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Tú y yo que manera de quererte – Volumen 3 – Emma Green

Tú y yo que manera de quererte - Volumen 3 - Emma Green

Tú y yo que manera de quererte – Volumen 3 – Emma Green

Descargar libro PDF Aún no logro asimilarlo. De nada
sirve recordar, analizar, recrear la
escena que se repite mil veces en mi
cabeza, no tiene sentido alguno. ¿Cómo
llegué hasta aquí? ¿Por qué Kate decidió
atacarme? ¿Cómo pudo Vadim dejarme
caer en picada para después verme
estrellar contra el suelo? Dejarlo a él de
lado por el momento y concentrarme en
el resto, fue lo único que pude hacer
para dejar de lamentarme. Meditar,
hacer un plan de acción, es lo que me
ayuda a respirar por ahora.
Hace ya tres días que dejé – más por
fuerza que por gusto – King Productions
y no tengo idea qué haré con mi vida.
¿Cuál será mi siguiente decisión? ¿En
qué dirección debo avanzar? ¿Debo
preocuparme por el futuro? Mi padre me
aconsejaría ir con la cabeza agachada
hasta la empresa, para disculparme con
quienes me despidieron tan
cobardemente. Mala idea.
En principio, porque aquello
confirmaría – sin ser verdad- sus
sospechas sobre mi lealtad. De igual
manera, tocar a la puerta de Skylight
Pictures serviría solamente para
demostrar mi culpabilidad. Ni pensarlo.
Entre otras cosas, porque tengo la
esperanza de que la inocencia de mi
hermana será demostrada y podré
unirme nuevamente a King Prod. Con
más razón, mi padre diría que no sé
cómo manejar las cosas. Que lo mejor
sería darles la espalda definitivamente,
pues el vínculo se había roto, la
confianza se había traicionado. Da igual,
hago caso omiso de las lecciones de
moral de Edward Lancaster. Tengo
demasiado que perder. Mandar el
trabajo de mi vida al diablo, sería sobre
todo mandar al diablo a su director
general. Vadim King, mi primer amor
que acabo de reencontrar. ¿Ver cómo
doce años de larga espera, de deseos sin
confesar se esfuman en un segundo? No
puedo ni imaginarlo.
Lily me juró – una centena de vecesmirándome
a los ojos, que no sabía nada
acerca del sabotaje. Nunca tuvo contacto
con ningún empleado de alguna empresa
rival, ni recibió dinero a cambio de un
extracto de Pretty Little Murders .
Aleluya. Nunca dudé de ella, pero para
ser honesta, escucharlo de sus labios me
tranquilizó bastante. Mi hermana a veces
tiene ideas o reacciones sorprendentes,
¡pero de eso a llevar a cabo espionaje
industrial hay una gran diferencia! Los
últimos tres días se ha hecho cargo de
mí, me consiente e intenta consolarme.
Se siente responsable y quisiera arreglar
todo. Clémentine y Niels también
dejaron todo por venir en mi ayuda.
Entre los cuatro hemos intentado
encontrar una solución entre copas de
chardonnay – leche para la futura mamáfondue
de chocolate y Häagen-Dazs.
Cliché, pero efectivo.
Extraño a Vadim. Su rostro, sus
manos, sus caricias, sus besos… Hasta
su maldita sonrisa retorcida que tanto
me exasperaba. No me defendió, debería
de odiarlo, detestarlo, pero es
demasiado pedir. Uno no deja de amar a
alguien en tres días, sobre todo cuando
se le ha amado desde siempre. Tengo la
sensación de haberlo perdido en
cuestión de minutos, inclusive segundos.
Y eso me destroza por dentro.
– ¿Quince llamadas perdidas? Alma,
estás loca, ¿por qué no le contestas?,
Clémentine me regaña viendo el nombre
de Vadim aparecer en mi teléfono.
– Porque es demasiado orgullosa,
suspira mi hermana dirigiéndome una
mirada de empatía. O porque tiene
demasiado miedo de lo que le va a
decir.
– ¡Si no le contestas, yo lo haré por
ti!, exclama mi mejor amigo quitándome
el celular.
– ¡Niels! ¡No! le digo, saltando del
sillón para abalanzarme sobre él.
– ¿Por qué? responden los tres en
coro.
– ¡Saben muy bien por qué! Me dirá
que todo acabó, que lo traicioné, que ya
no me quiere… mascullo reteniendo las
lágrimas.
