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Libro PDF Un amor inesperado Sueños atesorados 3 – Susan Hatler

Un amor inesperado (Sueños atesorados 3) - Susan Hatler

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preguntándome qué debía hacer con la
oferta de Karen. Decir que era una chica
sencilla sería decir poco. Acababa de
cumplir los treinta, vivía en el mismo
pequeño apartamento de una habitación
que había alquilado cuando me mudé a
Whitefish después de la universidad, y
me encantaba el senderismo, el
ciclismo, el esquí y tomar el sol rodeada
de la belleza de los alrededores del
pequeño pedazo de paraíso donde vivía.
Hacía dos meses que había conocido a
Dave en el Festival de las Hojas Caídas.
Él y yo compartíamos el mismo amor
por este especial pueblo turístico de
montaña y todas las actividades al aire
libre que este mágico lugar podía
ofrecer. Por lo menos una vez a la
semana nos íbamos de excursión por ese
mismo sendero en Big Mountain, con
nuestra bolsa de picnic a cuestas y
tomando nuestro almuerzo una vez que
llegábamos a la cima.
Cada vez que hacíamos nuestra
peregrinación parecía tan especial como
la última vez. Veíamos cosas nuevas y
emocionantes en cada caminata: una
ardilla, un ciervo de cola blanca, un
muflón, y una vez incluso un oso negro.
Hablábamos de todo y nada. Parecía que
había un sinfín de temas de los que
podíamos disfrutar hablando, y cada
cosa nueva que aprendíamos el uno del
otro nos unía aún más. Si hacer
senderismo por el mismo camino
siempre me traía alegría, entonces,
¿debería hacer lo mismo para seguir
manteniendo el mismo statu quo en el
negocio de joyería que tanto amo? ¿Por
qué hacer un cambio cuando el plan
actual funcionaba tan bien?
Oh, ya. Ahorros. Jubilación. No tener
que estresarse para pagar facturas…
El tictac del reloj en mi cabeza de
repente se hizo más fuerte. Quería hablar
con Dave sobre la oferta, pero la parte
insegura de mí estaba preocupada por lo
que él pensaría si tomaba la decisión
equivocada. Me quería pegar a mí
misma por ser tan cobarde. En cambio,
me tropecé con la raíz de un árbol.
—¿Va todo bien ahí atrás, Holly? —
Dave habló por encima de su hombro, su
mirada de ojos azules conectó con la
mía, haciendo que mi estómago diera un
salto mortal.
—Estoy bien —le dije, aunque
«estresada de oír mi propia mente»
podría haber sido una descripción más
precisa.
Él murmuró algo que no pude oír.
Luego echó un vistazo fuera del camino,
se encaramó encima de una gran roca y
tendió su mano hacia mí. Extendí la
mano, enroscándola en la suya, y un
hormigueo se deslizó por mi brazo.
Incluso tras estar juntos durante dos
meses, las chispas entre nosotros eran
más fuertes que nunca. Me hacían
temblar.
—¿Vamos a parar antes de llegar a la
cima de la montaña? Vale… —dije,
sintiendo su aliento mientras me detenía
junto a él. Con su brazo alrededor de mí,
contemplamos esa nueva panorámica del
valle Flathead. Era precioso. Los
escarpados e irregulares picos nevados
de Glacier Park siempre eran un
poderoso telón de fondo, contrastando
con nuestra pequeña ciudad ubicada más
abajo y con el azul brillante del lago
Whitefish, que se extendía hacia el
norte. Pero la belleza se atenuó
ligeramente debido a la angustia del
inminente fin de mi plazo.
—¿No crees que este camino se pone
mejor cada vez que salimos?
—Creo que nuestro camino es mejor
cada día que estamos juntos. —Me
acercó hacia él, sus ojos brillaban con
una intensidad tan descarada que mis
mejillas entraron en calor.
—Eres demasiado dulce —dije. Dejé
caer mi mirada por un momento,
preguntándome si continuaría
mirándome de esa forma si fuera
cobarde en este proyecto, que podía
proporcionarle a Creaciones Preciadas
el potencial para alcanzar el siguiente
nivel. O si, por el contrario, poner todas
mis reservas en ese único canal de
ventas podría causar que mi negocio
fuera hacia abajo. Se me encogió el
estómago—. Cuando caminar por un
camino es tan bueno, no hay razón para
hacer un cambio. ¿No te parece? —
añadió.
El borde de su boca se curvó hacia
arriba, luego se inclinó lentamente y
rozó su boca ligeramente con mis labios.
Entonces se apartó y saltó de la roca.
