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Libro PDF Mi rubia debilidad – Carolina Paz

Mi rubia debilidad - Carolina Paz

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—Para mítodo quedó bastante claro la noche de tu cumpleaños. Soy rubia, no tonta, ¿sabes? No te sigas riendo de mí, George, ya me mentiste demasiado.
—¡No te he mentido, Rachel!
—¿Ah no? ¿Y cómo se le llama cuando no dices la verdad? ¡Ya sé! ¡Se llama mentir, idiota!
Ella volvió a removerse entre los brazos de George tratando de soltarse de su fuerte agarre, pero no lo consiguió. Ella se sentía tan bien entre los brazos del que
fuera, hace unos meses atrás, el hombre más importante de su vida. Pero debía alejarse, ya había sufrido demasiado por este hermoso hombre.Debía alejarse de él
ahora, ya.
—Rachel, mi madre quiere que me case con Alice, pero a esta chica apenas la conozco…
—Pero eso no es problema para ti, ¿verdad, George? Ahora suéltame para que pueda volver a la fiesta y seguir la conversación con los simpáticos hombres que
me hacían compañía.
Al oír eso, George sintió cómo los celos se instalaban en ese instante en su cuerpo.
—¿Quieres seguir los pasos de tu amiga? No sabía que te gustaban los abogados como a Kate.
—Me da igual la profesión, con que no sean falsos y mentirosos me basta.
—¿Ah sí?
—Sí.
George no aguantó más y con toda la rabia que hervía por sus venas, tomó la cabeza de Rachel entre sus manos para besarla. Tan brusco fue el movimiento
que,los dientes de ambos chocaron.
Ella trató de resistir todo lo que más pudo, pero sentir la boca de George, esa boca que anhelaba todas las noches, pudocon ella y se entregó al beso.
La copa que Rachel sostenía en su mano cayó al suelo. Él la besaba con lentitud, quería disfrutar de esa boca que lo volvía loco.
De pronto Rachel reaccionó y se regañó mentalmente. Este hombre que, tan deliciosamente la besaba, era un mujeriego mentiroso del cual se había enamorado y
el que de paso casi la destruye.
Abrió los ojos de golpe y, aprovechando que George la había soltado, colocó sus manos en el pecho de él y con fuerza lo empujó para separarse de la tortura que
eran los labios de ese hombre.
George dio un paso atrás y de pronto sintió un fuerte golpe en la mejilla derecha.
Rachel, con toda la furia en su interior al verse flaquear por los besos de George, le propinó una fuerte cachetada y lo encaró:
—Nunca más vuelvas a besarme, ¿oíste? Nunca más te vuelvas a acercar a mí ¡Te odio!
Y salió casi corriendo hasta que llegó nuevamente al interior de la mansión.
George se quedó solo, mirando la gran muralla, tocándose la mejilla donde recién, una furiosa Rachel, lo había golpeado.
Pero el dolor de ese golpe no fue nada.El verdadero dolor lo sintió al escuchar las últimas palabras que salieron de la boca de Rachel, “te odio”
Esas dos palabras causaron más dolor que cualquier golpe que pudiera recibir.
Rachel trató de calmarse antes de entrar al salón.Para su alegría los novios ya se estaban despidiendo de los invitados, lo que significaba que, ella también podría
marcharse de ahí.
Echaría de menos a su amiga, ella era a la única a la que podía confesarle lo que sucedía en su corazón.
Cuando Kate abrazó a Rachel, vio en sus ojos desesperación.
—¿Todo bien, Rach?
―Sí, amiga —Rachel trató hablar calmadamente para no preocupar a su amiga—, todo bien. Cuídate, pásalo bien, y cuando vuelvas de viaje hablamos, ¿ok?
—Sí, cuídate mucho tú también.Te quiero.
—Yo también te quiero mucho, Kate.
Las amigas se fundieron en un afectuoso abrazo.
Luego de que los novios se retiraran, Rachel buscó su bolso para largarse lo antes posible de esa casa. Solo quería llegar a su auto, pisar a fondo el acelerador y
salir para nunca más volver a ese lugar.
Se encaminaba hacia la puerta de salida, cuando una varonil voz la detuvo:
—¿Ya te vas? ¿Quieres que te lleve?
Rachel volteó para responderle al hombre que tan amablemente se ofrecía llevarla a su casa.
—No, gracias—dijo con una sonrisa—. Vine en mi auto.
—Qué lástima—dijo el hombre—. Pero puedo acompañarte hasta tu auto, ¿verdad?
—Claro—dijo Rachel con una cálida sonrisa.
Él, apoyando la mano en la parte baja de la espalda de Rachel, la guió hasta la salida de la mansión para juntos encaminarse hasta el auto de la rubia.
Georgeque, se encontraba al lado de su padre, era mudo testigo de cada movimiento de Rachel. Su mandíbula se tensó cuando vio que, un abogado quetrabajaba
en la firma de su primo, ponía la mano en la cintura de Rachel y salían juntos de la mansión. La furia que sintió en ese momento era indescriptible.
Se había imaginado muchas veces que Rachel estaría con otro hombre, él no debía albergar la esperanza de que ella lo estuvieraesperando. Pero imaginárselo y
verlo eran dos cosas muy distintas. Dejó a su padre y se dirigió hacia la biblioteca, ahí estaría solo y podría darse tranquilamente de cabezazos contra lapared.

