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Libro PDF Llámame idiota Cruel amor 2 Flor M. Urdaneta

Llámame idiota Cruel amor 2 Flor M. Urdaneta

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sigo.
—Dile a Maison que no falte. Hay varias chicas que están haciendo fila por él. —agregó su amigo.
—Creo que ese bastardo está liado con alguien. —le contestó.
Tyler se partió de risa ante su absurda excusa; Maison Hudson nunca se perdería una fiesta de Mack, él era la versión rubia de Axxel, un mujeriego con todas las
letras y su mejor amigo.
Axxel se alejó de él y caminó hasta los vestidores del instituto para ponerse su uniforme, jugaba en el equipo de fútbol y ese día iniciaba la temporada de
entrenamiento.
—¡Oye, idiota! ¿Vas a ir a la fiesta de Mack? —le preguntó a Maison, mientras terminaban de vestirse.
—No, imbécil. Recuerda que el sábado es mi cita con Rebeca.
—¡Mierda! ¿Quién lo diría? El gran Maison Hudson enamorado; es una verdadera lástima.
—¡Cállate, Axx! Ya te veré, tarde o temprano vas a caer. —lo sentenció y Axxel le respondió sacándole el dedo medio.
Esos dos eran esa clase de amigos que se querían pero fingían no hacerlo. Y que Hayley, la hermana pequeña de Axxel, estuviese dentro de la ecuación,
generaba un plus para su amistad.
«¿Enamorarme yo? ¡Está loco! El amor es para pendejos».
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Las fiestas en casa de Mack solían ser concurridas. Chicas sexys, bebidas y estruendosa música que dificultaba llevar cualquier tipo de conversación. Aunque,
nadie iba allí a conversar. Era una de esas casas privadas en la costa de Miami que ofrecía juerga y mucho alcohol.
Sus pantalones gastados, una polo negra y llevar la billetera cargada de preservativos, era lo único que Axxel necesitaba para ir a la fiesta de Mack, lugar que
siempre le garantizaba chicas ardientes y mucho, pero mucho sexo.
Él no tenía preferencia con ninguna en particular, solo un fetiche con los «traseros calientes», pero esa noche centró toda la atención en Melanie, una rubia que
siempre le había gustado.
«¡Joder! Ese trasero es…el más caliente de todo Miami. La quiero y la tendré».
Desde que Melanie entró a la fiesta, con en esos pantalones ajustados, no podía quitarle un ojo de encima. Su único pensamiento era tenerla entre sus piernas y
no tenía intención de seguir esperando para conquistarla.
En el pasado, intentar ligar con ella no era una opción, porque Maison estaba interesado en Melanie y no perdería su amistad «por una follada de una noche»,
cosa que dejó de importar desde que su amigo se fijó en Rebeca.
«¿A dónde cree que va?», se preguntó al ver que ella se marchaba. Caminó entre sus estúpidos compañeros de juerga y empujó a unos cuántos para poder salir
de la casa y seguirla.
«¿Dónde estás, princesa?».
Melanie se había alejado de la casa de Mack para buscar un poco de paz entre tanto alboroto y fue a parar a la orilla de la playa.
—Ya te vi. —murmuró, mientras se acercaba a la rubia más sexy que había conocido en su vida. ¿Qué hacía sola en la oscuridad? No le importaba mucho saber
la razón, lo único que quería era tenerla y hacerla gemir, pero de puro placer.
—El cielo se va a quedar sin estrellas si las siguen dejando caer. —murmuró cerca del oído de Melanie y se quedó detrás admirando su voluminosa retaguardia.
«Es pan comido», pensó con petulancia.
—¡Wow! ¿Eso es lo mejor que tienes?—se mofó ella y se dio la vuelta para volver a la fiesta.
—Melanie, me rompes el corazón. —murmuró y se tocó el pecho teatralizando dolor.
«Se hará la dura ¿Eh? No podrás resistirse, princesa».
La rubia fingió restarle importancia cuando en realidad estaba muy nerviosa. Axxel le gustaba y mucho, pero caer rendida a sus pies, por un par de palabras
tontas, no estaba en sus planes. No pretendía ser una más del montón, planeaba conquistarlo.
¿Cómo lo haría? Aún no estaba segura, pero el primer paso fue ir a la fiesta con aquellos pantalones ajustados para tratar de llamar su atención y, al parecer, su
pequeño plan estaba funcionando.
—¿No hay alguna chica esperando por ti arriba? —sugirió mientras seguía caminando.
—Quizás más de una pero pueden esperar. En este momento estoy tratando de descifrar el misterio que te envuelve ¿Eres virgen todavía? Porque puedo
ayudarte con eso.—le preguntó, haciendo que ella se detuviese.
«¿Cómo puede saber que lo soy? ¿Soy tan obvia? No, él solo está presumiendo».
—Eres un…olvídalo. —gruñó y siguió caminando. Estaba conteniendo las ganas de gritarle a la cara todos los insultos que se le vinieron a la cabeza. Jamás se
había sentido tan avergonzada en la vida.
«Estúpido. Imbécil. Fanfarrón. Él es…un idiota sin corazón. ¿Cómo puede gustarme un tipo tan pedante? Lo odio».
—Dilo, cariño. Llámame idiota. —soltó Axx irónico.
—Sí, eso eres ¡Un enorme idiota! —le gritó a la cara y trató de girarse para dejarlo solo, pero Axxel la retuvo cogiéndola por las caderas, la pegó a su cuerpo
para que sintiesesu excitada virilidad.
—¿A dónde vas, fierecilla? — preguntó él con un susurro.
«¡Oh mi Dios! ¿Esto en verdad está pasando?¿Él está… excitado? Ay, diosito».
Melanie retuvo un gemido al sentir aquel enorme paquete presionando su vientre y no lo podía creer, Axxel Wilson, el chico que la traía loca, estaba a segundos
de besarla. Un calor intenso invadió la parte baja de su pelvis y lo empujó aterrada por lo que su cercanía implicaba.
«Ella no lo hizo. ¡Qué cojones! ¿Me acaba de rechazar?».
No podía entender su actitud ¿Por qué lo empujó? Nunca antes le había pasado, era la primera chica que reaccionaba de esa manera y también la primera que le
calentaba el miembro en segundos. Deseaba besarla y mucho más que eso….quería llevársela a la cama; o al asiento trasero de su auto, lo que fuera más fácil.
—¡Axxel! Te acaban de postular para ping-pong beso. Trae a tu chica —gritó Mack desde el balcón.
—Ni lo sueñes. —advirtió Melanie levantando las manos al aire.
