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Me encontré con su alma – M. Reyes Lamprea

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Resumen y Sinopsis De 

CAPITULO I
SEPARACIÓN
24 de septiembre de 1527
Nicolás pareció ir calmando su miedo y su cuerpo con el acogimiento y bondad de aquellas personas; ahora él quería compartir la fiesta y relajar su ánimo
sintiéndose acompañado.
Observó las facciones de los demás, sus gestos, sus movimientos, sus palabras, sus risas y danzas; bailaban sin reticencias ni vergüenza, parecía que fuesen familia o
amigos de largos años. Cierta tristeza invadió el corazón de aquel hombre al que la guerra había llamado tan poderosamente que se había tornado el centro de su vida sin
guardar tiempo ni atención a encontrar el amor de una mujer ni a la creación de una familia; ahora la soledad le asediaba a menudo. Con estos pensamientos fijó su mirada
en la mujer que había tocado su espalda, no recordaba su nombre, pero si la paz que había sentido junto a ella. Su rostro estaba limpio de las improntas propias de la
vida, pereciese que hubiese podido conservar la inocencia y confianza propias de la niñez. Aurora había cautivado su atención.
La generosidad del anfitrión llenó sus estómagos de buen vino y comida, el jardín de la casa era un oasis de descanso, sentados sobre la hierba fresca recordando las
vivencias que habían compartido y el completo y mutuo apoyo que los había mantenido con vida. Nicolás no habló, prefirió escuchar, ya tendría tiempo de contar lo
sucedido, no era momento de crear una innecesaria tensión a aquellas personas pues según les oía entendía que acababan de salir con vida de una feroz situación. Reparó
en que Lucas le observaba atentamente, pareciese que no podía esperar al día siguiente para saber sobre lo ocurrido con la documentación pero ambos supieron callar
sus inquietudes.
Diego perdía la atención fuera del grupo; sus recuerdos, sus vivencias y necesidad le emplazaban a la persona de Rebeca. Muchas veces había soñado con ella, con
sus besos y caricias. La única vez que la había tenido en sus brazos, en el bosque, había sentido que se cumplía uno de los motivos por los que había venido a este
mundo… y era tal la fuerza con que su corazón y su cuerpo le recordaban aquellos momentos con ella que le resultaba insufrible continuar esperando para volver a
tenerla.
Sabía que resultaba imprudente Reclamar a Rebeca con la casa llena de gente pero su cordura no apartaba de sí la necesidad de sus entrañas. Sus ojos se cruzaron con
los de ella percibiendo Rebeca la pasión y el delirio en los labios entreabiertos de Diego pues compartía con él el fuego de la misma pasión.
Lucas hubo de apartarse del grupo al observarles, no soportaba sentir un deseo que nunca sería calmado por la mujer que lo provocaba. Caminó por el patio con un
vaso de vino en la mano mientras volvía a su cabeza la idea de que debía irse lejos, muy lejos de allí. Este pensamiento le atormentaba.
Rodrigo se levantó de la reunión indicando a Nicolás que le siguiese, los demás le miraron con atención. Cogió su vaso y el de Nicolás que estaban sobre un pedrusco
que había hecho de mesa y se dirigieron hacia un limonero, Lucas les siguió sin pensarlo dos veces. Rodrigo indicó al soldado que se sentase en la banqueta mientras le
devolvía su vaso y se sentaba frente a él sobre la hierba.
– Cuéntame cómo nos encontraste – la voz de Rodrigo era muy clara, al igual que su intención.
Nicolás titubeó; si les confesaba su comportamiento podrían retirarle su favor. Miró a Rodrigo tantas veces como le apartó la mirada.
– La verdad, Nicolás …
Cuando un impulso de valor parecía querer abrirse paso en la garganta del soldado Rodrigo declaró su postura haciéndole saber que la fiereza con que él defendiese
su propia vida no iba a poner en peligro de nuevo a los suyos. Nicolás comprendió; bebió un trago de vino.
