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Tú y yo que manera de quererte – Volumen 5 – Emma Green

Tú y yo que manera de quererte - Volumen 5 - Emma Green

Tú y yo que manera de quererte – Volumen 5 – Emma Green

Descargar Tú y yo que manera de quererte – Volumen 5 PDF De regreso a la misma rutina: tráfico, trabajo, dormir. Vadim no ha parado desde su regreso a
París. Obsesionado por su persecución del «grande y malévolo Monkov», sólo me dedica muy poco
tiempo. Nos dedica. El director de Skylight Pictures – y probable asesino – ocupa el primer lugar en
los pensamientos de mi amante. No podría reprocharle el querer vengar la muerte de sus padres. Su
búsqueda de justicia se ha vuelto más una cuestión de honor. ¿Pero es mucho pedir un poco más de
transparencia? Vadim no habla mucho últimamente, y no creo que eso llegue a cambiar. Al parecer si
no me revela nada acerca de sus idas y venidas, de sus citas misteriosas con hombres aún más
inquietantes, ni de las llamadas que recibe a mitad de la noche, es simplemente para protegerme. ¿De
qué? Aún no lo sé. Un beso robado, una ligera sonrisa o una mirada de preocupación y la discusión
se acaba.
Lo admito, no dejo de darle vueltas a lo mismo en el momento en que Basile – extrañamente de
muy buen humor – se encuentra conmigo en frente de los Dragons Élysées deslizándose sobre la capa
fina de hielo de la acera congelada. Somos como dos niños pequeños, impacientes por descubrir el
nuevo restaurante sino-tailandés, conocido como uno de los más extravagantes de la capital. Como un
perfecto caballero – lo cual no es – mi hermano abre la puerta y me deja entrar en este acuario
gigante. Bajo nuestros pies, peces con escamas centelleantes anaranjadas y doradas nadan
alegremente al otro lado del vidrio, iluminado por una luz azul. Fascinante.
El lugar está abarrotado, ¡qué bueno que tenemos reservación!
– Tengo una hora exacta para comer, ¡ni un minuto más!, me advierte Basile sentándose en nuestra
mesa.
– Igualmente. Tengo una reunión con mi jefa a la 1:30, así que yo estoy más presionada que tú.
– Yo creía que todos hacían como que trabajaban en tu empresa de cine, bromea él observando la
carta.
– ¿En verdad quieres que yo empiece con el tema de la inmobiliaria?, lo amenazo con una sonrisa
de hipocresía.
– No, mejor hablemos de otra cosa. Lily me dijo que últimamente duermes muy seguido en tu casa.
¿Tienes problemas con tu millonario?, retoma sonriendo.
– No te emociones tanto, Basile. Vadim – por cierto, ése es su nombre – está muy ocupado, es
todo, replico.
– ¿Y? No me estás diciendo todo…
– Y eso no te importa en lo absoluto, pero tiene una sorpresa para mí esta tarde. No sé lo que me
espera, pero si te interesa, te informaré todo después. Ya sabes, con todos los detalles sucios… digo
con ironía.
– No, muchas gracias, bromea él con una mueca.
Comemos dimsum, camarones picantes, curry verde y postre; arrullados por el ruido de las fuentes
y el murmullo de las mesas vecinas. Observo a mi hermano varias veces, sorprendida por la
serenidad que emana. Nuestras comidas juntos generalmente parecen un encuentro de box…
¿Qué es lo que me esconde?
– Basile… canturreo ligeramente, levantando las cejas.
– ¿Qué? ríe él repentinamente, a punto de sonrojarse.
– Te ves diferente.
– ¿Diferente para bien?
– Sí.
– Mejor, exclama él robando comida de mi plato.
Bloqueo sus palillos con ayuda de los míos, decidida a hacerlo hablar.
– Dímelo todo. ¿Es Niels el que te cambió el humor?
Mi hermano fue tomado por sorpresa, su risa franca y gutural resuena en todo el restaurante.
¡Tocado!
– No se te puede esconder nada, ¿verdad?, agrega tomando un sorbo de Singha, su cerveza
tailandesa favorita.
– ¿Entonces?
– Creo que estoy enamorado… termina por confesar suspirando. Hacía mucho que no me pasaba.
– De mi mejor amigo, digo en voz alta, como tratando de convencerme a mí misma.
– De tu mejor amigo, confirma Basile. Niels Duval… Créeme, no estaba previsto. Y ya sé lo que
vas a decir ahora… Me vas a amenazar.
– Sí. No lo lastimes, o tendrás que pagar. Caro. Muy caro.
– Él es… especial. No pienso tratarlo como a los demás; mentirle y engañarlo. De hecho, estaba
pensando invitarlo a pasar Navidad con nosotros. Su familia está lejos y no quiero que esté solo.
– ¡Buena idea!, le digo dándole mi plato medio lleno. Ya imagino las conversaciones que tendrá
con papá…
– Un poco de cambio no le hace mal a nadie. Además, me di cuenta de algo…
– ¿Hmm?
– Tú me estás dando una oportunidad con Niels y sé que te cuesta trabajo debido a mi pasado.
Entonces… creo que… debería de hacer lo mismo contigo. Con Vadim en todo caso.
– Basile Lancaster, «Oh my God», ¿eres tú? ¡En verdad el amor te ha transformado!, digo
conmovida.
– ¡No te entusiasmes tanto! Tu novio deberá pasar algunas pruebas de todas maneras… ¡Y aún no
se ha ganado la invitación a la Navidad de los Lancaster!
– Ya le pregunté y estará ocupado el 24 de diciembre. Pero tal vez el año próximo…
– Espero que sí. Sinceramente.
Ok. ¿En dónde está la cámara escondida?
Llego a la sala de reuniones – sin aliento y jadeando – a la 1:29 exactamente. Nota mental: evitar
los alimentos picantes durante la comida. El lugar está desierto, soy la primera en llegar. Los minutos
pasan lentamente y nada ocurre. Me levanto de mi asiento y me acerco al inmenso ventanal para
aprovechar el espectáculo que se lleva a cabo frente a mis ojos. Aun apagadas, las decoraciones
navideñas le dan un encanto innegable a los Champs-Élysées. El espíritu de las fiestas aún no se ha
apoderado de mí pero estoy segura que no tardará en hacerlo.
Hace más de quince minutos que estoy esperando y Kate no ha asomado ni la nariz por aquí.
Larga. Fina. Probablemente se la operó, por lo que note en las fotos de juventud que vi en su oficina.
Sea como sea, este retraso no es algo que ella haría. Confirmación: algunos segundos más tarde, mi
teléfono vibra.
[En mi oficina. Urgente.KM]
Imagino que hacer frases enteras es una pérdida de tiempo…
[Llego. Inmediatamente. AL]

