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Una esposa de reemplazo Novias del oeste 2 – Amaya Evans

Una esposa de reemplazo Novias del oeste 2 – Amaya Evans

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queda de pasada a mi casa.
—Gracias Amelia, así me ahorro lo del taxi.
Media hora después, estaba en su casa, quitándose las botas y entrando a su habitación. Se puso los pijamas y mientras se desmaquillaba, comenzó a mirar la
correspondencia que tenía desde hacía un par de días y que por falta de tiempo, no había visto. Busco entre cuentas de la luz, del gas, la tarjeta de crédito y no vio nada
interesante. Cuando ya iba a tirar todo en la mesa, vio un sobre dirigido a ella, pero no había remitente, lo miró bien por ambos lados y lo abrió. Dentro de este, había
una carta que parecía muy vieja. Comenzó a leerla, venía con fecha de 1.883, algo imposible, y parecía ser de un hombre que buscaba con urgencia una esposa. De
repente pareció tener un dejavú.

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El hombre en cuestión se llamaba Mathías y decía que era dueño de un rancho grande en Montana. Que era un rancho ganadero y que había enviudado hacía unos
años. Su difunta esposa le había dado dos niños, pero había muerto dando a luz su segundo bebé. Los niños eran Jack y Ben, que según sus propias palabras eran dos
pequeños revoltosos, causantes de que la última mujer que visitó el rancho para cuidarlos, saliera volando de allí, hablando pestes.
Él decía ser un hombre responsable y querer a sus hijos, pero no tenía idea de la crianza y había mucho trabajo en el rancho. No podía estar pendiente de todo,
además de que en el pueblo, eran pocas las mujeres que se aventuraban a quedarse, por las condicionas duras de la vida allí. Quedaba bastante lejos de la ciudad y la
diligencia solo pasaba dos veces por semana. Sin embargo, era un sitio hermoso, lleno de vegetación, montañas imponentes y ríos grandes de agua limpia. La vida era
sencilla y muy sana en Montana, había inviernos duros y veranos calurosos, pero era una hermosa región. Decía ser un hombre sano, que no descartaba la posibilidad de
tener más hijos y que lo que esperaba de su esposa, era cariño, respeto y que fuera una mujer fuerte y con salud, ya que la vida en un rancho demandaba trabajo. Él
prometía bienestar, una casa y todo lo que se esperaba de un buen marido, menos amor.
Lissi pensó que al menos era honesto.
Soy un hombre enamorado de mi mujer y aunque ella, ya no esté aquí, no podría olvidarla jamás. Para mi es y será la única mujer en mi corazón. Por lo tanto
no quiero empezar con mentiras o falsas promesas. Yo le prometo respeto y una buena vida, con comodidades, pero no amor.
Qué hermoso sería que me amaran de esa forma—en ese momento ella deseó ser la difunta esposa de Mathías. ¿Qué tan buena había sido ella, que inspiraba en ese
hombre, tales sentimientos?
Por favor, no me lo tome a mal, pero realmente quiero que nos llevemos bien y la mejor manera de hacerlo, es ser sinceros desde el principio. Lo que más me
interesa es tener una figura femenina y maternal para mis hijos. Alguien que me ayude con su crianza y educación.
El hombre necesitaba una institutriz o una sirvienta, no una esposa. ¡Por Dios!! ¿Pero en que pensaban los hombres en aquella época?
Esa carta era algo imposible, se volvió a repetir. Pero entonces recordó que venía en un sobre dirigido a ella y que su hermana estaba en ese preciso instante viviendo
con un hombre en esa época y en esa misma región. Demasiada coincidencia—se dijo y luego lo pensó mejor ¿estaría Madeleine, metida en todo esto?