Capítulo 2
Rachel llegó a su auto en compañía de James, quien no apartó la mano de la espalda de ella en todo lo que duró el trayecto.
—Bien, te dejo sana y salva en la puerta de tu auto. —Él sonrió y en sus mejillas aparecieron dos coquetos hoyuelos.
—Gracias, pero no era necesario que me acompañaras.
—Claro que era necesario. Además quería hablar contigo sin tanta gente alrededor.
Rachel sonrió. James era apuesto, no tanto como George, pero apuesto al fin y al cabo. Tenía unos expresivos ojos cafés, los cuales eran adornados por unas
largas y tupidas pestañas. Era alto, de buena contextura física y, además de todo, un muy buen conversador.
—Bueno, ahora me voy.
—Rachel…yo quería preguntarte si querías salir conmigo.
—James, yo…
—Antes que digas algo, piénsalo, ¿quieres?
Ella lo miró fijamente y vio la mirada suplicante del hombre ¿Por qué no salir con él que había resultado tan agradable? Una salida con un hombre apuesto no
le haría mal y de paso podría ayudarle a sacarse a George de la mente. Así que decidió aceptar la invitación de James.
—Está bien, llámame y nos ponemos de acuerdo.
—Bien, te llamaré en la semana. Dame tu número.
Ella le dictó su número y él lo grabó en su teléfono móvil.
—Bueno, ahora dejo que te vayas. Adiós, Rachel —dijo James para luego besarla en la mejilla.
—Adiós, James.Nos vemos.
Y ella subió a su auto para marcharse de una vez por todas de ese nefasto lugar.
George estaba en la biblioteca de la mansión tirado sobre un sofá y cubriéndose los ojos con su antebrazo. No podía sacar de su mente la imagen de Rachel con
un hombre saliendo juntos de la casona. Tenía tanta rabia en su interior que, pensó que en cualquier momento, el corazón le estallaría.
—¿Qué haces aquí, precioso? —La voz de su abuela Mary lo tomó por sorpresa y se incorporó de golpe en el sofá.
—Hola abuela. Estoy aquí, escapando un poco del bullicio.
La mujer tomó asiento al lado de su nieto.
—¿Tú huyendo del bullicio y la gente? Pero si a ti siempre te ha gustado todo eso de las fiestas, querido.
—Sí, abuela, pero hoy no estoy de ánimos para ser el alma de la fiesta.
—¿Qué te pasa, precioso? Cuéntale a tu abuela qué te tiene tan triste.
—¿Triste? No, abuela, solo estoy un poco cansado, eso es todo.
—Soy tu abuela, ¿sabes? Lo que quiere decir que tengo más años que tú en este mundo. A mí no me engañas, precioso.
—Abuela, no es nada…
—Es por la dama de honor, ¿verdad? La linda rubia que es amiga de Kate.
—No, abuela, nada que ver.
—No me lo puedes negar. Te vi cómo la mirabas durante toda la ceremonia. No le quitabas los ojos de encima ni un solo segundo ¿Me vas a contar qué pasa
con ella George?
Él miró a su abuela por unos segundos, reacio a contarle sobre su aflicción, pero como había dicho su abuela, a ella no la podía engañar. Ella lo conocía desde
siempre y sabía leerlo perfectamente.
—¿Qué es lo que pasa con esa muchacha?
—Abuela, es que es muy complicado, mejor lo dejamos así, ¿quieres?
—Tu madre no quiere a esa chica para ti, ¿verdad?
George abrió mucho los ojos en sorpresa ante las palabras que decía su abuela.
—¿Cómo sabes eso, abuela?
—Amelia es mi hija, sé cómo es y también sé cómo es contigo. Ella espera que te cases con la hija de los Jones, ¿verdad?
—Sí―dijo él suspirando acongojado.
—Pero a ti la que te trae loco es la amiga de Kate.
—Rachel, abuela, y sí, me trae de cabeza. Pero la situación es complicada con ella.
—¿Qué es lo tan complicado?
—Bueno, abuela, tú sabes cómo es mi madre.
—Pero tú quieres a Rachel, ¿no?
George pensó un poco la respuesta. Él nunca había tenido esa clase de sentimientos por una mujer, ¿sería eso amor? Debía ser eso, se dijo. Estaba sufriendo
por dentro, y por lo que sabía, el amor traía sufrimiento.
—Creo que sí, la quiero.
—Entonces lucha por ella.
—No es tan fácil, abuela, ella me odia.
—¿Cómo dices?
—Le hice daño y ahora ella no quiere verme ni en pintura y no la culpo, soy un tonto rematado.
—Pero, precioso, no puede ser tan grave. Habla con ella y acláralo todo, dile lo que sientes.
—Si ella me dejara hablar, sería perfecto, pero ni siquiera quiere escuchar una explicación mía.
—¿Tan malo fue lo que pasó?
—Muy malo, abuela. Mamá habló con ella y le dijo que me casaría con Alice Jones. El día de mi cumpleaños la envenenó contra mí, yo no me defendí y me fui
con mamá dejándola sola.Fui un miserable cobarde, pero no quiero que mamá le haga daño. Tú sabes todo lo que puede llegar a hacer.
