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Una noche para una vida entera – Noni García

Una noche para una vida entera – Noni García

Una noche para una vida entera – Noni García

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Mi nombre es Damián, tengo
veintisiete años y soy arqueólogo en el
Museo Arqueológico de Jerez de la
Frontera. Mi vida es simple. Cada día me
levanto a las seis de la mañana, salgo a
correr y vuelvo a casa con el tiempo
justo para darme una reconfortante
ducha e ir a trabajar.
Ocho horas de un trabajo que no
me gusta pero que me vi obligado a
ejercer por conseguir que mi padre se
sintiera orgulloso de mí después de
pasar por un centro de menores en mi
adolescencia.
Entonces mi vida era un caos.
Trapicheos con drogas, alcohol, bandas,
malas compañías,… hasta que la conocí
a ella.
Rocío era la cosa más bonita que
se había cruzado en mi vida, por ella
dejé atrás todo ese mundo y quise ser
mejor persona. Supongo que me
enamoré nada más verla y supongo que a
día de hoy lo sigo estando, aunque no lo
sé porque nunca, antes de ella, había
sentido nada por nadie.
En un par de meses es nuestro
aniversario y voy a pedirle que nos
casemos. Será el año que viene
aprovechando que la fecha de este caerá
en sábado. Sé que le encantará porque
es una persona muy calculadora y le
gusta que todo cuadre.
Hoy llega nuevo personal al
museo. Han encontrado un hallazgo de la
época romana haciendo una excavación
para el garaje de un edificio de
viviendas. Es lo que tiene Cádiz, que
levantas una piedra y te sale un teatro
romano. Al parecer son algunos huesos y
varias vasijas.