Se fue a su habitación con la carta en la mano y la dejó en la mesita de noche. Se recostó un rato a ver televisión, pero no dejaba de voltear a ver la carta, así que la
tomó y la volvió a leer detenidamente hasta que sin darse cuenta, se fue quedando dormida. En algún momento amaneció y ella sentía que acababa de irse a dormir, pero
veía claridad en la ventana, así que se fue a levantar y a darse una ducha para salir al trabajo, tal vez le diera tiempo de comer cualquier cosa. De repente se dio cuenta de
que ya no estaba en su habitación y su cama no era su cama, miró a su alrededor, pero no reconocía nada, todo era antiguo. Se levantó volando y notó que no llevaba su
pijama sino una bata larga con escote hasta el cuello. Se fue hasta la puerta y la abrió de par en par, buscando a alguien que le explicara lo que sucedía, pero no vio a
nadie. Se asomó por las habitaciones de la casa, varias estaban vacías. Luego entró a otra y se encontró con dos pequeños profundamente dormidos.
Uno podría tener unos seis años y el otro a duras penas, unos dos o tres como mucho. Eran preciosos y se veían como dos ángeles allí dormidos. Los miró un rato,
hasta que el más pequeño se despertó y comenzó a llorar. Lissi quería estrecharlo en sus brazos y calmarlo, pero por más que trataba solo tocaba el aire. Él otro niño,
suponía ella que su hermano, se despertó y se acercó para ver que le pasaba.
— ¿Otra vez te hiciste en los pantalones?—le preguntó más aburrido que molesto.
El pequeño asintió avergonzado, frotando sus ojitos con las manos—Papá va regañarme—dijo en voz baja.
—Papá no te dirá nada—lo agarró del brazo—vamos a cambiarte la ropa. Lo llevó a un closet donde le sacó ropa limpia y puso en una esquina la ropa sucia.
—Papá se dará cuenta.
—No, si no te ve llorando—se fue corriendo a otra habitación que estaba vacía y dejó allí la ropa que cavaba de quitarle a su hermano. Luego regresó y quito la ropa
de cama e hizo lo mismo que antes. Luego trajo una jarra de agua y se lavó la cara e hizo que su hermano hiciera lo mismo.
—Jack Y Ben, bajen ahora mismo—dijo una voz fuerte como un trueno.
Los dos chicos bajaron corriendo y en su prisa, pasaron a través de ella, como si ella fuera un fantasma. Lissi se sorprendió al ver que nadie la notaba en aquella casa,
pero luego pensó que si no era un sueño, aquello podía tener sentido.
Los niños llegaron junto a su padre y el hombre les tocó la cabeza, sacudiendo su cabello a manera de saludo— ¿durmieron bien?
—Sí, señor
—Muy bien, entonces desayunen, que ya tenemos que irnos a trabajar.
— ¿No podemos quedarnos aquí?—preguntó el más pequeño.
—Sabes muy bien que no. Desde que la señora Winslow, se fue por culpa de ustedes, no hay nadie que pueda quedarse aquí en casa, cuidándolos.
— ¿Y si prometemos portarnos bien?—dijo Ben.
—Eso ya no vale, si lo hubieran hecho antes, estarían durmiendo un poco más tarde y seguro podrían jugar en el arroyo, pero ahora, solo pueden acompañarme al
trabajo.
—Está bien—dijeron ambos.
Bien, ahora desayunen y nos vamos.
—Sí señor.
Lissi los vio sentarse a la mesa y devorar rápidamente el jamón junto con el pan y un vaso de leche. Enseguida se levantaron y fueron a encontrarse con su padre,
que los esperaba en lo que ella suponía, era una carreta. Los vio alejarse y pensó —que le gustaría quedarse allí con ellos, había algo en los ojos de aquellas criaturitas
que la llamaba, que le decía que estaban muy solos y tristes.
Al despertar vio entre tristeza y alegría que había vuelto a su dormitorio y dudó si lo que había visto era un sueño o por un momento había estado en otro tiempo.
Para ella no era nada raro el tema, ya que había visto con sus propios ojos, lo que había sucedido con su hermana. ¡Dios, como la extrañaba!
Su celular sonó y en la pantalla apareció el nombre de su jefa. Eso no era nada bueno.
— ¿Hola?
—Lissi ¿Cómo estás?
—Jody, buenos días.