—Pero, George, tu madre tiene que entender que ya eres un hombre hecho y derecho y que tienes que casarte con quien tú quieras. Arregla el problema con
Rachel, habla con Amelia y…
—No sé, abuela, mamáno escucha lo que le digo. No sé cómo la aguanta papá.
—Tus padres se casaron enamorados, George. Por eso no puedo creer que Amelia quiera un matrimonio infeliz para su único hijo.
—Yo tampoco, abuela. Pero ya no puedo hacer nada. Aunque no me voy a casar con Alice, Rachel ya no quiere nada conmigo y a veces pienso que es mejor así.
—Y tu corazón, ¿también lo piensa así?
—No, abuela.Mi corazón piensa que debería secuestrarla y llevármela a una isla desierta donde nadie pueda encontrarnos nunca más.
—Ay, precioso, vamos a ver cómo resolvemos esto. Pero lo primero es que hables con Rachel y lo aclares todo.
—Trataré, abuela, trataré.
Rachel llegó a su casa envuelta en una bruma de deseo y dolor. Se quitó el vestido de dama de honor y se metió en la ducha. Una vez bajo el chorro de agua
cerró los ojos y con sus dedos tocó sus labios recordando el besoque, hace un rato atrás, le diera George.
Recordó el calor de su cuerpo, sus manos tomándola, forzándola, y comenzó a llorar. Sus lágrimas se mezclaban con el agua que corría por sus mejillas.
No era justo amar tanto a alguien y no poder tenerlo. Se abrazó a si misma apoyando la espalda en la fría pared de la ducha deslizándose por ella hasta caer
sentada en el piso.
Luego de un rato salió de la ducha, se secó, se vistió con un pijama y se metió en la cama.
«Mañana será otro día» Se repetía mentalmente. Otro día más que tendría que aprender a vivir sin George en su vida.
Capítulo 3
Desde el día en que George vio nuevamente a Rachel en la boda, ella se volvió una obsesión para él. Mientras trataba de encontrar una forma para que
volvieran a estar juntos, se dio a la tarea de seguirla y espiarla.
Había veces en que se reprendía mentalmente y se trataba de imbécil y patético. Muchas otras se dijo que debía plantarse frente a la puerta de Rachel y
decirletodo lo que sentía, pero luego recordaba la última vez que estuvieron juntos, y que ella no lo había dejado hablar, entonces se replanteaba todo diciéndose que
tenía que encontrar la forma precisa de llegar a su corazón y obtener su perdón.
Otras noches se quedaba cerca de su casa hasta que la veía entrar en ella. Daba gracias a Dios a que ella llegara cada noche a su casa sola. Eso era un punto
a favor para él, pero, ¿por cuánto tiempo lo sería?
Unos días después, sus mayores temores se hacían realidad. Siguiendo los pasos de Rachel vio como ella salía a cenar con el mismo tipo con el que conversaba
en la boda de su primo.
Apretó las mandíbulas de rabia. Quería golpear al hombre, tomar a Rachel sobre su hombro, y llevarla hasta su casa y amarrarla a la cama si era necesario.
Continuó con la tortura y siguió a la pareja hasta que llegaron a un club. George se bajó de su auto, entró en el lugar y vio a la mujer que deseaba bailando
con aquel hombre. Se quedó parado, mirando fijo a la pareja mientras bailaban y reían, hasta que ella levantó la vista y se encontró con los ojos de George.
Ambos se quedaron ahí, mirándose fijamente a los ojos por unos segundos donde todo desapareció a su alrededor. Una sonrojada Rachel rompió el contacto y
pidió a su acompañante que fueran por algo para beber.
George se sintió dolido, celoso, enojado y tonto y se marchó del lugar. Más que nunca sintió quetenía que recuperarla, la necesitaba con desesperación.
Necesitaba hablar con alguien, y ese alguien era su primo, Sean. Pero él estaba de luna de miel y faltaban unos días para que regresara. Tendría que tener
paciencia y esperar aunque le costara la vida. Debía actuar con mucha cautela en este caso.
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Ya habían pasado más de dos semanas desde la boda de Kate y Sean y la morena hacía su aparición en la revista.
Llegó hasta su oficina y ahí se encontró a Rachel, cabeza gacha, mirando unas fotografías.
Dos golpes en la puerta la sacaron de su concentración, levantó su mirada y se encontró con una radiante mujer que la miraba con una maravillosa y gran
sonrisa en la cara.
―¡Volviste! ―gritó Rachel y se levantó desde su silla para correr al encuentro de su amiga.
―Sí, Rach, ya estoy aquí ―dijo Kate fundiéndose en un gran abrazo con su amiga.
―Pero mírate, estás radiante. Creo que yo también debería pegarme un viajecito a las islas Fiji para volver así de espectacular. Pero vamos, cuéntame, cómo
lo pasaste. Pero qué tonta soy, si se ve a leguas que te lo pasaste de primera. ¿Ytu marido? ¿Llegó vivo?
―Qué ocurrencia, amiga ―dijo Kate riéndose con ganas― ¡Claro que estávivo!
―Pensé que habías acabado con él en la luna de miel.
―Si me daban una semana más… tal vez… ―dijo Kate risueña u mordiéndose el labio inferior.
