de
Azucena a Petunia, tuvo que luchar para que no se le escaparan las
lágrimas. Cuando se sintió con un poco de fuerza se dirigió a Petunia y
dijo:
-Petunia, pequeña,¿ has oído lo que te acaba de decir Azucena? Está
arrepentida de todo lo que te dijo. ¿La vas a perdonar? Petunia, ¿me
oyes?
El pánico cundió entre todas al ver que Petunia no reaccionaba y ya
pensaban que Petunia se había marchitado víctima de la falta de agua
y de la ausencia de su señora. Dios mío, qué harían sin Petunia. No,
eso no podía pasar. Seguramente estaría demasiado débil para hablar,
pero marchita no, eso si que no. Después de esperar unos momentos
sin reacción ninguna por parte de su amiga Petunia, ya todas estaban
pensando en lo peor. Y no sólo Petunia se encontraba en ese estado.
Se dieron cuenta de que sus propios tallos se habían puesto mustios y
las flores parecían ya marchitas con las cabezas gachas. Esto era el
final…….
De pronto se oyó un pequeño murmullo que casi era imperceptible.
¿Qué era?
Otra vez, unas palabras en voz muy bajita…, era Petunia, era Petunia.
De repente las flores y plantas sintieron rejuvenecerse en ese
momento, Petunia aún vivía, ¡qué alegría!
Petunia irguió un ápice su cabecita cabizbaja y murmuró con un hilillo
de voz:
-Azucena, te perdono. Para mí tiene mucho valor que hayas
recapacitado y te hayas dado cuenta de tu error. ¿Sabes? Ninguna de
nosotras es perfecta, nadie es perfecto. Pero por medio del
arrepentimiento y después de reconocer los propios errores se puede
llegar a ser mejor. Como se suele decir, de los errores cometidos se
aprende. Tú eres mi amiga y siempre lo serás Azucena, eso es lo
importante.
Azucena se alegró muchísimo por las palabras de su amiga y sintió que
se le quitaba un gran peso de encima. Al darle las gracias por haberla
perdonado notó que Petunia no reaccionaba. Las margaritas, los
geranios, las petunias y todas las demás se alborotaron y gritaron pero
no podían hacer nada para ayudar a Petunia. Clematis llamó con voz
enérgica el nombre de su amiga: Petunia, Petunia.., pero ninguna
reacción. Petunia tenía que estar muy mal para no contestar al ruego
de sus amigas. Todas estuvieron un gran rato intentando que
reaccionara pero todo fue en vano. Ella no daba señales de vida. Ahí
fue cuando después de mucho tiempo de haber agotado todos los
recursos de los que disponían para hacer que Petunia dijera o hiciera
algo, perdieron toda esperanza de que su gran amiga aún viviera.
Luego, y con una voz temblorosa y desesperanzada Clematis se dirigió
a todas sollozando:
-Queridas mías, creo hablar en boca de todas cuando afirmo que
Petunia era la mejor de las amigas. Nos regaló muchos momentos
inolvidables y nunca, nunca tuvo una palabra ni un gesto que nos
hiriera o hiciera sentir mal, todo lo contrario, siempre veía la cara
positiva de todo y nos dio la sensación de que nos quería. Es muy
amargo este momento en el que nos sentimos desoladas y
abandonadas por nuestra sensible e inolvidable Petunia. Te
recordaremos siempre Petu y cuando lo hagamos tendremos siempre
una sonrisa dibujada , la sonrisa que tu siempre llevabas como pintada
en tus labios. ¡Qué Dios te bendiga y…..!
Brrmmmmmmm, pumm……
Dios mío Clematis, ¿qué son esos horrorosos estruendos?, gritaron
agitadas las asustadizas margaritas.
-Queridas, queridas, no son más que truenos. Parece ser que se
acerca una gran tormenta. Mirad el cielo está de color plomizo, va a
caer un lluvión de cuidado, exclamó Clematis intentado tranquilizarlas
a todas en la medida de lo posible.
La lluvia no se hizo esperar y empezó a caer el agua como si el cielo
estuviera derramando grandes cubos de ésta encima de la tierra.