– Oí que te habían apresado y quise esconderme. Me alisté en un ejército pequeño, reclutaban gente para venir a España y continué camino con ellos, tenía que
desaparecer de allí.
– Eso es más o menos cierto… – Rodrigo le miró fijamente.
– ¿Qué quieres decir? – Nicolás tragó saliva.
– No oíste que me apresaron, lo viste; yo también te vi a ti escondido detrás de aquel montón de piedras cuando vinieron a por mí. Me pregunté si me habías
delatado.
– No Rodrigo, no fui yo. No haría algo así, pero al verles sobre ti me… faltó el valor creí que si salía de mi escondite nos capturarían a los dos – hizo una
breve pausa. – Pero juro por Dios que no te delaté, es la verdad.
– Está bien – Rodrigo hablaba serio. – Sigue con el relato.
Nicolás se quedó sin palabras, no sabía que pensaba Rodrigo.. Lucas en cambio se exaltó tanto que hubo de apartarse indignado de la aparente tranquilidad de su
padre y de su hermano, que también había llegado hasta ellos. Diego observó a Lucas; con la cabeza hacia atrás y las manos en la cintura, a saber qué pasaba por su
pensamiento.
– En compañía de ese pequeño ejército llegué de nuevo a territorio español. En aquel grupo exigían participar en un rito, entonces fue cuando me ocurrió lo de
la espalda – Nicolás creía que le habían embrujado, pero esto hubo de guardarlo en secreto. – Al día siguiente comenzaron a aparecer las marcas en los brazos,
después también en la espalda…
– Ya hablaremos de eso… pero ¿cómo nos encontraste? – Rodrigo deseaba irse a descansar pero antes tenía que aclarar este asunto.
– Durante el aquella especie de ceremonia todos iban enmascarados y no pude verles las caras, pero cuando terminó, uno de ellos me entregó este papel
Nicolás sacó un pequeño escrito arrugado del bolsillo de su calza y lo entregó a Rodrigo, quién lo desplegó con el entrecejo fruncido…
– ¿Qué dice ahí padre? – Diego dio un paso adelante, sabía contener la impaciencia pero el rostro de preocupación de su padre le hizo reaccionar.
– Es la dirección de esta casa …
Cuando todos se retiraban a descansar Diego llamó la atención de su hermano.
– Lucas, tengo que hablar contigo…
– Ahora no Diego – Lucas ni siquiera se volvió, se dirigía adentro de la casa, no podía mirar a su hermano a la cara.
Cuando la luna era plena dueña de la madrugada se acercó Rebeca a la habitación de Diego, que, apoyado en una mesilla que había junto a la puerta, se incorporó al
apreciar que su espera iba por fin a concluir.
Cuando el picaporte comenzó a girar dio un paso hacia la puerta incapaz de continuar detenido, sabía que Rebeca cumpliría su promesa de esperar a que todos
durmiesen. La mujer que amaba se guiaba por su corazón y no por lo supuestamente correcto y aceptado.
Diego al verla ante sí tiró de su mano y cerró la puerta de su habitación. Rebeca sonreía, él quería hablarle, abrazarla, besarla… Sus labios sellaron la sonrisa de la
mujer en un largo y entregado beso que transformó en deseo la mirada de Rebeca. Sosteniendo Diego el rostro de ella en sus manos se entregaron los labios con
desbocado deseo; ella acariciaba el cuerpo de Diego sobre la ropa. El anhelo de sentirse era tan imperioso y añorado que sobre la cama sus cuerpos se desnudaban sin
apenas darse cuenta. Rebeca acariciaba el torso de él, Diego el pecho de Rebeca. Perdidos en sus sentidos, sentimientos y pasión no hubo orden ni expectativa, pues no
existía más meta que la que ya habían logrado y sentían en la presencia, besos y caricias del otro.