―Qué envidia. Y yo aquí rodeada solo de papeles.
―Bueno, ya estoy aquí, lista para volver al trabajo.
Kate rodeó el escritorio y se sentó en la silla para comenzar a examinar las fotos esparcidas que correspondían a la próxima editorial de la revista.
―Y bien, Rach, cuéntame, ¿qué has hecho en todos estos días? Dime todo con lujo de detalles.
―Yo…bueno…nada, amiga. Solo me he dedicado a mi trabajo y nada más que a eso.
―¿De verdad?
―Sí, Kate, no he tenido tiempo para nada.
―Ayyy, pobre de mi amiga ―dijo Kate haciendo un puchero―. Pero ya estoy aquí y estarás más aliviada.
En ese instante, la secretaria de recepción se acercaba hasta la oficina de Kate cargando un ramo de rosas blancas. Las amigas se miraron entre sí para luego
mirar el ramo con curiosidad.
―De seguro son de tu marido ―dijo Rachel―. Te manó flores para darte la bienvenida al trabajo. Ahhh, ese Sean es tan romántico.
―Son para ti, Rachel ―dijo la secretaria con una sonrisa en la cara.
―¿Para mí? ―preguntó ella sorprendida y se acercó hasta el ramo.
―Sí. Un mensajero lo acaba de dejar en la recepción y la tarjeta dice para Rachel Burke.
La secretaria le entregó el ramo a Rachel, ella lo recibió con manos temblorosas, no era frecuente que ella recibiera flores. La secretaria salió y dejó a las
amigas solas.
―Así que no has hecho más que trabajar, ¿eh? ¿Quién te envía estas flores? Vamos, cuenta, cuenta.
Rachel tomó la tarjeta que estaba entre las rosas y comenzó a leerla en voz alta para saciar la curiosidad de su amiga.
―«Cena el viernes. Paso por ti a las nueve. Besos, James»
Kate miró a Rachel que estaba roja como un tomate. El nombre de James no le sonaba de nada a la morena.
―¿James? ¿Quién es James? No recuerdo que me hablaras de algún James.
―James, es un abogado que trabaja en la firma de Sean. Lo conocí en tu boda…
―Y te manda flores, vaya. Cuéntame qué pasa con James.
―Nada, no pasa nada.
―¿Nada? No te creo. Vamos, amiga, cuéntamelo todo.
Rachel resopló por la insistencia de Kate. Tendría que contarle todo a su amiga, eso lo tenía claro y eso incluía el encuentro con George. Ella necesitaba
contarle que eralo que pasaba por su mente, Kate era la única persona, aparte de su madre, que la entendía y su madre estaba en otra ciudad. Quería desahogarse y
ahora que, Kate había vuelto, era hora de sacarse todo de adentro.
―El día de tu boda, James me invitó a salir. Primero le dije que no, pero él insistió y me llevó a cenar la semana pasada.
―¿Y?
―Lo que te estoy contando, me llevó a cenar y luego a casa…
―¿Y?
―Lo que oyes, amiga. Parece que tanto sexo en tu luna de miel te ha dejado sorda.
―Entendí lo de que te llevó a cenar, pero quiero que te saltes eso y me cuentes los detalles sucios. Llegaron a tu casa, ¿y?
―Llegamos a mi casa, me besó y se fue.
Kate abrió la boca para decir algo y luego la cerró, pensando que había escuchado mal. Luego miró a Rachel ladeando la cabeza,tratando de entender lo que
su amiga le acababa de decir.
―Rachel, me estás diciendo que, un hombre te invitó a cenar, te llevó a tu casa, te besó y se fue.
―Lo dicho, mucho sexo te pone lentas las neuronas. Es lo que acabo de decir. ¿Tanto te cuesta creerme?
―No es eso, es que…bueno…me parece… A ver amiga, cuéntame,¿cómo es este James?
―Es guapo, educado, simpático, buen bailarín…
―Pero…
―¿Pero qué?
―¿Cuál es el “pero” de James?
Rachel se miró las manos nerviosa y no sabía por qué. La que estaba frente a ella era Kate, su amiga, su hermana. No tenía por qué sentir vergüenza de sus
sentimientos hacia George.
―No tiene ningún pero…
―Entonces, no entiendo.
―Me llevó a cenar y luego nos fuimos a un club. Estuvimos bailando y me encontré allí a George.
―¿Te dijo algo?
―No, nada, pero…
―¿Pero qué? Qué te dijo.
―Déjame hablar, te contaré todo.
Rachel tomó una honda respiración y comenzó a hablar:
―Kate, el día de tu boda me sentía ahogada dentro de esa mansión. Salí al jardín a tomar aire y George me siguió. Él quería hablar conmigo, pero yo no quise
escucharlo, me estaba marchando y él me retuvo, forcejeamos y luego me besó.
Ahora sí que Kate se quedó muda, con la vista fija en su amiga. Si bien George era ahora parte de su familia, no podía dejar de sentir rabia con él por todo lo
que había hecho sufrir a Rachel. Ella se había enamorado de él, mientras que George, solo pasaba el rato con ella. O al menos así lo había demostrado ante todos.
―¿Y qué pasó luego de ese beso?
