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Una intrusa Perla de loto 1 – Mariela Saravia

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Una intrusa Perla de loto 1 – Mariela Saravia

Descargar libro En PDF padres se avergonzaban de mí, pero yo no lo hacía. Había aprendido la filosofía ingenua de la vida; la aceptación de todo suceso, con humildad y desapego.
Como ya venía practicando el hecho de caminar por la casa a distinta velocidad, imaginé que hacerlo fuera de ella sería casi lo mismo. Aproveché esa mañana en
la que me habían dejado sola, para sentarme en el escalón que contemplaba siempre en mi imaginación. Abrí la puerta de la choza y sentí la delicia de la brisa, rozar mis
mejillas seguido del aroma indescriptible de la naturaleza varios kilómetros más lejos. Bajé el escalón con cuidado y apoyando mis manos en la pared de la choza, fui
arrastrando los pies por la aridez del suelo. Al norte estaban los arrozales, al este los barcos pesqueros, al oeste la ciudad central y a medida que avanzaba, al sur
quedaba mi pasado.
La tierra y el arroz se fundían entre mis dedos desnudos, en un manjar de humedad y grano seco. El mismo calor de la cocina, lo sentí irradiando en todo mi
cuerpo. No sabía de dónde provenía aquella fuente, pero quería ir tras ella. De seguro esa fuente de calor era lo que mi padre llamaba como el astro “sol”. Caminaba
despacio, guiándome con el resto de paredes que aparecían ante mis ojos, con cada lento avance de mis piernas flaqueantes. Hubo un momento en el que las paredes se
ausentaron y mis manos encontraron un vacío. Sentí algo similar al pánico, pensando que me caería por ese precipicio. No sabía cuán largo de la choza me encontraba,
pero ya era tarde para volver. Con un suspiro, esa sensación de miedo y desconfianza comenzó a provocarme un gran deleite, sinónimo de mi ansiada libertad. Me
animé a dar un paso más para ver qué me encontraba más adelante, cuando algo chocó contra mí. Recordé aquel golpe seco cuando tenía cinco años, y mi cerebro me dio
la respuesta con prontitud, había golpeado a otra persona.
–¡Disculpe, no era mi intensión hacerle daño!- expresé con rapidez y preocupación, quise agacharme y tantear el suelo con mis manos, como si intentara recoger
un objeto bajo mis pies –¿Hay alguna deuda que deba pagarle?
Pregunté llena de angustia. No sabía si había derribado otro cochecito con vegetales, o si la persona en cuestión, era un anciano al que había lastimado.
–Tranquila, no ha pasado nada- escuché la voz de un chico, hablando más abajo, quizás desde el suelo. Luego el sonido de sus zapatos arrastrándose por la
tierra, me hizo darme cuenta de que estaba tratando de levantarse –A veces soy un poco despistado. ¿Cómo te llamas?
–Me llamo Ishi- respondí nerviosa al sentir el contacto con su mano tibia. –Perdóname de nuevo por el accidente- dije con la voz temblorosa y llena de timidez.
–Ishi…- pronunció con poco convencimiento, como si aquel nombre no fuera de su agrado y como si no lo mereciera yo tampoco –Mi nombre es Tian, soy hijo
de campesinos también. Conozco a tu padre, es un hombre de muy pocas palabras.
–Sí, es un hombre sin igual.
Dije sin mucho entusiasmo.
–¿Te puedo ayudar en algo?
Preguntó Tian cortés, acercándose más a mi cuerpo. Podía oler su aroma indiscutible y sentir la calidez que irradiaba su cuerpo. Algo en su energía vibraba con
un nivel de conciencia limpia y poderosa, tan distinta a la vibración que sentía por parte de mi familia. Esa sensación de confianza y libertad, me animó a querer
abrazarlo y fundirme en sus brazos, como si fuera un reencuentro pactado entre dos almas gemelas, desde algún momento pasado, pero me contuve.
–No, solo quise dar un paseo. No salgo mucho de casa.
–Lo sé, en el pueblo todos sabemos de ti, pero me agrada poder conocerte en persona- sentí que un rubor me subía del pecho a las mejillas. Me pregunté de
¿Qué color sería y como se vería mi rostro con aquel calor? –Eres más hermosa de lo que imaginaba. Tienes unos ojos únicos, son tan verdes que hipnotizan- luego
guardó silencio, pensando que aquel comentario podría sonar grosero y hasta ofensivo sin querer –Me gustaría acompañarte en tu paseo, de ser posible.

