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Libro PDF Me faltabas tú Ivanna Ryan

Me faltabas tú  Ivanna Ryan

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Luego de mis dos horas diarias de ensayo, voy a mi casa y entro en acción en el “Cherry Night Pub”.
Trabajo allí varias noches a la semana. Es un Pub Ruso ubicado en el centro de la ciudad, cercano a donde vivimos. Se caracteriza por tener un gran movimiento
nocturno. Es famoso entre la gente que nos visita, desde locales hasta turistas. No soy dueña, ni moza. Bailo pole dance la mayoría de las veces; eso cuando los clientes
no piden un striptease privado.
Hace casi nueve meses que estoy en ese lugar. No es fácil entrar a trabajar allí. Tuve que pasar varias pruebas, y esperar un tiempo para que me aceptaran. Están
constantemente evaluándote y hay mucha seguridad que nos protege a todas las bailarinas del lugar.
Nadie debe saber mi secreta vida nocturna. Ni siquiera Benja. Es inteligente, como ya había dicho; creo que algo intuye, pero jamás me ha comentado nada.
Generalmente ensayo con anterioridad todas mis performances, no me gusta que me agarren desprevenida y siempre quiero hacerlo lo mejor posible. He comprado
una batería de ropa acorde a mi segundo trabajo que dejaría empalmado en un segundo al macho más rudo que se me presente. Cuando bailo, me gusta que se pongan
duros solo de verme aparecer. Sus ojos se abren y se ponen vidriosos de deseo. Las manos les sudan, el corazón se acelera, lo puedo sentir ni bien los miro. Se tocan,
por la imposibilidad de poder tocarme a mí. Y eso me encanta, me excita. En la noche sufro una total transformación. La periodista seria y recatada queda en casa con
papá y acá soy la perra más sexy que hayas conocido.
Esta noche he preparado algo especial, ya que se corre el rumor de que varios de los dueños y asociados más importantes de la cadena de pubs van a estar
presente. No solo es una evaluación, sino que ellos dejan propinas considerables. Es lo único que pueden hacer los que están cerca del escenario donde bailamos.
Dos compañeras salen antes de mi performance. Las veo irse hacia la primera planta luego de sus actuaciones. Arriba hay varias habitaciones a las que puedes
acceder, si estás de acuerdo con el cliente y con el precio que te ofrece. Una de las condiciones para pertenecer al staff del pub es que debes estar disponible, así que de
vez en cuando yo también disfruto de las habitaciones de arriba. Debido a mi extraña belleza, mi caché es muy alto, y no todos pueden regocijarse con mi compañía. La
mayoría de los hombres que lo logran me piden un baile privado, algún striptease en un ambiente acondicionado. Si alguno hace la petición, y es aceptada, tengo la
certeza de que es alguien importante. Algunos se conforman con solo eso, ya que los hago acabar con apenas tocarlos; pero otros son más audaces y me piden sexo.
Amo el sexo. No solo eso, sino que debido a lo que hago, la sensualidad y los juegos previos son mi especialidad. Y ésta noche me voy a divertir mucho.
Decido usar un vestido negro muy sexy, mitad cuero, mitad transparencia. Es un strapless que permite lucir mis hombros y deja traslucir las dos piezas de mi
pequeño bikini de cuero. Es muy pequeño. Entre ellas se revela un pequeño piercing que cuelga de mi ombligo con una figura de una mujer haciendo pole dance. Es mi
insignia. Las botas negras también en cuero que llegan hasta mis rodillas, me acompañan esta noche. Una vez que salgo al escenario soy otra persona, me conocen como
Kara. Natasha aquí no existe.
Mi performance de hoy comienza con “I love Rock ´N´ Roll” en la versión de Britney Spears. Como ella, comienzo subida a una gran moto que forma parte de la
escenografía. Siento alaridos y aplausos cuando aparezco. Mi cabello está salvajemente suelto y comienzo a moverme sobre la bestia al compás de la música como si
fuera la misma Britney. Con movimientos acordes, comienzo a desprenderme la ropa, primero en forma lenta, luego de manera brusca como si alguien me la arrancara. Es
increíble, pero puedo sentir el olor del deseo que se respira en el aire. Las luces hacen que mi piel esté sudorosa y brillante. Mis pechos están cubiertos por una pequeña
tela que no deja mucho a la imaginación de mis hambrientos espectadores. En ese momento soy la perra que cada uno de ellos desea en su cama. Antes de la mitad de la
canción ya mi pequeño vestido está en el suelo y estoy cubierta solo por mi bikini negro. La luz cambia y mi baile continúa en el caño de metal que está situado al
costado del escenario. Desde hace meses lo trato como si fuera mi mejor amigo y juguete sexual. A los hombres les encanta ver a una mujer bailando en el caño. La
imaginación les vuela; y a mí me encanta.
Hoy es mi performance especial. Varios de los altos ejecutivos del pub están presentes y me están mirando. Lo noto. Hay un par de ellos que son de mi interés, y
mi actuación, hoy, es totalmente dedicada. Tomo el caño entre mis manos y me deslizo sobre él, hacia un lado y hacia otro, dejando mis mejores partes a la vista de
ellos. Trepo unos metros y me sostengo con los muslos, generalmente hago varias figuras antes de volver a bajar. Utilizo la fuerza de mis brazos y mis piernas para
lucirme cada vez que actúo. Siento las miradas de asombro, nunca esperan que con mi pequeño cuerpo sea capaz de hacer tantas cosas. Al bajar comienzo de nuevo mi
seducción con el caño y mi danza con movimientos suaves y sensuales. Generalmente ese es el momento en donde recojo los billetes que dejan en el suelo. Algunos con
la mirada, imploran tocarme. Mientras me acerco lentamente a ellos, algunos colocan los billetes dentro de mis botas, entre mis senos; otros lo dejan en el borde de mi
bikini. Adoran esa parte, y yo también. Si el show les gusta son capaces de dejar muy buenas propinas, y yo me aseguro que con el mío queden encantados, que queden
tan duros que les duela.