—Quise llamarte antes de que vinieras, porque no quiero hacerte pasar un mal rato y quería prevenirte. Mi hermana viene hoy, con mi sobrina. Ayer estuve
hablando con ella, pero no llegamos a nada y quiere que mi sobrina comience hoy mismo a trabajar, por lo que me temo que no podrás seguir viniendo más a la
peluquería.
—Pero Jody, yo esperaba que…
—Lo sé, querida. Y lo siento de verdad, pero no puedo hacer nada más. Espero que lo comprendas. Yo me he sentido tan mal por todo esto, ya que eres una
excelente trabajadora, que decidí pagarte tres meses de trabajo adicional, para que al menos no tengas que pasar apuros, mientras consigues otro empleo.
—Me tomas por sorpresa, pensé que al menos tendría este mes para seguir trabajando.
—Sé que es así, de hecho, yo también lo pensé, pero mi hermana puede llegara a ser una desgraciada cuando quiere. Te juro Lissi que si no fuera porque no tengo el
dinero para comprar su parte, ya me habría separado de esta bendita sociedad, hace rato.
Lissi suspiró, tratando de infundirse tranquilidad—Bien, entonces creo que pasaré cuando me digas que ya está listo el cheque y empezaré a buscar trabajo desde
esta tarde.
—Tu cheque estará aquí, en el momento en que decidas pasar por él, cariño. Y nuevamente discúlpame, no sabes lo mal que me siento por todo esto.
—No te preocupes, de todas formas no podías hacer nada más de lo que ya has hecho. Gracias por la oportunidad de todas formas.
—Ni lo menciones Lissi. Has sido de lejos, la mejor peluquera que he pasado por aquí. Te deseo lo mejor y estoy segura que no vas a tardar en conseguir algo
bueno.
—Dios te oiga—le dijo fingiendo estar bien, aunque se sentía totalmente afligida—nos vemos pronto.
—Muy bien, adiós.
Cuando colgó el celular, se puso a llorar. ¿Y ahora que iba a hacer? No podía seguir pagando las cuotas faltantes del apartamento y las del préstamo estudiantil.
Se levantó diciendo que no iba a caer en la desesperación y que tenía que ir a buscar algo en que podía emplearse, así no fuera de peluquera. Salió a la calle y compró
una revista y el periódico y se devolvió a casa para mirar los clasificados.
El resto del día solo pudo pensar en esos pequeñines, y en lo tristes que se veían. Su padre parecía tan apartado de ellos…
No podía ser una casualidad, ese tenía que ser Mathías Taylor, el hombre de la carta. Y esos pequeños, sin lugar a dudas, eran sus hijos, de los que le hablaba en la
carta; Jack y Ben.
¿Por qué esa carta había llegado a ella? ¿Quién la había enviado? Se quedó pensando un momento en la razón de todo esto y en si ese sueño le mostraba algo
importante. ¿Tal vez un futuro como el de su hermana? Sería mucha casualidad que a ella le esperara su verdadero amor en otro tiempo al igual que a Ellie. Pero lo más
preocupante de todo era, si ese hombre gruñón y tosco, era el amor de su vida, porque entonces estaba realmente jodida.
A la mañana siguiente, se levantó como cualquier día de trabajo y se fue a comprar nuevamente el periódico, pero era lo mismo que el día anterior, no veía nada en lo
que pudiera desempeñarse. De todas formas salió a recorrer las calles principales, mirando las peluquerías y preguntando si no necesitaban a alguien. Luego miró
algunos de los anuncios que había encerrado en un círculo porque le habían llamado la atención y llamó, pero no eran lo que esperaba; unos pagaban demasiado poco y
otros tenían un horario que no le servía. Había un puesto como aseadora en una tienda de comida rápida, pero parecía que el horario era nocturno y le daba un poco de
miedo. Prefería algo en el día, pero si las cosas no se arreglaban, le iba a tocar tomar cualquier cosa.