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Sonreí con un amplio gesto. Quizás esos ojos que tanto le agradaron a Tian, centellearon con mucho calor, porque sentí un palpitar único en mi corazón. El
fuego que incendiaba mis mejillas, bajaba como el agua que rodaba por mi cuello y pecho, cuando me bañaba.
–Sí, me gustaría mucho.
Sus manos me rodearon del brazo con delicadeza, y me dejé guiar por su caminar lento y grácil.
–Dime, querida Ishi ¿A dónde te gustaría ir?-
Guardé silencio, porque no tenía un lugar en especial. A decir verdad quería ir a cualquier lugar y pasar lo más alejada de mi casa posible. Tian me acarició las
palmas de las manos con sus pulgares, haciendo círculos concéntricos, despertando así un aleteo en mi vientre. Sonreí llena de magia, pues supe que con su contacto, las
alas de mi alma se plegaban volviendo a la vida.
Podía sentir su respiración quieta en discordancia con la mía, la cual trataba de controlar para no jadear como un perro.
–Podría llevarte a la Bahía de Aberdeen.
Asentí en silencio, temiendo que ahí me viese algún amigo de mi padre, y les llevara el chisme de que su hija ciega, andaba paseándose muy oronda de la mano de
un chiquillo, quien sabe cuántos años mayor. Pero aun así me animé a ir, estaba decidida a tomar las riendas de mi vida, sin importar qué pudiera pasar.
Caminamos un poco y luego tomamos el rickshaw que nos llevó a las inmediaciones de aquella bahía. El olor era muy diferente al de cada espacio que mis pies
pisaban. Había dejado el olor a humedad y coles hervidas, junto a la temperatura tibia de mi hogar, para sentir otros estímulos más llenos de lo que otros llamaban vida.
Había lugares de la ciudad que olían a pescado y suciedad. Otros olían a frituras y cerdo. Los sonidos eran tan diferentes, como lo eran los dialectos y los acentos. Había
tanta diversidad que por un momento sentí pánico. Ese pánico que mi padre expresó una noche, al decir que nuestra cultura estaba mutando. ¿Acaso no era bueno
cambiar? Estaba tan acostumbrada a la amorfa confianza que tenía en mi espacio personal, que el estar rodeada de tantos estímulos diferentes, me animaba y a la vez
asustaba.
Tian me dijo que en China había muchos extranjeros y que los mongoles, los de Cantón, y Pekín tenían acentos muy diferentes al nuestro. También me pareció
escuchar una lengua única; era melodiosa y rítmica; quizás hipnotizante. Sentí que con aquellas palabras que no comprendía, el alma me volaría en un viaje sin retorno,
para encontrarse con la de aquel hombre expresivo.
–¿Quién habla?- le pregunté a Tian con interés, buscando a mi alrededor, como si con ello pudiera dar con la persona cuya voz, acariciaba mis oídos sutilmente.
No sabía lo que significaba el amor y mucho menos estar enamorada. Pero lo que sentía en mi pecho, era una mezcla de euforia, temor y a la vez… a la vez ese lenguaje
llegó a hacerme sentir realmente especial. Quizás me sentía llena de nostalgia y asaltada por la magia que me abrazaba del exterior, junto a la confianza que me ofrecía
Tian.
–Es un mercader inglés- le oí decir de pronto –Son nuestros enemigos si somos pobres, y nuestros aliados si eres rico.
No me gustó el tono que uso Tian para referirse a otro ser humano, por más enemigo que fuera, no merecía su desprecio. Conocía muy poco el desprecio que
había entre chinos e ingleses, pero sabía lo ofensivo que era ser rechazado y etiquetado por alguien.
–Descríbelo para mí.
Le pedí con tono de urgencia. Ya unos minutos antes había tocado el rostro de Tian, por lo que me sería fácil imaginar cómo lucia ese enemigo, cuyo dialecto se
me hacía tan apreciable.
–Es de piel blanca y lisa, debe tener unos cuarenta años. Es de ojos celestes y el pelo rubio. No es como nosotros, de eso puedes estar segura.
Agregó con tono molesto y ofendido.
