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Los chicos del calendario Enero – Candela Ríos

Los chicos del calendario Enero – Candela Ríos

Sinopsis De 

Libro Los chicos del calendario de Enero – Candela Ríos

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Existen dos clases de personas en el mundo: las que viven la vida como si fuera una película y las que, como yo, nos conformamos con imaginarnos dentro de una
película cuando vamos al cine o vemos una serie en casa. En mi mente (y en el salón de casa de mis padres) he sido Bella cuando besaba por primera vez a Edward en
Crepúsculo (nunca he sido Bella en la segunda parte de Amanecer, creo que eso debo dejarlo claro ahora mismo), he bailado con Channing Tatum en Step Up y he
tocado los abdominales de Thor, con permiso de su señora y de sus preciosos niños rubitos. Dejando a un lado que debería ir más a menudo al cine o que, según mi
mejor amiga, mi hermana y básicamente todos mis ex profesores de la facultad de periodismo y comunicación audiovisual, tengo un gusto pésimo y anclado en la
adolescencia, a mí nunca me suceden cosas de película.
Nunca.
Jamás.
Y la verdad es que me parece bien.
Si alguien me hubiese encañonado con un arma y me hubiese preguntado qué escena me gustaría vivir en primera persona, le habría dicho que cualquiera de Love
Actually o de Princesa por sorpresa me iba bien. Incluso me habría conformado con alguna escena de esas películas de los ochenta o de los noventa que mi hermana
mayor se empeñaba en obligarme a ver con ella cuando aún vivía en casa. En realidad, lo más probable es que si un chico se hubiese plantado bajo mi balcón para darme
una serenata, yo hubiese salido de la cama y le habría insultado porque no me dejaba dormir.
A mí no me ocurren cosas de película, ni en mi imaginación soy capaz de creer que podrían sucederme. Tampoco sabría elegir qué película me gustaría protagonizar,
¿una de Ryan Gosling? Sí, probablemente esa sería la opción más acertada. Sería ir sobre seguro.
Hoy es casi el último día del año, estamos a treinta de diciembre y soy de las pocas pringadas que está trabajando. En la revista apenas queda nadie y hace una hora
mi mayor problema era que no sabía qué ponerme mañana. Hasta que he decidido mirar el móvil y perder unos minutos curioseando por las redes.
Rubén me ha dejado por Instagram.
Por Instagram. Esto no lo he visto en ninguna película. Me está pasando de verdad.
No puede ser.
Rubén es mi novio, o ex novio según el texto que hay bajo la foto que acaba de colgar, una imagen de sus maletas delante de la puerta abierta de mi piso, el piso al
que él se mudó hace cuatro meses porque acabó el contrato del suyo:
«Hoy termina una etapa. Voy a perseguir mis sueños. #Elprimerdiadelrestodemivida #Surfismylife #NewBeginnings #GraciasCandela
#AdiosCandela».
La foto tiene veinte «me gusta» y cuatro comentarios, todos de sus amigos dándole ánimos para superar este momento y animándole a seguir adelante. Esto no
puede estar pasándome, seguro que sigo dormida o que todo se trata de una de esas bromas de Rubén que nunca consigo entender.
El artículo sobre los signos del zodíaco sigue a medio escribir frente a mis narices, tengo que terminarlo antes de las tres si no quiero que el lunes Marisa me persiga;
me dijo que lo quería a primera hora sin falta. Aunque dudo que alguien eche en falta «¿Llevas el perfume que mejor encaja con tu horóscopo?» Los perfumes que tienen
que aparecer en el artículo están esparcidos por mi mesa y la verdad es que hay uno que me ha gustado mucho y no, no es el que encaja con mi horóscopo según la lista
que me ha pasado mi jefa, que, digo yo, está atravesando una fase muy espiritual. Ayer, cuando me dijo que quería el artículo, no le pregunté de dónde había sacado la
información; acepté la caja con los perfumes y me la llevé a mi cubículo. Antes de ponerme con los perfumes tenía que terminar dos artículos más, así que salí tarde del

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trabajo. Cuando llegué a casa, Rubén salía de la ducha y me sonrió, me cogió de la mano y me llevó al dormitorio. No fue memorable, pero estuvo bien; al terminar me
dijo que parecía cansada y me dio un masaje en la espalda. No preparó la cena, Rubén está convencido de que morirá si algún día toca una sartén o algo por el estilo,
pidió dos pizzas (sus dos preferidas, aunque a mí no me importa) y nos las comimos en el sofá viendo la tele.
No me dijo nada sobre que quisiera irse. Dijo que estaba harto del trabajo (Rubén es programador de videojuegos) y que sus padres tal vez visitarían Barcelona
dentro de unos meses. Tampoco me ha dicho nada esta mañana, ni siquiera se ha despertado cuando yo me he ido a trabajar.
Intento seguir con el artículo. Según la lista, si eres libra, eres dulce, romántica y sensual, y te gustan los perfumes afrutados. No sé cómo escribir esto sin que suene
a estupidez, por eso he cometido la temeridad de mirar Instagram, porque quería distraerme un poco y ver si así conseguía inspirarme.
Como si hiciera falta inspiración para escribir este artículo.
Tal vez todo ha sido culpa de los perfumes, los he estado olfateando durante más de veinte minutos. Quizá me he mareado y no he leído bien el texto de Rubén.
«Hoy termina una etapa. Voy a perseguir mis sueños. #Elprimerdiadelrestodemivida #Surfismylife #NewBeginnings #GraciasCandela
#AdiosCandela»
Sigue diciendo lo mismo, pero ahora hay un nuevo comentario de CarmenChicaBoom:
«Me alegra ver que nuestra charla te ha ayudado. Tú puedes, campeón .»
Odio a Carmen. Bajo la pantalla, veo una foto de mi primo y me encuentro con la foto de una bloguera que dice estar superfeliz con sus zapatos nuevos. Dejo de
seguirla y vuelvo a buscar la foto de Rubén. Él ha escrito, ha respondido a Carmen:
«Sí!!!!! Gracias, guapísima . De camino al aeropuerto.»
Me tiembla la mandíbula, es de rabia, no voy a ponerme a llorar. Tiene que haber una explicación. Es imposible que Rubén me haya dejado por Instagram.
Imposible, aunque una vocecita en mi interior insiste en que es típico de Rubén no dar la cara y utilizar estas tácticas teatrales.
En un impulso, llamo a Rubén y me acerco el móvil a la oreja.

Los chicos del calendario Enero – Candela Ríos

—¡Hola, Candela!
Ha contestado enseguida y parece contento.
—He visto tu foto en Instagram. —Sueno tan atónita como me siento. De hecho estoy tan confusa que apenas tengo voz.

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