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Libro PDF Me enamoré de un sacerdote – Grethel Sazo

Me enamoré de un sacerdote - Grethel Sazo

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las pequeñas cosas como
observar los paisajes, los celajes, cosas
simples, milagros que se ven todos los
días, pero sólo si nos detenemos por un
instante se pueden sentir en el alma.
Me imaginaba siendo la dueña
de un hotel, en donde las personas se
pudieran ir a relajar del estrés de la
ciudad. Me Imaginaba teniendo a mi
lado un hombre que me apoyara en todo
incondicionalmente al igual que yo a él,
alguien con quien pudiera ser yo misma
y me aceptara tal como soy.
Que aceptara mis locuras, mis
defectos y mis virtudes, que tuviera
porte de bonachón. Que supiera cocinar
porque yo nunca he sido buena para la
cocina, y que siempre estuviera ahí para
hacerme reír con cualquier tipo de
tontería. Eso era lo que imaginaba de
pequeña, y en el fondo de mi corazón
quería que eso se volviera realidad,
mientras la realidad era que el camino
que yo estaba forjando no me llevaba a
ese sueño.
Si quería que las cosas
cambiaran, tenía que tomar decisiones
fuertes. Mientras estaba recordando lo
que soñaba de niña, vi lo diferente que
era mi realidad comparada a lo que yo
siempre he querido.
Estaba estudiando una carrera
que no me llenaba y no me hacía sentir
feliz, sabía que me había equivocado y
aunque trataba de ver todas las cosas
positivas de mi alrededor, tenía la
necesidad de hacer algo diferente.
Me decidí a hablar con uno de
mis mejores amigos, el cual tenía una
casa en un pueblo muy colorido, de esos
lugares donde se puede caminar
tranquilamente sin temor a que te
asalten, totalmente diferente a la ciudad,
y eso era lo que me gustaba.
Lo llamé y le dije “¿Hola
Esteban cómo estás?” suspiré.
“¡Muy bien Ana gracias!”
Exclamó de forma alegre.
“Necesito hablar contigo, deseo
que me alquiles la casa que tienes en el
pueblito.”
“La verdad sería dinero extra
para mí, ya sabes que casi no visito esa
casa.”
“¿Entonces, ese es un sí?” Dije
muy alegre, que hasta salté.
“Ana, tú eres de mis mejores
amigas, por supuesto que te alquilo la
casa, y lo mejor de todo a un excelente
precio.” Dijo muy amablemente.
Respondo emocionada“¡Gracias
Esteban!” “Me siento muy feliz porque
voy a poder estar sola un tiempo.”
El rió y me dijo “Ya sabes, para
eso son los amigos, yo te paso a dejar
las llaves a tu casa.”
“Te estaré esperando, te mando
un abrazo, te quiero amigo.”
“Yo igual, amiga.”
Capítulo II
La ciudad para mi estaba llena
de muchas personas prejuiciosas, estaba
rodeada de personas que daban más
importancia a lo material que a lo que en
realidad es importante. La mayoría
vivían en una competencia constante de
quién tiene las mejores cosas, los
objetos más caros, o quién tiene más
dinero. Ese tipo de seres humanos no
viven para ellos, sólo viven para los
demás, en fin, para ellos todo es
apariencia y tratar de impresionar a los
demás. Yo siempre he dicho que no se
trata de impresionar, se trata de ser uno
mismo, y en realidad nunca se va a
quedar bien con la gente, siempre van a
criticar algo, de ese estoy muy segura.
Yo estaba cansada de la ciudad y
su gente, por eso decidí irme un tiempo.
Antes había ido un par de veces
a ese hermoso pueblo, fue amor a
primera vista; todo muy colorido, se
sentía la tranquilidad de sus calles,
algunas personas todavía conservaban
sus carros viejos lo que hacía parecer
que el tiempo había retrocedido y que
estaba en un lugar muy lejos de todo.
Ahí todo parecía ser más real,
más genuino, los niños aún jugaban en
las calles hasta altas horas de la noche,
los papás no se preocupaban de nada,
todos caminaban seguros y felices. Las
personas de ese lugar siempre mantenían
una sonrisa; no lo tenían todo, pero
tenían el corazón lleno de alegría. A
veces demasiadas cosas nos distraen de
las cosas que realmente son importantes.