Con tantas características, me era imposible crear una imagen vívida de aquel hombre. Intenté tomar el rostro de Tian como modelo mental y modificarlo con las
cualidades que me describió, pero fue en vano. Mi mente estaba vacía, no conocía el color azul ni el blanco ¿A qué olían y cómo se sentían esos colores?. Tampoco sabía
qué significaba ser rubio. Agradecí su amabilidad en describírmelo con una reverencia. Luego mi lengua se inquietó tanto como mi corazón y solté una pregunta más.
–¿Es guapo?- Tian se asombró por aquella pregunta. Hubiera deseado sentir su rostro para describir su emoción en aquel momento, pero podría tomarlo por
mala educación. Así que esperé a que respondiera defensivo, cosa que no hizo –Es broma… Anda, llévame al puerto que me has dicho.
Tian me tomó de la mano y caminamos despacio, hasta alcanzar una superficie de madera. Desde ahí el sol irradiaba calor con mayor potencia que desde mi
hogar. El aire salino arañaba mis mejillas, como si arrastrase pequeñas piedrecitas por mi rostro.
A medida que nos acercábamos, podía escuchar el sonido de algo chocar contra el agua. Entonces imaginé que eran los barcos que como los tazones de arroz,
navegaban en la pileta con jabón. ¿Qué tan grande era el estanque de agua frente a nosotros?
–Tian, ¿Puedes decirme como es este lugar?
Escuché que tomó aire y lo relajó en un suspiro. Le apreté la mano, y susurré que no debía hacerlo si no quería.
–Tranquila, no pasa nada, este lugar me trae recuerdos eso es todo- se giró y me tomó del brazo otra vez, para caminar un poco más cerca de aquel sonido que se
hacía más estridente –Hay muchos barcos y personas con los pantalones arremangados hasta las rodillas. Muchos usan redes para pescar y otros más animados, se
hunden en la orilla del mar, para pinchar róbalos con sus lanzas hechas en casa.
–¿Cómo es una red de pesca? ¿Qué tan grande es el océano?
Tian me fue empujando a paso lento hasta la orilla, y escuché el murmullo de los hombres balbucear groserías, pero no dejé que sus ofensas me impidieran sentir
esa nueva parte del mundo. Tenía tantas preguntas y tanto por conocer.
Mis pies se hundieron en una masa como de pan, pero llena de aspereza, supe entonces que pisaba la arena. Luego caminé un poco más y sentí cómo el agua me
golpeaba las piernas. Aspiré el aroma a sal, sangre y peces. Luego Tian me rozó las manos con un objeto áspero y a la vez suave. Sentía que era una manta mal tejida,
pues mis dedos se escurrían entre varios hoyos.
–Esto mi querida Ishi, es una red de pescar.
Sonreí llena de asombro, estaba fascinada por todo lo nuevo que había descubierto aquel día. No sabía qué hora era ni cuánto hacia que había salido de casa. No
quería volver, pero sabía que ya era momento de hacerlo.
–Muchas gracias Tian, por acompañarme en este paseo tan especial.
–No hay nada que agradecer, ha sido un verdadero honor.
–Me llevas de regreso a casa, por favor.
Tian entrelazó sus dedos con los míos, y me llevó por un atajo diferente, para llegar a casa más pronto y a la vez, para mostrarme otra forma de aquella ciudad.
Pasamos por un bosque donde conocí lo que era el césped y la delicia de las flores, me emocionó hasta las lágrimas. Su textura áspera en el tallo y su delicada
suavidad en los pétalos, su aroma lleno de fragante perfume, provocó en mí la necesidad de quedarme en aquel lugar por siempre.
–No quiero irme de aquí Tian. Este lugar es tan perfecto y tan único. Tan lleno de magia y paz.
–Quisiera quedarme más tiempo contigo también Ishi, pero ya pronto a nochera. No quisiera que por mi culpa tus padres te dieran una paliza.
–No me importa recibir una más, el día de hoy ha valido por todos mis años de mi vida. Conocerte ha sido lo más hermoso Tian, me has mostrado la otra cara de
la vida. En mi hogar solo conocía las sombras, el dolor y la tristeza. Contigo he conocido que la vida es dulce, suave, cálida y llena de magia por doquier. Podría dormir
en mi rincón y morir tranquila, sabiendo que hoy fue el mejor día de mi vida.
