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Si fueras mío – Abbi Glines

Si fueras mío - Abbi Glines

Si fueras mío – Abbi Glines

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Ashton se subió a la rama y se sentó.
Tiempo atrás, hubiese reclamado mi
ayuda. Ahora ya no me necesitaba para
nada. Le había fallado en tantos
sentidos… Había oído la expresión
«tener el corazón roto», pero no había
comprendido su significado hasta ahora.
Ahí sentado, mirándola, el corazón me
dolía de veras. Desde el día en que salí
de la iglesia y la vi con Beau, me
costaba respirar. En ese momento fue
cuando lo supe. Hubiese querido que me
dijese cualquier cosa para demostrarme
que estaba equivocado. Pero, en el
fondo, lo sabía. Ashton ya no era mía.
—Impresionante. Haces que parezca
fácil —dije en voz alta para que me
oyera. Me había enviado un mensaje
diciéndome que estaba en el lago. Pero
resulta que yo llevaba horas en nuestro
sitio: había ido a reflexionar. Aquí era
donde todo había empezado, resultaba
apropiado que también terminase aquí.
La expresión de Ashton delataba
confusión. Me encantaba esa mirada.
Era adorable.
—Ya había venido, cuando mandaste
el mensaje —expliqué, y sus labios
dibujaron una sonrisa.
—Ah —respondió.