—¿Por qué te sientes aludida? Tú no eres mi chica, pero sí quieres puedes venir conmigo. —le sugirió, tentándola.
«¡Por Dios! Pensé que se refería a mí. Soy una estúpida, pero no quedaré como una».
—No, gracias. —respondió, ocultando con su actitud la vergüenza de haberse creído su chica.
Huir era una opción muy tentadora después de aquella metida de pata. Estaba apenada y a la vez perturbada por experimentar aquel remolino de emociones que
despertó Axxel en su cuerpo. Nunca antes había deseado besar a nadie con tanta necesidad y desenfreno.
Melanie entró de nuevo a la fiesta, seguida por él, quién seguía sin entender que había pasado segundos antes. Para él era inaceptable que una chica lo rechazara
dos veces una misma noche.
«Sé que es virgen, su actitud la delata. Tengo que ser el primero que le haga gritar por más», se impuso como un reto; uno que no pensaba perder.
—Todos saben las reglas, quién deje caer la bola toma cinco cervezas y el ganador besa a la chica que esté participando en el juego. —explicó Tyler.
—Deja de hablar tanta mierda, Ty.—ordenó Axx y sacó a «su chica», que resultó ser una raqueta de ping-pong.
Habían jugado cientos de veces, y él era uno de los mejores, pero era la primera vez que Mel sería el premio final y estaba más que motivado a ganar.
«Esa boca será mía, princesita», juró en silencio y le guiñó el ojo a su premio. Ella sonrió, se acercó a Jackson Spencer —el contrincante de Axx— y le susurró
algo al oído.
«Pero qué quiere esta mujer ¿Volverme loco?».
Axxel inició el juego y golpeó la bola sin problemas, determinado a ganarle a Jackson y ser el dueño de aquel premio tan codiciado, un beso de la rubia que le
activó todos los sentidos minutos antes.
«¡Coño, Melanie! Me estás jodiendo», se quejó al no poder concentrarse en el juego sino en ella y lo cerca que estaba de Jack.
—¡Sí! Te gané. Bebe toda la cerveza, idiota —se burló su contrincante.
—Imbécil. —murmuró Axxel y contuvo las ganas de golpearlo solo porque no quería iniciar una pelea con su princesa en medio. Se bebió los cinco vasos de
cerveza como penitencia y tiró el último al suelo enojado por haber perdido un sencillo juego de mesa.
—Ahora sí, nena. Dame mi beso —pidió Jack.
«Esa basura no la va a besar. ¿Cómo carajo pasó esto? Él nunca me ha ganado un jodido juego. Estoy muy cabreado…le partiré la cara si la toca».
Melanie sonrió y se acercó con lentitud hacia él, sabía lo que hacía «Caerás a mis pies, Axx», prometió mientras se dejaba sostener por Jack. La distancia entre
ellos era inexistente; estaban tan cerca que ni un papel pasaría entre los dos. Los nudillos de Axxel se pusieron blancos y ardía en celos al ver a ese par a punto de
besarse.
«¡No! Eso no va a pasar».
—¡Quiero la revancha! Sí gano, ese beso será mío. —propuso como última alternativa.
«¿Está celoso? ¡Ay, Dios! ¿En verdad le gusto? No, Melanie. Seguro está enojado por perder el partido».
—No jodas, Axxel. Yo gané. —se quejó Jack y tomó a Melanie por las caderas.
—Te daré dos billetes de los grandes por ese beso. —ofreció.
—Acepto. —respondió Jackson.
«¿Yo qué? ¿Estoy pintada en la pared? ¿Esos dos creen que soy una cosa que se compra en Amazon?».
—¡Son un par de idiotas! —gritó Melanie y salió corriendo, decidida a no volver.
La situación se le escapó de las manos; había hecho el ridículo delante de todos y se sentía avergonzada por su reacción de niña tonta. Se alejó lo suficiente de la
casa y lloró tanto que las lágrimas le nublaron los ojos.
—Genial, Mel. Tu primera vez en una fiesta y sales huyendo como una estúpida. —se levantó de la arena, dónde había llorado por un buen rato y comenzó a
caminar, pero no sabía hacía dónde debía ir.
«¡Ah! Perfecto. Me perdí».
—No grites, dulzura. Disfrutarás esto, te lo prometo. —le ordenó una voz masculina.
El hombre la tomó por la cintura con una mano y con la otra le cubrió la boca. Melanie no sabía quién podía ser, peroel hombre apestaba a basura.
«¡No! ¿Qué hago? Este hombre…él puede. ¡Qué no me haga daño!. ¡No, por favor!».
El hombre la tenía inmovilizada y a su merced; podía hacer lo que quisiera con ella y no había forma de evitarlo. Estaba aterrada y comenzó a llorar tan fuerte
que su cuerpo se sacudía sin control.
—¡Suéltala ahora mismo, pedazo de mierda! —gritó Axxel enojado.
«¡Axxel! Es él. Gracias a Dios».
La estuvo buscando por una hora y no pensaba rendirse hasta encontrarla. Por suerte llegó justo a tiempo para salvarla de aquella basura humana.
«Maldito bastardo. Lamentarás haberla tocado».
—Ella está conmigo ¿Verdad, dulzura? —preguntó el sujeto muy cerca del rostro de Melanie.
Ella no sabía qué hacer, lo único que quería era que ese hombre la dejase ir con su idiota amor.
—¡Suéltala ahora! —ordenó él, gritando más fuerte.
—Y si no lo hago ¿Qué harás, muchachito? —lo retó el aberrado sexual.
«Lo voy a matar».
Aquel hombre, cuyas sucias manos tocaban a su princesa, colmó la paciencia de Axxel. No estaba dispuesto a seguir jugando su juego mientras ella temblaba y
lloraba por su culpa.
Corrió hacia ellos y golpeó el costado del sujeto liberando así a Melanie. Siguió pegándole una y otra vez hasta que Mel gritó que se detuviese.
Axx se levantó del suelo y la vio temblando. Caminó hasta ella y la abrazó para tratar de consolarla. ¿Qué habría pasado siél no hubiera aparecido? La sola idea
le daba asco.
—Ya te tengo, Mel. —susurró y le acarició el cabello.
Un dolor extraño le golpeó el pecho cuando la sostuvo; tenerla tan cerca lo hacía sentir débil. Era una mezcla de éxtasis yfelicidad; algo que jamás había sentido
con ninguna chica.
«¿Qué carajo me pasa con ella?».
—Gracias, Axxel. Yo…no sé de dónde salió.—balbuceó con voz temblorosa.