Nuestros jefes están mirando desde lejos, ya me aseguré de que lo hicieran. Vienen pocas veces, generalmente una o dos veces al mes a controlar y a llevarse dinero,
supongo; pero yo necesito un contacto más íntimo con alguno de ellos. Por lo menos con uno de ellos. Siempre me dijeron ¿Si hay una escalera para subir, por qué
bajarla? Sí, aspiro alto. Y acá tengo mucho para ganar.
Al terminar mi actuación, me dirijo a los camerinos donde están las otras chicas. Alguna otra se prepara para salir, el escenario nunca debe estar vacío.
Marko, uno de mis jefes de seguridad, se aparece por la puerta y me mira. Tomo mis chicles de menta que siempre me acompañan, ya que me imagino lo que se
viene.
—Tenés privado Kara.
—Ok, ya subo… —contesto restándole importancia, ya que me lo esperaba. Ahora lo que falta es que sea una de las personas que me interesan.
Lo primero que hago es cambiarme de ropa para ponerme otro conjunto de ropa interior igualmente sexy, pero algo diferente a los que uso para mi baile en el caño.
Ahora puedo usar ropa más fina, junto con mis medias y portaligas favoritos que a los hombres los hace babear. Así que una vez que estoy pronta, tomo mi pequeño
bolso y me dirijo al primer piso.
La habitación está ambientada perfectamente para un momento íntimo y pasional. Luces muy tenues, una cama tamaño King Size donde puedes hacer realidad
todas las fantasías que se te ocurran. Una persona me espera sentado en un cómodo sillón frente a la cama. Es joven y buen mozo, pero no es quien esperaba ver, así
que lo voy a hacer rápido. Ya caerá la persona que tengo interés de tener en esta habitación.
Entro lentamente, siempre mirando a la persona que ha pagado por mí. Apoyo mis cosas en la mesa al costado de la entrada y dejo caer al piso mi diminuto y
transparente deshabillé negro. Él me observa tranquilo, con un vaso de no sé qué en su mano. Tomo mi cabello y lo libero de su agarre mientras me voy acercando a él.
Sin decir palabra tomo su vaso, que es de Whisky, suavemente, bebo un sorbo ante su atenta mirada. Una pequeña mueca de mi rostro deja en claro que eligió la bebida
equivocada. Me dirijo al bar de la habitación con su bebida en mi mano, siento su mirada en mi trasero. La dejo a un costado y tomo dos pequeños vasos de tequila.
También tomo la sal y el limón que usualmente están en cada mini bar y me dirijo a su sillón.
Ahora no solo está mirando mi rostro. Sus ojos pasean por todo mi cuerpo, desde mi pelo rojizo, mis labios sugerentes, mi piel blanca y delicada envuelta dentro
de un conjunto de encaje negro, con medias y portaligas incluido. Puedo ver su cara a través de las sombras de la habitación, está extasiado y casi babeando. Me siento
sobre sus piernas y le entrego las dos bebidas para que las sostenga mientras coloco a un costado el salero y los trocitos de limón. Sus ojos se oscurecen de deseo,
mientras me observa atentamente. Mojo mi dedo índice en su vaso, y lo deslizo por mi cuello, mientras él me mira atentamente. Su boca se abre inconscientemente,
mientras tiro un poco de sal sobre el sendero mojado que ha quedado en mi piel. Ha entendido mi indirecta, así que arrimo mi cuerpo hacia él levemente y su insaciable
lengua sale a su contacto. Toma la sal de mi cuerpo, deslizándola tímidamente por mi cuello, lamiendo el camino salado que allí se encontraba. Desprende calor, todo su
cuerpo hierve en deseo. Al terminar con la sal en mi piel y levantar su mirada, observa mi boca que sostiene una rodaja de limón. Sin pensarlo siquiera, bebe su shot de
tequila de un sorbo y se arrima para tomar el ácido jugo de mis labios. Los saborea con impetuoso deseo, sujeta mi nuca con una de sus manos, mientras me abraza con
la otra para sostenerme mejor. Toma mi cuello con sedosos besos, mientras comienzo a acariciarlo y a desabrochar su camisa. El tacto es un sentido muy importante en
nuestro juego, me encanta acariciar, tocar y besar; suave y lentamente. Es intenso. Juega con mi lengua de manera violenta. Está totalmente excitado, lo puedo sentir
duro debajo de mí. Lo aparto bruscamente, tomo una frutilla con crema que tengo en un pote cerca de donde estamos sentados y la llevo hacia mi boca. La suya se abre
de inmediato tratando de hacer lo mismo que estoy haciendo, lamer y comer la frutilla frente a sus ojos.
—Mmm… rica —gimo de placer. Adoro las frutillas con crema.
Tomo otra, mientras me mira anonadado y la apoyo sobre mis labios, como hice con la rodaja de limón. Absorbe mis labios como un cavernícola y toma su frutilla
de ellos, mordiendo mi boca en el proceso. Está totalmente alucinado.
Me levanto suavemente, dejando en evidencia el duro mástil que posee. Lo miro con descaro y sonrío. El también sonríe. Mira mi boca, mi cuerpo. Absorbe mi
sensualidad que lo erotiza. Me acerca con sus manos, mientras estoy parada frente a él, coloca su boca en mi vientre, a la altura de mi ombligo y besa mi piel con la
misma pasión que besó mi boca. Gruñe cuando me alejo; doy la vuelta y dejo que contemple mis dotes traseras mientras me dirijo al caño que se encuentra a un lado de
la habitación. Tengo preparada la canción “Fighter” de Christina Aguilera para hoy. Presiono play con el control remoto mientras comienzo a moverme al compás de la
música.