– Puede ser. O tal vez te diga que a
pesar de todo lo que sucedió, no te
quiere perder. ¡Pero eso no lo sabrás si
continúas negándote a hablar con él!
– Sí, Niels tiene razón, sólo estás
prolongando tu agonía, Alma. Te haces
daño de a gratis, llámalo de una vez por
todas, así ya tendrás una respuesta
definitiva, dice tiernamente Clémentine.
– ¡Estoy de acuerdo! Toma, para que
tomes valor, añade Lily sirviéndome mi
enésima copa de vino.
El descenso a los infiernos de Alma
Lancaster: paranoica, soltera,
desempleada y dentro de poco
alcohólica…
No cedí ante la presión. Estaba
terriblemente tentada a hacerlo, pero me
contuve. No escuché sus mensajes ni le
regresé la llamada. Si tan sólo todo
pudiera arreglarse, si pudiéramos
recomenzar donde nos quedamos, sin
tener que discutir, que pelearnos. No
tengo fuerzas para hacerle frente, menos
para justificarme.
Sábado por la tarde: nadie alrededor.
Lily salió, Clémentine está con su
familia política, Niels dice tener gripa,
pero seguramente está con un nuevo
galán. No sé quién de ellos me envío
comida china, raviolis y tallarines para
seis personas; ni quién dejó la
temporada completa de Twin Peaks
sobre el mueble de la televisión, pero
estos detalles anónimos me confirman
que aunque sea a distancia, están
conmigo.
Nota mental: devolverles el favor.
El timbre suena justo cuando me
preparo para salir de mi baño hirviente
– la piel de mis dedos ya se está
arrugando demasiado. Intrigada por
descubrir la sorpresa que mis tres
mosqueteros han preparado, me
apresuro a salir de la tina casi
resbalándome. Una vez retomado el
equilibrio, me pongo una bata, seco mi
cabellera empapada y llego corriendo a
la puerta de entrada, dejando mis huellas
en el parquet encerado. Me obligo a
sonreír, casi me preparo para reír. Los
tres traviesos tienen demasiada
imaginación, así que espero una
sorpresa llena de colores. Espero todo,
menos él…
– ¡Carajo, sí estás viva!, gruñe Vadim
irrumpiendo en mi apartamento, sin
esperar a ser invitado a hacerlo.
– Sí. ¿Eso te decepciona? Le
pregunto con una voz agria, amarrando
el cinturón de mi bata.
Lo hizo a propósito. Traer puesto ese
saco gris que resalta la intensidad de sus
ojos, ese pantalón a la medida que
delinea sus largas piernas torneadas, ese
perfume hipnotizador que me hace
delirar.
– ¡Te empeñas en arruinarme la vida,
Lancaster! Me contesta acercándose a
mí.
«Lancaster»… Como antes…
Avanza mirándome fijamente, yo
retrocedo sosteniendo su mirada. Me
espero a escuchar su sentencia antes de
hacer lo que sea, antes de echarlo de
aquí o de lanzarme a sus brazos.
– ¿Qué es lo que quieres, Vadim?
Pregunto con una marcada animosidad.
– ¡Que dejes de desaparecer! ¿Cómo
puedes ignorarme después de todo lo
que vivimos? ¡Te llamé veinte veces en
tres días, y te dejé por lo menos diez
mensajes! ¡Me asustaste, pensé que te
había sucedido algo!, dice apretando los
dientes.
Estoy contra la pared. Literalmente.
Imposible escaparme, el cuerpo de mi
adversario me aprisiona, no tengo otra
opción más que bajar las armas. Pone
suavemente sus manos sobre mi cabello
mojado y se inclina para besarme, yo me
dejo llevar. Nuestros labios se tocan, se
acarician, se unen al fin, un
estremecimiento me recorre. Él suelta un
suspiro y la ira me domina. Lo empujo y
logro alejarlo de mí. Su mirada me
interroga y de golpe parece menos
seguro.
– No hagas eso, murmura. Por
favor…
– ¿Qué, Vadim? ¿Qué esperas de mí?
¿Que regrese a tus brazos después de lo
que me hiciste? ¡Kate me despidió frente
a ti y no hiciste nada! ¡Deberías estar de
mi lado!, le grito.
– Lo sé. Me equivoqué, no sabía qué
hacer, confiesa con toda honestidad.
– ¡Fuiste un cobarde, en verdad! ¡Yo
jamás hubiera dudado así de ti! Nunca lo
he hecho, ni siquiera cuando todo el
mundo me hablaba mal de ti…
– ¡Lo sé, no hay necesidad de
desenterrar los rencores del pasado!