—¡Chist! Tranquila. Estás a salvo conmigo.—aseguró sin dejar de acariciarla.
—Quiero ir a casa. —pidió ella y él se alejó de su cuerpo lo suficiente para caminar hasta la casa de Mack.
Antes de irse, Melanie subió a uno de los baños de la casa y se lavó el rostro hasta que se le puso rojo. Se miró al espejo y volvió a llorar sin parar; las lágrimas
se convirtieron en quejidos y se deslizó hasta el suelo abrumada.
—¿Estás bien, Mel? —preguntó Axxel desde la puerta.
—Sí. Ya salgo. —respondió y se secó las lágrimas con el dorso de la mano antes de salir.
«Estaba llorando de nuevo. Desgraciado hombre. Sí lo vuelvo a ver yo…lo mato».
Subieron al Mustang GT de Axx y ella se resistía a mirarlo a la cara. Por alguna razón, se sentía avergonzada por lo que pasó con aquel hombre.
—Melanie ¿Por qué te fuiste? —ella frunció los labios, sopesó sus opciones, que no eran muchas, y decidió decirle la verdad; no tenía nada qué perder.
—Odio que los chicos me traten como un objeto. Querías pagar por mí como si fuera una puta. —dijo enojada.
—¡Joder, Mel! No lo hice por eso… yo… Lo siento. —murmuró.
—¿Tú qué? —preguntó ante el tono de duda que escuchó en su voz.
—Yo no quería que Jack te besara. —admitió y una pequeña sonrisa se formó en los labios de Melanie.
—No me iba a besar con él, Jackson es mi primo —se sinceró. No era parte del plan que él lo supiera pero qué más daba decirlo.
—¡No! ¿Ese imbécil es tu primo? —ella elevó los hombros y dijo «Sí», no iba a refutar el apelativo que usó, Jack era un imbécil.
—¿Y por qué me hiciste creer que lo besarías?
—¿Y por qué te importaba si lo hiciera? —contraatacó.
Como los dos eran testarudos, ninguno dio su brazo a torcer; no querían revelar sus secretos. El de Melanie, que lo hizo para darle celos y el de Axx, porque
ella le gustaba y mucho.
—Bueno, princesa. Ya estás en la seguridad de tu casa ¿Quieres que te acompañe esta noche? —planteó él esperando que esta vez no lo rechazara.
Melanie puso los ojos en blanco y negó con la cabeza; quería decirle que sí, pero no podía. Sabía muy bien como pensaban los hombres y estaba resuelta a ser la
excepción a la regla.
«¡Pero quién se cree ella para rechazarme de nuevo. ¡Qué se joda!».
Su noche era prometedora, pero estar pendiente de esa rubia caliente lo había dejado con las manos vacías y sin ninguna posibilidad de sexo.
—Tú te lo pierdes, princesa. Las chicas hacen fila por dormir en estos brazos.—dijo mostrando sus bíceps y provocando que ella estallara en risa.
«Ya verás de lo que hablo».
Noi ba a permitir que se burlara de esa forma de él; tenía que probar su punto. La tomó por las caderas y la pegó a su cuerpo dejando en evidencia por segunda
vez su creciente excitación. Sus labios encontraron los suyos y la besó con lujuria y descontrol; como había deseado desde que la vio llegar esa noche. Las manos de
Melanie se detuvieron en la espalda de salvador mientras que las de él bajaron hasta su caliente trasero.
El fulgor de aquel beso la invadió por completo, sumergiéndola en una repentina calidez. Estaba deseando más… mucho más. Su sexo latía descontrolado
reclamando atención y gimió el nombre de Axxel cuando él le besaba la clavícula. Estaba perdiendo el control en pleno pórtico de su casa.
«¡Oh mi Dios! Esto es…tengo que detenerlo. ¡Ahora!».
—Para, Axxel. —pidió jadeante.
—¿Por qué? Esto apenas comienza, princesa.—prometió y la siguió besando.
«¿Por qué sus besos son tan…deliciosos? ¿Qué estoy haciendo?».
—¡No! Detente. —lo empujó como había hecho la primera vez y él sacudió la cabeza.
«¿Qué diablos le pasa a esta chica?».
—Tengo novio.—confesó.
«¿Qué coño dijo? No, definitivamente está loca».
Lo que ella decía no era del todo falso. Sí, tenía un novio; uno que estaba en coma desde hacía seis meses y con poca probabilidad de despertar. Pero, aunque
Nick estuviera confinado en una cama, se sintió culpable al besarse con otro.
«¿Cómo fui capaz de hacerle esto a Nick? Debí pensar en él antes de coquetear con Axxel. Es que… no creí que se interesaría en mí. Estaba segura que no
insistiría después de rechazarlo en la playa. Él es Axxel Wilson ¡Por Dios! Él no ruega».
—Princesa, tu novio no tiene porqué saberlo.—aseguró provocando que ellaardiera en furia.
—¡Yo lo sabría, idiota! —gritó y entró a su casa, dejándolo solo.
«Tengo novio», esas dos palabras se repetían como un disco rayado en la cabeza de Axxel. Le hacía hervir la sangre saber que algún estúpido tuviera derecho
sobre su princesa.
Aquel caliente beso le removió el piso; en su vida había sentido algo igual. Fue como si sus labios le pertenecieran, como si un vacío en su pecho se llenara solo
con tocarla.
«¡No! Ella no significa nada. Es una chica como cualquier otra».
Para él era un sentimiento absurdo; uno que no estaba dispuesto a desarrollar. Pero una cosa es querer convencerte de algo y otra ser arrastrado por un profundo
deseo, y todo su ser anhelaba más de aquellos ardientes labios.
CAPÍTULO 3
—¿Quién se cree ella para seducirme y dejarme prendido? ¡Qué se joda! Hay miles de chicas que estarían más que dispuestas a entregarse a mí solo con
chasquear los dedos. —bufó mientras conducía.
«¡Mierda! Pero la quiero a ella».
Llegó a casa y se dio una ducha helada por su culpa, era la segunda noche que lo dejaba tan necesitado y furioso. Si quería lograr algo con la rubia, tendría que
cambiar de estrategia y ella le dejó claro cuánto le molestaba su fama de Playboy. Pensó que podría fingir por un tiempo que ya no lo era, si con eso lograba que
cambiase de opinión.
Se recostó en la cama y buscó el nombre de Nick Benson en su Smartphone. Para su sorpresa, la red social del soldadito estaba llena de fotos junto a Mel
totalmente acaramelados.