—Creo que es hora de que me digas
lo que está rondando por esa bonita
cabeza tuya.
Incliné mi cabeza, mis rizos castaños
cayeron sobre mi hombro.
—¿Qué quieres decir?
—Has estado apretando tu precioso
collar desde que dejamos el comienzo
del sendero. —Tomó mi mano que
apoderaba el amuleto y suavemente
soltó la mariposa de mi mano, dejando
que reposara contra la camisa térmica
de cuello redondo que asomaba por
debajo de mi chaqueta. —Toqueteas tus
colgantes como una piedra calmante
cuando te preocupa algo —dijo.
—¿En serio hago eso?
Una oleada de emoción rodó a través
de mí al entender que ya me conocía tan
bien. Pero la sensación se disipó
rápidamente, reemplazada por una roca
pesada invadiendo mi vientre. Cuando
Dave me tendió la mano, la agarré como
si fuera un salvavidas y salté de la roca.
Íbamos en silencio mientras
caminábamos por la pendiente, de la
mano, hasta que llegamos a un cruce en
el camino.
Se volvió hacia mí, levantando una
ceja.—
Nosotros siempre vamos hacia la
derecha. ¿Es hora de hacer un cambio?
Cerré los ojos por un momento,
imaginé que no tenía ningún pedido a
través de Moxie, y de repente me deje
llevar con prontitud por mis pies. Mis
ojos se abrieron, mis dedos volaron
hacia mi amuleto, y negué con la cabeza.
—Vamos a seguir por donde
conocemos.
—Tú mandas —dijo, y echó a andar
por el sendero—Pero estoy aquí si me
necesitas.
—Gracias. —Junté fuerte los labios,
preguntándome qué consejo me daría
Dave sobre el acuerdo potencial con
Moxie. Había renunciado a una vida
corporativa para ser un desarrollador
web por cuenta propia, por lo que sabía
bastante acerca de la toma de decisiones
empresariales difíciles. Y yo sabía que
él había disfrutado del éxito en su
trabajo. Pero, ¿iba yo a tener éxito?
¿Qué pasaría si fracaso a lo grande?
Cuando llegamos a la cima,
encontramos nuestro lugar de picnic, que
estaba situado en un afloramiento rocoso
llano y despejado. Quedaban pequeños
restos de la fina capa de nieve de la
mañana, y la roca todavía conservaba
algunas manchas de hielo. Siendo finales
de noviembre, la gran nevada caería
pronto, la montaña se recubriría de
blanco y aguantaría durante todo el
invierno. En ese momento la temporada
estaba en transición, con un pie fuera y
otro pie todavía dentro.
Podría relacionar esta situación
completamente conmigo. Suspiré.
Allí arriba en la cumbre, la vista del
valle era aún más espectacular. Un gran
pájaro voló desde un árbol de abajo,
pero estaba demasiado lejos como para
decir si el pájaro oscuro era un águila
calva o un águila pescadora. Por lo
general, Dave y yo dejábamos colgar
nuestros pies en el borde de la roca una
vez habíamos comido. Pero con mi nudo
en el estómago, era más bien un buen
momento para ser cautelosa. Me volví
para ver lo que Dave había preparado
para el almuerzo. Era un increíble
cocinero, y nuestras comidas siempre
eran temáticas. Cosas como la campiña
italiana, que incluían vino y pastas.
—Pensé que hoy íbamos a hacer algo
del oeste americano —dijo Dave
mientras sacaba envases de chile
vegetariano y pan de maíz casero.
— M e lo estropeas todo mimas
demasiado—le dije, con un suspiro de
felicidad.
—Mereces que te mime—dijo.
Mordí un trozo de pan de maíz, el
sabor dulce llenó mi boca. Las
comisuras de mis labios se curvaron
hacia arriba y, una vez más, me sentí
realmente afortunada de haber conocido
a Dave, tan dulce y reflexivo.
—Esto está delicioso. Gracias por el
maravilloso almuerzo.
—Hay una sonrisa que conozco y
amo. —Me guiñó un ojo, y luego se
metió una cucharada de chile en la boca
—Que aproveche.
Aspiré, el aroma de los pinos y la
tierra invadió mis pulmones, pero
incluso ese olor familiar no podía
relajarme. Yo sabía que tenía que hablar
con Dave sobre mi problema. Me tragué
mi último bocado de pan de maíz, una
pequeña miga cayó de las comisuras de
mi boca. Me sentía demasiado
vulnerable cuando lo miraba.
—Siento que estoy en una
encrucijada y no sé qué camino tomar.
