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Tú y yo que manera de quererte – Volumen 4 – Emma Green

Tú y yo que manera de quererte - Volumen 4 - Emma Green

Tú y yo que manera de quererte – Volumen 4 – Emma Green

Descargar libro PDF Respira, Alma. Deja de llorar, vas a asfixiarte.
– …
– Cálmate, intenta analizar la situación con la mente fría, me anima Clémentine con una voz
maternal. ¡Probablemente nada de eso sea verdad!
– ¿Y si lo es?, pregunto yo al otro lado de la línea. ¿Y si en verdad lo hizo?
Llevo más de 20 minutos encerrada en los baños de King Productions. Desde que el mail de
Maximilian cambió mi mundo por completo. Ojalá hubiera sido el tipo de cambio que te hace sonreír
y sentir mariposas en el estómago, pero no. Más bien, de los que te dejan sin aliento, te destrozan y te
matan un poco por dentro. «¡Vadim King y May Sim se comprometieron!». Alma Lancaster dice
«¡No, por favor, no!»…
– Respira, querida… me pide Clémentine en un tono más alto.
– ¿Cómo quieres que analice esto con la mente fría? ¡Acabo de descubrir que se va a casar! Con
su Barbie de silicona…
– ¡Ve a verlo!, dice mi mejor amiga, como si no lo hubiera pensado ya mil veces.
– ¡No sé en dónde está, no ha venido a la oficina desde mi cumpleaños y no contesta ninguno de
mis mensajes!
– ¿Está en París?
– Según lo que me dijo Kate esta mañana, sí… contesto llorando.
– Ok. ¡Búscalo en su hotel!
– Tengo tres reuniones demasiado importantes hoy, ¡estaré ocupada hasta la noche! La pesadilla
apenas comienza…
– Eso te obligará a pensar en otra cosa que no sea él… Eso te ayudará, Alma.
– ¿Bromeas? ¡Será el peor día de mi vida!
– Bloquea esos pensamientos y concéntrate en tu trabajo. Y esta tarde irás a buscarlo, y lo
obligarás a hablar contigo. Tiene que decirte toda la verdad, sin esquivar tus preguntas, ¡Tienes que
mantenerte firme!
– Clem, ¿Crees que en verdad se haya comprometido?, pregunto de nuevo sintiendo las lágrimas
correr.
– No lo sé, querida. Lo único que sé es que lo amas demasiado, a tu Vadim King… suspira con
tristeza.
El día se pasa muy lentamente. Intenté reprimir los impulsos de ira y tristeza que se mezclaban en
mi cabeza, Recordar los consejos de mi mejor amiga. Sonreír amablemente a los inversionistas, a
mis colegas, a mi jefa. Comportarme como una profesionista eficaz hasta que sea de noche. Según el
comportamiento –normal- de los demás, creo que logré mantener esta fachada. Por dentro estoy
completamente perdida, con el estómago hecho un nudo, las neuronas agitadas y el corazón roto.
Imprimí el famoso artículo antes de dirigirme a su palacio. No sé por qué, sólo sentí que
necesitaba hacerlo. Tal vez para poder echárselo en cara desde mi llegada. O para impedirle que lo
niegue y que juegue con mi mente. Podrá decirme lo que quiera, intentar engatusarme, tergiversar la
situación, pero nada de eso le funcionará. Mientras que tenga el artículo en la mano, no habrá nada
que pueda hacerme cambiar de opinión.
Primero tiene que estar en su hotel…
El mayordomo me ha visto entrar ya un millón de veces en este lugar excesivamente lujoso; me
saluda cortésmente y me abre la puerta del ascensor. Llego al último piso sin dificultad. Bueno no.
No puedo respirar. No sé lo que me espera, pero estoy decidida. Tengo que saber. Merezco saber la
verdad.
Paso la mano por mi cabellera nerviosamente antes de tocar la puerta. Es ridículo. Verificar que
mi peinado esté perfectamente acomodado no debería estar entre mis prioridades ahora. Al igual que
no sé qué me hizo revisar mi maquillaje antes de venir aquí; ni abrir mi cajón de emergencias para
cambiarme el traje sastre negro por un vestido verde esmeralda que llama demasiado la atención –
aun cuando se encuentra medio cubierto por mi abrigo entallado.
Me deja y se compromete cinco días después, así que yo tengo derecho a irrumpir en su suite
vestida y arreglada para quitar el aliento.
¿Quién soy? ¿Qué le pasó a Alma?