―Lo abofeteé, me soltó y volví a la mansión y llegué cuando tú ya estabas saliendo con Sean. Al poco rato me fui a mi casa.
―¿Y qué pasó el día que saliste con James?
―Estaba bailando con James y él estaba ahí. Mirándome fijamente desde la barra del club. Me sentí extraña, y le dije a James que me llevara a casa. Una vez
que llegamos me despedí de él. Sé que él quería que lo invitara a pasar, pero yo no pude hacerlo. James me besó y se fue.
―Rachel, no sé qué decirte…
―Dime que soy una tonta por seguir pensando en George. Sé que no se merece ni un segundo de mis pensamientos, pero amiga, no lo puedo olvidar. Y
volverlo a besar solo ha logrado que me confunda más. ¿Qué hago, Kate? ¿Qué hago con esto que siento en mi interior?
Kate miró a su amiga con ternura. Se levantó de su silla y fue a su encuentro. La abrazó y Rachel apoyó su cara en el hombro de la morena y comenzó a llorar.
―Rach, sé que no es fácil. Sé que nada de lo que te diga podrá calmar los sentimientos que tienes en tu corazón. Pero creo que en este caso no podemos hacer
nada.
―¿Por qué, Kate? ¿Por qué dices eso?
―Porque, para que tú no sigas sufriendo, George tendría que venir aquí y decirte que te ama y que quiere estar contigo y las dos sabemos que, tendría que
suceder un milagro para que él hiciera eso.
Rachel se estremeció ante la declaración de su amiga. Y le dolía pensar que, en cierta parte, Kate tenía razón sobre George.
―Lo sé, Kate. Sé que tienes razón, pero,¿qué hago? ¿Cómo me lo saco de la cabeza y del corazón? Me está costando mucho amiga.
Tal vez si intento algo con James y ver si así…
―No sé, Rach. Creo que sería bueno que te dieras una oportunidad con otra persona, pero tú quieres salir con James para olvidar a George y eso no es justo.
―Pero…
―Amiga, tu corazón tiene que estar libre para empezar otra relación. No creo que sea bueno besar a un hombre mientras piensas en otro. ¿Crees que eso es
justo?
―No. ―dijo Rachel a su amiga y volvió a llorar.
―Ahora, no te estoy diciendo que no puedas salir con James como amigo. Una salida con un amigo siempre es buena, pero no lo tientes si no quieres llegar
hasta el final. No juegues con él, no hagas lo que te hizo George.
Rachel miró fijamente y en silencio a Kate. Ella quería olvidarse de George, quería dejar de sentir el amor que la estaba quemando por dentro, pero por más
que lo intentaba no lo lograba.
Pero Kate tenía razón, pensó, George nunca sería lo suficientemente valiente para enfrentar a su madre y decirle que la amaba. Debía empezar sacarlo pronto
de su corazón.
Capítulo 4
Era domingo y Kate y Sean llegaban junto a sus mellizos a la mansión Smith para el almuerzo familiar de cada fin de semana.
Entraron en el salón y se encontraron a la abuela Mary junto a Helen y George que, estaban sentados en el sofá conversando animadamente.
Helen, se levantó de un salto para recibir a sus nietos. Llegó hasta Sean que cargaba a la pequeña Emma y esta le estiró las manitos a su abuela para que la
tomara entre sus brazos.
Kate, que llevaba a Paul, se sentó junto a la abuela Mary y dejó que el pequeño se sentara en la falda de la anciana.
―Pero estos pequeños están cada vez más grandes y más lindos ―dijo la abuela Mary mientras besaba la mejilla de su bisnieto.
―Lo lindo creo que lo sacaron de su madre ―dijo George levantándose para saludar a su primo. Luego se acercó a la pequeña Emma y ésta se colgó a su
cuello―.¿Viste? Es imposible que esta lindura saliera a ti, Sean.
Emma besaba la mejilla de George y recostaba su cabeza en el hombro de su tío.
―Ay, precioso, te ves tan lindo con un bebé entre tus brazos ―le lanzó de pronto su abuela.
―Ya estás con eso otra vez, abuela. Ya tienes dos bisnietos, ¿para qué quieres más?
―Quiero ver a tus hijos antes de morir, George.
―No digas eso, abuela. A ti te quedan muchos años por delante ―dijo George angustiado por las palabras de su abuela. No quería ni pensar en que, algún
día, ella le pudiera faltar.
Pasaron a la mesa para comenzar con el almuerzo. Todos conversaban animadamente y reían con cada travesura que contaba Kate sobre sus mellizos.
De pronto, la abuela Mary le hizo una pregunta a Kate. Unapregunta que nada tenía que ver con la conversación sostenida hasta ese minuto.
―Kate, ¿cómo está tu amiga? ¿Cómo es que se llama? La que fue tu dama de honor, esa rubia tan linda.
George casi se atraganta con la comida por lo que había escuchado. Kate miró extrañada a la abuela. ¿Por qué ella se interesaría en Rachel?
―¿Se refiere a Rachel, abuela?
―Sí, ella, Rachel. ―George agarró la copa de vino que estaba frente a él y se la bebió de golpe ¿Qué tenía que preguntar su abuela sobre Rachel? Daba
gracias al cielo que sus padres no estaban en ese almuerzo. No quería ni imaginar lo que hubiera dicho su madre sobre el tema de Rachel.