Hago un movimiento con mi mano pidiendo que se acerque a mí, y funciona, viene enseguida. Lo apoyo sobre el caño y bailo a su alrededor, deslizándome por
encima de él o por el piso. Es mi monigote, puedo hacer lo que quiera con él, así que lentamente empiezo a desvestirlo. Ni siquiera me preocupo por los botones de su
camisa, éstos desaparecen de un tirón. Sus pantalones no me dan problemas, ya que son de botones. Los desabrocho mientras bailo a su alrededor, apenas se da cuenta
de mis movimientos. Está duro hace rato, así que rozo su sexo con mis manos, con mi boca y con mi cuerpo entero mientras continúo bailando como si nada. Apoyo mi
trasero sobre su miembro y lo refriego de forma sexy. No va a aguantar mucho más. Toma mi cintura con ambas manos, me gira sobre mis pies y queda frente a mí. Su
pecho sube y baja de excitación y su miraba es completamente oscura y lujuriosa. Aprovecho para tocar su pecho, sólo con mi dedo índice. Recorro su piel caliente
trazando el espacio que queda entre sus marcados músculos. Tampoco lo aguanta, me vuelve a tomar de la cintura y me arrastra hacia la cama. Me empuja suavemente y
recién allí nota que ya no tengo mi sostén. Se queda mirando mis pechos al descubierto, mientras yo sigo apoyada de frente a él. Acerca su mano a mis pechos y
comienza a acariciarlos suavemente. Son muy sensibles, me encanta que jueguen con ellos. Me retuerzo de placer, mientras él continúa con su labor, se apoya sobre mí
y vuelve a tomar mi boca con pasión. Sus dos manos juegan con mis pezones mientras me besa, atrapa mis gemidos con su boca. Una de sus manos baja a mi centro y
nota que estoy preparada para él. Como condición necesaria para un privado siempre usamos preservativo, así que hay varios en las habitaciones. Me deslizo
suavemente por la sábana de seda roja, y tomo uno de los paquetes del mueble al lado de la cama. Él aprovecha y termina de sacarse el bóxer y pantalón y se coloca a un
costado de mi cuerpo. Me gusta estar arriba, así que me deslizo por la cama hasta dónde él se encuentra y lo acaricio suavemente hasta llegar a su sexo que ya está más
que preparado. Deslizo mis manos por su miembro y coloco el preservativo casi imperceptiblemente. Su rostro es de completo deseo. Paso por encima de él y voy
tomándolo lentamente dentro de mí; me encanta sentir como entran, muy despacio. Disfruto tanto o más que ellos. Él gime, yo gimo. Comienzo a moverme, hacia arriba
y hacia abajo, mientras él me acaricia un seno y toma mi otro pezón con la boca. Continuamos moviéndonos a la par, danzando al compás de nuestro propio ritmo.
—Oh… —gime sobre mis pechos mientras sentimos el sonido de nuestros cuerpos al chocar.
—Seguí… así… así…
Contesto porque ya estoy a punto de llegar a mi querido y adorado orgasmo. El sexo me gusta tanto que generalmente logro tener varios en una misma sesión.
Trato de no hacerlo personal. Mis dos lemas fundamentales acá son que primero que nada estoy aquí por una razón, y la otra es que no deja de ser un trabajo.
—Ahí… así… —continúo mis movimientos hasta temblar en sus propios brazos y lograr mi punto máximo de placer.
Él se contornea un poco más, unos enérgicos empujones y gemidos ahogados de su parte me dicen que él también ha llegado a su punto caramelo. Yo podría seguir,
la verdad, si tuviera interés, pero son pocos los que saben que soy multi orgásmica. La mayoría de ellos, una vez que acaban, logran liberar tanto caudal de energía
acumulada, que no les da para otro round. Por eso hago todo tan intenso, se gastan todo en una jugada.
Soy así, a todo o nada.
Me separo de él y me coloco a su lado, espero mientras su agitada respiración vuelve a la normalidad.
—¿Cómo es tu nombre? —Pregunto inocentemente.
—Carlo —contesta aún cansado.
Bueno, no es quien esperaba esta noche, pero es uno de su círculo de confianza. Con suerte, puede hablarle de mi buena performance y animarlo a tener un
privado. Es todo lo que necesito.
—¿Querés repetirlo? —Pregunto con voz melosa.
—Cielo —expresa tiernamente, —aunque me encantaría hacerlo, no creo que pueda resistirlo. Me hiciste venir en minutos…
Sonrío para mí misma; era lo que quería.
—Tenía ganas de hacer tantas cosas contigo…
—Bueno… será en otra oportunidad entonces, ¿o ya se van?
—Nosotros sí. Vinimos a preparar informes para la Junta de la próxima semana. Ahí volvemos juntos.
—¿Juntos?
—Sí, todos los miembros. —Termina y se levanta rápidamente. Sabe que puede haber hablado demás, pero ni se imagina que esa información sea importante para
mí.
Así que la semana que viene… tengo tiempo para prepararme.
CAPITULO 3
Al otro día llego justo en hora a la editorial. Tengo puesto un vestido clásico azul que me regaló mi padre y mis infaltables stilettos negros. La primera persona que
veo cuando llego, es el correcto Luka. Tan prolijo que nunca llega tarde.
—¿Alguien se durmió? —Pregunta irónicamente.
—No… llegué justo en hora. En mi reloj son las ocho en punto. —Contesto tomándole el pelo. ¿Qué se mete?
—Uh… ¿mala noche?
—Ah… cariño. Mi noche estuvo perfecta, no sé la tuya.
—La mía estuvo perfecta cielo, no te preocupes.
—No me quitan el sueño tus noches. —Respondo sin más. No sé por qué tiene esa sonrisa irónica en su rostro.
Benja aparece con mi expresso mientras vamos caminando y discutiendo juntos hacia nuestros respectivos lugares de trabajo.