Esteban llego a mi casa a
dejarme las llaves de la casa del
pueblito, él me preguntó “¿Ana estás
segura de irte?”
Yo le expliqué que habían
momentos en que una persona necesita
estar sola y lejos de su familia y amigos,
él me dijo que tenía razón pero que
algunas veces las personas no se atreven
porque le tienen miedo a la soledad, y
mucho más miedo a la incertidumbre.
Eran tantas mis ganas de irme a vivir
sola por un tiempo a un lugar donde
nadie me conociera, que se me habían
olvidado los peligros que se me
pudieran presentar.
¡Si existieran más personas que
se atrevieran a hacer cambios
radicales en sus vidas, ellas tendrían
más oportunidades de las que se
imaginan y tal vez fueran mucho más
felices! Pensé. Todo es cuestión de
atreverse, de arriesgarse y de amarse.
Algunos esperan que las cosas
sean fáciles, pero algo es seguro, nada
es fácil, y no existe nada mejor que
decir ¡Lo logré, no fue fácil, pero lo
hice! El saber que nada iba a ser fácil le
daba un sabor más interesante a mi
aventura, cada reto a emprender iba a
disfrutármelo.
Muy decidida a irme un tiempo
lejos de la ciudad, me esperaba hablar
con mis padres y con Matías, mi novio.
Primero hablé con mis papás.
Capítulo III
“He decidido irme un tiempo
lejos de aquí, unos seis meses o un poco
más, no estoy segura de cuánto tiempo
estaré en el pueblo, allá trabajaré dando
tutorías de inglés a niños y adultos.
Tengo el presentimiento que va a ser una
experiencia única y maravillosa. Estoy
decidida, estoy algo aburrida de la vida
que llevo aquí, no es lo que soñé,
necesito un cambio de urgencia, no
quiero parar como muchas personas que
viven haciendo lo que no les gusta y por
eso tienen un semblante de amargura,
todavía puedo cambiar mi camino.
Con respecto a la universidad,
ya me falta poco y cuando regrese voy a
terminar la carrera, no porque haya sido
la carrera que me apasiona, sino porque
no me gusta dejar las cosas a medias, y
bueno, no se preocupen por mí porque
mi amigo, Esteban, me va a alquilar su
casa, ya hablé con él y todo está
arreglado, me voy pasado mañana, sólo
me queda hablar con Matías, creo que ha
sido un buen novio, pero me he dado
cuenta que no es lo que realmente quiero
para mi futuro.”
Mi padre estaba sorprendido al
igual que mi madre, pero hacían un
esfuerzo por entenderme, creo que mi
padre me entendía más que mi madre.
Ella me preguntó “¿Ana, estás
segura que es lo que quieres para tu
vida? Aquí con nosotros lo tienes todo,
tienes un novio maravilloso, ya vas a
terminar tu carrera, no seas loca, no
pierdas lo que tienes por un caprichito.”
Yo contesté “¡No es un capricho!
Es algo que necesito hacer, no siempre
voy a estar con ustedes, tarde o
temprano tengo que tomar decisiones
que me van a alejar de ustedes. Tengo
que volar del nido, no porque no los
quiera, sino para ser yo misma. No es
que vaya a perder lo que tengo, lo que es
mío siempre va a estar ahí, al contrario,
sé que voy a ganar muchas cosas, y mi
corazón me dice que me va a ir bien, que
voy a tener experiencias maravillosas.
Es algo que debo hacer, y deseo tener
esa experiencia, no puedo hacer lo que
todos hacen, tengo que hacer lo que yo
quiero, no puedo comparar la vida de
las otras personas con la mía, cada
persona escribe su propia vida. Los amo
mucho y respeto tu opinión, mamá, pero
es tiempo de irme.”
No entendía la actitud de mi
madre, pero nada iba a hacerme cambiar
de opinión. En cambio, mi padre me dio
todo su apoyo. Nos comunicábamos
mejor cuando nos escribíamos. Me dio
una carta, y un fuerte abrazo mientras se
me llenaban los ojos de agua. Esto fue
lo que decía en la carta:
“Hija, si es lo que quieres, tienes
mi apoyo incondicional, cualquier cosa
nos llamas y estaremos ahí para ti.