–Ishi- su voz se volvió grave y sutil –Eres tan noble y tierna- se acercó más a mí, posó una de sus manos en mi mejilla y la acarició con suavidad. Mi cuerpo se
estremecía con temor. Nunca antes había sido mimada, admirada y mucho menos acariciada por alguien; por un espíritu tan afín a mi energía, y con el cual me acoplé de
inmediato como si nos conociéramos de antaño. –No puedo creer que siendo tan preciosa por dentro y por fuera, tus padres te ofendieran con un nombre tan frío y
grotesco- sus labios se adhirieron a mi piel en un roce lento y cálido. Su aliento entibiaba mi mejilla y sus manos aferradas a las mías, me hicieron sentir el palpitar de su
corazón en mis propias palmas. Me tomó de la cintura y me acercó más a su cuerpo, susurró en mí oído con lentitud, una serie de palabras que fueron como un verso de
vida –Para mí y todos los demás serás Zhēnzhū Liánhuā…Perla de loto. Tu corazón y toda tú eres una preciosa perla, oculta en las tinieblas de una casa donde nadie te
admira. Tu esencia fragante es el reflejo de la flor de loto cuya fortaleza y belleza, crecen juntas para hacer de ti una futura mujer ejemplar.
Y diciendo aquellas palabras que me enamoraron, Tian me besó en los labios. Sentí que el mundo que mis pies pisaban y mi mente trataban de dar forma con
esfuerzo a cada instante, se desplomó con un soplo del viento. ¿Acaso era eso amor?
Capítulo 3
Durante décadas, China sufrió varias transformaciones como lo hace la flor de loto, pero el lugar estratégico que ocupaba la Isla de Hong Kong, ya venía siendo
codiciado por Inglaterra desde hacía mucho tiempo atrás, siendo que a los comerciantes les favorecía mucho su posición notalmente. Su historia se remonta a
emperadores y a dinastías de diferente estirpe, pero una de las más importantes fue la dinastía Qing, que se consolidó más durante el siglo XVIII, haciendo que el
comercio de China, aumentara al integrarse Gran Bretaña a su importe de materia prima. Antes solo se exportaba porcelana y seda a los lugares más estratégicos de
Europa, pero cuando la dinastía de los Qing restringió el comercio desde el puerto de Cantón (el único de por si en funcionamiento), los impuestos a los Europeos
fueron aumentados en demasía, haciendo que Inglaterra buscara nuevas formas de comercio. España se beneficiaba porque tenía yacimientos de plata en colonias
americanas, por lo cual pagar cualquier suma exigida no era un problema, a diferencia de Gran Bretaña que debía buscar un medio viable para para reducir el alto coste de
impuestos. Así fue como comenzó la introducción del opio desde la India y Turquía hasta China. Este sistema mercantil de intercambio, fue la gran oportunidad que
China buscaba junto a Inglaterra, cuyas embarcaciones zarpaban desde el puerto de Cantón, donde una vez desembarcado el opio, los ingleses podían comprar la
porcelana, el té o la seda que a su vez se transportaban a Europa y Estados Unidos. Con dicho dinero los ingleses podían comprar nuevos cargamentos de opio para
introducirlos de nuevo a China.
Con el tiempo, Inglaterra tomó mayor importancia al puerto de Hong Kong, dando rienda suelta a todas sus ideas mercantiles. Los comerciantes se reunían en
salones comunes, para hacer acuerdos y ayuntamientos con los nobles menos morales, y así impedir que sus mercancías fueran echadas al olvido.
Con la introducción del “o-fu-jung” se abrieron salones especializados, para que los hombres gozaran del placer de fumar y procedentemente, se empezaron a
abrir casas de cortesanas de diversas categorías y prostíbulos, como vergonzosa competencia, ya que además de ofrecer placeres eróticos también se gozaba del licor y
del opio. Las casas de cortesanas recibían gran número de extranjeros que pagaban muy buenas sumas de dinero, por hacer sus fantasías realidad con cualquier mujer; y
si el opio estaba de por medio, tanto extranjeros como chinos dejaban gran parte de su efectivo en aquellos lugares y placeres.
Lo que beneficiaba a primera vista la economía de China, se convirtió en la mayor perdición de muchos hombres. Millones de chinos adictos al “o-fu-jung”
junto a los deleites del cuerpo; abandonaron sus trabajos y hasta familias. Eran tiempos revueltos, unos aumentaban sus ganancias, mientras otros quedaban en la peor
de las pobrezas, tanto morales como económicas.