—Oh, ¿tus chicas aún no te trajeron tu café? —Me burlo —¡Qué lástima! —Continúo mientras saludo a mi mejor amigo y le doy las gracias por mi desayuno.
—Darling —me saluda mientras observa extrañado la escena —¿Problemas con el jefe?
—Tu jefe es insoportable.
—Pero está muy bueno —escupe sonriente.
Luka toma asiento en su escritorio y me mira. Arriba del mismo hay alrededor de una docena de rosquillas y facturas; y una taza del café intomable de la editorial.
Toma su taza y brinda conmigo desde allí con un irónico ademán, mientras sonríe y susurra “salud” con sus hermosos labios.
—No lo soporto —expreso a Benjamín que se parte de risa y se va a su escritorio.
Al mediodía nos vamos a comer a un bar cercano a la editorial. Generalmente Benja me acompaña. La novedad es que Luka, que nunca viene con nosotros, hoy lo
hace. Eso significa que también vienen todas las mujeres de mi trabajo.
Lo que no entiendo es la estúpida sonrisa que aparece de vez en cuando en su rostro cuando me mira. Generalmente no lo hace, no sonríe. Su sonrisa combinada
con sus ojos celestes, constituyen un combo “bajabragas” instantáneo. Las chicas se pelean por sentarse a su lado, o llevar su orden. Más de una se sentaría en sus
rodillas y estaría dispuesta a darle de comer en la boca. Es imposible no ver lo patéticas que se ponen con su presencia. Él siempre actúa caballerosamente y suele
contestar con una sonrisa. Parece no importarle. A mí me molestaría.
—Darling, ¿qué está pasando? —Pregunta Benja que está a mi lado observando toda la escena. —Parece que algo te está afectando de más… —me dice en forma
burlona.
—No tengo la menor idea. Voy al toilette y nos vamos.
—Ok. Te espero.
Al ver que nos movemos, ellos también comienzan a salir.
Ni que fuéramos gemelos, qué fastidio.
—Vamos por nuestros cafés a ver si los perdemos —le digo a Benja harta de la situación.
Asiente y nos dirigimos a la cafetería de la otra esquina. Para colmo de males, Luka también nos sigue; por lo tanto toda su tropa de fanáticas. Nos alcanza y se
pone a hablar de trabajo con mi amigo, mientras nos acompaña al mismo lugar.
Me dirijo al mostrador y ellos quedan atrás.
—Lo mismo que vos —me grita Benja desde la puerta. Siempre llevamos un expresso cargado para cada uno, cuando veo que Luka se me acerca y se pone a mi
lado.
—¿No tenés gente que hace estas cosas por vos? —Pregunto irónicamente. Las mujeres zumban a su lado como moscas en la miel.
—¿Querés pedir por mí? —Pregunta con su sonrisa matadora de nuevo. ¿Y a éste qué le picó ahora?
—Mmm… no querido. Tus fanáticas están por allí atrás —respondo señalando a la puerta donde quedaron varias de ellas —no dudo que quieran hacerlo sin
chistar.
Él vuelve a sonreír. Sé de esa sonrisa, es como si estuviera pensando “está celosa” y yo me río pensando “estás completamente equivocado”.
—Es más, me asombra que aprecies un café decente.
—¿Alguna vez me viste tomar el café de la editorial Natasha? —Pregunta socarronamente. Mierda, creo que me mojé cuando pronunció mi nombre.
—¡Serás descarado Luka! Todas las mañanas… —No puedo evitar sonar molesta.
No puedo continuar, pone su dedo en mi boca y me calla.
—Shhh…. ¿Alguna vez me viste tomar el café de la editorial? —Repite haciendo hincapié en la palabra “tomar”.
Menos mal que esta vez no dijo mi nombre. Retiro su mano de mi rostro. Me descoloca su pregunta.
—¿Y qué haces…?
—Nada. Eso hago con el café que me traen, nada. Cuando no me ven… lo tiro. No se puede tomar esa cosa, es asquerosa —expresa jocoso.
No puedo evitar reír de su desfachatez, cuando algo me interrumpe. Dos mujeres que están discutiendo quién de las dos nos va a atender del otro lado del
mostrador. Una empuja a la otra con la cadera, intentando fallidamente disimular. Esto es cansador. Lo observo mientras él ordena, con una sonrisa desconocida, tres
expressos para llevar. Las dos chicas lo atienden a la vez, mientras usa sus encantos para salir airoso de cada situación.
—Con azúcar para mí —le digo mientras me voy con Benja, que mira extrañado. Lo dejo solo con sus chicas, él bien se las puede arreglar; sino que le pida a alguna
de ellas que le haga de mesa o de bandeja, me da igual.
—¿Qué está pasando nena? —Pregunta mi amigo cuando me ve salir hacia la puerta con decisión y sin café.
—Pasa que éste se equivocó de pastillita hoy, tomó la verde en vez de la azul —expreso molesta. —Asegurate que traiga mi expresso, me voy a la editorial.
Me mira atónito. Sí, un día muy extraño hoy. Tengo que pedir permiso para pasar por la multitud de mujeres que esperan por Luka en la puerta. Salgo disparada
de allí, no las aguanto más.
–**–**–
Ana Rosa es mi mejor amiga, para mí es Anita. Es un caso especial, tiene una energía monumental, es un poco loca y zafada, pero yo la adoro. Siempre estuvo en
mis momentos más difíciles y está siempre que la necesito. Es la única que sabe mi gran secreto y lo entiende. Ella sabe que tengo un fin, una meta detrás de todo esto.
Sé, de corazón, que guardará mi secreto, aunque la vida se vaya con ella.
Hoy de noche no trabajo en el pub, pero acostumbrada a mi vida nocturna, la mayoría de las veces salimos a tomar algo, a comer o a algún lado donde podamos
olvidarnos del mundo.
