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Cien facetas del Sr. Diamonds Volumen 11 – Incandescente – Emma Green

Cien facetas del Sr. Diamonds Volumen 11 – Incandescente – Emma Green

Cien facetas del Sr. Diamonds Volumen 11 – Incandescente – Emma Green

Descargar libro En PDF –No, acabo de llegar, no sabía que estabas en casa.
¿Te crees que soy tonta de remate, eh? Te vas a librar hoy, pero no sabes la que te espera…
–¿Y si no? ¿Qué tal con tu Diamonds? ¿Sigue en busca de la mujer de su vida?
¡Voy a hacer que te tragues la lengua!
–Sin novedades, la rutina. ¿Y tú? ¿Tristan y tú seguís tan enamorados?
–Sí, doy gracias al destino cada día por haberle cruzado en mi camino…, añade dirigiéndome una sonrisa tan falsa como sus palabras.
¿Ah sí? ¿A eso le llamas destino? ¿Acostarte con alguien solo para espiar a su mejor amiga?
–A veces me pregunto si me lo merezco, vuelve a añadir al observar mi reacción.
¡Se pregunta si lo he oído todo, me pone a prueba!
–Yo también me lo pregunto. Tristan es un buen chico, no ve el mal por ninguna parte…, le respondo, sin dejar de mirarla.
–¿Insinúas que yo soy el mal?
Peligro… ¡Me va a pillar!
–No, simplemente señalo que Tristan concede su confianza con facilidad. Espero que seas digna de ella.
–Sois amigos, por eso entiendo tu reacción, pero me parece que eso nos concierne a los dos, ¿no?
–Parece interesarte mucho mi vida amorosa, por eso me permito devolverte con la misma moneda.
–Despiertas mi curiosidad, Amandine. ¿Qué hace una chica como tú con un multimillonario torturado? Tengo curiosidad, eso es todo.
–Yo también.
Esta conversación de besugos llega a su fin. Iris no parece inquieta, está convencida de que no he oído su conversación con Eleanor. Totalmente desmoralizada por este nuevo golpe del destino, deposito el teléfono de Marion en la mesa del salón, le hago una señal con la mano a mi enemiga y me dirijo a la salida. Delante de la puerta, le hablo por última vez…
–¿Le puedes decir que le he traído el móvil, por favor?
–Sí. Y no dudes en volver, estoy segura de que tenemos muchas cosas de qué hablar. Pero la próxima vez, avisa en vez de plantarte aquí de improviso…
Ganas de matar…
–¡Me lo apunto!, le grito dando un portazo al salir.
Tras este intercambio de alta tensión, volver a trabajar parece el peor de los calvarios. Solo tengo ganas de una cosa: de irme a casa y desplomarme en la cama, evadirme en los brazos de Morfeo. No reflexionar ni pensar, ese es un lujo que no puedo permitirme. He logrado arrastrarme hasta la salida del metro sin chocarme con otros usuarios, pero no prometo nada, todavía podría ocurrirme. Apenas veo a los que pasan, adelantándome o cruzándose en mi camino en esta calle pretenciosa del octavo distrito que me lleva a la oficina. A fuerza de girar a toda marcha, mi cerebro corre el riesgo de implosionar. Darle vueltas no me ha conducido a nada, sigo entre dos aguas, incapaz de tomar una decisión. ¿Le revelo todo a Gabriel? ¿O le traiciono guardándome el secreto? No solo Eleanor sigue viva, Iris acaba de confirmármelo a sus espaldas, sino que no ha olvidado a mi amante. ¿Qué busca exactamente? ¿Cuenta recuperar a su Diamonds y comenzar una nueva vida con él?
¡Adiós Amandine!
¡Por encima de mi cabeza!
Tienen un hijo juntos, no puedo competir con eso…
Al verme llegar con lágrimas en los ojos y con cara de disgusto, Marcus se pone al instante su traje de confidente psicólogo. Adopta un tono de voz suave y me lleva a la cafetería para prepararme un “brebaje que te va a remontar la moral”. O lo que es lo mismo: un café con leche cremoso sabor vainilla.
¡Vaya que si remonta!
