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Tú y yo que manera de quererte – Volumen 2 – Emma Green

Tú y yo que manera de quererte - Volumen 2 - Emma Green

Tú y yo que manera de quererte – Volumen 2 – Emma Green

Descargar libro PDF cayendo cuesta abajo, que mi corazón
dejó de latir, que mis organos dejaron
de funcionar. Si acepté venir a
desayunar al pie de la Torre Eiffel con
mi novio gay, fue solamente porque no
tuve la fuerza de rechazarlo.
Cabe mencionar que me encuentro
fuera de mí desde que dejé el palacio
donde se hospeda Vadim King, mi
director general, mi primer amor, mi
nuevo amante. Fuera de mí desde que me
enteré que Grace espera un hijo suyo.
Fuera de mí desde que no supo escoger
entre ella o yo. Huí antes de escucharlo
pronunciar uno de los dos nombres.
Grace o Alma. ¿Cuál habrá salido de sus
labios? No importa. Ella está
embarazada, ella es su prioridad. Así de
simple. Este razonamiento idiota fue
todo lo que pude encontrar para lograr
mantenerme alejada de él. Para no
llamarle. No enviarle mensajes, emails,
señales de humo. No ir a su casa a mitad
de la noche. No buscar tener contacto
con él, no arriesgarme a escuchar que
todo había terminado.
Esta vez, es él quien me va a dejar…
Esta vez, lo amo a morir…
Hace varios días que Vadim no viene
a la oficina y sé bien por qué. No se
necesita ser un genio para saberlo. Está
con ella. Seguramente hace todo lo
posible por tranquilizarla, hacerla reir,
que lo perdone por aquella noche que
pasó conmigo. Antes no eran una pareja,
pero ahora es casi seguro: Vadim y
Grace construirán sus futuros juntos.
Con un integrante más. Preparan todo
para el hijo que tendrán. Imposible
competir con eso. Duele, pero no puedo
ir en contra de su voluntad. De nada
sirve amarlo contra viento y marea, no
es suficiente…
– ¡Alma, sal de tu burbuja, come tu
maldito «english breakfast» y habla
conmigo! Tienes cara de muerta, tesoro,
ya es hora de reaccionar. Tienes que
tomar una decisión. Aquí sólo hay dos
posibilidades: o continúas con tu vida;
en cuyo caso te puedo presentar a un
muchacho bastante guapo, o te aferras,
peleas y no dejas que nada ni nadie te
desanime. Si en verdad es a Vadim a
quien quieres; ¡haz algo al respecto!,
sacrifica todo lo que sea necesario, deja
tu orgullo y tus modales atrás, no
esperarás que simplemente te caiga del
cielo…
– ¿Pero pelear contra qué? ¡Si en
verdad Grace está embarazada, no tengo
ninguna oportunidad!, le contesté a mi
mejor amigo ignorando por completo mi
desayuno.
– ¡Deja de pensar en los demás y
piensa en ti por primera vez! En el amor
no hay reglas ni «pero» que valga.

Tú y yo que manera de quererte – Volumen 2 – Emma Green

¡Arriésgate! Pídele explicaciones,
¡pelea por él en lugar de darte por
vencida y jugar a la víctima!
Niels, por piedad, deja tus sermones
para después… o para Clémentine…
– ¿Quién habla de hacerse la víctima?
Vadim nunca me prometió nada, así que
no tengo nada qué reclamarle. Nos
dejamos llevar por los sentimientos,
sabía que era peligroso, que
probablemente acabaría sufriendo, pero
no me arrepiento de nada. Necesitaba
estar con él, aunque sólo fuera por una
vez… o dos, dije con la voz temblorosa.
– ¿Entonces te rindes?, preguntó,
evidentemente decepcionado.
– No creo tener opción… ¿Crees que
es fácil para mí imaginarlo con ella?
¡Apenas me lo encuentro se escapa!
Pero no puedo interponerme si es lo que
él ha decidido. Hay un futuro hijo de por
medio, y eso cambia todo. Toda su vida
ha soñado con ser padre…
– ¡Todo esto parece tragedia griega!
Hace doce años lo dejaste contra tu
voluntad. Después dejaste tu vida
amorosa en stand-by todo este tiempo.
