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Recuerdos que nunca quise – Sergio Aparicio

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acostumbrarme a ese olor. ¿Pero por qué huele así a mi alrededor? ¿Por qué me resulta tan asqueroso, y sin embargo tan familiar?
Trago saliva, esperando que mi boca se limpie, a duras penas, trago saliva pero sigue ahí. Sacudo la cabeza, me agito convulso pero sigue ahí, acompañándome,
siempre a mi lado…
¿Y el ruido? ¿Qué ha sido ese ruido? ¿De dónde ha venido? Me zumban los oídos, mi cabeza, ay, qué dolor. Siento como si me fuera a estallar el alma, ¿qué ha
pasado? ¿Qué me está pasando? Uf, parece que ya se despeja mi cabeza, los oídos, se diluye, menos mal. Sigue ahí, pero poco a poco comienzo a sentir como mi mis
oídos se van despejando, cómo desaparece la presión, cómo se va liberando poco a poco mi cerebro. Es extraño, todo lo que siento es muy extraño. Espera, ya va
pasando…

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A medida que me recupero del dolor, que el embotamiento cede y mi corazón va volviendo a su ser, me voy encontrando mejor. Ya van desapareciendo las náuseas,
el olor parece ahora más difuso, menos mal, nunca logro acostumbrarme a ese olor, qué sensación más rara, no sé qué es, pero me resulta extrañamente familiar. ¿Qué
huele así? No lo sé, no lo sé.
¿Griterío? ¿Es eso un griterío? Voces, gritos, voces y más gritos. ¿Qué ocurre? ¿A qué vienen esos gritos? Mi cabeza, ¿por qué gritan todos? Siento miedo, no puedo
entender lo que ocurre. Que se callen ya esos gritos, por favor, ¡que se callen…!
¿Dónde estoy? No veo, no veo nada. ¿Por qué no veo nada? ¿Estoy a oscuras, mis ojos están cerrados? Sudor, sudor frío, comienzo a sentir pánico. Se me acelera el
corazón, me duele. No puedo respirar, otra vez no. ¿No estaré ciego? Los gritos no parecen los de una multitud a oscuras. Los siento de una manera diferente. Algo
trágico ha debido ocurrir, quizá un accidente…
Respira, cálmate, respira.
Libera esa presión del pecho. No puedes perder el control.
Respira, cálmate, respira.
Hay que decidirse, amigo mío. Hay que hacer algo, no puedes permanecer para siempre así.
Respira, cálmate, respira.
Hay que hacer un esfuerzo, debes abrir los ojos y ver qué está pasando. ¿Pero, y si realmente estoy ciego? Ciego no, no aquí y ahora. ¿Qué más puede pasar?
Primero ese olor, esas náuseas, ese dolor, los gritos, los gritos que no cesan. Y ahora esta incertidumbre que me está matando. No puedo estar muerto. Un momento, un
momento, esto no puede ser, no puedo estarme ocurriendo esto. Soy incapaz de recordar si soy ciego.
¿Quién soy, cuál es mi nombre? ¿Y por qué grita tanto esa gente? No, no, no, ya basta.
Respira, cálmate, respira.
¿Intento abrir los ojos? No, espera, aún no, piensa, intenta recordar. ¿Quién soy?, ¿dónde estoy?, ¿qué hago aquí?, ¿qué ha pasado? La angustia vuelve, cada vez la
siento más adentro. No puedo reaccionar, no puedo.
Un momento, así no, así no.
Respira, cálmate, respira.
Pregunta, respuesta. Una pregunta, una respuesta.
La primera pregunta, ¿quién soy? Me siento incapaz de saber quién soy, de responderme a esa pregunta tan obvia y tan absurda. Todo el mundo sabe quién es.
Salvo los bebés y los locos, todo el mundo sabe quién es. La respuesta debe estar por ahí, metida en algún recoveco de tu cerebro, tiene que estar ahí.
Respira, cálmate, respira.
Así, céntrate, centra tus pensamientos en la respuesta. Si consigo averiguar quién soy sabré si soy ciego o no; si estoy loco, ¿sabré si estoy loco? Pero, ¿dónde he
estado hasta ahora? No lo sé, no logro acordarme. ¿Cómo no puedo ser capaz de saber quién soy? Quizá toda esa gente que sigue gritando lo hace por mí. ¿He sido
víctima de un accidente, de una catástrofe que no puedo llegar a imaginar? ¿Me he desmayado? Quizá he sufrido un ataque al corazón, un ictus, una lipotimia. O solo ha
sido una caída, ¿no me habrá atropellado un coche? No, creo que no, no siento esa clase de dolor.
Pero, ¿qué clase de dolor se siente cuando te han atropellado? ¿Cómo puedo saberlo? ¿Cómo puedo saber eso y no ser capaz de recordar quién soy?
¿Y ese olor? ¿Podría ser debido a una explosión? Eso justificaría los gritos, esos gritos que no cesan, que siguen acosándome, que no me permiten pensar… ¿Soy yo
el único afectado? ¿Alguien más se encuentra en mi misma situación? Parece que los gritos no son de dolor propio, son más bien de asombro, de sorpresa y espanto, no
de dolor.
¿Y si estoy muerto? ¿Y si no puedo ver nada porque estoy muerto? ¿Los muertos pueden oír y no pueden ver? Dicen que los muertos, en ocasiones, permanecen
flotando sobre su cadáver y escuchan y sienten lo que ocurre a su alrededor. Entonces, ¿estaré muerto? Pero los muertos, si oyen y sienten, también serán capaces de
ver, ¿no es cierto? Que yo sepa, nunca antes había estado muerto.
La angustia vuelve, vuelve otra vez.
Respira, cálmate, respira.
Una pregunta, una respuesta, una pregunta, una respuesta.
Pero, ¿por qué no se callan? En estas condiciones me es imposible pensar con claridad, no puedo más con esta incertidumbre que se me agarra al alma y me bloquea

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