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Libro PDF Mi eterna locura Mi locura 2 R. Cherry

Mi eterna locura Mi locura 2  R. Cherry

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unos agradecimientos, y aquí están…
Este libro se lo sigo dedicando a mi
héroe sin capa, a mi padre, al hombre
más importante del mundo mundial, el
mejor. Ese que ha estado ahí siempre, y
no ha dejado que, a pesar de todo, me
rinda. Gracias, calvi. Quiero también
agradecérselo a la familia de sangre y a
la que no es de sangre, a mis cousins, y a
mi pequeña versión de Natalia. Os
quiero. Ah, y a mi Toby, que con esa
sonrisilla que tiene me alegra los días.
Pero no solo a ellos quiero darles
importancia, también a todos mis
amigos, a aquellos que han estado ahí,
los que ya estaban y los que han llegado
nuevos, a mi amol, a mi MJ, ¡eres una
bola maravillosa! Y como no, a mi
hermana, mi preciosa nonne, mi Lucia.
Gracias, nena, GRACIAS, eres lo mejor
del mundo.
En penúltimo lugar quiero dar las
gracias a todas aquellas dulzuras que sin
conocerme eligieron leer MI DULCE
LOCURA, haciendo que mi sueño se
hiciera más real, pero en concreto
quiero dar las gracias a mi Alicia, la
niña de mis ojos, ¡eres un amor! Quiero
agradecerlo también a Irene, a Marina, a
Mar, a Ana y a Andrea, y todas aquellas
que siempre están ahí para sacarme una
sonrisaza. Chicas, con lectoras como
vosotras, todo esto vale la pena.
También a mis locas, Carol, Rut, Eli…
Gracias, amores.
Y por último pero no por ello menos
importante, ya que sin ellas todo esto no
habría llegado a ser como es… ¡MIL
MILLONES DE GRACIAS LxL
Editorial! Gracias a mi jefi Merche, a
mi editora brujilla Meme, ¡te quiero,
petunia! A mis compis de editorial, sois
inspiración, a mi Belén por esa fuerza y
esa energía contagiosa, ¡ah, y por esa
sonrisa que tanto me gusta! Pero a la que
más, más, más, más le debo es a mi
Churry, a mi Angy Skay, la persona más
insufrible pero a la vez a la que más
quiero en todo en este mundillo. Eres la
mejor y lo sabes, algún día espero poder
seguir tu estela, eres una magnífica
escritora y una persona aún mejor. Te
quiero, churrina.
Espero no olvidarme de nadie, y si
lo hago… Sorry!
Pd: Meh.
Escucho muchas cosas a mi
alrededor, demasiado ruido, gritos, el
sonido del fuego ardiendo, como
chisporrotea y quema todo lo que hay a
su alrededor. Abro los ojos confusa,
parpadeo lentamente un par de veces,
apenas siento mi cuerpo, ¿qué ha
ocurrido? Mi vista no logra enfocar
nada de lo que ve. La gente se acerca a
ver qué pasa, intentando ayudar, pero ya
de nada sirve, ¿para qué seguir
adelante? Si no está él ya nada
importa…
Intento ladear la cabeza, pero no soy
capaz de hacerlo, me duele demasiado,
¿por qué? Cojo aire, y un horrible
pinchazo atraviesa mi pecho, haciendo
que mi corazón se encoja. Algo recorre
mi sien, empapándola y no puedo hacer
nada por evitarlo o saber qué es. Trago
saliva, el dolor vuelve a tomar mi
cuerpo, haciendo que se quede
paralizado. Alguien llora, profunda y
desoladamente, es una mujer, se le
escapan algunos quejidos que acaban
siendo gritos desgarradores. El sonido
de las sirenas de las ambulancias me
alerta, llama mi atención, entonces me
acuerdo de él, de nuevo, ¿dónde está
Collins? Un enorme vacío se crea en mi
interior, mi respiración se vuelve
agitada, nerviosa, estoy aterrada, ¿dónde
está? ¿Por qué no lo tengo conmigo?
—¡Collins! —Grito con todas mis
fuerzas, pero mi voz se ve eclipsada por
las sirenas.
Intento gritar de nuevo, pero ni la
voz me sale. Cierro los ojos con fuerza,
entonces unas débiles y desoladas
lágrimas se escapan de ellos,