Pero si hubieras querido hablar
conmigo, hubiéramos podido resolver el
problema antes. Te hubiera dicho desde
el día siguiente que tu hermana no había
hecho nada, que el verdadero culpable
fue descubierto.
Qué alivio…
– ¿Quién?
– Un empleado nuevo de distribución.
Enviado por los malditos de Skylight
Pictures.
– ¿Y por qué la agarró contra Lily?
– Porque era una presa fácil, la
última que había entrado a la empresa.
Utilizó su computadora para
incriminarla.
– Y funcionó…
– ¡No! Cuando Kate explotó, cuando
te fuiste, yo no sabía qué hacer. Pero
sabía que para hacerte regresar, debía
encontrar al verdadero espía. Eso era mi
prioridad. Mis hombres, que trabajaban
de incógnito desde el principio lograron
encontrarlo.
– ¿Hacerme regresar?
– Tu oficina te espera. Tus colegas
también. Creen que te tomaste unos días
por un… ¿Cómo se dice en francés?
¿Asunto personal?
– ¿Hablas en serio? le pregunto, sin
fiarme.
– ¿Parezco bromear? me responde,
con una sonrisa burlona en los labios.
– ¿Y Kate?
– Si no le parece, puede irse, dice
acercándose nuevamente.
– ¿Y nosotros?

Tú y yo que manera de quererte – Volumen 3 – Emma Green

– Nada ha cambiado.
– ¿Desde el principio o desde que
confirmaste que no te había traicionado?
– ¿Tú qué opinas? me dice,
atrayéndome hacia él.
– Hablo en serio. ¿Me habrías dejado
si Lily hubiera resultado culpable?
– No.
– ¿Si yo hubiera sido su cómplice?
– Sí. No hubiera soportado que me
traicionaras. Y además, tienes que
entender, Alma, mi empresa es mi vida.
No tengo familia y tengo pocos amigos
en quienes confiar. King Prod es mi más
grande orgullo, todo lo que he logrado,
no dejaría que nada ni nadie me lo
arrebatara.
– Creí que lo nuestro había…
terminado, murmuro con un nudo en la
garganta.
– No, esto apenas empieza, concluye
aprisionándome en sus brazos divinos.
– Vadim… No es tan fácil… ¡Tienes
que ganarte mi perdón!, río esquivando
sus besos.
– Cuando quieras, bebé, me susurra
con una voz lujuriosa.
¡Esa maldita sonrisa!
– ¡No hablaba de eso!, le contesto
sonriendo.
Hmm… Aunque…
¿Cómo decirle que no a quien me
conoce mejor que nadie? ¿Cómo
resistirme a su insoportable belleza, a su
inigualable encanto? Sé bien que soy
débil, que cedo demasiado rápido, y que
él sabe aprovecharse de eso… En este
momento, no importa nada que no
seamos él y yo. A ningún otro hombre le
hubiera perdonado esto; nadie podría
decepcionarme tanto sin perderme. Con
Vadim es diferente. Siempre lo ha sido.
Lo amo, y no hay nada que pueda hacer
al respecto.
Aun así, me daré a desear un poco…
Lunes por la mañana. Borrón y cuenta
nueva. Me dirijo a la oficina de Kate
Monroe con un poco de – muchodesasosiego.
Después de quedarse
conmigo todo el fin de semana
mimándome – y de haberse disculpado
sinceramente con Lily- Vadim me
aconsejó arreglar la situación con mi
jefa. Dejarlo todo en el pasado me
parece bien, pero antes que nada
necesito escucharla reconocer su error.
Conociéndola, eso no debe suceder
muy seguido…
– ¡Adelante!, exclama ella, apenas
toqué la puerta.
Entro y la descubro sentada en su
mesa de vidrio, con una taza de té en la
mano. Me echa un vistazo y se quita los
lentes para después levantarse
lentamente.
– ¡Alma, está de regreso!, me saluda
como si no hubiera tenido nada que ver
con mi partida.
Empezamos bien…
– Buenos días Kate, le contesto
simplemente.
– ¿Gusta sentarse? Me pregunta con
su acostumbrado acento terrible.
– No, quisiera poner las cosas en su
lugar.
– Alma, parece enojada, comenta un
poco condescendiente.
– Tengo mis razones, ¿no le parece?
– Me apena haber culpado a su
hermana, termina confesando con un
tono avergonzado.
– ¿Y de haberme despedido?, agrego
conteniendo una sonrisa.
Estaría mal regodearse…
– Igualmente. Aunque técnicamente
no fue un despido real.