El aspecto del susodicho no le parecía la gran cosa; cabello rubio, ojos marrones y una estatura promedio. No tenía siquiera grandes músculos. Era un simplón
comparado con él; pero lo odiaba por un solo motivo, era su novio.
Salió de su habitación para ir a la de Hayley y abrió la puerta sin tocar.
—¡¿Por qué entras así, Axx?! —le reclamó su hermanita enojada.
—Si quieres privacidad, puedes cerrar con llave. Necesito el número de Melanie. Sé que lo tienes —pidió, sin dar detalles.
—¿Para qué lo quieres?
—Por un asunto del insti. No seas fisgona. —ordenó, cortante.
—¿Y si no quiero?
—¡Hayley! Deja la niñería. ¿Me lo vas a dar o no?
—¿Si te lo doy no me molestas más?
—¡Hayley!
—Bien, pero lárgate de mi habitación de una vez. —él elevó los hombros y su hermanita le envío el número que tanto pedía.
—¡Se dice gracias, Axx! —le gritó cuando su hermano abandonó la habitación sin cerrar la puerta.
Axx: Ese bikini rosa luciría mucho mejor conmigo al lado.
Envió un mensaje a la rubia trasero caliente y esperó la respuesta con una sonrisa dibujada en la boca. En cierta forma, le gustaba irritarla.
Mel: No te imaginas lo que hizo Nick cuando me vio sin él.
Aquel mensaje le borró la sonrisa de golpe. Imaginarla desnuda delante de aquel tipejo lo hirió directo en su ego.
Axx: Eres muy mala mintiendo. Ese chiquillo no tiene pinta de saber complacer ni a una mosca.
Respondió arrogante. Si ella quería jugar sucio, él lo haría también.
Mel: Piensa lo que quieras. Voy a dormir.
Melanie tomó su almohada y gritó en ella a todo pulmón. Estaba furiosa por haberle dado el nombre verdadero de Nick y olvidarse de un pequeño detalle, existía
el Facebook y su novio había subido un álbum de fotos de su última visita a la playa antes del accidente. Solo era cuestión de días para que Axxel supiese el verdadero
estado de salud de él.
«Todo es culpa de Mark Zuckerberg».
El lunes llegó y Mel tendría que enfrentar al chico castaño que le nublaba los sentidos. La sola idea de tenerlo cerca le aterraba porque él despertaba en ella
miles de sensaciones que no podía evitar. Su plan de hacerse la dura estaba siendo más difícil de lo que había pensado.
Se tomó una taza de café cargado —ya que seguía con mucho sueño por los trasnochos del fin de semana— y besó la mejilla de su abue antes de salir.
Como ella no tenía auto, ni un novio con uno, tomaba el autobús a diario.
Las dos primeras clases pasaron y aún no había señales de Axxel. Con un poco de suerte, se libraría ese día de tener que confrontarlo, pero la suerte no estaba
de su lado esa mañana; al entrar a la cafetería al primero que vio fue al protagonista de sus desvelos mordiendo una manzana verde, una en la que deseó convertirse para
estar en aquella boca.
«Cálmense hormonas».
El chico de ojos color miel no le dedicó ni una sonrisa; ni siquiera un asentimiento. Fue como si ella no existiese en aquel lugar y su desprecio le provocó un
retorcijón que se agudizó en su estómago. Se esperaba una palabra sarcástica o mordaz de parte de él, pero nunca pensó que la ignoraría.
Con el rabo entre las piernas, caminó hacia la fila para elegir su comida y sin saber cómo ocultar el gesto de tristeza en su rostro.
—Mel, pareces salida de The Walking Dead[1], mujer. ¿Qué te pasó? —preguntó una castaña de baja estatura y figura esbelta, Emma, su única amiga.
—Todo y nada. No te lo puedo decir aquí. —respondió sin atreverse a mirarla.
—¿Qué hiciste ahora, Mel?
Emma conocía a Melanie y esa cara pálida solo podía significar a una cosa, se atrevió a seducir a Axxel a pesar de sus advertencias.
—No es lo que piensas… del todo. —le dijo, adivinando la conjetura a la que había llegado su amiga.
Mel caminó hasta una mesa vacía al fondo del cafetín, seguida de su amiga, y se sentó sin querer mirarla a los ojos.
—Ahora sí, Mel. Dímelo.
—Con dos condiciones. Una —gesticuló contando con sus dedos —no puedes gritar y dos, no puedes decirle a nadie —la castaña puso los ojos en blanco y le
dio un manotazo en la nuca.
—No tienes ni que decirlo. Habla, tonta. —demandó por segunda vez.
—Axxel y yo… nos besamos.
—¡Oh Mi Dios! —soltó, alzando la voz.
—¡Chist! Calla, Emma. —ella lo hizo y la rubia le contó todo. Bueno, dejando de lado algunos detalles íntimos.
—Eres una tonta, Mel. Él solo quiere una cosa y cuando lo obtenga, si te he visto, no me acuerdo.
—¿Crees que no lo sé? Pero no se lo pondré fácil. Axxel Wilson se va a enamorar de mí, tan segura como me llamo Melanie Samantha Smith Garner.
—Mel, terminarás con el corazón roto… como yo. —aseguró apretando la mano de su amiga.
En el pasado, su amiga tuvo una aventurilla pasajera con el mejor amigo de Axxel. Sí, con ese mismo, Maison Hudson. Ella creyó que con persuasión podía
conquistar el corazón del chico de ojos celestes, pero terminó cayendo en picada a un pozo de lágrimas y arrepentimientos.
—No te preocupes; yo sé lo que hago. —prometió sin fundamento.
¿Cómo puede alguien proteger su corazón de esa forma? Para eso no hay fórmula alguna. Casi todos llegan a experimentar ese sentimiento de vacío y dolor —
excepto los casos extraordinarios—, de los que aún no les contaré.
&
«Lo espanté con mi estúpida escena de lo seduzco y lo dejo ardido. Han pasado cinco días, cinco y Axxel no se ha acercado a mí. ¡Genial, Melanie!».
—Hola, princesa. —susurró en su oído, apareciendo como por arte de magia.
Ella no movió ni un ligamento; estaba congelada delante de su casillero. «¿Qué hago?, ¿Qué digo?». Su mano derecha abandonó el cerrojo y dio media vuelta
para enfrentarse al musculoso, caliente y muy atractivo Axxel Wilson.
Aquellos ojos color miel se fijaron a los suyos, quitándole toda voluntad y autocontrol. Estaba suspendida en el tiempo mientras él apoyaba ambas manos
contra los casilleros acorralándola, cautivándola con el inconfundible aroma varonil que emanaba el cuerpo del deseo.