Londres, siglo XVIII
Una vez que Inglaterra firmó contratos con países cercanos y después de que la guerra Napoleónica la dejara con miserables ingresos, a principios del siglo
XVIII comenzó a despertarse una nueva suerte reflejada en los astros, vaticinándose una fuerte ola de crecimiento económico. El Reino Unido volvía a estar sobre la
cresta de la esfera geográfica.
La nobleza junto a las clases altas y medias, habían acumulado considerables riquezas provenientes del comercio de antaño, dando lugar a una re-organización
del sistema agrícola, a la vez que crearon un nuevo proletariado para la recién iniciada Revolución Industrial.
El afán de poder comercial, llevó a muchos hombres de negocios y mercaderes, a ampliar sus contactos, encontrando así nuevas rutas de importación de
productos, para seguidamente exportarlos a otros países y aumentar así su poderío.
La India y Turquía fueron las primeras naciones en ser explotadas, pero cuando la recién coronada Reina Victoria subió al poder, la economía de Inglaterra creció
más, ampliando sus rutas navales hasta China. Nación que deseaba permanecer aislada de los extranjeros por creerse autosuficiente. Durante siglos los chinos apenas
habían tenido contacto con el resto del mundo, pero muchos comerciantes europeos, estaban tan interesados en sus productos que después de diversas cartas enviadas
al emperador, el gobierno chino les autorizó comerciar solo con el puerto de Cantón, para así controlar mejor las transacciones.
En años siguientes, China se volvió la nación más codiciada por sus exquisitas telas de seda, su incomparable té y su finísima porcelana, despertando la avaricia
en otros mercaderes quienes querían más poder que sus oponentes, sabiendo que el comercializar con un solo puerto, jamás les daría las ganancias que deseaban, por lo
que buscaron otras medidas para abrirse camino.
Por su lado la reina Victoria junto a su esposo Alberto Coburgo, deseaban el mayor bienestar para su nación, por lo que ampliaron sus alianzas e influencias,
haciendo que el Reino Unido se convirtiera en la primera potencia mundial, desde lo político hasta lo industrial. Muchos hombres de clase alta se convirtieron en
poderosos mercaderes, pero requerían la ayuda de socios y hombres pobres, quienes se encargaban de comercializar y movilizar los productos de puerto en puerto,
pero ese no era el caso de Donovan, él prefería hacer las cosas por sí solo y así encontrar en la navegación, su tiquete a la libertad. Era descendiente escocés por parte de
su madre, mientras su padre pertenecía a la más fiel y cercana aristocracia de Inglaterra. Eran pocos los viajes que realizaba, siendo que a él solo le correspondía
supervisar números de entrada y salida de productos. Aunque a veces se embarcaba en un viaje de varios meses, para entablar relaciones con otros mercaderes,
intercambiar conocimientos y además, mirar cómo iba el avance de aquel pueblo oriental, bajo el mando de Inglaterra. Le enorgullecía saber que su país se volvía cada
vez más poderoso y que sus ventas aumentaban cada día un poco más. Se sentía animado por la fortuna que dejaría en herencia no solo a su hijo Adolf, sino a la
pequeña Emma como dote.