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Así que hoy toca enseñar
métodos de trabajo, ir al lugar donde
han aparecido y hacer un examen
preliminar para determinar ante qué nos
encontramos.
En unos días tengo claro que
tendré al dueño de la constructora
haciendo presión para que terminemos
lo antes posible y poder seguir la obra.
Día parado, día de pérdidas.
Es nueva, nunca antes había
escuchado el nombre de esta empresa en
el tiempo que llevo siendo director del
museo.
Sí, soy el director del museo.
Heredé el puesto de mi padre porque
nadie quería hacerse cargo de semejante
marrón. Mi padre era una gran persona,
pero un auténtico desastre y me costó
varias semanas poner orden en todo lo
que había allí dentro.
Un correo electrónico del
ayuntamiento me avisa que no habrá
personal disponible antes de dos días,
que por favor vaya viendo los hallazgos
porque andan cortos de presupuestos y
no quieren contratar a más gente de la
debida.
Siempre es un placer trabajar
con los ayuntamientos. En fin, tendré que
ir yo a la excavación para hacer el
examen preliminar. Sólo espero no
encontrarme con el personal de la
empresa constructora porque hoy no
tengo paciencia para aguantar ningún
tipo de tonterías.
Casi mejor iré esta tarde y así
me aseguraré de que no haya nadie, pero
no puedo ir a última hora porque esta
noche quiero salir a cenar con Rocío…
¡Ah, no! Rocío hoy tiene noche de
chicas. Bueno, pues siempre puedo
llamar Pedro y tomarnos algo. A fin de
cuentas es viernes, está soltero y no
tiene novia.
Voy a adelantar trabajo antes de
comer y a ver que me encuentro dentro
de un rato en Cádiz.
El trayecto ha sido de lo más
entretenido. Hoy es el día de los coches
averiados y los guardias civiles
poniendo multas. Por suerte, no
pertenezco a ninguno de esos grupos.
Pego un par de voces para que el
guardia de seguridad sepa que ando por
aquí, pero nadie contesta. Me doy una
vuelta por la obra hasta que encuentro lo
que venía a ver. Se trata de una vasija y
algunos huesos demasiado limpios. Con
verlos de lejos, puedo asegurar que no
hará falta ningún personal extra. Se ve a
leguas que son falsos y que han sido
colocados ahí convenientemente.
Últimamente se hacen estas
cosas para retrasar las construcciones.
Así la gente denuncia a la empresa por
incumplimiento, estas les devuelven el
dinero y caen en bancarrota
favoreciendo a la empresa que ha
provocado el engaño.
Tras mucho tiempo siendo esto
el pan nuestro de cada día, he aprendido
a distinguir falsificaciones sin tener que
acercarme. Sólo por el simple hecho de
la profundidad y el estado en el que se
encuentra, es imposible que sean de la
época romana.
Me vuelvo y doy de bruces con
alguien que cae al suelo. La ayudo a
levantarse y veo a una mujer de esas que
quitan el hipo. Con más curvas que el
circuito de Jerez y de las que provocan
morbo con solo sentirla cerca.
¡Mierda! Mi polla ha
reaccionado y eso nunca antes me había
pasado con una desconocida. Ni tan
siquiera con Rocío el día que la conocí.
–Discúlpeme. Creí que estaba
sólo, cuando llegué…
–No se preocupe, yo también
creí que estaba sola. Suelo tener los
auriculares puestos cuando necesito
concentrarme y no escuché cuando llegó.
–Damián García, Director del
Museo Arqueológico de Jerez de la
Frontera.
–Carmen Rubiales, propietaria
de la empresa constructora que está
haciendo esta obra.
Pues para nada me esperaba que
semejante bombón fuera la que me va a
presionar para que termine pronto con
las excavaciones.
Necesito centrarme porque ahora
mismo tengo la polla tan dura que en lo
único que puedo pensar es en meterla en
esa caseta de obras y follármela hasta
que me pida que pare, hasta que esté
exhausta.
¿Qué demonios me pasa? Nunca
antes me había pasado nada así. Es una
necesidad imperiosa que me siento
incapaz de controlar. Espero que ella no
lo esté sintiendo también porque ahora
mismo no me importaría serle infiel a
Rocío si ella se insinuara.
No me puedo creer que esté
pensando eso. Yo nunca le he sido infiel
a Rocío, pero no sé por qué esta mujer
provoca lo que está provocando en mí.
–Si me acompaña a la caseta de
obra, le enseño cómo se han estado
sucediendo las cosas.
Me temo que ella también piensa
que todo es una patraña de alguna
constructora. Tiene pinta de ser una
mujer inteligente que no se deja engañar
fácilmente y eso significa que voy a
tener bastante fácil el trabajo.
Por lo pronto ya puedo enviar un
correo al ayuntamiento diciendo que no
contraten gente porque esto lo puedo
solucionar yo en un par de días aquí.
Entramos en una caseta de obra
donde todo está ordenado y organizado,
justo como a mí me gusta. Es uno de
esos sitios donde puedes encontrar la
aguja del pajar.
Algo se le cae al suelo y ese
trasero no me lo está poniendo nada
fácil. No puedo parar de mirarlo y mi
erección amenaza con estallar dentro de
mis pantalones. Me urge salir de aquí
porque la pobre mujer no tiene culpa de
los pensamientos lascivos que estoy
teniendo con ella. Estoy seguro de que
esta noche soñaré que me la follo y, si
Rocío llega pronto a casa, seguramente
me la follaré pensando en ella.
Cuando vuelvo a la realidad, veo
cómo Carmen me mira. Seguro que se ha
dado cuenta de lo que estaba pensando y
pensará que soy el tío más salido que ha
conocido en su vida. Razón no le faltaría
si lo creyera.
Sus ojos llaman mi atención
porque tiene las pupilas dilatadas y eso
sólo puede significar dos cosas. Una,
está colocada o, dos, está excitada. Y
tanto una como la otra me aterran.
Nuestras miradas se encuentran y
nuestras respiraciones se alteran a cada
segundo. Lo tengo claro, está tan
excitada como yo y no me apetece nada
parar lo que estoy seguro que pasará.
Los dos caminamos hasta
tenernos frente a frente, nos estamos
pidiendo un permiso que sabemos que
no necesitamos pedir porque nuestras
miradas lo dicen todo.
Doy el primer paso y la beso.
Me separo de ella y no sé en qué
momento se ha desabrochado el botón y
la cremallera del pantalón, pero lo
cierto es que coge mi mano derecha y la
mete dentro de su ropa interior hasta que
me hace tocar su sexo.
Está húmeda, muy húmeda. Eso
provoca que un gemido salga de mi
garganta y mi mano cobre vida propia
dándole el placer que su humedad pide a
gritos.
Me desabrocha el pantalón
mientras la toco y abarca mi erección
con una mano. Con la otra me baja los
pantalones y la ropa interior para jugar
con mis testículos a su antojo. Si sigue
tocándome así, no voy a durar un suspiro
y me muero de ganas por estar dentro de
ella.
Ella opina lo mismo porque me
suelta y comienza a quitarse la ropa
mientras yo hago lo mismo. Se acerca a
la puerta y cierra con llave para evitar
sorpresas.
Le doy la espalda mientras
despejo la mesa, no quiero destrozar
nada mientras follamos. Me abraza por
detrás y vuelve a abarcar mi erección
que no para de crecer. Creo que nunca la
había tenido tan dura y tan grande.
La subo en la mesa y caigo en la
cuenta…
–¡Mierda!
Me mira, sonríe y sé que me ha
leído el pensamiento. Se tumba en la
mesa, abre un cajón y saca una caja de
doce preservativos sin empezar. Mi
único pensamiento es que no la dejaría
salir de aquí hasta gastarla.
–¿Siempre estás tan preparada?
–No, los he comprado para
llevarlos a casa. Mañana llega mi novio
de viaje. –¡Genial! Si no tienes nada que
hacer esta noche, te prometo que la
gastaremos y mañana tendrás que
comprar una nueva. Después cada uno
por su lado.
–¡Perfecto!
Abro la caja de preservativos y
no tardo más de treinta segundos en
tener uno colocado.
Se abre de piernas para
recibirme y no tiene tiempo de rodearme
la cintura cuando entro tan dentro de ella
que la hago gritar. No, no es un grito de
dolor, es un grito de puro placer.
Cuando recobra el aliento tras la
brutal embestida que le acabo de dar, su
dedo corazón vuela a su clítoris y juega
con él mientras la embisto una y otra vez
hasta que se corre y queda desmadejada
a mi antojo.
No, Carmen, no. No pienso parar
hasta que te vuelvas a correr y esta vez
lo harás conmigo.
Vuelvo a embestirla con fuerza y
esta vez es mi dedo pulgar el que juega
con ella. Ahora todo el placer voy a
dárselo yo.
Su cuerpo reacciona a mi dedo y
a mi polla y no tarda mucho en volver a
jadear. El orgasmo está cerca, lo sé. Las
contracciones de su vagina me lo están
diciendo y yo estoy también estoy cerca,
pero tengo que aguantar, quiero saber lo
que se siente al correrse a la vez que una
mujer.
Está a punto de estallar y yo
también, sólo necesito…
–¡Córrete, joder! Hazme sentir
todo lo que me decía tu mirada.
Y no aguanta más, se corre y sus
palabras me arrastran con ella.