Escucho pasos acercarse a la puerta. Un caminar masculino sin duda. Es él. Está aquí. No lo
puedo creer.
– Tengo que hablar contigo, le digo cuando lo veo aparecer, entrando por la fuerza a la habitación.
Apenas lo miro, para no dejarme vencer por su belleza. Evito verlo a los ojos,
así no habrá forma en que me deje llevar. Me conformo con haber entrado sin que nadie me
invitara a hacerlo. Suelta un suspiro de sorpresa – o de frustración – y me imagino que me sigue hasta
la sala.
– Alma…, dice él con un tono prudente.
– No, esta vez seré yo quien hable. Tú escucharás.
Acabo de gruñirle estas palabras, con el corazón a punto de salir de mi pecho, y la mirada fija en
el suelo. No llorar es mi objetivo principal. Vadim no protesta y deja que pase a la defensiva. Saco
la hoja de mi bolsa y se la muestro. Un solo vistazo a la foto de la pareja «feliz» me es suficiente
para comenzar. Lentamente. Por ahora.
– ¿Tienes algo que decirme?, le pregunto entregándole el artículo.
Esta vez, lo veo a los ojos sin desviar la mirada. Él voltea a ver la hoja. Ninguna reacción.
¡No es posible! ¡No es humano!
Su mirada regresa a clavarse en la mía, sin que pueda descifrar lo que expresa.
– ¡Explícate!, le grito.
– ¿Qué es lo que quieres saber?, pregunta con calma, recargándose contra el muro.
– ¿Tú qué crees? ¿Es cierto? ¿Le entregaste el anillo?, estallo.
– No… murmura.
– ¡No te creo! ¿Dónde está ella? Debe de estar aquí, escondida en algún lugar, observando el
espectáculo, ¿no es así? ¡Quiero felicitar a tu estrellita de Hollywood!, profiero mirando a todas
partes.
Parece crisparse, fruncir el ceño, entrecerrar los ojos, pero sigue sin pronunciar una sola palabra.
Persuadida de que May Sim se encuentra en la suite, me lanzo como loca en su búsqueda a la primera
habitación. Nadie. Segunda habitación. Nadie. Comedor, vestidor, estudio, baños: ¡nadie! Termino
regresando al lugar por donde comencé, un poco humillada por mi arranque de histeria, mi
impulsividad. Él permaneció inmóvil todo este tiempo. Siempre inmutable, recargado contra la
pared, con los brazos detrás de la espalda. Sus piernas están cruzadas y mira sus pies.
Si no te odiara en este momento, me estaría derritiendo literalmente…
Sus ojos grises voltean a verme de nuevo, y una sonrisa se dibuja en sus labios. No es de
felicidad. Más bien es de molestia, inclusive empatía.
Le causo lástima. Perfecto…
– Tal vez deberías marcharte, dice en voz baja, sin maldad.
– Vadim, ayúdame a entender…, murmuro conteniendo las lágrimas.
– Ese artículo sólo dice estupideces. No me comprometí con nadie. Y mucho menos con May Sim,
replica él.

Tú y yo que manera de quererte – Volumen 4 – Emma Green

– Pero… ¿y la foto?
– Retocada. Reconozco que hicieron un buen trabajo, pero es falsa Alma, nada más.
– ¿Lo hiciste para vengarte? ¿Para lastimarme?, le pregunto con la voz temblorosa.
– Si me crees capaz de hacer eso, no me conoces en lo absoluto, dice suspirando ruidosamente.
Seguramente es May quien se encuentra detrás de todo esto, imagino que quería que hablaran de ella.
Mis abogados ya están trabajando en el caso, la verdad saldrá a la luz.
Su tono es frío, distante. Ni un atisbo de emoción, de ternura se deja entrever en su discurso
rígido. Como si estuviera dando una declaración en una rueda de prensa, rodeado de periodistas y
dirigiéndose a una cámara.
Ok, fue una nota falsa. Pero… ¿y nosotros?
– Vadim, lo siento… me derrumbo entre lágrimas. Perdí la cabeza, debí haber confiado en ti…
– Al parecer la confianza no te es muy conocida, me dice cruelmente.
– Ya no más secretos, ni mentiras, ¡te lo juro! Debí haberte dicho todo acerca de Raphaël y el
bebé, pero quería olvidar todo eso. No volverá a suceder, ¡no volveré a esconderte nada! ¡Dame otra
oportunidad, la última!, le suplico acercándome a él.