Sus cejas se juntaron.
—¿Cómo?
Cerré el recipiente en el que había
llevado mi almuerzo, lo puse a mi lado y
respiré hondo.
—Recibí una llamada de la
propietaria de Moxie, la boutique del
centro. Ella me ofreció un contrato para
empezar a llevar unas cuantas
colecciones de mis joyas. No sólo en su
tienda, sino también en su nueva página
web.—
Vale. —Dave asintió y miró a lo
lejos. Utilizaba esa expresión cuando
estaba escuchando y pensando en algo
profundamente— Y hay un aspecto de la
oferta que obviamente te molesta.
—Sí —le espeté, sintiendo que esa
palabra había liberado el bloque de mi
garganta— Si firmo el contrato con
Moxie, existen todo este tipo de cosas
que podrían salir mal. Quiero decir,
después de leer el contrato sé que
quieren al menos doscientas piezas de
joyería inicialmente, incluyendo
pendientes, collares y pulseras. Es un
montón de nuevos productos para crear.
Está claro que serán duplicados del
diseño original de esa línea, pero con un
pedido tan grande, la calidad
probablemente vaya a sufrir. ¿Vale
realmente la pena sacrificar la calidad
por la cantidad?
Levantó las manos.—Holly.
—Además existe el coste añadido de
los suministros. Necesitaría utilizar todo
lo que tengo en stock para hacer las
primeras piezas para la tienda, y… No
sé. Es simplemente demasiado
aterrador. —Una brisa fría me golpeó,
llevando mis rizos alocados hacia mi
cara. Mis ojos ardían, pero estaba
bastante segura de que no era por el
viento frío—. ¿Qué pasa si nadie
compra mis cosas?
—No creo que eso vaya a suceder.
—Sus ojos se llenaron de emoción al
acercarse a mí, metió mi pelo detrás de
mis orejas—. Tus diseños son
increíbles, al igual que el amuleto de la
mariposa que llevas en este momento. El
patrón de las piedras es único y los
colores son vibrantes. La sola
contemplación de una pieza aporta
mucha emoción, como si una parte de la
artista estuviera en el diseño.
Una risa incrédula escapó de mis
labios.
—Quizás no sea algo muy positivo ya
que hice la mariposa esta mañana,
mientras todo este dilema se
arremolinaba por todo mi cerebro. Mi
musa probablemente eligió la mariposa
porque están hibernando en este
momento, que es donde me gustaría
estar.
Se rió de mi triste intento de una
broma.
—Siento que estés molesta, cariño.
Quiero que sepas que no importa lo que
decidas sobre el contrato, voy a estar
aquí para apoyarte. ¿Cuánto tiempo
tienes para tomar una decisión?
—Sólo hasta las cinco de hoy. —
Apoyé mi frente contra su hombro, luego
enterré mi cara en su cuello caliente. Él
me dio un beso en un lado de la cabeza.
—Eso no te da mucho tiempo.
—Lo sé —murmuré, sintiendo
presión en mi pecho. Levanté la cabeza
— Hasta ahora, he sido una pequeña
vendedora de mala muerte en
mercadillos y exhibiciones de arte, algo
que he amado con todo mi corazón.
Pero, ¿como para tener mis joyas
disponibles en una tienda popular y en
Internet? Si los artículos no se venden,
ese rechazo sería devastador para mí.
Dave se quedó quieto durante un
largo tiempo, con su brazo alrededor de
mi cintura. Sentía como un cómodo
silencio contemplativo, y esperaba que
la decisión perfecta viniera hacia mí. No
tuve esa suerte. Un golpe de risa surgió
y pronto empecé a rodar de risa casi sin
control.
—Qué pasa aquí? —dijo, tirando de
mí hacia atrás desde el borde del
acantilado, a pesar de que yo no estaba
lo suficiente caer— ¿Qué es tan
gracioso?
Tenía mi risa bajo control, aunque
claramente lo estaba perdiendo, y
empecé a hacer inspiraciones y
pequeños ataques de hipo.
—Es sólo que… mi madre en
realidad piensa que debería firmar el
contrato con Moxie. Como sabes, ella y
yo rara vez estamos de acuerdo en cómo
debe ir mi vida. Así que si mi madre
piensa que este acuerdo es una buena
idea, entonces probablemente debería
rechazar la oferta y salir corriendo y
gritando.
Dave me tocó la mejilla con la palma
de su mano y su boca se curvó hacia
arriba.
—Tal vez ella cree en ti realmente.
Como yo lo hago.