―¿Qué pasa con ella? ―preguntó Kate a la abuela, pero fijando su vista sobre George que, se notaba muy nervioso.
―Nada, solo preguntaba por ella ¿Cómo está?
―Muy bien. Trabajando a full.
―Y Rachel… ¿tiene novio? ―preguntó la abuela y George se hundió en su silla¿Qué pretendía ella al hacer tal pregunta?
Él no quería saber si Rachel tenía novio. Por lo que la había espiado no tenía, pero no podía estar seguro.
―Bueno… la verdad…―dijo Kate alargando la agonía de George y él notaba que la morena lo estaba gozando―, digamos que algo así.
―¿Algo así? ―preguntó la abuela y a George casi se le salen los ojos de lo mucho que los tenía abiertos al escuchar esa confesión ¿Algo así? ¿Kate había
dicho que Rachel tenía algo así como un novio?
―Bueno, está saliendo con alguien hace poco. ―Kate vio cómo George apretaba su mano en un puño, tan fuertemente que, sus nudillos estaban blancos.
―¿De verdad, Kate? ―preguntó Sean que, estaba curioso por saber a dónde llevaría toda esta conversación.
―Sí, cariño. Es más, está saliendo con un colega tuyo.
George miró a Sean y éste le devolvió la mirada, como tratando de decirle que, él no tenía ni idea de lo que hablaba Kate.
―¿Con quién?―Sean giró su cara para preguntarle a su esposa.
―Con James. Él estuvo en nuestra boda.
―¿Con James Warren? Vaya.
―Sí.Se conocieron en nuestra boda y han estado saliendo.
George sintió que una patada le golpeaba el estómago y lo dejaba sin aliento. Concluyó que, el día que vio a la rubia en el club bailando con un tipo, ese era el
tal James del que hablaban. Pero no la volvió a ver más con él, por lo menos no las veces que la siguió. ¿Sería verdad lo que estaba contando Kate?
―Pero solo están saliendo ―dijo la abuela―, no es que sean novios oficiales ni nada por el estilo.
Kate, sospechaba que la abuela Mary tramaba algo. Tal vez ella sabía algo que Kate no, pero lo averiguaría. Algo que involucraba a Rachel y a George, de eso
estaba cien por ciento segura.
Kate notaba que, con cada palabra sobre James, George estaba cada vez más incómodo. Era eso, de seguro ella no lo estaba imaginando. A George le
importaba Rachel, pero Kate aún estaba enojada con él por el dolor causado a su amiga, así es que, aprovecharía esta oportunidad y le hundiría un poco más el dedo
en la llaga, y para eso le pondría un poco de su cosecha a la historia de Rachel y James.
―Pero yo creo que él va en serio ―dijo con un leve sonrisa―. Hace unos días le envió un lindo ramo de flores a la revista. Y por lo que me cuenta Rachel, él
es muy detallista con ella. Quién quita y…
―Pero a mí James no me ha comentado nada ―dijo Sean quien se llevó una dura mirada de su esposa.
―Es lo que digo ―intervino la abuela―. No es nada serio.
La mesa quedó en un silencio que nadie se atrevía a llenar. Luego la madre de Sean, hizo algún comentario sobre los próximos proyectos de su fundación hasta
que llegaron al postre.
Luego de que se terminara el almuerzo, Kate y Sean llevaron a los mellizos a que tomaran una siesta. Entraron en la que fuera la antigua habitación de Sean y
acomodaron a sus hijos. Fue en ese instante en que Sean decidió preguntar a su amada esposa por lo sucedido en el comedor.
―Morena, ¿cuándo pensabas contarme que Rachel salía con James?
―¿Por qué tendría que contarte? Ese es un asunto de ellos.
―Pero en la mesa no pareció un asunto solo de ellos. Tú y mi abuela se traen algo entre manos, lo presiento.
Kate se acercó a su marido, lo besó y luego, mirándolo directo a sus, ojos le dijo:
―Cariño, no sé qué se trae tu abuela, pero de seguro es algo buenísimo y lo voy a averiguar.
―Kate, te gusta ver sufrir a George,¿verdad? ―preguntó Sean, mientras besaba lentamente el cuello de su morena.
―Tú sabes que después de lo que pasó con Rachel, él no es ningún santo de mi devoción.
―Pero, ¿tenías que torturarlo así? Sabes que él siente algo…
―Nada, no siente nada. Si sintiera algo estaría con Rachel y no veo que haga algo para estar con ella.
―Kate, es mi primo y lo conozco más que nadie. Él está sufriendo, créeme. Y lo que acabas de hacer en el comedor es hundirle un poco más la espada en el
corazón.
―Como si le importara ―dijo Kate disgustada porque su esposo defendiera a George.
―Le importa, es solo que…
―Que es un cobarde y…
―Morena… ―dijo Sean a forma de reprimenda.
―Respóndeme algo. ―Kate puso sus manos sobre el pecho de Sean mientras que él la tenía firmemente sujeta por la cintura. Ambos mirándose fijamente a los
ojos― Si yo no fuera del agrado de tu madre, ¿de igual forma estarías conmigo?