Nunca dejaste de amarlo a pesar de todo
lo que los separaba. Alma, su historia
merece un final memorable. Si realmente
estás pensando escribir el desenlace,
hazlo bien. Dejen de huir uno del otro,
de evitarse y terminen dignamente.
¡Hablen, por Dios!
– Me va a decir que todo terminó,
que escogió a Grace… murmuré
sintiendo las lágrimas correr. Me voy a
derrumbar frente a sus ojos. No lo puedo
asimilar aún, es demasiado pronto. Hace
unos días estaba entre sus brazos, sentía
su piel contra la mía, era nuevamente yo.
Escuchar de sus labios que eso no
volverá a suceder, creo que me
mataría…
– ¡Ahí tienes la verdad, Alma! No
quieres terminar con todo, no lo quieres
perder, en realidad sólo tienes miedo de
caer tan bajo que ya no te puedas volver
a levantar. Pero yo estaré aquí,
Clémentine, tu familia, tus amigos, y
hasta Raphaël… Todos estaremos aquí
para ayudarte a ponerte de pie
nuevamente.
¿Raphaël ? ¡Todo menos él!
Mi ex está en todos lados. Cuando no
son mis amigos los que intentan
convencerme de que le dé otra
oportunidad -lo cual no sucederá a
menos que me hagan una lobotomía- es
él mismo quien aparece de la nada. No
personalmente, gracias a Dios, sino
como regalo envenenado. Hace unos
días, un ramo de rosas llegó a mi
domicilio. No sabía que venían de
Raphäel, hasta que me lo informó –como
si nada- con un mensaje engañosamente
amistoso. Él y yo no terminamos ni en
buenos ni en malos términos. Le pedí
salir de mi vida por una razón específica
y me gustaría que respetara nuestro
acuerdo. Pero al parecer, es mucho
pedir…
Lily dejó a Hiro pero sigue
quedándose en mi sofá-cama.
Finalmente, tenerla en casa tiene sus
ventajas, sobre todo porque estoy a
punto de explotar y llamar a Vadim para
decirle hasta de qué se va a morir o
suplicarle que me elija a mí. Ella está al
corriente de todo, se lo confié para
poder tener su apoyo, lo necesitaba…
Es la primera vez que mi hermana me
ayuda a retomar el control de mi vida,
¡los roles se cambiaron!
A decir verdad, a veces sentía como
si volviera a tener 12 años. No me
perdía de vista, confiscaba mi teléfono,
filtraba mis correos, vigilaba todos mis
pasos: el control parental retomado por
la señorita inmadurez, me reiría de ello
de no estar tan deprimida… Pero debo
reconocer que hasta ahora su estrategia
ha funcionado. Estoy impresionada por
su espíritu combativo. Lily previó todo
para evitarme una recaída. Cuando tiene
que ausentarse, siempre encuentra quién
la remplace. Fue entonces Clémentine
quien se encargó de vigilarme ayer por
la tarde mientras mi hermana iba a
desahogarse en una discoteca.
La vieja Lily sigue aquí…
Cuando regreso del enésimo día de
trabajo, me encuentro a mi hermana
encaramada en sus tacones, y horneando
algo con su vestido de pin-up. Un rápido
vistazo hacia mí y obtiene su respuesta:
no, Vadim King no reapareció el día de
hoy. Hace ya cinco días que no tengo
noticias de él y que mi cuerpo y alma se
niegan a funcionar. Sin darme tiempo
para encontrar una excusa y escapar, mi
hermana me ordena sentarme a la mesa.
La obedezco, pues no tengo nada más
interesante que hacer.
– ¡Spaghetti a la carbonara! dice
efusivamente poniendo el enorme plato
lleno de pasta frente a mí.
– Lily, no tengo hambre… Tomaré un
refresco, digo mientras me levanto.
– ¡SIÉNTATE! exclama con una voz
temible.
– …
– Acabo de pasar una hora en la
cocina preparándote algo rico, nutritivo,
reconfortante, ¿y así es como me
agradeces? Estás adelgazando
demasiado, Alma, ¡si sigues así te vas a
hacer transparente!
– Sé que quieres ayudarme, pero…
– ¡Pero nada, basta de tus «peros»! Si
te rehúsas a cuidarte, yo lo haré por ti.