—Hola, Axxel. —balbuceó. Él sonrió con naturalidad y se le marcaron dos hoyuelos en las mejillas.
«Estúpidos hoyuelos calienta bragas».
Deseaba besarla, presionarla contra el metal y hacerle soltar unos cuantos gemidos, pero no iba hacerlo. No ahí. No ese día.
«Esa boca pronto será mía, princesa», sentenció antes de decir lo que había planeado.
—Ves como tiemblas ante mí, sientes como toda la fuerza se te escapa por mi presencia; sé cuánto quieres besarme, Mel. ¿Por qué te resistes? —le susurró, sin
inmutarse.
Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo y, por un instante, estuvo dispuesta a admitir que era verdad, que quería besarlo y dejar que hiciese lo que quisiese con
ella.
—¿Cómo puedes asegurar que quiero un beso tuyo? —siseó, siguiendo con su teatro.
—Porque yo también lo quiero; porque me encantas y me estás trastornando; porque besar esa boca tuya es lo único en lo que pienso desde la última vez que la
probé.
—Fascinante. Creo que es un discurso demasiado elaborado para alguien como tú. —musitó, incrédula.
—Mel, no te resistas. —se acercó más a ella y la recorrió con la nariz, desde el lóbulo de la oreja hasta la comisura de sus labios, dispuesto a dominarla a su
antojo.
Había planeado acorralarla en aquellos solitarios pasillos del instituto; incitarla para tratar de derrumbar la barrera invisible que construyó ella entre los dos, pero
se encontró atrapado en su propio juego.
—¿Qué quieres de mí? —le preguntó la rubia de ojos grises, esperando que esta vez no esquivara la respuesta.
—Tendré lo que tú estés dispuesta a darme —murmuró, hipnotizado.
—¿Y qué estás dispuesto tú a darme? —refutó ella, poniendo resistencia.
—Lo que quieras te lo daré, princesa.
—Búscame en Joe´s a las diez. —susurró y le plantó un beso en la mejilla.
Algo en su cuerpo latía y no era solo su corazón. No podría esperar nueve infernales horas, necesitaba besarla en ese momento.
Sus manos bajaron a su lugar habitual, las caderas de Melanie y la presionó contra los casilleros de metal para besarla; se estaban devorando en pleno pasillo.
Las manos inquietas de Axxel se movieron de las caderas de la chica hasta llegar aquel trasero caliente que tanto lo calentaba y su deseo se avivó. Ya besarla no le era
suficiente, pero no era el momento ni el lugar.
«!Oh mi Dios! ¡Axxel es… un jodido experto en el arte de besar».
Ella gimió, al sentir aquella lengua caliente saboreando su cuello; esa que despertaba una oleada de excitación, y hundió sus manos dentro de la camiseta del
chico.
—¡Wilson! ¡Smith! —los reprendió el señor Dawson, su profesor de inglés.
Melanie perdió el tono natural de la piel cuando escuchó la voz de su profesor. Se arregló la camiseta, en un intento de mejorar su aspecto, pero ya era tarde, el
señor Dawson había visto todo, y en primera fila.
«Estúpidas hormonas. ¿Acaso me volví loca? Nos estábamos comiendo en pleno pasillo del instituto. La madre que lo parió ¿Por qué Axx tiene que ser tan…
divino?».—
Síganme a la oficina del director. —ordenó el profesor.
«¿Del director dijo? ¡Ay!, es que yo lo mato».
«¿Sí? ¿Y tú acaso lo detuviste?», la acusó su voz interna.
«Bueno, no. Yo… él. ¿Con quién carajo me estoy excusando?».
—Tranquila, Mel. Todo estará bien. —le prometió y la tomo de la mano mientras seguían al Señor Dawson a la oficina.
«Estoy perdida. Si se enteran que vivo sola con mi abue… No, eso no va pasar».
Axxel se contuvo de reír a carcajadas al ver su gesto de terror; le encantaba esa vulnerabilidad, esos nervios… ese rostro sonrojado.
«Mel es tan… sexy. Si supiese cuánto me pone mirar esa boquita rosada, esos deliciosos pechos, ese… contrólate Axx».
—Nunca has estado aquí, princesita.
—Jamás. —balbuceó sin mirarlo.
«¡Oh mi Dios! Me quiero morir. ¿Y sí todos se enteran de lo que hicimos? Esto es lo que faltaba. Ya es suficiente con que me traten como la cenicienta del insti,
para que ahora me llamen…zorra».
—¿Qué es lo peor que puede pasar, Axxel?
—Que nos metan en detención por unas horas y escuchar un sermón de abstinencia y control de natalidad.
—¡Oh mi Dios! No puedo llegar tarde a casa. Mi abue…—se detuvo al caer en cuenta de que hablaría de más.
—Tu abue ¿Qué? —preguntó curioso.
—Nada, olvídalo.
«¿Por qué Mel es tan rara? Aunque, eso es lo que más me gusta de ella, esa actitud tan enigmática. ¡Mierda! Estuve por arrancarle la ropa en ese pasillo».
Entraron a la oficina del director poco después y, como era de esperarse, el discurso que mencionó Axxel se hizo presente.
Los dejaron libre de detención, pero con la advertencia de no repetir nada parecido en ninguna parte del instituto. Ellos asintieron y salieron de ahí aliviados por
librarse del castigo. Bueno, Melanie estaba aliviada, para Axx no era la gran cosa.
&
—Calma, Max. Ya estoy aquí. —le dijo al cachorro que le lamia el rostro. Puso al peludo marrón raza Yorkshire en el suelo y él correteó feliz por la casa. No era
la más grande y lujosa de la manzana, pero tenía lo necesario para vivir.
Tiró el bolso sobre su viejo y descolorido sofá, que alguna vez fue gris y mullido, y caminó hasta la cocina; no que tuviese que andar mucho, el lugar era pequeño
pero necesitaba con urgencia un cambio, desde las paredes descascaradas y amarillentas, hasta la vieja heladera oxidada.
—Hola, abue. ¡Ya llegué! —gritó para que la escuchase, porque había días que Margaret estaba totalmente sorda y otros que oía con claridad.
Su abuelita caminó hasta la cocina, apoyándose en su bastón, y saludó a su querida nieta con un beso en la mejilla.
—Hola, dulzura. Tu padre llamó esta mañana. Vendrá en unos días por algunos documentos y no sé qué.
—¡Santo Cristo! ¿Qué estará buscando William esta vez?
—Cariño, no te enojes con él. Recuerda que es tu padre. —pidió, con ternura.