Desnuda la salvaje dulzura de Rebeca perdió gradualmente el control de su instinto y de su amor en los brazos de Diego. Él más que verla se deleitaba valiéndose de
sus sentidos y toda su presencia. Olerla se volvía un rito intimista que le excitaba, a ella acariciarle le parecía la mayor y más alta de las tentaciones. Las miradas, las
caricias sentidas, las atenciones y el lento ritmo de sus cuerpos en unión detenía y aceleraba el tiempo.
No había secreto alguno que guardar, el amor y la pasión les transformaba mientras se desbordaban en su misterioso juego. Se estaban descubriendo, complaciendo y
sanando. La entrega sin límites les hizo olvidar quienes eran, de dónde venían y que existía un mundo fuera de aquella habitación cautelosamente iluminada en medio de
la noche. No podían explicar lo que sentían, sólo podían vivirlo con intensidad y gozo. Sus miradas eran sus amables confesoras y sabían que todo les era y les sería
permitido en complaciente disposición. Se estaba creando un vínculo de placer que superaba sus fantasías más íntimas.
Aumentó el ansia, la entrega y el sentir más allá de lo que los sentidos de ambos conocían; y mientras temblaban de emoción les fundió el fuego que procedía del
interior de cada uno de ellos, entregados a un suceso incapaz de contener o sujetar gimieron de goce mientras sus sexos se rompían de placer y sus figuras se
encrespaban. Sudaban y se abrazaban.
No fue esta la única vez que se unieron y la noche les permitió continuar amándose, recreándose y perdiéndose el uno en el otro. Colmados al alba se marchó Rebeca
con sigilo llena de abrazos, placer y palabras de amor de Diego, que quedó observando la salida del sol por la ventana; su cuerpo pleno del más profundo descanso que
había sentido y su mente de hermosas imágenes de Rebeca desnuda y de ambos unidos… no quiso dormir.
Mientras ella se escabullía por el pasillo con celeridad unos jóvenes ojos la observaban…
Lucas apoyó la espalda y la cabeza en la pared del pasillo, con el corazón roto, sabiendo a Rebeca amada por Diego, retuvo las lágrimas bajo los párpados cerrados.
No conseguía detener los latidos de su corazón lleno de pasión y de ira al mismo tiempo. El amor por su hermano se esfumaba en momentos como este, se le dañaba el
alma.
Derrotado y atormentado se escondió en su habitación sin saber ni poder superar esta situación. Había puesto todo su corazón para poder vencerse a sí mismo,
pero sin saberlo Diego y Rebeca se lo estaban destrozando. No podía continuar sufriendo de este modo, necesitaba escapar y rescatarse de semejante tortura.
Reflexionó de forma muy dolorosa para él, quería continuar en la compañía de su familia pero su debilidad de determinación no le permitía borrar de sí lo que sentía
por Rebeca; sentía culpa y compasión por si al mismo tiempo, no conocía referentes que pudiesen ayudarle a liberarse de su amor por ella, ni tampoco alguno que le
llenase de piedad y le permitiese perdonarse por su deslealtad a Diego por haberse imaginando tantas noches amándola en cuerpo y alma.
Pleno de dolor escribió una nota de despedida y salió de la vida de sus seres queridos cuando el sol de la mañana prendía la luz sobre él. Sentía marcharse sin
despedirse tampoco de Michel y los demás que habían arriesgado sus vidas para salvarle a él y a su padre. Sin ser visto cruzó la puerta de salida mientras sentía lo que
su padre y su hermano experimentarían al conocer que se separaba de sus vidas. Con un sombrero calado sobre las cejas cubrió sus ojos tristes mientras tragaba las
lágrimas y los sentimientos. Subiéndose al caballo dejaba atrás lo más valioso de su vida.
Armar su vida desde tan hondo desengaño no le resultaría fácil y lo sabía. Sus sueños se habían roto y caían a pedazos ante sus ojos. Con el caballo como salvador
salió sin destino alejándose con rapidez de aquel torbellino que le atrapaba intentando retenerlo junto a ella. Le dio igual llorar, maldecir o culpar, sólo ponía distancia.