–Querida, pase lo que pase, no olvides que al final del túnel siempre está la luz.
–¿Pero qué dices Marcus? ¡No estoy en coma!
–Sabes a qué me refiero, la situación acaba siempre arreglándose…
–No estoy tan segura…, le digo, llorando como la que más.
–Amandine, querida, ¡me partes el corazón! ¿Quién se ha atrevido a hacerte tanto daño? Dímelo, que le envío a mi perro feroz detrás de él.
–¿Lo has comprado al final, tu chihuahua?
–Sí, por fin soy papá. Es negro y blanco, y se llama Jackson Five. Sabes, por lo de: “It doesn’t matter if you’re black or white”, y eso. ¡Ah sí! Había cinco cachorros en la camada y el mío nació el último… de ahí lo de “Five”. ¿Lo coges? Jackson por Michael y Five por…
–Sí, Marcus, lo pillo.

Cien facetas del Sr. Diamonds Volumen 11 – Incandescente – Emma Green

–Me mata haberlo dejado solo todo el día en casa… Solo tiene tres meses, mi pobre tesoro.
–En tu lugar, me preocuparía sobre todo por el apartamento…
–No, mi Jackson sabe contenerse: he cogido la opción coqueto y limpito. ¡De tal palo tal astilla!, añade, partiéndose de risa.
–Por lo menos no te sentirás decepcionado. Los perros son fieles, a diferencia de otros…
–Bébete el café, querida, verás, es una poción mágica para remendar los corazoncitos rotos. Si tu sexy boy te incordia, pasa al siguiente, la vida es demasiado corta como para…
–Hmm… ¿Os molesto?
Ferdinand de Beauregard, el dandi en jefe hace su aparición, igual de afectado que siempre en su traje de marca. Lanza una mirada que no da lugar a equívoco a mi colega favorito, que se escabulle después de acariciarme la espalda por última vez como signo de solidaridad y compasión.
–¿Va todo bien, Amandine? No parece estar en buena forma. Le estaba esperando para hablar del planning de Londres, pero eso puede esperar.
–No, no he pedido un trato favorable, voy a buscar mis apuntes y…
–¿Qué trato favorable? ¿De qué me habla?
–Me parece que usted me trata de forma diferente a los demás empleados. No sé por qué.
–Es usted muy imprevisible Amandine, quizá demasiado. ¿Se puede saber a qué se deben estas reflexiones?, me pregunta con una sonrisa exasperante en los labios.
–Lo sabe muy bien.
Tirarte a mi mejor amiga solo para ponerme celosa, por ejemplo…
¡Pues no lo has conseguido!
–No tenga miedo de expresarse, Amandine. Dígame lo que piensa de verdad.
–Ha manipulado a Marion… Para hacerme daño.
–Un poco sí. Pero no solo por eso. Su amiga es… encantadora. Y créame, hice que se lo pasara bien.
–¿No le molesta aprovecharse así de las mujeres? ¿Utilizarlas y luego tirarlas? Los hombres como usted me repugnan. Nos tratan como a objetos, con fecha de caducidad pegada en la frente… o en otra parte.
–Baje le volumen una raya, Amandine. Por un lado, se trataba de una relación entre adultos que consintieron. Y por otro, usted no es la más indicada para dárselas de perro guardián, me parece que su Diamonds tiene también cierta… reputación.
–Se equivoca en todo…
–Ya lo verá, acabará abriendo los ojos. Sobre él, sobre mí, sobre todos. Hablaremos mañana de Londres, preséntese en mi despacho a primera hora. Buenas tardes, señorita Baumann.
¿Con usted cerca? Imposible…
Son casi las 10 de la noche cuando Gabriel aparece tocando a la puerta de mi apartamento, bastante más confiado que el día anterior, como acostumbra. El hombre al que abro la puerta está sereno, alegre y condenadamente guapo. No me esperaba volverle a ver tan pronto, todavía tengo muy presentes las emociones de la noche anterior, a pesar de que Iris ocupa ahora la mayor parte.