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¡Yo también puedo hacerlo!
Entro sin dudar, ya sé como funcionan las cosas con Kate. Con un poco de duda de mi parte,
detenerme por un segundo y estoy perdida; sus comentarios mordaces comenzarán a atacarme.
Viéndola diario, he aprendido a tratarla, a escapar de sus regaños tomando la delantera. Nunca tocar
la puerta cuando pronunció la palabra «urgente». Entrar de golpe en su oficina, con la cabeza en alto,
la mirada firme y lista para manejar cualquier situación de crisis.
Al menos lo intento… y he progresado…
– ¿Me esperabas en la sala de reuniones?, pregunta sin desviar la mirada de su computadora ni
por un centímetro.
– Era en lo que habíamos quedado, afirmo sin demostrar mi enojo.
¡Deja de mostrar tu nerviosismo, Alma!
– Siento haberte hecho esperar… añade ella de repente, observándome con su mirada penetrante,
detrás de sus lentes con armazón transparente. Qué bonito vestido, yo tengo uno idéntico. ¿Azzaro?
¿Se disculpó o aluciné?
– Ojalá… río un poco. Massimo Dutti.
– Parecería, no necesitas gastar mucho para verte bien… dice ella, esta vez con la mirada en el
vacío.
Me da miedo… ¿Se le bajó la presión? ¿Antidepresivos? ¿Lobotomía?
– ¿Dijiste que era algo urgente?, pregunto prudentemente sentándome frente a ella.
– Sí. Sólo intentaba despejarme un poco, para no explotar… me explica con tono de
preocupación, con su acento tan marcado como siempre. Skylight atacó de Nuevo. Bueno, imagino
que fueron ellos…
– ¿Cuál es el problema esta vez? ¡Creí que las nuevas medidas de seguridad funcionarían!
– Siempre hallarán una manera. Más que robarnos la escenografía, los actores o sabotear nuestros
estrenos, decidieron hacer fracasar nuestros rodajes…
– ¡¿French Kiss ?!
– Los estudios me llamaron esta mañana, comienza a explicar. Una gran parte del material fue
destruida durante la noche, al igual que el set. Según el productor, nos tomará diez días reponer todo.
Y perderemos cientos de miles de euros. Si no es que más.
El tono de mi jefa me hace ver su profunda exasperación, pero parece mantener el control. Hace
apenas un mes, una situación como ésta la hubiera vuelto loca de ira y todos – incluyéndome –
hubieran temido por su vida.
– ¿Le avisaron a las autoridades?, pregunto.
– Por supuesto. La policía está examinando toda la evidencia. ¡Pero estoy segura que no
descubrirán nada! Nuestra competencia es demasiado astuta para dejar alguna huella…
– ¿Vadim ya lo sabe?
– Sí, pero su agenda estaba muy cargada y no pudo venir hoy mismo. Al parecer, vendrá mañana
para el recuento de los daños. Pero bueno, tú debes saber esto mejor que yo….
De hecho… ¡no!
Los uniformados se apoderaron del estudio, así que no podemos hacer nada mientras tanto. Por
esta vez, me tomo la libertad de dejar el inmueble de King Productions cerca de las 5 de la tarde.
Después de cambiarme rápidamente en mi oficina – cambié mi vestido elegante pero demasiado
estricto por un modelo más corto y entallado – me subo a mi auto en dirección al hotel de mi jefe.
No me espera tan temprano…
No importa. Quiero verlo. Olerlo. Tocarlo. Perderme en sus ojos, en sus brazos de acero…
¡Alto!
Quince minutos más tarde, me encuentro en su puerta, emocionada con la idea de volver a ver al
hombre que he extrañado tanto.
Hace sólo dos días que no lo veo. Pero siento como si fuera un año…
Una joven de unos veinte años me abre la puerta. Me congelo. Se presenta educadamente, dice ser