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—¿A qué se debe la visita? —
pregunté, aunque sospechaba la razón.
Sólo quería que lo dijese en voz alta. Ya
era hora de que aclarásemos las cosas.
Me puse de pie y caminé hasta donde
estaba sentada, después de advertir una
presencia oculta entre las sombras. Era
de esperar que Beau hubiese venido a
verme. O quizá la había seguido a ella.
—Quería saber cómo estabas. Beau
dijo que tenías una contusión.
No pude evitar que se me escapara
la risa. Tenía una buena magulladura.
Lancé una piedra al agua.
—¿Te ha explicado cómo me la
hice?—
Sí —los remordimientos que
sentía eran evidentes en su tono de voz.
Beau debió de confesarle que me había
reventado la cabeza. Aunque no era
culpa suya.
—Lo merecía. Esta semana me he
comportado contigo como un cretino.
El dolor que sentía en el pecho
empeoró. Recordar a todo el mundo
tratándola con crueldad mientras yo me
quedaba de brazos cruzados era algo
que me perseguiría durante mucho
tiempo.
—Mmm —no parecía muy segura de
qué más decir. Le había fallado. Me
había fallado a mí mismo. Esa reacción
no era propia de mí.
—No debería haberles permitido
que te hicieran todo eso. La verdad es
que la paliza de Beau fue un alivio. Me
sentía culpable, así que recibir una
buena resultó liberador.
—¿Qué?
Le sorprendía que me sintiese
culpable por lo que había permitido que
le hicieran. Maldita sea, esto lo hacía
aún más difícil. Cada vez me costaba
más respirar.
—Ash, fuiste mi chica durante años,
pero antes de eso fuimos amigos. Los
mejores amigos. No debí dejar que un
bache en el camino me pusiera en tu
contra de esa manera. Estuvo mal.
Cargaste con toda la culpa de algo que
no era sólo responsabilidad tuya. Era
responsabilidad de Beau, y también mía.
—¿Tuya? ¿Por qué?
—Sabía que él te quería. Había
visto cómo te miraba. También sabía que
le querías más que a mí. Los dos
compartíais un vínculo secreto del que
yo no formaba parte. Estaba celoso.
Beau era mi primo y tú eras la chica más
guapa que había visto en toda mi vida.
Te quería para mí. Así que te invité a
salir. No lo comenté primero con Beau.
No le pregunté cómo se sentía al
respecto. Aceptaste y, como por arte de
magia, rompí vuestro vínculo. Os
dejasteis de hablar. Se acabaron las
charlas nocturnas en el tejado y ya no
tuve que sacarte de ningún otro lío. Beau
era mi amigo y tú eras mi novia, era
como si vuestra amistad nunca hubiese
existido. Fui egoísta e ignoré el
sentimiento de culpa hasta que
desapareció. Sólo cuando le veía
observándote con esa expresión de
anhelo y sufrimiento volvía la sensación
de culpabilidad. Mezclada con miedo.
Miedo a que descubrieses lo que había
hecho y volvieses junto a él. Miedo a
perderte.
Ésta era la primera vez que decía
abiertamente la verdad. La había
escondido en mi interior durante años, le
había dado la espalda cuando me
corroía la conciencia. Ver cómo Ashton
cambiaba de personalidad y no decir ni
una sola palabra al respecto… Todo
aquello era culpa mía.
La mano de Ashton jugueteaba con
mi pelo, y quise cerrar los ojos y
suspirar bajo esa caricia inocente. ¿La
amaría siempre de esa forma? ¿Tendría
que pagar por mi falta durante el resto
de mi vida con este dolor constante en el
pecho?
—Yo también te quería. Quería ser
digna de ti. Quería ser la chica buena
que merecías.
Oír que quería ser digna de mí me
recordó una vez más por qué nuestra
relación no había funcionado. Ashton
era perfecta desde el día en que la
conocí, pero dejé que creyera que
esperaba más de ella.
—Ash, eras perfecta tal como eras.
Fui yo el que te dejó cambiar. Me
gustaba el cambio. Era una de las
muchas razones por las que temía
perderte. En el fondo, sabía que el
espíritu libre que habías sofocado
lucharía para liberarse. Al final,
ocurrió. Y el hecho de que fuese con
Beau no me sorprende lo más mínimo.
—Lo siento, Sawyer. Nunca quise
hacerte daño. Lo eché todo a perder. No
tendrás que vernos a Beau y a mí juntos.
Voy a salir de vuestras vidas. Podrás
recuperar lo que perdiste.
Cuando vi que Beau no salía
corriendo del bosque maldiciendo como
un marinero, comprendí que estaba
demasiado lejos para oírnos. Alargué el
brazo y la tomé de la mano. Yo era el
único capaz de convencerla de que no
debía hacerlo.
Era hora de dejarla marchar.
—No lo hagas, Ash. Te necesita.
Negó con la cabeza y me ofreció una
sonrisa triste.
—No, él también está de acuerdo.
Hoy casi ni me ha mirado. Sólo me
dirigió la palabra cuando quiso dejar
claro a todo el mundo que tenían que
dejarme en paz.
No tenía ni idea.
—No aguantará demasiado. Nunca
ha sido capaz de ignorarte. Ni siquiera
cuando sabía que le estaba observando.
Ahora mismo está lidiando con muchas
cosas. Y lo está haciendo solo. No le
apartes de tu lado.
Ashton bajó de la rama de un salto,
se puso de puntillas y me pasó los
brazos por detrás del cuello. Su último
abrazo.
—Gracias. Tu aprobación lo es todo
para mí, pero ahora mismo te necesita.
Eres su hermano. Yo sólo sería un
obstáculo.
El dolor era casi insoportable.
Alargué la mano y jugueteé con un
mechón de su pelo. Ese rubio perfecto
me fascinaba desde los cinco años.
Siempre me había recordado a una
princesa de las hadas, incluso cuando
preparaba cebos de pesca con hígados
de pollo. Había perdido a mi princesa,
pero su recuerdo valía hasta la última
punzada de dolor que sentía en el
corazón.
—A pesar de que estuvo mal
quedarme contigo sin tener en cuenta los