Capítulo 2
Nevada, 1883
Era una mañana fría y Ellie aprovechó para hacer un té, mientras su pequeña Amy, dormía plácidamente después de haberse alimentado. Adalind, una muchacha de
15 años, la ayudaban en ese momento. Era hija de una pareja que había sido víctima de comancheros y que habían muerto. Ahora los acompañaba y vivía allí con ellos,
ayudando en los quehaceres de la casa para que Ellie pudiera atender mejor al bebé.
—Adalind, ¿Quieres un poco de té?
Ella asintió, sin decir una palabra y Ellie le sirvió una taza.
—Parece todo muy tranquilo, cuando mi querida hija, no está ejercitando sus pulmones.
Adalind sonrió y miró por la ventana. Ella no hablaba desde o ocurrido a su familia y al principio tenía muchas pesadillas, que con los meses habían cesado bastante.
Recordó con tristeza cuando la había visto por primera vez. La chica había llegado como caída del cielo, pero ella sentía pena por la pobre niña, ya que casi no hablaba y
estaba muy traumatizada todavía por todo lo que le había sucedido. Apenas hacía unos meses, su esposo la había encontrado tirada cerca de unos árboles donde él ponía
trampas para conejos. Parecía que había llegado caminando hasta allí, pero sin comer por varios días y sin agua, estaba casi muriendo. La ayudaron todo lo que
pudieron, hicieron que un médico la revisara y gracias a Dios, les confirmó que no la habían violado. Sin embargo, ella sabía que el camino a su recuperación psicológica,
era largo.
Escucharon unos caballos y fueron a ver qué pasaba. Ellie salió y vio a su esposo que llegaba con varios caballos y los encerraba en un corral. Cuando terminó de
atenderlos se acercó a ella.
—Hola, mi amor—le dio un abrazo de oso.
—Hola cariño, ¿Cómo te fue??
—Bien, mira todos esos caballos. Parece que los tendremos un tiempo pastando aquí. Mathías me ha pedido que los tenga acá y me dará un buen dinero por
mantenerlos acá. Parece que tiene demasiado ganado pastando en sus tierras y también tiene varios caballos que está amaestrando para vender, pero muy pocos
trabajadores.
— ¿Todavía no consigue los trabajadores que necesitaba?
—Parece que no. Además, con eso de que tiene que cuidar a los niños y tampoco ha conseguido ayuda…
—Pero es que esos muchachos ahuyentan hasta el mismo diablo, son terribles—dijo riendo.
—Lo sé, cada vez que voy me rio viendo sus travesuras, pero mi pobre amigo, se ve agotado y muy gruñón.
—Haces bien en ayudarlo, cuando puedes—lo abrazó.
Phillip, la miró un momento ¿Qué pasa?
—Nada—contestó evasiva.
— ¿Sucedió algo con Adalind o la bebé?
—No amor, no ha pasado nada—le dijo sin mirarlo.
—Te conozco Ellie, te ves preocupada.
—Bueno…es que he estado teniendo sueños con Lissi—le dijo casi susurrando.
—Amor, ya sabes lo que te he dicho. Estamos a más de 100 años de diferencia, en el pasado.
—Eso no tiene nada que ver, Phillip. La relación de hermanos es muy fuerte. Yo adoro a Lissi y siempre estuve muy pendiente de ella, contamos siempre la una con
la otra y el hecho de que yo viva aquí ahora, no hace diferencia—le contestó molesta porque no le daba importancia a su preocupación.
— ¿Que puedes hacer desde aquí? ¿Vas a volver para ayudarla? ¿Cómo lo harás?
Ella lo miró herida—eres un insensible—le dijo furiosa, con lágrimas en los ojos y se fue corriendo.
—Cariño, espera—la detuvo antes de que se alejara de él—Lo siento, preciosa. No quise que las cosas sonaran de esa forma tan horrible, pero es que no sé que mas
decir—reconoció su frustración. Solo puedo aconsejarte que esperes un poco para ver que significan esos sueños. Mientras trata de calmarte, sabes que no me gusta
verte preocupada y llorando.
—Lo sé. Soy una tonta—se abrazó a él—voy a ir con la bebé y trataré de distraerme un poco de tanta pensadera—sonrió.