El 99 % para ser exactos…
En un arrebato pasional, mi amante sublime me levanta del suelo y me besa ardientemente, sin sospechar de mi desasosiego. Tomada por sorpresa, me dejo llevar con mucho gusto y durante unos segundos, logro olvidarme de todo. Luego, mi multimillonario me vuelve a posar en el suelo y me ofrece la sonrisa más tierna del mundo. Es demasiado para mí, mi cerebro torturado me ha quitado todas las fuerzas y sin darme cuenta, se me caen las lágrimas. Inquieto y conmovido, Gabriel se apresura a hacerlas desaparecer de mi rostro.
–Mi Amande dulce, ¿qué ocurre?
¡Dile la verdad!
¿Estás loca? ¡No digas nada!
Acabará sabiéndolo y lo pagarás caro…
¿Acaso quieres que encuentre a Eleanor? ¡Cállate!
–¿Amande?, vuelve a decir. Estoy aquí, no me voy a ningún sitio hasta que no me digas lo que te preocupa. ¿Es por Beauregard?
–No, no tiene nada que ver con él. Estoy… agotada.
–¿Estás segura? ¿No tienes nada que decirme respecto a él?
–¿De qué me hablas? ¿Por qué no te olvidas de él? Te pasas el día alertándome contra él, pero te repito, me…
–Sé que sale con Marion, añade fríamente interrumpiéndome. Y me pregunto si es eso lo que te pone triste. O peor aún, celosa.
–¿Cómo lo sabes?
–He contratado un detective…
–¡¿Perdona?!, le digo ruborizándome.
–Amande, cálmate, solo quiero asegurarme de que permanece alejado de ti a una distancia aceptable.
–¡Estás completamente chiflado, Gabriel! Si no detienes todo eso de inmediato…
–¿Qué? Acaba tu amenaza, Amandine, quiero oír lo que sigue.
–Quiero que entiendas de una vez por todas que Ferdinand de Beauregard no es más que mi jefe, que nuestra relación es estrictamente profesional. Me importa un comino que se acueste con todo el mundo, no me atrae, ¡solo te quiero a ti!
–¿Eso mismo le has dicho a Marion?
–Todavía no he hablado con ella, acabo de enterarme de que se acuestan juntos. Es mi mejor amiga, voy a intentar protegerla, eso es todo. Me niego a que le haga mal. Y si interpretas eso como celos, no hay nada que yo pueda hacer.
–Sé que no te gustan mis métodos, pero cuido de lo que me pertenece. Es duro para mí, estoy siguiéndole la pista a una cobarde que nos ha traicionado a mi hijo y a mí. Ya perdí una vez a la mujer que amaba, no volverá a ocurrirme.
–¿Y cómo debo tomármelo? No confías en mí, me espías, acosas mis más mínimos gestos y acciones y los de mi entorno. Después de todo, eres tú el que ha elegido perseguir a tu ex, ¡eres tú quien me abandona! Y soy yo la que estoy muerta de miedo porque me dejes por ella, soy yo la que más sufre. Gabriel, ¿no lo ves? No vivo desde que recorres el mundo entero por encontrarla, desde que luchas como un animal por ella… ¡y no por mí!, le grito sollozando.
–¡Sabes bien que lo hago por Virgile! La odio, ¡jamás podría volver a amarla después de lo que nos hizo!
–Quisiera creerlo, pero…
–Amandine, ¡moriría por ti!, me grita abalanzándose sobre mí.
Mi amante feroz posa sus manos en mi cara y me obliga a mirarle a los ojos. Intento deshacerme de su influencia, todavía aturdida por algunas de sus revelaciones, pero Gabriel resiste.
¿Espiar a mi jefe, y qué más?
Como si un email amenazador no fuera suficiente…
–Deja de huir de mí, Amandine, deja de desafiarme, deja de dudar de mí, me pone enfermo, ¡me pones enfermo! Estoy dispuesto a todo por ti, a lo mejor y a lo peor, precisa, colérico.