sentimientos de Beau, no soy capaz de
sentirme arrepentido. He pasado tres
años maravillosos a tu lado, Ash.
Éste era mi adiós. Beau estaba ahí
fuera, esperando a que me alejase.
Había llegado su momento. Yo había
echado a perder mi oportunidad a lo
grande. Le solté el pelo, di un paso
atrás, me di la vuelta y me adentré en el
bosque en busca de mi hermano.
Capítulo uno
Seis meses después…
Sawyer
Sabía que no debería haber venido, pero
no podía seguir evitando las fiestas del
prado. Tenía que empezar a
comportarme como si no me molestara
que Beau y Ashton estuviesen juntos.
—Aquí tienes, tío. —Ethan me puso
en la mano un vaso rojo de plástico,
lleno hasta arriba de cerveza. Me
dispuse a devolvérselo con una mueca
—. Bébetelo. Hasta yo lo necesito,
después de veros a los tres.
Le agradecía que hubiese hablado lo
bastante bajo como para que nadie más
le oyese. Sentía sobre mí las miradas
furtivas de todo el mundo. Esperaban
ver cuál sería mi reacción. Habían
pasado seis meses desde que Ash me
dejó por mi hermano. Ahora me
resultaba más fácil verlos juntos, pero
normalmente prefería mantener las
distancias. Ésta era la primera vez que
había tenido que presenciar al salido de
Beau besándole el cuello, la mano, la
cabeza y cualquier parte a la que
tuviesen acceso sus labios mientras
charlaba con los demás y Ashton
permanecía acurrucada entre sus
piernas.
Ethan tenía razón; necesitaba una
copa. Me puse el vaso en los labios,
eché la cabeza atrás y tomé un buen
trago. Cualquier cosa con tal de
distraerme de la sesión de besuqueos
que tenía en frente.
—No puedo creer que no vayáis a la
misma universidad. Estaba convencido
de que os harían un contrato de dos por
uno. —Toby Horn casi parecía
decepcionado de que hubiese decidido
matricularme en la Universidad de
Florida en lugar de la de Alabama. Beau
y yo habíamos planeado jugar con el
equipo de fútbol de Alabama desde los
cinco años. Pero cuando Florida me
ofreció una beca completa, la acepté.
Necesitaba poner distancia. Ashton iría
a la Universidad de Alabama con Beau,
y yo me sentía simplemente incapaz de
estar allí con ellos.
—Florida le hizo una oferta
fantástica. No puedes culparle por
aceptarla —explicó Beau.
Mi hermano lo comprendía. Nunca
lo mencionaba, pero sabía por qué había
escogido Florida. Beau había tenido
cuidado durante mucho tiempo de no
pasear delante de mis narices su
relación con Ashton, pero desde la
graduación se había relajado.
Últimamente, cada vez que los veía, ella
estaba entre sus brazos y él la miraba
con esa ridícula expresión de adoración
que siempre había reservado para Ash.
—Alabama no podría con dos
Vincent. Tenemos que repartirnos un
poco —respondí fijando la vista en
Toby antes de tomar otro trago de
cerveza.
—Pero será extraño no tenerte aquí
—dijo Ash. Mierda. ¿Por qué tenía que
hablar? ¿No podía quedarse ahí sentada
en silencio y dejar que Beau le metiese
mano? Oír la voz de Ashton me obligó a
levantar los ojos para devolverle la
mirada.
La curva triste que formaban sus
labios hizo que despertara en mí esa
vieja opresión en el pecho. Ashton era
la única capaz de hacerme sentir así.
—Sobreviviréis. Además, vosotros
dos no os separáis lo suficiente como
para fijaros en nada más. —Acababa de
sonar como un imbécil. Ashton se
encogió ante mi comentario sarcástico:
otro punto negativo para mí.
—Ten cuidado, Sawyer. —La
amenaza era evidente en el tono de voz
de Beau. El grupo se quedó en silencio.
La atención de todos se concentraba en
nosotros dos. La furia que iluminaba la
mirada de Beau sólo sirvió para que me
cabreara aún más. ¿Qué derecho tenía a
enfadarse? Había conseguido a la chica.
—¿Por qué no te tranquilizas? Sólo
contestaba a su comentario. ¿Qué pasa?
¿No tengo permiso para hablar con ella?
Beau asió la cintura de Ashton y la
apartó de él mientras se levantaba.
—¿Tienes algún problema, Sawyer?
Ashton se puso de pie con dificultad,
rodeó a Beau entre sus brazos y empezó
a suplicarle que no me hiciese caso,
asegurándole que mi comentario no tenía
mala intención, aunque ambos sabíamos
que sí la tenía. Los ojos de Beau no se
apartaron de los míos mientras alargaba
el brazo para zafarse de Ashton.
Dejé el vaso en la plataforma trasera
de mi furgoneta y di un paso hacia él.
Necesitaba esta pelea. Contener mi
agresividad era tan difícil, algunas
veces. Pero Ashton no lo iba a permitir.
Se apoyó en los hombros de Beau y se le
subió encima, rodeándole la cintura con
las piernas. Si verla en sus brazos no me
cabrease tanto, me hubiese reído de su
determinación para evitar que nos
peleásemos. Se las había visto con
nosotros desde que éramos niños, y
sabía exactamente qué hacer para
impedir que llegásemos a las manos.
Lanzarse de lleno sobre la línea de
fuego era la única forma.
A Beau se le iluminaron lo ojos, y
con una expresión divertida sustituyó la
mueca de enfado por una sonrisa
satisfecha, mientras su mirada pasaba de
mí a Ashton.
—¿Qué haces, princesa? —preguntó
arrastrando las palabras. Utilizaba ese
truco con las chicas desde la pubertad.
—¡Buen truco para distraerlo, Ash!
—chilló Kayla Jenkins desde el regazo
de Toby. Siguieron más silbidos y
piropos. Beau le sonreía como si fuese
la persona más fascinante del mundo
entero. Ya no podía más. Tenía que irme
de allí.
—Vamos a comer algo… Estoy
muerto de hambre. Conduce tú —sugirió
Ethan, y Jake North se mostró de
acuerdo. Ethan se montó

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