– No firmé nada, no recibí mi
liquidación, pero me despidió…
– Alma, me dejé llevar por el enojo,
pero es mi trabajo tomar decisiones
difíciles. No tengo nada en contra suya,
pero King Productions es mi prioridad.
– ¿Nada en contra mía? ¿Está segura?
– No estoy muy de acuerdo con su
relación con nuestro director general,
pero a mí eso no me compete. No se lo
diré a nadie; sé guardar un secreto, pero
eso no significa que sea su amiga ni su
madre. Mientras que nos apeguemos
estrictamente al trabajo, todo estará
bien.
– Entendido, contesto sin convicción.
– Skylight Pictures no se nos quitará
de encima tan fácilmente. Debemos
hacerle frente.
– Buena idea. Y por eso, deberíamos
empezar por ser solidarios en lugar de
destrozarnos entre nosotros mismos,
ironizo antes de irme.
¡Dicho esto, que tenga un excelente
día, sra. Directora!
¡Salida inminente hacia L.A.! Vadim
decidió no volver a separarse de mí… y
yo no me puedo quejar. Hemos pasado
todas las noches juntos desde nuestra
reconciliación – para gran felicidad de
mis mejores amigos, por fin libres- y ya
me acostumbré a esta dulce
promiscuidad. Saberlo lejos y sin mí me
habría resultado una tortura. El destino
hizo bien las cosas: Kate, quien debía
hacer este viaje, está retenida en Paris.
Por lo tanto, yo tendré que remplazarla
para supervisar el casting de French
Kiss, un proyecto que me es muy
importante y que será filmado en
Francia.
A pocas horas de volar a los Estados
Unidos, no puedo contener mi emoción.
Este viaje profesional será como un
regreso al inicio. Ahí conocí a Vadim,
en la UCLA. Fue en un salón de clases
donde todo comenzó. Cuando Abrams,
nuestro brillante profesor se ensañó con
el rebelde de la clase y lo obligó a
hablarme, sentí el corazón como si
latiera por primera vez. Mi vida cambió
por completo. Arcadi – como lo
llamábamos – era magnético, inteligente,
solitario, casi peligroso. Y mucho más
que eso…
¡Obviamente, mis padres tenían que
escoger esta fecha tan importante para
visitarme de improviso! Oficialmente,
vinieron a ver a Lily, su bebé que
siempre necesita que la agarren de la
mano para todo. En realidad, vinieron
por mí. Para verificar que su hija
modelo no se deje pervertir por el
malévolo millonario. Para advertirle del
gran peligro que representa L.A.
Acabo de anunciarles que Vadim y yo
estamos nuevamente juntos y no hay
nada que puedan hacer al respecto. Mi
padre, que siempre está un paso
adelante, ya había preparado su ataque.
Me puso en frente una revista de
espectáculos, y en la portada «May Sim
y su King». Una buena disputa estalló,
seguida de una tregua. Una vez aclarado
el tema, y mis padres más tranquilos,
puedo concentrarme nuevamente en mis
preparativos. Mientras que mi madre,
inclinada sobre mi maleta, intenta
llenarla con pantalones y sacos, yo
amontono vestidos cortos, sandalias,
trajes de baño…
La deliciosa sensación de salir de
vacaciones.
Mi jefe me avisa que me espera abajo
de mi edificio justo en el momento en
que mis padres están a punto de irse. Un
desencuentro de lo más peligroso. Yo
quería evitar a toda costa que se
encontraran, pero ahora es imposible…
En tiempos anteriores, Edward
Lancaster no era el mayor admirador de
Vadim Arcadi.
Y vice versa…
¿Llegarán a un acuerdo después de
doce años? No es muy probable. Como
sea, el encuentro está a punto de suceder
y espero lo peor. Sobre todo por parte
de mi padre, famoso por sus
comentarios mordaces. Y por parte de
Vadim, famoso por sus respuestas
cortantes. Salimos del inmueble –
camino nerviosamente detrás de ellos- y
somos recibidos por el sr. King y su
chofer. Éste último nos saluda
rápidamente y toma mis maletas para
meterlas en el automóvil. Lanzo una
mirada de angustia a mi enamorado, a
fin de hacerle entender que no fui yo
quien planeó este encuentro. Y que
lamento profundamente lo que está por
suceder…
– Sr. Y sra. Lancaster, ¿cómo están?,
pregunta cortésmente Vadim mientras yo
respiro con dificultad.