– ¿Piensas llenarme con un embudo?
– No, pienso sobornarte con un
chisme. ¡Y no te arrepentirás, créeme!
Termina tu plato y te contaré lo que vi
ayer…
A juzgar por su acitud obstinada y
orgullosa, mi hermana dice la verdad, y
será mejor que me apresure a comer el
spaghetti… Diez minutos más tarde, mi
plato está vacío y mi estómago a punto
de desbordar. Lily me dirige una sonrisa
triunfante y se dispone a contarme.
– Ayer estaba en la sala VIP y no era
la única. Grace también estaba ahí…
comienza suavemente, cuidando no
alarmarme.
– ¿Grace Montgomery?
– Sí.
– ¿Estás segura que era ella?
– Sin duda, todos los paparazzi se le
echaron encima cuando salió y es la
primicia de todas las revistas el día de
hoy.–
¿Y?
– Y se tomó toda una botella de
champagne ella sola. Fue todo un
espectáculo, no bailaba, se
tambaleaba…
¿QUÉ?
– ¿Crees que no esté…? pronuncié
sintiendo mi corazón acelerarse de
golpe.
– ¡Es evidente que Grace no está
embarazada, Alma! O es muy
irresponsable, lo cual no creo… No, si
quieres mi opinión, creo que entró en
pánico cuando Vadim comenzó a
acercarse a ti e inventó la historia del
bebé para no perderlo.
– …
– Alma, ¿estás bien? Mi hermana se
preocupa al verme respirar con
esfuerzo.
No, no estoy bien. Me he aguantado –
corrección: muerto lentamente- por casi
una semana para dejarlos vivir, para no
interponerme, para dejarlos estar juntos.
Estaba dispuesta a alejarme, a aceptar
un dolor tan grande por el bienestar de
su futuro hijo. Un hijo que,
evidentemente, no existe. Pero este
sacrificio lo hacía también por ella,
porque no quería competir con una
mujer embarazada. Porque eso no se
hace y nunca me perdonaría el caer tan
bajo. Pero la situación ha cambiado y
hasta aquí llegó la solidaridad femenina.
Grace y Vadim no eran exclusivos, no se
lo robé, no tengo nada que reprocharme
a mí misma. Ella, por el contrario, nos
mintió, nos manipuló.
Sin bebé no hay piedad.
Mi monólogo interior me enajena por
un largo rato, hasta que finalmente la voz
de mi hermana me regresa a la
realidad…
– Llámalo. Yo en tu lugar, no
esperaría ni un segundo.
– ¿Y si eso no cambia nada?
– ¿Qué quieres decir?
– ¿Si de todos modos se queda con
ella? ¿Si es a Grace a quien quiere en
verdad, aun sin bebé?
– Entonces estarás decidida, Alma.
No puedes seguir así, desde aquella
nocha ya no vives, sólo sobrevives.
Necesitas respuestas para poder seguir
con tu vida…
– Mañana le hablaré… Mañana,
logro pronunciar antes de deshacerme en
lágrimas.
La noche fue corta y tumultuosa,
mezcla de insomnio y sueños agitados.
El despertador sonó y regresé a la
realidad. Subir al carro, ir a la avenida
de Champs-Élysées, dejarlo en el
estacionamiento subterráneo de King
Prod- sin rayar mi puerta ni la del carro
de al lado- subir al elevador, saludar a
mis colegas como si nada pasara, ir a
buscar un café. Logré hacer todo eso sin
desmoronarme. En el fondo esperaba –
como los días anteriores- que Vadim
estuviera de regreso, pero aún no había
señales de él.
Con la taza de café en la mano, me
instalo en la oficina como un robot. Pero
mi naturaleza regresa al poco tiempo, o
mejor dicho mi descuido legendario: un
movimiento en falso y mi teclado está
empapado. Retengo el grito de
frustración que muere por escapar de mi
garganta y voy en busca de papel
absorbente para reparar el daño. Es en
ese momento que me encuentro a Kate
Monroe, mi jefa, quien no parece estar
de mejor humor que yo…
– ¡Oh Alma, espero que tu mañana
sea menos catastrófica que la mía! Dice
sin intentar esconder su acento
americano.