Con la parte posterior de la cabeza
contra el suelo frío, miré a los ojos de
mi novio, el que pensé que nunca iba a
encontrar, y supe qué era verdad cada
palabra que decía. Él creyó en mí. Tal
vez mi madre también lo hizo. Aún así,
había muchas cosas que Dave no sabía
acerca de mí, probablemente porque no
las había compartido con él. Tal vez era
el momento de darle a conocer algo de
mi pasado humillante.
—Deberíamos irnos. —Me senté,
quitándome el polvo de encima— No
traje mi teléfono y pronto tengo que
hacer una llamada. Si este contrato fuera
una buena idea, estaría más emocionada
con ello.
Miró hacia mí, y sus ojos no eran
nada juiciosos.
—¿Entonces has tomado una
decisión? —preguntó, lanzando su
mochila sobre los hombros.
—Sí. —Asentí con la cabeza,
abriendo camino por el sendero. Lo que
tenía que decirle ahora no iba a ser
fácil. No me gusta pensar en ese
momento en mi vida y mucho menos
hablar de ello. Pero si Dave podía
darme su apoyo incondicional, merecía
saber todo de mí, lo bueno y lo malo. Lo
miré— No te he hablado de un momento
crucial de mi infancia —le dije, mi voz
se quebró sólo un poco.
—Te escucho. —Él me echó una
mirada de reojo, mientras sus pulgares
se enrollaban en las correas de la
mochila. Le mostré una débil sonrisa.
—Cuando estaba en la escuela
secundaria, me inscribí para participar
en mi primera exhibición de arte. Mi
clase estaba recaudando dinero para
nuestro viaje a Washington DC y los
estudiantes votaron a favor realizar una
exhibición de arte en lugar de una venta
de pasteles. Yo tenía la mejor idea para
el diseño de mi stand. Quería hacer y
vender pulseras de la amistad, ya que
estaban de moda en ese entonces. A todo
el mundo les encantaban, incluso a los
niños, y yo estaba segura de que
conseguiría un montón de dinero para la
clase. Así que me compré muchos hilos
de bordar de diferentes colores y trabajé
duro después de la escuela y durante los
fines de semana en la creación de las
pulseras.
—Eso suena muy bien. —Él me
sonrió mientras doblamos por el cruce
previo y tomamos el camino seguro de
antes— Fuiste una emprendedora,
incluso a los doce años. Eso sólo
demuestra lo preparada que estabas para
poner en marcha tu negocio cuando
viniste aquí.
—Ese no es el tema, por desgracia.
Deseaba que los resultados de mis
esfuerzos por recaudar fondos me
hicieran sentir segura de mí misma como
dueña del negocio, pero sucedió todo lo
contrario —dije, mi corazón latía con
fuerza contra mi caja torácica, con tanta
fuerza que finalmente me detuve junto a
un arbusto de arándano para recuperar el
aliento.
A pesar de que habían pasado casi
dos décadas, traerlo todo a la memoria
todavía me hacía sentir de una forma
terriblemente dolorosa después de todos
estos años. Una parte de mí quería
ocultar el incidente, pero otra gran parte
de mí quería compartir esto con Dave.
Sería un gran paso adelante en nuestra
relación. Como adulta, nadie aparte de
mi madre sabía lo que me había pasado.
—Cuéntame el resto —dijo,
apartando mi pelo de mi cara—. Déjalo
salir, cariño.
Se me hizo un nudo en la garganta.
—Como he dicho, trabajé duro para
mi exhibición. Mi madre me compró
todo tipo de materiales para que pudiera
hacer publicidad por toda la ciudad. El
día de la feria de artesanía, llegué
temprano a la escuela para poder
montarlo todo en el gimnasio. El puesto
tenía un aspecto increíble. Mi madre
incluso tomó una fotografía… —Hice
una pausa, mi mejillas se calentaron al
recordar ese evento humillante—. Me
encontré esa foto el mismo día que
recibí la oferta de Moxie, y me acordé
de lo que pasó.
—¿Qué?—preguntó.
—Después de poner mi corazón en
todo ese trabajo, no vendí ni una
pulsera. —Mi estómago se derrumbó, y
me quedé mirando el tronco escamoso
de un Pino Blanco del Oeste que estaba
frente a mí— Una chica de mi clase,
Cara Caruthers, había dicho a todos que
había bañado los hilos de las pulseras
en orina de gato antes de hacerlas.
—¿Orina de gato? —preguntó, con
tono incrédulo.
—Sí. —Mi mirada se dirigió hacia
arriba, siguiendo el árbol de más de
doscientos pies hacia

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