—Desgraciadamente. —murmuró.
—Sí, mi linda, que Dios le aclare la mente —soltó su abue, provocando que Melanie riera a carcajadas. Adoraba las ocurrencias de su viejita, que estaba por
cumplir setenta años.
&
—¡Oh, Axxel! No pares —gimió Sabrina en el asiento trasero del Mustang.
Nadie tenía porqué enterarse de su enrollada con ella. Una cosa era que deseara a Mel y otra que fuese exclusivo para ella. «Eso solo lo hacen los tontos», decía
cuando le hablaban de amor porque «él nunca se iba a enamorar».
—Ni una palabra de esto a nadie, princesa. —murmuró y se arrepintió de haberla llamado así. Por alguna extraña razón, esa palabra era especial; exclusiva para
Melanie.
«Esa rubia me está jodiendo de verdad. Cogerme a Sabrina no sirvió de nada. La quiero a ella».
—¿Por qué te resistes, Axxel? ¿No ves que siempre vuelves a mí? —le susurró, acariciándole la entrepierna.
—Déjalo ya, Sabrina. Ya estás en casa, bájate.
—¿Por qué eres tan idiota? —bufó y azotó la puerta al bajarse.
«¿Por qué carajos sigo buscando a esa histérica?».
Arrancó el auto, derrapando en la carretera y llegó a casa para darse una larga ducha, expectante por lo que le esperaría esa noche con Melanie.
«¿Por qué las putas horas no avanzan? ¡A la mierda la hora!».
Se puso una chaqueta negra de cuero y salió de su habitación para ir por ella sin importar que fuesen las ocho treinta, una hora y media antes de la cita.
—Pequeña ¿Estás bien? —preguntó cerca de la puerta de Hayley cuando escuchó que su hermanita estaba sollozando de nuevo.
—Si, Axx. Estoy leyendo un libro que me ha hecho moquear. —le respondió sin abrir la puerta.
—Deja ya de leer esa mierda, Hayley. —le dijo, tragándose el cuento. Ella estaba llorando, pero no por un libro, sino por otro idiota, Maison Hudson.
A las nueve de la noche estaba sentado en el capó de su Mustang, esperando que Melanie terminase su turno en Joe´s.
«¿Qué tan lejos llegaremos hoy? ¿Qué mierda se traerá entre manos Mel?».
Sus labios dibujaron una sonrisa cuando la vio salir del local. «La verían desde la luna con ese fucsia chillón», satirizó y caminó hacia ella, preparado para
atacarla a besos.
—Axxel, lo siento. Tenemos que posponer esto; Nick despertó, tengo que ir a verle. Lo siento tanto. —tartamudeó, nerviosa.
—¿De qué mierda hablas? ¿Qué significa «Nick despertó»? —exigió disgustado.
«¡No! Ella no va a jugar conmigo. No lo hará».
Con los nervios que tenía había olvidado que él no sabía la verdad. Estaba tan conmocionada que no sabía qué hacer ni qué decir. Tomó varías respiraciones
largas antes de decir lo siguiente—: Axxel. Yo… lo siento. Me da vergüenza pedirte esto pero… necesito que me lleves con Nick. —cerró los ojos, esperando su
reacción… una que no tardó en llegar.
—¡¿Estás loca?! ¿Planeaste toda esta mierda para burlarte de mí?. Ya no me siento ni remotamente culpable por haberme follado a Sabrina esta tarde.
—¡Oh mi Dios! —Mel se cubrió la boca con las manos, dolida por lo que él gritó sin ninguna vergüenza.
«¡Joder! ¿Dije lo último en voz alta?».
—Me voy, Melanie. ¡Esto se fue a la mierda! —gritó, dando manotazos al aire.
Él había conocido a muchas chicas locas en la vida, pero nadie podría superar la locura de esa rubia.
«Sabía que era mala idea pedirle que me lleve ¿Pero qué otra opción tengo? No puedo ir caminando al hospital».
Su primer pensamiento, al saber que Nick había despertado, fue Axxel y en cómo quedarían las cosas con él. Estaba siendo muy egoísta al preocuparse por en el
castaño de ojos cautivantes en lugar de pensar en Nick.
—¡Despertó de un coma! —gritó Melanie desesperada por llamar su atención.
Axx jamás se esperó algo como eso. Su mente se había llenado de miles de posibilidades menos esa. Asumió que ella planificó todo para vengarse de él.
—¡Ven. Te llevaré! —gritó en respuesta.
Era lo mínimo que podía hacer después de gritarle, decirle loca y acusarla de algo tan estúpido como una venganza.
Corrió al auto y cerró la puerta sin mirarlo, apenada por depender de él para llegar a su novio. Además de lo enojada que estaba por lo que le gritase que folló
con Sabrina; eso arruinaba más las cosas entre ellos.
—¿Desde cuándo? —se limitó a preguntar.
—Hace seis meses. —musitó, sin hacer contacto visual.
—¡Mierda! Eso es mucho tiempo. ¿Qué carajo le pasó?
—Fue un accidente en auto. Un hombre borracho fue el culpable y su padre… murió esa noche.
«¡Perfecto! ¿En qué puto lugar me deja eso a mí? ¡Joder! Todo lo que quería de ella era follarla duro».
Y quería es la palabra clave aquí, porque estaba comenzando a sentir cosas diferentes; cosas que no se trataban de simple sexo y le estaba aterrando como el
infierno. Lo mejor sería alejarse, dejar a un lado a Melanie y seguir con su vida.
—Princesa, ya estamos aquí. Ve a reencontrarte con tu Nick —le dijo con recelo.
Despedirse era lo último que quería; dejarla ahí era una cruel sentencia de lo que pudo haber existido entre ellos y el final de algo que no tuvo oportunidad
de iniciar.
«¿Por qué se siente como un adiós? ¿Por qué mierda me duele dejarla aquí?».
CAPÍTULO 4
Melanie asintió, cuando lo único que quería era rogarle que le sostuviera la mano mientras entraba al hospital. En sus diecisiete años le había tocado enfrentar la
vida prácticamente sola. Porque si, su abuela siempre había estado con ella, pero a su edad ya no podía darle el apoyo que necesitaba.
«¿Sería mucho pedirle a Axxel que venga conmigo? No, no puedo. Fue suficiente que me trajese a ver a mi novio cuando tenía una cita con él. Además, ¿Qué
explicación le daría a Nick? Hola, él es Axxel. Nos hemos besado dos veces y teníamos una cita hoy. No puedo ir con él. Así que no tengo opción; enfrentaré esto sola».