Mis manos intentan llegar a su rostro, pero son interceptadas por las suyas. Soñaba con
derrumbarme en sus brazos, aspirar el aroma divino que se escapa de cada uno de sus poros, pero el
hombre que amo me rechaza. Delicadamente, sin hosquedad.
– Alma, necesito un tiempo. Para pensar…
– No, ¡lo que necesitas es estar conmigo! No podemos vivir el uno sin el otro, lo intenté, ¡y resultó
imposible!, sollozo.
– Intenta de nuevo. Ya lo verás, uno termina por acostumbrarse…
Finalmente puedo leer las emociones en su rostro. Hace referencia a nuestra ruptura hace doce
años, cuando lo dejé de un día para otro, sin advertencia ni explicación. «Acostumbrarse» No creo
que sea posible.
– No quiero intentarlo, Vadim. ¡Es demasiado difícil vivir sin ti!, balbuceo patéticamente.
– Alma, dame tiempo.
– ¿Cuánto? ¿Un día? ¿Una semana? ¿Un mes?
– No lo sé, por ahora necesito que te vayas…
Creo haber escuchado que la voz se le quebraba un poco. Una tristeza ahogada, un deseo
enmascarado. Mi corazón se rompe un poco más con cada segundo que pasa, y me doy cuenta que
tiene razón. Extiendo las lágrimas en mis mejillas al intentar secarlas con mi mano, le dirijo una
última mirada, y me voy sin decir nada más. ¿Para qué obstinarse? Todo ha sido dicho.
Hace ya casi una semana que no hemos hablado. No realmente. Hemos intercambiado un par de
palabras en reuniones, cifras, balances… eso no cuenta. Sin importar que lo vea a diario, huela su
loción, escuche su voz cálida y viril; vea cada vez más rabia, tristeza o deseo en su mirada cuando se
dirige a mí en público, lo extraño sin mesura. Su sonrisa traviesa, su mirada intensa, sus manos
aventureras, sus labios insaciables….
¿Soy masoquista o qué? ¿Por qué sigo pensando en todo eso?
Porque es lo único que importa…
Son casi las 9 de la noche cuando Maximilian irrumpe en mi oficina interrumpiendo bruscamente
el hilo de mis pensamientos. Ese hilo que había comenzado en Vadim y ahora termina en Maximilian.
Que me desespera, me deprime y me mata lentamente… Me siento más sola que nunca.
– Alma, ¿trabajando horas extra?, pregunta el asistente entreabriendo la puerta. ¿Puedo molestarte
dos minutos?
– Sí, pasa. ¿Qué sigues haciendo aquí?
– Me dejaron plantado… Y quería consolarme con esto…
«Russian Standard» : es la marca de la botella de vodka que me pone en frente. Coloca dos vasos
en mi escritorio y comienza a servir el líquido.
– Alcohol ruso… Qué irónico, digo sin pensarlo.
¡Maldita sea, contrólate! ¡Él no sabe nada del pasado de Vadim!
– ¿Irónico? ¿Por qué?, pregunta con un tono curioso.
– No, nada. ¿Cómo se dice en ruso? ¿Na zdrowie?, digo alzando mi vaso.
– ¡Na zdrowie !
Los minutos, las horas pasan y nosotros seguimos consumiendo el líquido embriagante.
Maximilian me cuenta más sobre su vida, su difícil infancia, su falta de estabilidad y de
oportunidades hasta encontrar este trabajo de asistente que lo «puso de nuevo en el buen camino». Yo
que lo veía como un niño mimado – por no decir malcriado – por la vida, pero estaba visiblemente
equivocada. Debería desconfiar de él y su sonrisa angelical, pero mi estado actual no me lo permite.
La confianza que él ha tenido en mí derrumba mis barreras, y entre más tomo, más se me afloja la
lengua.
– Yo digo que el pasado de las personas no se refleja siempre en su rostro. Tú eres el claro
ejemplo de esto, Max. Al igual que Vadim…
– Eso confirma mis sospechas. Siempre creí que el Sr. King tenía una historia complicada…
– Sí… una doble cara… Suntuosa y maléfica, bromeo embrutecida por el alcohol.
– Un poco como El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde, ríe él llenando nuevamente su
vaso.
– ¡El cautivador caso del millonario King y del rebelde Arcadi, más bien!, le contesto
arrepintiéndome inmediatamente de mi estupidez.
¿¿¿En verdad acabo de decir… Arcadi???