la asistente de una tal Margot Vaillant – nombre que me recuerda vagamente algo – y me informa: «el
Sr. King está ocupado, si gusta esperarlo… »
¡Seguro que no!
Ignoro su recomendación y me dirijo a la sala dejando mi abrigo y mi bolsa sobre el perchero de
la entrada. Percibo varias voces femeninas e irritantes risas provenientes de la habitación de al lado.
Me siento como si acabara de llegar a un corral…
¡Qué alegría!
Me recargo en el marco de la puerta y observo lo que sucede adentro. Vadim no nota mi
presencia. Vistiendo un pantalón de mezclilla y una camisa negra, está sentado sobre el inmenso sofá
de cuero marrón, con los brazos abiertos recargados sobre el mueble. Un verdadero príncipe persa.
Alrededor de él, tres atractivas mujeres lo atienden. Una con un bloc de notas en la mano, otra una
grabadora, y la última con una cámara. Tienen cara de estar literalmente en ebullición.
Vadim y sus damas tan simpáticas…
Respira. Calma. Sólo es una entrevista…
– Margot, solo tengo algunos minutos para dedicarte, dice mi amado con una sonrisa a la atractiva
rubia oxigenada que probablemente tenga mi edad…
Es ella, la reconozco. Margot Vaillant, una de las periodistas más influyentes – y más bellas – del
medio. Sin su encanto, su voluntad, su audacia y su pluma incisiva, la revista Ciné Paris jamás se
hubiera vuelto tan importante.
Peligro…
– Sarah, ¿tienes todas las tomas que necesitabas? Pregunta a su fotógrafa, ubicada justo al lado de
ella.
– ¡Sí, todo listo! Y con un modelo como éste, seguramente todas salieron perfectas… responde la
joven de pelo castaño rizado guiñando el ojo.
Las tres mujeres continúan con su alboroto y Vadim parece un poco… ¿Avergonzado? ¿Molesto?
¿Exasperado?
Espero que sean las tres…
– Margot… gruñe él mirando su reloj.
– Sí, ¡sólo una última pregunta!
Vadim la mira pacientemente, esperando escucharla, pero la rubia no dice nada. Ella parece dudar
un poco, pero termina por decir mordiendo el bolígrafo entre sus labios rosados…
– Sé bien que te rehúsas a hablar de tu vida privada y te respeto por eso, pero lo intentaré de todas
formas con una pregunta personal. Sólo una…
– No prometo nada, pero puedes intentarlo, la anima Vadim.
– Después de Grace Montgomery y May Sim, ¿quién será la próxima actriz que ocupará no solo un
lugar en King Prod, sino también en tu corazón? Pregunta ella sin dudar.
– ¿Porque ambos están relacionados? Bromea él sin responder, para perturbarla.
– Todo parece indicar que así es.
El tono de la periodista fue ligero, pero su respuesta no le agradó a su entrevistado. Lo sé, lo
conozco perfectamente.
– ¿Sabes con cuántas actrices he trabajado estos últimos diez años? Grace y May han sido las
únicas excepciones… gruñe pasando la mano por su cabellera.
– ¿Entonces se han terminado tus relaciones con actrices?
– Lo que se ha terminado es esta entrevista, Margot, indica él poniéndose de pie.
– Sólo contesta esta pregunta: ¿Tu corazón sigue sin encontrar dueña, Vadim King?
Vadim se toma un tiempo para pensar, con la cabeza agachada y mirando al vacío. Ruego dentro
de mí para que diga «no». Para que calle a todas esas personas que lo presentan como un playboy
eternamente en busca de una nueva conquista. Porque, aun sin nombrarme, me dé el lugar que
merezco…
– Estoy soltero, eso no ha cambiado… termina por

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