Donovan era un hombre de mirada nostálgica tan azul, como el océano que admiraba y de cabello tan rebelde como su alma. Gozaba de muy buena vida y
comodidades en la Mansión Danvergeld, pero desde joven siempre había sido dado a desafiar a cualquier tipo de autoridad. Era alérgico a las etiquetas sociales, y se
sofocaba bajo los rígidos estándares de educación y moral. Por lo que aventurarse como mercader, le abrió las puertas a esa celda temporal en la que se escondió nada
más casarse con Nancy. El ser padre de dos hijos, también le impedía moverse con mayor soltura, hasta que por fin encontró el momento idóneo para liberarse. Su hijo
Adolf era un chico callado que se sumergía en los planos geográficos y en los libros de historia. Le interesaba muy poco el comercio que tenía su padre con China y
otros países, porque para él solo había un momento especial y ese se remontaba al estudio de nuevas lenguas, al descubrimiento de otros países en el globo terráqueo y
en conocer todo sobre las civilizaciones antiguas. Su madre esperaba que Adolf se convirtiera en un poderoso hombre de negocios y no en un mercader como su padre,
quien siempre desafiaba las reglas, incluso si era descendiente de cercana cuna noble. Nancy quería que su hijo tuviera un futuro seguro y alentador como el creador de
una fábrica imponente, que marcara la primera generación de su familia, como un hombre de verdadero poder. Quería que él limpiara las rebeldías de su padre y que sus
hijos siguieran la línea sucesoria de nobles y dueños importantes. Pero Adolf solo quería dedicarse a aprender y a enseñar. Quería ser profesor de letras y también
dedicarse a la arqueología, dos disciplinas vergonzosas para una familia como la suya. Los ilustres y filósofos no ganaban terreno importante como lo hacían los
inventores, los médicos y los dueños de fábricas. Pero al ver lo testarudo que era su hijo, Nancy solo podía resignarse a las habladurías que cada día iban en aumento,
por lo que optó por dejar de defender las andanzas de su esposo, y en su lugar allanar lo mejor posible el terreno para su hijo. Se prometió que nada más cumplir su hijo
los dieciocho años, le buscaría una mujer digna para él, mientras le impulsaba a lograr el desarrollo de una fábrica textilera.
Capítulo 4
Con Tian conocí lo mejor del mundo. Mis sentidos fueron agudizándose con mayor facilidad, comprendí que era una chica diferente y no por eso debía cargar a
cuestas, con una maldición que avergonzaba a mi familia. Mis padres campesinos tenían la mente bastante estrecha y el corazón muy endurecido. El alma también la
tenía intoxicada con supersticiones y miedos, que intentaron insertar dentro de mí, pero jamás lo lograron. Sus golpes y críticas solo laceraban mi cascaron; lo más
importante seguía intacto porque supe que mi corazón pertenecería solo a Tian. Al único chico quien además de guiarme por la vida con filosofía y carisma, me enseñó
lo que era sentirse amada y aceptada de manera incondicional, sin necesidad alguna de cumplir estándares y mucho menos expectativas. Comencé a escapar de casa las
primeras semanas sin que mis padres se enfadaran. Luego supe que aquello era un espacio de libertad mutua. Yo me alejaba de aquel encierro, y ellos se libraban de mi
estorbo. Esperaba en algún momento una reprimenda por parte de mi madre, una crítica advertida, un golpe de cucharon, pero nada de eso tuvo lugar. Solo me ignoraban
como siempre lo habían hecho. Tampoco volví a escuchar conversaciones incómodas entre mis padres. Era como si yo ya no existiera en sus vidas. Al principio me
preocupó aquella indiferencia, luego la agradecí como el inicio de mi más cercana bendición.
Mi amistad con Tian fue creciendo con el tiempo, junto a nuestra confianza que fue derivando poco a poco en amor. En aquel sentimiento que desconocía por
influencia familiar, y que jamás oí nombrar en ningún cuento de fantasía infantil ni romántico. Tian se convirtió en mi guía, en mi luz y mejor medicina. Sus palabras
dulces, llenas de amor y caricias delicadas, me hacían sentir verdaderamente especial. Me sanaban las heridas que en mi alma, comenzaron a debilitar las alas que un día
me llevarían a volar lejos. Pensé que sería prisionera de mi choza hasta el día de mi vejez, pero Tian había llegado a mi vida para convertir mi tormento en una lluvia de
colores. Como decían sus gruesos y suaves labios, al susurrarme en mi oído a medida que me hacía caricias pícaras en la espalda y el abdomen: tu tormenta de granizo,
se ha convertido en una suave lluvia, que irradia un dulce arcoíris, y al centro del óleo, estamos los dos tomados de la mano.
Jamás me había puesto a pensar en la suerte, ni el destino. Por supuesto que los de mi país creíamos en infinidad de supersticiones, pero Tian me enseñaba lo
más básico y fundamental del budismo. Me enseñó que la vida es eterna y que por dicha razón, todos hemos vivido incontables vidas hasta el momento presente. Lo
que quiere decir, que no nacemos como hojas limpias sobre las cuales el destino y los sucesos van marcando su huella imborrable, sino como cuadernos en los cuales ya
se han escrito varias vidas, trazadas infinidad de veces.