– Buenos días Kate, ¿qué te sucedió?
– La rutina, ya sabes… Batallo con
los inversionistas por un lado, los
medios por el otro. ¡La competencia
nunca había estado tan dura!
– Si te puedo ayudar en lo que sea…
– Continúa haciendo un buen trabajo,
es todo lo que te pido, dice riendo antes
de irse.
– ¿Kate? La llamo de repente
mientras se va.
– ¿Sí? Responde ella regresando.
– Me preguntaba… ¿Sabes cuándo
regresará el sr. King? Articulo con
dificultad.
– Lo ignoro. Pero espero que pronto,
¡lo necesitamos! Que tengas buen día,
Alma.
Mi teclado sobrevivió, pero mi
misión de obtener información fracasó
rotundamente. Kate no sabe más de lo
que yo sé. En un sentido, resulta
tranquilizador: Vadim desapareció de la
faz de la tierra, nadie sabe de él, su
paradero no es un misterio para mí
solamente. Decidí llamarlo esta tarde. A
las 20 horas para ser exactos. Reuniré
valor y enfrentaré la situación de una
vez por todas. Entretanto, intento
concentrarme en otra cosa. Mi trabajo,
por ejemplo. Aprobar los presupuestos,
llegar a un acuerdo con el departamento
de publicidad, aprobar – o no- el
anuncio para el siguiente éxito de
taquilla Pretty Little Murders : oh, qué
alegría… Revisando las decenas de
emails a los que debo responder,
descubro uno proveniente de… ¡Vadim!
Recibido esta mañana a las 6:12.
¡Hace más de nueve horas! ¿Cómo
pude no verlo?
De : Vadim King
Para : Alma Lancaster
Asunto : Pensamientos
Perdón por no estar más presente.
Tengo asuntos por arreglar.
Cariñosamente,
V.
No me ha olvidado del todo…
¿Pero es todo?
¿Seis días de silencio para un simple
«asuntos por arreglar»?
Mi corazón y mi cerebro se
encuentran en una montaña rusa; entre
alivio, ira, angustia, curiosidad,
venganza…
De : Alma Lancaster
Para : Vadim King
Asunto : RE :
Imagino que por «asuntos», te
refieres a Grace y su embarazo
fingido.
A juzgar por sus actividades
nocturnas, no estoy segura que tu top
model esté embarazada…
A.
De : Vadim King
Para : Alma Lancaster
Asunto : RE : RE :
Confirmo: no lo está. Los celos hacen
perder la cabeza a las mujeres…
Cariñosamente, de nuevo.
V.
De : Alma Lancaster
Para : Vadim Arcadi
Asunto : RE : RE : RE :
Mejor para ti. Sin más celos, ni
decisiones por tomar. Libre como el
viento.
Cariñosamente, pero, ¿de nuevo?
A.
Mediodía : sin respuesta.
Impaciencia.
18 horas : sin respuesta.
Frustración.
Medianoche : sin respuesta. Ganas
de cometer asesinato.
Me fue muy difícil manterme con los
ojos abiertos durante la proyección de
prueba de Pretty Little Murders – de la
cual me perdí la primera mitad, tenía
algo más importante en qué pensar. Una
noche en vela y no hay problema. ¡Dos
noches en vela y comienzo a
preocuparme por mi carrera!
Afortunadamente, Clarence estaba
sentado a mi lado y jugó –sin saberlo- su
papel a la perfección. Su risa
estruendosa y sus gritos de asombro me
mantuvieron despierta durante la
película. Un thriller psicológico:
perfecto para mi estado de ánimo.
Después de una rápida escala en la
farmacia – necesidad urgente de
paracetamol – estoy de regreso frente al
edificio de King Productions alrededor
del mediodía, esperando todo menos
encontrarlo. Sin embrago Vadim estaba
ahí, discutiendo con una de las
telefonistas, mientras yo entro y me
dirijo a la recepción. Acercándome,
alcanzo a percibir fragmentos de su
conversación…
– Ella estaba en la proyección, ya lo
sé, ¡pero se terminó desde hace más de
media hora! ¿Sabe si tenía algún
desayuno profesional? ¡Revise
nuevamente en su agenda! La vio salir,
¿o no? dice Vadim cada vez más
enervado.