—Mel, te puedo esperar si lo necesitas. —le ofreció, serio.
—¿De verdad lo harías, Axx?
—Sí, princesa. No me importaría esperar. —aseguró y sonrió un poco. ¿Qué más daba esperarla? Ya estaba ahí y no tenía ninguna otra cosa que hacer.
—¡Muchas gracias, Axx! Solo serán unos minutos. Te lo prometo. —le dijo y se bajó del auto temblando. Estaba asustada por reencontrarse con su novio
después de tantos meses.
¿Nick sabrá la verdad? ¿Le contaría su secreto? ¿Qué le dirá cuando la vea? Pregunta tras pregunta llegaban a su cabeza atormentándola. No tenía idea de lo que
pasaría y comenzó a sentirse enferma.
«Tú puedes, Melanie. Sabías que podía pasar. Es Nick. Él lo entenderá», repetía como una mantra, pero aun así no dejaba de temblar.
Axxel se bajó del auto, para calmar la ansiedad que le generaba esperar a Melanie mientras visitaba a su novio, y caminó de un lado al otro con las manos en la
nuca. Se sentía frustrado y muy confundido.
«¿Qué rayos hago aquí? ¿Por qué sigo insistiendo con ella? ¿Por qué no puedo dejar de hacerlo?».
Necesitaba hablar con alguien de lo que estaba sintiendo, pero Maison no era una opción. No después de haberse burlado de su noviazgo con Rebeca. Y siendo
él su único amigo…
«¿Qué le puedo contar? Que no puedo dejar de pensar en Melanie, que me he dado paja en su nombre todas estas noches, que cada vez que beso a otra chica
estoy deseando sus labios».
—¡Idiota! No te enamores de Melanie. ¡No lo hagas! —gritó y golpeó con ira el capó de su Mustang.
«¿Y si ya es muy tarde? No, ¡Joder! No es tarde. No lo es».
¿Qué lo frustraba más? ¿Enfrentarse a lo que sentía o saber que Melanie estaba cerca de volver con su novio-vuelto-a-la-vida?
«Puede que ella no lo quiera. Puede que solo esté aquí para despedirse. Sí, eso es posible ¿Y si no? ¡Estúpidos pensamientos!».
&
—Cariño, que bueno que estés acá. —la saludó Kris, la madre de Nick, con un beso y un abrazo. Melanie le correspondió el gesto, buscando en ese abrazo el
consuelo que necesitaba.
—¿Estás bien, dulzura? —preguntó Kris al notar que Melanie estaba temblando.
—Sí. Es que yo… no sé qué decirle. ¿Él está…?
—Sí. Nick está bien y preguntó por ti. —aseguró y le ofreció la mano para que entrasen juntas a la habitación.
Melanie lo visitó a diario los primeros meses, pero al pasar el tiempo dejó de hacerlo. Tenía tres semanas sin ir y esta vez sería distinto, Nick estaba despierto
y era momento de enfrentar la verdad.
Cada paso que daba la acercaba más a él y miles de recuerdos le colapsaron la mente. Su primer beso, las promesas de amor, esa tarde de verano, en la que por
poco le entrega su virginidad, y aquel ocho de abril, cuando sucedió el accidente que le cambió la vida a ambos.
—Hola, Nick. —fue lo máximo que logró decir. El corazón le martillaba con fuerza en el pecho y le cortaba la respiración.
«¿Y si se da cuenta? ¿Y si vio algo? No sé qué haré si me pregunta por… No, él no lo sabe».
—Hola, bebé. —respondió Nick con una mueca.
«Qué hermosa está mí chica», pensó, pero al instante supo que algo andaba mal; Melanie ocultaba algo.
Kris se fue para darles privacidad pero ella deseaba que no lo hubiese hecho; no quería estar ahí sino echarse a correr sin mirar atrás. Estaba completamente
abrumada por el secreto que escondía.
—¡Wow! Luces fantástica. Aunque sigues usando ese uniforme horrendo, bebé.
—Sí, es horrible —confirmó y soltó una risita— ¿Cómo te sientes? —preguntó dando dos pasos adelante.
—Estupendo, como si hubiese dormido por seis meses. Estaría mejor si mi padre estuviese aquí. —admitió cabizbajo.
«¿Qué me estás ocultando, Mel. ¿Por qué no me miras a la cara».
Desde que despertó, lo único que le ilusionaba era verla. Pero algo no iba bien y él lo sabía. Pasaron seis largos meses y Melanie no estaba obligada a guardarle
fidelidad a un novio sentenciado a la muerte; en eso estaba claro Nick.
A pesar de saberlo, temía hacerle la pregunta, porque en su mente solo habían pasado dos días desde la última vez que la vio. Aún recordaba cómo se sintió la
piel de Melanie en sus manos y el calor de aquellos besos que tanto adoraba. Él la seguía queriendo ¿Y ella? ¿Qué sentía ella por él?
—¿Qué hay de ti? ¿Tienes novio? —preguntó sin rodeos.
Si algo tenía Nick era ser directo y eso no había cambiado porque seguía siendo el mismo, solo estuvo en un sueño profundo; uno que le detuvo la vida solo él,
los demás siguieron adelante.
—Nick —susurró— Sabes que te quiero… —hizo una pausa tratando de ordenar sus ideas, buscando las palabras adecuadas para no herirlo —Yo… mis
sentimientos ya no son tan claros como lo eran hace un tiempo. Lo siento. —reveló con las lágrimas a punto de brotar.
—Lo entiendo, Mel. No tienes por qué disculparte. —aseguró con una sonrisa.
—¿Te puedo dar un abrazo? —pidió tímida.
—Ven aquí, tonta. —ella caminó hasta la cama y lo abrazó. Era real, Nick estaba vivo. En ese momento, olvidó todo lo que le ocultaba y lloró en su pecho.
Cuando sucedió el accidente, lloraba todas las noches hasta quedarse dormida. ¿Por qué tenía que pasarle eso a Nick? ¿Por qué todos la abandonaban siempre?
Él no era solo su novio, también era su amigo, su apoyo; la única persona que la conocía de verdad.
Nick la consoló acariciándole la espalda y poco a poco dejó de llorar. Se separaron y ella sonrió mientras se secaba las lágrimas.
—Me hiciste mucha falta, Nick. No sabía si tú…
—Lo sé, Mel. Mamá me ha contado. ¿Y tú abue?
—¡Oh! Mi abue está bien: siempre me pregunta por ti.