– ¿ Arcadi? Nunca había escuchado hablar de él, medita Maximilian en voz alta.
¡Arregla la situación! ¡Rápido!
– Lo confundí, estaba pensando en un personaje histórico, un guerrero rebelde… improviso.
– Ah… Ok. Entonces el señor King era un rebelde…
– ¿Te sorprende? ¿Quién no lo es a los 20 años?
Ahora mis mejillas están escarlata, intento retomar la compostura, seguir la plática como si nada
pasara, como si no acabara de revelar un dato tan importante del pasado de Vadim. Max tiene que
olvidar el nombre que pronuncié, tiene que seguir bebiendo… Y yo tengo que dejar de hacerlo.
Inmediatamente.
Una hora más tarde, me subo a un taxi e intento tranquilizarme observando las calles luminosas de
Paris. Maximilian bebió demasiado como para poder recordar algo. Solamente pronuncié Arcadi una
vez en más de tres horas de conversación, y después logré encontrar una excusa sólida. No recordará
ese apellido. Vadim nunca se enterará de lo sucedido. Y no se volverá a repetir: pienso distanciarme
de su asistente a partir de ahora. Su curiosidad es demasiado grande, y mi boca demasiado
impredecible…
Viernes por la tarde. Clémentine y Yann me invitaron a un restaurante, Niels a un bar, Sophie a
una sesión nocturna de aquabiking, pero rechacé sus invitaciones con el pretexto de tener migraña.
Clásico. Me preparo para pasar una agradable noche frente a mi televisor, cuando Lily se planta
frente a mí, con las manos en la cadera como una madre enfadada.
– Alma Lancaster, ¡me rehúso a verte pasar el fin de semana de antisocial!
– No estoy de antisocial, pasaré la tarde con Scorsese. Clarence me prestó su DVD de
Goodfellas, le respondo sin ganas de discutir.
– Sí, ¡nuevamente una película de gangsters ultra violenta! ¿No quieres distraerte haciendo otra
cosa? Como, no sé, salir…
– No quiero.
– Bueno, o si no, ¿ya viste la noticia del día? May Sim ya encontró una nueva presa, un actor de
televisión, dice ella sonriendo de oreja a oreja.
– Lily, ¿en verdad tenemos que hablar de eso?, refunfuño.
– Pensé que estarías contenta de saber que ya no está tras tu novio…
– No es mi novio, ¿recuerdas?, le contesto con una mueca que la haga entender que debe cambiar
de tema.
– ¡Hablando de novios! ¡Creo que Basile está saliendo con alguien!
– ¿Con quién?
– ¡Justamente, esa es la pregunta del millón de dólares! Lo escuché dándole serenata a alguien por
teléfono; cuando me vio colgó de inmediato y se negó a hablar de eso…
– ¿Crees que sea algo serio?
– Sí, ¡se ve enamorado!
– ¿Basile enamorado y tú soltera? ¿Quién lo diría?, río delicadamente.
– Alma… Ve a ver a Vadim. Tal vez ya pensó bien las cosas… me sugiere con timidez.
– Muero por hacerlo pero no me atrevo. Tengo demasiado miedo de que me diga que ya no me
quiere…. confieso con un nudo en la garganta.
– No creo que lo haga. ¡La tortura ya duró bastante! ¡Si no haces algo al respecto, lo tendré que
hacer yo por ti!
– Mañana. Lo hare mañana.
– No, ¡hoy mismo! ¡Anda, vete a cambiar!, exclama Lily animosamente y obligándome a dejar el
sofá.
– ¿Y si no está ahí? ¡No creo que se quede encerrado en su hotel un viernes por la noche!, me
rebelo después de haberla seguido.
– Lo esperarás en la recepción entonces. ¡Hasta que regrese! ¿Entendido, Lancaster?, ordena
entregándome la ropa que usaré.
– Nada sexy, Lily. Con unos jeans bastará.
– Sí, ¿y luego, qué? ¿Dos colitas, un babero y tus Moon boots?
Inútil resistirse… Mi hermana, ese adorable tirano…
Estoy igual de asombrada que él cuando la puerta de madera obscura se abre y nuestras miradas se
encuentran de frente. Ese gris sutil, lleno de matices… Podría perderme en él durante horas. Vadim
me dirige una sonrisa discreta y se aparta para abrirme el paso. Me deja entrar. Suspiro de alivio.
Con un paso ligero, se dirige al bar y saca una botella de whiskey. Me ofrece un trago con la cabeza,
yo lo rechazo con un gesto de la mano.