Su boca se posa sobre la mía y se abre paso, disuadiendo toda tentativa de resistencia. El mismo esquema se repite una vez más, y soy consciente de ello. Empiezo a acostumbrarme a estas disputas que se saldan con un asedio divino y pacificador. Cuando nos faltan las palabras, los argumentos, nuestros cuerpos toman el relevo y nos hacen regresar al buen camino. Nos olvidamos de todo, nos vaciamos, disfrutamos el uno del otro, sin ninguna otra expectativa que un placer efímero pero estremecedor, eso es lo que espero.
Unas horas después de esta reconciliación sobre la almohada, “Blame it on the boogie” de los Jackson Five resuena e interrumpe precipitadamente mi sueño. Otra de las bromas de Marcus: ha descargado la melodía y la ha instalado en mi teléfono a mis espaldas.
Bien le haría tragarse su dichoso chihuahua…
A mi lado, Gabriel masculla y se agita, medio despierto. Me escabullo discretamente de la habitación, descolgando el teléfono sin siquiera echar un vistazo al rostro que aparece en la pantalla.
¡Sea quien sea, me va a oír!
Reconozco inmediatamente la voz de mi mejor amiga. Al otro lado de la red, Marion parece terriblemente molesta…
¡Y con razón!
–¡Amandine! No pensé que ibas a descolgar, siendo tan tarde…
–He olvidado poner el móvil en silencio. Y por cierto, veo que has recuperado el tuyo.
–Sí, gracias por habérmelo traído. Y perdona por… ya sabes… Ferdinand.
–Marion, haz lo que quieras, no soy tu madre, pero podías haberme avisado. Es mi jefe, te lo recuerdo. Y ten cuidado, oculta bien su juego, pero no es tan caballero y tan encantador como parece…
–Lo sé, no me hago ilusiones. Y era la primera vez…
–¿Y la última?
–No lo sé, depende de él. En cualquier caso, ¡vale la pena!
–Puedes ahorrarme los detalles, gracias. Por cierto, tengo algo más importante que decirte…
–¿El qué?
–Es sobre Iris.
–Dime.
–Le he oído hablar con una tal Eleanor por teléfono…, le digo cuidando de bajar la voz.
Si Diamonds me oyera…
–…
–Esta peste me la tiene jurada, ya me lo temía desde el principio, tenía un mal presentimiento. No sabe que la oí, le hice creer que no sabía nada. No sé qué hacer, dudo en contarle todo a Gabriel pero ¡tengo tanto miedo de que encuentre a Eleanor! Y que desaparezca de mi vida de la noche a la mañana… Solo de pensarlo me pone enferma.
–…
–¿No me dices nada? ¿Te das cuenta de que esta chica se ha colado en nuestras vidas, incluida la de Tristan, solo para espiarme? Estoy convencida de que Eleanor le ha enviado para recolectar información y llevar a cabo su plan maquiavélico: ¡Recuperar a Gabriel! ¡Mi Gabriel!
–…
–¡Marion! ¡Di algo!
–Vas a odiarme…, acaba diciendo con una vocecilla.
–¿Qué dices?
–Yo lo sabía… Sabía que estaba en contacto con Eleanor.
Cuelgo sin reflexionar, totalmente agobiada por lo que acabo de oír. Me cuesta respirar, moverme, mi cuerpo no responde. Acabo de recibir una enorme bofetaza, un mazazo. La confesión de mi mejor amiga me ha herido profundamente, pensaba poder contar con su lealtad incondicional, pero me equivocaba. Esta vez, su traición es la gota que colma el vaso.
Cualquier otro menos ella… ¡Marion no!
Doy vueltas al apartamento durante largos minutos, recorro las habitaciones sin saber adónde ir, intentando calmarme y controlar mis lágrimas, pero es un esfuerzo en vano. Acabo volviendo a Gabriel en el dormitorio, haciendo el menor ruido posible para no despertarle.
Ni despertar sus sospechas…
Me recuesto lo más silenciosamente posible en mi lado de la cama, pero ese simple movimiento basta para alarmar a mi amante. Se gira hacia mí, posa su rostro en mi cuello, y se dirige a mí con una voz a la vez adormilada y tremendamente sexy…
–¿Va todo bien, Amande?
–Sí, solo era Marion, vuélvete a dormir…, respondo sin lograr disimular mis emociones.