Sentía un profundo vacío y una inmensa soledad. Nada le importó, nada le aplastó, nada le hirió más de lo que ya estaba herido…
Cuando Rodrigo y Diego encontraron la nota salieron en su busca seguidos de todos los amigos que los acompañaban, pero Lucas se había asegurado de no ser
encontrado escondiéndose de todos en una posada y de sí mismo en los brazos de una meretriz.
No dieron con él y al atardecer Diego salió a cabalgar con una gran necesidad de estar sólo para conseguir perdonarse por lo que estaba sucediendo con Lucas.
Aunque la nota no explicaba el motivo de su marcha, para él y Rebeca no era necesario leerlo pues ambos llevaban años sabiéndolo; este fue el motivo que les retuvo
desde el principio de expresarse el amor que sentían el uno por el otro.
Diego temía que Lucas pudiese sufrir daño sin recibir ayuda, le imaginaba sólo y se le partía el alma pensando el dolor que de seguro padecía su corazón. Sentado
sobre la tierra, con las manos en la cabeza cerró los ojos buscando la aceptación que necesitaba. Sus ojos quisieron derramarse y no supo si por él o por su hermano, o
por ambos quizá. Llegado su momento de rendición apoyó la cabeza en sus brazos cruzados sobre la rodillas. Sabía que si no lograba superar su sentimiento de culpa
acabaría dañando a Rebeca y no iba a dejar que ocurriese. Estaba viviendo el difícil milagro de tener junto a sí al amor de su vida y esto era algo que no iba a permitirse
destruir.
A la sombra del árbol que le había visto llorar, sin ira; y con la humildad que había logrado rescatar de si para perdonarse, se prometió proteger el regalo de amor que
había recibido y tomó las riendas del caballo dejando en aquel lugar todo el dolor del que supo desprenderse.
Cuando llegaba a la casa ya había anochecido, encontró a Rebeca a la entrada, cubierta con un chal y llena de angustia, él se había marchado sin decirle nada y sabía
que ella había sufrido sin saber que iba a hacer; pero no quería hablar con ella hasta poner en orden sus sentimientos.
Diego bajó del caballo sin apartar la vista de ella y se acercó mientras Rebeca temblaba. La rodeó con sus brazos y la apretó contra si mientras le pedía perdón por
no haberla tranquilizado antes de marchar. Rebeca sabía del gran amor de Diego hacia su hermano y había temido que los sentimientos de culpa hubiesen vencido. Pero
al abrazarla le sintió presente y conectado a ella como siempre. Él había logrado proteger el amor de ambos.
Arropados por un cielo estrellado caminaron abrazados por el jardín de la casa; sabían que el sentimiento de pérdida les acompañaría intensamente.
Rodrigo bajó los escalones de la vivienda mirándolos, sentía tristeza y cierta amargura e imaginaba cómo debía sentirse Diego. Él ya había pronosticado que Rebeca
sería motivo de separación entre sus hijos. No apartaba su pensamiento de la suerte que correría Lucas pero no podía hacer nada, había sido su decisión. Quizá en la
distancia terminase de hacerse hombre. Lucas aún se sentía víctima de algunas circunstancias de su vida y necesitaba reconocer que sus propias acciones le habían
conducido a vivirlas. Cuando Lucas comprendiese esto habría él cumplido su función de padre, mientras tanto su cansado corazón seguía sufriendo por él.
Llegado a los muchachos los abrazó y besó a Rebeca en la frente…

Título: ME ENCONTRÉ CON SU ALMA: LINAJE URBIÓN (Spanish Edition)
Autores: LAMPREA, M. REYES
Formatos: PDF
Orden de autor: LAMPREA, M. REYES
Orden de título: ME ENCONTRÉ CON SU ALMA: LINAJE URBIÓN (Spanish Edition)
Fecha: 11 sep 2016
uuid: 075d03f9-8268-4001-abad-5ad8fd864001
id: 362
Modificado: 11 sep 2016
Tamaño: 0.88MB

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