– Lo siento sr. King, ignoro dónde se
encuentre la srita. Lancaster. ¿Ya intentó
llamarla a su celular?, pregunta
tímidamente la joven.
– ¡Obviamente ya lo intenté! Yo…
– Aquí estoy, digo lo más
calmadamente posible.
Se voltea, me mira y suspira de
alivio. Sus ojos grises comienzan a
examinarme inmediatamente y yo no
puedo evitar hacer lo mismo. Olvidaba
lo irresistible que es Vadim. Lleva un
traje beige a la medida que resalta
perfectamente su figura viril. Su falta de
corbata le da un look casual que lo hace
parecer más accesible. Por una décima
de segundo, tengo el impulso de
lanzarme a su cuello, hundir mi cara en
él y olvidarme de todo. Pero su voz,
entre seria y amigable me regresa a la
realidad.
– Alma, ¿no te enseñaron la regla de
oro? Cuando tu jefe te llama, contestas.
¡Pase lo que pase!
– Lo siento, puse mi teléfono en
silencio durante la proyección.
Mis disculpas eran sinceras, pero me
doy cuenta que de los dos, es él quien
tiene que pedir perdón. Después de siete
días de silencio, siete días de tortura,
me debe una explicación.
– ¿Para qué me buscabas? le pregunto
con frialdad.
– Vamos a tu oficina, las paredes
tienen oidos, dice dirigiendo una sonrisa
burlona a la telefonista que no se ha
perdido ni un detalle del espectáculo.
La prueba del ascensor: dirección al
séptimo piso. Por lo pronto, su perfume
me hace alucinar. Enseguida abre la
puerta de mi oficina caballerosamente y
me deja entrar para después cerrarla tras
de él. Mi ego no me permite lanzarlo
contra la pared para besarlo
salvajamente, arrancarle la camisa y…
¡Basta!
Se repite la misma situación: él y yo
en esta habitación, mi mente se llena de
sentimientos encontrados. Las ganas que
tengo de él, de sus manos de acero, de
sus labios de terciopelo, le dejan lugar a
mis ganas de hacerlo pagar por el largo
silencio. Después regreso a mi estado
inicial y fuera de abrazarlo, de
acurrucarme en sus brazos, nada tiene
importancia. Me ha hecho tanta falta.
¿Qué querrá decirme? ¿Saldré ilesa de
esta conversación? Mis pensamientos
me perturban mientras que él me
observa sin pestañear, sin pronunciar
una palabra. Su mirada está llena de
curiosidad, de inquietud también. Como
si supiera lo que le espera…
– ¿A qué debo la cortesía de tu
visita? Pregunto intentando mantener mi
dignidad.
– Te fuiste como si te hubieras
robado algo el otro día… responde
pasando la mano por su cabellera
rebelde.
– Tenías asuntos que arreglar con
Grace. Por cierto, ¿cómo está?, le
contesto sonriendo con hipocresía.
– No sabía que habías escuchado
nuestra conversación, fue hasta que leí tu
mail que entendí todo. Alma, lo siento,
nunca quise lastimarte…
Siento las lágrimas acumularse en
mis ojos y hago lo posible por
retenerlas. No quiero mostrarme
vulnerable, me niego a darle ese gusto.
– Alma, te juro que no lo sabía, dice
con suavidad.
– ¡Pensar que ella esperaba un hijo
tuyo me enfermaba! ¡Desde hace una
semana no dejo de imaginarlos juntos, y
creí que me volvería loca!, le grité
repentinamente fuera de mí.
– Grace no está embarazada, nunca lo
estuvo. Debiste hablar conmigo,
llamarme, te hubiera tranquilizado
inmediatamente. Desde el día siguiente
me confesó que no era cierto…
– ¿A quién habías escogido?
– ¿Perdón?
– Entendiste bien. Ella o yo, ésa fue
la pregunta ese día.
– Entre Grace y yo ya no hay nada.
– No juegues conmigo, Vadim. Antes
de que supieras que todo era una
mentira, ¿a quién habías escogido?
– ¡A nadie! Le dije que se calmara y
fui a buscarte a la habitación, pero ya no
estabas ahí. Creí que tal vez te habías
ido por que necesitabas… Un poco de
aire.