Analizándolo creo que esto te va a hacer
mejor persona, vas a poder experimentar
qué es ser independiente, y te vas a dar
cuenta lo que te vamos a hacer falta,
pienso que todos los jóvenes deberían
hacer lo que tú estás haciendo, una dosis
de soledad, un pedazo de independencia,
y una cucharada de aventura se necesita
para disfrutar al máximo esta vida. Sé
de muchas personas que siempre han
estado con sus padres y déjame decirte
que las personas que se dedicaron a
buscar su independencia son mucho más
exitosas que aquellas que nunca se
animaron a volar, por ello debes estar
atenta a las lecciones que la vida te
enseñara. Buen viaje hija.”
Leer las palabras de mi padre
me alentó a seguir con mi decisión,
sabía que iba a dejar cosas importantes,
pero también sabía que necesitaba
explorar el mundo; no me iba a limitar.
Sabía que los amigos eran
importantes, pero al final no se sabe
quiénes van a estar para siempre, en las
buenas y malas, y por otra parte, cada
quien toma su rumbo; algunos son
amigos para siempre, otros para una
temporada, y otros sólo para cuando les
conviene.
Sabía que mi novio era
importante, pero no era toda mi vida,
dentro de mi corazón estaba segura que
él no era el indicado. No me importaba
quedarme soltera.
Capítulo IV
Al día siguiente, después de
hablar con mis padres, debía hablar con
Matías, estaba segura que no iba a ser
fácil, pero lo tenía que enfrentar.
Los dos estábamos juntos por
costumbre y ambos lo sabíamos. La
costumbre es la que mata el amor, pero
el verdadero amor no puede caer en la
costumbre… ninguno sentía amor real.
Él no era el hombre de mi vida, aunque
ambos nos queríamos mucho, eso no era
suficiente, tenía que dejarlo porque
juntos estábamos perdiendo el tiempo.
El tiempo es algo que nunca se
puede recuperar, el tiempo pasa como
agua entre los dedos, el tiempo es
valioso porque cada momento vivido es
irrepetible.
Si seguía con él, con el
equivocado, tenía la posibilidad de que
el verdadero amor de mi vida nunca
llegara. Hay momentos en la vida, en
que es necesario cerrar círculos para
darle la bienvenida a nuevas
oportunidades, todo es cuestión de
decisión, de querer lo mejor para uno
mismo y no conformarse. Muchas veces
hay que dar saltos hacia lo desconocido
para conocernos mejor.
Me puse a pensar, y si seguía
con Matías, me convertiría en una
esposa sin metas y sueños, con todas las
comodidades del mundo, pero sin
realizarme personalmente, ya que él no
me hubiera dejado trabajar. Eso no era
lo que yo quería para mí, yo quería una
relación en la cual los dos pudiéramos
ser libres sin que ninguno cortara los
sueños del otro. Con Matías no podía
volar libremente.
Yo era un alma libre, como un
pájaro que agarra vuelo para llegar a su
nido, que aunque pase por lugares
peligrosos vuela con tanta libertad que
siempre encuentra lo que quiere. Nunca
me había gustado que me impusieran
cosas, es que cuando te imponen algo,
las cosas no se hacen con pasión.
Capítulo V
Para mí era una necesidad
volver a ser yo misma, recuperar el
tiempo perdido y sentirme libre. Nada
mejor que un pequeño pueblo pintoresco
donde no necesitaba usar carro, porque
yo amaba caminar y ver los detalles en
cada calle, esas cosas las había dejado
de hacer desde que empecé a salir con
Matías. Simplemente había dejado mi
esencia, no podía seguir así, debía
terminar con él. Ya estaba cansada de
dar explicaciones de por qué me iba a ir
de la ciudad, tenía que decirle
claramente. Nos reunimos en un café,
nos saludamos, y pedimos dos cafés.
Recuerdo que le dije “Matías,
tengo que hablar contigo. Me voy
pasado mañana de la ciudad, me voy por
varios meses y la

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