―Sabes que mi madre no se mete en mi vida y…
―Pero si fuera así. Si tu madre se inmiscuyera en tu vida. Si a ella no le gustara la idea de que estuviéramos juntos y si te diera a elegir entre ella y yo, ¿qué
harías, Sean?
Él la miró asombrado por la pregunta. No podía imaginar a su madre pidiéndole algo así. Ella siempre velaba por la felicidad de sus hijos.
―Es una pregunta difícil. Amo mucho a mi madre, pero no podría permitir que me alejara de ti. Pelearía con todas mis fuerzas así tuviera que dejarla a ella,
no podría separarme de ti porque eres mi todo, porque te amo.
A Kate se le iluminó la cara ante las palabras de su marido y daba gracias al cielo que ella y su suegra se llevaran tan bien y no tener que poner a Sean en esa
incómoda situación.
―Y si tú piensas así, ¿por qué tú primo no? Si tú dices que, a él le importa Rachel,¿por qué no puede enfrentar a su madre y tener una relación con mi amiga?
―Porque… porque…―Sean se quedó sin palabras, era inútil tratar de defender a su primo ante las pruebas que le exponía su mujer.
―Porque no le importa, Sean. Sé que lo quieres defender porque es tu sangre, pero no me digas que él quiere a Rachel cuando los dos sabemos que no es así.
―Bueno, Kate ―dijo Sean dándose por vencido y pensó que su esposa había errado al escoger profesión, ella debería haber sido abogada. Estaba seguro que,
nadie le podría ganar cuando ella exponía tan vehemente los argumentos―, no voy a seguir defendiendo a George, pero quiero que dejemos el tema hasta aquí. No
quiero pelear contigo por culpa de ese par. Tú quieres a Rachel y yo quiero a George y nunca nos vamos a poner de acuerdo con esos dos. Así es que lo mejor será
que los dejemos de lado y nos preocupemos de nosotros.
Ella lo besó con ternura para luego incrementar la pasión de su beso, solo se detuvo para comprobar que, sus hijos estuvieran dormidos.
Sean tenía razón, no debía hablar con él lo que pensaba de George porque nunca se pondrían de acuerdo y lo que menos quería era pelear con él. Pero ella no
dejaría ese tema así como así. Haría sus averiguaciones con la abuela Mary para saber por qué había sacado el tema de Rachel en el almuerzo, eso tendría que
saberlo cuanto antes.
George se excusó con su tía y su abuela y decidió irse a casa. Luego de escuchar todo lo que Kate había dicho sobre James y Rachel, no tenía muchas ganas de
seguir en la mansión.
Entró en su departamento y fue hasta la cocina para sacar una cerveza desde la heladera. Luego se sentó frente al televisor y puso el canal de deportes.
Miraba las imágenes, pero no veía nada. Todo lo que pasaba por su mente era Rachel. Ella junto a James. Los celos le carcomían por dentro.
Recordaba los momentos en que la tuvo en su cama y la rabia se apoderó de él al pensar que, otro hombre, podría estar gozando de la entrega de Rachel.
Cerró los ojos y trató de calmarse, ¿qué podría hacer en este caso? Él la deseaba con locura, necesitaba con urgencia estar con ella. Podría tener a la mujer
que quisiera, pensó, pero ninguna lo llenaría como lo hacía Rachel. Con ella todo era distinto.
Se bebió la cerveza con rapidez y con rabia se dirigió al baño. Abrió la ducha y desvistiéndose se metió bajo el chorro de agua helada. A ver si así, calmaba la
calentura de su cuerpo.
No lo logró y se masturbó pensando en ella. Se sintió patético al hacer eso, era como si fuera un adolescente y no el hombre que podía conseguir a una mujer
que le sacara las ganas. Pero su cuerpo solo respondía al estímulo de Rachel.
Luego de la ducha y de haberse regañado un buen número de veces, se metió en la cama y pensó que ya era hora de tomar el toro por las astas. Tenía que hacer
todo lo posible para volver a estar con Rachel de una buena vez.
Capítulo 5
George caminaba por el vestíbulo de la firma de abogados de su primo en dirección hacia la oficina de Sean.
Necesitaba hablar con él,quería desahogarse con su primo y necesitaba algunos consejos de su parte.
Antes,George habría ido hasta el departamento de Sean a la hora que fuera y de seguro se hubieran conversado una botella de algún licor hasta sacar algo en
limpio de toda la conversación.
Pero ahora él no podía hacer eso. Sean era un hombre casado y Kate no estaría muy feliz de que él se pasara por su casa a cualquier hora solo para
conversar.
Además el tema a tratar con su primo era Rachel y no quería tener a Kate cerca. Sabía que la morena lo tenía entre ceja y ceja por el tema de su amiga, así es
que lo mejor era mantenerse alejado de ella por precaución.
―Buenos días, Margareth ―saludó a la secretaria de Sean, con una sonrisa tremendamente sexy, de esas sonrisas que él sabía debía usar con las mujeres
para conseguir algo.
―Buenos días, señor Prescott.
―¿Está Sean? Necesito hablar con él.
―Sí, pero en este momento se encuentra reunido con uno de los abogados ¿Es algo urgente?
―La verdad…
George no alcanzó a terminar la frase ya que vio que la puerta de la oficina de su primo se abría. Él se fue acercando y vio que desde el interior salía un
hombre que le resultó conocido.