—Esa es mi chica—le dio un beso y se fue a la parte de atrás a lavarse. Sabía que si le daba mucha importancia a ese asunto, saldrían de pelea. No sabía qué hacer
para ayudar y al decir verdad, sentía un poco de miedo porque ella tratara de hacer algo y eso la llevara de vuelta a su tiempo. No podía perderla—pensó con temor. Se
le quitaron las ganas de lavarse atrás, mejor se iba a dar un baño al arroyo.
Tiempo presente:
Lissi llegó cansada a la casa, había caminado por todos lados y no había encontrado ni un solo empleo que valiera la pena. Todo el mundo pagaba muy poco y ya no
sabía qué hacer. Esa misma tarde también había pasado por su cheque y era exactamente lo que su jefa Jody, había prometido. Le pagó tres meses más para que no
estuviera tan apretada de dinero, pero Lissi había ido inmediatamente a pagar las cuotas de la casa que faltaban, ahora le quedaban muy pocas ya, pero con el préstamo
estudiantil, todavía le faltaba bastante. Su hermana había hecho arreglos para que le dieran el dinero del seguro por muerte, pero cuando se fue, no supo jamás que eso no
había resultado porque la empresa había quedado en banca rota unos meses después y se habían declarado en quiebra. El proceso para que les dieran el dinero del seguro
a las personas que estaban afiliadas con ellos, era muy lento y estaban en proceso, aunque ella dudaba que ese dinero le llegara algún día.
Dios, de verdad le hacía falta su hermana. Entre las dos hacían un buen equipo y trabajaban codo a codo por un futuro mejor. Ahora, ella sola tenía que ver como
saldría de todo esto y no era fácil.
Fue a darse un baño, comió cualquier cosa y se fue a la cama. No quería pensar en nada, necesitaba descansar bien para poder encontrar una solución a lo que estaba
pasando. Se puso a ver que había en la televisión y quedó dormida casi enseguida.
Sintió que no había dormido casi nada, cuando despertó y vio que estaba acostada debajo de un árbol. Se levantó rápidamente del suelo— ¿Qué diablos? ¿Cómo
había llegado allí? Un árbol enorme le haciendo sombra y cuando bajó la vista, se encontró con un enorme vestido antiguo puesto sobre ella. ¿Dónde estaba?—miró para
todos lados y no vio a nadie. Se pues a caminar para ver si se encontraba con alguien que la ayudara, pero por más que estuvo unas cuatro horas en eso, no vio un alma
por ahí.
Cuando ya estaba por ponerse a llorar debido al calor, a la sed y el hambre. Pasó una carreta y mientras se acercaba a ella, Lissi pudo reconocer, al hombre alto y los
dos niños que había visto hacía unos días en su sueño. Se pregunto si este no sería otro sueño.
—Buenos días—saludo el hombre, quitándose el sombrero.
—Buenos días, respondió ella, tratando de arreglarse un poco.
— ¿Qué hace una dama, como usted por estas tierras?
— ¿Si le digo que no tengo idea, pensará que estoy loca?—le sonrió avergonzada.
—Bueno, me parecería algo extraño—le dijo serio. Los niños la miraban como si fuera un extraterrestre.
—Yo…realmente no lo sé, pero lo único que busco es una forma de volver.
—Si desea, puedo ayudarla, llevándola hasta el pueblo, pero de una vez le digo, que por aquí las diligencias no pasan todos los días. Tendrá que quedarse en un hotel
hasta que venga la próxima.
Lissi no tenía idea de diligencias, no creía que eso pudiera llevarla de vuelta a su casa. Se buscó en los bolsillos y no encontró dinero. Lo único que si tenía era una
carta, que iba dirigida a Mathías.
—Con cierta vergüenza, lo miró un momento y a pesar de que sabía perfectamente quien era, le preguntó— ¿Usted es el señor Mathías Taylor?
—Si señora, ese soy yo.
—Tengo una carta para usted.