Gabriel se incorpora inmediatamente, inquieto y totalmente alerta. Me mira fijamente con su mirada metálica y me habla más claramente.
–Háblame. Sé que me ocultas algo.
Si se lo cuento, le voy a perder…
Sin pensar, paso a la ofensiva para evitar revelarle mi secreto. Le beso suavemente, acariciándole la cara con el dorso de la mano, después su torso. Sorprendido en principio, mi Apolo acaba respondiéndome a ese beso, que se vuelve más ardiente. Suspira de deseo, mientras nuestras lenguas se entrelazan y nuestras manos se recorren. Siento su cuerpo tensarse, al tiempo que mi intimidad palpita de impaciencia. Ya desnudo, sacude mi camiseta, luego mi short a juego con una facilidad desconcertante. Nuestros últimos retozos se remontan a apenas unas horas, pero mi multimillonario ya se ha puesto firme. ¡Yo también, por cierto! Excitadísima, no me preocupo de cerrar la doble ventana que da al patio.
Durante más de una hora, mi amante insaciable se da en cuerpo y alma para ofrecerme las caricias más suaves, los castigos más tiernos, para infligirme todas las deliciosas sevicias cuyo secreto conoce. Yo le ofrezco todo mi ser, me abandono bajo sus manos expertas e implacables. Jadeo, suspiro, gimo mientras él gruñe de excitación haciendo que me corra varias veces. Al final, cuando mis últimas fuerzas están a punto de escapárseme, nos abrazamos al unísono, en un último orgasmo de potencia magistral. Las paredes tiemblan y nuestros gritos hacen eco en todo el patio de mi edificio, hasta entonces tan apacible… Nos desplomamos, satisfechos, agotados y nos reímos con la idea de haber despertado a todo el barrio.
–Parecías tan inocente cuando te conocí…, ironiza Gabriel pasándome una botella de agua fría recién salida del frigorífico americano.
En la penumbra de mi cocina rutilante, no puedo evitar devorar su cuerpo escultural con la mirada. Como Dios lo trajo al mundo, la belleza de Gabriel corta la respiración.
–Lo era. Usted influye muy negativamente en mí, Sr. Diamonds.
–Lo mismo podría decir de usted, señorita Baumann. Nunca he sentido tanto deseo por una mujer… Y usted sabe utilizar muy bien sus encantos, no se haga la inocente.
–Una mujer debe hacer lo que haga falta para evitar que su hombre esté tentado de ir a buscarlo a otra parte…
–Créeme, Amande, la tentación está justo enfrente de mí…, me dice, casi amenazando.
–Es bueno saberlo…, le respondo bebiendo un trago de agua sin dejar de mirarle.
–Intentas volverme loco, ¿verdad? Ten cuidado Amande, nunca me canso de ti…
A ambos lados de la barra, nos miramos fijamente, inmóviles y con escalofríos. La tensión sexual es palpable, pero no estoy segura de que mi cuerpo sobreviva a otra nueva partida de sexo endiablado. Gabriel se muerde el labio y ese sencillo gesto me indica que más me vale salir pitando lo antes posible… En cuanto doy un paso, mi amante dominante me imita y el abismo entre los dos no hace más que estrecharse. Dudo entre las ganas irreprimibles de ofrecerme una vez más a él o resistirme. Este jueguecito del gato y el ratón me excita sumamente, y decido hacer que dure, no rendirme.
Atrápame si puedes, Diamonds…
–¿Adónde crees que vas, así? Has despertado mi instinto de cazador Amande, hagas lo que hagas serás mi presa…, añade, con un destello intenso en su mirada.
–¿Y si me niego?
–No haré nada sin tu consentimiento. Pero veo claramente que tienes tantas ganas como yo…
Seguimos dando vueltas sin sentido, sin dejar de mirarnos a los ojos un momento. Soy consciente de que la partida está perdida de antemano, que Gabriel acabará obteniendo lo que desea… y yo también, al mismo tiempo. Pero todavía no estoy dispuesta a ceder, ¡quiero hacerme desear!
–No te gusta que se resistan… Pues qué pena, a mí me encanta, resistirme.