– Buenas tardes Vadim, cuento con
usted para cuidar a nuestra Alma,
responde mi madre sin maldad.
– Sr. Arcadi. Bueno, sr. King si
entendí bien… ¿no es un poco
pretencioso?, lo interroga
maliciosamente mi padre.
– Es el apellido de soltera de mi
madre… Jane Howard King, responde
mi apuesto estadounidense, con la mayor
calma del mundo.
¿Cómo puede mantener la calma?
Mi madre parece enternecida por esta
revelación. Mi padre no sabe qué
responder. Aprovecho este momento de
vacilación para cambiar de tema.
– Vamos, Vadim, a esta hora
encontraremos mucho tráfico, le digo,
despidiéndome rápidamente de mis
padres.
– Alma, espera. ¿En qué hotel te
podremos localizar?, me cuestiona mi
padre.
– No iremos a un hotel, se quedará
conmigo, responde inocentemente
Vadim, como si nada pasara. Puedo
darles mi dirección si lo desean…
¡No están nada de acuerdo! ¡Lo
sabía! ¡Esos dos son incapaces de
aparentar sus emociones!
Mi madre felicita a Vadim por su
acento, mientras que yo veo una mezcla
de estupor y molestia en el rostro de mi
padre. Se reprime, pero sé bien que
nuestra próxima llamada será… tensa.
No importa, tomo a mi jefe por el brazo
y lo invito a acompañarme al carro. Me
despido de mis padres con un gesto y me
meto. Una vez cerrada la portezuela y
encendido el motor, reímos como niños.
¡Al fin libres!
2. Regreso al origen
Una camioneta 4×4 de marca alemana
nos recibe al bajar del jet. Estamos a
mediados de octubre, la temperatura es
de más de 20 grados en la noche: es
evidente que acabamos de aterrizar en
L.A. Durante el corto trayecto que nos
lleva hasta las afueras chic y seguras de
Calabasas, dormito un poco entre los
brazos protectores de Vadim. Las once
horas de vuelo no fueron muy relajantes
que digamos… Después de la discusión
con mis padres y del programa infernal
que nos espera, dejamos por un
momento las cosas serias a un lado.
Comimos una hamburguesa gigante
viendo la última película de Woody
Allen, brindamos por todo y sobre todo
por nosotros, dormimos un poco, y le
dimos un buen uso a nuestro tiempo a
solas… una y otra y otra vez. Mi jefe y
yo le dimos rienda suelta a nuestra
pasión. Mientras su avión privado nos
llevaba por el Atlántico, era él quien me
hacía tocar el cielo, varias veces.
Una fantasía cumplida…
– Bienvenida a mi humilde morada,
dice Vadim irónicamente, mientras me
quedo perpleja observando alrededor.
– ¿Humilde? No es exactamente lo
que yo diría…
– Acogedora, si así lo prefieres,
corrige dirigiéndome una sonrisa
irresistible.
¿Acogedora? Tampoco…
Estoy sorprendida, estupefacta,
incapaz de moverme. Mi amante risueño
me toma por la mano y me invita a
seguirlo- sin tropezar. La obra
arquitectónica que ahora admiro cuenta
con casi quinientos metros cuadrados de
construcción y parece sacada de una
película futurista. Es casi la una de la
mañana y a pesar de la penumbra, no hay
detalle que se me escape. Al exterior, la
villa ultra moderna está constituida por
bloques con fachadas inmaculadas y
ventanales gigantes. Está rodeada de un
inmenso terreno arbolado y
perfectamente iluminado, al cual se
puede acceder por un enorme portón de
hierro. En un extremo de la casa se
encuentra una gran terraza desde donde
se puede admirar una piscina natural con
forma de lago exótico, rodeado de
vegetación abundante.
– Todo esto… para mí sola, murmuro
con exageración.
– Sí, pero eso puede cambiar…
– ¿Qué quieres decir?, pregunto
riéndome.
– Alma, lo mío es tuyo, afirma
mientras me besa el cuello. ¡Vayamos
adentro!
Un poco atontada por lo que acabo de
escuchar, lo sigo sin oponer resistencia,
tratando de controlar mis movimientos.
La pesada puerta de entrada se abre
frente a nosotros y un rostro sonriente
aparece. Una joven de unos 25 años,
vestida con un vestido azul marino muy
sobrio nos recibe cortésmente.
¿Qué hace ella aquí?
¿Celosa, yo?…
– Alma, te presento a Abigail, la
encargada del lugar, me explica él en
inglés, mientras sonríe calurosamente.
– ¡En otras

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