—Dile que estoy bien. Lo estoy. —Melanie asintió y miró el reloj en su muñeca, se estaba demorando más de lo planeado y no quería abusar de Axxel.
—¿Hay algún chico, Mel? —preguntó, deseando que la respuesta fuese no.
«¿Oh mi Dios! ¿Qué le digo? No puedo hablar de Axxel. No así. Igual no creo que sea necesario, entre él y yo no hay nada».
—¿Cuándo volverás a casa? —preguntó Melanie, evadiendo la pregunta.
«No hace falta que lo diga. Sé que hay un chico. ¡Maldito accidente!».
—En la mañana. Los médicos no salen de su asombro. Pensaron que yo era un caso perdido. —sonrió, escondiendo su dolor. Alguien más tenía el corazón de su
chica; Melanie ya no era su bebé y nada entre ellos volvería a ser lo mismo.
—Me alegro mucho. No sabes cuántas veces le pedí a Dios que regresaras. Saber que estás a salvo es un gran alivio. —dijo, esbozando una sonrisa.
«No puedo seguir aquí. Si Nick lo sabe… no sé cuánto más lo pueda ocultar».
—Me tengo que ir. Pasaré por tu casa mañana después de clases. —se acercó de nuevo para despedirse con un beso en la mejilla, pero Nick tomó su mano.
Deseaba tanto que esos meses no hubiesen pasado; que ella no se hubiese enamorado de nadie más.
—Te quiero, Melanie. —susurró antes de darle un beso casto en los labios como despedida.
Ella se alejó sin decir nada. No podía. Si abría la boca corría el riesgo de soltarle toda la verdad.
Contuvo las lágrimas hasta que cruzó el pasillo y se apoyó en la pared dejándose caer al suelo. Lo último que quería era romperle el corazón a Nick. Él no
merecía sufrir más, pero todo cambió para ellos desde aquel accidente.
Axxel la vio salir y respiró hondo para calmarse. Esa media hora dentro del hospital, sin saber que hacía con su novio, lo estaban envenenando.
—¿Estás bien? —le preguntó cuando subió al auto, aunque era obvio que algo iba mal. Muy mal. Era fácil saber que estuvo llorando.
—No. Yo… es muy complicado, Axxel. —se limitó a responder.
«¿Es complicado por él o por mí? ¡Mierda, Melanie! No tengo una idea de lo que haré contigo. Me estás volviendo loco».
¿Iba a alejarse de él? ¿Terminaría todo con Nick? Eran dos interrogantes que lo traían de cabeza. Axxel encendió el auto y condujo a casa de Melanie en silencio,
no era la noche que había imaginado unas horas antes.
«Necesito tanto un abrazo. Necesito decirle a alguien lo que pasó pero no puedo. Dudo que Axxel sea la persona adecuada para contarle este secreto. Es un
idiota follador-de-zorras. Él no lo entendería. Estoy sola. Tan sola que me pesa en el alma. ¿Por qué te fuiste mami? Te necesito tanto».
Axxel la miró con detenimiento y algo en él se activó. Quería abrazarla, besarla… decirle que todo estaría bien.
—¡Al carajo, Mel! Voy hacer esto de una buena vez. —la tomó por la cintura para situarla a horcajadas sobre él y enredó sus dedos en el sedoso y rubio cabello
de Mel.
No esperó más y comenzó a besarla como si tuviera mucha hambre y su boca fuese alimento caliente. Melanie le correspondió y presionó su vientre contra
aquella dura excitación.
«!Joder! Necesito entrar en ella!».
Sus manos abandonaron el cabello de Melanie e hicieron un pequeño camino hasta su escote. Con sutileza, introdujo sus dedos entre la tela del brasier y liberó
uno de los senos para saborearlos con su lengua.
Melanie estaba tan absorta en el momento que perdió el control. Estaba totalmente entregada a lo que él quisiera hacerle, pero entonces recordó lo que le gritó él
en el estacionamiento de Joe´s, se acostó con Sabrina. Se apartó de él y volvió a su lugar disgustada por ser tan débil.
—No seré una de tus zorras, Axx. Gracias por lo que hiciste por mí, pero no quiero que me trates de esta forma. —bufó molesta.
—Princesa —susurró— No es así. Me estás volviendo loco, Mel. Soy como un sediento en el desierto y tú eres el manantial que necesito para sobrevivir.
—¡¿Entones por qué lo hiciste con Sabrina, Axx?! —gritó exigente.
—¡Por idiota! ¿No lo entiendes? Toda mi vida lo he sido y no es fácil para mí dejarlo atrás. Tú… eres la primera chica que me inspira a intentarlo. Quiero
cambiar por ti. Quiero ser mejor para ti, Melanie.
Los sentimientos de Melanie seguían a flor de piel. ¿Sería verdad lo que decía Axxel? Entre la visita a Nick y las palabras que él acaba de decir, estaba demasiado
confundida.
—Axxel, no sé lo que significa todo esto, pero si sé lo que necesito. Necesito a alguien que quiera estar conmigo, no por ser una chica a la que intenta llevarse a
la cama, si no porque quiere todo lo demás de mí. Lo que no se puede tomar con las manos; las cosas que habitan aquí. —dijo tocando su pecho.
—¿Me estás pidiendo que sea tu novio? —bromeó.
—No, te estoy diciendo lo que necesito, no que tú me lo puedas dar. Todo esto fue un error, Axxel. —le dijo y se cubrió el rostro con las manos.
Mintió al decirle que no. Sí lo quería pero también necesitaba a alguien que conociera sus miedos y sus inseguridades, a alguien que la tomare de la mano el día
que su abue la dejase, a alguien que la descifrara con un simple gesto, a alguien que la amase de la forma en que merecía y en ese momento comprendió que él no era esa
persona.«¿Un error, dice? ¿Cuántas veces me va a rechazar? ¿Cuánto más insistiré?».
—¡Mierda! Dime si tu madre te trajo al mundo con un manual o algo así porque no puedo contigo. Eres un libro abierto de física cuántica escrito en jeroglíficos.
Melanie no pudo contener la risa y se rió hasta que le dolió el estómago. Fue liberador reír un rato luego de tanta angustia.
—Axxel. Si de verdad quieres dejar de ser un idiota no es tan difícil de lo que crees. Deja de tener sexo con media escuela, elige a una chica que realmente te
guste, invítala a una cita y ten por lo menos la decencia de esperar hasta la cuarta cita para intentar tener sexo en tu auto con ella.
—¡Wow! Eso fue bastante gráfico. De eso estaba hablando, Mel.
Ella sacudió la cabeza, se bajó del auto y siguió el pequeño camino de

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