Todas habían vivido alguna vez una tormenta con copiosas lluvias e
incluso vientos huracanados pero ésta era fuera de lo normal. De
golpe los árboles y todas las plantas y flores del jardín empezaron a
ser vapuleadas de un lado a otro con una fuerza brusca. La tromba de
agua que caía del cielo hacía un ruído ensordecedor al chocar contra
el techado de la terraza que era de cristal y metal. Así estuvieron un
gran rato llenas de temor cuando de golpe y sin previo aviso aquel
espectáculo meteorológico se detuvo de manera inesperada. De
repente se impuso el silencio y la quietud y parecía que todo volvía a la
normalidad. Todas nuestras amigas quisieron hacer un balance de
cómo había quedado el jardín, así que miraron a su alrededor. Todo
estaba empapado, algunas ramas de los árboles habían sido incluso
arrancadas por la feroz fuerza del viento. En el suelo había quedado
un manto de hojas secas y amarillentas que habían sido arrastradas
por el viento, así como grandes y pequeños pétalos de muchas de las
flores. También utensilios que utilizaba la señora para trabajar en el
jardín y todo sucio y embarrado por la tierra mojada. Sin embargo, con
gran alivio constataron que todas ellas estaban bien. Tenían algunos
pétalos algo dañados, pero por lo demás gracias a Dios, habían
soportado bastante bien aquella tormenta. Y por fin habían podido
beber tanta agua como habían querido. Aquella lluvia repentina les
había salvado la vida…, bendita lluvia…
Clematis de repente comenzó a reir a carcajadas como si alguno de los
geranios le hubieran contado el mejor de sus chistes. Reía y reía y no
dejaba de reir.
-Las margaritas y los geranios no daban crédito del comportamiento
tan extraño de Clematis, así que le preguntaron: -Clematis, vieja amiga,
¿te encuentras bien?, ¿qué te pasa querida?anda que no está el
horno para bollos….
Sin duda todo lo que había sucedido, primero lo de Petunia a la que
creían ya marchita y después aquella salvaje tormenta, había sido
demasiado para Clematis. Sin embargo en ese momento, se dirigió a
ellas todavía con la cara risueña y dijo llena de júbilo: -¿Es que no os
dais cuenta?
– ¿De qué Clematis, de qué nos tenemos que dar cuenta?
-Mirad a Petunia, mirádla. Toda la lluvia que le ha caído encima le ha
salvado la vida cuando casi la había perdido por falta de agua,
miradla.
Efectivamente, Petunia empezaba a reaccionar. Levantó un poquito su
carita y parecía renacer a la vida y despertarse de su peligroso letargo.
-Esto ha sido una ayuda del cielo, ¿os dais cuenta?, un milagro.
Cuando ya casi se había marchitado, cae el agua de la salvación del
cielo. Gracias Dios mío, gracias, nos has devuelto a nuestra amiga.
Todos los habitantes del jardín estaban exhaustos por los
acontecimientos vividos últimamente. Pese a eso, estaban felices y la
alegría de volver a tener entre ellas a su gran amiga Petunia hacía que
sintieran en su interior una fuerza gigante que les daba la sensación
de poder sobrevivir a cualquier desgracia.
La euforia era grande, pero había que ser realistas y Clematis, como la
mayor de todas las flores, tuvo que hacerles ver cuál era la realidad.
Habían tenido muchísima suerte de que hubiese llovido tanto después
de haber pasado tanta sed. De momento sus raíces estaban frescas al
haber bebido el agua y llenas de vida pero si no eran regadas
regularmente volverían a secarse hasta marchitarse; había un hecho
que no podían olvidar: No sabían nada de la señora y ella era la única
que las regaba siempre. Sin sus cuidados estaban perdidas. Sin
embargo ninguna de ellas sabía ni se podía imaginar qué había
ocurrido con su señora y por qué no las cuidaba. No lo entendían
porque ellas sabían perfectamente que el jardín era una de las cosas
más importantes para la señora. Lo que estaba claro era que sea lo
que fuese lo que había pasado con ella, tenía que ser algo grave como
para abandonarlas a su suerte. Se propusieron mantenerse muy
atentas para poder enterarse de lo sucedido.
Aunque el señor de la casa nunca se ocupaba del jardín aquel día
salió para ver cuáles habían sido los desperfectos que había dejado la
tormenta a su paso. Llamó a los niños desde la terraza.
-Niños, hay que limpiar y ordenar todo esto. La tormenta ha sido fuerte
y ya veis como lo ha dejado todo. Clarita, tú traes la escoba y la pala
para barrer la terraza. Pepe, ve a la cocina y trae la bolsa de plástico
más grande que veas para meter toda la basura.
Ahh, Clarita, coge también dos o tres trapos y mójalos, con ellos
limpiaremos la mesa y las sillas de la terraza.
Los tres se pusieron manos a la obra y pasaron toda la mañana de
aquel sábado trabajando para dejarlo todo como lo tenía siempre la
señora, limpio y ordenado.
-Papá, dijo Clarita, ¿qué le pasa a mamá? ¿Por qué se pasa el día triste
y echada en su cuarto?
-Cariño, mamá esta triste pero es algo pasajero que se le pasará
pronto. Es que echa de menos su país y su mamá. Pero estoy seguro de
que muy pronto volverá a ser la de antes. Le tengo una sorpresa
preparada y la volverá loca de alegría, ya verás. Pero ahora, ve al
cuarto de mamá y ábrele la ventana para
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