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Libro PDF El silencio de los 12 – Ismael Lorenzo

El silencio de los 12 – Ismael Lorenzo

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talentos, apoyo y entusiasmo han
hecho realidad este libro. Las
narraciones a continuación son reales.
La realidad a veces es más difícil de
concebir que la ficción.
“El que lea este libro se podrá
imaginar quizás lo que se siente con
estas agresiones, pero nunca sabrán de
verdad lo mal que te sientes y lo
impotente que te encuentras cuando te
sujetan y te fuerzan, es horrible, no hay
palabras para describirlo.” P.G.
Estoy sentado al fondo de esta
cafetería, afuera hace un calor
insoportable, pero aquí el aire
acondicionado lo hace más pasajero. No
ha llegado todavía, me envió media
docena de emails a la redacción y me ha
dejado no sé cuántos mensajes en mi
voice mail, dice que ha leído mi
columna en el periódico y que quisiera
hablar conmigo. Le ha gustado lo que
escribo y quiere contarme algunas cosas
terribles que le han ocurrido. Parece
joven y educada, no sé por qué, pero me
imagino que debe ser alguna violación,
sentí algo de dolor y desesperación en
su voz, pudiera ser que el padre o un
hermano la hayan violado. Después de
treinta años como periodista, publicando
en infinidad de lugares y montones de
países, creo que ya he escuchado todo,
pero como soy un caballero, pues he
accedido a esta entrevista. Ella me
conoce por mi foto en mi columna del
periódico, pero yo nunca la he visto.
El camarero viene y me pregunta si
deseo tomar algo, le pido un jugo de
naranja. Por la puerta entra una chica
delgada, pero bien formada, bonita,
senos robustos, una falda corta y
sweater negro y revelador, mira
alrededor y se fija en mí, viene hacia
acá, atractivo caminado, sexy. Debe ser
ella.
—Hola, siento llegar tarde,
excúseme. —No importa, has llegado y
es lo importante. ¿Deseas tomar algo?
—Cualquier cosa… He leído su columna
y me ha gustado mucho, ¿es español?
—Soy de muchas partes… ¿y tú?
—Mi padre era español y mi madre
libanesa. Fue allá donde me ocurrieron
cosas muy terribles que quisiera
contarle, necesito hacerlo, pues vuelven
y vuelven siempre a mi, nunca se van, se
lo he contado a muy pocas personas.
—A veces hablar es la mejor forma de
exorcisar demonios.
—Sé que Ud. me comprenderá, esto
ocurrió cuando yo tenía 12 años, fue el
comienzo, pero me han pasado
muchísimas cosas terribles…
En su voz comprendí que lo que me
iba a contar era mucho más allá de lo
que había imaginado, sentí dolor y un
horror desgarrador en su voz, su cara
bonita y sus ojos redondo en el fondo
reflejaba haber vivido el infierno y
logrado salir de sus entrañas, no sé por
qué, pero me dio un escalofrío…
Líbano
Diciembre 15, 1997
A la taberna llegaron unos Marines
americanos, sudados y prepotentes,
llenos de sudor, mi padre estaba en el
mostrador, le preguntaron por mujeres,
que querían mujeres, mi padre le dijo
que allí no había mujeres, pero sin
querer en ese momento tosí, estaba
donde mis padres me habían escondido,
debajo del mostrador, me descubrieron
allí, y apartando a mi padre de un
empujón, me sacaron hacia afuera a la
fuerza.
Eran cuatro soldados, uno negro y
tres blancos. Me tocaban las trenzas y
después los pechos pequeños, yo quería
escapar y gritaba, pero me sujetaban
fuerte. Mi padre salió del mostrador y
quiso ayudarme, mi madre estaba
adentro de la cocina y también salió,
pero el soldado negro me puso en sus
hombros y empezó a subir las escaleras,
mis padres corrieron detrás de mi para
ayudarme, pero les dieron un tiro a cada
uno y cayeron al momento.
El soldado que subía conmigo me
metió las manos entre mis piernas
mientras subíamos, me dió mucha
vergüenza, él gemía cuando me hacía
eso. Llegamos al piso de arriba y habían
3 puertas cerradas, de 3 habitaciones,
otro de los soldados abrió la primera
puerta y se metieron ahí conmigo, yo no
sabía qué me iba a pasar, porque era
muy pequeña y no conocía nada de esto.
Entonces, el soldado negro me colocó
sobre la cama y me levantó mi falda,
recuerdo que me sentí muy mal y quise
escapar, pero los otros me sujetaron
fuerte. Me quitó las bragas y me estuvo
chupando mucho tiempo, yo gritaba
porque me sentía mal de que me hicieran
todo eso, ya que no sabía nada de sexo
por aquel entonces. Otro soldado me
abrió la camisa y estuvo tocando y
chupando mis pechos y algo que me
resultó terrible fue cuando, teniendo la
boca abierta de gritar y llorar, uno de
ellos me metió su polla en la boca y la
movía para arriba y para abajo. Yo
entonces no sabía inglés, porque me
preguntaban cosas y no entendía nada.
Me desnudaron completamente y el
soldado negro me hincó su polla a lo
bestia y me hizo mucho daño, recuerdo
cómo me dolía, yo lloraba y lloraba,
pero ellos se reían, se puso muy
contento porque empecé a sangrar por
mi vagina, entonces otro soldado empujó
al negro y se puso a lamer mi sangre.
Aquello fue durísimo, porque no
acababa nunca, estaban tan excitados,
cuando acababa uno, empezaba otro y
así como que pasaron 3 o 4 veces cada
uno.
******************************************
El camarero se acerca, y ella pide un
batido, luego se vuelve hacia mí y
sonríe, como si le apenara algo. —Tanto
tiempo tratando de verlo y llego tarde,
excúseme, pero todo se me complicó, no
fue culpa mía. Es que soy enfermera y ya
cuando estaba terminando hoy el turno y
dispuesta a venir para acá, contenta de
que al fin iba a poder hablar con Ud., me
llama el director de la clínica, pensé que
era para algún asunto relacionado con el
trabajo, pero no, nada de eso, me dijo
que tenía que tocar eso que había visto
en unas fotos que bueno, tengo en una
red social, donde muestro algo de mi
cuerpo, y que quería tocarme, porque si
no, se iba a volver loco, pero que me
compensaría con un buen puesto.
Esto me pareció bien, pues ya que
los hombres se han aprovechado tanto
de mí, me dije, déjame aprovechar
ahora. Me abrió la bata de enfermera y
se puso a tocarme debajo de las bragas,
él respiraba muy fuerte, estaba muy
excitado, también me sacó los pechos
del sujetador y se puso a chuparlo.
Bueno, pues me hablaba mucho, me
decía que era maravillosa, nunca he
visto a un hombre tan excitado, me
arrastró hasta un sofá grande que tiene
en su despacho y me quitó toda la ropa,
me chupaba con fuerza, tuve orgasmos,
me estuvo follando mucho tiempo y
después me dijo que tenía que volver
con frecuencia.
Me narra esto con tranquila
sencillez, muy naturalmente. La cafetería
comienza a abarrotarse, es la hora de
salida de muchos trabajos. El camarero
trae el batido para ella y yo aprovecho y
me tomo todo el jugo de naranja de un
solo golpe.
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Como yo estaba rígida

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