2
Lo que acaba de pasar es una
jodida locura. Nunca antes había sentido
una atracción tan incontrolable por
alguien, ni tan siquiera por Rocío que es
la mujer de mi vida… o eso se supone,
porque ahora mismo dudo hasta de que
existo.
El orgasmo ha sido demoledor,
el único fallo ha sido tener que ponerme
protección. Si la hubiera sentido por
entero…
Salgo de ella y le doy la espalda
para quitarme el condón. Vuelvo a
girarme y todavía está tumbada en la
mesa recobrando la respiración. Sólo de
ver su cuerpo desnudo me invaden unas
incontrolables ganas de volver a hacerla
mía y mi polla, que hasta hace un par de
segundos estaba flácida, empieza a
cobrar vida de nuevo.
Carmen se incorpora y se queda
sentada sobre la mesa con las piernas
abiertas. Me pide que me acerque y tira
de mí hasta que mi polla choca con su
abdomen. Rodea mi cintura con las
piernas y con los brazos mi cuello.
–¿En tu casa o en la mía?
–En la tuya porque mi novia
duerme esta noche en la mía.
–Pues será mejor que nos
vistamos porque si sólo vamos a tener
esta noche… quiero aprovecharla muy
bien.
Me besa con pasión y empiezo a
dudar que salgamos de este despacho sin
volver a follármela, pero me controlo
porque este no es el mejor sitio para dar
rienda suelta a nuestra pasión. Si al
vigilante de seguridad le diera por abrir
la puerta para comprobar que todo está
bien dentro del despacho, se llevaría
una gran sorpresa.
–Vístete y mándame la ubicación
de tu casa a este número por whatsapp,
yo tengo que hacer un par de llamadas
antes de llegar – cojo un bolígrafo del
lapicero y escribo mi número en un bloc
de notas que hay en el escritorio.
–Está bien, pero no tardes que
me muero de ganas por volver a tenerte
dentro de mí.
–¡Joder, Carmen! Voy a salir de
aquí con una erección de caballo.
–Lo sé, tengo bastante claro lo
que provoco en los hombres…
Vuelve a besarme y, tras
terminar el beso, le doy la vuelta, hago
que se apoye sobre la mesa, la obligo a
extender los brazos sobre ella y me
deleito con ese culo de infarto en el que
tiene que ser una delicia entrar. Pero
ahora no es el momento.
Juego con su clítoris mientras le
doy tiempo a mi polla para que se
reanime y vuelva a estar

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