Muchas veces Benja nos acompaña, aunque Anita sabe que ante él no puede hacer ningún comentario sobre mis otras actividades. Benjamín es un compañero
fabuloso, no sé por qué no le he contado mi secreto aún, hay algo en mi interior que no me lo permite.
Para ésta noche Benja nos preparó un lugar tranquilo para ir a comer algo, una terraza cercana al centro de la ciudad. Es un pub de comida mexicana, sabe que me
encanta ese tipo de comida; fuerte y picante. Me gustaría que mi jefa, Amanda, aceptara mi idea de ampliar el recetario y hacer semanas temáticas con distintos países y
comidas tradicionales de los diferentes países de Sudamérica.
Ana Rosa me pasa a buscar en su auto temprano, y nos encontramos con Benja que nos esperaba en el lugar.
—Nat, que bien te queda ese vestido —comenta al verme. Me puse un vestido clásico color negro con escote en V y mis infaltables stilettos. No es nada del otro
mundo, pero como ya dije, el paquete ya está armado previamente, viene de familia.
—Ojalá a mí me quedara bien un vestido —suspira Anita.
—Nena, ponete uno si tenés ganas. Te aseguro que te va a quedar bien.
—Mirá, con éstas patas de tero y mis inexistentes tetas me va a quedar divino un vestido… —comenta en forma irónica. Lo bueno es que se toma todo con humor.
—Negra, dejá de decir pavadas. Seguro tenés más sexo en la semana que yo, que trabajo en putero —replico con una sonrisa.
—Sí, puede ser. —Suspira. —Pero a veces me canso del sexo, bah… no es que me canse, pero a veces quiero más —explica un poco más seria —a veces quiero
que me hagan el amor, abrazos, besos…
—¡Ahora no me vengas con que no lo disfrutás!
—¡Claro que sí, obvio! —Exclama riendo. —Solo que a veces pienso en la utopía del amor.
La utopía del amor, la utopía del amor… repito en mi cabeza. Para mí en este momento es imposible. Entre mis trabajos y mi misión en el pub me consumen y no
tengo ni ganas ni tiempo de tener un “novio”.
Llegamos al restorán al final de nuestra conversación. Entramos y nos dirigimos a la mesa donde Benja nos esperaba en la terraza. Es en el piso superior. Hay
sillones de cuero de varios colores, mesas y sillas ordenadas de forma armónica haciendo el lugar sumamente placentero. La noche está hermosa y acompaña para pasar
una buena velada.
—Hola, chicas. ¿Cómo están? —Pregunta Benja levantándose a saludar.
—¡Hola! —Exclamamos al unísono. Nos saludamos y abrazamos como si no nos viéramos todos los días. Somos únicos.
—La noche está preciosa, por eso elegí una mesa afuera.
—Hiciste bien, está hermoso aquí arriba.
—Ya ordené una picada y un par de cervezas, tengo hambre —comenta inocentemente.
—Bien, vamos a sentarnos —digo mientras observo hacia abajo por la terraza. Él piensa en todo.
Al rato de estar disfrutando de la vista y las cervezas, dos mozas aparecen con dos tablas conteniendo varios cortes de quesos, fiambres, aceitunas, papas fritas,
mini pizzetas y varias cosas más, como para un batallón.
—¿Y esto? —Pregunta Ana extrañada.
—Mmm… —expresó Benja con incertidumbre. —Es que viene alguien más.
—¿Quién viene? —Pregunto dudosa.
—No hace falta que te diga, ahí llegó —expresó señalando hacia uno de los ventanales del lugar que oficia de puerta hacia la terraza.
En ese momento lo veo entrar, con todo su porte ganador y galante. Es un hombre muy sexy, debo reconocerlo. Serio, con aire triunfador y mágico a la vez. Una
estela de mujeres embobadas va quedando a su paso al observar tal espécimen.
—Mierda —susurro para mí, tratando de mostrar frialdad.
—¿Ese es tu jefe? —pregunta Anita mirando quien viene. Seguramente me escuchó.
Benja asiente con una sonrisa, mientras se levanta a recibirlo.
—Está más bueno que el pan —me comenta al oído. —¿Cómo no te lo comiste ya?
—Shhh… ¡Cállate! —le imploro ya que se dirigen hacia nuestra mesa.
—Buenas noches chicas —dice cortésmente dejando un beso en cada una de nosotras.
He perdido a Anita. Observo su cara. Se le está por caer la baba, literalmente. Me mira de manera cómplice. Sabía por lo que le había dicho que era lindo, que
estaba bueno, pero nunca le dije que estaba para partirlo como un queso. Y es verdad, aunque sea un pedante insufrible está como quiere.
—Hola —respondo restándole importancia. —No sabía que venías. —Expreso desviando mi mirada hacia Benja, tratando de transmitir culpabilidad.
—Era una sorpresa —explica con una sonrisa en su cara. Sabía perfectamente lo que quería y lo hizo. —Benjamín me dijo que iban a salir a un lugar de comida
mexicana, y como sabe que me encanta, me invitó.
—¿Benja te invitó? —Musito con los dientes apretados. No puedo evitarlo. Mi amigo se ríe cómplice. Creo que hasta lo disfruta.
—¡Y lo has hecho! ¡Qué va! —exclama Ana Rosa, cambiando de tema. Estaba extasiada. —Por cierto, soy Ana Rosa. Ya que ninguno de estos dos va a
presentarme, lo hago yo solita. —Expresa de forma burlona.
—Ah, callate tonta —comenta Benja sonriendo. —Ella es Ana Rosa, la mejor amiga de Naty.
—Mucho gusto guapo —dice mi amiga galantemente.
—Igualmente. —Responde él al mismo momento que nuestras miradas se encuentran.