– ¿No pensaste que fuera Grace la
que me hizo huir?
– No, pensé que había sido yo. Ya
habías huido de mí una vez,
¿recuerdas?… Agrega en voz baja.
¡No quiero huir! ¡Te quiero a TI!
– Vadim, todo esto no me parece. No
sé si sería capaz…
– ¿Capaz de qué?
– De compartirte con otras mujeres.
– ¿Quién te ha dicho que hay otras
mujeres ademas de ti? Exclama
lanzándose sobre mí.
Creí que este momento no llegaría
jamás… Sus manos me toman de la
cintura y me atraen violentamente hacia
él. Sus labios se ponen sobre los míos y
no resisto más. Su lengua me acaricia,
siento el calor de su respiración y mis
miedos se disipan. Todo lo que necesito,
todo lo que deseo, me lo está
ofreciendo. Un abrazo a la vez tierno y
apasionado, que me dan ganas de más,
de todo. De luchar con todas mis fuerzas
para que este hombre atormentado,
obstinado, huidizo me pertenezca por
fin. A juzgar por lo que dice y por este
beso, Vadim King también está
dispuesto a luchar por mí. Por nosotros.
2. Aquí y ahora
Hacía tanto que no pasaba la noche
con él… Más de diez años han pasado y
la sensación me parece irreal.
Indescriptible… o casi. Después de una
agotadora batalla de cuerpos,
acurrucarme en sus brazos protectores,
sentir su piel de seda acariciando mi
espalda, su respiración en mi nuca, su
olor divino expandirse en mí mientras
caigo en un profundo sueño.
Simplemente una felicidad pura,
tranquilizadora, que me hace olvidar
todos los combates, todas las batallas
que tuve que pelear para llegar a este
punto.
Regreso de mis sueños y entreabro
los ojos. Son las 7:38. Veo por primera
vez a la luz del día la habitación
inmensa decorada con elegancia.
Teniendo cuidado de no despertar a mi
bello dormilón, me pongo a observar
todo. Alrededor de mí, los colores son
menos intensos, menos chillantes, como
si el fotógrafo le hubiera dado un efecto
sepia a sus negativos. Los muebles de
diseño le dan a la habitación un toque
retro, casi vintage. Las obras de arte
contemporáneas apenas resaltan, como
si estuvieran fuera de lugar. Lo dorado
se convierte en cobrizo, la plata
brillante se convierte en un metal
cubierto de pátina; examinando bien la
decoración se detecta un cierto aire de
nostalgia, de melancolía. Como la
impresión que se tiene al regresar a la
casa de infancia veinte o treinta años
después. O como cuando al llegar a una
pastelería, nos llega el olor de la tarta
que nuestra abuela horneaba. Esto me
regresa inevitablemente al pasado. A los
recuerdos que en realidad nunca me
dejaron y que, esta mañana, regresan a
mí como si hubiera sido ayer.
Hace doce años, Vadim me hizo
probar la libertad. Nuestras citas
clandestinas, nuestras escapadas
imprevistas, nuestros largos abrazos me
abrieron las puertas a un nuevo mundo.
Un mundo donde transgredir ciertas
reglas no estaba prohibido. Mis padres,
mis profesores siempre me mantuvieron
en una burbuja de moralidad, de
prejuicios. Mi primer amor me liberó de
mi jaula de oro, me inculcó el gusto por
el riesgo. A su lado, conocí el
estremecimiento que provoca el peligro,
y encontré la fuerza para expresarme.
Me dio una voz. En pocos meses, Alma,
la chica modelo, discreta y dócil se
convirtió en Alma, la joven mujer
ambiciosa, curiosa y atrevida. En esa
época, Vadim Arcadi me dio mucho más
de lo que le hubiera podido pedir. Hoy,
yo quería hacer lo mismo por él…
– Señorita directora adjunta, ¿qué
hace usted en mi cama?, pregunta mi
director general con una voz ronca y una
sonrisa perezosa en los labios.
¡Pensé que estaba profundamente
dormido! Me sobresalto y después, por
un impulso pudoroso me cubro el pecho
con la sábana. Mi reacción lo hace reír a
carcajadas, en cambio yo no encuentro
nada mejor que hacerle
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