–Te conozco de la A a la Z, Amande. Quieres tu libertad, pero también te gusta que te dominen. Intentas desestabilizarme, pero ninguna de tus facetas me escapa…
–¡Me gustaría poder decir lo mismo!
–Si dejas que me acerque, podré quizás ayudarte a evaluarme mejor…
–¿Crees que voy a tragarme el anzuelo tan fácilmente?
–Sí. Mira, he ganado terreno…
Gabriel tiene razón, no estamos muy lejos el uno del otro, incluso si la barra de madera barnizada le impide aún hacerse conmigo.
No por mucho tiempo…
–¿Qué tienes pensado hacerme?
–Todo.
–¿Y más concretamente?
–Deja que te muestre…
Sin que me dé tiempo a huir, da la vuelta a la barra, me toma por las caderas y me arrima junto a él riéndose orgulloso. Mi grito de estupor queda ahogado por sus labios frescos que se posan en los míos y ya siento un calor suave propagarse en mi vagina. Me besa más profundamente y gimo bajo los asaltos de su lengua ávida y aventurera. Sus manos se desatan y recorren mi cuerpo, desplazándome a su manera. Con un gesto seguro, se sienta en una de las sillas, me coloca a horcajadas sobre él y separa las piernas, para abrir más mis muslos. Posa una mano en la curva de mis riñones, y la otra se aloja en el hueco de mi entrepierna. Su pulgar dibuja círculos alrededor de mi clítoris, luego, dos de sus dedos se hunden en mi intimidad y me visitan en lo más profundo. Al tiempo que jadeo sensualmente, me arqueo al máximo. Mis pechos apuntan en dirección del cielo. Su boca se apodera de mis pezones, los mordisquea sin reservas y yo dejo la tierra definitivamente.
Tras largos minutos de divinos suplicios, mi amante excitado y duro como la piedra me atrapa bajo las nalgas para facilitar su inserción. Su inmenso y palpitante sexo se hunde en mi feminidad, vuelve a salir, luego se hunde de nuevo. Repite esta maniobra demoniaca varias veces, antes de penetrarme más brutalmente, más profundamente. Mi Apolo dominador hace lo que quiere conmigo, comienza un vaivén lúbrico y seductor, que me arranca estertores de placer. Me posee, mi cuerpo y mi espíritu están a su merced, a las órdenes de su virilidad insaciable y absoluta. Sus gruñidos se vuelven más roncos, más cercanos e intuyo que se acerca su orgasmo. Aprovecho para agarrarme a su cabello y para morderle salvajemente el lóbulo de la oreja, como para mostrarle que no tiene todo el control, que por mucho que me posea no le confiero todo el poder. Al final, alcanzamos el orgasmo al unísono, y Gabriel grita una última vez, de dolor y de éxtasis. Caigo en sus brazos, agotada y encantada de sentir su piel ardiente contra la mía.
Son casi las 5 de la mañana cuando volvemos a nuestra cama king size y nos abandonamos en un profundo sueño, acurrucados el uno junto al otro, con nuestros cuerpos aún temblorosos y doloridos.
2. Tan lejos, tan cerca
Gabriel presiente un nuevo indicio, se ha vuelto a ir siguiendo la pista a esta mujer que tanto odio sin ni siquiera conocerla. Todavía ignora que Iris me confirmó una información de suma importancia: mi enemiga jurada, sosia maldita, mi rival definitiva está viva, sin lugar a dudas. Peor aún, Eleanor está al acecho, nos espía a distancia, dispuesta a deshacerse de mí, a pulsar la tecla
“borrar” cuando juzgue el momento oportuno. Un detalle en particular me escapa y me preocupa: ¿por qué ahora? ¿Por qué ha elegido reaparecer en este preciso instante? Gabriel ha pasado página al fin, se ha decidido a volver a amar, a rehacer su vida, conmigo…
Piedad, que no cambie de opinión…
No le he dicho nada de mis últimos descubrimientos. Al mentir al hombre al que amo, me arriesgo a perderle, soy consciente de ello, pero esto me supera, me niego a ser quien le conduzca hasta su ex prometida. Desde hace cuatro días, la sombra de este secreto planea peligrosamente por encima de mi cabeza, pero la ausencia de mi amante me ayuda a morderme la lengua. Por primera vez desde que me enamoré perdidamente de Diamonds, dudo en reunirme con él esta tarde. Siento una mezcla de impaciencia, excitación y… angustia.