Sonrío de manera frívola y continúo con mi cerveza y la picada. No quiero que sienta que me afecta, aunque en el fondo sí puede hacerlo. Yo no puedo caer, no voy
a ser como las tontas de mi trabajo que se arrastran por él. No. Fuerza Natasha, vos podés.
—Nena. ¿Viste el bulto que tiene? ¿Te imaginás como debe coger? Mamiiittaaa… —dice Anita en mi oído.
¡Tierra trágame! Intentó susurrar, creo que no le salió muy bien. Me atraganto con la cerveza y comienzo a toser como una descocida. Por Dios, mi amiga no tiene
remedio. Quiero matarla. Yo queriendo parecer seria, y viene ella y derrapa con tanta facilidad. Hago tanta fuerza por enojarme que me tiento, no puedo parar de reír.
Anita empieza a golpear la mesa con la mano de la tentación que se agarra, solo de verme a mí. Una buena risa es contagiosa. Mi amiga se descostilla frente a mí, y yo no
puedo parar. Benja aprieta sus labios para no carcajearse, no se quiere reír, pero no puede disimular. La cara de Luka es un poema. Nos mira como si fuéramos dos locas
escapadas del manicomio cercano. Lágrimas comienzan a caer por mi rostro, me las limpio mientras trato de volver a la normalidad. Increíble.
—Vamos al toilette. —Una vez que pude reaccionar, agarro a mi amiga del brazo y la arrastro al baño conmigo.
—¿Podés calmarte mujer? —Le digo tratando de arreglar mi maquillaje. —Es mi jefe.
—Literalmente no es tu jefe —responde contenta. Nuestras respiraciones recién están volviendo a la normalidad.
—Bueno, sí. Es el jefe que quiero tener.
—¡Claro! Yo también quiero un jefe así —contesta mientras vamos saliendo del baño. —Vamos a la barra. Necesito algo más fuerte.
Un barman joven, lleno de tatuajes hasta las orejas, nos atiende con simpatía. Anita pidió un mojito para cada una. No sé que le habrá hecho que nos lo regaló. En
la pequeña pista del salón algunas personas se mueven al compás de David Guetta, así que decidimos quedarnos por ahí.
Al ritmo de “Play Hard” nos empezamos a mover con nuestros tragos en la mano. Lentamente para que no se caiga nada. La pista no es muy grande, pero da para
divertirse. Por el rabillo del ojo veo la cara de Luka. Benja lo trae obligado a la pista. No puede ser. Solo espero que a mis amigos no se les ocurra subir a cantar como lo
hacen siempre.
—Te dejo en buenas manos —escucho que mi amigo le dice a Luka cuando llega junto a mí. Hace un movimiento con la cabeza a Anita.
No. No, por favor.
—Vamos a cantar. —Grita y Anita arranca con locura. Se prende a un cable pelado igual.
Mierda.
Luka me mira incrédulo. No conoce a estos dos cantando. No entiendo como los dejan, cada vez que venimos lo hacen. La gente siempre aplaude y se divierte,
aunque desafinan en cada nota. Mientras trato de ver cómo reaccionar, él no me deja ni pensar. Anita y Benja están en el pequeño estrado, ya eligieron la canción. Luka
me toma por la cintura y me acerca a él. Me tenso al instante, sus manos en mi piel me pueden encender y debo controlarme.
Respira Naty, respira.
—No creo que sea algo lento Luka. ¡Soltame! —trato de zafarme pero no afloja su agarre. Está frente a mí, mirándome fijamente mientras roza mi piel
intencionalmente.
No puedo evitar que un suspiro se me escape. No lo puedo creer. ¡Qué floja!
—Luka, ¿Qué hacés? ¡Soltame! —¿Por qué la voz me salió tan suave?
No mires sus labios, no mires sus labios…
Mierda.
Están curvados en una sonrisa hipnotizadora. ¿Por qué es tan importante la sonrisa de un hombre? ¿O sus manos? ¿O sus ojos? Capaz es la forma en la que me
está mirando. ¿Será por eso que mis piernas se están aflojando?
—Desprendés sensualidad… en cada movimiento… —susurra con una dulzura desconocida.
Debo hacer algo ya.
La música empieza a sonar. Eligieron “Quiero verla en el show” de Ratones Paranoicos. Pensé que iban a elegir “Olvídame y pega la vuelta” de Pimpinela, son muy
capaces. La gente enloquece, acompañan con un cántico inentendible, mientras nosotros estamos ausentes. Tiene esa sonrisa ganadora, justo la que no soporto. La gente
a nuestro lado comienza a moverse de forma espontánea, algo que debería salirme con naturalidad, pero estoy estancada.
¿Por qué este hombre me paraliza? No lo mires más, no lo mires más. Como una niña de diez años me giro sobre mis pies y quedo de espaldas a él. No puede
afectarme así, estoy siendo irracional. Respiro hondo, mientras vuelvo a sentir sus manos en mis hombros. Trata de voltearme, pongo resistencia y no lo logra.
Son segundos, me recompongo, me recompongo. Listo. Ya está.
Tomo sus manos, pero sigo en la misma posición. Pego mi espalda a su pecho y comienzo a moverme al compás de la música. Hago lo que sé hacer. Ésta siempre
es mi parte favorita, sé hacerlo, puedo calentarlo y dejarlo que se calcine solito. Se mueve conmigo suavemente, siento su mentón sobre mi hombro, está respirando
sobre mi piel. Me quema. ¡No! Yo lo voy a quemar a él.
Nuestras manos bajan juntas rozando mi cuerpo. Si generalmente me erotizo fácilmente, no se imaginan lo que hace su toque.
No me distraigo, no me detengo. Danzo y me refriego a su cuerpo como si fuera cualquier cliente. Sé hacer esto. Él responde.
—Tu piel es muy suave. —Me dice en un susurro, mientras acaricia mis brazos con la yema de sus dedos.
