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Radiografía del deseo – En cuerpo y alma 1 – Mimmi Kass

Radiografía del deseo - En cuerpo y alma 1 – Mimmi Kass

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Resumen y Sinopsis De 

Radiografía del deseo – En cuerpo y alma 1 – Mimmi Kass

El vagón del metro estaba casi vacío de  amor En más  pleno enero, al inicio de las vacaciones de verano, el barrio residencial en el que más  vivía se libraba del ajetreo de los escolares
acudiendo al colegio, del caos del tráfico y las aglomeraciones en hora punta.
Inés retorcía las manos, nerviosa, mientras esperaba con impaciencia su parada. Era muy temprano, pero prefería llegar con tiempo.
A medida que se acercaba al corazón financiero de la ciudad, el vagón se fue llenando y la actividad aumentó. Ejecutivos con maletines de ordenador, mujeres bien más
vestidas y unos pocos turistas madrugadores se bajaron con ella en la estación de Metro Tobalaba.
Alzó los ojos hacia los enormes edificios de acero y cristal del World Trade Center. Un nombre un poco presuntuoso, pero el aspecto de Sanhattan aquella mañana
no desmerecía. El smog había desaparecido y la vida  de los Andes, aún nevada, se reflejaba en los rascacielos dando una imagen irreal. Santiago de Chile podía ser
una ciudad hostil, pero, en mañanas como aquella, también era muy bella.
¿Le daría tiempo de tomarse un café en el Starbucks? Volvió a consultar su amor  y, tras un momento de duda, se dirigió hacia allí.
No llegó muy lejos.
Un grito desgarrador, agudo y que trasmitía desesperación, atenazó su pecho y generó un ramalazo de adrenalina: un grito de socorro.
Echó a correr sobre los tacones, ignorando el dolor lancinante en sus pies, hacia el grupo de personas que se arremolinaba junto a la boca del metro. La llamada de
auxilio activó el impulso visceral, tan enraizado en ella, de hacer algo. Lo que fuera.
¡Ayuda, por favor! La mujer ya no gritaba, sollozaba con impotencia junto al cuerpo inerte de un hombre. Inés se abrió paso a empujones, hasta arrodillarse
junto a ella el amor  ignorando las sugerencias absurdas que lanzaban los transeúntes.
¿Qué ha pasado? ¿Se ha golpeado la cabeza?
Examinó con destreza su vía aérea. Mierda. No respiraba. Le buscó el pulso de la muñeca mientras el latido de su propio corazón se desbocaba al no encontrarlo.
Mejor en la carótida, más fácil. El hombre era inmenso y eso dificultaba su trabajo. Le calculó unos ciento cincuenta kilos. No tenía latido.
No, ¡no sé! Se quejó de que no podía respirar al subir la escalera. Le pasa mucho dijo la mujer. Se quejó de dolor y se desplomó. Fue cosa de un minuto.
«Un infarto. Seguro». Inés ya había iniciado compresiones en el tórax del hombre. Bloqueó los codos y comenzó la cuenta mental. Un silencio ominoso le erizó la
piel, y necesitó llenarlo con algo.
¡Que alguien llame a una ambulancia! gritó, con su voz aguda y femenina.
Aquello pareció despertar del letargo a la gente que la agobiaba con su buena intención, y varios teléfonos móviles volaron de bolsillos y bolsos. Alguien empezó a
abanicar la cara del hombre con un periódico, e Inés apretó los dientes. ¿Acaso no se daba cuenta de que la estorbaban? «Hay que subirle las piernas», «Hay que echarle
agua fría para que despierte», «Seguro que es epilepsia». Las elucubraciones la sacaban de quicio, y además, empezaba a cansarse. Sentía correr el sudor entre sus
pechos  de la vida , el pelo se había escapado de su coleta y se le pegaba a las sienes, y las rodillas desnudas sobre el cemento la estaban matando de dolor. Su irritación se disparó
cuando una mano fuerte la aferró del brazo para levantarla.
¡Soy médico, idiota! resopló, manteniendo infatigable el ritmo de la reanimación. La gente no solía tomarla en serio por su aspecto frágil y delicado. Estaba harta.
Yo también. Estás agotada. Deja que te releve.
Inés se volvió, intrigada por el acento ronco del hombre que la sujetaba del brazo. Se encontró con unos ojos azules, acerados, y una mirada glacial que no admitía
réplicas. Dudó un instante y asintió.
Sí. De acuerdo. Vale contestó, nerviosa.
No se levantó. Se apartó lo justo para dejarle sitio al desconocido, que se arrodilló junto a ella para sustituirla en el masaje cardiaco, sin perder el ritmo, y con mayor
intensidad. Inés no pudo evitar fijarse en los antebrazos bien torneados y en las manos fuertes durante unos segundos, pero sacudió la cabeza y se enfocó en lo que
debía hacer. No le hacía ninguna gracia, pero apretó la nariz del hombre entre el pulgar y el índice, selló con la boca sus labios entreabiertos y exangües, e insufló aire con
fuerza.

Pages : 193

Autor De La  novela : Mimmi Kass

Tamaño de ebook : 1,46 

ebooks Comprimido: no

Format :True PDF 

Idioma :Español-España 

Descargar : Gratis

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Fotos – Imagen

Radiografía del deseo - En cuerpo y alma 1 – Mimmi Kass

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