Mathías la miró como si estuviera loca, pero tomó la carta que ella le extendía. La abrió y comenzó a leerla. En ella decía que la agencia le enviaba a la posible
candidata a esposa, que él había solicitado, le decía el nombre de ella, su edad, de donde era y sus cualidades, muy parecidas a las que él requería. Decían que era una
joven de buena familia, con una excelente educación, sabía cocinar y tenía un excelente manejo del aseo y la pulcritud, así como de la presentación personal. Mathías
pensó que a él le importaba muy poco eso, pero tal vez, si les serviría a sus hijos que en estos momentos parecían dos vagabundos, de lo mal vestidos que estaban. Él
no tenía idea de las combinaciones de ropa, ni de moda, pues solo se limitaba a sacar adelante su rancho y subsistir con sus hijos, pero el tratar de hacer ambas cosas sin
la ayuda de una mujer, le estaba quedando grande.
Se le hizo extraño que esa agencia con su primera carta, enviara una mujer enseguida, sin esperar a ver si al menos se carteaban un rato y demostraban ser afines en
algunas cosas, pero en ese momento se sentía tan desesperado, que no siguió pensando nada más y agarró la oportunidad que se le presentaba ahí mismo. Solo esperaba
que la mujer no saliera corriendo en unos días y lo dejara nuevamente con ese desastre que era su vida en ese momento. Observó a la mujer que se veía tan desesperada
como él se sentía y le tendió la mano.
—Mucho gusto, señorita. Disculpe mi falta de modales, pero no se ven muchas mujeres por aquí y menos que se encuentren caminando solas por estos sitios—le
dijo muy serio. Parecía enfadado y ella se preguntó si se veía tan mal o si el hombre se la pasaba con ese gesto de manera fija en su rostro— Veo que la envían de la
agencia matrimonial.
Lissi se quedó de piedra ¿Qué agencia matrimonial? Ella solo quería irse a su casa—luego miró a todos lados y vio que no había un alma. Lo mejor era decir que si a
ese hombre y mirar en qué momento legaba a un sitio con más gente para decidir que hacía. Sintió un escalofrío al pensar que este no era su tiempo y que tal vez estaba
pasando lo mismo que su hermana. Ellie encontró al amor de su vida en ese tiempo, pero ella dudaba que pudiera ser feliz en un sitio como ese.
—Tomó la mano de Mathías—mucho gusto, señor Taylor. No tiene nada de que disculparse, entiendo perfectamente—veía estrellas para ese momento, de la sed
que tenía. Comenzó a ver un poco borroso y alcanzó a sentir que alguien la tomaba por la cintura, antes de caer en la oscuridad.
*****
Se escuchaban voces a lo lejos. Lissi se sentía mareada todavía y no quería abrir los ojos.
—Ya despertó—dijo la voz de un niño.
—Shhh, cállate, todavía tiene que descansar—dijo otra voz infantil.
—Tú no eres doctor para saber eso.
—Tú tampoco—le riñó el otro.
—Niños, salgan ahora mismo—dijo Mathías.
Los niños salieron y él se acercó a la cama. Ella abrió los ojos y se encontró con los de él, que la miraban molestos, como cosa rara. — ¿Cómo se encuentra?
—Bien, no sé que me pasó, pero creo que ya me siento mejor—trató de levantarse.
Él la empujó suavemente—No se levante todavía, se ha desmayado porque está insolada y parece que muy deshidratada. ¿Cuánto tiempo estuvo allá afuera
caminado?
—No lo sé, creo que cuatro o cinco horas.
Él negó con la cabeza—por esto es que casi no hay mujeres aquí. Estos son tierras duras. Esto que ha hecho es una imprudencia y yo no hubiera pasado por ahí,
usted habría podido morir—le tocó la frente con el paño mojado. El agua fría aliviaba el calor y la hacía sentir mejor.
Mathías le acercó un vaso con agua y ella se lo tomó en un santiamén.
—Tranquila, debe tomar el agua lentamente.
— ¿Cuánto tiempo llevo desmayada?
—Unas horas. Ya son casi las 5 de la tarde.
Lissi, se sorprendió— ¿Tanto tiempo?
—Estaba mal, necesitaba reponerse.