Tomo aire, me giro dulcemente y me coloco muy cerca de su boca. Debo estar concentrada para no comerle esos hermosos labios que tiene.
—Mi piel es mía, y solo la disfruta quien la merece —suelto con una seguridad desconocida. No me va a ganar. ¡Ajá! ¡Tomá!
Me observa con seriedad. No esperaba esa respuesta. Lo he sorprendido, soy muy capaz de eso y mucho más. ¡Enterate!
Sus dedos empiezan a viajar desde mi hombro hasta mi mano, apenas rozándola. Su toque me excita de manera monumental. Un escalofrío incontenible sacude
levemente mi cuerpo, él ríe satisfecho.
—La piel es de quién la eriza, y en eso Natasha… sos mía —expresa vanagloriándose de su gran logro.
¡Pero quién se cree este flaco!
—Escuchame una cosa Luka —me descontrola totalmente que sea tan ególatra. —Ni te sueñes que me vas a poner un dedo encima. —Le grito sacándome de
quicio. —¡Tenés un malón de turras haciendo cola para que siquiera las mires!
Me observa seriamente ante mi exabrupto, otra vez lo he sorprendido. Puedo ser la dulce repostera en el trabajo y ser una perra siquiátrica después, que se entere.
Benja y Anita han terminado de cantar, el público aplaude con alegría. Nosotros no lo notamos. Giró sobre mis pies rápidamente. No puedo tenerlo cerca, de
alguna manera logra romper mis barreras y me comporto como una completa bipolar.
Me dirijo a la mesa en la terraza en busca de mi cartera, me largo de acá. Me toma con fuerza del brazo y me gira quedando frente a él. No me siento poderosa con
él. Todo es diferente, no sé cómo. No me gusta.
—¿Adónde vas cuando salís de la editorial? —Larga en mi rostro con suma seriedad. No entiendo la pregunta.
—¡Qué decís! —Sacudo mi brazo y logro liberarme de su agarre.
—Sabés a lo que me refiero… —No puedo creer que me esté cuestionando.
—No te importa.
—Lo voy a averiguar, sabés lo que hago.
Tomo mi bolso, estoy molesta. Espero se note. Con toda la seriedad posible lo miro directo a sus ojos, y con un dedo amenazante le dejo en claro la situación.
—No te metas. No es de tu incumbencia. Por tu bien… —trato de que le quede claro. —No te metas en mi camino.
Nada se puede interponer.
CAPITULO 4
Llego a mi casa hecha una furia. ¡Lo que me faltaba! Que este tipo se entrometa en mi vida. El teléfono me estuvo sonando todo el viaje, supongo que puede ser él,
así que ni siquiera miré. Voy a llamar a Anita luego para explicarle, pero quería llegar a casa. ¡Estoy tan molesta! Tengo que volver a centrarme, no hago lo que hago
porque tengo ganas, lo hago por un motivo. Tengo una meta, y nada me puede desviar.
Es tarde. Mi viejo ya está durmiendo y mi sobrino también. Sea la hora que sea siempre le dejo un beso de buenas noches a Iván antes de ir a acostarme, sin eso no
puedo conciliar el sueño. Es mi pequeña luz, mi razón de ser. Necesito serenarme y entrar a su pequeño dormitorio me brinda la paz que mi alma está buscando en este
momento. Amo verlo dormir. Está tan calmado, es mi ángel personal. Beso su frente, arreglo su manta y me dirijo directo a mi dormitorio.
Ya en unos días van a llegar los socios al pub, ahí debo hacer todo mi esfuerzo para contactarme con ellos. Debo impresionarlos para que me lleven a un baile
privado y pueda hacer lo que vengo planeando hace meses. Está todo calculado, no hay nada al azar. No hay posibilidades de error. Los rusos no juegan. Qué bueno, yo
tampoco estoy jugando. Mi vida depende de ello.
Mi habitación es bastante amplia, lo único que hay es mi cama, un pequeño sillón en la esquina, un ropero donde guardo mis cosas y zapatos y una pequeña mesa
de luz. No me gusta sentirme encerrada o acorralada, utilizo el espacio para caminar, pensar, bailar, ensayar. Nada puede interrumpir mi camino, eso me ha servido para
planificar con tiempo y precisión mi plan.
Al entrar noto que no es tan tarde como pensaba que llegaría a casa. ¡Claro! Si el imbécil arruinó mi noche. Necesito deshacerme de la mala energía que tengo así que
largo mi ropa y mi cartera en el sillón y me dirijo al pequeño baño en suite que está en mi dormitorio. No lloro, me sereno, limpio mi piel, mi cabello; mientras pienso
una y mil veces lo que debo hacer.
Sé lo que quiero conseguir y nada debe interrumpirme. Hay cosas que ya tengo claras. Usan un nombre ficticio, es muy difícil llegar a conocer el nombre real de las
personas que integran “La Sociedad”. Son muy reservados, se mueven entre las sombras y siempre están rodeados de mucha seguridad. En mis varios meses de
investigación, pude averiguar la identidad de dos de ellos, pero tengo certeza de que son cinco. Ellos cinco son los socios mayores, los dueños, digamos. Manejan no
sólo este pub, sino varios a través de toda Latinoamérica. Sospecho que también los hay en Norteamérica y Europa, aunque aún no pude cerciorarme de ello. Sé con el
corazón que mi hermana debe estar en alguno de ellos, y estoy determinada a encontrarla, no importa lo que tenga que hacer. Me costó mucho trabajo infiltrarme en el
pub, debo permanecer ahí hasta saber su paradero.