Nunca más tomaré alcohol…
Ni una palabra ha sido pronunciada. Observo a mi jefe tomar su bebida desde lejos. Viste un
pantalón claro, hecho a la medida, una camisa blanca arrugada, parcialmente abotonada, está
descalzo y sin peinar. Creo que lo acabo de despertar. Apenas son las 10 de la noche.
– ¿Estabas dormido?, pregunto finalmente, rompiendo nuestra burbuja de silencio.
– Sí. No puedo dormir en la noche… Tengo un insomnio terrible…
¿Él también?
– Si te molesto, puedo…
– No, quédate.
– ¿Seguro?
– Alma, no te vayas.
La mirada que me lanza me conmueve. Está llena de emoción, de dulzura, de vulnerabilidad.
Después desvía la atención y respiro nuevamente. Toma un segundo trago, haciendo un gesto ligero y
regresa el vaso a la superficie de mármol del bar.
– Te ves muy bien. ¿Vienes de una cena? ¿Vas a una fiesta?, me interroga examinando mi
vestimenta.
– No. Lily… explico escuetamente, abriendo un poco los brazos.
Comprende, sonríe y se muerde el labio. Tercer trago.
– ¿Sí pudiste pensar bien las cosas?
Le pregunté sin pensarlo. Vine para obtener respuestas, no para enamorarme de él una y otra vez.
Necesito salir de este estado de torpeza, dejar de admirarlo y de amarlo un poco más con cada
segundo que pasa. Su belleza me asalta, su aroma me embriaga, su actitud me intriga, me vuelve loca.
No creo poder soportarlo. Sobre todo si su respuesta no me conviene. Si me dice que todo terminó
entre nosotros.
– ¿Qué quieres que te diga, Alma? ¿Cómo se supone que te voy a dejar de amar?, responde
subiéndose las mangas para tratar de disimular su tristeza. Llevo doce años intentándolo y nunca lo
he logrado. Formas parte de mí, me obsesionas, me atormentas día y noche…
Las mariposas en el estómago regresaron. Vuelan, baten sus alas y juguetean en mis entrañas. Se
siente bien. Más que eso. Se siente tan bien que duele. Me acerco lentamente, con sigilo. Permanezco
inmóvil, con sus penetrantes ojos fijos en mí, analizando cada uno de mis movimientos.
– Me amas, te amo… ¿por qué luchar?, murmuro frenando mis impulsos.
– Demonios, ¿qué me has hecho? ¿Por qué tienes tanto poder sobre mí?, gruñe tomando un cuarto y
último trago.
– No lo sé… brujería tal vez… respondo, ahora a tan sólo un metro de distancia.
– Maldita brujería… Me arruina la vida… susurra él entre dientes.
– Maldita brujería… Me vuelve loca… Por ti… murmuro contra sus labios.
De golpe, la habitación se pone a girar a nuestro alrededor. Sus manos me toman por la cintura y
me aprietan contra su torso musculoso. Sus labios se entrecierran sobre los míos, su lengua me
acaricia con suavidad y brutalidad a la vez. El olor a whiskey se expande rápidamente en mi boca,
sobre mi piel, enciende mis sentidos. Intento mantener los pies sobre la tierra, para saborear cada
uno de sus besos, de sus intrusiones. Gimo al sentir sus manos ávidas hundirse en mi espalda. Él
gruñe cuando desabrocho el botón de su pantalón.
Estábamos perdidos y nos volvimos a encontrar. La brujería venció ahí donde la confianza había
flaqueado. En los brazos de mi amante, estoy dispuesta a olvidarlo todo, a no volver a dudar, a
deshacerme de las lágrimas e insomnios, a aceptar la más tierna, la más apasionada de las apuestas.
2. La sorpresa
– ¡Pasaste un excelente fin de semana! Me alegra que me mantengas al corriente… ironiza
Clémentine estudiando mis gestos.
Esta maldita sonrisa que se niega a borrarse de mis labios…
Lunes, 7 de la tarde. Mi mejor amiga acaba de irrumpir en mi oficina y me fusila con la mirada,
aparentemente molesta porque la ignoré durante dos días.
– ¡Te llamé diez veces! ¡Creí que algo te había pasado!
– Lo siento Clem, ¡juro que te iba a contar todo esta tarde! Estaba con…
– ¡Ya sé! Con Vadim. Como siempre. Lily sí contesta

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