empapando mi rostro. Veo como la luz
de los automóviles se quedan unos pasos
más allá de donde me encuentro, algo
alejados de donde están los coches
destrozados. Dos enfermeros se
arrodillan a mi lado, me observan
durante unos minutos, se miran entre
ellos, le hacen un gesto a otro más, y
sacan una linterna.
—¿Está usted bien? —Me pregunta
uno de ellos.
—Collins —susurro—. ¿Dónde está
Collins? —Lloro desconsolada.
—Señorita, ¿cómo se encuentra? —
pregunta el otro.
—¿Dónde está? ¿Dónde? —Vuelvo a
preguntar confusa.
—¿Quién?
—¡Collins! —Grito.
El esfuerzo hace que el dolor vuelva,
que cruce todo mi pecho y contenga la
respiración.
—¿Cómo se llama?
—Natalia… —susurro.
—Muy bien, Natalia, ¿cómo te
encuentras?
¿De verdad está preguntándome que
cómo me encuentro? ¿Acaso es ciego?
¡Vaya inepto! Ya podrían haberme
enviado alguno que supiera atenderme
bien. Otro chico se acerca rápidamente
con algo en la mano, y tras él dos más
con una camilla plegable. ¡No me voy a
ir de aquí! ¡No sin Collins! El primero
de estos dos, me pone un collarín para
que no pueda mover el cuello. Antes de
que pueda decir nada más, con un solo
movimiento me colocan encima de la
camilla.
—¡No! —chillo—, Collins —
lloriqueo sin fuerza.
—Tranquila, todo irá bien —me
promete uno de ellos.
—Tráelo —le ruego—. Tráelo con
vida.
Dos meses después
Por primera vez en mucho tiempo,
creo que vuelvo a ser consciente de lo
que ocurre a mí alrededor. ¿Dónde
estoy? Me siento perdido, confuso, estoy
completamente aterrado, ¿qué pasó
aquella noche? El último recuerdo que
tengo es cuando besé a Natalia, y
luego… Nada, un golpe, mucho ruido,
¿dónde está ella? ¿Dónde está Natalia?
Mi corazón empieza a latir más y más
rápido, tanto siento que al final acabará
por salir corriendo. Oigo un extraño
pitido que inunda la habitación con su
sonido, entonces, un grito ahogado
rebota contra todas las paredes que nos
rodean.
—¡Qué venga un médico! —Oigo
como grita mi hermana.
¿Laura? ¿Qué hace ella aquí?
Debería de haber vuelto a Cardiff con
nuestros padres, tiene allí su
seguimiento, esta muchacha ha perdido
la cabeza. Intento abrir los ojos, pero no
puedo, alguien me coge de la mano y la
aprieta levemente. Puedo oler su dulce
perfume, ese que lleva la mujer a la que
más amo en todo el mundo, el de mi
dulce locura. Quiero que sepa que la
siento, que sé que está aquí, necesito
verla, encontrarme con esa sonrisa que
calienta mi interior y hace que el frío de
la soledad se desvanezca como si jamás
hubiera estado ahí. Intento apretar un
poco su mano, pero ni eso soy capaz de
hacer. De repente y sin poder evitarlo
me suelta, desapareciendo en la
oscuridad.
—Apártese, señorita —le dice, o
mejor dicho, le ordena, una mujer.
—Pero… Collins… —murmura
Natalia, afligida.
Sus dedos rozan mi brazo derecho,
pero escucho como alguien se acerca a
ella, le da un leve empujón y la saca de
la habitación. Mi corazón late de una
manera extraña, arrítmicamente.
—Tranquila —mi hermana intenta
calmarla, pero un pequeño sollozo se
escapa de su interior.
—Salgan de aquí —dice un hombre.
—Doctor, el señor Collins está
teniendo una taquicardia, su corazón está
sufriendo una arritmia nerviosa, algo lo
ha desestabilizado.
¿Una taquicardia? Mi corazón se está
volviendo loco, quiero despertar, poder
ver a los míos, no puedo estar aquí,
necesito abrazarla. Apenas puedo
respirar, mi cuerpo se tensa, el dolor
vuelve, algo no va bien, nada bien.
—Doctor —exclama la chica que le
ha pedido a Natalia que se apartara.
—Ponle la mascarilla de oxígeno,
rápido —le ordena.
Noto como la mujer

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