Ella se tomó el segundo vaso, más calmada y él se levantó—Trate de quedarse recostada en la cama, descanse y yo vendré luego para ver cómo se siente—se dirigió
a la puerta, pero dudó cuando ya iba saliendo y dio la vuelta para mirarla nuevamente—quisiera preguntarle algunas cosas, pero creo que lo mejor será dejarla un rato a
solas.
—Siento mucho interrumpir sus labores y ponerle más trabajo. Sé que está agobiado con todo lo que debe hacer y además los niños.
—No tiene que preocuparse por eso, ya mañana veremos que hacemos. Espero que le guste el estofado porque es todo lo que tengo.
—Sí, claro que me gusta—trató de medio sonreír.
—Muy bien, entonces nos vemos más tarde, cuando le traiga la cena.
—No tiene que hacerlo, yo puedo…
—Usted no hará nada—le contestó molesto—haga lo que le digo. No quiero que el primer día de haber llegado, ya se vaya a enfermar, así no me serviría de nada.
Lissi tuvo ganas de contestarle que no era un animal de los de su rancho, pero prefirió quedarse callada, mientras lo miraba salir de la habitación. Se quedó
preocupada pensando en lo que tendría que hacer para salir de ese tiempo. Ese hombre tosco, no se llevaría bien con ella jamás. Era demasiado mandón, demasiado
directo, demasiado…todo. Aunque tampoco podía negar que era muy guapo; tenía unos ojos grises de mirada fría, pero hermosos y su cuerpo no estaba nada mal, era
alto, delgado pero de hombros anchos y fuertes, las piernas que veía a través de sus pantalones tampoco estaban nada mal, pero su trasero fue lo que más le gustó. Eso
de montar caballo seguro ayudaba, porque se veía a leguas un trasero bien firme. Lo único que arruinaba el conjunto, era ese geniecito que se mandaba el hombre.
¿Será que la tal Madeleine es tan atrevida que sin consultarme va a dejarme aquí, en este tiempo? Dios tengo que regresar esto es una locura, tal vez lo que pasó
es que ando tan llena de stress que inconscientemente después de leer la carta, terminé soñando con este tiempo y estas personas. Sí, sí, eso debe ser—trató de
convencerse.
Un golpe en la puerta la sobresaltó—Adelante.
— ¿Ya se encuentra mejor?—una carita le preguntó desde la puerta medio abierta.
—Sí, ya estoy bastante mejor, aunque me duele un poco la cabeza.
Detrás del pequeño, otra carita se asomó y le sonrió. Era un niño precioso, seguramente ese era Ben.
— ¿Porqué no entran?
—Papá nos dijo que no la molestáramos.
—Pero no me molestan y me caerá bien la compañía.
—Bueno, creo que podemos entrar un momento, pero no podemos demorarnos.
A Lissi le pareció muy tierno que hablara como un hombrecito grande.
—Muy bien, entren entonces—les hizo señas y ellos pasaron y se acercaron a la cama.
— ¿Vas a ser nuestra mamá?—preguntó Ben.
Eso la dejó sin habla ¿Qué podía decirle a dos niños que la veían de esa forma?
— ¿Porque piensan eso?
—Escuchamos a papá hablar con un amigo y decirle que tú eras la esposa que habían enviado.
Ella no quería engañarlos—Cariño, yo…
—Tú me caes bien—dijo Jack—si quieres podemos ayudarte para que papá se quede contigo y así podrás ser nuestra mamá. Podemos portarnos bien.
En ese momento, sintió que se enamoraba de esos dos pequeñitos. No sabía qué hacer y se le ocurrió que tal vez podría hacer las cosas de tal manera que no
afirmara que se quedaría con ellos, pero tampoco que se iría—Porque no tratamos de conocernos todos, mejor y después de eso, podemos decidir s queremos
quedarnos juntos. ¿Qué les parece?
Los dos chicos asintieron.
— ¿Sabes cocinar?
—Sí, un poco. ¿Qué les gusta comer?
—A mi pastel de carne—dijo Ben.
—A mi jamón, pollo frito, pasteles, pan de mantequilla…

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