Luego de mi baño de espuma, de respirar varias veces y volver a mi “yo” normal, me voy a acostar. Siempre dejo mi ropa preparada para el otro día, la mayoría de
las veces salgo con poco tiempo. Elijo un trajecito color ceniza oscuro de pollera, camisa blanca y su chaqueta a juego. Cuando abro mi cartera de salir, para cambiar los
documentos de lugar, veo un pequeño papel en su interior. No es mío, no estaba allí. Está hecho con una de las servilletas del pub donde estábamos, tiene su logo. Lo
observo con atención. Es una mariposa. ¿Quién…? ¿Cómo llegó esto a mi cartera? Benja no sabe hacer estas cosas, Anita no tiene paciencia. ¿Será algo de él? ¿Cuándo
puso esto en mi cartera? La tuve conmigo la mayor parte del tiempo. No hay nada escrito. Es una mariposa sencilla, o algo parecido.
La observo como una tonta, pensativa. No entiendo cómo hace para descontrolarme tan fácilmente. Está bien. Es hermoso, tiene unos ojos hipnotizadores, una
sonrisa hermosa, su cuerpo es de infarto, y eso que aún no lo he visto desnudo…
Esperen un momento. ¿He dicho aún?
¿Ven lo que digo? Generalmente vengo bien por el medio de la vía, respetando las normas y teniendo cuidado; de repente aparece Luka y me voy a la banquina de
forma instantánea.
No puedo evitarlo.
Debo volver a centrarme. No hago lo que hago porque simplemente tengo ganas, lo hago por mi hermana, por mi sobrino. Es mi leit motiv. Estoy segura de que ella
no está bien y yo soy la persona indicada para ir tras ella. Para salvarla.
Antes de acostarme, envío un mensaje a Anita, avisando que ya estoy en casa, sana y salva. Mañana ya podré explicarle mejor lo que sucedió.
¿La guardo? Algo dentro de mí duda si él sería capaz de hacer algo así, otra parte está convencida. No sé explicarlo, al fin y al cabo es una simple mariposa. ¿Quién
no puede hacerlo? Cualquier persona es capaz de hacerlo, si realmente lo quisiera.
No significa nada. ¿O sí?
A la mañana llego en hora a la editorial, nunca llego tarde, aunque nunca llego demasiado temprano tampoco. Digamos que tengo un arte culinario bastante arraigado
en mi sangre y no me cuesta hacer mis reportes para el periódico. Hoy es un día muy especial ya que le prometí a Iván que en la tarde lo llevaría al parque de
diversiones. Mi padre no quiere ir, dice que está muy caluroso, por más que insistí, no pude convencerlo.
No me encuentro con nadie en la puerta, tampoco lo esperaba. Aunque no estoy segura. Los aires acondicionados a tope hacen que sea agradable entrar al local. De
ida a mi escritorio me cruzo con Benja, que trae mi expresso con cara de tonto. Más de lo normal.
—Darling —expresa dejando un beso en mi mejilla, —buenos días.
—Buen día Benja —contesto tomando mi bebida de su manos. Sí, pueden hacer más de treinta grados afuera, pero mi expresso es como si fuera mi combustible.
Sin él, no funciono.
—Te fuiste temprano ayer. Ni siquiera te vi irte.
—Sí. Estaba un poco molesta —esperaba que fuera más notorio.
—Tenés que tomarte las cosas con calma. Solo nos estábamos divirtiendo.
—Sí, claro. La verdad es que me estaban por explotar los tímpanos, por eso me tuve que ir. —Trato de quitarle dramatismo al asunto, no creo que me haga bien
seguir pensando en lo mismo. Nos reímos al unísono mientras me acompaña a mi escritorio. Justo en ese momento mi teléfono suena. Primero un mensaje, al instante
una llamada.
—¡Nena! No sabes lo que me pasó…
—Hola Anita, ¿Cómo estás? —Aprovecho y trato de esconderme de la vista de mi jefa que recién me ve llegar.
—Bien, Nat, pero no sabés la que me mandé —me dice entre risas. —Te iba a mandar un mensaje a vos y se lo mandé a él.
—¿A quién? ¿De qué hablás? —Entre su descoordinación y su risa no logro comprenderla.
—Anoche me fui con un tipo Nat. El de la barra… —empezó a contarme aún riendo. —No sabés, la tenía re chiquita. Ni siquiera la sentí, debo tener una olla allá
abajo.
Se me escapa una risa bastante sonora que trato de disimular.
—Sí, amiga. Y te iba a escribir eso y en vez de mandártelo a vos, se lo mandé a él.
—No te puedo creer. ¿Dónde estás ahora?
—Acabo de llegar a la oficina. Lo primero que hice es bloquearlo de todos lados. Mirá si el tipo me hace algo.
—¿Algo como qué? —Pregunto riendo. Esas cosas solo le pasan a ella.
—No sé nena. Una vez que me gustaba el tipo, la tiene chiquita. El universo no me quiere. La verdad estaba divino, pero no entiendo cómo no puede existir uno
con el equipo completo.
—¿Me estás jodiendo nena? ¿En serio?
—Sí Nat, el mensaje era para vos, y tá… se me fue el dedo. —Ríe de forma descontrolada. —Al fin y al cabo no es mi culpa que la tenga chica.
Me alegra las mañanas. Un día dije que debía escribir las cosas que le pasan a ella, ya que nadie me las creería. Mi jefa me mira con cara de agreta, así que me
despido rápidamente de mi amiga y me ubico en mi escritorio. Al abrir mi mail, lo primero que encuentro es uno de mi querida Amanda, con las especificaciones de lo
que quiere para el próximo artículo. Me pide que le haga por escrito la propuesta de las recetas regionales y latinoamericanas. En una de esas y logro ablandarla y todo.
Hay algo raro en la oficina hoy.
—Darling, ¿te traigo torta? —Me interrumpe Benja —Carla, la de los chusmeríos, trajo para compartir. Parece que fue su cumpleaños o algo así.
—¿Por qué están todos tan callados? ¿Qué pasa hoy?
—Mi jefe no vino.
—¿Luka faltando? ¿Qué pasó?
—No sabemos. No pude comunicarme con él, su celular me da apagado

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