Me conoce mejor que nadie… Va a presentir que le escondo algo.
¡Deja de escucharte y reacciona Amandine! No lo olvides, es ella o tú…
Por suerte, Adèle, la recepcionista de la Agencia Models Prestige, pone fin a las elucubraciones de mi vocecilla interior. Ofreciéndome una sonrisa digna de un anuncio de dentífrico blanqueador, me entrega un pequeño paquete.
–Señorita Baumann, ¡está en la luna! Ánimo, solo queda un día para el fin de semana… Su amiga Marion intenta contactarla desde las 8 de la mañana, he anotado todas sus llamadas.
–Buenos días, Adèle, gracias por haberme pasado el mensaje, pero la próxima vez que llame, dígale que no deseo hablar con ella. Y por favor, ¡llámeme Amandine!
–Se supone que debo atenerme a los apellidos. Órdenes de la dirección.
–Puede hacer una excepción conmigo. Quedará entre nosotras…
Intercambiamos una mirada cómplice y me alejo en dirección del ascensor que me lleva al séptimo piso del edificio haussmaniano. La actitud de mi supuesta mejor amiga me exaspera sobremanera. Me ha traicionado al ocultarme la verdadera identidad de Iris, lo sabía todo y no me dijo nada, pero que no se espere que vaya a perdonarla en el acto. Desde hace tres días me bombardea con llamadas, mensajes, ¡incluso me envió sushis a domicilio anoche! Como si un bol de arroz pudiera hacerme olvidarlo todo…
Bien le habría hecho tragarse el wasabi a cucharillas…
Con inmensa decepción descubro la ausencia de Marcus. Su despacho está desesperadamente vacío, y cuando Isabelle, la contable, me confirma que está enfermo, mi morosidad se decuplica. Mi compañero preferido habría logrado devolverme la sonrisa, estoy segura, pero parece ser que hoy, Jackson Five será el único que disfrute de su presencia reconfortante. Aunque un Marcus griposo no sé yo…
Él mismo se considera un drama queen y un remilgado… ¡No debe ser muy agradable!
Dejo de apiadarme de mi destino un minuto para enviarme un mensaje. Si alguien merece que le mimen, es él.
[Mi Marcus, ¡qué largo se me va a hacer el día sin ti! Te envío todas mis ondas positivas para que te recuperes pronto. P.D.: de forma excepcional, te autorizo a que te atiborres lloriqueando delante de comedias románticas.]
[Pensándolo bien, me dan muchas ganas de fingir una migraña para reunirme contigo… ¿Te queda sitio bajo la funda nórdica?]
Apenas dejo mi móvil que se pone a vibrar frenéticamente.
Veo que la fiebre no ha alterado sus funciones cognitivas… ¡Teclea más rápido que su sombra!
[Querida, yo también te echo de menos. Por suerte, tengo a mi hijo peludo y a Bridget Jones para hacerme compañía (me conoces demasiado bien…). Y no tengo prevista una crisis de bulimia: ¡no hay enfermedad que valga saltarse la dieta!]
[Ah, se me olvidaba: te invitaría a venir bajo mi funda nórdica, pero a FDB no le haría ni pizca de gracia. Sabes bien que no puede prescindir de ti…]
Medio divertida y medio molesta por sus comentarios, le respondo al instante.
[Cúrate bien, mi gordito picarón. Quiero verte en forma el lunes, ¡soy yo la que no puede prescindir de ti!]
En un tiempo récord, mi smartphone vibra de nuevo…
[¿Gordito? ¡¿Estoy soñando o me has llamado gordo?!]
Me río sarcásticamente guardando el teléfono en el bolso, para no ceder a la tentación de responderle. Incluso ausente, Marcus logra embellecer mi mañana.