―Bueno ―dijo el hombre a Sean. Él aún no había reparado en la presencia de George―, voy a llamar a Rachel y coordinamos la cena.
George se detuvo de golpe al escuchar el nombre de Rachel. Sean lo miró con sorpresa ya que no esperaba ver a su primo a esa hora en su oficina.
El hombre quedó frente a George y lo saludó con un educado “buenos días”para luego perderse por el vestíbulo.
―¿Qué haces tan temprano por aquí, George? ¿Necesitas algo?
―Vine para hablar contigo¿Estás ocupado?
George entró en la oficina de su primo aún con el nombre de Rachel resonando en su cabeza y preguntándose porqué, ese tipo que le resultaba conocido, había
dicho el nombre de la rubia. Y fue en ese instante que todo cuadró en su mente. El hombre le resultaba conocido porque era el acompañante de Rachel la noche que la
vio en el club y de la boda de su primo, ese era el tal James que decía Kate.
―Ese era James, ¿verdad?
―Sí.
―¿Y lo estás ayudando para que conquiste a Rachel? Primo que soy tu sangre, creí que me querías aunque fuera un poco. Esto es la traición máxima.
―George…
―Cuando tú querías estar con Kate yo te ayudé y ahora me traicionas vilmente…
―No recuerdo esa parte de que me ayudaras con Kate, primo.
Mientras Sean se sentaba en su sillón ejecutivo, George caminaba de un lado a otro en la oficina.
―¿Van a salir los cuatro?
―Creo que sí.
―¿Cuándo y dónde?
―No te lo puedo decir.
―Cuándo y dónde, Sean. Dime dónde van a ir.
―¿Y qué vas a hacer, George?
―No sé, pero necesito saber dónde van a estar.
―¿Para qué? ¿Para torturarte viendo cómo Rachel está con otro? Primo, ya termina con esta situación de mierda.
―No, no puedo…
―Entonces, ¿por qué no haces algo? ¿Por qué no vas y hablas con ella? ¿Por qué no le dices qué es lo que sientes?
―Es que ni yo estoy claro con lo que siento ―dijo George cayendo sentado en uno de los sillones del despacho. Ni él sabía qué le pasaba con sus sentimientos
hacia Rachel. Tenía tantas cosas en su interior que estaba confuso. Deseaba volverla a besar, volver a poseerla otra vez y pensar en que, James pudiera estar con ella
de esa forma, hacía que se le formara un nudo en el estómago.
―George, voy a decirte algo de lo que mi amada esposa me dice sobre ti. Actuaste como un canalla cuando tuviste a Rachel, ella cree que eres un cobarde que
no será capaz de luchar por el amor de su amiga. Yo, como he podido te he defendido… ya sabes, la morena enojada me pone a mil y… bueno eso no viene al caso.
Pero tengo que reconocer que actuaste como un jodido cabrón con Rachel.
―Lo sé, primo lo sé.
―Y si lo sabes, ¿por qué no has hecho nada para arreglar las cosas con ella, imbécil?
George se quedó callado, no sabía qué decirle a su primo. Sentía tantas cosas dentro de él, tantos sentimientos luchando por salir que, no sabía muy bien cómo
actuar. Nunca antes le había pasado esto con una mujer.
―La verdad, Sean, es que traté de hablar con ella, pero me mandó a la mierda.
―¿Cuándo?
―El día de tu boda. Me acerqué a ella para darle una explicación y no me quiso escuchar, es una testaruda que no quiere oír razones…
―Está herida, George, no esperes que se siente tan tranquila a escuchar lo que tienes que decir.
―¿Y qué hago? ¿Qué mierda es lo que tengo que hacer para que me deje explicarle?
Sean miró a su primo. Sabía que George estaba sufriendo de verdad por toda la situación.
―Primero que todo, tienes que pensar qué quieres con Rachel, porque si solo es un tonteo más de los tuyos te aconsejo que te vayas olvidando y la dejes en paz.
En tu caso sabes que vas a tener que enfrentar a tu madre si quieres a Rachel a tu lado, ¿estás dispuesto a pelear contra doña Amelia para tener a Rachel?
―Yo…yo…―dijo George pensando mucho en la respuesta.
―Primo, deja a Rachel en paz. No tienes las agallas suficientes para luchar por ella. Deja que haga su vida con otro hombre.
―¡No! ―gritó George con rabia al imaginarse a la rubia en brazos de otro.
―Entonces haz algo, maldito cabrón o vas perderla para siempre.
George miró a su primo y sabía que éste tenía razón, debía hacer algo pronto antes de que perdiera a Rachel, ¿pero qué? Lo primero que debía hacer era
lograr hablar con ella y pedirle perdón, lo segundo, lograr que ella quisiera estar con él y lo tercero y más complicado de todo, enfrentar a su madre por Rachel
aunque eso llevara al inicio de la tercera guerra mundial.
―¿Cuál es mi primer paso? ―preguntó George.
―Detalles, simples detalles que hacen la diferencia.
―¡¡¡Puaj!!! ―se mofó George―. No sabía que te habías graduado de filósofo barato. Habla claro, ¿quieres?
―Te va a costar más de lo que me imaginaba. ―Sean soltó un suspiro cansino

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