Mis padres daban ofrendas a sus antepasados, les rendían culto para que estos les evitaran malos tragos, creían en el destino, pero Tian me explicó que cada uno
de nosotros somos capaces de cambiar y crear nuestro destino, así como nuestro karma. Tenemos el poder de alcanzar un estado de conciencia y control mental, capaz
de darle un giro necesario a nuestras vidas, presentes y futuras. Y así fui poco a poco su alumna, cambiando mi manera de pensar y ver el mundo a través de mis demás
sentidos, sin contar la vista.
–Quiero ser tus ojos para que con los míos, solo puedas mirar la bondad y belleza del mundo- dijo con suavidad, besándome los parpados de ambos ojos,
mientras sostenía mi mano entre la suya, infundiéndome su calor –Quizás por eso naciste así, porque vivirías en una lucha incesante entre la bondad de tu alma pura y
lo más horrible del mundo- sonreí ante su filosofía impersonal, y estiré mis brazos buscando su rostro –Tú Ishi, mereces vivir y mirar solo lo mejor de la vida. Espero
estar a tu lado siempre para lograrlo.
–Eres tan celestialmente dulce Tian- rocé sus mejillas con mis dedos, luego dibujé su nariz y me perdí en el contorno de sus labios que tanto me gustaba –Dime
¿cómo es este lugar?
–Es un espacio fragante, lleno de verdor y árboles frutales con colores muy brillantes. No muy lejos de aquí, hay un puente de bambú que pasa sobre un sutil
riachuelo. También hay avecitas, zorros y conejos.
Habíamos bautizado aquel rincón del bosque como el “valle de la esperanza”. Porque ahí crecería mi espíritu de la mejor manera. Con Tian de la mano, había
descubierto que a pesar del dolor en la vida siempre había esperanza, y mientras camináramos juntos tomados de la mano, ante sus ojos que a la vez eran los míos, se
abriría camino como nuestro valle.
–Sabes, quizás no estés todavía preparada para ser mujer- expresó con incomodidad alejándome de su pecho –Aun te faltan dos años para cumplir la edad del
clavel.
No comprendía su forma ilustrada y metafórica de hablar, pero logré esta vez desenterrar el mensaje oculto en sus palabras y comprender lo que intentaba
decirme.M e acomodé mejor en el suelo, alejándome de la comodidad que me ofrecía la cercanía de su cuerpo, y me puse frente a él como si lo estuviese mirando.
–Quiero ser tu única mujer Tian, solo tuya.
Hablé con poder y determinación. Tian me abrazó con fuerza, temiendo que ese momento se disipara demasiado pronto. Como si presintiera que en algún
momento de nuestras vidas, me raptarían para forzarme a entrar con prontitud a la temida edad del clavel, sin ser él quien me iniciara.
–Así va a ser Ishi, tú serás mi única mujer.
Susurró con poco convencimiento y aquello fue justamente, lo que me embargo de pánico. No quería separarme de su lado, no quería ser de nadie más.
–¿Hay algo que deba saber que no quieres decirme?- Pregunté con tono confrontativo. Tian guardó silencio, temiendo destrozar la magia que irradiaba en mis
ojos. Ese brillo que colgaba mi alma en aquel par de ventenuelas verde oscuro, como si esa luz fueran dos lunas bailando en mis irises muertos –No soy estúpida Tian,
sé que esa edad del clavel, tiene algo que ver con la virginidad de una mujer. Dime por favor ¿A qué te refieres?
Tian tomó un suspiro, como si con este evitara que su corazón estallara en mil pedazos.
–Ruego a Buda que esta desgracia no te ocurra jamás mi preciosa Perla de Loto, pero la mayoría de las familias pobres, venden a sus hijas como cortesanas y las
menos afortunadas, se convierten en prostitutas- Mi mandíbula se desencajó al oírle decir aquello. El horror se apoderó de todo mí ser, que ya comenzaba a volar libre y
alegre como si fuera un hada, bailando entre las flores –La edad del clavel es el momento culminante en la maduración de una jovencita. Nada más cumplir los quince
años, es presentada en la sociedad cortesana para que algún hombre poderoso y con dinero suficiente, compre tu desfloración- Tian guardó silencio a la espera de que yo
dijera algún comentario, pero estaba tan sumida en el caos que solo necesitaba terminar de oír aquella espantosa realidad, para al igual que él, suplicar a Buda que me
librase de aquella pesadilla –Un hombre cualquiera puede pagar por ti para

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