A diferencia de Marion…
Al abrir mi cuenta de email, descubro cuatro emails no leídos, todos provenientes de la señora descocada. Dudo en leerlos, convencida de que su contenido hará que pierda repentinamente mi buen humor. Al final, me vence la curiosidad. Los tres primeros no son muy interesantes, Marion se deshace en disculpas sin gran contenido. Sin embargo, el último…
* * *
De: Marion Aubrac
A: Amandine Baumann
Asunto: La verdad sale siempre de la boca de los… Aubrac
Bueno, quería hablarte de esto de viva voz, pero como insistes en ignorarme… ¡Ahí va toda la verdad!
Aproximadamente una semana antes que tú, yo también descubrí que Iris estaba en contacto con Eleanor. Le oí hablarle por teléfono. Primero pensé que no tenía que ver con ella, que era una coincidencia. A fin de cuentas, hay muchas Eleanor. Pero tuve mis dudas, así que me puse a espiarla.
¡Fíjate, esta i***** le llama todos los días! Y se pasa horas hablando de ti y de Diamonds. De paso, no duda en ponernos a parir a mí y a Tristan. ¡No se salva nadie!
Si no te he revelado nada, era para protegerte. Sé que vas a responderme: “Excusa no válida”, pero es verdad. No quería hablaros ni a ti ni a Tristan hasta no estar segura. Quería ofreceros información concreta, acercarme a ella para saber más.
Hoy me doy cuenta de que no ha sido el mejor enfoque…
Amandine Baumann, te pido solemnemente que me concedas tu perdón y que te unas a mí en mi búsqueda: desenmascarar a esta rubia de bote y sobre todo, hacerle pagar por su traición.
Juntas somos más fuertes, ¿no?
Te echo de menos,
Marioneta
* * *
Debo reconocer que este email acaba de responder a numerosas incógnitas, pero no bajo la guardia. No sé qué mosca les ha picado, pero desde que Diamonds entró en mi vida, mis allegados parecen estar decididos a decepcionarme, de una forma u otra. No pretendo ser perfecta, ni estar al abrigo de cometer errores, pero sería incapaz de ocultar algo así a Marion…
Pero mentir a Gabriel… ¡Hipócrita!
Sí, bueno…
Me dispongo a responder a mi mejor amiga para enterrar el hacha de guerra, pero la melodía de mi teléfono fijo me interrumpe.
–Amandine, soy Ferdinand. ¿Puede venir a mi despacho?
Para no perder la costumbre, el jefazo cuelga antes de que me dé tiempo a responderle. De todas formas, su pregunta no da lugar a vacilación alguna: cuando Beauregard solicita a alguien a su despacho, se obedece sin rechistar. Por el camino, me tomo no obstante la licencia de enviar un mensaje a Marion…
[Gracias por tu email. Tienes razón, siempre es mejor juntas. Lo hablamos este fin de semana…]
Al entrar en el antro del dandi en jefe, descubro una taza de café depositada en mi lado de la mesa de cristal. Cuando percibe mi presencia, Ferdinand me escudriña rápidamente de la cabeza a los pies, y luego me invita a sentarme.
–Buenos días Amandine, muy acertada la asociación de rosa y naranja de su top fluorescente, perfecto con la falda recta. Entiende el color-block, me recuerda a la última colección de Marc Jacobs. ¡Un verdadero genio, este tipo!
El señor está de buen humor… ¿Se puede saber por qué?
–Beba el café antes de que se enfríe, me indica al instante. Quisiera que viéramos juntos rápidamente el programa de la próxima semana. Toma el café sin azúcar, ¿o me equivoco?
–No, está perfecto.
–La gente ya no sabe apreciar las cosas buenas. No hay nada mejor que un café solo para comenzar la mañana. Y una ayudante sublime con la que compartirlo…
Despacito, Beauregard…
–Por dónde iba… Salida el lunes por la mañana a las 10, vuelta el jueves por la tarde. Prevea varios trajes, nuestro planning está bien cargado. Encuentros con diseñadores, sesiones de fotos, entrevistas y por supuesto, la gran gala organizada por la Agencia. Para esta ocasión, le ofreceremos un vestido…
–¿Un vestido?
–Saint-Laurent o Gaultier, no lo sé todavía. Pero no se preocupe por eso

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